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El PSOE con menos de 100 escaños pide la eutanasia

El clima depresivo del partido choca con el barómetro del CIS, que es calificado de «broma» por los socialistas El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, junto al líder del PSOE de Madrid, Juan Lobato, en un mitin en la capital el pasado 7 de julio. Hay un consenso demoscópico y político: nadie se cree ya las estimaciones del CIS de José Félix Tezanos. La victoria socialista que pronostica el barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas no sólo no es objeto de las tradicionales convocatorias de los partidos para valorar los resultados, sino que estos apenas ocupan un hueco en las conversaciones que los socialistas tienen en privado, salvo para reconocer que son «de broma». Más allá de los titulares de periódicos y tertulias televisivas o radiofónicas, el barómetro del CIS no ocupa ya espacio en las conversaciones internas de los partidos políticos. Menos aún en el PSOE, donde el clima depresivo ha inundado a la organización, inmersa en una «campaña fúnebre» sin mítines ni militantes. Nadie contempla una victoria. Todos cuantifican la magnitud de la derrota y la opinión mayoritaria es que no se salvarán los muebles. La barrera psicológica de los 110 escaños que sacó Alfredo Pérez Rubalcaba en el 2011, en el ocaso del zapaterismo queda lejos del umbral aceptable para que el partido «no se abra en canal». La inmensa mayoría de los dirigentes, de distintos territorios y familias políticas, críticos con el sanchismo, partidarios y veteranos, coinciden en que si el PSOE no pasa del centenar de parlamentarios y el PP se corona por encima de 150, ésta vez no hay parapeto posible. Es más, la sospecha/temor/augurio ampliamente compartido es que «Feijóo no va a necesitar la abstención de Vox. Si saca 155-160, Pedro se tiene que ir la noche del 23-J». Pero es aquí donde se desdoblan los caminos en función de la afinidad con el todavía líder del partido. Los partidarios de Sánchez aceptan que s esto se cumple, el líder del PSOE no podrá recoger el escaño en el Congreso. «¿Tú le ves sentado en la oposición viendo cómo Feijóo se sienta en su sillón azul?». Otra cosa distinta es que lo que ocurra en el partido y lo que auguran los sanchistas ‘pata negra’ es que Ferraz volverá a ser una trinchera, como en octubre del 2016, cuando fue derrocado por el Comité federal del PSOE un famoso 1 de octubre. «Pedro no se va a ir». Como adelantaron fuentes socialistas a este periódico, «se va a atrincherar» en la secretaría general del partido, con la excusa de hacer un proceso tranquilo, sereno, dando tiempo a que se articulen los liderazgos y, sobre todo, manejando los tiempos y al aparato para garantizarse el control del partido y, en función de las circunstancias, incluso su permanencia. Aviso a los barones La gran paradoja se encuentra en su tabla de salvación: la debilidad actual de los barones tras el 28-M. Quienes podrían garantizar la permanencia de Pedro Sánchez podrían ser los presidentes autonómicos que han dejado de serlo, y cuya supervivencia política está únicamente sujeta al hilo de la secretaría general. Con la única excepción de Emiliano García-Page, los barones autonómicos empiezan a temer por sus territorios, donde el ruido interno de sus federaciones constatan los movimientos preparatorios de una eventual dimisión de Sánchez. Algo que conllevaría la constitución de una comisión gestora y la convocatoria de un congreso extraordinario que, según los estatutos del partido, abriría paso a los congresillos territoriales para renovar todos los liderazgos. En Aragón, el partido está «completamente partido», y Javier Lambán «ya no controla la federación» tras haber perdido todo en Huesca y haber dimitido sus candidatos por la imposición de Ferraz en las listas; en Valencia, la salida de Ximo Puig es altamente probable por la amenaza del tándem entre los secretarios provinciales de Valencia y Alicante, Carlos Mislata y Alejandro Soler, que «forzarán un congreso extraordinario y lo tienen ganado con el apoyo de una amplia mayoría de alcaldes; en Extremadura, «Guillermo Fernández Vara está fuera, deseando ejercer de médico forense y abandonar la política, en la que sólo sigue por la petición expresa de Pedro»; en Madrid, muchos opinan que el liderazgo de Juan Lobato «está consolidado» pero no sobre suelo firme, ya que el corte de entrada en el Congreso por Madrid puede limitarse a 7 escaños -justo el puesto que ocupa en la lista el jefe de gabinete de Pedro Sánchez, Óscar López-, dejando fuera a los simanquistas (Rafael Simancas va de número 9 y su pupila, Mercedes González, de 10), lo cual anticipa una dura batalla en un congreso regional con Félix Bolaños recién salido de Moncloa, sin más puesto que el de diputado raso y con aspiraciones aún de controlar Madrid. Con la pérdida de su feudo en Canarias, ahora en manos de CC y el PP, y Andalucía «a punto de saltar por los aires» para derrocar a Juan Espadas, serán clave las posiciones que fijen los barones afines que todavía lo seguirán siendo: el asturiano, Adrián Barbón, y la navarra, María Chivite, pero ambos contemplan la permanencia de Pedro Sánchez, aun siendo desterrado de la presidencia del Gobierno. Y en su caso, ambos le apoyarían. Es destacable en este sentido la recientemente recuperada actividad de la cabeza de lista por Asturias y ex vicesecretaria general del PSOE, Adriana Lastra. Fue de las pocas que se apresuró el martes a defender «la solvencia» de Sánchez tras el debate del lunes con un «Feijóo mutado en una máquina de mentir», frente al silencio de otros muchos.  «Los Estatutos le permiten perpetuarse» Según fuentes socialistas, «ya no hay barones». Y el único liderazgo incontestable que queda, el de Page en Castilla-La Mancha, necesitará aliados para la revolución antisanchista. Una aspiración quizá demasiado alta con las armas disponibles porque «los estatutos están redactados para que él se perpetúe», tras los cambios efectuados por el propio Sánchez en el 39º Congreso del PSOE, después de su reconquista del PSOE en 2017. Los detractores de Sánchez vislumbran las maniobras y advierten de que, si los pronósticos se cumplen, «no se puede dimitir en diferido y Pedro tendrá que asumir su responsabilidad de una vez por todas». Y más después de una «campaña personalista en la que él lo ha centralizado todo». Pero vuelven los bandos y los más fervorosos pedristas dan señales de estar preparados para una nueva batalla, para volver a contar votos en un Comité Federal y para resistir la embestida de los críticos. Vuelven a sonar los tambores de guerra y afloran las evidencias de que «tendría que haber una profunda remodelación en el partido». Y las amenazas veladas: «Pedro llamará el 23 a los barones para preguntarles: ‘¿Cómo lo hacemos?’». Pero esa pregunta no va en son de paz ni pretende hacerles partícipes del proceso que sólo el jefe quiere tutelar. Lo que persigue es mandar un aviso a navegantes. Si caigo yo, caemos todos. Porque si se constituye la gestora y se convoca un congreso, caerá Pedro Sánchez y, con él, todos los antisanchistas derrotados en las urnas a los que ya les están moviendo la silla.

Adriana Lastra dimite, cinco minutos antes de que la dimitan.

Su único trabajo conocido fuera del PSOE: panadera

La debacle electoral del 10-J se ha cobrado ya su primera víctima. La vicesecretaria general del PSOE, Adriana Lastra, ha anunciado este lunes su dimisión. En un comunicado emitido por Ferraz explica que para una militante socialista, «ser vicesecretaría general del Partido Socialista es una de las responsabilidades más hermosas que existen, también es una tarea muy exigente en tiempo, esfuerzo y desvelos».

 Por Juan Pardo

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Blog de Juan Pardo

En los últimos meses «se han producido cambios importantes en mi vida personal que me exigen tranquilidad y reposo y que, en las dos últimas semanas, me han obligado a tomar una baja laboral que se va a prolongar aún un tiempo», en alusión a su embarazo.

 

Compaginar «reposo y cuidados»

«Por todo ello, y ante la dificultad de compaginar las exigencias de reposo y cuidados, imprescindibles en mi situación actual, con la intensidad que exige la dirección del Partido, he presentado mi dimisión como vicesecretaría». Así se lo trasladó hace días a Pedro Sánchez «a quien quiero agradecer su confianza todos estos años recorridos en un camino que muchos creyeron imposible y que hemos hecho realidad paso a paso».

 

El papel de Lastra había sido cuestionado tras la debacle de las elecciones andaluzas y sus malas relaciones con el secretario de Organización socialista, Santos Cerdán. El escenario electoral de 2023 exigía un partido en plena forma, lo que distaba mucho de ser así después de encadenar varias derrotas electorales, salvo la catalana.

 

Antonio Hernando y Patxi López

Sánchez deberá nombrar ahora un sustituto o sustituta. Las quinielas hablan de perfiles tan políticos como el de Antonio Hernando o Patxi López, sin descartar que busque el nombre de otra mujer. Para nombrar dicho relevo deberá reunir a la ejecutiva socialista, lo que no estaba previsto hacerlo ya en este mes. Y es que la dimisión de Lastra, aunque se escude en el tan consabido «cuestiones personales», tiene una carga política de fondo que pone el foco en esa dimisión justo cuando el gobierno seguía saboreando el éxito del debate del Estado de la Nación.

 

Cuando no cumple ni un año de su renovación en la vicesecretaria general del partido, descabalgada de la portavocía en el Congreso, algo que nunca asimiló bien, se despide de sus compañeros de los que dice que «es difícil encontrar personas con tanta dedicación y tanta competencia. Son un orgullo para este partido que, con ellos, siempre estará en buenas manos. Si algo he sido, soy y seré es militante de este partido. Nos encontraremos en las agrupaciones y las casas del pueblo»

Por Juan Pardo

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La media de las últimas encuestas electorales aproximas más al PP a la mayoría absoluta.



Según la media de las últimas encuestas publicadas siguen confirmando la victoria del PP de cara a unas futuras elecciones generales. El Partido Popular ganaría unos comicios generales si se celebraran hoy, según este sondeo. Lo haría con 141 escaños, 48 por encima de los 93 del PSOE. Por detrás, en este orden, quedarían Vox (45), Unidas Podemos (22), ERC (13), PNV (6), Bildu (6) y Más País + Compromís (5); y Ciudadanos obtendría un único escaño. Eso significa que el PSOE habría readquirido ocho escaños y casi un punto en intención de voto desde las últimas cifras del mes de junio, mientras que el el PP, en ese mismo tramo, ha perdido catorce diputados y tres puntos, al remitir ligeramente el 'efecto Feijóo'.

 Por Juan Pardo

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La última encuesta de GAD3 publicada por el diario 'ABC' también reflejaba esa tendencia, ahora ligeramente frenada: el PP ganaría las próximas elecciones generales con un apoyo de más del 36%, cinco puntos más que el resultado de las encuestas de la semana pasada, lo que le otorgaría entre 155 y 159 escaños. Por el contrario, el PSOE perdería poder, quedando en una segunda posición con un 24,3% de los votos (94-98 escaños). Unidas Podemos mantendría su caída y se quedaría por debajo del umbral del 9% de voto (16-18 escaños). Según este sondeo, los populares sumarían holgadamente mayoría de investidura o Gobierno con Vox, ya que la encuesta otorga a los de Santiago Abascal entre 37 y 39 diputados. Ciudadanos desaparecería del ámbito político nacional al no alcanzar ningún escaño. Los datos de la encuesta avalan la teoría del cambio de ciclo político que anticipaba la histórica mayoría absoluta del PP en Andalucía.

 

El sondeo de 'ABC' confirmaba también otra tendencia de fondo: la fuerte recuperación del bipartidismo, aun cuando el arco parlamentario mantendría una acusada fragmentación. El PP se dispara por encima del 30% del voto, y el PSOE casi alcanza el 25%. Es decir, seis de cada 10 votantes elegirían a uno de los dos grandes partidos. Una de las principales formaciones de la llamada 'nueva política' que irrumpió en 2015, Ciudadanos, desaparecería; la otra, Podemos, sigue perdiendo representación, a la espera de si Yolanda Díaz puede actuar como revulsivo para ese espacio, y el tercer partido en aparecer, Vox, detendría su crecimiento.

 

Este promedio de encuestas no debe interpretarse como la estimación de voto. Se trata de una herramienta cuyo objetivo es dar una idea agregada de la situación de los distintos candidatos ante las elecciones generales de 2023. La estimación de voto de este periódico, en cambio, se publica cada 15 días desde septiembre de 2021 en el Observatorio Electoral, de la mano del instituto demoscópico IMOP Insights. El agregador de encuestas, además, supone una información en constante actualización. Cada vez que se publica un nuevo sondeo, este se incluye en nuestra base de datos y el gráfico queda actualizado. La intención de voto no es una variable muy volátil, pero, desde las últimas elecciones generales, las tendencias han mostrado alteraciones que se explican por momentos clave. Por ejemplo, la victoria de Isabel Díaz Ayuso en Madrid en mayo de 2021 marcó un claro ascenso de las opciones del Partido Popular para ganar a nivel nacional. Y ese impulso decayó más tarde, cuando se aproximaban las elecciones de Castilla y León y coincidiendo con la crisis del Gobierno de Díaz Ayuso por las comisiones cobradas por su hermano por contratos de venta de material sanitario. También el nombramiento del nuevo líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, marcó un nuevo rumbo en la estimación de voto a los populares. Pero, si se habla de tendencias, hay una pregunta principal que responder: ¿cuánto ha subido o bajado cada partido desde las anteriores elecciones? El siguiente gráfico muestra la comparación entre los resultados del 10-N y el último dato disponible del promedio de encuestas de El Confidencial.

 

Cómo hacemos el promedio de encuestas

Recopilamos los sondeos publicados por las casas encuestadoras en los periódicos o páginas web correspondientes. Identificamos tanto la fecha de publicación como la de finalización del trabajo de campo. Esta última es la que utilizamos para calcular la media móvil diaria de las últimas dos semanas. El promedio pondera las encuestas publicadas según tres criterios: tamaño de la muestra, la fecha de finalización del trabajo de campo y casa encuestadora. Así, los sondeos que cuentan con tamaños de muestra más bajos tienen menos peso a la hora de calcular el promedio, y viceversa. Por otra parte, las encuestas más recientes tienen un peso mayor en la media de cada día. Esto hace que la fórmula sea más ágil para registrar cambios de tendencia, aunque el promedio a 14 días es cauto y su tendencia no deja mucho espacio a la volatilidad de última hora. Además, el promedio tiene en cuenta información de hasta los últimos 30 días, pero aquellos publicados hace dos semanas tienen un peso prácticamente inexistente en el cálculo. Solo en los primeros 30 días que aparecen en el gráfico el promedio se calcula a futuro, ya que no se dispone de días previos para ponderar.

Por último, para la ponderación según la empresa que realiza la encuesta, se han tenido en cuenta dos cuestiones. Por un lado, el acierto de cada empresa en la última encuesta publicada para las elecciones generales del 19 de noviembre de 2019. Y, en segundo lugar, se ha establecido un criterio editorial para valorar qué casas encuestadoras deben tener un impacto mayor en la media de sondeos. De esta forma, ponderamos los conocidos como 'efectos de casa'. Por citar un ejemplo, no es nuevo que el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) es la casa encuestadora que ofrece los mejores datos para el PSOE, con bastante diferencia del resto y de forma sistemática. Aplicando una ponderación por casa, estos efectos afectan en menor medida al promedio, aunque no queda exento de ellos por completo. En cerca de 60 sondeos, la mayor parte concentrados en 2020 y principios de 2021, no se publica el dato de Más País. En esos casos, la suma del bloque de izquierdas se ve infrarrepresentada, ya que solo se hace la suma de PSOE y Unidas Podemos. Nuestro modelo para calcular el promedio es sólido, pero, a la vez, flexible. Esto significa que podemos aplicar cambios en función de las necesidades que la actualidad imponga, como la creación de un nuevo partido que se presente a nivel nacional o la reacción ante una mayor intensidad de publicación de sondeos cuando quede menos para las elecciones. Todos los cambios quedarán reflejados en este apartado metodológico.

Por Juan Pardo

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Blog de Juan Pardo

Las mentiras de Adriana Lastra: las regiones del PP reciben menos fondos UE.

Los últimos datos indican que las regiones gobernadas por el PSOE han recibido 165,1 euros más de media per cápita que las lideradas por el PP.

Los datos desmienten a Adriana Lastra: las regiones del PP reciben menos fondos UE

Adriana Lastra, vicesecretaria general del PSOE.|Europa Press

Según el cribado realizado por THE OBJECTIVE en base a los datos del Plan de Recuperación, esto supone una diferencia entre estas regiones de 165,1 euros, una cifra que ha ido creciendo a medida que el Gobierno de Pedro Sánchez ha aumentado el reparto de los fondos europeos a las comunidades autónomas.

Declaraciones de Lastra

Estos datos demuestran que el argumentario del PSOE para justificar el triunfo del PP en las elecciones de Madrid, Castilla y León y Andalucía, esta última por mayoría absoluta, no tiene base técnica. En la la resaca de la noche electoral del domingo la vicesecretaria general del PSOE, Adriana Lastra, aseguró este domingo que el candidato del PP, Juanma Moreno, llegó a las elecciones del 19-J tras superar la crisis del coronavirus "con los ingentes recursos aportados por el Gobierno de España".

Sin embargo, los datos de reparto indican todo lo contrario a las declaraciones de Lastra. Todas las cifras de reparto de fondos europeos aportados por el Gobierno central indican que las comunidades gobernadas por el PSOE reciben más recursos per cápita que sus homólogas del PP. Es más, la diferencia entre los dos grupos se ha disparado desde los 60 euros en enero hasta los 165,1 euros en junio, un crecimiento del 57% en solo cuatro meses.

Si en enero la cifra repartida era de 11.247 millones de euros, el nuevo informe de ejecución refleja que hasta el 1 de junio se han destinado ya 25.486 millones de euros, más del doble. En su nuevo informe el Ministerio de Asuntos Económicos, dirigido por la vicepresidenta Nadia Calviño, suma el reparto de los fondos React EU (10.000 millones) y los Next Generation (15.486 millones).

Fondos europeos per cápita

Con los nuevos recursos entregados las diferencias entre comunidades se han disparado. Por ejemplo, La Rioja tiene una inversión per cápita de 883 euros frente a los 412 de Madrid. En enero la diferencia entre las dos era de 170 euros y ahora es de casi 470. De esta manera, el cribado realizado por este diario refleja que cinco comunidades del PSOE lideran el ranking de la inversión per cápita (resultante de la división entre el dinero asignado y el número de habitantes de cada comunidad). 

El primer lugar lo ocupa Melilla (ex Cs), que recibió en los últimos meses una inversión de 205 millones para sus 83.000 habitantes, seguido de La Rioja (PSOE) con 703 euros por habitante, tras recibir 278 millones con una población de 315.000 habitantes. Le sigue Baleares (PSOE) con 799 euros (975 millones de inversión y 1,2 millones de habitantes), Canarias (PSOE) con 761 euros (1.711 millones y 2,2 millones de población), Extremadura (PSOE) con 697 euros (736 millones y un millón de habitantes) y Navarra (PSOE) con 697 euros por habitante (457 millones y 656.000 habitantes).

En el lado opuesto del cuadro encontramos a la mayoría de las comunidades gobernadas por el PP. El último lugar lo ocupa Madrid con apenas 412 euros por habitante, que resulta tras recibir 2.781 millones de euros a repartir entre sus 6,7 millones de habitantes. En enero, la comunidad liderada por Isabel Díaz Ayuso (PP) presentó un recurso en el Tribunal Supremo contra el Gobierno de Pedro Sánchez por el reparto «arbitrario» de los fondos europeos.

Diferencia de inversiones

Pero no es sólo Madrid. La segunda por la cola en recepción de fondos europeos es Murcia, con una inversión per cápita de 436 euros, tras recibir 661 millones con 1,5 millones de habitantes; mientras que Galicia se queda en 489 euros (1.316 millones de euros recibidos entre 2,7 millones de habitantes). Andalucía apenas se queda en los 520 euros, pese a recibir 4.427 millones -la mayor cifra en términos absolutos- pero que se distribuye entre 8,5 millones de habitantes. Cierran la lista de las comunidades del PP Ceuta con 641 euros per cápita, y Castilla León con 588 euros por cada ciudadano.

En cuanto a otras comunidades, Asturias (PSOE) tiene una inversión en fondos europeos per cápita de 558 euros, Castilla La Mancha (PSOE) 573 euros, Cantabria (gobernada por el Partido Regionalista Cántabro) 560 euros, Comunidad Valenciana (PSOE) 530 euros, Cataluña (gobernada por ERC) se queda con 507 euros -85 más que Madrid- y País Vasco (a cargo del PNV) con 477 euros -35 más que Madrid-.

En estas inversiones de fondos europeos se dan otras particularidades como que la socialista Canarias recibe más recursos (1.711 millones) que la popular Castilla León ( 1.294 millones) y Galicia (1.399 millones), pese a que tiene menos población. Lo mismo pasa con Castilla La Mancha (1.174 millones) frente a País Vasco, gobernada por el PNV (1.039 millones), aunque tiene casi 200.000 habitantes menos; y con Murcia (661 millones), que es relegada por Aragón (809 millones), Baleares (975 millones) y Extremadura (736 millones), todas gobernadas por el PSOE y con menos habitantes.

Por Juan Pardo

juanpardo15@gmail.com

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El peor enemigo de la izquierda es su existencia. Ejemplo, Pedro Sánchez.

El peor enemigo de la izquierda es su existencia. Ejemplo, Pedro Sánchez.


Irene Montero comunicó a Carmen Calvo, antes de comenzar la investidura, que Podemos votaría NO a la "proclamación" de Pedro Sánchez por farsantes y demagogos. Pablo Iglesias, además, de desenmascarar a Pedro Sánchez y su banda, ha colaborado destacadamente en la supervivencia de España. Nos podemos felicitar de que la, llamémosle “negociación“, del PSOE con Podemos no se haya traducido en un pacto que hubiera metido en el seno del Gobierno a una formación que, primero, tiene muchas contraindicaciones políticas e ideológicas para poder sentarse a una mesa del consejo de ministros y, segundo, le habría complicado extraordinariamente la vida al Ejecutivo resultante porque, como se ha visto ya en sus propuestas para el acuerdo, la formación morada tiene sus propias reglas y sus propios propósitos y son ésos  los que hubiera intentado conseguir independientemente de que el resto de ministros caminara en una dirección distinta y hasta opuesta .

Le sobraba la razón hasta por los ojos a Pedro Sánchez cuando le decía a Pablo Iglesias desde la tribuna que no se podían tener dos gobiernos metidos en uno. O un gobierno encastrado en el otro. Pero es que además, la entrada de Podemos en el equipo gubernamental hubiera supuesto una auténtica amenaza para la economía de nuestro país y para la consecución de su equilibrio.

Con mucho motivo algunos de los ministros del actual Gobierno en funciones le pidieron estos últimos días al presidente que levantara unas barreras en esa negociación sui generis que han celebrado Podemos y PSOE de modo que, en el caso de que se llegara a un acuerdo de reparto de carteras -porque era de eso de lo único que se estaba hablando- los hipotéticos futuros titulares de ministerios pertenecientes a la formación morada no tuvieran de ninguna manera acceso, por ejemplo, a la Comisión Delegada de Asuntos Económicos ni a la de Seguridad Nacional ni a la de Asuntos de Inteligencia.

Y es que, retóricas de hemiciclo aparte, muchos de los miembros del Gobierno en funciones se preparaban aterrados ante la posibilidad de que un error garrafal del presidente hubiera abierto la puerta a ese gobierno de coalición que -digámoslo también ahora- nadie en el PSOE quiso nunca y menos que nadie lo quiso Pedro Sánchez.

Lo que hemos visto esta semana ha sido el resultado de un error de cálculo del presidente del Gobierno

Lo que hemos visto esta semana ha sido el resultado de un error de cálculo del presidente del Gobierno y de su asesor estratégico que ha podido llegar a costarle muy caro a él y al país en su conjunto. El error estuvo en cambiar de planes inesperadamente y decir en la televisión el jueves de la semana pasada que aceptaría la inclusión de dirigentes de Podemos en el futuro Gobierno. Eso era nuevo, nunca se había planteado porque tenía riesgos enormes y constituyó un error descomunal que nos ha podido costar muy caro.

Otra cosa habría sido que Sánchez se hubiera mantenido en la invitación a formar parte del Ejecutivo a personas próximas a Podemos y suficientemente cualificadas. Probablemente, Iglesias se habría acabado conformando con ese nivel de participación porque, al fin y al cabo, esos tres o cuatro ministros de la órbita del partido morado habrían podido jugar un papel a satisfacción de las dos partes. Pero Sánchez se pasó en su apuesta, convencido como estaba de que Iglesias nunca admitiría retirar su candidatura a formar parte del Gobierno, y con ese error llegó todo lo demás.

No tengan ustedes ninguna duda: el presidente está ahora mismo frustrado y disgustado porque su opción de presidir un Gobierno con todas las bendiciones parlamentarias se ha malogrado por el momento, pero también está profundamente aliviado de haberse quitado de encima esa fórmula suicida de un gobierno encajado en otro gobierno, que es lo que se habría producido con toda seguridad si  Iglesias llega a aceptar la última oferta del PSOE.

Y eso habría significado una situación de Gobierno con desdoblamiento de la  personalidad en perjuicio del equipo socialista en multitud de problemas, el primero de los cuales se habría desatado en cuanto el Tribunal Supremo hubiera hecho pública su sentencia condenatoria de los independentistas procesados.

Porque no nos engañemos: puede que Pablo Iglesias hiciera el esfuerzo de guardar un siempre incómodo aunque elocuente silencio a ese respecto pero muy pocos de los suyos le seguirían en el sacrificio y así tendríamos que miembros de un partido que forma parte del Gobierno de España sostienen que hay que sacar a los presos políticos de la cárcel porque este no es un Estado de Derecho y aquí se persiguen los delitos de opinión.  Es sólo un ejemplo de una infinidad de situaciones problemáticas a las que se habría tenido que enfrentar el presidente y sus ministros de haber tenido a Podemos metido dentro de casa.

Afortunadamente, Iglesias no ha estado muy diestro y ha dejado pasar la ocasión de meter una cuña en el Ejecutivo.  Ya digo que yo me alegro y que respiro aliviada. Creo también que va a ser muy difícil, mucho, que después de lo sucedido, se reanuden unas negociaciones que nunca fueron programáticas -lo explicó el propio Sánchez en la televisión- sino al 99% relativas a los cargos, pero que han dejado muchas heridas en ambos contendientes o interlocutores.

Los socialistas ya no se fiaban de los podemitas antes de esto pero a partir de ahora esa desconfianza va a pasar a ser granítica. Y los podemitas se han quedado compuestos y sin novia, humillados hasta el final por el golpe asestado por Adriana Lastra en los últimos minutos del duelo cuando Iglesias, en  un movimiento patético, se ofreció sobre la marcha a renunciar al ministerio  de Trabajo si se le adjudicaban las políticas activas de empleo: “Señor Iglesias, ¿no sabe usted que las políticas activas de empleo están transferidas a las comunidades autónomas? Quiere usted conducir un coche y no sabe donde está el volante”.

No van a reanudarse los contactos para pactar una entrada en el futuro Gobierno de dirigentes del partido morado. No quiere Sánchez, no quieren sus ministros y no quieren los dirigentes de Ferraz, Sí querían los abajo firmantes de siempre y algunos colegas de esta profesión, además, seguramente, de muchos votantes de izquierdas. Pero, visto de cerca, es mejor que el morlaco se vuelva a los corrales y que tengamos así la fiesta en paz.

El resultado final de la sesión de investidura más torpe y peor planteada de todas las que se han producido en la historia de nuestra democracia es que Pedro Sánchez ha fracasado en su intento.

Hay que decir que una gran parte de la culpa es suya porque llegó a este proceso prácticamente con las manos en los bolsillos; habiendo metido la pata en el último momento con eso de admitir a los dirigentes de Podemos como miembros de su futuro Gobierno; habiendo señalado además al partido morado como “socio preferente” sin haber  celebrado la menor negociación de programas; sin haber hablado con quienes se suponía que le habían de proporcionar los votos para ser investido -todos ellos se lo han reprochado durante las sesiones parlamentarias- y, simultáneamente, lanzando a la bancada de los partidos conservadores la petición, que él convirtió sorprendentemente en “exigencia”, de que se abstuvieran para facilitar la constitución de un Gobierno.

Pero “soplar y sorber, todo no puede ser”. O se cierra una  negociación seria y sólidamente construida con los posibles socios de investidura que  garanticen su apoyo más allá de la sesión de entronización y se extienda a un respaldo a la acción del gobierno en los años sucesivos, o se ofrece a los partidos de la oposición conservadora  algún tipo de pacto que puede concretarse de manera más precisa en los acuerdos de Estado de Casado ofreció a Sánchez sin que éste se haya dignado en recoger el guante lanzado y darle una respuesta positiva. Pero intentar meter a Podemos en el Gobierno apoyándose en la abstención del PP no parece una pretensión muy sensata. Pero es lo que ha estado pidiendo todos estos días el presidente del Gobierno en funciones.

La investidura ha fracasado porque estuvo mal planteada desde el comienzo. Pero aquí no ha acabado nada, salvo que el encargo del Rey a Pedro Sánchez ha decaído en cuanto se ha procedido al recuento de votos. ¡Y ahora resulta que septiembre existe! Lo digo porque durante estas semanas el planteamiento del presidente en funciones era: o salgo investido en esta sesión o nos vamos a elecciones en noviembre.

Septiembre se había esfumado del calendario. Bien, celebremos que el mes haya regresado a él y a los planes presidenciales. Porque sucede que, dado que la suya es la única alternativa viable de Gobierno, está obligado a partir de ahora a explorar todas las vías posible para volver en septiembre a otra sesión de investidura antes del día 23 con los deberes hechos y los apoyos y las abstenciones bien amarradas antes de salir a la tribuna.

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