Los socios de Sánchez no van a prestarse a una moción de censura, va contra su lógica de bloques, contra la estrategia de sus guerras particulares (PNV con Bildu y Junts con Esquerra) y contra su desinhibido empeño en sostener a Sánchez pase lo que pase. Aitor Esteban, Aitor el del tractor, declaró el otro día que “la legislatura ha llegado a su fin” con su solemnidad campechana de cura o de árbitro o de árbitro cura después de un concurso de cucaña o de alubias de la parroquia. En realidad ese fin es tan solemne como arbitrario y tan tajante como inofensivo. Quiero decir que nada ha terminado después del sombrerazo o bastonazo de Esteban, y que la legislatura estaba igual de finiquitada hace cuatro meses, o seis, o un año. Hace ya mucho que teníamos a los corruptos en taparrabos, a las putas de leopardo, a las cloacas a toda máquina y a Zapatero haciendo de agente de Maduro, yendo y viniendo como la flor de la canela. Hace mucho que teníamos a Sánchez de único y sospechoso superviviente del Peugeot y, además, sin mayorías estables, sin presupuestos, sin otra gobernanza que la propaganda y sin legislar más que a trompetazos de decreto, que es como el bando con trompetilla del sanchismo. La legislatura ya estaba acabada hace mucho, cosa que no parecía importarles ni a los socios ni al propio Sánchez. Yo creo que aún pueden declararla finiquitada o muerta dos o tres veces más, o las que hagan falta, sin que se finiquite ni se mate nada.

Feijóo cuenta votos como si se contara los dientes que le faltan, cuenta a Coalición Canaria, cuenta al PNV, cuenta a Junts, contará entre los aliados hasta a sus gatos, periquitos y azaleas, pero ni PNV ni Junts van a apoyar una moción, sea instrumental o sea vocal, que es verdad que la cosa suena a conjunto de viejas con pandero. Puigdemont también ha roto sin romper, ha protestado sin castigar y ha ahogado sin matar, lleva desde el primer momento haciendo todo ese juego pasivo-agresivo o sado-maso (recuerden lo de que haría “mear sangre” a Sánchez, que parecía que lo decía desde detrás de una máscara con pinchos). Puigdemont fantaseaba con catéteres y cuchillas, Míriam Nogueras sacaba las espuelas con flecos y la fusta también con flecos en el Congreso, pero todo este despliegue de plástico, acero y cuero no ha conducido más que a una especie de depresión postcoital indistinguible de la modorra. Por supuesto, Junts prefiere a un Sánchez débil, mudando el pellejo en los tribunales y los telediarios, al que poder seguir exprimiendo hasta que muera, seco y amarillo como una tortuga. Y es que al otro lado sólo están PP y Vox.