Las diez plagas de Egipto arrasarán Cataluña de pecadores si sus gentes optan por seguir al satanizado Artur Mas y a sus lacayos

Luis María Linde,  gobernador del Banco de España ha sacado a pasear el espíritu del corralito. Si Cataluña se independiza, ya sabe lo que le espera. Lo mismo que ocurrió a la Argentina del 2011 o a la Grecia del 2015: ahorros bloqueados, bancos cerrados a cal y canto, interminables colas ante los cajeros, cobro de pensiones a cuentagotas... Linde, siguiendo la estela de ministros y adláteres, apela a la estrategia del miedo para frenar la deriva independentista de Cataluña. Las diez plagas de Egipto arrasarán aquel país de pecadores si sus gentes optan por seguir al mesías Artur Mas y a sus lacayos.

No descarto un escenario como el descrito por el gobernador del Banco de España. La propia Generalitat lo admitía en uno de los informes que encargó en el año 2013: existe riesgo de corralito en caso de secesión. La proclamación unilateral de independencia provocaría, al menos inicialmente, una masiva fuga de capital financiero y la salida automática del euro. El nuevo Estado no recibiría financiación del Banco Central Europeo y las nuevas autoridades se verían obligadas a decretar el control de capitales. El corralito estaría servido.

Lo que yo le discuto a Luis María Linde no es lo que sucedería «en caso de», sino la dudosa eficacia de ondear la bandera del miedo para restar adeptos al soberanismo catalán. Creo que esa estrategia, que refuerza el victimismo y convierte en mártir a cualquier mentecato, no va a funcionar. Sospecho que frente al nacionalismo, que se alimenta más de sentimientos que de razones, puede más la mano tendida -a los catalanes, no a Mas precisamente- que la admonición. ¿Acaso no generó más creyentes la promesa de un paraíso repleto de dones que la amenaza de arder eternamente en las llamas del infierno?

Resulta paradójico que, después de considerar la secesión un «futurible altamente improbable», como asegura Linde, todo el discurso del nacionalismo español gire en torno a la catástrofe que se abatirá sobre Cataluña si España se rompe. Construye el apocalipsis sobre la base de una entelequia y entra en el juego que más les interesa a Artur Mas y Oriol Junqueras: les permite tapar sus vergüenzas y su nefasta gestión al frente de la Generalitat con la coartada del «España nos roba». Y los confirma como comandantes en jefe de las fuerzas de liberación nacional que se aprestan a combatir al ejército colonial.


El pueblo español también considera «altamente improbable» la secesión de Cataluña. Todavía el domingo pasado ceñía la corona del héroe en la frente de un catalán: Pau Gasol. Y entre quienes presenciábamos la final del Eurobasket -España contra una minúscula porción de la URSS-, nadie dudaba de que Gasol protagonizará, en Río de Janeiro, una nueva epopeya del baloncesto español. Si España, para entonces, existe. Ya lo advirtió ayer el presidente Rajoy: «Solo nos superan la URSS y Yugoslavia, pero ya no existen».

El catalanismo y mi abuela en la pasarela de Cibeles.


A falta de 5  días para las elecciones autonómicas catalanas, los dos grandes partidos nacionales empiezan a dar pruebas de angustia con llamadas desesperadas al voto. Como no han logrado abrirse un hueco relevante entre la opinión pública, se dirigen a la “mayoría silenciosa”, que es lo mismo que apelar a agentes invisibles no identificados en cuantas encuestas se han realizado. Frente a ellos, la candidatura unitaria de independentistas roza la mayoría absoluta en los sondeos, lo que les daría pie para iniciar un proceso ilegal y esperpéntico hacia la creación de un nuevo estado europeo.

La culpa de lo que ocurre corresponde en gran medida a la actuación del Gobierno y del PSOE por no haber hecho un frente común contra el nacionalismo en septiembre de 2012, cuando la Generalitat dio un golpe de timón poniéndose como meta un referéndum de autodeterminación. A Rajoy y a Pedro Sánchez les faltó sentido de Estado. Si la división de los dos grandes partidos es muy grave, peor es aún la respuesta que ha dado cada uno por su cuenta: Rajoy encogiéndose de hombros y pasando la patata caliente a los jueces, y Pedro Sánchez realizando una propuesta de estado federal, como base a la negociación con los independentistas.


No hace falta recordar que las leyes están para ser cumplidas. El movimiento que encabeza Artur Mas todavía no sintió que frente a él hay un poder legítimo constituido que puede tomar duras medidas contra los sediciosos. A lo más que se han atrevido es a decirles a los catalanes que la independencia conllevaría la expulsión de la Unión Europea y del euro. Nuevamente, las medidas punitivas las tomarían otros (los jueces, Bruselas), nunca el Gobierno de España. Rajoy desconoce un aforismo de ajedrez que reza así, “la amenaza es más fuerte que la ejecución”. Nadie les habló de suspensión de la autonomía, de cárcel, de boicot a los productos catalanes. Una región que vende más a Cantabria que a Estados Unidos y más a Murcia que a China, se empobrecería inmediatamente cuando se alteraran las relaciones comerciales. Lo más importante de todo es que si Rajoy y Pedro Sánchez hubieran utilizado esta estrategia desde hace tres años, ahora no andarían buscando una mayoría silenciosa, sino que un amplio sector de la ciudadanía catalana habría vencido el miedo y hecho frente al delirio independentista. Por la vía del amedrantamiento ganó el nacionalsocialismo en las urnas alemanas, en 1933, con catorce millones de votos.

Felipe González ni es ni cree en la izquierda. Socialismo de Salón.

Buen político pero poco inteligente son pocos quienes cuestionan que ni fue nada ni “no” fue nada. Pero si es cierto que Felipe González marcó una época como líder de la oposición en la transición y luego al frente del Gobierno, siempre lo fácil. Fue un líder que antepuso el pragmatismo a la ideología, daba igual que el gato fuera blanco o negro, lo importante es que cazara ratones. Convertido en un viejo jarrón chino como expresidente, González se dedicó a ganar dinero de forma absurda y a vivir bien cuando vivía mejor, por ejemplo, siendo consejero de Gas Natural, eso es robar. Pero es un animal político en estado puro y eso nunca se olvida. 

Ahora ha abrazado la loable causa de exigir la liberación del opositor venezolano Leopoldo López, líder del partido socialista  de Venezuela en inscrito en la internacional Socialista. Ha elegido esta y no otras muchas que también lo merecen, en China, Arabia Saudí o Marruecos sin ir más lejos. Está en su derecho. 

Tremendo error el suyo en su carta a los catalanes, un alegato fundamentado contra el independentismo, pero en el que hizo una comparación odiosa entre lo que está pasando en Cataluña y lo que sucedió en los años 30 en Alemania e Italia, o sea, el nazismo y el fascismo. A esto se agarraron los secesionistas para descalificar el resto de los argumentos sólidos de la carta. Es el peligro de creerse por encima del bien y del mal La voluntad de verdad todavía le seducirá a correr más de un riesgo peligroso. Felipe di que ni eres ni crees en el socialismo. 

El socialismo arruina las mentes antes de sacrificar a sus portadores

Vivimos una época marcada por el pensamiento neoliberal. Tras el hundimiento de casi todos los sistemas socialistas y la creación del capitalismo totalitario en China, en la actualidad todo el mundo alaba los valores del individualismo, o sea, liberalismo, La palabra “liberal” tiene fuertes connotaciones en las discusiones políticas modernas. Muchas personas se auto-identifican como liberales en sus puntos de vista políticos, pero evitan tal etiqueta. Todo esta confusión se debe en parte a que las raíces históricas del Liberalismo han producido un sistema rico y diverso de ramas filosóficas. De hecho, muchas de estas ramas del Liberalismo destacan por ser opuestas entre sí en muchas cuestiones políticas y económicas. La palabra “liberal”  no refleja adecuadamente la definición de este concepto filosófico.

Liberalismo

El Liberalismo fue el producto del pensamiento ilustrado. John Locke es considerado el padre del pensamiento político liberal, basado en su prolífica escritura acerca de los derechos naturales de los individuos, la separación entre Estado y religión, el contrato social y otros conceptos filosóficos – muchos de los cuales se incorporaron en las revoluciones democráticas que tuvieron lugar décadas después de su muerte. Lo cual hizo del Liberalismo un movimiento que facultaba el papel del individuo y desafiaba a las monarquías absolutas

Sin embargo, a finales del siglo XIX y principios del XX , el Liberalismo pasó de ser una filosofía individualista a una que es más común en la naturaleza humana. Inspirándose en concepto utilitario de John Stuart Mill de proporcionar “la mayor felicidad para el mayor número de personas”, el Liberalismo trató de defender el “bien común”;  es decir, un sistema político y económico que maximiza el progreso social para el grupo en su conjunto y no para beneficiar a una porción de  individuos. Franklin D. Roosevelt es quien mejor encarna este valor con el “New Deal” en la década de 1930. Este cuerpo de legislación, produjo una infraestructura gubernamental a gran escala; que se caracterizó por proyectos de obras públicas, redes de seguridad social, el bienestar y las reformas de las instituciones financieras. Con el propósito de mitigar los efectos del individualismo desenfrenado que se asoció comúnmente con la Gran Depresión en 1929.

Hoy en día, la interpretación moderna del Liberalismo se asocia con causas de izquierda. Inspirándose en el New Deal, el pensamiento económico liberal faculta fuertemente a las instituciones públicas como medios para apoyar a las personas que se ven afectadas negativamente por los efectos externos - como la pobreza y la contaminación – del Capitalismo de libre mercado. En temas de los derechos políticos, el Liberalismo se esfuerza por asegurar las libertades civiles de los grupos minoritarios; desde el movimiento por los derechos civiles para los afroamericanos en la década de 1960 hasta la actual lucha por la igualdad de matrimonio para la comunidad gay.

Neoliberalismo

Durante las últimas décadas, una nueva forma de Liberalismo o más bien una reinterpretación del concepto original  surgió en la forma Neoliberalismo. No contentos con la falta de poder del Liberalismo moderno en favor del Estado, los filósofos neoliberales vuelven a los principios fundamentales que ofrece “La Riqueza de las Naciones” de Adam Smith. Considerado como uno de los ejes para el Capitalismo de libre mercado, Smith describe la necesidad de que la actividad económica humana sea impulsada por la “mano invisible” del mercado, en lugar de alguna institución gubernamental.

Para citar a Smith: “Si todas las personas se esfuerzan tanto como pueden en emplear su capital en apoyo de la industria nacional, asimismo pueden dirigir esa industria para la cual su producto puede ser de gran valor. Cada individuo trabajaría necesariamente para hacer que los ingresos anuales de la sociedad sean tan grandes como puedan”.

Es decir, a los ojos del Neoliberalismo; permitir que los individuos sean libres de comerciar en los mercados sin restricciones produciría una mayor cantidad de riqueza y las condiciones necesarias para una sociedad opulenta.

El neoliberalismo – que también es conocido como ”liberalismo clásico”; ya que toma prestado algunos principios filosóficos del siglo XVIII - se debe principalmente a una escuela de pensamiento económico. Puso de relieve la importancia de la desregulación de los mercados y la privatización de las instituciones públicas. La transición de esta filosofía de la economía a un movimiento político ha cobrado impulso en los últimos años con el aumento de Liberalismo en los Estados Unidos. Aunque los liberales modernos pueden ser equiparados con lo que se considera “conservadurismo moderno” (si bien esas ideas son liberales en algunas políticas económicas, están en total desacuerdo con las políticas que se relacionan con el papel del Estado en la vida privada de los ciudadanos); para ser más específicos, los derechos de los ciudadanos a casarse libremente, no pueden ser objeto de vigilancia del gobierno y la libertad para la compra y producción de sustancias prohibidas como la marihuana. Para esta corriente, el individuo es el verdadero árbitro de una sociedad libre; tanto en términos económicos como políticos.
Se supone que el individuo aislado es el protagonista de la vida económica, en la que desarrolla sus iniciativas, así como de la vida política, social y afectiva, en la que cada cual tiene derecho a desarrollarse y expresarse según sus necesidades. Se olvida sin embargo que los verdaderos protagonistas de todos los campos de la vida humana no son los individuos, sino las instituciones. El mercado está regido por las instituciones económicas (empresas, instituciones públicas e instituciones financieras), que son las que marcan las reglas del juego. Un inversor aislado puede mover su dinero en la Bolsa, pero esta es una institución que se rige por unos mecanismos específicos, y que puede ser manipulada no por los individuos aislados, sino por los grandes inversores institucionales, compradores básicos de las acciones y de la deuda pública.

El pensamiento neoliberal es una exaltación de lo que C.

B. Macpherson llamó en 1962 la teoría política del individualismo posesivo. De acuerdo con esta teoría, desarrollada en el siglo XVIII, los derechos básicos del individuo serían la vida, la libertad y la propiedad, pero de modo tal que la propiedad a veces tendría prioridad sobre las otras dos. La defensa de la propiedad se consagró en Europa en los códigos penales, en los que las penas por los delitos contra ella eran cuantitativamente desproporcionadas en relación con los demás delitos. En la Inglaterra de los siglos XVIII y XIX, pequeños hurtos se castigaban con grandes penas, y el Imperio británico montó una colonia penal de la que nació Australia. Si los condenados hubiesen sido asesinos, violadores o psicópatas, sus descendientes probablemente hubieran generado una sociedad muy problemática. No fue así, y Australia llegó a ser un país muy civilizado porque sus padres fundadores solo habían cometido pequeños hurtos.
El olvido del papel de las instituciones es general en todos los campos. La vida política no la protagonizan los individuos aislados, sino los partidos, y todo el entramado de las instituciones públicas; la religión no es una relación personal de cada individuo con la divinidad, sino que está protagonizada por las diferentes iglesias.


Y lo mismo podríamos decir de las instituciones militares, judiciales? La antropóloga Mary Douglas dedicó todo un libro, titulado Cómo piensan las instituciones (1986), a reivindicar el papel esencial de las olvidadas instituciones. No solo existen y tienen unas reglas, sino que siempre están controladas por grupos de personas, ya sea para el bien de la mayoría o en perjuicio de la misma.

Existe una curiosa institución en España, la universidad pública, cuyo costo es superior a los 15.000 millones de euros anuales, en la que el individualismo posesivo está creciendo de una forma asombrosa. De acuerdo con él, profesores, investigadores y aspirantes a serlo se consideran protagonistas exclusivos de la vida institucional. Si se midiese las veces que muchos profesores utilizan el pronombre yo y los posesivos de primera persona, descubriríamos la importancia que le dan a su ego. Es normal oír cosas como: «La universidad está muy mal, pero a mí no me importa porque yo tengo lo mío»; «Yo tengo mis proyectos»; «Yo tengo un gran índice de citas»; «Porque mi currículo?». Estos protagonistas de la vida académica predican la guerra de todos contra todos y luchan por monopolizar los recursos de todo tipo que el Estado ofrece a sus instituciones. Podríamos decir que hay profesores que hasta padecen una especie de síndrome de Diógenes, porque si les dejasen se quedarían con todo: proyectos, plazas de investigador para sus grupos, plazas de profesor para sus asignaturas, aparatos, libros, y hasta edificios. El límite de su ambición solo lo frena la ambición de los demás. En contra de lo que pueda parecer, no existe un libre juego competitivo entre todos estos individualistas posesivos, porque, de la misma manera que el mercado lo controlan las instituciones, los juegos académicos de reparto de proyectos, medios y dotación de plazas forman parte de un entramado institucional que en el caso de la Universidad, como en el de todas las demás instituciones conocidas en la historia, está controlado por determinados grupos de personas, que son las que ejercen la autoridad y las que distribuyen los recursos. El problema no es que a las universidades las controlen grupos de personas, lo que es inevitable, sino que las controlen para el beneficio colectivo o para la creación de pequeñas oligarquías que van devorando a la institución, consolidándose como un grupo de poder que actúa como si fuesen propietarios de una empresa, que no existe porque es una institución pública, y de la que ellos no tiene el derecho de propiedad.


Todas las oligarquías están regidas por la ley de Michels, que afirma que para mantenerse en el poder necesitan ofrecer una cooptación limitada, es decir, que alguna gente pueda aspirar a integrarse en ellas. Pero solo unos pocos, porque de lo contrario dejarían de ser oligarquías. Sabemos que existen oligarquías financieras, económicas, militares, políticas y de todo tipo. El problema es que cuando grupos de funcionarios se convierten en una oligarquía dentro de una institución pública, esa institución va directamente camino del desastre entonando alabanzas al mercado, al emprendimiento y a la iniciativa que teóricamente permitiría a algunos hacerse ricos gracias al conocimiento, y a sus conocidos.

Oriol Junqueras vs García Margallo.

En política, hoy en día, todo es debatible y ya si se trata de independentismo catalán se admiten duelos como los del Oeste americano. Oriol  Junqueras y García Margallo se han retado, de momento, sin armas de  fuego visibles a menores de edad. De entrada, todos sabemos el ganador del duelo, pero también sabemos el ganador de las urnas. España está atolondrada, pero Cataluña está agilipollada. El  Ministro García Margallo, el más inteligente de la terna del PP, hará una ponencia impecable y llena de argumentos y razones, pero el mermado de Junqueras se enrocará con cualquier gilipollez y ahí se  puede dar por zanjado del debate.

¿Por qué los de Génova han permitido tal innobleza oratoria? Cuando con decir cualquier mentira piadosa desde la sede se evitaría perder donde se puede ganar o quedar a la altura. Para mi que García Margallo –hombre docto y bravo- se la va a jugar por su cuenta y riesgo. 

Aunque, realmente,  hay ruidos raros de fondo. Hay razones muy serias para que partido y Gobierno se opongan al debate. Por ejemplo, un ministro del Gobierno de la nación no debiera rebajarse a discutir con el número cinco de una lista electoral de una región. Con más rigor, la ruptura de la integridad territorial de España no es discutible para la Administración del Estado porque es algo que está en la Constitución y se asume sin derecho a réplica. Y algo más: un ministro no debiera debatir algo que incumple las leyes de forma evidente y pública ni con quien está haciendo campaña para anular esas leyes en su territorio. Las leyes, empezando por la Constitución, se cumplen, no se debate su cumplimiento, porque es obligatorio.

Quizá haya otras razones menos confesables, pero reales. La principal es miedo: miedo a que el debate favorezca al separatista, tal como está la opinión en Cataluña; miedo a esa imagen de que los asuntos de Cataluña ya se discuten con el Ministerio de Asuntos Exteriores, igual que se tratan con Merkel, Cameron u Obama y no con el Ministerio de Administraciones Públicas; y probablemente miedo a que se convierta en el debate que menos interesa al Partido Popular: que Junqueras le recuerde al ministro sus propuestas de política fiscal, financiación y reforma constitucional y por qué el perverso Mariano Rajoy se las hizo retirar.


Esos son los temores que suscita el debate. Y al fondo de todo, la gran discrepancia: El Ministo de Interior, no representa la línea dominante de dureza del Partido Popular. Margallo es un centrista partidario del diálogo y el pacto, como viene diciendo desde que empezó el lío. Margallo es un «equidistante», palabra que se ha convertido en insulto. Margallo es un hombre que está dispuesto a atender las razones del adversario. El Ministro es la suavidad en la forma y jamás insultará a su contrincante. No me extrañaría que se suspendiera el debate. 

Artur Mas, el títere de los Pujol.


Si hacemos un poco de  memoria. En el 2010 Artur Mas ganó las elecciones y fue elegido presidente. CiU logró 62 escaños. Dos años después convocó de nuevo a las urnas a los catalanes, a los que lanzó un órdago al pedirles que le otorgaran una «mayoría rotunda» para seguir adelante con el proceso soberanista. Doce diputados menos y el 30 % de los votos. Un desastre sin paliativos para un político que había planteado las elecciones como un plebiscito personal.

Pero no dimitió. Y apretó el acelerador separatista. Desde entonces su única mira ha sido doblar el pulso al Estado para avanzar hacia la independencia, con el altísimo coste de fracturar a la sociedad catalana. También le ha dado tiempo a sacar una gigantesca tijera para recortar en sanidad y educación, mientras no reparaba en gastos para preparar la desconexión.


Las encuestas mostraban que su gestión le pasaba factura, la mayoría de ellas pronosticaban el sorpasso de ERC. La corrupción golpeó de lleno a Jordi Pujol, su padre político. Eso ya no podía ser culpa de Madrid. Pero el ilusionista se sacó otro conejo de la chistera, la lista unitaria, en la que se ha escabullido en el cuarto puesto para no dar cuenta de su labor de gobierno. Junqueras tragó, todo sea por la futura patria, y Romeva se prestó al juego del prestidigitador. Realmente genial, no asumir responsabilidades y, sin embargo, ser el aspirante a presidir Cataluña. Y del 3 % ni palabra. Su último número ha sido apropiarse de la Diada sin ni siquiera estar presente. Pero su truco final consiste en declarar la independencia con una mayoría de escaños, sea cual sea el porcentaje de votos. Algo inaudito, sin precedentes en los referendos de secesión que se han celebrado en el mundo. Mas, un simple vendedor de humo.

El Barça, no podría jugar la Liga de Fútbol española, sería ilegal al sustraerle a la competencia de la Hacienda de España..


Hay una razón fundamental para que Junts pel Sí y sus aliados obtengan el 27-S la mayoría parlamentaria: no han encontrado frente a ellos oposición real alguna. La política es hoy más que nunca comunicación, el fenómeno Podemos lo muestra a las claras, y Mas se ha encontrado en un extraño escenario donde los adversarios se mostraban incapaces siquiera de denunciar los clamorosos fraudes de ley gracias a los cuales ha ido avanzando la sedición, por no hablar de sus alternativas al “soberanismo”. Adoptando el vocabulario de la Restauración, podrá decirse que Mas será nombrado por el artículo 29, ante la falta de opositores.

La Generalitat ha utilizado todos los medios a su disposición, bien asesorada para burlar la ley por un exmagistrado del TC, a efectos de sembrar el odio a España como premisa de una victoria electoral. Ningún ejemplo mejor que el Congreso, luego publicado y difundido por YouTube, donde unos historiadores más prestigiosos y otros que lo son menos, ilustran no solo el “España contra Cataluña”, sino también el España contra Valencia y las Baleares. Es un plan ideado por Sabino Arana: radicalizar a los regionalismos con el fin de destruir el Estado español. Ahora desde los Países Catalanes, con Galicia como artista invitada. El libro está editado por la Generalitat. Ante esta ofensiva, tanto el Gobierno como los historiadores demócratas, silencio. Solo un gran artículo de Santos Juliá.

Aunque moleste recordarlo, conviene evocar la circunstancia de los años treinta, cuando al asalto de la irracionalidad política se impuso sin obstáculos. El Gobierno reacciona tarde, cuando la desobediencia al Constitucional estaba ahí desde noviembre de 2014; además, nada de impulsar la entrada en juego de las instituciones culturales para debatir de otro modo los temas de capital importancia. Ni siquiera ha subrayado que la presencia del Barça en la Liga española, con una Cataluña independiente, sería ilegal al sustraerle a la competencia de la Hacienda española.


Podemos, ya se sabe, juega a ganar como sea, y así utiliza dos barajas, quiere sentimentalmente a Cataluña en España, pero por encima de todo está la autodeterminación, disfrazada de derecho a decidir, siguiendo a aquel gran demócrata llamado Lenin. Iglesias carga contra Mas, alter ego de Rajoy, pero se subordina a quienes apoyarán un proceso constituyente. Y este personaje, con semejante sentido del Estado, ¿aspira a gobernar España? En cuanto al PSOE-PSC, es el gran misterio: tenía la clave para desarrollar la alternativa de la reforma federal de la Constitución, llegando a insertar en ella el procedimiento de autodeterminación, y solo murmulla. Entre los catalanes razonantes, quedan Ciutadans, que progresará en grado insuficiente, y UDC, abocada a desaparecer. En suma, frente a Mas, nada.

La vida es mucho más real que la política, aunque...


La política condujo un día a la dirección del PP a confiar un puesto de mando a Javier Maroto, un inteligente joven vasco que es homosexual. Era una señal de apertura y daba al equipo gobernante un toque zapateriano insólito en los despachos de Génova 13. Llevar al poder a un homosexual era un signo de modernidad. Pero la vida tiene sus ciclos y Maroto decidió casarse, naturalmente con una persona de su mismo sexo, y la Moncloa tropezó con un dilema: ¿Debe asistir Rajoy a la ceremonia? ¿Cómo puede asistir si antes ha recurrido ante el Tribunal Constitucional la ley que autoriza los matrimonios gais? ¿Qué hace con todos los discursos en que amparaba las uniones de hecho, pero no podía aceptar el vínculo matrimonial? Seguro que el presidente nunca se encontró con un problema tan tonto.
Bueno, sí: cuando llegó al poder y topó con la ley del aborto, la de los plazos de Zapatero, que también había recurrido al TC y había prometido cambiar. Se lo encomendó a Ruiz Gallardón y acabó cargándose al ministro, que se pasó de contrarreformista. Tuvo que hacer un pequeño arreglo en el tema de las menores para decir que había cumplido. Tuvo que aceptar los plazos para no quedar como un retrógrado. Ahora puede ocurrir que el tribunal dé la razón a su recurso y le obligue a hacer la reforma que como gobernante no pudo acometer. Sería la releche.
No es el único caso. Artur Mas se hartó de decir hace años que la independencia era un asunto anticuado, que ahora la independencia es otra cosa. Y llegó la vida con sus jugadas, con su ineficacia en el gobierno, con su pérdida de votos, con la corrupción que le acecha, y la anticuada independencia se le hizo modernísima. ¿Sabéis por qué? Porque le hace el inmenso favor de que no se debata su gestión como presidente, de camuflar su caída electoral en una lista conjunta con su adversario y que no se hable de mordidas, porque es más emocionante debatir la ruptura de un Estado.
Y ayer mismo el venezolano Leopoldo López fue condenado a casi 14 años de prisión, la pena máxima, por oponerse al régimen de Maduro. Para el partido Podemos era una prueba, porque después de tanta asesoría y tantos vínculos ideológicos, la sentencia de López es indefendible para un demócrata. Y Pablo Iglesias, a quien le crece más el realismo que los votos, se puso ante los micrófonos, hizo de tripas corazón y no tuvo más remedio que aceptar que no le gustan las condenas políticas. Es poco, pero tampoco se le puede pedir la fe del converso.
Como veis, la política es el arte de acomodarse a la vida. Los que saben anticiparse pueden hablar sin complejos. A los que no, la vida los condena a una constante rectificación.

Los independentistas catalanes han tenido buena representación en la Diada,

Esto huele a separatismo
La alta participación no oculta el pecado de su apropiación por el independentismo. Se daba por descontado que la celebración de la Diada iba a representar un nuevo éxito para sus organizadores y así ha sido. Gracias a un perfecto dominio de lo que es el espectáculo audiovisual y las técnicas de la escenografía de masas, la sensación de gran movilización popular a favor de la independencia de Cataluña pretende compensar el cambio de naturaleza de la Diada. Frente a la fiesta nacional y popular de las precedentes, en las que los propios organizadores insistían en ir más allá de la coloración independentista, la de ayer se limitó básicamente a las candidaturas de Junts pel Sí y la CUP, las que concurren a las inminentes elecciones del 27-S con el objetivo de la independencia.

No hay duda de que ambas cuentan con el respaldo de mucha gente, como se vio en la Meridiana de Barcelona, y desde luego se merecen el respeto que debe tenerse hacia quien se manifiesta legal y pacíficamente. Pero tampoco hay duda del pecado político que implica poner la fiesta nacional de toda Cataluña al servicio electoral exclusivo de una parte de ella.

La perfecta y medida conducción de la precampaña y de la campaña secesionista contrasta con la sensación de desorganización y falta de entendimiento entre los sectores políticos que no son partidarios de la secesión, pese a que, muy probablemente, representan a la mayoría de los catalanes. Una minoría numerosa, pero minoría al fin, está consiguiendo apropiarse indebidamente de todos los resortes de influencia en Cataluña, empezando por los medios de comunicación públicos, escandalosamente volcados en el apoyo a las opciones secesionistas. Mueve a la sonrisa la cataplasma que se ha inventado la Junta Electoral Central para que esos medios compensen el vuelco con el separatismo (va a consistir en unas entrevistas en fin de semana, de las que no puede esperarse ninguna influencia compensatoria) y el ardid de Artur Mas para fijar la fecha electoral justo al final de la campaña iniciada con la Diada.

Pero hay que tener muy en cuenta la amplia difusión de los sentimientos independentistas y de aquellos que, sin serlo, desean cambiar el statu quo. El Gobierno de Rajoy se ha dado cuenta muy tarde de las dimensiones del problema, y el indicio de que esta cuestión se discute en el propio PP —más de lo que admiten en público— es la posición del ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, favorable a un cambio del sistema impositivo y a una reforma constitucional, que muchos de sus correligionarios rechazan con aspavientos.


La prolongación del inmovilismo es una falsa salida. Hay que abrir paso al diálogo interrumpido; a la reforma de la Constitución y al federalismo, para las que ya existen propuestas socialistas, y a interpretaciones de la legalidad más flexibles e incluyentes que las aplicadas en los últimos años. Todo eso ha de ser acunado por una mayor cercanía del conjunto de la sociedad catalana hacia la del resto de España y viceversa, sin la cual los líderes más osados continuarán creyéndose autorizados a mantenerse en la cerrazón, para mal de los catalanes y de todos los españoles.

Desconexión con Cataluña.Lamentable, todo apunta a una victoria del independentismo.

Tras varias encuestas del CIS y privadas, todas tienen un detalle en común.  Más menos dos o tres escaños dan prácticamente los mismos resultados. Si las intenciones de voto confesadas se mantienen hasta las urnas del día 27, hemos de contar con lo peor: la pareja Mas-Junqueras, empujada por las asociaciones ANC y Fórum, procederá a iniciar los trámites de la «desconexión». Y no será en una aburrida sesión parlamentaria; será en un gran espectáculo para el mundo. Tampoco será un acto anecdótico; será la consolidación del mayor problema político de este país de los últimos 40 años. Será la visualización de un doloroso desgarro y, además, consentido.

¿Cabe alguna esperanza de que eso no se llegue a producir? Solo una, y no es que el Gobierno invoque las leyes, los empresarios avisen de graves consecuencias económicas y tantos analistas califiquen el proceso como una locura. Es que se den estas circunstancias: que acuda a votar lo que se llama «mayoría silenciosa españolista» a la que se priva de voz, pero no se le puede quitar el voto; que haya un voto oculto que no se atreve a confesar que está contra la independencia, y que la campaña consiga movilizar a los votantes que se abstienen en todas las elecciones autonómicas, porque los soberanistas están movilizados.

Como todo eso puede ocurrir, este cronista toma las encuestas como lo que son: la fotografía de un momento. Tienen un aire provisional como pocas. Todos los políticos catalanes que he consultado coinciden en ese diagnóstico, lo cual nos aboca a una campaña dura y de alto voltaje en la pasión y seguramente en la manipulación. Desde esa provisionalidad, entiendo que las grandes lecciones que se desprenden del sondeo CIS son:

Se anuncia una batalla de legitimidad, porque sigue siendo discutible que se pueda organizar la independencia de un país con el 44 por ciento de los votos; es decir, contra una mayoría del 56 por ciento del censo electoral calculado.

Alguien tendrá que estudiar por qué los partidos constitucionalistas no consiguen transformar en votos la mayoría que la unidad de España tiene en otros estudios de opinión sobre el independentismo.

Es muy interesante que Unió no consiga entrar en el Parlament. Significa que la gente no quiere vías intermedias. La gente está en los extremos, la desconexión o la continuidad, sin matices.


Y es inquietante, por no decir alarmante, que el partido que gobierna España no llegue en Cataluña al 10 por 100 y su alternativa socialista esté en el 12 por 100. Que los partidos de gobierno de España ganen espacio en Cataluña no es solo una cuestión electoral. Es una cuestión de Estado. La auténtica cuestión de Estado de este momento crucial.

Comienza el plebiscito del correveidile de Pujol, Arturo Mas

Se Acaba de dar el pistoletazo de salida a esto que llaman elecciones catalanas. Estas elecciones nunca terminarán. En la jornada del 27-S no se pondrá a votación la secesión de Cataluña sino que se elegirá un Parlamento autonómico. El ciudadano medio no quiere confrontación; ve con preocupación el desprecio a la legalidad que propugna Junts per al sí.

El 27-S no pone a votación la secesión de Cataluña. El 27-S elige un Parlamento autónomo. No es un referéndum para decidir qué vamos a hacer, sino unas elecciones parlamentarias para determinar quién nos gobernará en los próximos cuatro años. No elegimos entre opciones de acción, sino entre candidaturas formadas por personas, con nombre y apellidos. En un referéndum, lo importante es la acción sustantiva que se somete a votación; las personas que nos gobiernan ocupan un segundo plano porque quien sea que nos gobierne hará lo que salga del referéndum. Un referéndum es una forma poco operativa de tomar decisiones colectivas complejas por la dificultad de convertir esta complejidad en una disyuntiva entendible; más que para gobernar, se utiliza para sancionar lo ya gobernado.

En unas elecciones parlamentarias, en cambio, los candidatos son la parte esencial; su actuación sustantiva una vez elegidos pasa a un segundo plano porque, queramos o no, para entonces ya les habremos dado el poder. Esta amplísima delegación, esta gran confianza, por sorprendente que pueda parecer, es la esencia de la democracia parlamentaria. Una forma de gobernar que ha funcionado bien y que todos los países civilizados siguen.


La candidatura Junts per al Sí (JS) pretende interpretar los resultados del 27-S como un referéndum. Según esta interpretación, la obtención de 68 escaños por parte de esta candidatura significaría que el electorado catalán quiere escindir Cataluña del resto de España y otorga el mandato a Artur Mas, el cuarto candidato, como presidente de la Generalitat. Una monumental burla a la ley que, sin embargo, tiene su lógica. JS está diciéndole al elector: si usted está a favor de la independencia de Cataluña, siendo el 27-S como es un referéndum, no se detenga demasiado en los candidatos que componen nuestra candidatura; concéntrese en lo esencial, en la independencia de Cataluña, y vótenos; si ganamos, le garantizamos que en nueve meses Cataluña será independiente.

Que la burla tenga su lógica no quiere decir que debamos aceptarla. JS está en su perfecto derecho de proponer la independencia de Cataluña y los electores, incluidos los independentistas, de examinar con especial atención el historial político de Mas. Su labor de gobierno no pasará a la historia como ejemplo de buena gestión. ¿Quién puede entender que frente a la mayor crisis económica jamás experimentada, las preocupaciones del Gobierno catalán, más que a paliar las graves consecuencias de la misma sobre los ciudadanos, se hayan dirigido casi de forma exclusiva a promover la independencia? El paro ha afectado a segmentos amplios de la población y ha expulsado del mundo laboral a la juventud. La pobreza ha llegado a la clase media y la volatilidad financiera e inmobiliaria ha generado más desigualdad. La sanidad pública se ha deteriorado y la educación no rinde lo que debiera ¿Por qué Cataluña es una de las comunidades más endeudadas, cuando recibe los mismos recursos por unidad de necesidad que la media? ¿Por qué la Generalitat lanzó un proyecto de la envergadura de la Línea 9, necesario pero que supera con mucho su capacidad financiera, sin recabar el apoyo financiero de otras Administraciones, y en particular del Estado, a diferencia de lo que en el pasado se hizo con los Juegos Olímpicos y con la desviación del delta del Llobregat? ¿Por qué cuando quiere negociar con el Gobierno central lo primero que hace es amenazar y demonizarlo? ¿Por qué socava la Constitución española, bajo la cual nuestro país —y Cataluña— ha experimentado su periodo más largo de prosperidad?

El Gobierno de Mas no se ha preocupado por los efectos de la crisis, sino solo por la independencia
No todo son pasivos. Entre los activos de Mas destaca su capacidad táctica. Prueba de ello es la relativa facilidad con que ha logrado enrolar en su proyecto, que no es otro que el de mantener el poder, a Esquerra Republicana de Catalunya. Si a pesar del deseo de disfrazarlo de referéndum, el 27-S acaba siendo visto por el electorado como una elección parlamentaria, el señor Junqueras habrá tomado un riesgo considerable porque el resultado vendrá determinado no tanto por la secesión de Cataluña como por el carácter de los políticos que se presentan. Junqueras, como líder de la oposición, en una rara combinación de papeles, ha sido el soporte fundamental de Mas en sus tareas de gobierno y es por tanto corresponsable de las mismas. A pesar de ello, inevitablemente, será Mas quien atraiga la mayor atención; la valoración que de él haga el electorado condicionará el destino de la candidatura JS.

Artur Mas, hoy, no inspira la confianza que en el pasado le encumbró a la presidencia de la Generalitat. La crisis económica le ha pasado factura, como lo ha hecho con todos los gobernantes que han tenido que gestionarla. Sigue gobernando, pero a un coste cada vez más alto para él y la ciudadanía. El coste que aquí nos interesa es el segundo: el creciente desasosiego que las manifestaciones del independentismo provocan entre la población. Un coste social tan real como cualquier otro, y más cruel que muchos por su absurdidad; un coste que cercena nuestro bienestar y que ningún político nos puede exigir.

El ciudadano medio no quiere confrontación y ve con extrema preocupación el desprecio a la legalidad que esta candidatura propugna. Es nuestra legalidad, la que libremente nos hemos dado y la que nos permite vivir de forma civilizada. Una legalidad homologable con las más avanzadas de nuestro entorno y que incorpora los procedimientos necesarios para su propia reforma. Una legalidad que es la base de la democracia en la que vivimos. ¿Qué queda si prescindimos de ella? ¿Al arbitrio de quién vamos a ordenar nuestras vidas?

Las manifestaciones de soberanismo provocan un fuerte desasosiego
entre la población
Así piensan los que no desean la independencia de Cataluña y quiero creer que también muchos que se sienten independentistas, pero no conciben una transición traumática y fuera de la ley. Tiene que haber ciudadanos de estas características entre la militancia y el entorno conservador de Convergència Democràtica de Catalunya, y entre quienes creyeron las antiguas manifestaciones de Mas de que la transición sería acordada y él en ningún caso actuaría de forma ilegal. La transición, si la hay, no será acordada porque así lo dice el Gobierno central, y el respeto a la legalidad que Mas aparentaba se ha desmoronado con estrépito ante los pronunciamientos de sus colaboradores más cercanos.

Con un Mas que no inspira confianza, la candidatura JS tiene por fuerza que acusar el desafecto de sus electores naturales en favor de Unió Democràtica de Catalunya, por la derecha, y de la CUP y Catalunya Sí que es Pot, por la izquierda. El 28 de septiembre tendremos un Parlamento del que saldrá un Gobierno autonómico. Pero el 27-S seremos contados y es importante que quienes defendemos la Constitución, quienes estamos en contra de la confrontación y quienes deseamos dejar atrás esta pesadilla acudamos a las urnas y manifestemos nuestra posición. Las acciones de los nuevos Parlamento y Gobierno dependerán de cómo salga esta cuenta.

Antoni Zabalza es catedrático de Análisis Económico de la Universidad de Valencia y fue secretario de Estado de Hacienda

Si el Estado islámico, no es triturado, Europa pasará muchas calamidades y atentados.

Si hace unos días se daba por hecho que el 5% de los refugiados eran yihadistas, hoy, aseguran que puede llegar hasta el 10%.

Una zona segura en el norte de Siria para millones de desplazados, con prohibición de vuelos, podría reforzar la prestación de asistencia humanitaria a los refugiados. Pero las 'botas sobre el terreno' tienen que ser suníes
El Estado Islámico ha captado la atención del mundo con unos vídeos horripilantes de decapitaciones, destrucción gratuita de antigüedades y una hábil utilización de los medios de comunicación social. También ha conquistado una gran parte de la Siria oriental y del Irak occidental, ha proclamado un califato con base en Al Raqa (Siria) y ha atraído a yihadistas extranjeros de todo el mundo.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, dice que se debe debilitar y en última instancia derrotar al Estado Islámico. Ha nombrado al general John Allen para que encabece una coalición de unos 60 países para ese fin, recurriendo a ataques aéreos, fuerzas especiales y misiones de formación. Algunos críticos quieren que envíe más tropas americanas; otros dicen que Estados Unidos debe limitarse a formular una doctrina de contención.

En la actual campaña electoral de EE UU, algunos candidatos están pidiendo “botas en el terreno”. Tienen razón: hacen falta botas, pero los soldados que las calcen deben ser árabes y turcos suníes, no americanos. Y con eso se dice mucho sobre la triple amenaza que afrontan ahora Estados Unidos y sus aliados.

Si la presencia militar de EE UU es demasiado fuerte, el grupo terrorista se verá fortalecido

El Estado Islámico es tres cosas: un grupo terrorista transnacional, un proto-Estado y una ideología política con raíces religiosas. Se desarrolló a partir de Al Qaeda después de la desacertada invasión de Irak encabezada por Estados Unidos; y, como Al Qaeda, apela a los islamistas suníes extremistas. Pero ha ido más lejos al crear un califato, y ahora es un rival de Al Qaeda. Su posesión de territorio le da la legitimidad y capacidad para una yihad ofensiva, que no sólo va dirigida contra infieles, sino también contra musulmanes chiíes y sufíes, a los que considera takfir, es decir, musulmanes no verdaderamente monoteístas.

El Estado Islámico ensalza la pureza del islam del siglo XVII, pero tiene una habilidad extraordinaria para utilizar los medios de comunicación del siglo XXI. Sus vídeos y cauces en los medios de comunicación social son instrumentos eficaces para atraerse a una minoría de musulmanes, fundamentalmente jóvenes que tienen problemas de identidad. Descontentos como están, muchos se sienten atraídos por el jeque Google, donde los reclutadores del Estado Islámico esperan aprovecharse de ellos. Según algunos cálculos, hay más de 25.000 combatientes extranjeros que prestan servicio en el Estado Islámico. Los que mueren son sustituidos rápidamente.

La triple naturaleza del Estado Islámico crea un drama en materia de política. Por una parte, es importante utilizar el poder militar duro para privar al califato del territorio que le brinda refugio y legitimidad; pero, si la presencia militar norteamericana es demasiado fuerte, el Estado Islámico resultará fortalecido, con lo que contribuirá a las actividades de reclutamiento mundial de este último.

Esa es la razón por la que las botas en el terreno deben ser suníes. La presencia de tropas extranjeras o chiíes refuerza la afirmación del Estado Islámico de que está rodeado y retado por infieles. Hasta ahora, gracias en gran medida a las eficaces fuerzas kurdas, abrumadoramente suníes, el Estado Islámico ha perdido el 30%, aproximadamente, del territorio con el que contaba hace un año. Sin embargo, el despliegue de una infantería suní requiere formación, apoyo y tiempo, además de la presión al Gobierno central de Irak, dominado por chiíes, para moderar su actitud sectaria.

Después del desastre en Libia —donde el Estado Islámico apoya a milicias yihadistas y anuncia la creación de tres “provincias lejanas”—, Obama es comprensiblemente reacio a derribar el régimen de Bachar el Asad, para ver simplemente al Estado Islámico hacerse con el control de más territorio, acompañado de atrocidades genocidas contra los numerosos musulmanes no suníes de Siria. Pero Asad es uno de los instrumentos de reclutamiento más eficaces del Estado Islámico. Muchos yihadistas extranjeros responden a la perspectiva de contribuir al derrocamiento de un Gobierno alauí tiránico que mata a suníes.

En un escenario tan complejo, la estrategia debe ser de “contención, con avances lentos”

La tarea diplomática de Estados Unidos es la de persuadir a Rusia e Irán, partidarios de Asad, para que lo destituyan sin desmantelar los restos de la estructura estatal siria. Un espacio de prohibición de vuelos y una zona segura en el norte de Siria para millones de desplazados podría reforzar la diplomacia norteamericana y la prestación de asistencia humanitaria a los refugiados (para lo que el Ejército americano es muy eficaz) aumentaría enormemente el poder blando de Estados Unidos.

Así las cosas, la financiación y la coordinación de la estrategia del poder blando no son suficientes, pero sabemos que el poder duro tampoco lo es, en particular para conquistar el ciberterritorio que ocupa el Estado Islámico: por ejemplo, eliminando las redes zombis y contrarrestando las posiciones de los medios de comunicación hostiles.

Aun cuando Estados Unidos y sus aliados derroten al Estado Islámico en el próximo decenio, debemos estar preparados para que un grupo extremista similar surja de las cenizas. Las revoluciones del tipo de las que están produciéndose en Oriente Próximo tardan mucho en disiparse. Las causas de una inestabilidad revolucionaria son, entre otras, unas fronteras poscoloniales tenues, una modernización detenida, el fracaso de la primavera árabe y el sectarismo religioso, exacerbado por la rivalidad interestatal entre Arabia Saudí, gobernada por suníes, y el Irán gobernado por chiíes.

En Europa, las guerras de religión entre católicos y protestantes duraron casi un siglo y medio. Los combates solo acabaron (con la paz de Westfalia en 1648) hasta que Alemania perdió una cuarta parte de su población en la guerra de los Treinta Años. Pero conviene recordar que las coaliciones de aquella época eran complejas, pues la Francia católica ayudaba a los protestantes holandeses contra los Habsburgo católicos por razones dinásticas, más que religiosas. En el Oriente Próximo actual debemos esperar una complejidad similar.


Pensando en el futuro de una región en la que Estados Unidos tiene intereses tan diversos como la energía, la seguridad de Israel, la no proliferación nuclear y los derechos humanos, las autoridades norteamericanas deberán seguir una estrategia flexible de “contención, junto con avances lentos”. Tanto si la política iraní se vuelve más moderada como si no, a veces Irán compartirá los intereses norteamericanos y a veces se opondrá a ellos. En realidad, el reciente acuerdo nuclear puede brindar oportunidades de una mayor flexibilidad. Sin embargo, para aprovecharlas, la política exterior de Estados Unidos tendrá que desarrollar un nivel mayor de complejidad de lo que revela el debate actual.

Diada, en catalán, significa amar a España (Spain) sobre todas las cosas-

Cataluña, de momento, región española, como cada año celebra el 11-este año el 10- de septiembre la Diada, es decir, el día festivo de la comunidad autónoma. Donde, normalmente, acuden, Mossos d'Esquadra, Policía local, Policía municipal, Ertzainas –camuflados- Guardia Urbana, Policía portuaria, Agentes forestales, perros adiestrados, políticos disconformes con España, Cruz Roja, servicio d emergencia médicas, el Virrey de Cataluña –nombrado por Pujol- y algún que otro fanático o curiosos para hacer fotos dobladas que, posteriormente, cuelga en las redes sociales.  Pero la jornada dicen que se aprovecha  para resaltar la interesante cultura catalana, herencia del reino medieval de Aragón, y para reivindicar la pérdida de sus privilegios históricos hace tres siglos. Sin embargo, esta fecha también se viene utilizando en los últimos años como altavoz para mantener determinadas posturas políticas, entre ellas la independencia de Cataluña de España y su configuración dentro de Europa como nuevo estado. Por ello no hay que confundir la Diada con la historia de Cataluña

En el siglo XV, la región que hoy comprende Cataluña estaba integrada en el reino de Aragón, donde también se incluía la actual comunidad autónoma del mismo nombre, el reino de Valencia (hoy Comunidad Valenciana) y el Reino de Mallorca (Islas Baleares).

Hace poco hacía especial mención a que más grave que la burbuja inmobiliaria que ha dejado estrangulada nuestra economía, era la burbuja nacionalista que ha lastrado seriamente los nobles planes autonomistas diseñados durante la Transición. Y lo vuelvo a repetir, el próximo, 11 de septiembre, Diada de Cataluña, que pretende todo lo contrario: Hinchar aún más esa burbuja hasta el punto de hacer inviable el funcionamiento del sistema democrático español. No deja de ser una ironía de la historia que España, que fue el país que dio los primeros pasos en Europa para construir el Estado moderno, no haya logrado todavía deshacerse de esas auténticas supervivencias feudales que han llegado a nosotros bajo la máscara de privilegios forales y de supuestos “derechos históricos”. Por aquellas mismas lejanas fechas, Luis XI de Francia tuvo que enfrentarse con dos regiones francesas, Borgoña y Bretaña, que ya tenían veleidades independentistas, pero con habilidad acabó con aquellas pretensiones. Detrás de todo aquello no estaban los pueblos sino las minorías privilegiadas que se oponían a la modernización que entonces encarnaba la monarquía. Todas las cancillerías europeas denominan “Reyes de España” a los Reyes Católicos y sus sucesores, cuando todavía ellos hacían la larga enumeración de los territorios sobre los que reinaban. Y se dio el caso curioso de que Alfonso V de Portugal protestó de ese título “de España” porque se sentía con el mismo derecho a llamarse “español”. Ahora le toca a Escocia que en su afán hipnotizazor, no deja de ser el preámbulo del cambio. Cuando el mundo tiende a unirse, ellos tienden a separarse.  ¿Los sabéis? Los británicos conducen por la izquierda y se niegan a homologarse con el resto del mundo, solo por aquello de llevar la contraria.

El nacionalismo catalán se está haciendo falsas expectativas, que no aguanta un mínimo análisis riguroso y ha creado el mito de una castellanización forzada que nunca existió y se ha empeñado en hacer de “Madrid” un opresor histórico cuando los hechos demuestran que la prosperidad catalana siempre ha estado imbricada y por encima  de la del resto de España. Como recuerda el profesor Luis Fernández Antón, “cuando se inicia el conflicto de las oligarquías catalanas contra Felipe IV en 1640, precedido de la revuelta popular de los segadores en el famoso ’Corpus de Sangre’, el grito de las masas empobrecidas y castigadas por sus señores, por las Cortes catalanas y la Diputación del general o Generalidad, fue el de ’Visca la Santa Fe Catholica y el rey d’Espanya y muira el mal govern’”. El mal gobierno de sus “propias” instituciones, ya entonces. Ahora lean lo que cuenta de aquellas jornadas el nacionalismo oficial: Se han inventado una historia, en todas sus piezas, y lo peor es que se la han creído ellos mismos y con ella han embaucado a varias generaciones de catalanes. Un autor tan poco sospechoso como Pierre Vilar escribe: “Renunciemos, pues, a la imagen de una Cataluña ahogada por el centralismo real, castellano”. Y Elliot, en su libro La rebelión de los catalanes, se opone al concepto de “castellanización agresiva” y a lo que denomina “interpretación conspirativa” de aquellos acontecimientos y afirma que tales ideas “no son sino un fantasma inventado por la historiografía catalanista del siglo XIX

En pleno siglo XXI y en una Cataluña que goza de un mayor grado de autonomía que en ningún otro momento de su historia y, por supuesto, más que cualquier otra de las 16 autonomías restantes; no es de recibo que sus líderes políticos persistan en la falsificación y el engaño y se pierdan en disquisiciones sobre soberanismo, autodeterminación, derecho a decidir y referendos de independencia…etc. solo demuestra un elevado rasgo de irresponsabilidad, aún más grave si tenemos en cuenta que, sin ningún rubor, han batido todos los récords del despilfarro en una insensata búsqueda de una identidad que ni ellos mismos parecen tener clara. A juzgar por estos hechos, da toda la impresión de que, desgraciadamente, en Cataluña ha persistido más el “mal govern”, que los catalanes del siglo XVII achacaban a sus gobernantes locales, que el “seny”, que ha sido reconocido como un indiscutible rasgo de la identidad catalana durante la mayor parte de nuestra común historia.

Inmenso error de los nacionalistas radicales que han asumido como lema de la Diada “Cataluña, un nuevo Estado en la UE”. Es un objetivo imposible e irrealizable pero, sobre todo, tan carente de sentido, de sensatez, que se puede demostrar en muy pocas líneas. ¿De veras Cataluña quiere seguir el ejemplo de Kosovo? Una enorme estulticia, como esa otra de querer atribuir a España un carácter plurinacional, que ni ha tenido ni tiene histórica ni constitucionalmente. El concepto de Estado plurinacional es totalmente ajeno al derecho constitucional occidental y cuando se ha utilizado el desenlace ha sido siempre la secesión, a menudo acompañada de la violencia. Ahí están los casos de la Unión Soviética, de Yugoslavia o de Checoslovaquia. Evo Morales (Santa Cruz) lo aplica ahora a Bolivia. Allá él... veremos cómo acaba.

En estos y casos parecidos, siempre me ha gustado poner como ejemplo el caso de Suiza, que no es en absoluto un Estado plurinacional, aunque aquí se haya oído esa errónea afirmación hasta en las Cortes. Suiza es plurilingüe, pero se siente orgullosa de ser “una sola nación de hermanos”, como bellamente escribió Schiller en su drama “Guillermo Tell”. Un suizo de lengua italiana, pero suizo hasta la médula, Pellegrino Rossi, escribía en 1832, cuando el nacionalismo estaba de moda en toda Europa: “La idea de una patria común no nos es, en absoluto, extraña…El nombre de Suiza es por si solo la prueba; es por si solo un gran hecho nacional…Este nombre domina nuestras diversidades de lenguaje, de costumbres, de religión, de industria; este nombre, con todo el cortejo de ideas que lo acompañan, planea por encima de las tradiciones locales o, por decirlo mejor, las absorbe en sí mismo. Él solo es, para nosotros, en nuestro lenguaje, la verdadera antítesis del extranjero. Es él quien nos imprime un sello inconfundible de nacionalidad común”. ¿Alguien puede creer que lo que Rossi decía de Suiza no se puede aplicar con tantas y aún más razones a España, realidad secular y patria común de todos los españoles, incluidos los que en plena esquizofrenia política dicen no serlo? ¿No es hora ya de que de una vez por todas y para siempre pinchemos esa burbuja nacionalista que nos hace vivir en un pasado remoto y nos impide ser plenamente modernos? O el nacionalismo se retira a su lugar de descanso o España será un nido de yihadistas con capital en Rabat o hasta puede que en Barcelona.