Mostrando entradas con la etiqueta Santiago Carrillo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Santiago Carrillo. Mostrar todas las entradas

La España que tantas veces fue derrotada, pero nunca vencida

 

La España tantas veces derrotada y nunca vencida

«Todos nuestros amigos y socios tienen crisis de similar envergadura, pero nosotros carecemos de la fortaleza de sus instituciones y de su largo poso democrático»

 
 

Sin duda, estamos atravesando en España los momentos más difíciles desde la Transición de los años 70 del siglo pasado. Desde los primeros pasos de aquel tiempo ilusionante hubo quienes lo combatieron con saña: la banda terrorista ETA, los partidarios de rupturas revolucionarias y aquellos que, aunque participaron en el proceso democratizador que culminó con la aprobación de la Constitución, no compartieron el espíritu de concordia y superación, esperando repartir el botín político. Pero esto importaba poco entonces, porque los grandes partidos del escenario político —la UCD, luego el PP, y el PSOE—, con la colaboración imprescindible del partido de Santiago Carrillo, garantizaron el éxito de aquella apuesta histórica.

Se produjo un salto en nuestra historia que se consolidó con gobiernos alternantes que modernizaron el país y nos situaron en el mundo en un papel relevante y merecido, tanto por nuestra historia como por nuestro esfuerzo y nuestro fiable compromiso con socios y amigos. Fue un tiempo en el que parecía que habíamos cerrado para siempre las viejas heridas y los peligros de un pasado cainita y fratricida. Sin embargo, olvidamos, como el resto de los países europeos, que el fantasma del pasado siempre puede regresar. Contradictoriamente, fustigamos a Fukuyama cuando afirmó que la historia había terminado, pero nos comportamos como si hubiéramos aceptado su tesis, creyendo que no podríamos volver a caer en los dramáticos errores del pasado. Pero la historia siguió su curso avasallador, recordándonos que siempre es posible regresar al pasado si no nos conjuramos para evitarlo.

Surgieron, se consolidaron y se hicieron mayoritarios fenómenos políticos radicales porque un pensamiento débil se adueñó de los partidos políticos tradicionales, que se negaron a enfrentar los nuevos retos de la globalización tecnológica y económica. Los españoles no estamos solos en esta crisis, pero sí somos más débiles. Todos nuestros amigos y socios tienen crisis de similar envergadura, pero nosotros carecemos de la fortaleza de sus instituciones y de su largo poso democrático. Por el contrario, nuestras instituciones son recientes, frágiles y muy discutidas por una parte importante de la clase política, decidida a volver al pasado, imponiendo su verdad subjetiva y olvidando que una democracia fuerte necesita concordia y, como diría un apesadumbrado Azaña, «un asenso común».

En España, todo empezó a trastocarse cuando los herederos de los protagonistas de la Transición, especialmente quienes sustituyeron sólidamente a Felipe González, impulsaron una política de aislamiento de la derecha, basada en la nostalgia de un tiempo idealizado que nunca existió. Nada mejoró con un Gobierno de centro-derecha que nunca estuvo a la altura de los retos y amenazas políticas del momento.

Pero los tiempos de zozobra y crisis política llegaron verdaderamente cuando el Partido Socialista de Sánchez se convirtió en albacea del testamento político de Pablo Iglesias Turrión y, despreciando lo que solo debía administrar temporalmente, dispuso ponerlo a la venta para mantenerse en La Moncloa. El Gobierno se convirtió en una tómbola en manos de sagaces aventureros o ignorantes fanáticos. Entonces, el equilibrio de la balanza comenzó a romperse, y los rupturistas de antaño, los herederos universales de ETA y quienes estaban con la mayoría exclusivamente por cálculos, siempre ayudados por la indiferencia de muchos, fueron inclinándola hacia el conflicto, el muro y las trincheras.

Como a una expresión política extrema y radical le sigue, inevitablemente, otra de signo contrario, en España apareció una derecha radical y populista, apoyada sin disimulo por el Gobierno. En estas graves circunstancias, he recordado en esta semana trágica para la decencia política una correspondencia epistolar entre Américo Castro y Menéndez Pidal en 1939: «Vuelvo —decía el primero— a mi tema: no hay en España otro problema más grave que el de su unidad, precisamente por la gran capacidad de sus gentes para dividirse y enfrentarse, negando el pasado común y olvidando que solo en la unión y el reconocimiento mutuo puede construirse un futuro digno».

MEMORIA HISTÓRICA: Relación nominal de los 50 niños asesinados por Santiago Carrillo en Paracuellos.

 



Carmen Calvo que ha chuleado a todos los españoles de palabra, obra y omisión en defensa de los muertos en la guerra civil española, mejor dicho en la post guerra civil –creo que le llaman memoria histórica- Esas altozanas frases: ”Estoy enferma de ver cada día muertos en las cunetas de las carreteras. Yo he andado toda, toda España varias veces y no he visto a ninguno. Hay que sacarle de los caídos ¡YA¡ y así fue, lo sacaron ¿Qué se ha solucionado en España.

Al grito de ¡YA¡ se le unía el de la ministra de Justicia, Lola Delgado que decía sobre la exhumación de Franco: “Ha sido muy emocionante. Es un día histórico”. Delgado realizó en silencio los 15 minutos de trayecto en helicóptero con los restos de Franco y uno de los nietos del dictador.

Posteriormente ha recordado la serpiente y la paloma para afirmarse científicamente en la modernidad. Las palomas puede traer ramos de olivo a Noé , mensajes de servicio secretos a Churchill, designaciones de los dioses a muchachitas en flor, y títulos de filiación del Altisimo a carpinteros visionarios palestinos. Las serpientes, una al menos, puede empoderar a la única mujer feminista del Edén o provocar una reforma laboral tipo PP a la pareja de tal dama. Hará bien el señor Rufian en recordar que Sidonio Apolinar, viviente entre 431 y 489 de nuestra era, tenía la habilidad de conseguir éxito en sus peticiones, propias o de terceros de los que se convertía en mediador, perdiendo  con mucho tacto al chaquete, cuando jugaba con el rey visigodo Teodorico. Y hará mejor al tener presente los cambios producidos en España recordando que el señor Aragonés, abuelo del actual president, fue alcalde en años de la dictadura de general Franco y que durante ella, 1963, construyó el mayor hotel de España entonces, en la misma orilla del Mediterraneo. Polititica, burguesía acomodada y rentabilidad empresarial unidas se perpetúan en Cataluña y en el resto del universo mundo. O sea que el señor Rufián no debe dar lecciones a diestro y siniestro. El carpintero de la paloma que he citado en broma, lo avisó en serio: saca la viga de tu ojo, antes de avisar de la  paja en el de tu vecino.

 

 

Es curioso, pero Santiago Carrillo acabó repudiado por el PCE y amparado en el PSOE cuando estaba a punto de dar con todo lujo de detalle la alícuota parte que, en su día, se llevaron los socialistas del “oro de Moscú”, Manuel Azaña y Juan Negrín. Es un secreto a voces que la quinta parte del oro se quedó en Francia y por un fallo mecánico se los quedó la Internacional socialista, a cambio de protección y mamandurria de 4 tenedores a la cúpula que nombró Carrillo. Si ese que mató a tantos y tantos miles de personas e incluso niño que a continuación detallo con nombre y apellidos. 

 

Relación nominal de los 50 niños asesinados por Santiago Carrillo en  Paracuellos del Jarama.

Samuel Ruiz Navarro, 13 años.

Luis Romeu Cayuela, 17 años.

Manuel Pedraza García, 15 años.

Francisco Rodríguez Álvarez, 15 años.

Francisco Martín Monterroso, 17 años.

Luis Abía Melendra, 17 años.

Ramón Alcántara Alonso, 17 años.

Manuel Alonso Ruiz, 16 años.

Jaime Aranda de Lombera, 13 años

Pedro Antonio Serrano Prieto, 15 años

Rafael Teruel Monleón, 16 años

Carlos Arizcun Quereda, 17 años.

José A. Barreda Fernández Cerceda, 17 años.

Manuel Blanco Urbina, 14 años.

Vicente Caldón Gutiérrez, 17 años.

José María Casanova y González Mateo, 17 años.

Antonio Castillejos y Zard, 16 años.

Víctor Delgado Aranda, 17 años.

Vicente Galdón Jiménez, 15 años.

Manuel Garrido Jiménez, 17 años.

Gabriel Garrido Jiménez, 14

Aurelio González González, 17 años.

Rafael Gutiérrez López, 17 años.

Adolfo Hernández Vicente, 14 años.

Miguel Iturruran Laucirica, 17 años.

Ángel Marcos Puente, 17 años.

Emilio Morato Espliguero, 17 años.

Saturnino Martín Luga, 17 años.

Ramón Martín Mata, 17 años.

José María Miró Moya, 16 años.

Carlos Ortiz de Taranco Cerrada, 17 años.

Antonio Rodríguez de Ángel, 17 años.

José Luis Rodríguez de la Flor Torres, 17 años.

Epifanio Rodríguez García de la Rosa, 17 años.

José María Romanillos Hernando, 17 años.

Manuel Ruiz Gómez de Bonilla, 16 años.

Juan Carlos Sagastizabal Núñez, 17 años.

Alfonso Sánchez Rodríguez del Arco, 16 años.

Alfredo Santiago Lozano, 17 años.

Manuel Santiago Lucena, 14 años.

Enrique Sicluna Rodríguez, 16 años.

Óscar Suárez Lorenzo, 17 años.

Guillermo Torres Muñoz de Barquín, 17 años.

Bernardino Trinidad Gil, 16 años.

Tarsilo de Ugarte Ruiz de Colunga, 17 años.

José Luis Vadillo de Alcalde, 17 años.  

Florencio Vadillo de Alcalde, 15 años.

Alejandro Villar Plasencia, 17 años.

Olegario Zorrella Muñoz, 17 años.

Alfredo Zugasti García de Paredes, 17 años.

Enrique Arregui Hidalgo, 17 años.

Rafael Arrizabalaga Español, 17 años.

Félix Berceruelo Martín, 17 años.

Jesús Calvo Quemada, 17 años.

José Luis Pérez Cremos, 16 años.

 

Ruego una oración por las almas de aquellos niños cuyo único mal fue preguntar por el estado de sus padres a los  que ya habían fusilado.