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Cosas del comunismo. Inminente invasión de Ucrania.

 

Exteriores recomienda "seriamente" a los españoles que se encuentren en Ucrania que abandonen el país



Exteriores recomienda 'seriamente' a los españoles que se encuentren en Ucrania que abandonen el país


Pedro Sánchez informa al Rey y a Pablo Casado de la situación.

El Ministerio de Asuntos Exteriores ha recomendado este sábado que los españoles que actualmente se encuentren en Ucrania consideren "seriamente" la posibilidad de abandonar el país temporalmente, ante la volátil situación de seguridad motivada por el conflicto con Rusia.

En una nueva recomendación del Ministerio de Exteriores el Gobierno afirma que no es recomendable viajar a Ucrania. El presidente del Ejecutivo, Pedro Sánchez, ha llamado esta mañana al Rey Felipe VI para informarle de estas nuevas recomendaciones adoptadas hoy en el marco de la reunión de embajadores de la Unión Europea en Kiev.

Sánchez también ha informado al líder del PP, Pablo Casado, quien ha reiterado todo el apoyo a la acción del Ejecutivo.

"Me ha llamado Pedro Sánchez para informarme sobre los nuevos acontecimientos en relación a la crisis de Ucrania", ha manifestado el líder de la oposición en las redes sociales, "le he reiterado el apoyo del Partido Popular para que el Gobierno cumpla con las responsabilidades de España en el marco de la OTAN y la UE".

Mientras tanto, la ministra de Defensa, Margarita Robles, ha insistido este sábado en que "es más importante que nunca" apostar por la vía diplomática y del diálogo con el conflicto entre Ucrania y Rusia.

En declaraciones a los medios en Cádiz, Robles ha recordado que las misiones que realiza España con la OTAN son "de estabilidad" y no ofensivas.

La ministra de Defensa ha explicado que están evaluando "permanentemente" cómo transcurren los acontecimientos en la frontera ucraniana y ha señalado que "lo más importante es que todos los miembros de la OTAN busquemos la unidad".

"En estos momentos difíciles es más importante que nunca apostar por la vía diplomática y del diálogo" y creer en que, "pese a esa evaluación permanente, al final tendrá éxito la vía diplomática", ha defendido.

 


The president of the PP, Pablo Casado, speaks at the official opening of the VIII edition of the Hotusa Tourism Innovation Forum, at Eurostars Madrid Tower, on 17 January, 2022 in Madrid, Spain. The meeting, which takes place days before the start of the Fitur 2022 tourism fair, brings together leading personalities and entities from the world of tourism. The aim of the event is to analyze the future challenges that the sector will have to face in order to recover the important economic and social role it played before the pandemic. (Photo By Eduardo Parra/Europa Press via Getty Images)

La crisis de Ucrania amenaza con tener más implicaciones en la política interna española de lo que parece. Si el movimiento de tropas rusas en la frontera ucraniana ya ha abierto grietas en el Gobierno de coalición, con un Unidas Podemos que se enfrenta a lo que considera "belicismo" de la ministra de Defensa, del de exteriores y del presidente del Gobierno, en la derecha el presidente del PP también ha abierto una brecha al insinuar las buenas relaciones de Putin con Vox.

En una entrevista en la Cadena Cope, Pablo Casado pidió a Vox que se defina sobre la crisis abierta en Ucrania, en la que el PP da un apoyo sin condiciones al Gobierno, a pesar de que aún no ha recibido ninguna llamada del presidente para informarle de la situación.

Casado se pregunta si Abascal está con la democracia o con los del "no a la guerra"

"No he escuchado a a Vox pronunciarse sobre Ucrania" dijo Casado. Y cree que estaría bien saberlo, "dado sus pronunciamientos, a veces, a favor del régimen de Putin". Siempre se ha hablado de la relación del régimen de Putin con la extrema derecha europea, ye incluso ha habido muchas comparaciones entre la propaganda y las fotos del presidente ruso y las de José Abascal, si bien el líder de Vox, por ejemplo, evitó reunirse con Putin, "por prudencia", aunque nunca ha desvelado quien le había invitado a esa reunión.

Pablo Casado considera que dada la situación, Abascal debería decir, "si está a favor de la libertad y la democracia, o de la soflama y el "no a la guerra", que enarbolan, de nuevo, los socios de gobierno de Pedro Sánchez.

El líder del PP pide a Sánchez que aclare las distintas opiniones en su Gobierno

Por eso también pide a Sánchez que aclare la posición del Gobierno "después de haber visto a los anti OTAN y a los del 'no a la guerra'" situarse junto a Rusia en esta crisis, algo que le parece preocupante. Tampoco entiende que los independentistas estén ahora en contra de los movimientos de la OTAN, cuando se trata de garantizar la integridad territorial de un país que quiere ser soberano.

En la entrevista, el líder popular explicó que la pretensión del PP, en Castilla y León, es sacar más votos que la alternativa de izquierda, justo lo que dicen las encuestas publicadas hoy, de forma que no necesite el voto a favor de ningún grupo, en clara referencia a Vox. Necesitaría su abstención, y en esta tesitura, y sin negociar, consideran que el partido de Santiago Abascal tendría muy difícil justificar que pudiera permitir cualquier otro tipo de gobierno, o llevar de nuevo a unas elecciones en esa comunidad.

El PP aspira a gobernar solo en Castilla y León, porque se necesita un gobierno fuerte

La justificación de Casado es que "pedimos estabilidad", porque "ya se ha visto lo que suponen los gobiernos de coalición", y esa estabilidad, sólo la dan "los gobiernos fuertes que pueden llevar a cabo sus políticas", como se puede ver en Galicia o se está viendo ahora en Madrid, en contra de lo que pasaba antes de las elecciones del 4 de mayo.

Y sus políticas son, explicó Casado, "bajar impuestos", algo a lo que los votantes de Vox no se oponen, sino todo lo contrario, con lo que no vería lógico que votaran que no a un candidato del PP. Lo mismo ocurriría de cara a un gobierno en España, dijo Casado, "se lanzaría el mensaje de que sabemos gestionar y  bajar impuestos".

El PP sigue empeñado en reunir al centro derecha "por la base"

De Vox le separan "cosas con las que no estamos de acuerdos", de las que dicen y proclaman, entre ellas Europa, porque Vox no está de acuerdo con su configuración, mientras que el PP sí. Por eso, Casado sigue empeñado en reunir al centro derecha en torno al PP, "por la base" algo que, subrayó, "ya pasa con Ciudadanos" y que aspira a que pase con Vox, y que los españoles que votan a estos partidos "vean que separados puede gobernar la izquierda". El ejemplo de Cs, para Casado es primordial, porque a su juicio "Cs ha demostrado que no ha sido útil para sus votantes".

Es más, el presidente del PP no ve nada que Cs o ahora Vox pueda aportar que no esté ya en el ADN del PP, como la defensa de la unidad nacional, la seguridad ciudadana, la bajada de impuestos o la regeneración democrática. Y es que, subrayó, "El PP representa al centro derecha que gobierna en Europa".

Ayuso lleva el mismo camino que Cayetana.

 


En política hay cosas que no tienen explicación. El lío que está montando Ayuso, solo porque quiere adelantar unas elecciones a la Presidencia del PP en Madrid y Casado dice que hasta Junio como está estipulado no hay elecciones. Puntualizó que más de un alto  cargo, según los estatutos del PP, no puede haber. Ya hay bastante experiencia con Esperanza Aguirre –madrina de Ayuso- que ostentó la  presidenta del Senado entre 1999 y 2002 y de la Comunidad de Madrid entre 2003 y 2012. También ejerció de presidenta del Partido Popular de la Comunidad de Madrid entre 2004 y 2016. Dejando a todos sus palmeros en la cárcel, Operación Lezo, aún no está cerrada y ella está acusada.

Tres días después de que la Guardia Civil registrara la sede regional del partido por presunta financiación ilegal, Esperanza Aguirre dimitió de su cargo como presidenta regional del Partido Popular por la responsabilidad en el nombramiento de Francisco Granados y una veintena  presuntos responsables de irregularidades, aunque ella no fue imputada ni investigada en ninguno de ellos, solo junto a  Ignacio González, causa que aún está pendiente.

Es curioso a este Francisco Granados, la policía judicial, sacó del palomar de su suegro más de un millón de euros y en cuentas bancarias más de 10 millones. Pisos y apartamentos aún no se sabe. Otro de los imputados vendió 10 hectáreas en Valdebebas al Real Madrid, terreno que era propiedad del Ayuntamiento.

En definitiva, el PP ha entrado en erupción. “Igual que el volcán de La Palma”, ironiza un dirigente popular metido en el fregado. Nadie sabe por cuánto tiempo ni con qué consecuencias. Contra todo pronóstico, en un contexto de luna de miel de la derecha en las encuestas y con los socios de la coalición de Gobierno enredados en una disputa por las reformas tras la pandemia, el principal partido conservador ha implosionado en una guerra fratricida que enfrenta a sus dos principales dirigentes, Pablo Casado e Isabel Díaz Ayuso, que para más inri eran amigos y se lo deben casi todo en política el uno al otro.

 

El líder del PP ha logrado salir de la travesía del desierto gracias al impulso decisivo de la victoria de la presidenta de la Comunidad de Madrid en las elecciones de mayo, mientras que ella llegó a ese puesto como candidata del PP por una apuesta personal de Casado. Todo eso parece haber quedado en el olvido, y los afectos y los puentes han saltado por los aires.

La pelea es por el poder orgánico en Madrid, la presidencia del PP de la comunidad más rica en poder de los conservadores, pero en el trasfondo muchos ven una disputa por el liderazgo simbólico de la derecha y del PP. A pesar de que en el partido cunde el estupor, Casado va a atrincherarse y no cederá en su guerra con Ayuso, transmiten fuentes de Génova. “No se va a dejar presionar”, zanjan en el equipo del líder. El jefe de filas no tiene previsto hacer nada para tratar de frenar la sangría interna que le interpela personalmente.

La sensación generalizada en el PP es de preocupación y de desconcierto. “Esto que está pasando con Ayuso es igual de incomprensible, o más, hacia dentro que hacia fuera”, admite un diputado popular. Oficialmente, la disputa entre Génova y Ayuso es solo por la fecha del congreso del PP de Madrid, que según la dirección nacional debe celebrarse a finales del primer semestre del año que viene, mientras que la presidenta madrileña quiere que sea antes de marzo.

Pero debajo de la disputa de los tiempos está una pelea que ya es a muerte por la presidencia del PP de Madrid. La dirección nacional quiere evitar que Ayuso se haga con el control del partido, y ha pasado de promover la llamada “tercera vía” —es decir, que la dirección del partido la lleve una tercera figura que no sea ni Ayuso ni el alcalde de la capital, José Luis Martínez-Almeida— a directamente barajar lanzar al regidor con otra lista contra la presidenta.

¿Por qué no puede presidir Ayuso el PP de Madrid?, se preguntan muchos en el partido, incluso en el propio comité de dirección de Casado, donde también hay dudas sobre la estrategia en este conflicto, según las fuentes consultadas. En Génova arguyen que Madrid es diferente, porque hay dos centros de poder, Comunidad y Ayuntamiento, “y cuando hubo concentración de todo el poder en una sola persona, como con Esperanza Aguirre, ya hemos visto lo que pasó”. Lo que pasó fue, aunque no se explicite, un PP carcomido por la corrupción, pero también una lideresa madrileña que amagó con moverle la silla a Mariano Rajoy. Como se sospecha que pudiera hacer Ayuso.

 

El equipo de Ayuso dispara su fuego contra el número dos de Casado, Teodoro García Egea, como máximo responsable de un conflicto que amenaza con abrir en canal al PP. “El culpable de la situación es quien enturbia la relación con Pablo cuestionando la lealtad de Ayuso, y hablando de sus aspiraciones nacionales, cuando dejó claro en la convención de Valencia que no las tiene”, critica una fuente del PP de Madrid al secretario general.

En el equipo de la presidenta madrileña señalan que “García Egea nunca ha intentado ser interlocutor en esta situación”. “Teodoro tiene obsesión por marcar su autoridad, fruto de su inseguridad, y así perjudica a Pablo, porque le presenta como alguien débil”, sostiene una tercera fuente madrileña. Las filtraciones, acusaciones y zancadillas han llegado tan lejos ya entre unos y otros que muchos en el PP ven la guerra inevitable. La incógnita es si Almeida aceptará ser el candidato de Génova contra Ayuso. El alcalde aún no ha decidido si lo hará porque “no quiere líos” y “prefiere que lo haga una tercera figura”, transmiten en la cúpula.

El trasfondo de la pelea intestina en el seno del PP más patanegra se libra también a dos años vista. Casado tiene una bala para convertirse en presidente del Gobierno, suelen recordar los veteranos en el PP. Según esa tesis, si en las generales de 2023 el líder del PP no consigue gobernar, el partido se alzará para buscar un liderazgo alternativo. Y Ayuso podría ser una posible sucesora. Pero, fuera de Madrid, Ayuso tiene menos furza que el pedo de un mosquito.

Todas las miradas en el PP apuntan ahora a Casado, que se está jugando parte de su liderazgo en esta batalla, como advierten en algunas baronías populares, pero igual ocurrió con Cayetana y ya todos hemos olvidado. Sin embargo, el líder del PP está decidido a mantener el pulso a Ayuso, según transmiten fuentes de su equipo, aunque eso suponga que la sangría de confrontación continúe hasta mediados del año que viene, cuando está previsto el congreso del PP de Madrid.

“Casado no se va a dejar presionar, va a cumplir los tiempos y va a convocar el congreso cuando toque”, sentencian en Génova. En el entorno del líder niegan que exista un clamor en el PP para que Casado ponga fin al conflicto acordando con Ayuso. “A nosotros no nos consta ese clamor, al revés. La gente está empezando a estar harta de ella”, afirman fuentes de la confianza del jefe. El líder no va a dar su brazo a torcer y mantiene la incógnita sobre si promoverá una candidatura alternativa a la de Ayuso. Por su parte, ella se va a presentar a la presidencia del PP sí o sí, contra quien le pongan delante. “Que lo va a hacer es inamovible”, advierten en su equipo. 

El choque de trenes parece inevitable, pero Casado y Ayuso no se están jugando lo mismo en esta guerra. “Quien tiene más que perder es Casado”, analiza un veterano dirigente popular. “Ella ya ha conseguido lo que podía aspirar en su vida política, ya es presidenta de Madrid. Sin embargo, Casado se está jugando la presidencia del Gobierno de España. Una crisis de esta naturaleza, si acaba mal, le puede costar a Casado el éxito de la candidatura”.

 

Los barones están junto  a Casado.

La batalla entre la dirección nacional del PP y la madrileña preocupa mucho a los barones populares, que urgen a Génova a que detenga con urgencia la confrontación. “Madrid es una caja de resonancia, lo que pasa en Madrid afecta en toda España. Nos preocupa lo que está pasando sobre todo a las comunidades autónomas que abordamos un proceso electoral más pronto que tarde”, afirman en una presidencia autonómica del PP. “Es un disparate, un camino a ninguna parte”, se quejan. “Pedimos que se pare esto cuanto antes. Las réplicas llegan a todos los territorios”. 

En otras baronías populares ponen el foco en el secretario general, Teodoro García Egea. “Más allá de los movimientos de Isabel, estas cosas le han pasado a Teodoro García Egea en toda España. Tiene ramalazos un poco autoritarios, y no es lo mismo hacerlo con el PP de Sevilla que con Ayuso, que es Dios”, analiza un dirigente autonómico. “Va a haber confrontación. Y si pierde Ayuso el congreso, pierde el partido. En cambio, si lo gana, es una derrota salvaje de Casado. Quien le marca un escenario así a Casado no es su mejor amigo. Porque se lo va a jugar todo a cara o cruz”.

España al borde de la desaparición. ¡ES LA DEMOCRACIA¡


JP Logística

Entristece constatar que Pedro Sánchez es incapaz de aclarar sus intenciones a los españoles ni en su propia sesión de investidura. Incapaz de asumir que tiene 123 escaños y necesita negociar con lealtad. Incapaz de ser sincero con nadie que no sea de su círculo estratégico más íntimo. Incapaz de renunciar a la táctica electoralista de vuelo corto y abrazar de una vez su responsabilidad de Estado. Cuando parecía que el movimiento de Pablo Iglesias, asumiendo el veto personal que le planteó el propio Sánchez, iba a desbloquear la investidura en virtud de un Gobierno de coalición con ministros de Podemos, Sánchez se plantó en el Congreso y leyó un discurso ensimismado y autocomplaciente.


El presidente en funciones desgranó su programa con la pasividad terca de quien cree que debe ser votado por obligación. Ni una propuesta concreta expuso sobre fiscalidad ni sobre Cataluña. Es la actitud propia de alguien que entiende la política como un puro juego de poder, carente de programa y socios coherentes para llevarlo a cabo.

Los líderes de PP, Ciudadanos y Podemos coincidieron en una misma idea: la necesidad de desenmascarar a Sánchez. Significativo propósito que retrata al candidato. Porque más de 80 días después de las elecciones, el político propuesto por el Rey para formar Gobierno -se supone que en virtud de unos apoyos ya negociados y atados- se demoró en vaguedades buenistas que solo persiguen ganar tiempo para seguir negociando la coalición con Podemos o para seguir empujando su deseo de repetición electoral, en la confianza de que las encuestas le sonríen. La irresponsabilidad de semejante plan merecería, sin embargo, un castigo electoral en consonancia. Quizá por miedo a ese escenario, Sánchez se avino al final de la jornada a expresar su voluntad de llegar a un acuerdo con Iglesias, con quien mantuvo un agrio enfrentamiento después de que este le advirtiera de que no serán un "mero decorado" del PSOE ni entienden, como socios preferentes, el afán de Sánchez de buscar la colaboración de PP y Cs. No lo entiende nadie. Si hubiera apostado por una opción netamente constitucionalista, no habría esperado al día de la investidura para reclamar su exploración. Y sobre todo no la habría dinamitado pactando con nacionalistas y populistas en Navarra, Valencia, Baleares o Barcelona.

La dureza frontal de Albert Rivera o el tono más institucional de Pablo Casado vinieron a confluir en lo evidente: Sánchez no puede aspirar a carecer de oposición democrática. Y sus hechos han demostrado que no es un político de fiar. Sánchez busca evadir sus responsabilidades, apela indistintamente a izquierda y derecha para ser investido sin ofrecer nada a cambio y espera que la geometría variable le permita luego ir capeando la legislatura. Pero eso no es un proyecto ni una investidura. Eso es un trágala con amenaza electoral. Y eso no es aceptable en buena lógica democrática.

Harto del ninguneo, Iglesias estalló en una intervención briosa y coherente en demanda de aquello que Sánchez nos regatea a todos: claridad. No se puede engañar a todos todo el tiempo. Quizá hoy Sánchez se avergüence de sus socios de censura, pero ese remordimiento llega ya tarde: debió haberlo pensado cuando solo ansiaba llegar a La Moncloa a cualquier precio. Ahora debe asumir las consecuencias de la deriva radical que impuso al PSOE y de la que ya no puede retractarse sin quedar como un trilero ante todos los españoles, empezando por los de izquierdas. España no se merece el chantaje de Sánchez.
 es incapaz de aclarar sus intenciones a los españoles ni en su propia sesión de investidura. Incapaz de asumir que tiene 123 escaños y necesita negociar con lealtad. Incapaz de ser sincero con nadie que no sea de su círculo estratégico más íntimo. Incapaz de renunciar a la táctica electoralista de vuelo corto y abrazar de una vez su responsabilidad de Estado. Cuando parecía que el movimiento de Pablo Iglesias, asumiendo el veto personal que le planteó el propio Sánchez, iba a desbloquear la investidura en virtud de un Gobierno de coalición con ministros de Podemos, Sánchez se plantó en el Congreso y leyó un discurso ensimismado y autocomplaciente.


El presidente en funciones desgranó su programa con la pasividad terca de quien cree que debe ser votado por obligación. Ni una propuesta concreta expuso sobre fiscalidad ni sobre Cataluña. Es la actitud propia de alguien que entiende la política como un puro juego de poder, carente de programa y socios coherentes para llevarlo a cabo.

Los líderes de PP, Ciudadanos y Podemos coincidieron en una misma idea: la necesidad de desenmascarar a Sánchez. Significativo propósito que retrata al candidato. Porque más de 80 días después de las elecciones, el político propuesto por el Rey para formar Gobierno -se supone que en virtud de unos apoyos ya negociados y atados- se demoró en vaguedades buenistas que solo persiguen ganar tiempo para seguir negociando la coalición con Podemos o para seguir empujando su deseo de repetición electoral, en la confianza de que las encuestas le sonríen. La irresponsabilidad de semejante plan merecería, sin embargo, un castigo electoral en consonancia. Quizá por miedo a ese escenario, Sánchez se avino al final de la jornada a expresar su voluntad de llegar a un acuerdo con Iglesias, con quien mantuvo un agrio enfrentamiento después de que este le advirtiera de que no serán un "mero decorado" del PSOE ni entienden, como socios preferentes, el afán de Sánchez de buscar la colaboración de PP y Cs. No lo entiende nadie. Si hubiera apostado por una opción netamente constitucionalista, no habría esperado al día de la investidura para reclamar su exploración. Y sobre todo no la habría dinamitado pactando con nacionalistas y populistas en Navarra, Valencia, Baleares o Barcelona.

La dureza frontal de Albert Rivera o el tono más institucional de Pablo Casado vinieron a confluir en lo evidente: Sánchez no puede aspirar a carecer de oposición democrática. Y sus hechos han demostrado que no es un político de fiar. Sánchez busca evadir sus responsabilidades, apela indistintamente a izquierda y derecha para ser investido sin ofrecer nada a cambio y espera que la geometría variable le permita luego ir capeando la legislatura. Pero eso no es un proyecto ni una investidura. Eso es un trágala con amenaza electoral. Y eso no es aceptable en buena lógica democrática.

Harto del ninguneo, Iglesias estalló en una intervención briosa y coherente en demanda de aquello que Sánchez nos regatea a todos: claridad. No se puede engañar a todos todo el tiempo. Quizá hoy Sánchez se avergüence de sus socios de censura, pero ese remordimiento llega ya tarde: debió haberlo pensado cuando solo ansiaba llegar a La Moncloa a cualquier precio. Ahora debe asumir las consecuencias de la deriva radical que impuso al PSOE y de la que ya no puede retractarse sin quedar como un trilero ante todos los españoles, empezando por los de izquierdas. España no se merece el chantaje de Sánchez.

El que la JEC obligue a que Atresmedia excluya a VOX del debate es totalmente legal


El que la JEC obligue a que Atresmedia excluya a VOX del debate, ahora a cuatro es totalmente legal, pero con matices. Es discrepante que a un medio privado se le  pueda obligar a cambiar un programa de utilidad para la decisión del voto en el ámbito estatal. Un medio privado es dueño de su línea editorial y de su programación. Si una emisora debe aplicar el principio de proporcionalidad, hay que ser coherente y no exigírselo solo en un debate, sino en todos sus programas informativos. Y si ese principio se vulneró ahora, la Junta debiera haber actuado de oficio al tener conocimiento del programa y no por la queja de cuatro grupos que solo representan a cuatro autonomías.

Si el debate debe ser a cuatro, debería efectuarse desde un principio en TVE, que es la emisora que lo propuso. Y hacerlo con los candidatos de siete u ocho partidos, que es la opción que implícitamente se ofrece a Atresmedia sería televisivamente desaconsejable y socialmente poco útil para los votantes. De todas formas, la Junta es la autoridad y no hay tiempo físico para canalizar y decidir los recursos. Todo esto ocurre porque no existe una regulación explícita de los debates electorales.

Por mucho que los analistas consideran imprescindible para emitir un voto argumentado, después de 40 años no se ha conseguido regularlos por ley. Y ese vacío conduce a lo que ocurrió en esta campaña: que el jefe del gobierno decidió lo que se hacía según su conveniencia estratégica; que el mismo jefe del gobierno pasó olímpicamente de la costumbre de confrontar sus ideas con el principal líder de la oposición y olvidó los principios que ahora recuerda la Junta Electoral. También a él le falló la asesoría jurídica, a pesar de tener a su disposición a la Abogacía General del Estado y al cuerpo jurídico del PSOE. Nuestros políticos siguen cometiendo pecados de aprendices como si estuviésemos al principio de la transición.

Puntualizo, si hay algún perdedor en esta pericia judicial, no es Atresmedia. El perjudicado políticamente es el propio Pedro Sánchez, al que la Junta desbarata una parte de su estrategia. El presidente concibió este debate a cinco como una forma de diluir a Pablo Casado en una multitud de aspirantes para no permitirle destacar como sólido candidato a sucederle y como una forma de mostrar a las tres derechas en toda su desnudez: si se enfrentan entre sí, dejan de ser garantía de gobierno unido; si no se enfrentan, Sánchez puede seguir hablando de tres siglas y un solo bloque. Y además, con extrema derecha dentro. Todo muy ingenioso, pero desmontable. Y Pedro Sánchez tendrá que inventar otra manera de atacar.

Encuesta, elecciones generales Marzo 2019. El PP podría gobernar solo con Cs o VOX.


Nueva encuesta sobre el 28-A: un sondeo, elaborado por JP Logística, augura la victoria del PP con un 28.7% y el hundimiento de Podemos, que lograría poco más del 9 de los votos. 
Según el sondeo y siempre aproximadamente El PP con 28,7% lograrían 128 diputados; PSOE (23,4%) 101 diputados; Cs obtendría 39 y el 14.6% de los votos, Unidas Podemos, que también se hunde, 21  escaños y Vox, 36. 
Además, ERC, obtendría 9 escaños; CDC, 8; PNV, 5; EH Bildu, 2; y CC, uno, y todos ellos sumarían el 13,4 % de los votos. Según estas estimaciones,el PSOE NO podría gobernar si repitiera la alianza frankestein  que llevó a Sánchez a la Moncloa tras la moción de censura.
Pablo Casado es el que mejor valoración tiene en la encuesta, y el peor, el líder de Vox, Santiago Abascal. 

España, políticamente, incorrecta. Las elecciones, en la mayor crisis democrática de la historia, nos hará perder todo tipo de esperanzas.



España está llena de estadistas a quienes la democracia ha degradado convirtiéndoles en políticos, para hacer lo posible imposible. En España, la nueva democracia necesita apoyo y el mejor apoyo democrático es no votar democracia. Que mi voto y el de Pedro Sánchez sumen lo mismo, no es que no sea democrático es inhumano. Aristóteles decía que la democracia sería el origen de la República y esta daría forma legal a la dictadura. Platón, le contestaba: Eso de que voten todos no es democrático, porque votan sin esperanzas…. 

Si alguien tiene en mente que las elecciones servirán para superar la situación esperpéntica que atraviesa España o para elevar en algo el ínfimo nivel del debate político, puede abandonar toda esperanza. Todavía no se han convocado siquiera oficialmente los comicios y asistimos ya a un guirigay de amenazas, insultos y discursos contradictorios en los que los problemas reales de los ciudadanos son la última de las preocupaciones. Todo es representación y tacticismo. Y ese derrotero, lejos de corregirse, aumentará a medida que se acerque la llegada de las urnas. 

Hay algo realmente absurdo, por ejemplo, en que los socialistas insistan, hasta por carta, como hemos sabido ayer, en reclamar a Ciudadanos que no rechace pactar con ellos. Mientras Sánchez casi suplica a Rivera que no le deje solo, el PSOE equipara a diario a Ciudadanos con Vox y asegura que ambos forman junto con el PP una ultraderecha tricéfala y hasta «trifálica». 

¿Qué sentido tiene entonces ese empeño en reclamar el apoyo de un partido al que los propios socialistas tachan de falangista? Simplemente, es un intento de ocultar a los votantes un hecho irrefutable. Que la única oportunidad que tiene Pedro Sánchez de gobernar es la de pactar su investidura con unos independentistas que han protagonizado un golpe de Estado. Y que está dispuesto a hacerlo. Pero sin que se hayan convocado todavía los comicios, Ciudadanos está dando también unas muestras de nerviosismo e improvisación impropias de un partido que aspira a gobernar. Adelantar su política de pactos antes de las elecciones es un signo de debilidad que tiene el mismo objetivo que el del PSOE: hacer que los electores olviden que Rivera votó a favor de la investidura de Sánchez y sostuvo durante años el Gobierno socialista de Susana Díaz. 

Pero excusa no pedida, acusación manifiesta.Y también antes de que se convoquen las elecciones, el líder del PP, Pablo Casado, parece creer que la campaña no consiste en exponer proyectos sino en ver quién levanta más la voz y dedica más insultos al adversario, mostrando para ello una riqueza léxica en el manejo del dicterio a la altura de Camilo José Cela. En el otro extremo, Pablo Iglesias e Íñigo Errejón, a los que algunos presentaban como dos genios de la estrategia política, han dado toda una lección de cómo hundir un partido en cuatro años. Y, como gran novedad, llega ahora el líder de Vox, Santiago Abascal, cuya gran receta para solucionar los males del país es acabar con la España autonómica surgida la Transición.

Si hubiera un gramo de responsabilidad en nuestros líderes equiparable a la que hay en el resto de Europa, lo que debería haber es un solemne compromiso previo de que nadie pactará con un partido ultra como Vox, ni con unos partidos golpistas como los independentistas catalanes. Algo que obligaría al resto a hacer política con mayúsculas tras el 28A. Por desgracia, tal cosa no va a ocurrir, porque lo que sucede es que, en uno de los momentos más críticos de su historia, España cuenta sin duda con la peor generación de dirigentes políticos que ha parido

Según el Mundo, uno de cada tres españoles es socialista y cree que Pedro Sánchez es la única alternativa de poder.

Según encuesta de SIGMA DOS para el Mundo, uno de cada tres españoles es socialista y cree que Pedro Sánchez es la única alternativa de poder.

El resultado de las encuestas, no todas se hacen es fiel reflejo de la intención e interés de quien las paga. 




La convocatoria del 28-A impulsa a Sánchez, con Rivera a la baja, el PP estancado y Vox por encma ya de Podemos
ENCUESTA DE SIGMA DOS PARA EL MUNDO: España, dividida entre la pareja de izquierdas y el trío a la andaluza en las alianzas
Por qué el centro derecha podría no llegar a la mayoría absoluta con cerca del 50% de votos
El 28-A se dibuja ya como una fecha histórica. Los perfiles políticos de la España democrática se redefinen. Finiquitado el bipartidismo, la derecha y la izquierda se difuminan y surge un nuevo factor desequilibrante en la ecuación. Es Vox, la derecha radical, hasta ahora desconocida en el Congreso y en el Senado, que pisa fuerte en las encuestas. Entre 44 y 46 escaños que refuerza la apuesta por la derecha que, sin embargo, y pese a esta inyección, no tiene asegurado el Gobierno por el frenazo de Ciudadanos y el estancamiento del PP.
El sondeo de Sigma Dos para EL MUNDO, a dos meses de las elecciones, vaticina que el partido más votado será el PSOE, que aglutina el 27,3% de las papeletas después de la convocatoria de los comicios.
El porcentaje que obtiene el PSOE en el sondeo le reportaría entre 110 y 114 escaños -entre 25 y 30 más que los logrados en 2016-, igualando así, e incluso superando, los obtenidos por Alfredo Pérez Rubalcaba en 2011, cuando todavía no habían irrumpido los nuevos partidos.
Los ocho meses de Pedro Sánchez al frente del Gobierno son rentabilizados claramente por los socialistas. La fuerza que otorga controlar la maquinaria del Estado y el BOE se demuestra una vez más evidente, y a ello se suma el impacto positivo que ha generado el anuncio, deseado por buena parte de los votantes, de convocatoria de elecciones. Entre la anterior encuesta de Sigma Dos para EL MUNDO, realizada a finales de diciembre, y esta los socialistas crecen cinco puntos. Además, en estos dos meses Sánchez ha pasado a ser el líder más valorado, la primera vez que ocupa ese lugar, hasta ahora monopolio de Albert Rivera.


El PSOE, según la encuesta, aventajaría al PP en más de ocho puntos. Una ventaja considerable que, sin embargo, puede no servirle a Sánchez para sumar mayoría con sus socios actuales: Podemos, nacionalistas e independentistas.
Los populares, maltrechos tras el cambio en su liderazgo y duramente golpeados por Vox y Ciudadanos, se encaminan hacia un derrumbe espectacular. El 33% de votos obtenidos en 2016 con Rajoy al frente se quedarían ahora, bajo el nuevo liderazgo de Pablo Casado, en poco más de la mitad -un 19,1%-, lo que implicaría perder entre 62 y 66 diputados. El Grupo Popular en el Congreso no superaría así los 75 escaños frente a los 137 con que cuenta en la actualidad. Un golpe sin precedentes que, además, parece consolidarse, ya que Casado no ha mejorado nada en los dos meses transcurridos desde la anterior encuesta de este periódico.

El PP aguanta segundo

Ciudadanos sería la tercera fuerza en liza, 11 puntos por debajo del PSOE y a tres del PP. Respecto a los resultados que obtuvo en 2016 -32 escaños-, registra un importante ascenso -hoy lograría el 16% del voto y entre 54 y 58 diputados-. Sin embargo, en comparación con el sondeo del mes de diciembre de EL MUNDO, que le otorgaba hasta 70 diputados, retrocede claramente.
Todo indica que la formación naranja en este inicio de año ha registrado una desaceleración. Ahora tocaría techo en el entorno de los 55 escaños. Un frenazo que seguramente explique el fichaje de su dirigente más carismática, Inés Arrimadas, para las generales. No obstante, con el resultado del sondeo, Cs daría el sorpasso a Unidos Podemos, que sería, junto con el PP, la víctima más sangrante de las urnas. Rivera superaría a Iglesias en punto y medio, pero ello bastaría para sacarle una veintena de diputados de ventaja.
El frenazo de Ciudadanos y el estancamiento del PP ponen en peligro la mayoría de centroderecha ensayada en Andalucía y que en el sondeo de diciembre se alcanzaba de forma holgada.


Consolidación de Vox, descalabro de Podemos

En este ámbito, el sondeo confirma que Vox se ha consolidado como opción política. La explosión del partido liderado por Santiago Abascal es muy significativa porque pone de manifiesto el voto del rechazo y la rabia frente a una izquierda a la que muchos acusan de hacer concesiones al independentismo, y a una derecha tradicional a la que, muchos también, tachan de pasiva y miedosa. Alcanzar tal número de escaños implicaría que Vox, en virtud de la Ley D'Hondt, lograría en un buen número de provincias entre el 25% y el 30% de los votos.
Podemos, por su parte, sigue sumida en una grave crisis que adquiere tintes de descomposición y se vería superada incluso por Vox. El partido de Pablo Iglesias conseguiría el 14,4% de los votos, escasa cosecha si se compara con el 21% de 2016. Así, de los 71 diputados actuales pasaría a contar sólo con entre 37 y 39. Sería el quinto grupo del Congreso y su caída puede ser definitiva para que Pedro Sánchez no pueda reeditar la mayoría de la moción de censura.
El escenario político cada vez más fragmentado deja abiertas muchas incógnitas. Restan nueve semanas para las elecciones y cualquier acontecimiento, tropiezo o acierto puede modificar el tablero. La campaña promete ser una guerra sin cuartel para robar votos al vecino.
El trasvase de papeletas se apreciará con nitidez en el escenario catalán, decisivo para el futuro del país. El desplome del PDeCAT, sumido en la confusión de siglas, se confirma en beneficio de ERC. El partido de Oriol Junqueras registraría un importante ascenso y prácticamente aglutinaría todo el voto separatista. 
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