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¿Por qué nunca hemos acertado los españoles a la hora de votar?





La realidad adscrita a la historia dice que los españoles nunca hemos acertado a la hora de plasmar la democracia en forma de voto pasivo. Pero nunca pensé que existía tanto  desinterés y ganas de fastidiar al prójimo que, en definitiva, eres tu mismo, el votante. No lo concibo, pero acepto  que deis a Rosa Díez la más alta valoración política: al fin y al cabo es una batalladora; bastante estéril, sin preparación académica, sin experiencia, jugadora al bando que toque y demagoga donde las haya. En definitiva una socialista arrepentida y con ganas de poder. Una vividora del pueblo que se sirve del mismo. Todo lo más que ha llegado aser profesionalmente es telefonista de la Dip. De Guipúzcoa; pero la virtud de peleona y clara, nadie se la puede negar.. Vale también que admiréis a Cayo Lara: por lo menos planta cara al capitalismo que nos está dejando tirados. Pero situar como tercer gran político de España, o por lo menos como el tercero más popular, a Alfred Bosch, un poco relevante diputado de Esquerra Republicana, eso ya parece tomarse de cachondeo a los encuestadores del CIS. Si se mide su talla intelectual, no dudo que sea alta, pero no demostrada en su escaño. Si se mide su aceptación popular, no creo que sea tan conocido como para merecer el aprecio de tantos ciudadanos. Si, no salgo del asombro.
Para mi,  que el ciudadano  está tan decepcionada con los grandes líderes (con Rubalcaba porque ya gobernó y con Rajoy porque están viendo cómo gobierna), que expresan su rechazo con la expresión de estas preferencias. Es la única explicación y es, al mismo tiempo, lo que hace poco fiables estas encuestas, efectuadas a dos años de las elecciones generales. Aquí el que no está cabreado con el empleo, está cabreado con el aborto, y el que no protesta por el deterioro de los servicios públicos, lo hace por los impuestos. Puede parecer que trato de disculpar la persistente caída del PP y el estancamiento del PSOE, pero creo sinceramente que hacer sondeos de intención de voto en esas condiciones es exponerse a resultados tan sorprendentes como imaginar al comunista Cayo Lara de presidente del Gobierno de la monarquía. ¡Manda huevos¡
Lo que inquieta, incluso alarma, de este barómetro del CIS es la evolución de algunos datos. Señalo dos que no suelen ser destacados en los análisis de estos estudios. El primero es el voto oculto del Partido Popular. Curiosamente es el que le permite al PP soñar con la recuperación de sus expectativas de mantener una mayoría suficiente, aunque no sea absoluta. Pero es un voto vergonzante.
No hay la menor duda. El segundo es la clamorosa falta de confianza popular en Rajoy y Rubalcaba. Ambos están en mínimos. No llega al 11 % el número de ciudadanos que confiesan tener bastante o mucha confianza en el presidente, pero no llegan al 8 % los que dicen confiar mucho o bastante en Rubalcaba. Y, como ya empieza a ser costumbre, ni uno solo de los ministros alcanza el aprobado de la opinión pública. Un país dirigido en esas condiciones de desconfianza se convierte en un país políticamente pasota, socialmente resignado y lo que ya sabíamos: abúlico por falta de liderazgo y dirección. España está despistada y niega la realidad.


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