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El amanecer menos cuarto de la III guerra mundial



 ¡Bebe, Ángela, bebe¡ ya lo mearás.
El Gobierno de Ucrania rechazó, el pasado 21 de Noviembre, la firma de un acuerdo de asociación con la UE y anunció que reforzaría sus relaciones con Rusia. La oposición convocó manifestaciones de protesta. En los siguientes días, una multitud tomó la plaza de la Independencia de Kiev proclamando consignas proeuropeas y en contra del Gobierno. Yanukóvich ignoró las exigencias de los manifestantes y firmó con el presidente ruso, Vladímir Putin, un acuerdo que incluía la concesión de ayuda económica y una rebaja en el precio del gas ruso. Los opositores se instalaron en el llamado Euromaidán (euro, por la UE, y maidán, que significa plaza) y exigieron desde las barricadas elecciones anticipadas y una reforma constitucional

Vladimir Putin tiene su razón cuando dice que, después de lograrse un acuerdo en Ucrania el 21 de febrero entre el presidente Víktor Yanukóvich y las fuerzas opositoras, glorificado por las superpotencias, se produjo un «asalto armado al poder» alentado por Occidente, que derrocó por métodos inconstitucionales al presidente democráticamente elegido. No es un jeroglífico, es su argumento interesado y, como dijo enigmáticamente el ministro ruso de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, «los malos ejemplos son muy contagiosos y hay que ser consecuentes con todas las acciones». Véase lo que está ocurriendo en Crimea y se entenderá la advertencia.

Cierto, ahora es muy difícil  lograr que las agujas del reloj se muevan hacia atrás y nos sitúen de nuevo en el momento en que Yanukóvich y sus opositores alcanzaron un acuerdo tutelado por las grandes potencias. Cuando la historia se hace a empellones y golpes, estos regresos son casi imposibles. Por eso la situación es la que es y cabe temer que empeore, incluso con la partición de Ucrania. Excluir esto sería no recordar a Putin en sus comportamientos pasados, por ejemplo en la guerra con Georgia (2008), que significó la expropiación de Osetia del Sur y Abjasia.
No basta con decir que Putin es un ogro. Porque Putin es ahora el ogro, pero los que tomaron el poder por las armas en Kiev le llenaron el depósito de munición argumental. ¿Qué puede ocurrir ahora? Todo. ¿Qué debe ocurrir? Que un gran acuerdo internacional aleje los males que se ciernen sobre este país. ¿Y esto posible? Solo si se dan dos condiciones: 1) que EE.?UU. y la UE acepten que el resultado no sea una victoria sobre Rusia, y 2) que Rusia no se sienta atacada, ni derrotada, ni desplazada, ni disminuida?


El optimismo aun existe, pero cotiza muy a la baja. Los intereses contrapuestos de las grandes potencias no son fáciles de armonizar, sobre todo cuando no apuestan por el entendimiento, sino por los viejos equilibrios.