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¿Por qué los políticos tienen poder para vender nuestros votos?

Su democracia es propia de origen. Nunca votan, pero colaboran
Hay mucho dilema y controversia sobre los resultados de las elecciones del 24M. Al final, todos han ganado y todos han perdido. Pero lo cierto y verdad es que casi nunca, nuestro voto, va a parar al partido que hemos elegido como más apto. Cada día día más divididos y más confundidos.  ¿Sigue teniendo sentido imaginar un funcionamiento de los partidos y de las instituciones que parta de la hipótesis que los de arriba saben más que los de abajo? ¿Podemos seguir dividiendo la esfera de la política entre los que la hacen dentro de las instituciones y aquellos que la practican fuera? Seguramente existen razones para mantener esas divisorias, pero podemos también argumentar que hoy esos espacios o posiciones son más objeto de tensión y de hibridación que de delimitaciones radicales.
No son demócratas, porque no les sale de los huevos.
La progresiva democratización de la sociedad, conjugada con los procesos de transformación tecnológica, de globalización económica y de heterogeneidad cultural y social, han ido haciendo más y más complejos los problemas a afrontar por las instancias de poder político. Nos encontramos a menudo con problemas que no son fáciles de diagnosticar y aún menos de relacionarlos con soluciones claras. La diversificación e individualización fragmenta intereses y por tanto convierte en más difícil el consenso social. Mientras que los avances científicos y técnicos, en vez de ayudarnos a resolver las dudas sobre qué hacer, más bien lo convierten en algo más complejo, dada la gran pluralidad de aproximaciones y de perspectivas que constituye hoy la sociedad del conocimiento. Podríamos prescindir de la política si estuviéramos muy de acuerdo tanto social como técnicamente sobre qué hacer, pero más bien estamos en una situación absolutamente opuesta. A más disenso social y menor acuerdo técnico o científico, más necesitamos la capacidad política de encontrar soluciones viables, socialmente aceptables. Y cuanto más abramos el debate, cuanto más logremos implicar en el diagnóstico y en la solución a ciudadanos y grupos e intereses, más fácilmente encontraremos vías de avance aceptables para todos. No es solo un problema técnico. No se trata de encontrar soluciones “populares”. Se trata de asumir la complejidad y entender que la construcción colectiva de conocimiento, mezclando “arriba” y “abajo”, es hoy la mejor vía para afrontar lo que nos viene encima.
¿Para qué ser popular?
La nueva cultura política  nace con los nuevos canales de comunicación. Utiliza a su favor la facilidad de acceso a las redes sociales, sin renunciar a los medios convencionales.
En estas elecciones, los nuevos actores políticos y las nuevas formaciones surgidas aquí o allí subrayan que lo que estaba en juego era la necesidad imperiosa de recuperar la capacidad de decidir sobre lo que nos afecta, ante un secuestro de las instituciones que había ido reduciendo enormemente sus márgenes de maniobra. Las experiencias de acción colectiva que se han ido sucediendo en los últimos años han tratado de generar nuevas formas de articulación y acción con las cuales comunicar y transmitir demandas, generar solidaridad e identidad entre sus miembros y, sobre todo, desafiar a sus adversarios. Estamos en una nueva cultura política que ha nacido y se ha desplegado desde y a partir de los nuevos canales de comunicación, entendiendo que podía utilizar a su favor la gran facilidad de acceso que permiten las redes sociales, sin renunciar a estar presentes en los medios más convencionales. Su hibridez y su heterodoxia les ha permitido llegar a grupos y personas muy distintas, sin dejar de usar la red en todas sus variantes. De esta manera, se ha ido consiguiendo generar un discurso alternativo al dominante que tendía a considerar como inevitable o imposible de modificar la realidad circundante.

Venimos de una época en la que “hacer política” se limitaba a ocuparse de lo que hacían los partidos políticos, la actividad de las instituciones y las elecciones que permitían el acceso a las mismas. Pero estamos ahora en otro escenario. Sobre todo cuando ha ido extendiéndose la percepción de que crecía la distancia entre esa visión estrictamente profesional y corporativa del “hacer política” y lo que sucedía en el entramado social. En los últimos años, los ensayos, experiencias y prácticas que han ido surgiendo desde “abajo” y desde “fuera” apuntan hacia otra concepción de la política y de la democracia, basada en procesos de implicación colectiva y personal en los asuntos públicos. Esa apropiación de la política, implica superar la visión estrictamente electoral-institucional, y engarzar con mecanismos de control y orientación del poder que vayan más allá de la mera transmisión de mandato o delegación. Una democracia entendida como forma de vida. Menos jerárquica, menos formalizada y menos especializada.

Los "neocomunistas" se están apropiando de nuestros valores morales y éticos

Dos "neocomunistas" que hubiesen justificado el aborto en su día
Los falsos políticos de izquierdas, los neocomunistas, están “lavando” mentes humanas hasta el punto de “o piensas como yo o de poco o nada vale lo que tu pienses”. Si al aborto, no a los toros, si a dejar libres a los presos, no rotundo a la iglesia, el dinero en “sus manos”, no a la propiedad privada, etc. Justo, justo esto pasó poco antes de la guerra civil española. Deja mis valores como la vida me los ha configurado o te dejo sin los tuyos con encefalograma plano, no hay valores.

Así, el ser humano se ha quedado desnudo de verdades de todo tipo, ignorando su ignorancia y pavoneándose en sus muchas o pocas riquezas, sin echar de menos la excelencia, la benevolencia, la solidaridad, la simpatía, el conocimiento de las cosas y de las causas y todos los elementos de una vida feliz.

En la sociedad actual hay que saber distinguir entre valores morales y éticos. Los valores morales, las normas morales proceden, generalmente, de las tradiciones, o son resultado de creencias políticas o religiosas.

En realidad, todos somos animales morales, pero dicho estado solo indica que necesitamos ser sociales en un sentido y otro, ya que las "normas" no vienen con nosotros al mundo. Aristóteles dijo, para ser justos es necesario practicar la justicia. O lo que es lo mismo, tiene que "enseñarse" o estimularse la justicia, como tiene que "enseñarse " y "estimularse" el habla, ya que, de lo contrario, permaneceríamos mudos; si hablamos castellano o inglés no es por algún tipo de transmisión genética o cuestión de raza o sangre. Hablamos la lengua en que hemos sido socializados, generalmente por puro azar.

Una lengua no tiene que ser mejor que otra y una norma moral en principio no tiene que ser superior a otra siempre que todas se ajusten a los códigos establecidos.
Sin embargo, no todos los códigos establecidos son buenos, los hay peores y malos. En atención a lo que es la condición humana, a sus aspiraciones y deseos ilustrados, desde la óptica de la imparcialidad.

Los códigos actuales y las normas morales que de ellos emanan han de ser medidos, justificados y juzgados desde las normas éticas que emanan de la ética, que es una disciplina del conocimiento consistente en la reflexión desinteresada y en el desarrollo de la empatía y la imparcialidad.

Desde la ética examinamos las leyes y normas morales vigentes y decidimos cuál merece calificarse como norma ética. Pero saber qué es la ética y las normas éticas es una cuestión muy compleja a la que no suele dedicarse el tiempo preciso.

Si de algo peca la sociedad actual es de ingenuidad al creer que la "libertad" "el pluralismo " y la "tolerancia " son los valores que hemos de respetar por encima de todo.

Hay muchas clases de "libertad", de "pluralismo" y de "tolerancia", y todas no son igualmente buenas desde un punto de vista ético. Hay que matizar una y otra vez, ver las cosas desde la distancia debida sin dejarse cegar por las más cercanas, como pedía Hume, para alcanzar ese sentimiento peculiar que denominamos sentimiento moral.


Hay que aprender a ver a los demás, con sus necesidades, anhelos y aspiraciones. No bastan en absoluto los resultados de las votaciones, donde en general el porcentaje más alto de votantes está movido por el egoísmo, el prejuicio, la opinión pública, etc.
Por supuesto, tampoco vale el rey filósofo de Platón, sino que hemos de aspirar a una sociedad donde todos sean reyes filósofos, donde TODOS participen de la sabiduría, el poder, la benevolencia, la justicia y todas las cosas gratas de la existencia. Han de tomarse las decisiones sobre la base de la sabiduría de todos, no basándose en la opinión casi siempre equivocada de una mayoría. Vivimos en una sociedad contradictoria y confusa donde, "muerto" Dios, parece ser que todo está permitido. La libertad parece uno de los valores en alza, permitiéndole a cada uno que haga lo que quiera con su vida siempre que no perjudique a los demás, cuando la libertad profunda y bien entendida es aquélla en la que cada uno puede hacer lo que quiera con tal de que con ello beneficie a los demás.

Dos valores éticos parecen estar apagados o a punto de extinguirse: El cultivo de la excelencia propia y el amor benefactor hacia todos los seres vivos. Y estos valores éticos son deberes superrogatorios (excesivos), rechazados por el liberalismo contemporáneo, aunque representen, desde otra apariencia, el propio corazón de la ética.
Vivimos una moral individualista que justifican las mayorías ilustradas o no, generosas o míseras, pacifistas o terroristas.
Es cierto que se han perdido las "buenas formas" en una medida importante y que aparece un tanto de insolencia entre los más jóvenes, muchas veces engreídos, con una arrogante ignorancia e inexperiencia.

Sería injusto no indicar que esta característica de autosuficiencia define también a los no tan jóvenes y a los decididamente maduros.

Lo importante es que, de alguna manera, se ha superado la ingenuidad del pasado que tomaba las palabras del anti-ilustrado cura párroco, sus dogmas y sus verdades como la única verdad. Ahora los que no creen en una fe religiosa vuelven a ser tan ingenuos como para pensar que todo es relativo y no existe verdad axiológica ni de ningún otro tipo.

La cultura no es acopio de saber, sino un modo de aprender


Todo, todo no está perdido. Aún es posible mirar y tratar de intervenir. Puede parecernos poco y, si bien nada resulta fácil, es preciso proseguir. Y, atentos, hablar y leer, y escribir, y dibujar, cantar e incluso bailar. Y ensayarnos y experimentarnos. Y siempre pensar. Y laborar. Y relacionarnos. En ocasiones, no encontramos buenas razones para ello, pero eso mismo podría ser un buen motivo. No es preciso esperar a que llegue la oportunidad, hay que procurar hacerla venir.
Hay momentos en que, con el pretexto del calendario, algo se abre hasta ofrecerse. No es un tiempo ya dado que, como bien sabemos, nunca nos está garantizado. Podría ser mera necesidad, una urgencia, a lo mejor, un deseo. Entonces no es fácil sustraerse a esta convocatoria, que no es simplemente de fechas, la que quizá nosotros mismos nos enviamos, la de mejorar, la de no cejar. Y la de empeñarnos más allá de lo convencional, de lo aconsejable, de lo predecible. Desde la experiencia de creer que no tenemos remedio, sin embargo sentimos que algo otro está en nuestras manos, y nos ponemos a la tarea.
Mientras nos enredamos en dilucidaciones, en la vorágine en la que encontramos dificultades hasta para que algo vivo suceda, conviene no olvidar que no todo está dicho, ni clausurado. Ni tan siquiera la comodidad ha pronunciado su última palabra. Y no nos plegamos. Lo llamamos curiosidad, y lo es. No solo la de interesarnos por lo que parece concernirnos directamente, sino la de ver si somos capaces de formarnos, de ser otros. Se abre el espacio para pensar de manera diferente. Y, a su modo, tanto nos alegra como nos asusta.
El asunto es atractivo, y más llevadero, cuando constatamos que no es únicamente cosa nuestra. El comienzo no es un puro inicio. Algo ya se viene diciendo y nos reta llegando desde lejos. Es un legado vigente, no un mero depósito, sino un caudal al que hemos de corresponder. Es aún algo pendiente, nos procura abrigo y nos constituye. Nos viene cultivando, a pesar de nuestra fragilidad para dar fruto. Somos ya en ese lecho, en ese terreno. Y hemos de velar por ello.
Ahora bien, accedemos a una nueva intemperie y notamos que nos espera mucho por hacer. Eso que requerimos no está aguardando ser liberado por nuestra genialidad, la que tampoco tenemos. En cierto modo, hemos de generar nosotros mismos esa coyuntura. Alumbrar la belleza de lo que no se agota en su inmediata rentabilidad tiene otra fecundidad, la del obrar, la del problematizar, la que procura lo susceptible de ser sentido, pensado, querido, la que transforma.
Lo denominamos año nuevo, más por reciente que por distinto. Aunque nunca uno más, y siempre enigmáticamente diferente, es difícil ignorar, sin embargo, el peso de lo que, ya sucedido, parece empeñarse en no dejar de suceder. Pero, a su vez, hemos de cultivarnos en lo por venir. La cultura no es un mero acopio de saber, sino un modo de aprender, de crecer y de cuidarse. Y no solo de uno mismo. Supone procurar modalidades de existencia, y por ello es imprescindible. No es un simple repliegue, es a la par despliegue, muy radicalmente del escuchar, y del responder, para ser artífices de la propia forma de vida, de la propia palabra.
Habremos de lograr que suceda. Si no, sí estamos perdidos. Es ocasión de velar, de atender, de considerar. Y de crear y de recrearnos. Y es posible. Lejos de la resignada claudicación ante lo que se erige como inexorable, conscientes de las limitaciones, aún cabe hacer y hacernos. E, incluso en medio de enormes dificultades, hemos de reforzar esa convicción.
Puestos a desconsiderarnos a nosotros mismos, estimemos al menos nuestra libertad. No solo la de elegir, la de preferir, también la de concebir. Ello supone hacer brotar nuevas condiciones. Es un trabajo de cultura, que es más que el de cada quien para sí mismo. Necesitamos muy singularmente de aquellos que, sin decir lo nuestro, dicen con brillantez lo que tanto nos concierne. Nadie declarará nuestra palabra, aunque precisamos de la suya. De una u otra manera, el olvido de las artes supone asimismo la claudicación de la ciencia, aunque una buena consideración de aquellas cuestiona el modo de comprender, imperiosa y poco humanamente, de cierto saber y su poder.

Es tarde. A su manera siempre lo es ya para algo. Pero estamos a tiempo de vivir y de propiciar lo que está por acontecer. La cultura no se limita a asistir al espectáculo de lo que pasa, ni a convertir en espectáculo cuanto ocurre. Hacer suceder es una forma singular de mirada, es un acontecimiento. Podemos llamarlo contemplación. Lejos de ser una pasividad, es una modalidad de acción que es capaz de ver incluso lo que hace que ocurra. Y de procurarlo. Más que su causa, es su condición de posibilidad. Y es ahí donde el artista, el pensador, el creador, lo que de ello aún late en cada uno de nosotros siquiera torpe e incipientemente, nos insta a efectuar. El desafío nos desborda. No más que el tiempo que parece ofrecérsenos y que se desdibuja sin nuestro actuar. La cultura nunca será posesión de nadie.

La nueva economía, sin ayuda de los votantes, no se puede "quitar" la rémora político/corrupta.

La reunión -Asia-Europe Meeting (ASEM)- que cada año  se celebra  en Washington y otro país (Milan/2014) con la presencia de todos los  Ministros de Economía y banqueros del mundo, junto con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial. Tiene como única función saber como “los dueños” del dinero están viendo la situación económica primero globalmente y, después, localmente.  No, no tienen piedad de nosotros. Pero, si es cierto, que se interesan más que antes por la situación de bienestar de ciertos países –España, no- y mejorar la de países que viven de mala manera.
En la última (Noviembre/2014)  hubo varias sorpresas. La primera es la recuperación europea. El consenso es que la economía de la eurozona va a crecer un 2% este año gracias a un euro más barato que ha estimulado las exportaciones, la masiva inyección de liquidez monetaria que ha hecho el Banco Central Europeo y la bajada de los precios del petróleo. Pero lo más importante es que ha desaparecido de la mente de inversores, banqueros y empresarios el temor a un colapso económico de la eurozona. Así, según un estudio de la consultora A. T. Kearney, de los 25 destinos preferidos por las empresas para sus inversiones en todo el mundo, 15 están en Europa. Esta perspectiva optimista contrasta con dos realidades. La primera es que para muchos europeos esta recuperación es invisible, intangible e irrelevante. El alto nivel de desempleo (la media europea es de un 11%) y los dolorosos recortes presupuestarios hacen que para muchos sea difícil creer que la recuperación económica está en marcha.
Con total seguridad, la segunda realidad, Grecia/España y Portugal van a ir mal, bastante peor de lo vaticinado. Y si bien su crisis va a ser traumática y afectará a Europa, pocos creen ya que el hundimiento de Grecia y su eventual salida del euro puedan ser el fracaso del proyecto europeo.
Europa no es la única zona con buenas noticias. Estados Unidos crece al 3%, India al 7,5% y este año Japón pondrá fin a décadas de estancamiento. Y a pesar de estar plagada de crisis humanitarias, conflictos armados e inestabilidad política, el África subsahariana también tendrá en 2015 un desempeño económico superior al promedio mundial.
En cambio, la economía china se desacelera. En 2014 tuvo el menor ritmo de crecimiento en 24 años. El trimestre pasado fue el peor en seis años. El gigante asiático está en una compleja transición de un modelo de crecimiento basado en las exportaciones, el crédito fácil y la abundancia financiera y fiscal a un esquema que apuesta más por la inversión y por su mercado interno.
EEUU crece al 3%, India al 7,5% y este año Japón pondrá fin a décadas de estancamiento. Pero China no es el único de los mercados emergentes que causa preocupación. Rusia tendrá un muy mal año. La caída de los precios del petróleo, las sanciones internacionales por sus agresiones bélicas y la masiva fuga de capitales causada por la profunda desconfianza en Vladímir Putin y su equipo han postrado su economía.

Brasil, otro de los países emergentes, ha pasado de ser una esperanza a ser visto como un mal ejemplo es Brasil. El legado del presidente Lula da Silva (mucho crédito, mucho consumo, muchas dádivas y poca inversión), combinado con las desastrosas políticas económicas de Dilma Rousseff en su primer periodo, han llegado al inevitable desenlace: un doloroso ajuste económico que pagarán desproporcionadamente los más pobres.
China no es el único de los mercados emergentes que causa preocupación. Rusia tendrá un mal año
En general, América Latina se verá afectada por la caída de los precios de las materias primas que exporta, aunque los países ya debilitados por las malas políticas —Venezuela, Argentina, Brasil— sufrirán más que el resto.
Una de las sorpresas es la importancia macroeconómica —y global— que ha adquirido la corrupción. Obviamente, la corrupción no es nada nuevo. Sí lo son sus magnitudes, su mayor visibilidad y sus consecuencias globales, desde China a Chile.
En China, la lucha contra la corrupción es —junto con la desaceleración de la economía— un tema central. El presidente Xi Jinping lidera una purga de funcionarios, políticos y empresarios acusados de corrupción. Ya hay más de 80.000 procesados y otros 100.000 están siendo investigados. En Brasil, un gigantesco desvío de dinero público también está sacudiendo al Gobierno. Aécio Neves, el rival de Dilma Rousseff en las recientes elecciones presidenciales, se atrevió a declarar que la presidenta ganó su reelección gracias al crimen organizado, y que su grupo, el Partido de los Trabajadores, empleó en la campaña dinero robado.

También son notorias las oligarquías que han acumulado fastuosas fortunas gracias al constante y sospechoso apoyo que tienen de los gobernantes de Rusia, Argentina y Venezuela, por solo mencionar algunos ejemplos. Recientemente nos sorprendió que incluso Chile, un país que históricamente no había sufrido los niveles de corrupción comunes en su región, se ha visto sacudido por escándalos que salpican a líderes políticos de la oposición y a la propia presidenta, Michelle Bachelet. Hasta el punto de que hoy ha renovado todo su equipo de Gobierno sin descartar en breve, su propia dimisión.  Así es. La corrupción no es nada nuevo. Pero cuando llega a afectar al desempeño macroeconómico de un país quiere decir que ha alcanzado magnitudes que sorprenden hasta a los banqueros.

La devaluación del Euro fortalece la economía de la UE.


El petróleo y la divisa son los dos indicadores más importantes para la economía de un país están bajando y de forma, totalmente, inesperada. En Agosto de 2014, un barril de petróleo costaba 116 dólares. Ahora cuesta 50/55. Un euro costaba 1,38 dólares y ahora cuesta 1,04/06. En el último año, el euro se ha devaluado un 24% con respecto al dólar estadounidense y un 21% con respecto a la media de las otras 10 monedas más importantes.
Todo hacve indicar que para antes de Noviembre habrá paridad dólar/euro y este último seguirá cayendo. Las consecuencias del desplome del precio del petróleo son conocidas. Las de la devaluación de la moneda europea, no tanto. Y son igual de importantes. Tanto el precio de la energía como el del euro, la segunda divisa más usada en el mundo, influyen sobre los precios de casi todos los demás productos que usted consume: del dentífrico a los coches o el tomate.
Antes de discutir por qué cayó el euro, y qué consecuencias tendrá, es útil despejar una idea zombi sobre el valor de las monedas (A Quisumbing llama ideas zombis a aquellas que, a pesar de ser erradas, no mueren). No es cierto que la devaluación de una moneda necesariamente debilite a un país. En algunos casos, fortalece su economía. La disminución del valor del euro respecto al dólar hace que una botella de vino español, un avión francés o un coche italiano ahora cuesten menos en el resto del mundo. Esto, a su vez, estimula las ventas de estos productos y aumenta las exportaciones europeas lo cual, obviamente, es bueno para el empleo y la economía en general.
Por otro lado, la tecnología, telefonía, vacaciones, etc se verán afectadas con bastante alza en los precios. Esta enfermedad de la economía consiste en la persistente caída de los precios, debido a la falta de suficiente demanda, y conduce a un estancamiento crónico, como el que ha aquejado a Japón durante décadas. La devaluación de la moneda es un buen antídoto contra la deflación.
Claro que no todas las devaluaciones son positivas. Cuando la moneda pierde valor con respecto a otras como resultado de la masiva fuga de capitales, producida por la desconfianza generalizada en la economía del país, la devaluación es, obviamente, muy dañina. O cuando contribuye a disparar la inflación y a detener la inversión y el crecimiento. Todo esto, por ejemplo, es lo que está pasando en Rusia o en Venezuela, dos de los países más afectados por la drástica caída de los precios del petróleo y otros problemas.
¿A qué se debe la caída del euro? La razón principal es que el BCE está inyectando liquidez monetaria para estimular la inversión y el consumo, mientras que su homólogo de EE UU, la Reserva Federal, está recogiendo velas. El banco central estadounidense ha insinuado que quizás suba los tipos de interés. Con ello busca contrarrestar las presiones inflacionarias que generan una economía que está creciendo y una tasa de desempleo que se acerca al límite después del cual la escasez de trabajadores provoca aumentos de precios.
Nada se mueve más rápido que el dinero. Ante esta nueva situación económica (y de hecho, anticipándose a ella) los inversionistas mudaron su dinero masivamente de EE UU a Europa. En lo que va de año, 35.600 millones de dólares entraron a los fondos de inversión europeos (una cifra récord) mientras que 33.600 millones salieron de sus rivales estadounidenses. Desde enero, las bolsas europeas han superado en las americanas tanto en aumentos del precio de las acciones que cotizan como en el volumen de los flujos de fondos que reciben.
Estos movimientos reflejan la expectativa de que las grandes empresas exportadoras de EE UU van a ver menguados sus ingresos y ganancias y, por lo tanto, el valor de sus acciones debido al “dólar duro” que encarece su producto en el exterior. Según una encuesta de la revista Duke/CFO, dos tercios de las empresas exportadoras estadounidenses señalan que el aumento del valor del dólar ya les ha perjudicado.

Pero hay otro factor que va a tener un enorme impacto. Desde hace varios años, las empresas estadounidenses no financieras han venido acumulando gigantescas cantidades de dinero en caja. Ese dinero está disponible para comprar otras empresas. Y, ahora, el euro más barato hace que las empresas europeas también sean más baratas para quienes estén llenos de dólares. Viene una ola de adquisiciones de grandes empresas europeas.

La indiferencia humana.

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No es inédito ver a una persona que, aparentemente, duerme plácidamente en la calle y otras “personas” pasan y pasan. Hasta que una otra persona  que, desgraciadamente, no es buen ejemplo para la humanidad se agacha, lo interpela, lo desdobla de su posición y le pregunta ¿En qué puedo ayudarle? Cuando observa  que yace muerto sobre un charco de sangre. De momento, una gran banda de curiosos se horrorizan y con las manos en la boca gesticulan asombro, lastima, disconformidad –por no ser ellos ese centro de atracción- y hasta le hacen fotos al muerto o se hace ellos alguna junto al muerto para su álbum. Es curioso, pero llaman más a la ambulancia que a la funeraria; si, los muertos,  son más cosa de papeleo charcutero que de pompas fúnebres. Esto es indiferencia.

En los países latinoamericanos (España incluida) esa indiferencia se ha generalizado hasta situaciones de extrema gravedad. Día a día vemos como sale un político corrupto y entra otro más corrupto sin agredirse ni judicialmente. Están confabulados, son carroña propia, no tienen sentido de la humanidad y, además, les avalan un montón de innobles o indiferentes votantes. Algunos, caso de Cristina Fernández de K. recibió un enorme montón de votos por que se quedó viuda. Otros por ser más guapos y apuestos que su “rival”. Los hay que son votados hasta por su condición de gay o lesbiana.

Es tal la indiferencia que ya no es noticia que millones de niños mueran de hambre; en cambio, millones de “personas” lloran, veneran, aclaman la muerte de un músico/a que ha muerto por sobredosis de no se qué y sus ventas de discos rozan lo imaginario. Este no es un muerto de los regímenes bolivarionos, este vivía de la  música.  

De modo que ante situaciones inéditas  reaccionamos siguiendo las pautas de  la masa, si otro da el primer paso, yo le sigo, si nadie se inmuta, no me inmuto. Esta tendencia a asimilarse al grupo es la base de los tumultos de la masa y la base de la indiferencia entre individuos. Nuestra cultura sigue indiferente a una verdadera conciencia del grupo donde el miedo a quedarse fuera es superior al poder del propio criterio y a la conciencia de la necesidad de la comunidad.

El diferente es el que da el primer paso porque distingue, diferencia y tiene criterio y este diferenciar mueve su voluntad. En este mundo de incertidumbre donde no hay lugares de seguridad, donde se ha perdido la esperanza cómoda de la planificación porque 'con todo lo que está pasando' no se sabe lo que va a pasar, tampoco se despierta el criterio propio y la voluntad se deja estar llevada por la generalidad de lo que la masa hace.

Cada día somos más bultos de carne acunados por suaves movimientos soportamos los cambios bruscos de la realidad atenuándolos, haciéndolos un poquito más indiferentes. Seguir el cambio fue siempre difícil, preferimos la estabilidad como decía ya Parménides y desarrollaba Platón. ¿Pero a qué precio? Al precio de la indiferencia y la reconcentración egoísta, de la carencia de solidaridad y de la agudización del instinto de supervivencia pero ahora desligado de la comunidad. Si el sálvese quien pueda gana, la sociedad se diluye y actuamos como el hombre lobo que Hobbes describía. Pero no ser lobos no quiere decir que seamos mansos corderos, sino leones y niños nietzscheanos que tienen un alto concepto de la vida, no de la vida por la vida, sino de una vida cualitativa que no viene dada sino por la que hay que luchar, jugar, gritar, bailar, crear entre individuos para reunificar la masa humana.


De indiferencia no se vive, se muere lentamente. Con indiferencia no se convive, se mata lentamente. Vamos a ser tolerantes, humanos, compasivos, piadosos, generosos …. Que cada día nos parecemos más a los políticos. Con total seguridad, adoptando esa actitud, les venceremos. 

La política negra del petróleo.


Desde que me reconozco, siempre he escuchado decir que la subida del precio del petróleo era la causante de los males de nuestra economía. Como aquello de apaga la luz, si tu puedes, España no puede.  En cambio, ahora que el precio ha caído más del 50% en el último año, escucho decir que la caída del precio del barril de petróleo está dañando nuestra economía. ¿Cómo se come esto? Un precio del crudo más alto hace que, una vez pagada la energía consumida, haya menos renta disponible para otros bienes y servicios. Y las empresas que producen estos bienes y servicios además de tener una demanda debilitada se enfrentan a unos mayores costes energéticos, lo cual reduce sus beneficios y les induce a prescindir de trabajadores o incluso cerrar. El aumento del precio del barril contrae, pues, el PIB y el empleo en las economías los países dependientes del crudo líquido, hasta el punto de poder desencadenar una crisis.

En cambio, los países productores ven cómo sus empresas extractoras de crudo ganan más, sus gobiernos aumentan la recaudación y su nivel de riqueza mejora. Es decir, la subida del precio del crudo beneficia a los países productores y perjudica a los consumidores. Así ocurrió en 1974, cuando el precio del barril pasó de 3 a 12 dólares; en 1979, cuando la revolución de Jomeini llevó el precio hasta 110 dólares; y en 2008, cuando la fuerte demanda de China lo duplicó en poco tiempo. En los tres casos, los aumentos del precio del crudo provocaron una crisis económica en los países no productores y un aumento de la riqueza en los productores. La lógica indica que si el encarecimiento del petróleo beneficia a los países productores y perjudica a los importadores, su abaratamiento tendrá el efecto contrario: beneficiará a los consumidores y perjudicará a los productores. Al parecer para los sesudos del BCE parece ser todo los contrario, aunque saben perfectamente que no es así, pero insisten en que  la bajada drástica del precio del crudo puede ser mala para la eurozona porque produce deflación –No es verdad-Y la deflación es nociva porque conlleva dos tipos de costes. Primero, si los consumidores ven que los precios bajan, es posible que piensen que seguirán bajando y que es mejor esperar a comprar. Y claro, si la gente pospone las compras, las empresas reducen la inversión y el empleo por no poder mantener la producción. La segunda razón por la cual la deflación es mala es que aumenta el valor real de las deudas. Esto aumenta la probabilidad de impago, lo cual afecta al banco prestamista y, acto seguido, al resto de la economía. Sin embargo, este razonamiento no es correcto. Dado que el IPC es la media de todos los precios de la economía, podría serlo si el IPC baja porque todos los precios bajan, aunque lo de posponer las compras de pan porque el próximo año será más barato es discutible. Pero la media también puede bajar si todos los precios de la economía se mantienen o incluso aumentan y el de la energía se reduce mucho. De hecho, esta es la situación que vive la eurozona, donde el IPC cae, pero el IPC sin la energía aumenta. Por lo tanto, como los precios del pan, el calzado o los libros no bajan, nadie tiene incentivos a posponer las compras de estos productos.

Pero como charcuteros, fontaneros, carpinteros o agricultores ven que sus ingresos no menguan, el valor real de sus deudas tampoco varía. De esta forma, ninguno de los dos costes de la deflación es verídico cuando el único precio que baja es el del petróleo, tal como está ocurriendo en la eurozona. Al contrario, lo que es inequívocamente cierto es que el abaratamiento del petróleo permite consumir energía gastando menos, liberar renta para adquirir otros productos y, por ende, generar más actividad económica. La actual bajada del precio del petróleo es, pues, una bendición para nuestra economía y nuestros bolsillos. Ni pongáis en duda que es un pretexto para  El dinero islámico, del que dependemos,  puede que no sea yihadista. 

Reforma de pensiones 2015 (vigencia 2013): Nuevos y equivocados requisitos.



Nuevos cambios en los requisitos para acceder a la jubilación en cumplimiento de la reforma de pensiones. Desde 2013 esta norma está obligando a los españoles a trabajar más años y cobrar menos como fórmulas para sostener el sistema de Seguridad Social, zarandeado por una crisis que se ha llevado por delante a 3,7 millones de cotizantes.

Esta reforma retrasa progresivamente la edad de retiro de los trabajadores españoles hasta los 67 años en 2027. Así, quienes quieran jubilarse a lo largo del año próximo con el 100% de la pensión que les pudiera corresponder, deberán tener ya cumplidos los 65 años y tres meses. Hasta 2018, la edad de jubilación se incrementará un mes por cada ejercicio, para a partir de esa fecha aumentar en dos meses cada año hasta 2027.
Retrasar la jubilación tiene sus ventajas para el sistema. Por un lado, permite disponer de más población activa que, por un lado, financie las pensiones, y por otro, retrasar el cobro de la pensión, un alivio para las cuentas públicas. Es decir, si un trabajador sigue activo hasta los 67 años, son dos años más que sigue aportando, pero no consumiendo pensiones. Lo que evidentemente va a crear un para por “abajo” que nunca compensará el ahorro y el daño emergente. Pero el PP tiene como objetivo no acertar en ninguna de sus reformas y esta, no iba a ser menos.

Pero este retraso en el acceso a la jubilación tiene excepciones. Quienes ya acumulan una larga vida laboral podrán seguir retirándose con su pensión íntegra a los 65 años siempre y cuando tengan cotizados 35 años y nueve meses. Por cada ejercicio se aumenta ese periodo en tres meses hasta llegar a 2027, cuando quien desee retirarse a los 65 deberá contar con una cotización de, al menos, 38 años y seis meses. La generación que se está jubilando ahora comenzó a trabajar muy joven y, por tanto, acumula muchos años de aportaciones al sistema. Más problemas para saltar este listón tendrán los jóvenes actuales, que han empezado más tarde a cotizar, y las mujeres con lagunas en su cotización.
Con el nuevo año también cambiarán los años que se tienen en cuenta para calcular la pensión, que en 2015 quedará fijado en 18 años. Desde el 1 de enero de 2013 se ha abierto un periodo transitorio hasta el 1 de enero de 2022 en el que la cotización exigida para calcular la pensión pasará de forma progresiva desde los 15 años que había antes de entrar en vigor la reforma a 25 años. A cada ejercicio, que comenzó a contar desde el 1 de enero de 2013, se le irá sumando un año hasta completar los citados 25 años en 2022.

Los requisitos para acceder a la jubilación anticipada voluntaria también tendrán modificaciones en 2015. La norma retrasa hasta los 63 años y tres meses la edad para acceder a este retiro, que paralelamente a la edad legal de jubilación podrá realizarse dos años antes también hasta 2027, cuando quedará establecida en el mínimo de 65 años.

Además, para acceder a esta modalidad son necesarios al menos 35 años de cotización, y por cada trimestre de adelanto respecto a la edad oficial de jubilación la pensión sufrirá una penalización progresiva que irá desde el 2% de la base reguladora, si se han cotizado menos de 38,5 años, hasta el 1,625% si se superan los 44,5 años cotizados.
En el caso de jubilación forzosa, podrá realizarse hasta cuatro años antes de la edad legal de retiro -en 2015, a los 61 años y tres meses- y son necesarios 33 años de cotización como mínimo, y la penalización irá desde el 1,875% por trimestre adelantado para menos de 38,5 años cotizados hasta el 1,5% para más de 44,5 años cotizados.

Ya se está aplicando el nuevo Índice de Revalorización que incluye la reforma, aunque ya este año, por decisión del Gobierno, las pensiones dejaron de actualizarse con el IPC, tal como ocurría desde comienzos de los años noventa, y subieron 0,25%. En años anteriores la inflación interanual registrada en noviembre servía para ajustar el alza aplicada en enero con el fin de que los pensionistas no perdieran poder adquisitivo. Desterrada definitivamente la referencia de la inflación para subir las pensiones, desde enero próximo se aplicará el citado Índice de Revalorización de las pensiones, un complejo indicador que tiene en cuenta factores como la cuantía de la pensión media por el efecto sustitución (la diferencia entre las pensiones que causan baja y las nuevas que entran en el sistema), el número de pensiones, los ingresos contributivos y el gasto en pensiones.


El objetivo es que la revalorización sea compatible con el equilibrio presupuestario a lo largo del ciclo. Es decir, que periodos de crisis se compensarían con periodos de expansión de la actividad económica. Esta fórmula tiene dos límites: esa revalorización mínima garantizada del 0,25% anual para evitar que en las malas épocas, como la actual, las pensiones bajen y una subida máxima del IPC más el 0,5% que se aplicará en épocas de bonanza económica.

Los Ayuntamientos necesitan una revolución copernicana; comunidades y Gobierno, también.

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En las ya prontas elecciones municipales, se va a dirimir si los anteriores equipos de Gobierno, servían al pueblo o se servían del pueblo. Aquello del voto útil es una cantinela que todos hemos escuchado por activa y por pasiva sin poder comprobar la realidad ya que, de entrada, cualquier candidatura de partido pacta hasta con el diablo sin tener en cuenta, el partido utilizado, que la oposición es más constructiva que el adueñado de la poltrona. Hay más de 500 pactos PP/PSOE con sueldos inmerecidos para ambos, ya que en todos los casos la gobernabilidad, estos cuatro últimos años, ha sido un desastre lo mires desde el punto de vista que lo mires.
En caso de seguir votando como hasta la fecha, en lugar de votar autoridades democráticas estamos votando “bultos” por la mamandurria y lo que sucederá es que los "servidores públicos" se servirán cada vez más del propio pueblo, además, con arrogancia  y descaro.

Hoy por hoy, España necesita lo que Inmanuel Kant denominó "revolución copernicana”. En cierto modo y aunque para otros avatares, el astrónomo polaco Copérnico cambió la concepción del universo, al pasar de considerarse que la Tierra era el centro y el Sol giraba a su alrededor a poner el Sol en el centro y los planetas girando en torno a él, hoy necesitamos en España una revolución copernicana, para que en lugar de estar  centrado el poder y girar en torno suyo el pueblo, poner al pueblo soberano en el centro del sistema político y hacer girar a su alrededor a los poderes públicos que de él dependen, tarea poco fácil, pero de nosotros depende.
La democracia avanzada a la que se refiere el preámbulo constitucional, consistente en llevar al centro del sistema las grandes demandas políticas del movimiento ciudadano, del sindicalismo más avanzado, de los deseos de modernización de nuestros mejores empresarios, de las aspiraciones de elevación del nivel educativo y del progreso cultural y científico. Por ninguna de estas demandas están los políticos municipales, entre otras cosas por su carencia de nivel académico y su equivocada interpretación del sistema democrático.

Como que estamos ante una encrucijada electoral deberíamos ir dejando atrás las apetencias del poder de unas democracias delegadas y teledirigidas para escoger la senda copernicana de la democracia avanzada. Tu, nuestro voto es válido, pero si no lo tienes claro, ¡PASA¡ y deja que sean las asociaciones civiles y las agrupaciones municipales quienes fiscalicen los artilugios contables de los ayuntamientos.

Si votas a un equipo de Gobierno que se presenta a la reelección sin haber aprobado los presupuestos municipales/2015, además, de ocultar –o ligar números de cuadre- datos contables de los pasados ejercicios; no solo te estás “jodiendo tu mismo” también lo estás haciendo con tus hijos y hasta con el prójimo más próximo y más lejano.  Vota a quien te de la gana, pero ten en cuenta que los alcaldes hacen “las obras” con tu dinero. Cuanto más promesas electorales haya más chasco te vas a llevar.

Para terminar, como cada cuatro años, deberíamos preguntar ¿Con quién vas a pactar en caso de no obtener mayoría? Sin más contestará el candidato…. Es que vamos a ganar. ¿Y si no ganas? Con reiteración contestará, es que vamos a ganar.  De entrada, elimina esa candidatura por bultos sospechosos con necesidad de dinero. Alguien tiene que hacer de oposición dura y limpia. 

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