El racionamiento de recursos energéticos ya está sobre la mesa. Las llamadas a la población para dosificar los consumos, también. Las compuertas de las reservas se han abierto más que nunca y las previsiones de las economías mundiales empiezan a revisarse a la baja. Y todo en apenas 20 días. La guerra de Irán iba a ser poco más que un suspiro y parece que no será así. Trump ha reiterado que acabará pronto pero cada vez menos le creen. El suministro no sería un problema, quizá solo el precio: ahora lo son ambas cosas.

La radiografía dibuja un escenario que pocos vieron venir. En las previsiones de los organismos internacionales y los gobiernos no figuraba la posibilidad de que en apenas tres semanas el mundo cambiaría tanto. Que la economía se asomaría al abismo y que los planes de países, empresas y hogares habría que reformularlos de urgencia. El 28 de febrero todo cambió con el primer misil. Ahora, casi un mes más tarde, la incertidumbre se ha asentado, el miedo a no encontrar una salida pronta se ha extendido y los planes de emergencia han comenzado a ponerse en marcha.