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Al final, la culpa del descarrilamiento de Adamuz, acabará siendo del ayudante del soldador.

 

Cuatro afectados por el descarrilamiento de Adamuz, trasladados a  hospitales madrileños

Yolanda Díaz se refirió a la crisis ferroviaria el pasado día 23 para defender el "derecho de los maquinistas a movilizarse". Después, junto al número dos de Sumar, Ernest Urtasun, les dedicó unas palabras a las victimas de los dos accidentes (Adamuz y Gelida) en el trascurso de los premios Feroz (24-1-2026).

La vicepresidenta del gobierno, tan presta en otras ocasiones a defender causas justas, ha mantenido un significativo silencio sobre las responsabilidades en el desastre de Adamuz, que costó la vida a 45 personas y provocó decenas de heridos. Ella, que hace justo dos años acudió a la playa de A Pobra de Caramiñal (A Coruña), provista de un cedazo y acompañada por varias cámaras de televisión, para recoger pellets y denunciar "las mentiras del PP", ahora mira para otro lado. Según cuenta hoy Cristina de la Hoz, ha optado por defender a Oscar Puente. Yolanda, siempre al lado de los débiles.

A rebufo de ERC y de Junts, Urtasun pidió ayer un plan de inversiones en Rodalies como condición para apoyar unos presupuestos que ni están ni se les espera. Pero no dijo ni palabra de Adamuz.

Da un poco de vergüenza lo que está pasando. Para salvarle la cara a Salvador Illa y calmar a los socios de ERC, este lunes el gobierno ha decidido cortar dos cabezas de tamaña medio, dos recién llegados: el director operativo de Rodalies y el jefe de mantenimiento de Adif. Tanto ERC como Sumar, que se han mostrado muy airados con el accidente de Gelida (un muerto), no han dicho ni pío sobre las responsabilidades en el de Adamuz (45 muertos). ¡Y luego hay gente que se extraña de que las familias hayan dicho que no quieren ni ver a los miembros del gobierno en el funeral de Estado que debía celebrarse el próximo sábado!

Un partido que es incapaz de pedir responsabilidades por un desastre como el de Ademuz -hasta el PSOE debería haberlo hecho- es un partido que no defiende a los ciudadanos, sino a sus propios intereses.

Eso explica que Díaz haya pasado de pedir hace poco más de un mes una "remodelación profunda del gobierno" a respaldar con su silencio al ministro Puente.

La líder de Sumar tiene que ser prudente. Al fin y al cabo, el presidente de Renfe es uno de los suyos

Bien es verdad que, en este caso, no sólo busca que Sánchez le deba un favor, por no dar una baza al PP, sino que está la protección uno de los suyos.

Efectivamente, el presidente de Renfe, Álvaro Fernández Heredia, se presentó en las listas de Más Madrid al ayuntamiento de la capital en 2023 y, de hecho, ejerció como concejal durante unos meses, hasta 2024. En enero de 2025 fue nombrado presidente de Renfe. La experiencia de Fernández Heredia en el sector ferroviario es nula, pero tiene buena relación con Oscar Puente, que le nombró gerente de la empresa municipal de autobuses Auvasa (1919-2023), cuando el ahora ministro era alcalde de Valladolid. Fernández Heredia es ingeniero, pero su especialidad es la "movilidad urbana sostenible". Su doctorado lo logró gracias a su tesis: "El potencial de las variables latentes en modelos explicativos del uso de la bicicleta". En Valladolid era conocido por ser un talibán de las bicis. Pero de vías y trenes no sabía nada. Tampoco parece hábil en la gestión de la comunicación: fue el que dijo que entre el descarrilamiento y el choque con el Alvia habían pasado 20 segundos; después tardó seis días en hacer un comunicado informando de la hora en la que Renfe llamó al 112.

Si el presidente de Renfe fuera un ingeniero de derechas, Yolanda Díaz habría exigido su dimisión desde el minuto uno.

Como decíamos en este columna el pasado fin de semana, a medida que se van conociendo datos, la sensación de chapuza e improvisación en Transportes aumenta. Hemos conocido, por boca del presidente de la Comisión de Investigación de Accidentes, Ignacio Barrón, que el fallo en una soldadura puede ser la causa del descarrilamiento. Esa soldadura se realizó entre dos vías, una vieja y otra nueva, cuando el ministro había dicho que se había renovado toda la vía en mayo de 2025.

Yolanda Díaz ya es puro sanchismo.

 

Yolanda ya es puro sanchismo.

La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz, ofrece una rueda de prensa tras la firma junto al presidente del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), Juan Carlos Lentijo
La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz, ofrece una rueda de prensa tras la firma junto al presidente del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), Juan Carlos Lentijo | EFE/Fernando Villar

El nuevo sistema de financiación, concierto, fuero, cupo, agasajo o truco del almendruco de Sánchez para Cataluña no es de izquierdas ni de derechas, ni federal ni confederal, es simplemente sanchista y todo lo demás, incluidas las reverendas discusiones dentro de Sumar, puede resultar entretenido pero es irrelevante. La verdad es que tampoco sabemos ya qué es exactamente Sumar, aparte del resol de Yolanda en el Gobierno, en la prensa y en el cielo de verano, que es como el resol de un cisne de estanque. Carlos Martín Urriza, responsable económico de Sumar, signifique eso lo que signifique, ha criticado el invento desde la ortodoxia, el escepticismo y yo diría que hasta la ternura, que todavía es encantador que alguien intente darle explicaciones ideológicas o lógicas a Sánchez o a los suyos. Yolanda, después de un largo silencio, también como un silencio de cisne o ángel de estanque, ha sido más práctica y ha optado, como el propio Illa, por el método sanchista de sortear las contradicciones enunciándolas con naturalidad y frescura. Yolanda ya es puro sanchismo y habría que sacarla de las ideologías como del estanque de cisnes, con las alas mojadas todavía.

Lo que hace Sánchez es sólo por Sánchez y para Sánchez, lo sabe todo el mundo, lo sabe el PSOE, lo sabe el resto de la izquierda purista o arrimadiza, y lo sabe por supuesto Yolanda. Yolanda yo creo que ha visto su sueño alejándose, como un tren en sueños, y aún se resiste a aceptarlo. Su sueño era una izquierda que era a la vez toda la gente y sólo su bolsito, ese bolsito casi alegórico que le lleva la también figura alegórica, como una ninfa de bolsitos, que es su ayudante, personaje que me tiene fascinado desde que la vi entre escudera, niñera, peinadora, paragüero, dama de honor y porteadora de película de Tarzán. La izquierda / bolsito de Yolanda ha ido fracasando porque seguía pareciendo sólo el bolsito de Yolanda y ella tampoco ayudaba con sus incoherencias y chorradas. Sumar no sumaba nada, aparte de desengaños y pestañeos, y Yolanda se dio cuenta entonces de que había pasado de tener a la gente y a todos los colores de pintalabios de la izquierda (nunca los tuvo, en realidad) a tener sólo a Sánchez. Más o menos como los indepes, claro.

Yolanda aún tiene la esperanza de recuperar su sueño, su izquierda a la vez universal y privada, de utopía y de polvera, y sabe que sólo Sánchez puede patrocinársela

Si algo tiene Sánchez es que todo el que esté de su lado ya no puede ser otra cosa más que sanchista, ni socialista, ni izquierdista, ni periodista, ni economista ni equilibrista. Carlos Martín Urriza puede tener razón desde su izquierda académica u obispal, pero la razón hace mucho que no sirve con Sánchez. Ni tampoco sirve con Sumar, al menos mientras Sumar siga siendo esta Yolanda a la que vemos hacer la estatua de estanque o de Consejo de ministros, con diadema de palomas en la cabeza. Yo creo que Yolanda está intentando olvidar la decepción para abrazar no tanto el interés como la esperanza, que es algo todavía peor. No me parece que Yolanda esté pensando en que Sánchez la premie, como a otros del PSOE o del círculo del PSOE, con una embajada sin sentido o un despachito con macetón. Yo creo que Yolanda aún tiene la esperanza de recuperar su sueño, su izquierda a la vez universal y privada, de utopía y de polvera, y sabe que sólo Sánchez puede patrocinársela. 

Con Sánchez sólo se puede ser sanchista, y esto no significa ser necesariamente un creyente (en realidad es casi imposible concebir que alguien crea a Sánchez). También vale ser cínico, o calculador, o perezoso, o estar desahuciado para cualquier cosa fuera del sanchismo, como un cisne o un ángel de estanque fuera del estanque. Pueden ser económicos o románticos, pero quien lo necesite siempre encontrará motivos para negar la razón, la verdad, la evidencia, la ideología, los principios y hasta la moral cuando lo haga Sánchez. Yo creo que Yolanda también está en este punto, como la mitad del PSOE o la mitad de España. Yolanda, como los indepes, no precisa ser toda la gente ni todo el arcoíris, ni ser mayoría, ni ser muchos, sólo ser necesaria para Sánchez, y en eso confía. Claro que las cuentas de los indepes tienen mayor sustento que las de Yolanda.

Hablar del nuevo fuero catalán, que está entre el medievo y el latrocinio, hablar económica, ideológica o lógicamente, me refiero, es una pérdida de tiempo. Igual que hablar de Sánchez más allá de la pura fuerza y la pura voluntad de poder. Después de todo lo que hemos vivido, el que apoya a Sánchez es que quiere algo de Sánchez o necesita algo de Sánchez, y ahí está también todavía Yolanda, o la izquierda que queda bajo las alas mojadas de Yolanda, no sé si protegida por un ángel palmípedo o ahogada en plumón. O a lo mejor ya no hay ni izquierda ahí, sólo un nido vacío y una mamá pata triste o ciega. Sánchez es un milagro y una ganga para los indepes, y un mal menor para la izquierda abizcochada de toda la vida, y la última y loca esperanza de Yolanda con bolsito, como la Penélope de Serrat. El verdadero precio de estas ambiciones cínicas y de estas esperanzas locas todavía está por calcular y lamentar, pero empecemos por repudiar las explicaciones de lo inexplicable y las justificaciones de lo injustificable. Para eso no hacen falta ideologías, ortodoxias, academicismos ni trincheras.

El Gobierno Frankestein veta a la VICE, Yolanda Díaz a proponer de nuevo el “impuestos a los ricos”. La ministra de Trabajo arrancará su gira después de las andaluzas, pero está intentando construir un equipo de «cuadros» y figuras de referencia mediática. Yolanda Díaz es una ministra comunista que sin dedicación exclusiva (más sindicalista) y con el poco mérito de su extutor, Pablo Iglesias, llegó a Moncloa y le justificaron en la Vicepresidencia del Gobierno sanchista. Bien sabe ella que Podemos es historia al igual que el PSOE y otros aliados. Por tanto está obligada a buscarse la vida sin perder “el poder adquisitivo de que ahora goza”. La ministra gallega cuenta con el apoyo de los sindicatos o parte de ellos, pero es que estos tienen menos crédito electoral que ella. La rama feminista se está desintegrando y el populismo está vetado en las urnas. Si Yolanda Díaz piensa mantener la estructura de partido con aportaciones anónimas, imposible. Si cuenta con el dinero que le corresponde por escaño está en el mayor de sus errores. Ese innoble ingreso para Podemos está hipotecado de por vida. Si cierra sedes provinciales como Inés Arrimadas, no sale ni ella elegida como diputada. El impuesto a las eléctricas que Unidas Podemos propone aplicar de forma inmediata ha derivado en un nuevo choque en el seno de la coalición, que ha llevado a los ministros económicos de la parte socialista -Nadia Calviño, Teresa Ribera y José Luis Escrivá- a salir en tromba a defender a María Jesús Montero para poner en valor su liderazgo en materia fiscal frente a las críticas de Yolanda Díaz. La vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo es la que lanzó el primer envite, al pedir este jueves la aplicación del impuesto a las eléctricas «con carácter inmediato», en respuesta a unas palabras de la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, en la víspera, cuando abogó por «buscar la fórmula y el vehículo adecuado para su puesta en marcha» y defendía crear este impuesto a través de los Presupuestos Generales del Estado. Yolanda Díaz ha reaccionado a estas declaraciones indicando a la titular de Hacienda, «con todo el cariño», que «no es posible crear este impuesto a través de los Presupuestos Generales» porque «lo impide el artículo 134 en el apartado 7 de la Constitución». En este contexto, Díaz ha reprochado que el debate tributario «se va aparcando siempre» desde casi el inicio de la legislatura y ha considerado que «urge» poner en marcha un mecanismo de estas características que permita gravar a las eléctricas, como vía para salir de la crisis. Ribera, Calviño y Escrivá, en defensa de Montero En este contexto, la vicepresidenta tercera y ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, ha salido al paso de la polémica y se ha posicionado del lado de la ministra de Hacienda afirmando que es ella quien tiene el liderazgo en materia fiscal. «Hay que estar más pendiente de lo que diga María Jesús Montero que de lo que diga Yolanda Díaz», ha sentenciado. En la mismos términos se ha expresado Nadia Calviño. La vicepresidenta primera y ministra de Economía se ha «remitido» a lo explicado por la titular de Hacienda en materia fiscal, a su entrada a una reunión del Eurogrupo en Luxemburgo. Calviño ha señalado que el Gobierno está «evaluando medidas» y «trabajando en un nuevo paquete» para determinar «si tenemos que hacer alguna modificación para garantizar» que sean «lo más eficaces posible» para atajar el alza de precios y «apoyar a los colectivos más vulnerables y los sectores más afectados. José Luis Escrivá ha pedido, por su parte, a Yolanda Díaz «rigor y precisión» a la hora de hablar de fiscalidad. El ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones ha defendido en rueda de prensa que «en ámbitos que tienen que ver con la fiscalidad, es extraordinariamente importante ser muy riguroso técnicamente en el diseño de las medidas que puedan acometerse». El ministro ha recordado que los cambios fiscales deben realizarse para ser «perdurables en el tiempo», al tiempo que permitan evaluar sus efectos y dar seguridad jurídica, y ha advertido de que un diseño «inadecuado» de las medidas fiscales puede «terminar teniendo resultados indeseados sobre la economía».



La ministra de Trabajo arrancará su gira después de las andaluzas, pero está intentando construir un equipo de «cuadros» y figuras de referencia mediática. Yolanda Díaz es una ministra comunista que sin dedicación exclusiva (más sindicalista) y con el poco mérito de su extutor, Pablo Iglesias, llegó a Moncloa y le justificaron en la Vicepresidencia del Gobierno sanchista. Bien sabe ella que Podemos es historia al igual que el PSOE y otros aliados. Por tanto está obligada a buscarse la vida sin perder “el poder adquisitivo de que ahora goza”. La ministra gallega cuenta con el apoyo de los sindicatos o parte de ellos, pero es que estos tienen menos crédito electoral que ella. La rama feminista se está desintegrando y el populismo está vetado en las urnas.

Si Yolanda Díaz piensa mantener la estructura de partido con aportaciones anónimas, imposible. Si cuenta con el dinero que le corresponde por escaño está en el mayor de sus errores. Ese innoble ingreso para Podemos está hipotecado de por vida. Si cierra sedes provinciales como Inés Arrimadas, no sale ni ella elegida como diputada.

El impuesto a las eléctricas que Unidas Podemos propone aplicar de forma inmediata ha derivado en un nuevo choque en el seno de la coalición, que ha llevado a los ministros económicos de la parte socialista -Nadia Calviño, Teresa Ribera y José Luis Escrivá- a salir en tromba a defender a María Jesús Montero para poner en valor su liderazgo en materia fiscal frente a las críticas de Yolanda Díaz.

 


La vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo es la que lanzó el primer envite, al pedir este jueves la aplicación del impuesto a las eléctricas «con carácter inmediato», en respuesta a unas palabras de la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, en la víspera, cuando abogó por «buscar la fórmula y el vehículo adecuado para su puesta en marcha» y defendía crear este impuesto a través de los Presupuestos Generales del Estado.

 

Yolanda Díaz ha reaccionado a estas declaraciones indicando a la titular de Hacienda, «con todo el cariño», que «no es posible crear este impuesto a través de los Presupuestos Generales» porque «lo impide el artículo 134 en el apartado 7 de la Constitución». En este contexto, Díaz ha reprochado que el debate tributario «se va aparcando siempre» desde casi el inicio de la legislatura y ha considerado que «urge» poner en marcha un mecanismo de estas características que permita gravar a las eléctricas, como vía para salir de la crisis.

 

Ribera, Calviño y Escrivá, en defensa de Montero

En este contexto, la vicepresidenta tercera y ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, ha salido al paso de la polémica y se ha posicionado del lado de la ministra de Hacienda afirmando que es ella quien tiene el liderazgo en materia fiscal. «Hay que estar más pendiente de lo que diga María Jesús Montero que de lo que diga Yolanda Díaz», ha sentenciado.

 

En la mismos términos se ha expresado Nadia Calviño. La vicepresidenta primera y ministra de Economía se ha «remitido» a lo explicado por la titular de Hacienda en materia fiscal, a su entrada a una reunión del Eurogrupo en Luxemburgo. Calviño ha señalado que el Gobierno está «evaluando medidas» y «trabajando en un nuevo paquete» para determinar «si tenemos que hacer alguna modificación para garantizar» que sean «lo más eficaces posible» para atajar el alza de precios y «apoyar a los colectivos más vulnerables y los sectores más afectados.

 


José Luis Escrivá ha pedido, por su parte, a Yolanda Díaz «rigor y precisión» a la hora de hablar de fiscalidad. El ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones ha defendido en rueda de prensa que «en ámbitos que tienen que ver con la fiscalidad, es extraordinariamente importante ser muy riguroso técnicamente en el diseño de las medidas que puedan acometerse».

 Por Juan Pardo

juanpardo15@gmail.com

Blog de Juan Pardo

El ministro ha recordado que los cambios fiscales deben realizarse para ser «perdurables en el tiempo», al tiempo que permitan evaluar sus efectos y dar seguridad jurídica, y ha advertido de que un diseño «inadecuado» de las medidas fiscales puede «terminar teniendo resultados indeseados sobre la economía».