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Albert Rivera, nada de nada.


JP Logística.


Rivera, el dandy del Congreso está más por la labor de ser un gigoló chancero de la noche madrileña que de ser un político como demandan sus votantes. A Albert Rivera se le van sus socios fundadores y gran parte del montón de confundidos. Es un ideológico sin ideas, parecía nacido para renovarla y traer nuevos bríos llenos de actitudes modernas y un toque fresh. Como la mayoría de jóvenes conservadores europeos, no duda en abrazar las libertades traídas por otras ideas que en épocas pasadas parecían propias de la izquierda irreverente: laicidad, actitudes desenfadadas, aceptación del aborto y de la sexualidad sin complejos, parejas de hecho… Con este tipo de comportamientos, los más progres de los liberales se han sacudido los corsés de las buenas costumbres y algunos anatemas marcados por el peso de la tradición. En sus inicios, Rivera se erigió como hombre anuncio en una de sus campañas catalanas. Parecía querer mostrarse tal cual era en plena desnudez, con un púdico gesto que ocultaba su rincón más íntimo. El resto de su anatomía frontal quedaba a la vista exhibiendo juventud, buena constitución y algo de gimnasio, como hoy es menester. Rivera ha recuperado aquella actitud donde exhibía su vanidad juvenil en un tiempo donde sería de esperar madurez personal y política. Así lo demuestra su forma de resolver conflictos internos dando portazos a cada salida del partido de sus fichajes estrella. El líder de Ciudadanos se empeña en mantener cerrados los canales de interlocución con las demás fuerzas políticas. 

Tampoco el Rivera actual da la talla, ni a su derecha ni a su izquierda. En pleno período de constitución de gobiernos clave como el de la Comunidad de Madrid y el Gobierno de España, se enfurruña e incumple con su obligación de reunirse con quienes tienen que intentarlo. Se empeña en discutirle al PP la jefatura de la oposición ignorando los escaños que su partido obtuvo, por debajo de los del partido de Pablo Casado, en una actitud de cerrazón y negación de la realidad que empieza a ser enfermiza. Tampoco se siente concernido por la carretera cortada en que se ha convertido la gobernabilidad de la Comunidad de Madrid, donde ha impedido una alianza de derechas, en una nueva pataleta infantil. Y pone la guinda con el rechazo a mantener un encuentro con el candidato a la presidencia de España que tuvo más votos en las elecciones del 28A, Pedro Sánchez, para más inri, presidente en funciones.

No tiene tiempo para enmendar. Nadie es lo suficientemente bueno como para merecer su atención. Desprecia a quienes le advierten de sus errores dentro de sus filas y se viste de líder inalcanzable y único ante sus homólogos de otros partidos. En una rabieta propia de príncipe destronado, vuelve a vestirse de sí mismo para mostrarnos galas donde solo se exhiben miserias. El solo se está metiendo en un callejón sin salida, porque la política de gestos tiene un límite y, sobre todo, tiene un coste. Tal vez cambie de actitud. Mientras tanto, desnudo, se pasea por la Corte para demostrar sus atributos sexuales. No es de mi competencia atender a su virilidad, pero tener 5 parejas en menos de dos años, posiblemente, nunca sea presidente de Gobierno, pero verraco nacional. Trump, a su lado es miembro numerario del orgullo gay.

Lo independentistas (39.2%, incluido el PNV) envían un mensaje a Sánchez: “O indultas a todos los presos políticos y de ETA o cambiamos apoyo por guerra. Además de marcar fecha para el referéndum” catalán.


JP Logística

Todos parecen haber ganado las elecciones del 28ª y la realidad evidencia todo lo diferente. En Cataluña, epicentro del procés que ha marcado la legislatura y la campaña, ofrecen conclusiones dignas de tener en cuenta. Cabe constatar que el voto del miedo a VOX sirvió -como en otros feudos de la izquierda- para movilizar a PSC y ERC, que por primera vez gana unas generales, pero también que el independentismo se queda en 39,2% de los sufragios, muy lejos de su añorada mayoría. 

Frente a la estrategia abiertamente rupturista de Puigdemont, los de Junqueras se han beneficiado de un camuflaje táctico de su naturaleza radical, a la espera del momento más conveniente para relanzar su proyecto de segregación. El auge de ERC puede interpretarse asimismo como mensaje de presión al Supremo y a Sánchez para que se abra a los indultos. Cs mantiene su posición en escaños aunque sube en votos, y el PP no desaparece gracias al buen desempeño de Cayetana Álvarez de Toledo, que logra su escaño.

La situación del constitucionalismo en Cataluña sigue siendo difícil: sufre la violencia real y simbólica del nacionalismo. Los precedentes nos impiden esperar de Sánchez esfuerzo alguno en defensa de los constitucionalistas acosados en Cataluña. Pero sería más vergonzoso que, no necesitando a los separatistas, continuase su política de cesiones para facilitarse la gobernabilidad al precio de ahondar la fractura social.

Encuesta de JP Logística, elecciones generales 28A y las cuatro últimas antes de la votación 28A


La campaña para las Elecciones Generales del 28 de abril ha vuelto a poner en circulación algunos mitos y creencias sobre el comportamiento de partidos y votantes que reaparecen con cada convocatoria electoral. Las encuestas siempre aportan un reparto de escaños a favor de quien las paga. España no puede caer en la desvergüenza criminal de votar a un partido que está compuesto de etarras, asesinos, independentistas y gente de mal vivir. Pero, cada votante es libre de sus actos. En la parte inferior pego la última encuesta (22-04-19) y el día 28ª cada uno puede juzgar como quiera.

1. LAS ENCUESTAS NUNCA ACIERTAN
Es una frase que se escucha en casi todas las campañas electorales y que la pasada semana resurgió con las críticas de dirigentes políticos como el líder del PP, Pablo Casado, hacia la credibilidad del último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), publicado el 9 de abril.

Según Casado, este sondeo es un "laboratorio culinario que ni Ferran Adrià" y presenta un resultado para el PSOE que "es la multiplicación de los panes y los peces".

La supuesta falta de acierto de las encuestas es una verdad a medias: los sondeos rara vez se equivocan respecto al partido ganador, pero sí es frecuente que se alejen de las tendencias reales de voto.

Ante las últimas elecciones generales, celebradas el 26 de junio de 2016, la mayoría de encuestas (Metroscopia, Sigma Dos, GAD3 y el barómetro preelectoral del CIS) pronosticaban que Unidos Podemos consumaría el sorpaso al PSOE y se impondría como segunda fuerza parlamentaria. Finalmente, los socialistas quedaron 14 escaños por encima.

Los sondeos más cercanos al día de los comicios coincidieron en atribuir la victoria al PP, pero con menos representación de la que finalmente obtuvo: el que más se acercó le concedía, como máximo, seis diputados menos que los 137 que logró.

En las generales del 20 de diciembre de 2015, el mayor fracaso tuvo también que ver con Podemos, pero en sentido contrario: ni el CIS ni la mayor parte de las encuestas privadas previeron el auge de este partido y sus confluencias, que alcanzaron 69 escaños y la condición de tercera fuerza política.

En el caso de las elecciones andaluzas del pasado 21 de diciembre, ninguna encuesta anticipó el vuelco histórico que permitió una nueva mayoría parlamentaria del PP, Cs y Vox, con 59 diputados, frente a los 50 que sumaban PSOE y Adelante Andalucía. Lejos del escrutinio, el barómetro preelectoral del CIS concedía al PSOE un respaldo de 67 escaños, muy por encima de los 43 que atribuía a PP+Cs+Vox, y los sondeos privados también daban por segura la continuidad del gobierno socialista.

Donde las encuestas fallaron incluso al señalar cuál sería la primera fuerza parlamentaria fue en las elecciones de diciembre de 2017 en Cataluña: Cs fue el primer grupo con 36 diputados, por encima de JxC (34) y ERC (32), partido al que casi todos los sondeos (excepto el CIS) daban por ganador.

2. LA DERECHA GANA CUANDO AUMENTA LA ABSTENCIÓN
Es una creencia muy extendida en la democracia española. El propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, afirmaba la semana pasada en Cáceres: "La derecha juega a la abstención como única opción para poder sumar".

La baja participación suele mejorar los resultados electorales de la derecha en España, pero no siempre es así. Una de las convocatorias con más participación de la historia democrática española (un 77,4 %, en las elecciones generales de 1996) dio la victoria al PP de José María Aznar por primera vez.

Además, las elecciones generales de 1989 fueron una de las convocatorias con más abstención, un 30,7 % y, sin embargo, el PSOE fue el partido vencedor, según el informe Las elecciones generales en España 1977-2016 del Ministerio del Interior.

La regla sí se confirma en el resto de los comicios con más abstención (2016, 1979, 2000, 2011 y 2015), que dieron la victoria al PP en todos los casos, excepto en los de 1979, en que ganó UCD.

Hasta la pasada década, la participación electoral en España tendía a ser más baja (en torno al 70 %) si el partido gobernante se mantenía en el poder y superior (75 % y más) cuando eran elecciones de cambio.

Sin embargo, las generales del 20 de noviembre de 2011 parecieron invalidar esa tipología, pues fueron unos comicios de cambio, en los que se pasó de la victoria socialista por mayoría simple a una mayoría absoluta del PP, y pese ello fueron muy poco participativos. "En España el cambio político-electoral ha dejado de estar asociado a altas tasas de participación, al menos en esta etapa reciente", añade el estudio.

3. LAS COALICIONES PERMITEN SUMAR MÁS
El sentido común puede llevar a pensar que las coaliciones entre distintas formaciones garantizan un mejor resultado, ya que al sumar votos es más fácil superar el listón electoral para obtener representación, especialmente si se trata de formaciones pequeñas.

Con esa finalidad, el secretario general de Ciudadanos, José Manuel Villegas, defendía en marzo la coalición de Cs con UPN como "una necesidad y una oportunidad de sumar" para construir un "proyecto constitucionalista para España".

Sin embargo, la creencia de que las coaliciones garantizan un mejor resultado no siempre se cumple, y se ha incumplido en la reciente historia electoral española.

Así ocurrió en las elecciones de junio de 2016, cuando la coalición electoral entre Podemos e IU no dio réditos a ninguna de las dos formaciones: no sólo no lograron sumar los votos obtenidos por separado en las generales de diciembre 2015, sino que cosecharon cerca de un millón de votos menos.

En diciembre de 2015, Podemos y sus confluencias -En Comú Podem, Compromís y En Marea- obtuvieron el 20,62 % de los sufragios y 69 diputados, mientras que IU (que se presentó con el nombre de Unidad Popular) obtuvo un 3,67 % y 2 escaños. Sólo seis meses después, en las generales de 2016, la coalición de Unidos Podemos reunió 5.049.734 votos, 1.066.382 millones de sufragios menos, aunque mantuvieron los 71 escaños que ya habían conseguido por separado.

Otro ejemplo lo brindan las elecciones catalanas: si en las autonómicas de 2012CiU obtuvo 50 escaños y ERC 21, la coalición que conformaron para los comicios de 2015 (JxSí) logró 62 escaños, 9 menos. En 2017, cuando ERC volvió a presentarse a las elecciones por separado, el partido independentista obtuvo 32 diputados autonómicos y JxCat 34.

También en Cataluña, las coaliciones llevaron a perder votos a formaciones que anteriormente se habían presentado por separado.

4. EL VOTO SE DECIDE DURANTE LA CAMPAÑA
El presidente del CIS, José Félix Tezanos, afirmaba en febrero que el panorama ante las elecciones generales estaba "muy abierto" porque una importante franja de la población decidiría su voto en el "último momento". Aunque hay votos que no cambian, la campaña influye cuando hay muchas opciones políticas en liza: tan importante como el voto cautivo de los fieles a una misma fuerza política es el voto fluctuante, que aumenta cuantas más formaciones hay en juego.

Esto ocurre porque "el cerebro humano está muy poco preparado para tomar decisiones con seguridad cuando las opciones son múltiples", explica a Efe el catedrático de Psicobiología y director del Instituto de Neurociencias de la Universidad Autónoma de Barcelona, Ignacio Morgado.

Cuando se trata de optar entre dos grandes alternativas, la decisión es más fácil y los ciudadanos votan con más seguridad, pero cuando aumentan las opciones electorales, mayor es la indecisión y hay más probabilidades de que algo que suceda durante la campaña cambie el voto o aumente la abstención, añade. Morgado advierte de que la conducta de los votantes se ve condicionada en gran medida por las emociones y precisa que "cuando hay tanta indecisión, muchas veces se vota por exclusión".

Por su parte, el politólogo Lluís Orriols, de la Universidad Carlos III de Madrid, considera que el voto "inercial" de fidelidad a un partido sigue siendo el más importante, incluso en el actual escenario. Para este tipo de electores, la utilidad de la campaña es la de afianzar sus preferencias. "En términos generales, las lealtades emocionales son relativamente estables" y "no hay tanta gente que decida a última hora", explica Orriols a Efe, si bien precisa que, en los últimos tiempos, ante opciones que cambian abruptamente, partidos nuevos y formaciones en crisis, los votantes son "más volátiles".

Ha habido un "cambio en el ecosistema partidista", con "altísimas dosis de imprevisibilidad que no había antes", de modo que, aunque la mayoría tenga ya decidido su voto, muchos no están seguros del todo y bastaría con un 6% del electorado para cambiar la correlación de fuerzas, indica este experto.

5. VOTAR A VOX DEBILITA A LA DERECHA
Así lo han advertido dirigentes del PP en repetidas ocasiones. Entre ellos, el propio presidente, Pablo Casado, quien este martes llamaba al "voto unido" del centro derecha en apoyo de su partido para no "fragmentar el espacio electoral", algo que "da más oportunidades a la izquierda y a los nacionalistas y batasunos".

Vox, por su parte, rechaza las afirmaciones del PP en un vídeo difundido en algunos de sus perfiles en redes sociales y argumenta que, en las 17 circunscripciones donde están en juego cuatro o cinco escaños, el último de ellos puede ir a parar a Unidas Podemos si Vox pierde votantes en favor del PP.

Con la Ley d'Hondt, la división del voto de derechas no es sistemáticamente negativa ni positiva para este bloque ideológico, ya que sus efectos dependen de múltiples factores, si bien el reparto de escaños en las circunscripciones con cinco diputados o menos perjudica a formaciones pequeñas como Vox, que pueden quedarse sin representación.

En todo caso, el politólogo Lluís Orriols apunta que, en el actual escenario, no es tan evidente que Vox sea un voto malgastado para la derecha y advierte de que los argumentos del PP en defensa del "voto útil" no casan tan bien como en otras ocasiones con los datos que refleja el último barómetro del CIS.

Según este sondeo, Vox recibiría votantes del PP (que perdería el 11,2% de sus electores en favor de la formación de Santiago Abascal) y de Cs (un 6,1% de sus antiguos votantes), pero también de Compromís (2,1%), En Marea (1,2%) e incluso de Unidos Podemos (0,9%).

Metroscopia


CIS

GAD3 -ABC-




Pedro Sánchez se adueña de RTVE, al igual que ya lo hizo con otros entes públicos. instituciones.



Se acabe celebrando o no algún debate entre los candidatos a La Moncloa esta campaña, todo lo que ha ocurrido en las últimas horas, de enorme gravedad democrática, refleja que Pedro Sánchez no tiene escrúpulos para poner a su servicio organismos públicos como RTVE, en línea con lo que ha hecho con otras muchas instituciones del Estado en sus meses de mandato. Tanto como le gusta presumir al todavía presidente del Gobierno de respaldar la televisión pública, le ha dado dos estocadas en menos de una semana, aunque la de ayer es la puntilla para la escasa credibilidad que aún pudiera mantener la corporación en manos de Rosa María Mateo. La administradora única ha demostrado un servilismo al PSOE tan elocuente al cambiar la fecha del debate propuesto a los candidatos, plegándose al deseo de Sánchez, que incluso profesionales de la cadena promocionados en esta etapa como Xabier Fortes o el presentador del Telediario Carlos Franganillo se revolvieron de inmediato contra ella. Por dignidad y para no emborronar más su carrera en los medios, a Mateo sólo le queda la opción de dimitir tras el bochornoso episodio que está dominando la campaña electoral y que ha roto la estrategia de los socialistas a los que hasta ahora les sonreía el viento de cara.

Sánchez nunca ha querido debatir. No se atreve a confrontar programas ni a participar en duelos dialécticos porque no quiere responder a cuestiones medulares por las que le interrogarían sus rivales, tal como le ocurrió con la ministra de Hacienda en el debate a seis. Montero fue incapaz de aclarar si el PSOE indultaría a políticos si son condenados por el procés o cuántas naciones hay en esa España plurinacional de la que hablan con tanta frivolidad. Y, por ello, escamoteando a todos los españoles su derecho a saber qué piensa realmente el candidato socialista sobre el futuro de nuestra Nación, éste se negó primero a participar en un cara a cara con Pablo Casado, después se apuntó a un debate en Atresmedia a cinco que incluía al líder de Vox -ahí ya demostró lo poco que le importa RTVE, a la que dejó tirada-, y, finalmente, se ha desdicho de su compromiso y sólo está dispuesto a acudir a la televisión pública imponiendo la misma fecha en la que ya estaba anunciado el debate de Atresmedia. Una trampa de mal jugador para intentar que no se puedan celebrar las dos citas, o incluso que finalmente no tenga lugar ninguna. Y en esa estrategia vergonzosa le ha ayudado Mateo, cambiando el debate del lunes al martes, como si TVE fuera la televisión de un partido.

Es presumible que esta cadena de errores le pasará factura electoral a Sánchez. En todo caso, sus contrincantes no deben doblegarse al chantaje socialista. Los españoles habrán de valorar si puede dirigir un país alguien instalado en la huida permanente e incapaz de confrontar ideas en un espacio plural y neutral.

Pablo Iglesias y Albert Rivera dicen que no pactarán con Sánchez. Pablo Iglesias y Rivera hará lo que diga su “dueño”, el okupa de La Moncloa


JP Logística

Pero repasemos sin olvidar y mañana lo veremos, la única base electoral del PSOE es ir de víctima, como así, en su día  lo hizo Zapatero. Cuando, también el líder de Ciudadanos prometió con solemnidad que jamás volvería a pactar con Sánchez. En ese instante, el equipo de campaña del presidente del Gobierno se frotó las manos al contemplar ante sí todo el espacio de centro listo para ser ocupado. Y en eso está Sánchez. En eso y en evitar cualquier pifia –por ejemplo, en un debate televisivo– que dé al traste con una estrategia milimétricamente trazada.

Una vez rescatado el voto que se le fugó a Podemos, se trataba de recuperar apoyos por el otro lado. Y para ello, tanto Sánchez como María Jesús Montero, su enviada todoterreno a esos debates en los que siempre se puede meter la pata, restan carga ideológica al discurso con el fin de atraer, no ya al votante entusiasta, sino al que deposita su papeleta como un mal menor. Captar el voto radical y el moderado al mismo tiempo es el gran reto. Es también el empeño de ERC en Catalunya, aunque a Gabriel Rufián le cueste embutirse en el traje de político prudente y comedido. ¿Y el resto de partidos?

A estas alturas de la campaña, los demás se definen en función de un posible gobierno de Sánchez. El PP y Ciudadanos piden el voto para impedir que el socialista se alíe con el secesionismo y haga pedazos España; Podemos reclama apoyo para que Sánchez no se asocie con la derecha de Rivera, y los independentistas lo hacen para que en la Moncloa no se olviden de que tienen un problema en Catalunya. ¿Y Sánchez? ¿Cuál es el gobierno que persigue el líder del PSOE?

Obviando la meta casi imposible de una mayoría absoluta, el objetivo de Sánchez es conseguir un resultado que le permita gobernar en solitario con el apoyo de Podemos, el PNV, Compromis y los catalanistas. Ese es el escenario que en la Moncloa consideran factible y más cómodo. ¿Por qué no el del pacto con Ciudadanos?

Un acuerdo del PSOE con Rivera no es descartable si de las elecciones del 26M –municipales y autonómicas en 12 comunidades– resulta un escenario en el que ambos partidos se jueguen gobiernos clave. Pero Sánchez es muy consciente de lo que le ha costado taponar la fuga de votos hacia la formación de Pablo Iglesias, un empeño al que se aplicó desde el primer día que tomó posesión como presidente con el anuncio de un gobierno feminista hasta el último de los “viernes sociales”. Y un pacto con Cs volvería a poner en riesgo el flanco izquierdo del PSOE, seguramente el más frágil, el que se desmoviliza con mayor rapidez ante cualquier desencanto. Dejaría despejada a Iglesias la autopista de la izquierda. Es probable que el líder de Podemos reclame entrar en el Gobierno, algo que no está ahora mismo en los planes de Sánchez. ¿Y el independentismo?

La campaña de ERC y JxCat consiste en combatir el voto útil hacia los socialistas como freno de la derecha. Para ello, Oriol Junqueras redactó una carta en la que abría el camino a votar una eventual investidura de Sánchez sin condicionarlo a la negociación de un referéndum de autodeterminación. Al difuminar la principal línea roja, el independentismo transmite el mensaje de que el gobierno de izquierdas está garantizado si de ellos depende, pero que conviene que lo sea condicionado para que aborde el conflicto catalán. Por eso, los republicanos consideran esencial ganar estas elecciones generales en Catalunya. Ahora mismo las encuestas arrojan un resultado igualado entre el PSC y ERC.

La intención de Sánchez es continuar con la política de diálogo y desinflamación con la Generalitat, aunque sin discutir un referéndum. Su objetivo es rebajar el malestar de la sociedad catalana con el Ejecutivo central para contribuir a cambiar el panorama político en el Parlament. Tanto en la Moncloa como en ERC y JxCat son conscientes de que tendrán por delante dos hitos: la gestión política de una posible condena penal de los políticos independentistas procesados y el resultado de unas elecciones catalanas que probablemente sufran un adelanto a los próximos meses. Queda mucho camino por delante.

Tezanos amenaza a los empleados del CIS, después de que estos hayan hecho público que los sondeos son falsos y se hacían en Ferraz.



Pedro Sánchez no dimite a Tezanos, después de que éste amenazará a los empleados del CIS con o callan o esto acabará como “noche de los cuchillos largos” en la que «una de las alas exterminó a los demás»

Cuando creíamos que era imposible denigrar más el prestigio del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) de lo que lo había hecho su nuevo presidente, que pasó directamente de la ejecutiva del PSOE a convertir el centro demoscópico en un arma electoral al servicio exclusivo de Pedro Sánchez, José Félix Tezanos ha sido capaz de superarse, elevando lo que era simple desvergüenza partidista al grado de indignidad intolerable. Que el hombre encargado de ofrecer un foto fija imparcial sobre la intención de voto a un mes de las elecciones haya equiparado la competencia por un mismo espacio político entre el PP, Ciudadanos y Vox con la fragmentación surgida en los años 30 en el partido nazi, y que augure que acabará como «la famosa noche de los cuchillos largos» en la que «una de las alas exterminó a los demás», en referencia a los asesinatos ordenados por Hitler, es un exceso repugnante que hace incomprensible que Sánchez no haya destituido ya a Tezanos. Después de semejante barbaridad, nada de lo que surja de un centro dirigido por un personaje tan sectario puede ser tomado como referencia de nada. Lo cual, además del daño a la credibilidad de un organismo en el que trabajan profesionales intachables, priva a los españoles de unas encuestas preelectorales que, por el amplísimo tamaño de su muestra, han sido históricamente un indicador fundamental para que los electores indecisos orienten su voto.

Algo que resulta especialmente grave en un escenario de gran fragmentación en el que, de confirmarse lo que indican sondeos menos sesgados que los del CIS, España podría encaminarse hacia un callejón sin salida similar al de 2015 que obligue a repetir las elecciones en un momento tan crítico como lo fue aquel, y que derivó en un bloqueo político que dura ya cuatro años.

Los electores que apuesten por la estabilidad deben saber que, a día de hoy, la encrucijada del 28A no es que España tenga un Gobierno de derechas o de izquierdas. Con los datos que manejamos en este momento, la disyuntiva es que haya un Ejecutivo conservador que dependa de una extrema derecha radical o uno socialista en manos de partidos independentistas que quieren acabar con la nación española, que abominan la Constitución y que han perpetrado un intento de golpe de Estado. Por ello, la apelación al voto útil, siempre presente en cualquier proceso electoral, cobra más sentido que nunca en estos comicios. Tener que escoger entre un Gobierno que dependa de Vox o uno sometido al capricho de Puigdemont es ciertamente un drama. Pero cuanto más se concentre el voto en las dos fuerzas que lideran la izquierda y la derecha, menos posibilidades habrá de que el futuro Gobierno de España esté absolutamente condicionado por la ultraderecha o por el separatismo. 

Es decir, de que a los españoles no les quede más remedio que esperar a que se consume lo malo o lo peor. Para que el votante entienda eso, hacen falta sondeos fiables, y no encuestas de parte elaboradas por un sectario como José Félix Tezanos, en referencia a los asesinatos ordenados por Hitler, es un exceso repugnante que hace incomprensible que Sánchez no haya destituido ya a Tezanos. Después de semejante barbaridad, nada de lo que surja de un centro dirigido por un personaje tan sectario puede ser tomado como referencia de nada. Lo cual, además del daño a la credibilidad de un organismo en el que trabajan profesionales intachables, priva a los españoles de unas encuestas preelectorales que, por el amplísimo tamaño de su muestra, han sido históricamente un indicador fundamental para que los electores indecisos orienten su voto.

Algo que resulta especialmente grave en un escenario de gran fragmentación en el que, de confirmarse lo que indican sondeos menos sesgados que los del CIS, España podría encaminarse hacia un callejón sin salida similar al de 2015 que obligue a repetir las elecciones en un momento tan crítico como lo fue aquel, y que derivó en un bloqueo político que dura ya cuatro años.

Los electores que apuesten por la estabilidad deben saber que, a día de hoy, la encrucijada del 28A no es que España tenga un Gobierno de derechas o de izquierdas. Con los datos que manejamos en este momento, la disyuntiva es que haya un Ejecutivo conservador que dependa de una extrema derecha radical o uno socialista en manos de partidos independentistas que quieren acabar con la nación española, que abominan la Constitución y que han perpetrado un intento de golpe de Estado.Por ello, la apelación al voto útil, siempre presente en cualquier proceso electoral, cobra más sentido que nunca en estos comicios. 

Tener que escoger entre un Gobierno que dependa de Vox o uno sometido al capricho de Puigdemont es ciertamente un drama. Pero cuanto más se concentre el voto en las dos fuerzas que lideran la izquierda y la derecha, menos posibilidades habrá de que el futuro Gobierno de España esté absolutamente condicionado por la ultraderecha o por el separatismo. Es decir, de que a los españoles no les quede más remedio que esperar a que se consume lo malo o lo peor. Para que el votante entienda eso, hacen falta sondeos fiables, y no encuestas de parte elaboradas por un sectario como José Félix Tezanos.