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Homenaje a Victoria Prego que solo quiso ser periodista y lo fue de verdad.

 

Victoria Prego, la mujer que no quiso ser más que periodista

Ayer por la tarde, en el salón de actos de la Asociación de la Prensa de Madrid, se juntó lo mejor del periodismo y dos de los expresidentes de España. También uno de los padres de la Constitución, el alcalde de Madrid y una decena de fotógrafos y cámaras. Hubo risas, aplausos y hubo quién lloró y tuvo que dejar de hablar. Estaban todos allí por una razón, la de homenajear a una de los suyos, a una de las mejores, después de un mes largo de luto intenso.

Victoria Prego (Madrid, 1948-2024) falleció el pasado 1 de mayo y dejó a toda la profesión suspendida en el duelo. Por eso, en la casa que presidió durante cuatro años, de 2017 a 2021, y con María Rey, actual presidenta, como moderadora y presentadora del acto; sus amigos, su familia y los políticos a los que preguntó mirando a los ojos y pidiendo la verdad decidieron hacerle un gran homenaje.

"Siempre trabajó con la objetividad y la verdad. Se afanaba por buscarlas, por encontrarlas y esa es, y no otra, la labor del periodista"

El primero en hablar fue Casimiro García-Abadillo, también el que más tiempo trabajó a su lado. Juntos desde hace más de treinta años, fue él quien la contrató en El Mundo y fue con él con quien Prego fundó este periódico: El Independiente. Aquí, como recordó nuestro director, escribió su última columna el pasado 19 de enero y fue aquí donde terminó su carrera con la misma objetividad y pasión con la que la comenzó.

Rodeado de Anabel Díez, periodista de El País y gran amiga de la protagonista, de Agustín Valladolid, con el que había trabajado en televisión y Félix Madero, con el que compartió micrófono; García- Abadillo ha recordado que Prego era la personificación de los valores de esta profesión. "Siempre trabajó con la objetividad y la verdad. Se afanaba por buscarlas, por encontrarlas y esa es, y no otra, la labor del periodista", aseguró y añadió que "el mejor homenaje que le podemos hacer a Victoria es seguir su ejemplo. Mantenernos firmes en nuestros principios y militar sólo en una causa: el periodismo".

"Victoria Prego hacía uso de su libertad, era concienzuda y te preguntaba mirándote a los ojos"

FELIPE GONZÁLEZ

Algo en lo que estuvieron de acuerdo, minutos más tarde, los expresidentes Felipe González y Mariano Rajoy y Miquel Roca, uno de los padres de la Constitución. En sintonía, recordaron la gran profesionalidad de Prego y cómo en tan poco tiempo se la ha echado ya muchísimo de menos. "No reclamaba libertad, la ejercía, y tiene que ser un ejemplo y más en los tiempos que corren. Además, te preguntaba mirándote a los ojos. A alguien que te mira a los ojos te cuesta más no responderle que al que está mirando el papel", comentó González.

Mientras que Rajoy recordó una entrevista que le hizo poco antes de ganar sus primeras elecciones a presidente del Gobierno, en compañía de García-Abadillo dentro de un tren, y en la que su forma de trabajar y su falta de afán por un titular fácil le llamó poderosamente la atención. "Era persona, aunque ahora no se valore ser persona pero es que yo prefiero encontrarme con personas que no con conceptos jurídicos indeterminados. Además, era comprometida e independiente. Comprometida con la democracia liberal, con la Constitución, con los derechos, con las libertades, con el voto", expuso.

Algo que destacaron todos sus excompañeros, incluso los que trabajaron con ella al principio de su carrera. Fue Agustín Valladolid el que recordó las caras que ponía en la televisión cuando el invitado no tenía ni idea. "Aparecía la verdadera Victoria, que a mí me divertía muchísimo. Se sentaba a la derecha del personaje y, si este decía alguna tontería, ella ponía unas caras que era para hacer un manual", aseguró.

Y destacó su faceta como "ciudadana". "Los últimos artículos que escribió lo reflejan. Hacía referencia a cuestiones que son básicas y que están en estos momentos en riesgo por muchas razones. Entre ellas, la vigencia y el valor del gran pacto ciudadanos que fue la Constitución del 78". Porque, como fue común en todas las intervenciones, su trabajo durante la Transición fue alabado constantemente tanto por sus compañeros periodistas como por los expresidentes del Gobierno.

"Ella nunca militó con nadie, sólo creía en el periodismo. Ahora que la profesión es más necesaria que nunca pero también está más denostada que nunca, militemos en el partido del periodismo como Victoria", añadió García-Abadillo. Y Felix Madero fue un paso más allá diciendo que Victoria era, además de una gran periodista, una marca descomunal. "Anunciabas que iba a estar y te podías ahorrar una cantidad de adjetivos... Muchas veces esa marca estaba por encima de las cabeceras, de los programas".

Sentido del humor y familia

El sentido del humor fue otro de los atributos que más se comentó ayer por la tarde en la APM. Contó Anabel Díez que a Victoria Prego le encantaba contar chistes y hasta los representaba. Ella, amiga íntima de la protagonista, dejó a un lado su faceta de periodista y se adentró en la más personal.

"Para mí era una amiga, la madre de Guillermo y Daniel, de Yago, la compañera de Ángel Santa Cruz. Hacíamos quedada de 'amigotas', como las llamábamos, y eran horas y horas para hablar de la vida. Del periodismo hablábamos poco, más de familias, desventuras...", recordó. Y no pudo evitar emocionarse al acabar, diciendo que "era un gran ser humano". "Con esa me quedó. Que nadie dudé que era periodista todo el rato y tenía una gran pasión pero también tenía un amor muy fuerte por la vida, por los amigos... Había parcelas muy importantes de las que ella se ocupaba y nos hacía felices a todos".

Aunque quiso mencionar que también lo pasó mal, sobre todo con el discurso que dio tras la muerte de Miguel Ángel Blanco. "Nunca lo he contado pero tuve el honor de que Victoria me pasara el discurso que iba a leer antes del acto y me pareció excepcional. No caí en que esa frase la iban a utilizar contra ella: 'A por ellos con la palabra'. A veces se nos olvidaba que los malos no descansan", denunció.

"Hacía su trabajo maravillosamente bien y lo hacía con una normalidad, con una humildad... Podía haberse subido a lo más alto de cualquier escalafón"

Aunque eso nunca intimidó a Victoria Prego, que fue por la vida mirando de frente y con la humildad como bandera. Esa cercanía que tanto la caracterizaba también fue el martes un tema común. García-Abadillo comentó que era "tan generosa" que jamás dejaba de compartir "una exclusiva o cualquier noticia" y Félix Madero, que trabajó con ella muchos años en la radio, la recuerda diciendo que sí a todo. "Le llamaba un estudiante para una entrevista y se la daba, aparecía un becario y le daba consejos... Era de una humildad verdadera, no lo hacía por aparentar, es que pensaba de verdad que si habían tenido la deferencia de contactar con ella, su deber era atenderles", aseguró.

Porque para ellos fue la unión de estas dos facetas, la de la brillantez profesional y una personalidad magnética, lo que la hacían única. "Hacía su trabajo maravillosamente bien y lo hacía con una normalidad, con una humildad... Podía haberse subido a lo más alto de cualquier escalafón. Era alguien que tenía esa capacidad y esa curiosidad que muchas veces se nos pasa con el tiempo por pereza o falta de humildad", recordó Madero.

"Cuando sufrió la enfermedad dijo que no tenía cuentas pendientes y, es verdad, no tenía ninguna"

A lo que el director de El Independiente añadió que "se hacía querer, era una excelente mujer" y que cuando se enfadaba con algún tema político, sacaba su mejor faceta periodística. "Yo solía decirle: 'Cuanto más cabreada estás, mejor te salen los artículos'. Y ella se partía de risa: 'Pues hoy estoy muy cabreada, te lo advierto'. Esta era una constante en los últimos tiempos", destacó.

Y todos han recalcado que nunca quiso "ser famosa" sino "brillante" y que lo fue hasta el final de su días. "Cuando sufrió la enfermedad dijo que no tenía cuentas pendientes y, es verdad, no tenía ninguna", confesó Díez, a lo que uno de los hijos de Prego añadió al finalizar el acto, donde también se escucharon las voces de otros periodistas que se encontraban en el público como Iñaki Gabilondo, que cuando ya estaba muy malita le preguntó: "¿Te da miedo la muerte?". A lo que ella contestó: "Ninguno, no conozco a nadie del siglo XVII".

Si sancionan a Lambán por no votar la amnistía, también me sancionan a mi.

Felipe González defiende a Lambán tras su negativa a votar la amnistía: "Si le sancionan, me sancionan a mí"

El presidente de la Junta de Castilla La Mancha, Emiliano García-Page (i), el expresidente del Gobierno Felipe González (d) y el exvicepresidente del Gobierno Alfonso Guerra (c) asisten a la presentación del libro de memorias del expresidente de Aragón Javier Lambán
El presidente de la Junta de Castilla La Mancha, Emiliano García-Page (i), el expresidente del Gobierno Felipe González (d) y el exvicepresidente del Gobierno Alfonso Guerra (c) asisten a la presentación del libro de memorias del expresidente de Aragón Javier Lambán | 
 

El expresidente del Gobierno Felipe González se ha solidarizado este miércoles con el senador y secretario general del PSOE en Aragón, Javier Lambán, quien se enfrenta hasta una multa de hasta 600 euros por no acudir a la votación de la Ley de Amnistía en el Senado.

"Estoy de acuerdo de forma y fondo con lo que ha hecho", ha manifestado González a la entrada del acto de presentación del libro de memorias de Lambán Una emoción política, de la editorial La Esfera de los Libros, que ha acogido el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (COAM), donde han acompañado al senador en el escenario el expresidente de Asturias Javier Fernández y el escritor Manuel Vilas.

En este sentido, González ha hecho hincapié en que el hecho de ausentarse en la votación de la ley de amnistía el pasado 14 de mayo en la Cámara Alta por no respaldar la norma, es un "ejemplo de lealtad al proyecto que representa el Partido Socialista".

Dicho esto, ha insistido en que si sancionan a Lambán lo están sancionando a él también. "Quiero compartirlo con él", ha apostillado el expresidente.

Al acto también han asistido también el exsecretario general del PSOE de Euskadi, Nicolás Redondo, o el exvicepresidente del Gobierno Alfonso Guerra, o el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García Page, entre otras personalidades políticas.

 

Felipe González y Alfonso Guerra dan por muerto a Pedro Sánchez. Nace otro partido socialista lejos del comunismo.

 


Felipe González y Alfonso Guerra dan por muerto a Pedro Sánchez. Nace otro partido socialista lejos del comunismo.

La vieja guardia del PSOE se revuelve en estas últimas horas tras el pacto de Pedro Sánchez y Bildu para la revisión de la Memoria Histórica. El exvicepresidente del Gobierno Alfonso Guerra ha asegurado este martes que los que jaleaban a los asesinos son los que dicen que la Transición acabó en el 1983.

 Por Juan Pardo

juanpardo15@gmail.com

Blog de Juan Pardo

Felipe González no se corta tras el apaño de Sánchez con Bildu por la Transición

 

Guerra ha apuntado que no conoce la Ley de Memoria Histórica, más allá de lo que ha podido conocer a través de los medios. No obstante, ha señalado que un factor es "dónde acabó el franquismo, en el 75, en el 77, en el 78 con la Constitución; hay quien piensa que acabó en el 83 y quien piensa eso es uno de los que jaleaba a los asesinos en el País Vasco, es muy difícil de entender".

 

Sobre las relaciones entre los socios del Ejecutivo, Guerra ha señalado que un Gobierno de coalición "no tiene más de un presidente" y que "todos los ministros son nombrados por este". "La impresión que da es que es una coalición en la que el Gobierno ataca al Gobierno; una cosa surrealista", ha añadido.

 

En declaraciones a los medios antes de comenzar los cursos de verano de la Universidad de Málaga en la localidad malagueña de Vélez-Málaga, el exdirigente del PSOE ha explicado que cuando se formó el primer gobierno socialista en diciembre de 1982, en la primera reunión del Consejo de Ministros hubo un ministro que preguntó por la forma de votación.

 

"Yo dije que en democracia en los gobiernos no se vota, la única persona investida por el Congreso de los Diputados es el presidente y él nombra a los ministros y los desnombra", ha recordado.

 

"Esto no es que tenemos mayoría o minoría, la última palabra la tiene siempre el que está investido de la autoridad del Congreso", ha manifestado Guerra. Por eso, ha incidido en que si el presidente del Gobierno no nombrara a todos los ministros, "no sería un gobierno de coalición, sino un gobierno de cuota, que nada tiene que ver".

Por Juan Pardo

juanpardo15@gmail.com

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Blog de Juan Pardo

Entrevista a Felipe González: "Cuando un ministro jura lealtad al Rey, solo por poder y dinero, debe ser escupido por el pueblo"

Juan Pardo.- En un sistema democrático limpio, nunca puede "ganar" el socialcomunismo sin dividir a la derecha como, en su día, hizo Mitterrand en Francia o este Gobierno que tenemos en España "comprando" a la extrema derecha de Vox y al centro de Cs. Churchill ganó las elecciones con la izquieda y con la derecha, pero en su estado puro y bien delimitado por Ley. Los gobiernos nórdicos y centroeuropeos ni tienen poder legistalivo "a sus anchas" ni de decretazos que no se ajusten a LEY. En teoría, la izquierda es más justa que la derecha, pero exige "trampas", la derecha conservadora es un estilo de vida. 


¿Es España una democracia plena? “No identifico un proyecto de país”. La afirmación condensa la opinión del expresidente socialista sobre el momento actual, y sobrevuela en todo momento durante la hora y media larga que dura la entrevista. Felipe González Márquez (Sevilla, 1942) sigue desplegando una inusitada actividad espoleado por sus inquietudes intelectuales y la preocupación por esa modernidad líquida de la que habla Bauman. La conversación es telemática, en su casa de Extremadura, por estricto cumplimento de los protocolos covid-19. Más que la pandemia, dice, lo que le duele es el progresivo deterioro del Estado de derecho. ¿Su receta? Revisar todo lo aprobado hasta ahora cuando acabe la pandemia para que no queden heridas.

Aunque el expresidente del Gobierno insiste en mirar al futuro más que al pasado, la casualidad ha querido que la entrevista coincida con el aniversario del intento de golpe de Estado del 23-F. En aquel entonces, la actuación del Rey desbarató el levantamiento militar entre vivas a la Constitución y la democracia. Cuarenta años después, don Juan Carlos se refugia en Emiratos Árabes acorralado por los escándalos, una parte del Gobierno se declara republicana y la extrema derecha se hace fuerte en una Cataluña que amenaza con la independencia.


PREGUNTA. Usted ha dicho en numerosas ocasiones que hay una estrategia claramente definida por parte de algunos, incluso de una parte del Gobierno, para derribar lo que se ha venido en denominar el régimen del 78. ¿Hay riesgo cierto de que se cumpla ese objetivo?

 

RESPUESTA. Lo dudo. Existe un marco constitucional que ha mostrado una gran resiliencia frente a los ataques continuos que se hacen desde el interior del propio sistema, lo cual me reafirma en algo que he dicho. La Constitución española no es militante, al contrario que la americana, de la que poco se puede dudar aunque se vivan momentos oscuros. La americana es militante. Si uno recuerda el juramento de Kamala Harris, y no sé por qué no se recuerda, no solo se compromete a respetar la Constitución, a respetarla y hacerla cumplir, sino que añadió una frase que se echa de menos cuando se tiene una Constitución no militante: que se compromete a defenderla ante todos sus enemigos externos e internos. La alemana es también militante, porque excluye a los enemigos de la ley fundamental de Bonn. En España, por el contrario, la Constitución no excluye a nadie. Por eso puede haber anticonstitucionalistas que quieran derribar el marco de convivencia dentro del sistema de representación.


P. ¿Hay que reformar la Constitución para hacerla, precisamente, militante?

 

R. No abriría ese melón. Lo que pido es lealtad a lo que se promete. Si alguien promete cumplir y hacer cumplir la Constitución y el ordenamiento jurídico con lealtad al Rey, solo le pido que cumpla su palabra. Ni siquiera le pido que acepte el sistema constitucional. Aquello del ‘imperativo legal’, que luego lo reconoció el TC, ha agrandado la fórmula del juramento. Algunas veces no hay una promesa de acatar la Constitución sino un mitin anticonstitucional. Eso es lo que hay que cambiar. No es, desde luego, lo más importante. Lo que hay que hacer es resaltar la lealtad en las reglas de juego, que es lo que falla a veces. Habría que reformar algunos puntos de la Constitución, pero quien quiera hacerlo que lo haga por los cauces constitucionales, como ha recordado Salvador Illa, a quien felicito, de paso.

 

"El que es incapaz de apoyar a las Fuerzas de Seguridad del Estado no merece gobernar"

 

P. Hablemos del debate que se ha querido plantear sobre si España es una democracia plena. La ministra portavoz sugirió que tenía que ver con una mera estrategia electoral de Iglesias de cara a las catalanas. ¿Le parece correcta esta interpretación?

 

R. No. Si fuese una táctica puramente electoral, estaría todo resuelto, ya que han pasado las elecciones. He oído decir eso incluso a personas relevantes. Me inquietó. Eso es tanto como decir a los ciudadanos que no crean lo que se habla en las elecciones. Hay dos cosas que se están degradando. Por un lado, la legitimidad de las campañas electorales y, en sentido contrario, se está legitimando mentir. No hay por dónde cogerlo.

 

Nosotros estamos entre las 23 democracias más completas del mundo. Churchill decía que la democracia es el peor sistema, siempre que se excluyan todos los demás. He escuchado incluso a un ministro, que consume Consumo, decir que el hecho de que un rapero vaya a la cárcel es la demostración de que falla la democracia en España. Es absurdo. Ustedes han publicado un artículo de Carlos Jiménez Villarejo, que para los creyentes es la Biblia. Solo hay que cambiarle al rapero y ponerle el nombre de un islamista radical. ¿Qué diría la gente? Incluso la que se moviliza en la calle. Ser rapero es tan noble como cualquier otra actividad, pero qué dirían si en lugar de eso fuera un pronazi que sugiere que hay que clavarle un piolet en la cabeza a alguien porque no le gusta. ¿Cuándo seremos capaces de superar esta división del cerebro en dos mitades? Es decir, que ve solo una parte de la verdad y no la otra.

 

La democracia española está entre las mejores del mundo. Y por cierto, las Fuerzas de Seguridad del Estado tienen una profesionalidad y eficiencia reconocidas internacionalmente. Por tanto, el que es incapaz de apoyar a las Fuerzas de Seguridad que nos garantizan una convivencia sin violencia no merece gobernar. Repito, no merece gobernar.

 

P. Hace poco más de un año, se formó el primer Gobierno de coalición en España en democracia, ¿cómo está funcionando?

 

R. Lo primero que debo decir, y lo he repetido muchas veces, comprendo que no se me comprenda, es que ningún Gobierno puede actuar de la manera que tenía prevista y programada antes de una amenaza global y tan difícil de combatir como el covid. Ninguno. Y los gobiernos que lo han intentado, como el de Brasil, se han equivocado.

 

Nadie le dice a la Unión Europea que lo previsto es mantener el pacto de estabilidad, que lo previsto no es una reacción como la del Banco Central Europeo o la puesta en marcha de fondos europeos de reconstrucción… Por favor, si es un problema de inteligencia elemental. Quiero decir, y quiero decirlo con énfasis, que hemos vivido el año más difícil de gobernanza, y le podía haber pasado a cualquiera. Por tanto, criticar es más fácil que ponerse en esta situación. La única certeza es la incertidumbre. Hacen falta áreas de consenso muy sólidas.

 

P. ¿Cómo está funcionando el Gobierno de coalición? Da la sensación de que la relación está cimentada sobre continuos desacuerdos.

 

R. La mayor parte de los gobiernos europeos son de coalición y a veces entran en crisis por razones relativamente espurias, como ha pasado con el Gobierno italiano. Conte estaba haciendo un trabajo importante y parte de la coalición lo ha derribado. Es verdad que el sistema italiano es distinto. Antes ocurrió con Salvini, que planteó una moción de censura a su propio Gobierno, del que era vicepresidente, y eso en Italia funciona, y nos lleva a Draghi. Antes a Monti. También en Alemania hay Gobierno de coalición y no parece que funcione mal.

 

"Vox puede ser efímero… o no tener techo"

 

Hay dos elementos que son clave. Uno es la lealtad y otro, saber conocer cómo funciona en España el Estado de derecho. Y eso, que cada vez importa menos porque vivimos en la anomia, es decir, en la pérdida de valor de las reglas establecidas, se resolvería, al menos en un 50%, si se hiciera un cursillo rápido sobre la ley de régimen jurídico de la Administración del Estado para que se sepa cómo funciona el Consejo de Ministros, como funciona la presidencia del Ejecutivo. Algunos no lo saben. En España, el presidente del Gobierno no es lo mismo que el primer ministro británico y, por lo tanto, hay que saber con qué reglas se actúa y respetarlas. No sé cuánto tiempo dedican a la coordinación, porque no estoy en las tripas del Gobierno, lo que sí sé es que la ley de régimen jurídico de la Administración del Estado dice, con toda claridad, que las deliberaciones del Consejo son secretas sin fecha límite para levantar los secretos y que solo son públicos los acuerdos.

 

P. ¿Habla usted con el presidente del Gobierno de forma frecuente o sigue teniendo ese sentimiento de orfandad al que se ha referido en alguna ocasión?

 

R. No sé si se pueden ligar ambas preguntas. Yo tengo como principio de actuación que no interfiero, no llamo. No hago ningún tipo de 'lobby', incluso cuando estoy muy preocupado. Me callo. Pero siempre estoy disponible. Por lo tanto, si alguien quiere saber mi opinión sobre algo, yo se la doy con absoluta libertad, con la autonomía que me da la edad, pero también la experiencia. Es más, reconozco la inmensa dificultad a la que se está enfrentando este Gobierno. A principios del año pasado, no se concretó una invitación para vernos un par de veces por dificultades de agenda del presidente, pero si algún miembro del Gobierno cree que le viene bien conocer mi opinión, es obvio que estoy disponible para ofrececérsela.

 

Entrevista a González - El fenómeno de VOX

P. ¿Cómo observa el fenómeno de Vox?

 

R. Puede ser efímero o tener techo limitado. Mitterrand ganó su segunda presidencia dividiendo a la derecha con Le Pen. Y se llevó la sorpresa de que, cuando fueron a la tercera ronda electoral, el candidato socialista, que era Lionel Jospin, quedó en tercer lugar, y el que quedó segundo fue Le Pen, lo cual obligó a la izquierda a apoyar al candidato Chirac frente a la ultraderecha. Ese es un fenómeno que hemos conocido y puede haber la tentación de querer hacer lo mismo. Pasado un tiempo, te das cuenta de que estás alimentando a alguien con quien no quieres entenderte, o que no es compatible con tu proyecto. Es una tontería decir cuánto va a crecer Vox o cuánto va a aguantar. Hemos vivido desde 2015 varias historias de sorpasos que no sorpasaron a nadie. Nadie sabe dónde va a ir esto, pero si que nunca gobernarán.

 

P. ¿El fenómeno Vox hay que vincularlo al auge del populismo o, por el contrario, tiene en España un componente territorial por la cuestión catalana?

 

R. El populismo no es homogéneo, ni siquiera identificable por una u otra posición. El populismo es un fenómeno que mina la credibilidad de la democracia y las instituciones. Para no cargarlo de ideología, a veces he dicho que triunfa cuando individuos dan respuestas simples, no sencillas, a problemas complejos, y una vez acceden al poder, les da igual por dónde tiran. La ideología no es lo que define al populismo, ni en el caso de Trump ni el de Daniel Ortega. Los populismos se pueden vestir de derechas, de izquierdas o de lo que sea.

 

En España, lo define también una reacción negativa en relación a la descentralización autonómica. Precisamente porque algunos confunden la descentralización con la centrifugación del poder, y la centrifugación lleva a veces, como hemos conocido, a reinos de taifas. Aquí cada uno hace lo que quiere y eso resulta incompatible con un proyecto para todos.

 

P. Usted ha dicho en alguna ocasión que no gobernaría nunca con alguien que cuestionara que la soberanía descansa en todos los españoles. ¿Lo sigue pensando?

 

R. Exactamente igual. Es más, lo que nos une en este espacio público compartido que llamamos España, y que es bastante más resiliente de lo que la gente se cree, es el paquete de ciudadanía, el paquete de derechos y obligaciones que afectan a la totalidad de los ciudadanos independientemente de dónde vivan. Eso es lo que nos une. Yo nunca gobernaría con cualquiera que quiera romper eso. Pero ese es mi problema. Ya tengo casi 79 años y, salvo que me alivia mucho que sea de la misma quinta que Biden, no tengo ninguna pretensión ni aspiración. Yo no lo hubiera hecho nunca, ni lo haría.

 

Entrevista a González - El diseño del Estado autonómico

P. ¿Se arrepiente en algo del diseño del Estado autonómico?

 

R. Podríamos haber dado más pasos adelante, pero no había margen de maniobra. Por eso, yo nunca hago un análisis ahistórico. Esto de confundir el momento en que se produce un acontecimiento o un pacto con el momento actual es un disparate. Para eso están las enmiendas constitucionales. Para mí, hubiera sido más sólido en el juego de las lealtades un planteamiento federal más que un planteamiento autonómico. ¿Hay elementos de diferenciación? Sí, pero nos llevaría muy lejos en la explicación. Por eso, un Estado federal no lo quieren los separatistas, y, probablemente, tampoco los separadores. Pero el Estado federal es lo que ha hecho funcionar a Alemania. Por eso digo que federalizar nuestra descentralización nos llevaría a mejorar el respeto hacia la institucionalidad.

 

En la realidad que vivimos, todos los poderes son multinivel. Desde un ayuntamiento, pasando por el poder autonómico y llegando al poder central o europeo, con quien no se cede soberanía, se comparte. Todos son multinivel. Necesitamos que nos quiten la venda de los ojos con una catástrofe como la de la pandemia para saber que el alcalde no tiene ninguna responsabilidad en materia educativa, pero si las escuelas no están limpias, ventiladas y preparadas, tenemos un problema. ¡Ay del alcalde que no se ocupe de que funcione la escuela! Es verdad que el racionalismo cartesiano no lleva a querer delimitar las competencias de unos y de otros, pero los incendios y las catástrofes no entienden de fronteras. Estamos en febrero y un fuego en Navarra ya ha afectado a Francia y al País Vasco. La descentralización tiene que ser compatible con la coordinación permanente entre los niveles del Estado.

 

"Estoy totalmente de acuerdo con el planteamiento de Salvador Illa"

 

P. Viendo el grado de polarización que existe en Cataluña, ¿cree que todavía es posible la convivencia con el independentismo? ¿Hasta qué punto la victoria de Salvador Illa podría allanar el camino?

 

R. En primer lugar, no tengo edad para resignarme. Mi cerebro, en ese sentido, es en lo único que sigue siendo joven. Por lo tanto, yo no me resigno a que un problema que se plantea como el catalán no tenga solución. No me resigno. En segundo lugar, ya que habla de Illa, ha hecho algo a lo que ya no estamos acostumbrados, no solo ha logrado liderar la primera fuerza ganando en votos y empatando en escaños, pese a la ley electoral, sino que ha hecho algo que a mí me parece digno de recordar, independientemente de su personalidad. Primero, ha dicho que hay que reparar la fractura de la convivencia interna entre catalanes, algo que se ha negado en los últimos años, diciendo que quienes no piensan como ellos no son catalanes. En segundo lugar, ha dicho que fortalecer las relaciones entre catalanes y el resto de españoles debe hacerse dentro de la legalidad constitucional y estatutaria. No fuera, sino dentro de la legalidad, que se presenta para algunos como una anormalidad, cuando es lo más normal del mundo. Y además ha dicho que el Gobierno catalán necesita ocuparse de la sanidad, de la economía, de los problemas sociales, y ahora de la violencia desatada. En definitiva, que se ocupe de los problemas de los ciudadanos. Ese es el cuadro que dibuja Salvador Illa. Como me han recordado lo de la orfandad, les diré, y muchas veces no tengo ocasión de decirlo, que estoy totalmente de acuerdo con el planteamiento de Illa.

 

P. ¿Cómo está observando el debate monarquía-república, que es casi preconstitucional? Es como si la política española hubiera regresado a antes de 1978.

 

R. El debate no es entre monarquía y república. Es curioso: si se nombraran las mejores democracias del mundo, nos encontraríamos con que la mayoría son monarquías parlamentarias. Por lo tanto, lo que hay detrás no es la forma de Estado, sino el derribo del 78. ¿Tienen derecho a derribarlo? Sí, claro. Decir que España no es una democracia perfecta es un oxímoron. Me pregunto: ¿ellos tienen un modelo de referencia alternativo mucho mejor que el nuestro? Si son los que tienen como referencia, pues, en verdad, no me tranquiliza.

 

La monarquía es una pieza más en la descomposición del régimen del 78 y, por tanto, del sistema democrático que nos hemos dado. Lo que me preocupa es que se está produciendo una creciente crispación, un creciente discurso de exclusión del otro que fractura la sociedad, y que es lo que intentamos superar en el 78 con el pacto constitucional que hicimos todos. Bueno, todos no. Es evidente que Blas Piñar no estaba en eso. Lo que primaba era la convivencia libre y democrática entre los ciudadanos españoles. Ese valor es el que me preocupa que estén poniendo en juego sin alternativas. Dicho en términos históricos: derribar es mucho más fácil que construir.

 

"El 3-O, Felipe VI cubrió el hueco de Rajoy"

 

P. ¿Cómo ha observado la salida de España del Rey emérito, usted que le conoce bien?

 

R. Lo conocí cuando era jefe de la oposición y luego lo traté durante casi 14 años cuando gobernaba. Debo decir que, en toda mi experiencia, en toda, la ayuda que prestó a la gobernanza del país y la ayuda que prestó en situaciones internacionales complejas fue invaluable. En todas.

 

Todavía me acuerdo, y de esto se ha hablado poco, de la Conferencia de Madrid entre árabes e israelíes, organizada por el secretario de Estado americano. Aquí se produjo el último encuentro entre Gorbachov, que cayó cinco o seis semanas después, y el viejo Bush, el original, no hablo de la fotocopia. Recuerdo que una cena en la Zarzuela, en la que estábamos Bush, Gorbachov, el rey Juan Carlos y yo, se convirtió en una charla que tiene un valor histórico extraordinario cuando allí afloró que, según la información de Bush, los días de Gorbachov estaban contados porque le estaban preparando un golpe del que él no era consciente. Eso fue posible por la empatía de Juan Carlos, que pudo facilitar una conversación de ese tipo, en la que saltaron todas las reglas diplomáticas. Solo puedo decir que su aportación a la gobernanza y a la proyección internacional de España me parece indiscutible. Pueden criticar lo que quieran.

 

P. Usted y el rey Felipe forman parte de dos generaciones completamente distintas. ¿Cómo está observado su reinado? ¿El discurso del 3 de octubre fue su 23-F?

 

R. Creo que está cumpliendo estrictamente sus deberes constitucionales. A veces, incluso, supliendo carencias que tenemos los responsables políticos. Por ejemplo, en los acontecimientos de 2017 en Cataluña. Su intervención fue, digan lo que digan, impecable. En esa intervención estaba cubriendo el hueco de lo que debería haber hecho con toda contundencia el presidente del Gobierno. Y es amigo mío Rajoy. Pero él está supliendo eso. Las circunstancias del 23-F eran completamente distintas, pero sin duda con la misma significación de la defensa de la Constitución y de la convivencia. Insisto, impecable.

 

P. ¿Le consulta Felipe VI, habla con usted…?

 

R. Él sabe que siempre estoy disponible, por teléfono o desplazándome, sin ningún problema. No solo tiene derecho, sino que el jefe del Estado debe pulsar la opinión de gente distinta, plural y diversa.

 

P. ¿Continúa siendo accidentalista en términos república-monarquía, como le enseñó su amigo Olof Palme?

 

R. Eso formó parte de la primera conversación que tuve con el rey Juan Carlos antes de llegar al Gobierno. Me pasaron dos cosas que quizás hoy se puedan decir. Me preguntó: ¿usted por qué no es monárquico? Y le respondí con lo que me dijo Olof Palme. La socialdemocracia sueca llevaba en su programa desde los años treinta el ‘accidentalismo’, que significa aceptar la monarquía siempre que no se interpusiera en la construcción socialdemócrata. En segundo lugar, me consultó: ¿puedo hablarte de tú? Naturalmente que puede, le dije, no hay ningún problema. El me contestó que yo también podría hablarle de tú. Y le dije: desde ahora le aclaro que yo no voy a apearle del tratamiento nunca, en la vida. Yo nunca le diría Juan o Juanito. Nunca. Y así ha sido.

 

Entrevista a González - La respuesta europea a la pandemia

P. ¿Qué opinión le merece la respuesta europea a la pandemia?

 

R. Una opinión extraordinariamente positiva. Por primera vez, se ha reaccionado bien, al contrario de lo que sucedió en 2008, que tuvimos que esperar a 2012 hasta cambiar la política monetaria con Draghi. Hubo un dolor innecesario. Ahora se ha reaccionado con decisiones importantes, como la suspensión de las reglas fiscales o el endeudamiento mutuo. El desafío es aprovechar la respuesta para hacer las reformas necesarias en nuestras economías.

 

P. Si hay que pagar las deudas, entiendo que no está de acuerdo con que la presidenta de su partido, Cristina Narbona, haya firmado a favor de la condonación.

 

R. Le matizo que ella misma aclaró que no lo hacía como presidenta del PSOE, sino personalmente. Respeto esas opiniones. Es una idea brillante e ingenua.

 

"La gestión de los fondos europeos ha de hacerse por consenso"

 

P. ¿Cómo debería canalizarse el dinero de los fondos europeos?

 

R. Nosotros tenemos un problema de empleo juvenil, y ese problema, aclaro, existe desde que yo gobernaba, y por eso me hicieron una huelga general. No hace falta ser un sabio para decir que ahí hay un problema. Yo lo intenté en 1988 y me costó la huelga de mayor éxito de la historia de España. La excusa que se puso fue el llamado contrato de aprendizaje, y lo que pretendíamos era seguir el modelo muy exitoso de formación profesional dual e inserción en el mercado de trabajo de Alemania. Aquí provocó una huelga general. Nuestro sistema sanitario, igualmente, necesita mayores recursos y ser más eficiente. Lo ideal es que esos fondos se gestionen teniendo en cuenta la opinión de actores que van a ser relevantes: el Parlamento Europeo, la Comisión y el Consejo Europeo. No me dirijo solo al Gobierno, también a la oposición, para que se pongan de acuerdo en el marco para dar la mejor utilidad a los fondos. Que haya un consenso básico. No traslademos el circo interno a un circo europeo.

 

Entrevista a González - La oposición de Casado

P. ¿Se está equivocando Pablo Casado en su oposición? Hace unos días, votó en contra del real decreto-ley y tuvo que ser Vox quien salvara al Gobierno.

 

R. Un hecho puntual no define una estrategia. Probablemente, deberían haber sido más exigentes, pero, obviamente, es un error. Está claro que lo que quería Vox no era hacer un favor al Gobierno, sino devolverle la patada que le había dado Casado en la moción de censura. Es positivo, sin embargo, que se negocien los órganos constitucionales e institucionales. Es una señal de esperanza. Hay que encontrar un espacio de acuerdo que permita hablar sobre los fondos europeos y la reconstrucción de España, porque nuestra situación es muy difícil. Hay que decir a los ciudadanos que vienen muy duras y que hay que ponerse de acuerdo para sacar el país adelante.

 

"Cuando acabe la pandemia, habrá que revisar las normas dictadas durante el estado de alarma"

 

P. Se ha criticado en ocasiones a Casado por no haber estado con el Gobierno en muchos momentos de la pandemia. ¿Qué opinión le merece el uso o el abuso del Estado de derecho durante la crisis sanitaria?

 

R. Me preocupa, y lo he dicho muchas veces, y lo estamos viendo en muchos países, que se erosione el Estado de derecho. Acepto que hay situaciones excepcionales, como el estado de alarma, y en esas situaciones excepcionales se utilizan instrumentos como los decretos-leyes. Lo que pido es que, terminado este periodo [el estado de alarma actual debería vencer el 9 de mayo], todos se tienen que comprometer a revisar esa normativa para ver con qué nos tenemos que quedar con carácter permanente y qué normativa excepcional tiene que desaparecer para recuperar la normalidad del Estado de derecho. Lo he propuesto y ha tenido poco eco, sin duda porque no represento a nadie, pero esa sería una muy buena solución.

 

P. Saliendo de nuestras fronteras, lo que es verdaderamente excepcional es que Europa acepte con normalidad un presidente como Draghi, ajeno al sistema parlamentario…

 

R. No es la primera vez, Monti estaba en el grupo de trabajo que yo presidía sobre el horizonte de Europa 2020-30. No es la mejor de las soluciones, pero, probablemente, sea la menos mala. A mí me importa mucho lo que dijo Draghi cuando le preguntaron si haría un Gobierno tecnocrático. Lo que quiero, dijo, es formar un equipo de gobierno que sea capaz de sacar a Italia de la crisis. No lo defino tecnocráticamente ni políticamente.

 

P. España se lo llegó a plantear cuando los partidos eran incapaces de formar Gobierno…

 

R. Eso siempre se plantea en un momento de atasco, y en España ha habido más elecciones de las que correspondían. Fíjese en Cataluña, donde ni siquiera sabemos si se van a repetir estas. Siempre existe esa reflexión, que, en todo caso, no sería inconstitucional, aunque desde luego no es deseable. Lo lógico es que gobierne la primera fuerza política y que haga coaliciones que estén respaldadas por un proyecto de país. Lo que me desconcierta es que no identifico cuál es el proyecto de país que tenemos. ¿Qué queremos hacer de España como país?

 

P. ¿Por qué les cuesta pactar tanto al PSOE y al PP en un contexto como el actual?

 

R. Ambos están obligados a sentarse en torno a una mesa para saber en qué están de acuerdo y arreglar los problemas. Por lo menos, los derivados de la reconstrucción de España. Tienen la obligación de sentarse, aunque eso no garantice el acuerdo. Y no encontrarán un camino más serio de consolidación que ese. ¿Eso excluye a los demás? No. Lo que es difícil es construir un proyecto de España con quien no quiere que exista un proyecto de España. Y algunos de los socios externos del Gobierno lo expresan en la tribuna del Parlamento cuando dicen que les importa un higo el proyecto de España.

 

Entrevista a González - ¿Falta liderazgo en la política española?

P. ¿Falta liderazgo en la política española? Usted ha escrito sobre ello.

 

R. No, no falta. Los líderes están siendo sustituidos por caudillos populistas, que son también líderes. Les cuento una anécdota que lleva a la categoría. Una vez, estábamos con Vaclav Havel, cuando todavía no existían Chequia y Eslovaquia, sino Checoslovaquia. Estábamos en un seminario y la pregunta más inteligente fue: "¿En qué consiste el liderazgo?". A mí, después de salir del Gobierno, me lo han preguntado muchas veces, y cuando estás gobernando no sabes en qué consiste. Tienes la obligación de gobernar y de tomar decisiones. Como me decía Javier Pradera, no me expliques la ley de régimen jurídico sino cómo reaccionas ante un problema, y cómo reaccionas ya. Yo tenía al lado a Clinton y a Cardoso, y resulta que el único que había hecho unas notas era yo, que ya llevaba tiempo fuera del Gobierno, y que posteriormente publiqué en un libro. Y lo que les impresionó es que lo tuviera ordenado. Hay que tener un proyecto político y ser lo menos mercenario posible, es decir, no venderse al mejor postor, sino lograr los objetivos. Pero eso es imposible si el líder político no es capaz de hacerse cargo del estado de ánimo de la gente. Yo conozco a muchos descerebrados que dicen que, pase lo que pase con la realidad, ellos tienen el destino previsto. Incluso cuando tienen un 10% de los votos hablan en nombre del pueblo como un todo.

Todo socialista es un dictador disfrazado.


Todo socialista es un dictador disfrazado.

Nuestra época la actual, en España, debería estar marcada por el pensamiento neoliberal. Tras el hundimiento de casi todos los sistemas socialistas y la creación del "capitalismo" totalitario en China, en la actualidad todo el mundo alaba los valores del individualismo, o sea, liberalismo, La palabra “liberal” tiene fuertes connotaciones en las discusiones políticas modernas. Muchas personas se auto-identifican como liberales en sus puntos de vista políticos, pero evitan tal etiqueta. Toda esta confusión se debe en parte a que las raíces históricas del Liberalismo han producido un sistema rico y diverso de ramas filosóficas. De hecho, muchas de estas ramas del Liberalismo destacan por ser opuestas entre sí en muchas cuestiones políticas y económicas. La palabra “liberal”  no refleja adecuadamente la definición de este concepto filosófico.

El Liberalismo fue el producto del pensamiento ilustrado. John Locke es considerado el padre del pensamiento político liberal, basado en su prolífica escritura acerca de los derechos naturales de los individuos, la separación entre Estado y religión, el contrato social y otros conceptos filosóficos – muchos de los cuales se incorporaron en las revoluciones democráticas que tuvieron lugar décadas después de su muerte. Lo cual hizo del Liberalismo un movimiento que facultaba el papel del individuo y desafiaba a las monarquías absolutas.

Liberaslismo

Sin embargo, a finales del siglo XIX y principios del XX , el Liberalismo pasó de ser una filosofía individualista a una que es más común en la naturaleza humana. Inspirándose en concepto utilitario de John Stuart Mill de proporcionar “la mayor felicidad para el mayor número de personas”, el Liberalismo trató de defender el “bien común”;  es decir, un sistema político y económico que maximiza el progreso social para el grupo en su conjunto y no para beneficiar a una porción de  individuos. Franklin D. Roosevelt es quien mejor encarna este valor con el “New Deal” en la década de 1930. Este cuerpo de legislación, produjo una infraestructura gubernamental a gran escala; que se caracterizó por proyectos de obras públicas, redes de seguridad social, el bienestar y las reformas de las instituciones financieras. Con el propósito de mitigar los efectos del individualismo desenfrenado que se asoció comúnmente con la Gran Depresión en 1929.

Hoy en día, la interpretación moderna del Liberalismo se asocia con causas de izquierda. Inspirándose en el New Deal, el pensamiento económico liberal faculta fuertemente a las instituciones públicas como medios para apoyar a las personas que se ven afectadas negativamente por los efectos externos - como la pobreza y la contaminación – del Capitalismo de libre mercado. En temas de los derechos políticos, el Liberalismo se esfuerza por asegurar las libertades civiles de los grupos minoritarios. 

Neoliberalismo

Durante las últimas décadas, una nueva forma de Liberalismo o más bien una reinterpretación del concepto original  surgió en la forma Neoliberalismo. No contentos con la falta de poder del Liberalismo moderno en favor del Estado, los filósofos neoliberales vuelven a los principios fundamentales que ofrece “La Riqueza de las Naciones” de Adam Smith. Considerado como uno de los ejes para el Capitalismo de libre mercado, Smith describe la necesidad de que la actividad económica humana sea impulsada por la “mano invisible” del mercado, en lugar de alguna institución gubernamental.

Para citar a John Smith: “Si todas las personas se esfuerzan tanto como pueden en emplear su capital en apoyo de la industria nacional, asimismo pueden dirigir esa industria para la cual su producto puede ser de gran valor. Cada individuo trabajaría necesariamente para hacer que los ingresos anuales de la sociedad sean tan grandes como puedan”.

Es decir, a los ojos del Neoliberalismo; permitir que los individuos sean libres de comerciar en los mercados sin restricciones produciría una mayor cantidad de riqueza y las condiciones necesarias para una sociedad opulenta.

El neoliberalismo, también es conocido como ”liberalismo clásico”; ya que toma prestado algunos principios filosóficos del siglo XVIII - se debe principalmente a una escuela de pensamiento económico. Puso de relieve la importancia de la desregulación de los mercados y la privatización de las instituciones públicas. La transición de esta filosofía de la economía a un movimiento político ha cobrado impulso en los últimos años con el aumento de Liberalismo en los Estados Unidos. Aunque los liberales modernos pueden ser equiparados con lo que se considera “conservadurismo moderno” (si bien esas ideas son liberales en algunas políticas económicas, están en total desacuerdo con las políticas que se relacionan con el papel del Estado en la vida privada de los ciudadanos); para ser más específicos, los derechos de los ciudadanos a casarse libremente, no pueden ser objeto de vigilancia del gobierno y la libertad para la compra y producción de sustancias prohibidas como la marihuana. Para esta corriente, el individuo es el verdadero árbitro de una sociedad libre; tanto en términos económicos como políticos.

Se supone que el individuo aislado es el protagonista de la vida económica, en la que desarrolla sus iniciativas, así como de la vida política, social y afectiva, en la que cada cual tiene derecho a desarrollarse y expresarse según sus necesidades. Se olvida sin embargo que los verdaderos protagonistas de todos los campos de la vida humana no son los individuos, sino las instituciones. El mercado está regido por las instituciones económicas (empresas, instituciones públicas e instituciones financieras), que son las que marcan las reglas del juego. Un inversor aislado puede mover su dinero en la Bolsa, pero esta es una institución que se rige por unos mecanismos específicos, y que puede ser manipulada no por los individuos aislados, sino por los grandes inversores institucionales, compradores básicos de las acciones y de la deuda pública.

El pensamiento neoliberal es una exaltación de lo que Macpherson llamó en 1962 la teoría política del individualismo posesivo. De acuerdo con esta teoría, desarrollada en el siglo XVIII, los derechos básicos del individuo serían la vida, la libertad y la propiedad, pero de modo tal que la propiedad a veces tendría prioridad sobre las otras dos. La defensa de la propiedad se consagró en Europa en los códigos penales, en los que las penas por los delitos contra ella eran cuantitativamente desproporcionadas en relación con los demás delitos. En la Inglaterra de los siglos XVIII y XIX, pequeños hurtos se castigaban con grandes penas, y el Imperio británico montó una colonia penal de la que nació Australia. Si los condenados hubiesen sido asesinos, violadores o psicópatas, sus descendientes probablemente hubieran generado una sociedad muy problemática. No fue así, y Australia llegó a ser un país muy civilizado porque sus padres fundadores solo habían cometido pequeños hurtos.

El olvido del papel de las instituciones es general en todos los campos. La vida política no la protagonizan los individuos aislados, sino los partidos, y todo el entramado de las instituciones públicas; la religión no es una relación personal de cada individuo con la divinidad, sino que está protagonizada por las diferentes iglesias.
Y lo mismo podríamos decir de las instituciones militares, judiciales? La antropóloga Mary Douglas dedicó todo un libro, titulado Cómo piensan las instituciones (1986), a reivindicar el papel esencial de las olvidadas instituciones. No solo existen y tienen unas reglas, sino que siempre están controladas por grupos de personas, ya sea para el bien de la mayoría o en perjuicio de la misma.

Existe una curiosa institución en España, la universidad pública, cuyo costo es superior a los 15.000 millones de euros anuales, en la que el individualismo posesivo está creciendo de una forma asombrosa. De acuerdo con él, profesores, investigadores y aspirantes a serlo se consideran protagonistas exclusivos de la vida institucional. 

Si se midiese las veces que muchos profesores utilizan el pronombre yo y los posesivos de primera persona, descubriríamos la importancia que le dan a su ego. Es normal oír cosas como: «La universidad está muy mal, pero a mí no me importa porque yo tengo lo mío»; «Yo tengo mis proyectos»; «Yo tengo un gran índice de citas»; «Porque mi currículo?». Estos protagonistas de la vida académica predican la guerra de todos contra todos y luchan por monopolizar los recursos de todo tipo que el Estado ofrece a sus instituciones. Podríamos decir que hay profesores que hasta padecen una especie de síndrome de Diógenes, porque si les dejasen se quedarían con todo: proyectos, plazas de investigador para sus grupos, plazas de profesor para sus asignaturas, aparatos, libros, y hasta edificios. El límite de su ambición solo lo frena la ambición de los demás. En contra de lo que pueda parecer, no existe un libre juego competitivo entre todos estos individualistas posesivos, porque, de la misma manera que el mercado lo controlan las instituciones, los juegos académicos de reparto de proyectos, medios y dotación de plazas forman parte de un entramado institucional que en el caso de la Universidad, como en el de todas las demás instituciones conocidas en la historia, está controlado por determinados grupos de personas, que son las que ejercen la autoridad y las que distribuyen los recursos. El problema no es que a las universidades las controlen grupos de personas, lo que es inevitable, sino que las controlen para el beneficio colectivo o para la creación de pequeñas oligarquías que van devorando a la institución, consolidándose como un grupo de poder que actúa como si fuesen propietarios de una empresa, que no existe porque es una institución pública, y de la que ellos no tiene el derecho de propiedad.

Las oligarquías están regidas por la ley de Michels, que afirma que para mantenerse en el poder necesitan ofrecer una cooptación limitada, es decir, que alguna gente pueda aspirar a integrarse en ellas. Pero solo unos pocos, porque de lo contrario dejarían de ser oligarquías. Sabemos que existen oligarquías financieras, económicas, militares, políticas y de todo tipo. El problema es que cuando grupos de funcionarios se convierten en una oligarquía dentro de una institución pública, esa institución va directamente camino del desastre entonando alabanzas al mercado, al emprendimiento y a la iniciativa que teóricamente permitiría a algunos hacerse ricos gracias al conocimiento y a sus conocidos.