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MODA.- imágenes inéditas de Selena Gomez para Louis Vuitton

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Selena Gomez para Louis Vuitton

Primeras imágenes de Selena Gomez para Louis Vuitton

La cantante es el nuevo rostro de la firma, dirigida por Nicolas Ghesquière


De niña Disney a embajadora de Louis Vuitton. Así es la trayectoria de Selena Gomez, el nuevo rostro de la maison dirigida por el diseñador Nicolas Ghesquière. La cantante, de 23 años, protagoniza la última campaña de la casa parisina, LV Series Five, fotografiada por Bruce Weber y que cuenta con otras modelos como Jean Campbell, Erika Linder, Natalie Westling y Rianne Van Rompaey.



La intérprete ha conseguido no caer en los mismos errores que el resto de estrellas de su generación: no es una rebelde ni se ha hecho un corte de pelo radical, tampoco posa desnuda o protagoniza escándalos. En su lugar, ha vivido una dulce transición de adolescente a mujer a través de sus almuerzos con Anna Wintour, contratando los servicios de los mejores estilistas de Hollywood y, ahora, formando una alianza con Louis Vuitton.
La estrecha relación de Gomez con lamaison quedó latente el día que protagonizó junto a Nicholas Ghesquière la portada de la edición brasileña de Vogue este junio. El director creativo de Louis Vuitton hablaba de la cantante como su "musa" y, no en vano, el diseñador ha escogido una buena plataforma para promocionarse: el Instagram de la exchica Disney, quien cuenta con un ejército de 85,32 millones de seguidores. Gomez es también la dueña de la cuenta con más adeptos de la Red.
La artista encontró la fama a los 14 años con la serie de Disney Los hechiceros de Waverly Place, y se convirtió en una de las estrellas sobre las que más se ha escrito en Internet debido a su relación con Justin Bieber. Durante cinco años, los adolescentes se mantuvieron en el foco de los medios de comunicación. Superado el noviazgo, la cantante dio un golpe sobre la mesa tratando de dejar atrás su pasado para comenzar de nuevo siendo protagonista de su propia trayectoria. 




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Perú ha estado a punto de caer en el pozo de la miseria.


Obama felicita a Kuczynski por su victoria electoral

Perú, país sudamericano ha estado a punto de caer en las mismas manos que han protagonizado una de las páginas más negras de su historia. La ajustada victoria de Pedro Pablo Kuczynski en las elecciones presidenciales del 5 de junio ha salvado al Perú de una catástrofe: el retorno al poder de la mafia fujimorista que, en los años de la dictadura de Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos, robó, torturó y asesinó con una ferocidad sin precedentes y, probablemente, la instalación del primer narcoEstado en América Latina.


La victoria de Keiko Fujimori parecía irremediable hace unas pocas semanas, cuando se descubrió que el secretario general y millonario financista de su campaña y su partido, Fuerza Popular, Joaquín Ramírez, estaba siendo investigado por la DEA por lavado de activos; se recordó entonces que la policía había descubierto un alijo de unos cien kilos de cocaína en un depósito de una empresa de Kenji, hermano de Keiko y con pretensiones a sucederla. El fujimorismo, asustado, intentó una operación sucia; el dirigente de Fuerza Popular y candidato a una vicepresidencia, José Chlimper, filtró a un canal de televisión cercano al fujimorismo una grabación manipulada para desinflar el escándalo; el ser descubierto, lo multiplicó. Muchos presuntos votantes de Keiko, que ingenuamente se habían tragado su propaganda de que sacando el Ejército a las calles a combatir a los delincuentes y restableciendo la pena de muerte habría seguridad en el Perú, cambiaron su voto.
Pero, el hecho decisivo, para rectificar la tendencia y asegurarle a Kuczynski la victoria, fue la decisión de Verónika Mendoza, la líder de la coalición de izquierda del Frente Amplio, de anunciar que votaría por aquél y de pedir a sus partidarios que la imitaran. Hay que decirlo de manera inequívoca: la izquierda, actuando de esta manera responsable —algo con escasos precedentes en la historia reciente del Perú—, salvó la democracia y ha asegurado la continuación de una política que, desde la caída de la dictadura en el año 2000, ha traído al país un notable progreso económico y el fortalecimiento gradual de las instituciones y costumbres democráticas.
El nuevo Gobierno no va a tener la vida fácil con un Parlamento en el que el fujimorismo controla la mayoría de los escaños; pero Kuczynski es un hombre flexible y un buen negociador, capaz de encontrar aliados entre los adversarios para las buenas leyes y reformas de que consta su programa de gobierno. Hay que señalar, por otra parte, que, al igual que Mauricio Macri en Argentina, cuenta con un equipo de colaboradores de primer nivel, en el que figuran técnicos y profesionales destacados que hasta ahora se habían resistido a hacer política y que lo han hecho sólo para impedir que el Perú se hundiera una vez más en el despotismo político y la ruina económica. De otro lado, es seguro que su prestigio internacional en el mundo financiero seguirá atrayendo las inversiones que, desde hace dieciséis años, han venido apuntalando la economía peruana, la que, recordemos, es una de las que ha crecido más rápido en toda la región.

La victoria de Kuczynski en el Perú es otro pasito que da América Latina en la buena dirección

¿Qué ocurrirá ahora con el fujimorismo? ¿Seguirá subsistiendo como siniestro emblema de la tradición incivil de las dictaduras terroristas y cleptómanas que ensombrece el pasado peruano? Mi esperanza es que esta nueva derrota inicie el mismo proceso de descomposición en el que fueron desapareciendo todas las coletas políticas que han dejado las dictaduras: el sanchecerrismo, el odriísmo, el velasquismo. Todas ellas fueron artificiales supervivencias de los regímenes autoritarios, que poco a poco, se extinguieron sin pena ni gloria. El fujimorismo ha tenido una vida más larga sólo porque contaba con los recursos gigantescos que obtuvo del saqueo vertiginoso de los fondos públicos, de los que Fujimori y Montesinos disponían a su antojo. Ellos le permitieron, en esta campaña, empapelar con propaganda el Perú de arriba abajo, y repartir baratijas y hasta dinero en las regiones más empobrecidas. Pero no se trata de un partido que tenga ideas, ni programas, sólo unas credenciales golpistas y delictuosas, es decir, la negación misma del Perú digno, justo, próspero y moderno que, en estas elecciones, se ha impuesto poco menos que de milagro a un retroceso a la barbarie.
La victoria de Pedro Pablo Kuczynski trasciende las fronteras peruanas; se inscribe también en el contexto latinoamericano como un nuevo paso contra el populismo y de regeneración de la democracia, del que son jalones el voto boliviano en contra de los intentos reeleccionistas de Evo Morales, la derrota del peronismo en Argentina, la destitución de Dilma Rousseff y el desplome del mito de Lula en Brasil, la aplastante victoria de la oposición a Maduro en las elecciones parlamentarias en Venezuela y el ejemplo de un régimen como el de Uruguay, donde una izquierda de origen muy radical en el poder no sólo garantiza el funcionamiento de la democracia sino practica una política económica moderna, de economía de mercado, que no es incompatible con un avanzado empeño social. Quizás cabría señalar también el caso mexicano, donde las recientes elecciones parciales han desmentido las predicciones de que el líder populista Andrés Manuel López Obrador y su partido serían poco menos que plebiscitados; en verdad el ganador de los comicios ha sido el Partido Acción Nacional, con lo que el futuro democrático de México no parece amenazado.

El fujimorismo contaba con los recursos que obtuvo del saqueo de los fondos públicos

¿Es ingenuo ver en todos estos hechos recientes una tendencia que parece extenderse por América Latina a favor de la legalidad, la libertad, la coexistencia pacífica y un rechazo de la demagogia, el populismo irresponsable y las utopías colectivistas y estatistas? Como la historia no está escrita, siempre puede haber marcha atrás. Pero creo que, haciendo las sumas y las restas, hay razones para ser optimistas en América Latina. Estamos lejos del ideal, por supuesto; pero estamos muchísimo mejor que hace veinte años, cuando la democracia parecía encogerse por todas partes y el llamado “socialismo del siglo XXI” del comandante Chávez seducía a tantos incautos. ¿Qué queda de él, ahora? Una Venezuela en ruinas, donde la mayoría de la gente se muere de hambre, de falta de medicinas, de inseguridad callejera, y donde una pequeña pandilla encaramada en el poder da golpes de ciego a diestra y siniestra, cada vez más aislada, ante un pueblo que ha despertado de la seducción populista y revolucionaria y sólo aspira ahora a recobrar la libertad y la legalidad.
Acabo de pasar unas semanas en la República Dominicana, Chile, Argentina y Brasil y vengo a Europa mucho más animado. Los problemas latinoamericanos siguen siendo enormes, pero los progresos son también inmensos. En todos esos países la democracia funciona y las crisis que padecen no la ponen en peligro; por el contrario, y pienso sobre todo en Brasil, creo que tienden a regenerarla, a limpiarla de la corrupción, a permitirle que funcione de verdad. En ese sentido, la victoria de Pedro Pablo Kuczynski en el Perú es otro pasito que da América Latina en la buena dirección.
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Con el Estado Islámico se debe ser tolerante y agresivo.

Para que los pueblos sean grandes de grandeza, entre otras cosas, esta se mide por enfrentar en primer término los problemas más graves de entre los que son importantes, sabiendo priorizar. Y qué duda cabe de que el hambre, la pobreza extrema, la desigualdad, la amenaza del Estado Islámico, el cambio climático, la corrupción, y la tragedia de los desplazados involuntariamente ocupan ese doloroso primer plano. Los demás asuntos deberían quedar relegados a un segundo o tercer lugar.

Ciertamente, España, en el seno de la Unión Europea, debe responder a estos problemas sin olvidar ninguno, pero en este momento unir fuerzas frente al Estado Islámico y abordar la tragedia de los desplazados se sitúa en primer término. Son dos cuestiones diferentes y es necesario distinguirlas con claridad, porque algunos grupos están utilizando como coartada los atentados terroristas para cerrar todavía más las puertas. Como si el peligro no estuviera ya dentro, como si no fuera a través de las redes como se ha venido gestando hace mucho tiempo esta empresa criminal. Si Europa quiere seguir siéndolo debe unirse frente el terror y a la vez reforzar la exigencia de hospitalidad que nació en su seno, no sólo como hospitalidad doméstica, sino también institucional y universal.

En el mundo bíblico, en el griego y en el romano la acogida al extranjero era un signo de civilidad que no precisaba justificación. Y este deber de hospitalidad personal se convierte con la modernidad en un deber también legal, que corresponde al derecho del extranjero de ser acogido. La referencia obligada es Kant, en el escrito sobre La paz perpetua, en el momento en que trata de diseñar los trazos de un derecho cosmopolita. No habrá paz duradera sin eliminar las causas de la guerra, y eso sólo puede conseguirse en una sociedad cosmopolita, en la que todos los seres humanos se sepan y sientan ciudadanos, sin exclusiones. Para construirla, el derecho cosmopolita ha de poner las condiciones de una hospitalidad universal; y esto no es sólo filantropía, es un deber legal que corresponde a un derecho legal.
 
Sin embargo, con el tiempo, la construcción europea de la idea de hospitalidad rebasa con mucho el proyecto kantiano, que limitaba el derecho del extranjero a un derecho de visita, pero no se entendía como un derecho de huésped: para poder exigir ser tratado como huésped se hacía necesario sellar un contrato. Son otras tradiciones, también europeas, como la de Levinas y Derrida, las que recuerdan que las exigencias éticas van por delante de las obligaciones y derechos jurídicos.

Lo principal es unir fuerzas frente al Estado Islámico y abordar la tragedia de los desplazados. Según ellas, frente a las proclamas individualistas de un neoliberalismo errado, la característica básica del ser humano es la apertura al otro. De donde se sigue la exigencia incondicionada de acoger al necesitado de ayuda. La ley de la hospitalidad, incondicionada e infinita, trasciende los pactos y contratos, y exige abrir el hogar político a quien lo precise.

Pero para no quedar en utopía esta exigencia ha de encarnarse en leyes, y ése es el momento de la responsabilidad ética y política, que media entre el principio ético inspirador —la disposición a la acogida incondicionada—, y las condiciones que lo concretan en los países, en las uniones supranacionales y en el marco global. Tanto en el nivel de lo urgente como en el que requiere más tiempo, pero es igualmente necesario.

En el primer nivel, en el de las políticas de acogida e integración, la exigencia de hospitalidad debe presidir la asunción por parte de España de un amplio número de refugiados, recurriendo a impuestos proporcionales, amén de defender en el Parlamento Europeo que todos los miembros de la Unión asuman sus responsabilidades, y de emprender estrategias contra el tráfico de inmigrantes. Es indignante que las organizaciones ciudadanas que intentan acoger personas desplazadas encuentren trabas por parte de la Administración. Pero a la vez, la UE ha de implicarse en la tarea de construir la paz en los lugares de origen por todos los medios necesarios, en países como Siria, donde más de la mitad de sus habitantes se han visto obligados a desplazarse y más de 250.000 han muerto.

Y a la vez es preciso ir construyendo la sociedad cosmopolita, impulsando la Agenda 2030 del PNUD, sea desde una gobernanza global, desde un Estado mundial democrático o desde una federación de Estados. Pero teniendo como clave esa hospitalidad universal, que haría del mundo un hogar para todos los seres humanos como una obligación de justicia.


La cultura no es acopio de saber, sino un modo de aprender


Todo, todo no está perdido. Aún es posible mirar y tratar de intervenir. Puede parecernos poco y, si bien nada resulta fácil, es preciso proseguir. Y, atentos, hablar y leer, y escribir, y dibujar, cantar e incluso bailar. Y ensayarnos y experimentarnos. Y siempre pensar. Y laborar. Y relacionarnos. En ocasiones, no encontramos buenas razones para ello, pero eso mismo podría ser un buen motivo. No es preciso esperar a que llegue la oportunidad, hay que procurar hacerla venir.
Hay momentos en que, con el pretexto del calendario, algo se abre hasta ofrecerse. No es un tiempo ya dado que, como bien sabemos, nunca nos está garantizado. Podría ser mera necesidad, una urgencia, a lo mejor, un deseo. Entonces no es fácil sustraerse a esta convocatoria, que no es simplemente de fechas, la que quizá nosotros mismos nos enviamos, la de mejorar, la de no cejar. Y la de empeñarnos más allá de lo convencional, de lo aconsejable, de lo predecible. Desde la experiencia de creer que no tenemos remedio, sin embargo sentimos que algo otro está en nuestras manos, y nos ponemos a la tarea.
Mientras nos enredamos en dilucidaciones, en la vorágine en la que encontramos dificultades hasta para que algo vivo suceda, conviene no olvidar que no todo está dicho, ni clausurado. Ni tan siquiera la comodidad ha pronunciado su última palabra. Y no nos plegamos. Lo llamamos curiosidad, y lo es. No solo la de interesarnos por lo que parece concernirnos directamente, sino la de ver si somos capaces de formarnos, de ser otros. Se abre el espacio para pensar de manera diferente. Y, a su modo, tanto nos alegra como nos asusta.
El asunto es atractivo, y más llevadero, cuando constatamos que no es únicamente cosa nuestra. El comienzo no es un puro inicio. Algo ya se viene diciendo y nos reta llegando desde lejos. Es un legado vigente, no un mero depósito, sino un caudal al que hemos de corresponder. Es aún algo pendiente, nos procura abrigo y nos constituye. Nos viene cultivando, a pesar de nuestra fragilidad para dar fruto. Somos ya en ese lecho, en ese terreno. Y hemos de velar por ello.
Ahora bien, accedemos a una nueva intemperie y notamos que nos espera mucho por hacer. Eso que requerimos no está aguardando ser liberado por nuestra genialidad, la que tampoco tenemos. En cierto modo, hemos de generar nosotros mismos esa coyuntura. Alumbrar la belleza de lo que no se agota en su inmediata rentabilidad tiene otra fecundidad, la del obrar, la del problematizar, la que procura lo susceptible de ser sentido, pensado, querido, la que transforma.
Lo denominamos año nuevo, más por reciente que por distinto. Aunque nunca uno más, y siempre enigmáticamente diferente, es difícil ignorar, sin embargo, el peso de lo que, ya sucedido, parece empeñarse en no dejar de suceder. Pero, a su vez, hemos de cultivarnos en lo por venir. La cultura no es un mero acopio de saber, sino un modo de aprender, de crecer y de cuidarse. Y no solo de uno mismo. Supone procurar modalidades de existencia, y por ello es imprescindible. No es un simple repliegue, es a la par despliegue, muy radicalmente del escuchar, y del responder, para ser artífices de la propia forma de vida, de la propia palabra.
Habremos de lograr que suceda. Si no, sí estamos perdidos. Es ocasión de velar, de atender, de considerar. Y de crear y de recrearnos. Y es posible. Lejos de la resignada claudicación ante lo que se erige como inexorable, conscientes de las limitaciones, aún cabe hacer y hacernos. E, incluso en medio de enormes dificultades, hemos de reforzar esa convicción.
Puestos a desconsiderarnos a nosotros mismos, estimemos al menos nuestra libertad. No solo la de elegir, la de preferir, también la de concebir. Ello supone hacer brotar nuevas condiciones. Es un trabajo de cultura, que es más que el de cada quien para sí mismo. Necesitamos muy singularmente de aquellos que, sin decir lo nuestro, dicen con brillantez lo que tanto nos concierne. Nadie declarará nuestra palabra, aunque precisamos de la suya. De una u otra manera, el olvido de las artes supone asimismo la claudicación de la ciencia, aunque una buena consideración de aquellas cuestiona el modo de comprender, imperiosa y poco humanamente, de cierto saber y su poder.

Es tarde. A su manera siempre lo es ya para algo. Pero estamos a tiempo de vivir y de propiciar lo que está por acontecer. La cultura no se limita a asistir al espectáculo de lo que pasa, ni a convertir en espectáculo cuanto ocurre. Hacer suceder es una forma singular de mirada, es un acontecimiento. Podemos llamarlo contemplación. Lejos de ser una pasividad, es una modalidad de acción que es capaz de ver incluso lo que hace que ocurra. Y de procurarlo. Más que su causa, es su condición de posibilidad. Y es ahí donde el artista, el pensador, el creador, lo que de ello aún late en cada uno de nosotros siquiera torpe e incipientemente, nos insta a efectuar. El desafío nos desborda. No más que el tiempo que parece ofrecérsenos y que se desdibuja sin nuestro actuar. La cultura nunca será posesión de nadie.

Muere a los 92 años, Barbara Bush, la 'primera abuela' de EEUU y piedra fundamental de la dinastía Bush.

Muere Barbara Bush


Capitalizó su pelo cano y ese hálito de ternura propio de las abuelas para conquistar corazones, incluso entre quienes se oponían a las filiaciones políticas de su marido. Sus hijos George W. y Jeb la hicieron pieza fundamental de sus campañas. La definió su sarcasmo, sus perlas falsas pero sobre todo, su amor devoto por el presidente.

Fallece la ex primera dama Barbara Bush a los 92 años 
La exprimera dama Barbara Bush falleció este martes a los 92 años, según confirmó el vocero de la oficina de su esposo George H.W. Bush, Jim McGrath. El pasado domingo, se informó que ella no acudiría más al hospital para recibir tratamiento por una enfermedad pulmonar crónica y una falla cardiovascular con la que batallaba.

Cuando el 20 de enero de 1989 Barbara Bush se hizo primera dama de la nación tenía 63 años y aunque su predecesora, Nancy Reagan, había entrado a la Casa Blanca con tan solo unos cuantos años menos, la esposa del presidente George H. W. Bush decidió capitalizar su edad de una manera muy particular: decidió convertirse en la 'primera abuela de la nación'. De hecho, en el Museo Nacional de Historia Americana se le recuerda de esa manera.

Detrás de su pulsión deliberada por dejar que su pelo cano deviniera en un brillante blanco –que sería su orgullo y emblema–, detrás de llevar trajes tradicionales y de usar un conservador azul, que luego se conocería como el ‘Azul Barbara’, la entonces primera dama no solo logró que el país percibiera a su esposo como un hombre de familia, sino que logró colarse en los corazones de muchos ciudadanos que incluso no simpatizaban con la figura del mandatario republicano.
Las imágenes que circulaban en los medios de esta abuela con trajes de diseñadores desconocidos y perlas falsas, secundada por una decena de nietos –cuando no por una hilera de cachorros de su famosa perrita, una springer spaniel llamada ‘Millie’–, ayudaron a que Barbara Bush fuera aún más popular que el vicepresidente Dan Quayle y el presidente mismo.
Según el proyecto ‘National First Ladies Library’, dedicado a promover el trabajo y legado de las esposas de los presidentes estadounidenses, a los 100 primeros días de mandato del presidente Bush, Barbara arrasaba en las encuestas, a la vez que conseguía tener un club de fans en la emblemáticamente liberal ciudad de San Francisco.
Esta capacidad de mantener un halo de ternura y familiaridad siempre circundándola sería una exitosa estrategia que incluso su hijo George W. Bush reconocería muchos años después estando él mismo en la presidencia: “Es una genio con los medios y definitivamente mejor con ellos que mi padre”, admitía Bush quien era aconsejado por su madre que siempre habría mantenido cierta distancia para con la prensa.

Su apuesta, en realidad, no fue más que el eco mismo del rol que ella quería ocupar en la Casa Blanca: la de una mujer dedicada a apoyar a su marido incondicionalmente y completamente desvinculada de los avatares políticos.
“Como primera dama, Barbara Bush fue sobre todo una presencia constante al lado de su marido. Ellos realmente tenían una alianza sólida como una roca. Ella escogió aumentar los índices de lectura como su primera causa, pero, en realidad, su verdadera causa era ser la compañera de su esposo”, le dijo a Univision la experta en primeras damas y profesora de la Universidad de Boston, Elizabeth Mehren.

Barbara Pierce, que había nacido en la ciudad de Nueva York el 8 de junio de 1925 en el seno de una familia muy acomodada, conoció a su esposo George Herbert Walker Bush en un baile de navidad en 1941, cuando ella aún tenía tan solo 16 años. Después de ser su cita en el baile de graduación, vino el compromiso justo antes de que Bush se embarcara hacia la Segunda Guerra Mundial como el joven piloto de un bombardero. Después de que Bush sobreviviera a que su avión fuera derrumbado el 2 de septiembre de 1944 y que regresara a Estados Unidos la pareja se casó el 6 de enero de 1945 para darle vida a un matrimonio que sería emblemático para todo Estados Unidos.

Por su marido, Barbara Bush incluso rompería precedentes como, por ejemplo, ser la primera esposa de un candidato en hablar durante una convención de partido, con el fin claro de mostrar a su esposo como un estandarte de la familia. A partir de ahí, los Bush capitalizarían estratégicamente a su enorme clan conformado por cinco hijos ( su hija Pauline Robinson "Robin" Bush murió en 1953 a los 3 años) y más de una docena de nietos en comerciales y campañas de televisión.

Ninguna apatía política

Con los años, sin embargo, quedaría demostrado que la 'primera abuela' de los estadounidenses jugaba un rol mucho más fundamental al interior de su familia de lo que se podría intuir. “Barbara Bush fue una fuerza poderosa en la dinastía Bush. Ella era una orgullosa protectora de su esposo y de sus hijos. También era rencorosa, cualquiera que hablase mal de su círculo cercano quedaba inmediatamente excomulgado”, añade Mehren.

Barbara Bush se convirtió en una ficha estratégica en la política familiar.

Con fuerza y compromiso habló durante la convención republicana de 1992, en el segundo intento de su marido de ser presidente, para conseguir que el ala moderada y el ala más conservadora del partido se unieran en favor de su esposo. Quizás por eso, la derrota de su marido sería un duro golpe emocional y una propia derrota personal al no conseguir que pudieran estar en la Casa Blanca más que durante un solo periodo presidencial.

Hablaría luego en defensa de su hijo George W. Bush, porque, después de todo, ¿quién iba a rehusarse a creerle a una mujer que además de ser primera dama, se convertía por primera vez en la historia de Estados Unidos en ‘primera madre’ y que, además, se mostraba a sí misma como “la madre de todos”?
Más recientemente, Barbara Bush sería la elegida para ser la protagonista de un video que se convertiría en primera pieza publicitaria de las ambiciones presidenciales de su tercer hijo, Jeb Bush. Fue ella justamente, la elegida para ser la primera de la familia Bush en mostrar su apoyo y su alianza con estas pretensiones políticas. Ni George Bush padre, presidente, ni Geroge W. Bush hijo, presidente, sino ella, la madre.

Es, por supuesto, imposible atribuirle solo a su figura de “abuela adorable” su buena acogida entre el público y su cierto poder político.
En su tiempo como primera dama Barbara Bush logró capturar la atención mediática con algunas importantes conquistas como cuando en mayor de 1989 posó abrazando a un niño portador del virus del VIH en tiempos en los que el desconocimiento sobre cómo se contagiaba esta enfermedad aún era rampante.
Barbara Bush además se concentró en aumentar los niveles de lectura convencida de que una juventud mejor educada conseguiría más fácilmente salir adelante y fue la primera esposa de un presidente en contratar a una mujer afroestadounidense como su secretaria de prensa.

Sin embargo, en sus años en la Casa Blanca, pero sobre todo fuera de ella, Barbara Bush conseguiría un tono muy particular con una alta cuota de sarcasmo convirtiéndose más bien en una intrigante abuela. “Ella podía ser muy molesta, pero siempre de una manera controlada y demasiado educada, es decir, podía estar diciéndote cosas completamente desagradables con una sonrisa, el tipo de sonrisa que te da una serpiente cascabel antes de inyectar veneno en tus venas”, recuerda Mehren quien añade " había algo desagradable en esa cualidad, porque era del tipo de mujeres que sonríen dulcemente mientras te apuñalan verbalmente".
Además de su entrañable imagen y de su caracter, sería el amor incondicional hacia su marido, más fuerte y consistente con el pasar de los años hasta cumplir 73 años juntos, uno de los principales elementos que haría que el electorado recordara y respetara profundamente a esta mujer. "Había una cierta capacidad de identificarse con ella, una vez que encarnaba la historia romántica de haberse casado con su amor de colegio y luego haber logrado pasar a su lado tantos años y tantos obstáculos", asegura la experta.

En días antes de su muerte, su nieta Jenna Bush Hager contó a los medios cómo su abuela seguía despidiéndose de George Bush como el amor de su vida. Que incluso en esos últimos momentos Barbara Bush lanzara manifestaciones públicas de amor, era evidencia de que algo había sido siempre transparente y real en ella: su devoción por la familia, su devoción por George.

  • El presidente Ronald Reagan y Nancy Reagan saludan después de la toma de posesión en el Capitolio.
    1El presidente Ronald Reagan y Nancy Reagan saludan después de la toma de posesión en el Capitolio.AP
  • 2 de junio de 2009. El presidente Barack Obama acompaña a Nancy Reagan durante el acto de la firma de la Comisión del Centenario de Ronald Reagan en la Casa Blanca.
    22 de junio de 2009. El presidente Barack Obama acompaña a Nancy Reagan durante el acto de la firma de la Comisión del Centenario de Ronald Reagan en la Casa Blanca. REUTERS
  • 21 de octubre de 2005. El presidente de los Estados Unidos George W. Bush con Nancy Reagan durante una ceremonia dedicada a las Fuerzas Aéreas en California.
    321 de octubre de 2005. El presidente de los Estados Unidos George W. Bush con Nancy Reagan durante una ceremonia dedicada a las Fuerzas Aéreas en California.
  • 11 de julio de 2004. Nancy Reagan (1ªi), viuda del ex presidente de EE UU Ronald Reagan, besa el féretro con los restos de su marido en el Capitolio (Washington). Actualmente, la ex primera daman vivía en el barrio de Bel Air, pero en los últimos años su estado de salud estaba muy deteriorado.
    411 de julio de 2004. Nancy Reagan (1ªi), viuda del ex presidente de EE UU Ronald Reagan, besa el féretro con los restos de su marido en el Capitolio (Washington). Actualmente, la ex primera daman vivía en el barrio de Bel Air, pero en los últimos años su estado de salud estaba muy deteriorado. AP
  • 17 de enero de 2003. Foto de grupo de las 5 ex-primeras damas norteamericanas, durante la Gala del 20 aniversario de la fundación del Centro Betty Ford, en Indian Wells (California). De izquierda a derecha, Rosalynn Carter, Barbara Bush, Betty Ford, Nancy Reagan y Hillary Clinton. Nancy Reagan fue la mujer del cuadragésimo presidente de EE UU, una de las primeras damas más populares. Junto a Ronald Reagan tuvo dos hijos, Patti y Ron.
    517 de enero de 2003. Foto de grupo de las 5 ex-primeras damas norteamericanas, durante la Gala del 20 aniversario de la fundación del Centro Betty Ford, en Indian Wells (California). De izquierda a derecha, Rosalynn Carter, Barbara Bush, Betty Ford, Nancy Reagan y Hillary Clinton. Nancy Reagan fue la mujer del cuadragésimo presidente de EE UU, una de las primeras damas más populares. Junto a Ronald Reagan tuvo dos hijos, Patti y Ron.15 de agosto de 1988. La primera dama Nancy Reagan y su marido, el presidente de los Estados Unidos, en un almuerzo en Nueva Orleans para honrarla por su trabajo para combatir el abuso de las drogas.
  • 10 de septiembre de 1987. El Papa Juan Pablo II saludando a Ronald y Nancy Reagan, a su llegada a Miami, durante la visita oficial del primero a Estados Unidos
    810 de septiembre de 1987. El Papa Juan Pablo II saludando a Ronald y Nancy Reagan, a su llegada a Miami, durante la visita oficial del primero a Estados UnidosREUTERS
  • Julio de 1986. La primera dama Nancy Reagan saluda a los fotógrafos en la Estatua de la Libertad un día después del centenario.
    9Julio de 1986. La primera dama Nancy Reagan saluda a los fotógrafos en la Estatua de la Libertad un día después del centenario.
  • 7 de mayo de 1985. Nancy Reagan, primera dama norteamericana, junto a la reina Sofía y a Carmen Romero, en la clase de la Escuela de Arte Dramático y Danza en el escenario del Teatro Real de Madrid, durante la visita oficial del presidente norteamericano y su esposa a España.
    107 de mayo de 1985. Nancy Reagan, primera dama norteamericana, junto a la reina Sofía y a Carmen Romero, en la clase de la Escuela de Arte Dramático y Danza en el escenario del Teatro Real de Madrid, durante la visita oficial del presidente norteamericano y su esposa a España.
  • 19 de noviembre de 1985. El presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan, y su mujer, Nancy Reagan, recibidos por el presidente soviético, Mijail Gorbachov, y su mujer, Raisa Gorbachov, durante un encuentro de ambos mandatarios en Ginebra (Suiza).
    1119 de noviembre de 1985. El presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan, y su mujer, Nancy Reagan, recibidos por el presidente soviético, Mijail Gorbachov, y su mujer, Raisa Gorbachov, durante un encuentro de ambos mandatarios en Ginebra (Suiza).REUTERS
  • 14 de mayo de 1984. Michael Jackson antes de recibir un premio por su contribución a una campaña contra el alcohol al volante junto con el presidente de los Estados Unidos Ronald Reagan y su mujer Nancy, en la Casa Blanca.
    1214 de mayo de 1984. Michael Jackson antes de recibir un premio por su contribución a una campaña contra el alcohol al volante junto con el presidente de los Estados Unidos Ronald Reagan y su mujer Nancy, en la Casa Blanca.
  • 28 de marzo de 1984. El presidente de EE UU Ronald Reagan y la primera dama Nancy Reagan se entrevistan con el líder chino Deng Xiaoping en el Gran Salón del Pueblo en Pekín.
    1328 de marzo de 1984. El presidente de EE UU Ronald Reagan y la primera dama Nancy Reagan se entrevistan con el líder chino Deng Xiaoping en el Gran Salón del Pueblo en Pekín.REUTERS
  • 6 de julio de 1984. El presidente de EE UU, Ronald Reagan, y su esposa, Nancy, visitan las tumbas del Cementerio Americano en la playa de Omaha, donde están enterrados los soldados estadounidenses muertos en el desembarco de Normandía (Francia), durante la Segunda Guerra Mundial.
    146 de julio de 1984. El presidente de EE UU, Ronald Reagan, y su esposa, Nancy, visitan las tumbas del Cementerio Americano en la playa de Omaha, donde están enterrados los soldados estadounidenses muertos en el desembarco de Normandía (Francia), durante la Segunda Guerra Mundial.AP
  • 6 de febrero de 1982. Frank Sinatra bailando con Nancy Reagan, en presencia del presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan.
    156 de febrero de 1982. Frank Sinatra bailando con Nancy Reagan, en presencia del presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan.AP
  • En la fotografía, de 1981, Nancy Reagan está sentada junto al compositor y director Jack Elliott en la Sala Este de la Casa Blanca en Washington. Al llegar a la capital de EE UU en 1981, Nancy Reagan eliminó de un plumazo la sobriedad impuesta por Jackie Kennedy.
    16En la fotografía, de 1981, Nancy Reagan está sentada junto al compositor y director Jack Elliott en la Sala Este de la Casa Blanca en Washington. Al llegar a la capital de EE UU en 1981, Nancy Reagan eliminó de un plumazo la sobriedad impuesta por Jackie Kennedy.AP
  • 20 de enero de 1981. El presidente Ronald Reagan jura su cargo como presidente de Estados Unidos ante el presidente del Tribunal Supremo, Warren Burger, Nancy Reagan y el senador Mark O Hatfield. Nancy Reagan trabajó en algunas películas sin mucho éxito antes de conocer a quien sería su marido, el también actor Ronald Reagan, con quien se casó en 1952. Ambos ocuparon la Casa Blanca durante dos mandatos, entre 1981 y 1989.
    1720 de enero de 1981. El presidente Ronald Reagan jura su cargo como presidente de Estados Unidos ante el presidente del Tribunal Supremo, Warren Burger, Nancy Reagan y el senador Mark O Hatfield. Nancy Reagan trabajó en algunas películas sin mucho éxito antes de conocer a quien sería su marido, el también actor Ronald Reagan, con quien se casó en 1952. Ambos ocuparon la Casa Blanca durante dos mandatos, entre 1981 y 1989.REUTERS
  • Diciembre de 1980. Nancy Reagan escucha a su marido durante un discurso.
    18Diciembre de 1980. Nancy Reagan escucha a su marido durante un discurso. CORBIS
  • 24 de octubre de 1980. El candidato a la presidencia de los Estados Unidos Ronald Reagan y su mujer Nancy juegan con su perro en su vivienda en Virginia.
    1924 de octubre de 1980. El candidato a la presidencia de los Estados Unidos Ronald Reagan y su mujer Nancy juegan con su perro en su vivienda en Virginia. CORBIS
  • 11 de agsoto de 1976. Nancy Reagan junto con su marido durante de regreso a California después de un viaje de la Convención Nacional Republicana.
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    2011 de agsoto de 1976. Nancy Reagan junto con su marido durante de regreso a California después de un viaje de la Convención Nacional Republicana.CORBIS
  • 3 de mayor de 1952. Ronald y Nancy cortan la tarta nupcial durante su boda.
    213 de mayor de 1952. Ronald y Nancy cortan la tarta nupcial durante su boda.CORDON PRESS
  • 1957. Nancy Davis y Ronald Reagan en una escena de la película 'Hellcats of the navy'.
    221957. Nancy Davis y Ronald Reagan en una escena de la película 'Hellcats of the navy'.CORDON PRESS


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