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A Pedro Sánchez no le interesa descubrir la verdad sobre Zapatero, sino proclamar la suya

👥 El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, no descarta volver a reunirse  este verano con el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, un encuentro  que desde Moncloa enmarcan, en caso de producirse, dentro 

 Juan Pardo Navarro

Sorprende a propios y extraños que los padres de la patria «progresista» estén implicados en casos de corrupción contrarios a sus prédicas. Por ejemplo, aquella de Zapatero en la que afirmaba que los socialistas «nos conformamos con poco, pero damos mucho». En realidad, yo creo que se equivocó y lo dijo al revés: «Los socialistas tenemos mucho (oculto) y damos poco». En fin, un galimatías digno de un filósofo cínico y tan mentiroso como su hijo putativo, Sánchez. Es ya un género cinematográfico y literario, desde la antigüedad, la historia de un político ejemplar, que es sorprendido practicando algunas de las inmoralidades por él denunciadas y perseguidas.

El progresismo de izquierdas, especialmente el que tiene su origen más contemporáneo en el viejo Marx, da numerosas pruebas de ello. Él fue un maestro de atrocidades y aberraciones en su propia vida. Un ejemplo a no seguir. Para quienes no la conocen, o se han olvidado, conviene recordar sucintamente algunos pasajes de la biografía del que aún hoy en día es el profeta del «progresismo woke». Y, por cierto, uno de los autores que sigue siendo aún de entre los más leídos en el mundo.

Para comenzar, Marx no solía bañarse. Por lo general, nuestros políticos actuales se duchan. Y los independentistas más aún, cuando están en los grandes hoteles madrileños que pagamos todos los españoles. El filósofo alemán era abusivo, lo fue con su madre, intolerante, manipulador, borracho, especulador en bolsa (¡abajo el capitalismo!), pero sobre todo era un traidor. Algo así como los arrepentidos de hoy. Denunciaba a sus colegas socialistas para cobrar por sus delaciones. Incluso llegó a entregar los documentos de la Internacional al ministro del Interior británico.

Marx, el gran inspirador del progresismo, fue violador de sirvientas (¡viva el feminismo!, «¡soy feminista porque soy socialista!»), padre de hijos ilegítimos, admirador de jóvenes aristócratas en costosísimos balnearios, explotador de su esposa e hijos, e igualmente de su amante y amigos. A su familia la abandonó. Era un aristócrata feudal, depresivo, cuya mayor fantasía era convertirse en un dictador revolucionario. Y, volviendo al feminismo marxista, prohibió a sus hijas estudiar una carrera. Eleanor se suicidó. También su otra hija Laura y su marido Paul Lafargue, de origen cubano, al que su suegro le llamaba «negrillo» en vez de afroamericano, lo hicieron. Despilfarrador, Marx empeñó todas sus posesiones. No fue al entierro de su padre, pero litigó por su herencia. Y a Engels le hizo pasar por padre de un hijo ilegítimo suyo para no cargar con el escándalo. Niño que fue dado en adopción. Otra hija suya murió de bronquitis, y otro de gastroenteritis, ambos sin que su padre hiciera nada por ellos.

Edgar Bauer, hermano de Bruno Bauer, amigo de Marx, en un poema, describe la personalidad del filósofo de esta manera: «Su puño maligno está cerrado, ruge sin fin, / como si diez mil demonios lo tuvieran agarrado por los cabellos». La derecha también tiene sus santos infernales, por supuesto. Pero, a diferencia de la izquierda, nunca ha presumido de progresismo ni de superioridad moral. Por tanto, la izquierda debe cargar con todo este peso de vergüenza cuando se descubre que sus homilías no provienen de seres angelicales, sino de espíritus luciferinos. Sí, también angelicales, pero de los malos, de los rebeldes. 

«Muchos intelectuales han ayudado a lavar los trapos sucios del socialismo más extremo cuyo relativismo es una traición a la razón»

Por eso, a la vista de lo aquí contado, que debería recordarse más a menudo, ¿qué nos puede importar a los españoles que Sánchez haya salido de las saunas y los prostíbulos cuando él tanto los ha vilipendiado e incluso promovió una ley contra la prostitución? ¿Qué nos importa a los españoles que Zapatero, un alma en pena, reciba de la Santa Compaña un regalo de más de un millón de euros, así como que tenga otros cuantos millones de euros desparramados por medio mundo? Zapatero que, como Marx, se ha aprovechado de su mujer e hijas. Marx, para muchos de sus contemporáneos, era un ser despreciable y fáustico. Aunque, la impericia de ZP y Sánchez ha impedido que lo sean a su mismo nivel. Marx tuvo fieles seguidores como Stalin. Y, por supuesto, la derecha no le fue a la zaga. Pero, al menos, no se vanagloriaron de hacerlo todo por el progreso común. 

Muchos intelectuales, y lo estamos viendo en los últimos años en nuestro país, han ayudado a lavar los trapos sucios del comunismo o el socialismo más extremo, cuyo relativismo es una traición a la razón y a la humanidad. Estos intelectuales, por generalizar, han instalado y remachado los tópicos de que el socialismo neomarxista en el que estamos instalados por nuestro gran líder Pedro Sánchez es la única ideología igualitaria posible; que este régimen autocrático es bueno y noble porque busca y defiende esa igualdad, que la derecha no solo no creó, sino que combate. Que ama al prójimo y que la derecha, a través del capitalismo, convierte a ese prójimo en un cuasi esclavo. Si la derecha española, el centroderecha o incluso la socialdemocracia no atajan estas mentiras ya muy profundamente arraigadas en la sociedad española, no saldrán adelante en las próximas elecciones con una mayoría suficiente para poner orden en tantos desmanes.

El lema de «nosotros somos vosotros y ellos son quienes os explotan» está muy presente. También hay que explicar que la clase media española es la que más ha sufrido la presión económica de estos corruptos. El centro derecha tiene la obligación de explicar claramente que todo lo público no va a desaparecer de la mañana a la noche, porque vaya a ser saneado y mejor gestionado por estos infames. Además, para tranquilidad de los ciudadanos, tiene que insistir en que la corrupción va a ser perseguida más duramente cuando ellos gobiernen. Y que el Estado, en vez de repartir limosnas, creará más puestos de trabajo y más empleos cualificados.

Si los genocidios de las extremas derechas nunca se han tapado, no ha sucedido lo mismo con los de la izquierda. Los gulags y el resto de torturas más o menos sofisticadas soviéticas tardaron décadas en ser difundidas y reconocidas por los intelectuales europeos. Según ha proclamado el mismo Sánchez, tan solo el izquierdismo es el que siempre está del lado correcto de la historia, cargue con los millones de muertos que sean.

«A Sánchez no le interesa descubrir la verdad sino proclamar la suya, a través de tropelías legislativas y pactos con golpistas y asesinos»

Nuestro Conducator sigue machacando con esta monserga una y otra vez. Sánchez, «el gran progresista», como le gustaría ser reconocido, incluso por encima de «gran timonel», rechaza visceralmente la realidad, lo mismo que ahora está haciendo Zapatero. Zapatero y Sánchez son dos fraudes «intelectuales». A un mayor nivel este último. Sánchez es insuperable en todo, un maestro de lo luciferino. Como Bertrand Russell decía de Marx, «no le importaba la verdad, sino azuzar a las masas para generar destrucción». Sánchez, a su propio nivel y manera, ha azuzado la destrucción de nuestra democracia.

A Sánchez, como a Marx, no le interesa descubrir la verdad, sino proclamar la suya. La suya, a través de tropelías legislativas y pactos con golpistas y asesinos. Un gran ejemplo para la juventud española. Pero, claro, las hijas de Sánchez o las de Zapatero no estudian en los depauperados institutos públicos españoles, sino en los carísimos privados extranjeros. Tanto es así que la insigne «catedrática» Begoña nos ha descubierto, al pedir la devolución de su pasaporte, donde se ha graduado su hija en el Reino Unido.

Como escribe el filósofo alemán Eric Voegelin, Marx ensalzaba la prohibición de preguntar, es decir, de pensar. ¿Acaso alguna de las portavoces del Gobierno ha dicho algo racional en sus intervenciones públicas? Sánchez, como Marx, habla proféticamente. Solo lo superaba el papa Francisco II (Zapatero). Su mayor profecía es que lo necesitamos en Moncloa, de aquí a la eternidad. Ambos hablan como dando voz a una verdad revelada, una verdad indiscutible. Uno lo hará pronto desde la cárcel y el otro ya debería estar preparando su defensa.

Robert Payne, en su biografía dedicada a Marx, al referirse a este, dice que tenía una visión diabólica y encarnaba la propia malignidad del diablo. Zapatero y Sánchez no llegan a tanto. No porque no quieran, sino porque son incapaces, incluso como dúo, de tener esa sabiduría de su antepasado. ¿Son ambos conscientes del mal que le han estado haciendo a los españoles, al Partido Socialista y a toda la clase media que levantó durante décadas este país? Dudo ya no solo de la moralidad, sino de la cordura de los dos.

«El marxismo que, realmente, nunca acabó de extirparse del PSOE, hoy florece como populismo autocrático y analfabeto»

Descartes, Condorcet, Rousseau (menuda vida ejemplar y progresista la suya también) o Robespierre son algunos de los orígenes del marxismo que, realmente, nunca acabó de extirparse del PSOE y hoy florece como populismo autocrático y analfabeto. Según ellos, no existe ningún límite en la razón humana para diseñar el orden social, lo cual conduce, y condujo, a la planificación central y al totalitarismo. El resultado de todo es que el individuo está en peligro, así como la verdad, la libertad, la democracia, la Constitución, la monarquía parlamentaria, el país mismo.

Sánchez tiene como ejemplo a Lysenko (del cual no sabe ni quién es). En el año 1948, Stalin lo nombró director de la Academia de Ciencias Soviéticas. El motivo era implantar el marxismo en todas las actividades, también en la agricultura. De resultas de esta gran estrategia murieron de hambre millones de rusos. Sánchez nos quiere aplicar su sanchismo-amiguismo a todos nosotros y así depauperarnos en masa. Afortunadamente, no le está saliendo bien del todo porque nuestra sociedad sigue estando mejor preparada que él.

Por Juan Pardo Navarro

Pedro Sánchez y su banda están usando “INGENIERÍA ELECTORAL” para “fabricar” más de dos millones de votantes, ¿LO CONSEGUIRÁ?

 🇪🇸‼️| La ingeniería electoral de la izquierda española queda al  descubierto. A través de la polémica "Ley de Nietos", el PSOE se prepara  para recibir un "regalo" de hasta 2 millones de

El dirigente popular termina por persuadirse de la importancia de la alteración del censo, en una operación que dejará a Buenos Aires como la tercera ciudad con mayor número de votantes en España.

El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, se ha pronunciado en público sobre las operaciones de alteración del censo electoral a través de la llamada 'ley de nietos', una maniobra que provoca inquietud en destacados sectores de la prensa y la opinión pública.

En opinión del líder de la oposición, el Gobierno de Pedro Sánchez está usando “ingeniería electoral” para “fabricar votantes” y le salgan las cuentas de cara a unos comicios que en este momento encara con todas las encuestas serias en contra.

Feijóo ha considerado que “el PSOE está muerto y está muerto de miedo, las dos cosas”, tras el desastroso ciclo sanchista, de modo que la esperanza está puesta en una alteración del censo electoral que llevaría a dos millones y medio de personas a conseguir, a través de la “ley de nietos”, el pasaporte y la nacionalidad que les daría derecho a voto.

Así lo ha valorado en una entrevista para esRadio, donde se ha referido a la magnitud de esta maniobra con un ejemplo: la ciudad de Buenos Aires, ha dicho, se convertiría en la tercera ciudad española por número de votantes, 640.000, sólo por detrás de Madrid o Barcelona.

“No se trata de hablar mucho, sino de trabajar mucho”, para tratar de frenar la jugada del Gobierno, que tiene la vista puesta en las elecciones de 2027, alargando una legislatura que ya todos dan por agotada.

Feijóo ha recordado que tanto la Comunidad Valenciana como Aragón presentaron sendos recursos contra la llamada 'ley de nietos' ante el Tribunal Supremo y se ha mostrado abierto a explorar la vía legal para detener la operación. "Estamos trabajando en ello", ha manifestado. Se trata de ver hasta qué punto la norma choca contra la normativa europea.

También ha relatado que en su encuentro con el Partido Popular europeo, concienció a los líderes de centro derecha de la trascendencia de las operaciones sanchistas para la Unión Europea, que en estos momentos legisla en sentido contrario, con la ley de repatriación de inmigrantes.

El líder del PP ha dicho que es necesario hacer una reforma de la ley de nacionalidad para pedir una serie de requisitos adicionales para dar un pasaporte a una persona que nunca ha venido a España.

"Nos parece que la nacionalidad es la mayor expresión de un vínculo de una persona con una nación", ha dicho.

Un plus de diputados para el partido más votado

El líder del PP ha planteado además la necesidad de que se haga una reforma de la ley electoral "para facilitar la estabilidad" y que un partido que gane las elecciones tenga "un plus de diputados", algo similar al "modelo italiano" o al "modelo griego".

"Con este partido sanchista es imposible y se necesita un coro muy potente para reformar la ley electoral", ha dicho el líder popular sobre esta hipotética reforma, que requeriría un cambio en la Constitución.

También es necesario que se hagan cambios a nivel municipal para que "el alcalde sea la lista más votada", ha dicho, y para esto "no es necesario tocar la Constitución".

Esos cambios automáticamente producen "un efecto en todos los partidos minoritarios muy importante" y el alcalde "se siente libre" para aprobar planes generales de ordenación urbana, sin tener que buscar siempre la mayoría absoluta para poder gobernar.

Esto, ha añadido, tendría repercusión en las comunidades autónomas y en el Gobierno central.

Sánchez opta por morir matando.


No existe ninguna democracia occidental que haya soportado una situación jurídica y política tan grave como la que sufre esta España estancada desde hace años en una red de corrupción sistemática. Estancada por la decisión, dejación o inacción única, personal e intransferible del presidente Pedro Sánchez.

Habría que buscar en perfiles muy distintos al de un gobernante democrático para encontrar a alguno dispuesto a resistir hasta más allá de la razón y de la ética, aunque implicara un mal mayor para el futuro de los suyos. Esa resistencia, que ha tenido ya un coste político enorme para muchos de los suyos, va a seguir provocando un deterioro al Partido Socialista del que tardará años en recuperarse. Si es que no desaparece como ocurrió en Italia o Francia.

Pareciera que ese afán de Sánchez de intentar terminar la legislatura como sea se basara en su necesidad de poder dirigir hasta el final toda la maquinaria del Estado, aunque sea corrompiéndola también. Muy tocadas están ya instituciones como la Fiscalía General del Estado o la Dirección General de la Guardia Civil. Anticorrupción pidiendo que se investigue y averigüe quién dio vía libre a Leire para reunirse en la propia sede, con la siempre inquietante actividad del ex fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz.

O esa UCO que apunta directamente a su propia directora general, Mercedes González, como colaboradora de la trama de las cloacas de Leire, ordenando abrir investigaciones contra la propia UCO. Mercedes González compite ya con Luis Roldán por el puesto de peor director general de la historia de la Guardia Civil. Pese a todo, ella no dimite. Y Grande-Marlaska no la cesa. Estilo Sánchez.

A Sánchez le da igual ya todo. Va a morir matando. Sabe que muchas de las tramas avanzan sobre él. Cada nuevo informe de la UCO es más demoledor por lo que supone de cercanía a Sánchez. El PSOE pagó a la trama corrupta de Leire con fondos no registrados en su contabilidad oficial. Ahora, y de nuevo gracias a esa UCO independiente y rigurosa, hay ya evidencias de la existencia de correos de Santos Cerdán, del número tres del PSOE, dando instrucciones para cubrir los gastos de los viajes de Leire Díez. Ferraz no solo sabía la trama para entorpecer las acciones judiciales y policiales, sino que la dirigía y la pagaba. Moncloa también la sabía. Todos lo sabían. Hasta P. S.

Es todo tan evidente que ya no manifiestan la inocencia de los imputados. Han cambiado. Ahora sus manifestaciones buscan grietas técnicas que puedan invalidar pruebas, evidencias o testimonios. Ya no se manifiestan inocentes; ahora buscan que no se demuestre su culpabilidad. Olvidaron la ética, olvidaron la responsabilidad política y ahora buscan ya la salvación penal.

En este contexto de podredumbre, Sánchez se ata a su sillón en la Moncloa. Aforado y protegido por esa estructura del Estado conquistada para el sanchismo, intenta resistir en su búnker esperando un milagro que haga olvidar al electorado de izquierdas esos quince casos abiertos de corrupción y a esas decenas de cargos socialistas ya imputados. Vox parece que ya no funciona. Trump, tampoco.

Uno solo de los quince escándalos de corrupción que apuntan al Gobierno, al partido y al entorno familiar de Sánchez habría provocado la dimisión inmediata de sus responsables políticos. Es la práctica habitual democrática en otras naciones y lo era antes también en España. Había un sentido de la vergüenza política y moral. Y había un complejo de culpabilidad frente a la sociedad civil. No hace falta retroceder mucho en el tiempo. El Gobierno de Mariano Rajoy cayó por la corrupción y así fue entendido incluso por su propio electorado.

Todo cambió con Sánchez. Un político capaz de intentar un pucherazo con una urna escondida a sus propios compañeros y en la misma sede de Ferraz dejaba ya ver a un político capaz de todo. Sin límites éticos ni morales que pudieran limitar su adicción al poder. En torno a él creció la mayor red de corrupción vista en democracia en nuestro país.

Una red, esa es la cuestión clave. No son casos aislados de políticos que se quieren forrar con mordidas en mascarillas o en obras públicas. Es peor. Es una red cancerígena que se ha extendido por todas las administraciones y que afecta también al propio PSOE. Todas las tramas, como estamos viendo, están conectadas entre sí. Una SEPI cancerígena. Y eso es lo que sabemos de momento. Miles de millones de euros procedentes de fondos europeos nunca han sido controlados ni auditados. Tres años sin Presupuestos Generales han fulminado cualquier atisbo de transparencia y rigor.

Los escándalos se han sucedido a un ritmo imposible de aguantar para cualquier otro político o partido. Cada nuevo escándalo tapaba al anterior. Y pese a todo, nunca le ha importado a Sánchez el deterioro de la confianza de la ciudadanía en la clase política o el deterioro de las instituciones. La verdad es que nunca le ha importado nada a Pedro Sánchez más allá del poder de Pedro Sánchez.

Cualquier día de esta semana judicial sería letal para cualquier dirigente europeo con un mínimo de ética y vergüenza política. No es el caso. Sánchez está dispuesto a alargar la agonía de este Gobierno, que no gobierna, hasta 2027. Le da igual esconderse tras la sotana del papa, aunque lleve años alardeando de no pisar una iglesia, ni siquiera en los funerales de Estado. Será cuestión de días que intente vendernos que los esperados triunfos de nuestra selección en el Mundial de Fútbol son también obra suya.

Ha sacrificado a su propio partido en las últimas cuatro elecciones autonómicas con cuatro batacazos seguidos y hundimientos del voto socialista. Sánchez gobierna sin haber ganado las elecciones. Sus acuerdos y pagos a los socios independentistas ya le costaron al PSOE un gran número de gobiernos autonómicos y ayuntamientos en mayo del 23. Ahora, quince escándalos de corrupción socialista después, se dispone a repetir la jugada. Retrasar las generales hasta finalizar el mandato de cuatro años y dejar solos ante el paredón del voto ciudadano a los candidatos socialistas en las próximas autonómicas y municipales. Quiere que ellos se lleven el castigo destinado a él. Incluso los hay dentro del PSOE que aseguran que Sánchez no sufriría mucho si ese castigo supusiera la pérdida de la mayoría absoluta en Castilla-La Mancha de Emiliano García-Page, el único cargo socialista que de verdad se atreve a mostrar en público sus diferencias con Sánchez.

Los escándalos cada vez se acercan más al propio Sánchez. La posibilidad de nuevas revelaciones que pudieran suponer una imputación ya no parece tan descartable. La imputación de Zapatero con sus comisiones es gravísima. El descubrimiento de las joyas escondidas en una caja fuerte y sin declarar a Hacienda es letal de necesidad. Zapatero está muerto políticamente. Su declaración ante el juez esta semana parece tan compleja para su situación que hasta el juez le ha concedido dos días para que se explique. Pide más días, pero no tiene explicación fácil. Hasta su portavoz oficial, Luis Arroyo, ha tenido que recoger cable y hacerse el desaparecido.

Más letal todavía para Sánchez es la trama de las cloacas. Esas agendas de Leire son ya la Piedra Rosetta de la corrupción socialista. En ellas está la traducción de esa trama de corrupción generalizada, extensa y chusca. Son la visión corrompida del poder y de la política. Son las agendas de las cloacas.

El viaje del Papa, León XIV, salva a P.S. del desastre que le espera.

 Sánchez está exprimiendo al papa

Juan Pardo Navarro

    Las iniciales P.S. sonaban a crismón de Sánchez cuando vino León XIV a imponer el suyo, a colgar el suyo en los balcones de Madrid, a lucir el suyo en esas eucaristías al sol o del mismo sol, que yo diría que había como brochetas de ángeles asándose en el cielo. Sánchez ya necesita todo el cielo para taparse y toda la teología para escaparse, y le han caído encima justo a tiempo las legiones del papa, la colada del papa, los misterios del papa que mezclan lo divino y lo terrenal, lo político y lo literario, casi tan bien como los misterios de Sánchez. Sánchez ya se tapaba con lo internacional pero ahora se tapa con lo ultraterreno, ha sabido estar junto al papa para salir como en el fotomatón de Dios y luego ha sabido escaparse, cogiendo transbordos de aviones, helicópteros y arcángeles para llegar al Primavera Sound o a la simple incomparecencia política y moral. Sánchez ha dejado que el cielo llenara el cielo, natural e hidráulicamente, y que el latín o la pereza llenaran las iniciales P.S., para que se queden en post scriptum o en PlayStation, y que Leire Díez vaya pareciendo una pecadora, una perdida, que entre tanta santidad no parece corrupción sino caridad o expiación. Ahora, el papa volverá a Canarias, más enguatado de Dios y de ministros de Sánchez que nunca, con lo que nuestro presidente volverá al abrigo o al servicio del papa, como un santo auxiliar con palma o códice.

Sánchez se arrima al papa cuando puede prestarle algo de santidad, que esas cosas se pegan como el olor, el olor a santidad que se dice precisamente, y que debe de ser como el olor al suavizante de Dios o al menos el que usen las monjitas de la Caridad en el Palacio Apostólico o en Castel Gandolfo. Sánchez no sólo le quiere robar al papa el plano, a ver si lo aceptan en el palio o incluso en la mismísima Trinidad como a Begoña en alguna cátedra o fundación, sino que quiere robarle al papa la caridad cristiana y al mismo Jesús la barca de pescador o el cayuco de almas. En la misa de Madrid, bajo un sol pagano que parecía el escudo de una diosa o el espejo de Arquímedes, sólo estuvo Milagros Tolón, ministra de Educación, una de las ministras invisibles u olvidables o intercambiables, que pueden hacer de representación o de ficus sin manchar demasiado la imagen de Sánchez. Pero es que Madrid, ya saben, es algo así como la Atenas facha, la Sodoma cervecera, la isla de Eea de la Circe que es Ayuso, con tentador broche en la clavícula. En Canarias, sin embargo, donde van a hacer como un templo egipcio o volcánico a la humanidad laica o quizá ecuménica de Sánchez, Sánchez va a llevar hasta a monaguillos.

En Canarias parece que van a estar Margarita Robles, que es como nuestra monja sargento, Ángel Víctor Torres, como un pescador del lugar (es como el Pancho de Verano azul del Gobierno, pero con oscuridades sospechosas), Elma Saiz, el ángel heraldo con zurrón y trompetilla, y el mismo Félix Bolaños, el camarlengo de Sánchez, que seguro que se intercambiará miradas, respetos, envidias y comparaciones con los ayudantes del papa o con los ayudantes de Dios, que alguno habrá descolgándose por los celajes. Yo creo que en Canarias vamos a ver una ceremonia como de canonización de Sánchez, o al menos me parece que así lo ha pensado él, para quedar como una virgen marinera ante sus hijos arrojados a las aguas, y yo no descarto que descubran un mural de él con rayos en las manos y en la frente, amparando un cayuco amarejado. A Sánchez, como sabemos, no le importa ni la inmigración, ni los cuerpos ni las almas de los migrantes, ni los cuerpos ni las almas de nadie en realidad, salvo los suyos (bueno, el alma no, porque podrá salvar el pellejo pero el alma está perdida hace mucho). Pero estar entre los dioses, como un Caligulilla, eso sí que le importa, eso sí que lo mueve para salir de los festivales y hasta del búnker.

Cuando se vaya el papa se va a quedar Sánchez sin doble y sin tapadera, y se va a quedar la izquierda sin héroe

Sánchez está explotando al papa, está exprimiendo al papa, lo ha usado para tapar su ausencia con calvarios en las rotondas, bandadas de estorninos celestes, escolares marianos y monjas con sombrillita; lo ha usado para darle calorcillo de mesa camilla (el papa parece que va como con braserito debajo) o calorcillo de infancia cuando se le acerca en tacataca, como esos niños que se acercan a los políticos; lo ha usado para traducir al latín o al arameo las consignas eternas de sus intereses fugaces, y lo ha usado para meter como en un convento a Leire Díez, que no es Mata Hari sino algo así como una hija ilegítima, que es peor. El papa estaba todo el día en la calle, como para que callaran los taxistas de la Cope, y estaba todo el día en la tele, para que descansaran los tertulianos de leer sumarios tochos y diarios de animadora. Ha sido como una Semana Santa de papa, como un Mundial de papa al que sustituirá, justo a tiempo, el Mundial de verdad.

Cuando se vaya el papa se va a quedar Sánchez sin doble y sin tapadera, y se va a quedar la izquierda sin héroe, que la verdad es que tendrían que sentirse un poco inútiles o derrotados si un papa hablando a los catequistas y a los gorriones puede conseguir más que los políticos guerrilleros con su pueblo, su clase obrera, sus superioridad moral, sus mayorías sociales y su Gobierno de progreso. Canarias dejará a Sánchez como perdonado, bautizado, ordenado o incluso canonizado. Podrá repetir, pidiéndole prestadas si acaso a Yolanda Díaz sus mangas de ángel, las consignas humanistas, pescadoras, salmantinas, jacobeas, católicas, salvíficas y algodonosas del papa. Sánchez nos dirá que el papa piensa como él, que hasta Dios está con él, y lo mismo se declara papa o mejor ayatolá. Pero pronto pasará la moda del papa, que en realidad ha pasado apenas como una paloma mensajera. Ya los dioses futboleros sustituyen a los dioses con cayado, los viejos con transistor sustituyen a las señoras con rosario, y hasta los propios curas y tertulianos con sermón serán pronto curas y tertulianos con balón y religión maradoniana. Y P.S. será ya, seguramente, sólo Peter Schmeichel, preparado en la Fox para comentar nuestro fracaso en cuartos o por ahí. Seguro que, como lo de Zapatero, también eso lo ha preparado Trump.

Zapatero, un trabajador de Maduro, en la misa funeral del ssnchismo.

 La lección de Zapatero o cómo no negociar con Maduro - The New York Times

Atónita se ha quedado media España y, sobre todo, buena parte del socialismo/sanchista al conocer la imputación de José Luis Rodríguez Zapatero. El alma y esencia del PSOE, que supuestamente encarnaba todos los ideales nobles de la izquierda solidaria, feminista, sostenible y hasta renovable del partido; el hombre que inspiraba la Alianza de Civilizaciones y la conservación del planeta Tierra; el que presuntamente levantó el ánimo de los socialistas en las últimas elecciones generales del 23, ese hombre ha sido imputado por presuntos delitos de tráfico de influencias y blanqueo de capitales por el caso Plus Ultra.

Otra cosa no, pero Zapatero lleva años ejerciendo y demostrando que es un gran blanqueador. La justicia determinará si es culpable o no de los delitos de los que se le acusa. Son graves. Muy graves. Un expresidente al que se acusa de ser líder de una red de tráfico de influencias que presuntamente cobró cerca de dos millones de euros en comisiones ilegales. Tendrá que determinar la justicia cuánto hay de cierto en esas acusaciones de organización criminal que, entre otras cosas, también se dedicaba al blanqueo de capitales.

 Hasta que llegue ese momento, lo que nadie podrá negar es que Zapatero, al menos desde que dejó de ser presidente, se ha dedicado a blanquear cuestiones más inmorales que las meramente monetarias. Años lleva el imputado Zapatero blanqueando con absoluta indecencia su compleja e inquietante amistad con la dictadura de Maduro. Siempre vendió que sus numerosos viajes a Caracas, donde era recibido con los máximos honores por los dictadores, eran para mediar en las negociaciones con la oposición democrática. Cuando quedó claro que más que mediador era el ariete de Maduro que destrozaba cualquier atisbo de acuerdo y avance democrático, Zapatero decidió blanquearse a sí mismo con supuestos fines humanitarios que en realidad ocultaban otros más egoístas.

De mediador, ZP pasó a autocalificarse liberador. Sus viajes, charlas y risas con Maduro, Delcy y el resto de la banda chavista los enmascaraba diciendo que estaba liberando presos políticos. Más allá de alguna excepción, Zapatero nunca liberó a nadie por sí solo. Se apuntaba las medallas de liberaciones conseguidas por la presión de otros países u organizaciones humanitarias, como si fueran obra suya. El que alardeaba de liberar presos políticos negaba luego que en el chavismo existieran presos políticos. Solo hace falta hablar con los familiares de los presos para entender el odio que le tienen muchos a ZP.

Zapatero, el imputado, ha callado y blanqueado los asesinatos de opositores en las calles venezolanas y ha blanqueado, sin excepción, los pucherazos electorales celebrados en Venezuela. Nunca condenó la existencia de más de 2.000 presos políticos, ni la falta de libertades democráticas o la pobreza del 90% de la población del país más rico del mundo. Nunca. Y cuando la realidad era imposible de disimular, como el arrollador triunfo electoral de María Corina Machado y Edmundo González, calló. Silencio sepulcral. Nunca condenó el golpe. Al contrario, intentó por todos los medios blanquear al régimen de Maduro. Él fue quien convenció al brasileño Lula y al colombiano Petro de que no condenaran el golpe de Maduro.

Cuando Trump decidió atacar Venezuela, ZP intentó salvar sus muebles —pronto sabremos cuáles eran— blanqueando a la vicepresidenta de la dictadura, su amiga Delcy Rodríguez. Ninguno de los dos se cuestiona moralmente nada, ni siquiera el sacrificio de Nicolás Maduro. El objetivo de ZP era blanquear a su amiga Delcy para seguir siendo el gran amigo e interlocutor. No lo hizo para reclamar la vuelta de la democracia o de las libertades. Lo hizo para mantener su chiringuito, del que poco a poco se van conociendo cosas.

Ahora sabemos, gracias a la UDEF y al auto judicial, que más allá de los pagos de Plus Ultra por supuestas consultorías, había otros negocios más importantes. Lo que, de momento, empieza a conocerse —y así lo indica el auto judicial— es que cualquiera que intentara comprar petróleo venezolano, sujeto al bloqueo comercial de Estados Unidos, tenía que hablar y pasar por las manos de ZP.

¿Por qué? ¿A cambio de qué? Son preguntas todavía sin respuesta. Pronto se sabrá más y las noticias seguramente llegarán desde EEUU, país al que ha vuelto a ser deportado Alex Saab, el cerebro de las redes de corrupción y lavado de dinero con el propio Chávez y posteriormente con Maduro. Saab sabe mucho. De todo el chavismo y de los amigos del chavismo. Y en las investigaciones estadounidenses de las tramas financieras ya apareció el nombre de Plus Ultra como una herramienta utilizada para blanquear dinero procedente de las redes más corruptas. Justamente ese fue el motivo inicial de la investigación de la Fiscalía Anticorrupción al responder a la ayuda solicitada por las fiscalías de Francia y Suiza.

Zapatero siempre ha sido hábil blanqueando a determinados personajes y regímenes. Es uno de los grandes amigos del rey Mohamed VI de Marruecos. Muchos interrogantes han despertado en los últimos años los innumerables viajes de ZP al país vecino. Tan cómodo se siente en Marruecos como cuando va a Venezuela o China.

No deja de ser curioso el entusiasmo de Zapatero a la hora de elogiar a Sánchez por el giro de la tradicional política española y su entrega del Sáhara a Mohamed VI a cambio de nada. Fue, junto a Moratinos, el único socialista que aplaudió el regalo. ZP siempre intentó blanquear esta sumisión a Marruecos y venderla como un éxito de Sánchez.

Qué decir del blanqueo de China por parte de Zapatero. Hasta un lobby ha llegado a organizar. Un lobby que ha llevado a Sánchez a viajar hasta cuatro veces en los últimos años al gigante asiático, rompiendo e ignorando la unanimidad de la UE en sus medidas de freno a las empresas tecnológicas chinas. Zapatero ha conseguido que el Gobierno español se salte restricciones europeas y estadounidenses en cuestiones de ciberseguridad y que nuestro país se convierta en el caballo de Troya de Pekín en Europa. Ahora un auto judicial relaciona las compras de petróleo venezolano con China a través de la gestión de Zapatero.

Rodríguez Zapatero ha blanqueado fuera y también dentro de España. Si recordamos la campaña del 23, fue el gran blanqueador de Pedro Sánchez. A cambio, sabemos que consiguió sus frutos con algunas decisiones extrañas del Consejo de Ministros. También intentó, tras el escándalo de Santos Cerdán, el blanqueo de Puigdemont. Suerte que su gestión duró poco. Es conocido el caos que provocó en su día con el Estatuto de Cataluña y todo lo que pasó después.

El 2 de junio, Zapatero declara ante el juez de la Audiencia Nacional. Resulta extraño que, más allá de ese vídeo casero en el jardín de su casa, Zapatero no haya comparecido en rueda de prensa para dar explicaciones sobre los nuevos hechos y acusaciones conocidas. Un auto tan riguroso y detallado que hasta los amigos de ZP ya entienden que solo el propio Zapatero puede explicar y desmentir. No es fácil, pero más allá de los trompeteros entusiastas habituales, solo Zapatero puede ahora blanquear a Zapatero. La justicia dictaminará sobre los delitos de los que se le acusa, pero para muchos demócratas, ZP ya ha quedado como el gran blanqueador de las dictaduras.

Por Juan Pardo Navarro

 

 


Abascal, un chiquilicuatre al servicio del sanchismo.

 CIS: Sánchez, el mejor valorado; y Abascal, el peor

Por Juan Pardo Navarro

Vox tiene, igual que Sánchez, una oleosa fábrica de palabros, de buñuelos literarios, de churros churriguerescos, de morcillas quevedescas, de garbanzadas léxicas o cuchareras como garbanzadas de Fraga. Sánchez ya sabemos que no gobierna, sino que cada día se mira al espejo, dolorosamente, como una momia desvendada, y manda inventarse acertijos, distracciones, escapatorias, embestidas o quejidos para que el personal se olvide y se atice. Vox, que a lo mejor tampoco quiere gobernar, no vaya a ser que nos demos cuenta de que no sabe, parece que también se quiere salvar o escapar con la frase matasuegras o matamoros. “Prioridad nacional” es eso, un eslogan, una frase de gorra o de peto, de azulejo o de botijo. Como eslogan está bien embutido, porque amarra la urgencia o la emergencia con lo “nacional”, que es una palabra que funciona como gatillo ideológico y emocional inmediato. La prioridad nacional, la legumbre nacional, la música nacional y hasta la morena nacional suenan ya nuestros, importantes, orgullosos, irrenunciables y trascendentes frente a lo minúsculo, lo personal, lo pueblerino, lo partidista o lo invasor. Lo que pasa es que, en democracia, es aplicable al grano, a la cerámica o al fútbol, pero aplicarlo al ciudadano ya sería discriminación, aquí y en Europa (en la China de Sánchez seguro que no).

 

Vox está con la manga churrera o de bombero de los palabros gruesos y los conceptos chorreantes porque ahora se encuentra en la delicada situación, quizá existencial, de tener que elegir entre el populismo antisistema y ser un partido de gobierno. Yo creo que, simplemente, ha escogido la opción más cómoda pero más complicada, que es querer ser las dos cosas a la vez, quizá porque aún no sabe qué ser. Por los salones, firma con el PP acuerdos de gobierno, y, por las esquinas, sigue siendo ese populismo de verborrea, desahogo y tentetieso. Lo de la “prioridad nacional” es una frase de toldillo, como de ferretería española, pero choca con la Constitución, con nuestras leyes y con las europeas, porque aunque los extranjeros no tengan todos los derechos que tienen los españoles, sí mantienen un núcleo importante de ellos. Incluso si en los papeles con el PP, que parecen ya papeles papales, de tanto tiempo y tanta teología gastadas en ellos, se exige lo imposible, no podrá llevarse a cabo. Pero, mientras, en la calle y en los medios, los de Vox pueden seguir quedando como españolazos cimarrones, dándole a la demagogia como a la coz.

Vox tiene ahora dos necesidades, cree uno, y va a intentar satisfacerlas desdoblándose o contradiciéndose. La primera necesidad es la económica, que me parece a mí que haber perdido a Orban ha sido mucho más que perder una referencia, ha sido perder el padrino del aguinaldo, del duro de domingo o del caramelo de domingo, sacado de esos monederos de padrino que son como maletines de médico del Oeste. Vox necesita pisar moqueta, necesita medallones y macetones autonómicos, sillas de mesonero en los cabildos, necesita gobernar o al menos estar donde se gobierna, siquiera dándole a un botafumeiro o desembolando toros. La otra necesidad es mantener a su votante entre ilusionado y cabreado, más cabreado que ilusionado si puede ser, porque ya hemos dicho que sus imposibles siguen siendo imposibles. Vox necesita llegar con votos y poderío a las generales, y eso intenta mientras espera que su gobernanza o desgobernanza no decepcione mucho. Casi todo lo que piden es irrealizable o folclórico, o sea que la decepción, esa decepción de todos los populismos, está asegurada y ellos lo saben. Como saben que el cabreo puede vencer a la decepción, y en eso andan.

La prioridad nacional de Vox resulta que es la prioridad nacional de Sánchez, que también sabe usar gatillos ideológicos y emocionales, y mejor que Vox

Lo de la “prioridad nacional” es un concepto inaplicable, sin significado y puramente sonoro, casi pastoril, lo que no significa que sea inútil. Otros conceptos que llegaron también así de la fábrica del sotanillo de Sánchez fueron y aún siguen siendo muy útiles. Lo curioso es que Sánchez le ha proporcionado a Vox el eslogan y el cabreo, y Vox le puede proporcionar a Sánchez la pieza, o sea el PP, más concretamente Moreno Bonilla. Yo creo que María Jesús Montero sólo está en Andalucía de feria, paseando el clavel altísimo como un farol de náufrago, y que la única esperanza de Sánchez, su verdadero candidato, es Vox. La regularización de Sánchez, caótica, esperpéntica, sin recursos, sin garantías, sin dinero, sin tiempo, y que además está llenando la propia calle de esa imagen de tribu en las calles que describe y quiere Vox; la regularización, decía, es el regalo, el duro de domingo, el aguinaldo de padrino que Sánchez le da a Vox. Sánchez está alimentando el miedo, la polémica y hasta el folclore de Vox con carne humana, que es aún más despreciable que hacerlo con los recursos que él no pone (al final, todo, los servicios y el caos, lo pagarán las autonomías).


La prioridad nacional de Vox resulta que es la prioridad nacional de Sánchez, que también sabe usar gatillos ideológicos y emocionales, y mejor que Vox. En realidad, Sánchez no se queda en el palabro, en la literatura, en el relato, porque para mantener ese relato tiene que intervenir carniceramente en la realidad. Cada relato de Sánchez destroza realmente el Estado, nuestros recursos, nuestra democracia, nuestros servicios, nuestro futuro. Cada vez que necesita un estribillo, un socio, una causa, un enemigo, una escapatoria, de los indepes a China, lo pagamos con realidad, a veces en dinero, a veces en libertad y a veces en libras de carne y sangre. La prioridad nacional, qué macabro, es lo que siempre han exigido los nacionalistas, los indepes, todos los socios de Sánchez (la prioridad identitaria), dándole la vueltecita sentimental, democrática, perversa. Aunque esto casi resulta romántico al lado de la prioridad puramente doméstica de Sánchez. Y la verdad es que les ha funcionado, a Sánchez y a sus socios. Decíamos que la prioridad nacional no se puede aplicar al ciudadano, que sería discriminación, pero las prioridades de Sánchez han conseguido discriminaciones, privilegios, mangazos, impunidades y hasta milagros sobrenaturales. Sí, quizá no sea la cosa tan imposible. Vox aún tiene la guía y la esperanza de Sánchez.

Pedro Sánchez será influencer o torero en el destierro.

 

Sánchez de futbolista o de torero

A Pedro Sánchez le falta vestirse de torero, con borlón azabache de cojón y patilla hasta la faja, y seguro que lo hará cuando se ponga de moda, ahora que se está poniendo de moda todo lo que la izquierda beatona odia y desprecia (va a volver hasta la copla de la cretona, el caracolillo y el jabón verde). Nuestro presidente, que ya es más influencer que gobernante y casi más mozalbete que fiambre (es como una momia adolescente), lo mismo sale disfrazado de lagarto de V que se pone la camiseta de la selección de fútbol, aunque no como un presidente deportivo, a lo Obama, sino como una novieta. Quiero decir como cuando la novieta se pone de pijama o negligé la camiseta deportiva del noviete, queriendo hacer de algo ajeno y lejano lo más propio, natural y sexy del mundo. Claro que Sánchez se la había puesto por encima de la camisa de vestir, con lo que parecía Steve Carell en The office o Mortadelo disfrazado de futbolista. Además, con una camiseta deportiva sólo se pueden anunciar borceguíes o cervezas, o si acaso implantes capilares, como Cristiano Ronaldo. Así que todo lo de la Seguridad Social que pretendía publicitar Sánchez se nos perdía en el desconcierto y en el corte, algo así como ver a la novieta insinuarse con el nombre de Iniesta en la espalda.

Todo esto seguro que está muy pensado, que hasta los anuncios de yogures para ir al váter están muy pensados. Aunque uno no termina de entender una política reducida no ya al marketing, ni siquiera al marketing del yogur que da gustirrinín, de la cerveza idiosincrásica o del jamón cocido convertido en moral nacional, sino a este nuevo marketing que nos toma a todos por adolescentes con el chicle estallado en los morros y la gorra para atrás, como colaboradores de Broncano. Parece que en la Moncloa piensan que ponerle a Sánchez una camiseta de la Selección sobre la camisa de vestir es como ponérsela de top a Aitana. O sea, que Sánchez está buscando votantes imposibles entre los chavales de 13 años con pelusilla, o España entera ha vuelto a tener de repente 13 años y pelusilla, o el que tiene 13 años y pelusilla es el que está en el sotanillo de la Moncloa, preparándole a Sánchez disfraces y coreografías de gato para los reels. Hasta lo de Iván Redondo al principio, esos posados heroicos y ridículos de Sánchez como un Kennedy de detergente Colón, parecían historiográficos y riefenstahlianos al lado de este Sánchez de ahora que sale en TikTok vestido de Geyperman o de Forrest Gump.

La camiseta de la Selección es de lo más chiquillo o de lo más Leticia Sabater que se podría poner uno en política, sobre todo si te la pones fuera del ámbito deportivo (recordamos todavía a Sánchez en los Juegos Olímpicos de París, mimetizado junto a Begoña como entre jueces de gimnasia artística o entrenadores de waterpolo). Pero Sánchez se había puesto la camiseta no para hablar de la Selección, ni para jugar a la pelota temerariamente como Almeida (Almeida es más de hacerlo al revés, de darle a la pelota vestido con el traje, como el cura que juega con sotana). No, lo que pretendía Sánchez era jugar con el concepto de equipo, y darse las gracias a sí mismo, capitán deportivo con cuello de cura, dando las gracias a todo el país por los datos de afiliación de la Seguridad Social. La verdad es que darles las gracias a los trabajadores para que parezca que los trabajadores te la dan a ti es un truco muy barato y tiene mucho de pitorreo. Pero además es que el país está frito y las estadísticas de empleo tienen trampa, así que eso de la cosa futbolera parecía el consuelo o el disimulo del fracaso, como si fuéramos argentinos.

Lo que pretendía Sánchez era jugar con el concepto de equipo, y darse las gracias a sí mismo, capitán deportivo con cuello de cura

Sánchez, con la camiseta por encima de la camisa, no ya como un yuppie sino como un grunge (creo que nada de eso se dice ya, por cierto), lo que hacía era presentarnos un vídeo muy de jamón cocido, de aseguradora o de gran eléctrica, y casi agradecía uno este recurso adulto de volver a la publicidad sentimentaloide y estereotipada, de una higiene enfermiza y de un optimismo que no puede engañar a nadie. Salía el autónomo frito levantando su persiana metálica, o el camarero que no puede pagar el alquiler llevando su bandeja, o esos médicos que ahora están de huelga poniéndose los guantes, no para hacerle una prostatectomía a Sánchez sino, como los demás, agradecidos, dispuestos y concienciados, deseando hacer equipo con el presidente, alrededor del quarterback o, en este caso, del capitán españolísimo con cara de orgullo e ictericia como la de Iniesta.

Sánchez tenía que aparecer con esa camiseta o con algo, pero no podía dejar sin más el afectado y desinfectado anuncio de los trabajadores haciendo patria o sólo sanchismo, que da aún más grima que el presidente con su épica como de pimpón en la oficina. Con la camiseta ya se tapa un poco, como el culo de la novieta, cómo están el trabajo, la vivienda, la corrupción, las instituciones o todo en España en general. No hay mucho que publicitar por sí mismo, así que, como los refrescos, Sánchez intenta vendernos el asunto poniendo otra cosa por delante, deporte, corros, arboledas, domingos, gente en bikini o gente con libro y gafas como Rosa León, o un presidente con 13 años y pelusilla. Sánchez tiene que aparecer ya así, con la camiseta mantera, o con gafas de extraterrestre camastrón o de montañero ciego o de malo de Colombo o de comisión del Senado, o tiene que aparecer con un cómic sideral, o con el disco de Rosalía brillante y flotante a su lado como una virgen de robledal. Es que, si no, sólo le queda la realidad.

Sánchez se vestiría de torero, ya digo, o de furry con orejitas de gato, o de monaguillo con campanilla, ahora que ha hecho una TVE católica, romana y hasta visigoda. Quizá podría organizar rezos en la Moncloa como Trump en la Casa Blanca, rodeado de periodistas del Movimiento que lo tocan o lo abrazan telúricamente, como esos hippies que tocan y abrazan a los árboles. Haría esto y más, no por la moda ni por la magia sino por la necesidad de que estemos hablando de un presidente bailón o dominguero en vez de hablar de un país que no funciona por su culpa. Yo no sé si hay nuevas órdenes en el sotanillo de la Moncloa, nuevo gurú milenial o nuevo equipo perdedor apelando a la furia española o al milagro del patadón o el cojón. Pero habría que irles diciendo que hasta de futbolero o tiktokero Sánchez es un paquete.

Abascal, para nada, mejora a Pedro Sánchez. Gobernar por poder.

 

Vox, la herencia del viento
El presidente de Vox, Santiago Abascal

Vox parece que va subiendo y desintegrándose a la vez, como un petardo español, como la traca festera y destructiva que suele ser casi todo lo español. Abascal dirige el partido (o eso nos hace creer) a gorrazos de señorito, no deja de expulsar a rebotados, a críticos y a históricos, esos padres fundadores de Vox como con gorro de hebilla que salen luego por ahí llorando, unos por el alma perdida del partido y otros por la silla de fraile también perdida. Sólo va a quedar Abascal con su cara de medallón o de sumo sacerdote, más un coro o secta de gente indistinguible, brumosa y encapuchada detrás. Lo de la secta, con yunque ario, espada artúrica o Corazón de Jesús con luces de autos de choque, como un santo de Almodóvar, será o no leyenda (aunque Macarena Olona o Jiménez Losantos están bastante seguros). Pero, de todas formas, no es normal que haya tanto hereje ni tanta hoguera sin que haya detrás gente que maneje esos conceptos, ese martirio, esa determinación y esa escatología. La gente no suele huir ni señalarse en los partidos, que están hechos de silencio y paciencia como un cristo sedente. Menos aún si se supone que están en la cresta de la ola o de la nube gótica, que van a gobernar, que van a cambiar España o el mundo. Algo no funciona.

Macarena Olona, con resolución y presencia de guardia civil guapa; Rocío Monasterio, con autoridad e hilo de voz de monja bajita; Ortega Smith, como un confederado descabalgado; Iván Espinosa de los Monteros, que hablaba y sigue hablando desde los cuadros como los señores de las cámaras de comercio o de las camiserías antiguas… Ahora ya no está ninguno, por el gorrazo de Abascal, por la luz de gas o por lo que sea. Otros también se fueron o se alejaron, como Vidal-Quadras, quizá demasiado clásico para los populismos de talega y mamporro, o Juan Luis Steegmann, que tenía la españolísima y maldita condición de liberal (aquí nunca se ha sabido qué es eso) y además se vio venir las maguferías y santerías en las que empezaba a meterse Vox, ya más de agua bendita que de vacunas. Por las provincias hay algunas otras víctimas, incluso asambleas enteras voladas por el rayo de Bambú, pero éstos que he mencionado eran los que hacían que Abascal no pareciera un ermitaño o un endemoniado, que había algo más detrás, gente, estructura, partido, cabezas. Ahora, es justo eso lo que parece Abascal, un ermitaño o un endemoniado con sus rezos y sustos, solo, suficiente, convencido, orgulloso o loco.

Lo que está haciendo Abascal es eliminar a cualquiera que cuestione la fantasía, que como toda fantasía depende de que el personal se la crea

Este descabezamiento, esta limpieza, esta purga de Vox no la veíamos desde Podemos, que ya hemos dicho muchas veces que es como su hermano especular, el populismo al otro lado del espectro y de la cueva (y aun así está la diferencia de que su mesías, Pablo Iglesias, desertó, no se quedó en el castillo ya vacío, como Abascal o como Drácula). Lo que extraña es que la gente suele enfrentarse o escaparse cuando el partido está en descomposición, no cuando está rozando ese Cielo con visillos o con reja que también creyó tocar Podemos. No sólo Vox está gobernado desde un torreón con veleta, aunque en el de Vox haya más armaduras y fantasmas. Todos los partidos son verticales, eclesiales, siempre manda el que manda con esa corte como romana de escribas, aduladores y envenenadores. Por eso mismo el que está en política suele obedecer y esperar, incluso durante los terremotos, y ahí tenemos al PSOE sanchista. Si la pelea en Vox es por sillones, no debe de haber muchos disponibles, contradiciendo el futuro que se promete Abascal. Y si es por el dogma o la pureza, entre tantos y tan significativos, es que Vox está perdiendo el rumbo. En cualquier caso, se trata de una pelea por la supervivencia (si tu ideología no sobrevive, no hay ni sillones ni puristas). Y, en cualquier caso también, el partido está decepcionando a demasiados, dentro y fuera del castillo.

Abascal yo creo que tiene el síndrome del emperador, la paranoia de ser destronado por un cuñado o un legionario (en Vox hay muchos) o ser asesinado por un copero. Al principio, los enemigos son ideológicos, que es lo que ha pasado cuando se ha ido purgando a los liberales para dejar sólo la rama falangista y nacionalcatólica (otra vez quieren dividirse el país entre señores con bigotillo y curas con pistola). Luego, cualquiera que cuestione al líder o su estrategia es una amenaza, hasta el confederado Ortega Smith. La verdad es que yo creo que el miedo de Abascal está justificado, que sabe que su estrategia y su apuesta son más débiles de lo que puede parecer cuando lo vemos empalomado en las campañas. Primero, Abascal tiene miedo a gobernar porque, como todos los populismos, no está hecho para eso y decepcionará. A la vez, sabe que si no gobierna se convertirán en un partido inútil y lo dejarán de votar igual. Segundo, su apuesta total por Trump, por Orban, por los terraplanismos y la xenofobia (verdadera fobia, o sea cague), por los autoritarismos de cascajo, posverdad y ultranación, puede ser una apuesta por una moda que ya no dure mucho (lo que ocurre con los autoritarismos, como el de Trump o el de Sánchez, es que son muy pedagógicos).

El Vox de Abascal es una frágil fantasía, puede esfumarse si gobierna y si no gobierna, si gana Trump y si pierde Trump… Lo que está haciendo Abascal, o los que mandan con el yunque o el cilicio por encima de Abascal, es eliminar a cualquiera que cuestione la fantasía, que como toda fantasía depende de que el personal se la crea. Abascal ha apostado por su ínsula trumpista y por su Occidente calatravo y ha ligado su futuro no tanto a que se haga realidad su fantasía como a que su votante, que se cree a Torrente de verdad, se la crea. Espinosa de los Monteros, desde su cuadro de comerciante o camisero, ya maneja números sobre los votos que tendría un nuevo partido, que como todos los nuevos partidos sería el más puro y prometedor. Aunque lo más gracioso es imaginarse a Sánchez dándose cuenta de que todavía puede haber algo mejor que Vox para él, y es otro Vox más. Y es que está escrito: “El que turba su casa heredará el viento”.

Gobierno de EEUU: "NO necesitamos de la Ayuda de España"....

 Internacional | "Ni se autorizan las bases y por supuesto tampoco se  autoriza la utilización del espacio aéreo español para actuaciones que  tengan que ver con la guerra en Irán", declaró la

Pedro Sánchez, ángel custodio de ese “no a la guerra” que le exigen sus socios de extrema izquierda, ha amenazado reiteradamente con la paralización de las bases de Rota y Morón dejando a ambas fuera de juego en la contienda entre Estados Unidos e Israel contra Irán.

Donald Trump se ha mofado sobre las pulidas barbas de Pedro Sánchez porque Rota y Morón “se han convertido en piezas imprescindibles en la logística de la guerra en Oriente Próximo”. Y Donald Trump ha ordenado, según informa Marina Pina en el diario El Mundo -nada menos que 70 vuelos en los últimos días. Donald Trump paga unas bases que cuestan un ojo de la cara, se ríe de las pretensiones de Pedro Sánchez y utiliza sus instalaciones en función de lo que considera conveniente para beneficiar a Estados Unidos y a Israel en la compleja guerra que ambas naciones mantienen contra el Irán de los ayatolás y la tiranía.

Setenta bofetadas seguidas son muchas bofetadas. Pedro Sánchez, impertérrito continúa afirmando la prohibición española para utilizar Rota y Morón en favor de la guerra. Donald Trump también impertérrito multiplica su utilización sin dar cuenta a Pedro Sánchez. Se limita a cruzarle la cara ante la opinión internacional. Y también ante Podemos y otros partidos de izquierda radical.

¿Qué puede hacer Pedro Sánchez? Prácticamente nada. Estados Unidos está en guerra y su presidente considera que tiene todo el derecho a la utilización de unas bases que suponen costoso reglón económico para la gran nación americana.

Se suceden, en fin, las bofetadas y el diario El Mundo ha tenido el acierto periodístico de poner en evidencia las contradicciones de Pedro Sánchez obligado a soportar lo que prohíbe.

EEUU , nunca olvidará del "feo" a la bandera estadounidense que hizo Zapatero en el desfile conjunto Hispano-USA del día de las fuerzas armadas....Zapatero lleva el mismo camino que Maduro y Sánchez.

El verdadero odio de Pedro Sánchez a Israel, no es otro que el espionaje de PEGASUS.

El chantaje de Israel a Sánchez con Pegasus: la teoría que cobra fuerza en  el CNI

Por Juan Pardo Navarro

Usa al pueblo judío como un chivo expiatorio de sus problemas con Marruecos

Pegasus, la auténtica causa de la campaña antisemita instigada por Pedro Sánchez

Sánchez sabía que Marruecos fue el autor del espionaje a su móvil...

Como recordaréis, el pasado jueves The Objective publicó con todo detalle en qué día y de qué modo se produjo ese espionaje al móvil de Sánchez por parte de los servicios de inteligencia marroquíes. Esa noticia arrojó luz sobre la política de servilismo que Sánchez ha aplicado desde entonces hacia Marruecos, comprometiendo gravemente los intereses de España y también nuestra seguridad nacional.

Este martes, The Objective arroja luz sobre otras consecuencias de ese espionaje: las relacionadas con Israel. El software Pegasus utilizado por Marruecos es fabricado por una empresa israelí. El citado diario digital revela que Sánchez envió en secreto a varias delegaciones a Israel para conocer el alcance del espionaje marroquí (recordemos que el gobierno español tardó un año en reconocer ese robo de información). La empresa fabricante sólo pudo confirmarle que el espionaje fue cometido por Marruecos, de modo que el gobierno español sabía quiénes fueron los que robaron esa información.

... pero dirigió su enfado contra Israel y no contra Marruecos

Según The Objective, el gobierno de Sánchez no creyó las explicaciones israelíes: "La respuesta israelí fue recibida con gran irritación por parte del equipo de Sánchez y del propio presidente: le dijeron que no sabían cuál era el material robado y negaron tener ninguna copia de esa información, versión que Moncloa no se creyó". Este medio añade: "Fuentes de probada solvencia relacionan aquella situación con ciertas decisiones que tomaría años más tarde el Ejecutivo de Sánchez sobre Israel, llegando prácticamente a la ruptura de relaciones diplomáticas".

Al final, más allá de sus pretextos políticos e ideológicos, todo lo que Sánchez hace está marcado por la prioridad que otorga a sus intereses personales, incluida su relación como presidente del gobierno con otros países. En el caso del Estado judío, Sánchez ha acusado falsamente a Israel de "genocidio" (una acusación que nunca ha hecho contra la Rusia de Putin por sus masacres en Ucrania), ordenó un embargo de armas contra Israel (que ha acabado perjudicando a las Fuerzas Armadas Españolas, haciéndoles perder el acceso a importantes sistemas de armas) e incluso lamentó no tener "bombas nucleares" para usarlas contra ese país, en una escandalosa declaración que puso en evidencia el grado de trastorno del dirigente socialista.

Su iracunda reacción contra Israel contrasta con su docilidad hacia Marruecos, el país autor del espionaje, que debería ser el que mereciera el enfado de Sánchez, pues es Marruecos, y no Israel, el que robó la información y el que posee la información robada. La reacción del dirigente socialista es tan irracional como si ante un atropello perpetrado con un automóvil Chrysler, Sánchez ordenase represalias contra Estados Unidos (fabricante del coche) y no contra el conductor.

Una reacción que expone el antisemitismo de Sánchez

Esa irracionalidad deja al descubierto un prejuicio muy habitual en la izquierda española y que Sánchez ya exhibe sin ninguna vergüenza: el antisemitismo. Si Israel no fuese un Estado judío, no habría sufrido unas represalias como las que Sánchez ha emprendido contra él. Esto no es una mera especulación. Tras el espionaje contra él, Sánchez tenía razones para ordenar represalias contra Marruecos, pero no lo hizo (al contrario: todo indica que cedió al chantaje marroquí para que la información robada no saliese a la luz). Por otra parte, en septiembre de 2024, la dictadura de Nicolás Maduro secuestró a ciudadanos españoles sin recibir ningún tipo de represalia por parte de Sánchez, cuyo partido, el PSOE, votó en contra de exigir a ese dictador el fin de la represión en Venezuela tres meses después.

La campaña antisemita instigada por Sánchez como represalia

A Sánchez le importan los palestinos tan poco como le importaban cuando eran víctimas de los crímenes de Hamás sin que el dirigente socialista dijese absolutamente nada. Pegasus es la verdadera causa de su campaña antisemita contra Israel, una represalia por un robo de información cometido por Marruecos, un robo que sólo benefició a ese país africano y en el que la información robada está en Rabat, no en Tel Aviv ni en Jerusalén. Sánchez antepuso una vez más sus intereses personales a los de España, instigando una ola de antisemitismo con episodios tan graves como el boicot violento instigado por el gobierno contra La Vuelta en Madrid, por haber aceptado a un equipo israelí, y que ayer mismo dio lugar a un nuevo incidente antisemita en el Museo Reina Sofía, dependiente del Ministerio de Cultura.

Sánchez demuestra ser un irresponsable y un incendiario que sólo mira por sus intereses personales y que no tiene reparos en destrozar la relación de amistad entre España e Israel por un hecho cometido por Marruecos, simplemente porque sus prejuicios no aceptan que un país musulmán pueda ser la causa de sus problemas (para la izquierda española el islamismo es un importante aliado en su odio contra Occidente), y prefiere utilizar al pueblo judío como un chivo expiatorio, como ya antes hicieron otros charlatanes antisemitas.