Nos ha sorprendido Pedro Sánchez no con una propuesta sobre vivienda, sino con el hecho de que en España aún haya un problema de vivienda. Y eso a pesar de las ministras dedicadas al asunto como una musa, a pesar de las leyes hechas con conciencia, compromiso y complacencia, y a pesar de esos grandes anuncios como de circo ambulante en los que las viviendas parecían montarse o hincharse en una tarde, entre la magia y la acrobacia. Era 2023 cuando Sánchez nos prometió más de 180.000 viviendas, algunas por construir y otras descubiertas o inventadas entre los solares, los cuartelones, las copas de los árboles, los cobertizos o los eternos barbechos de España, que sigue en barbecho desde los romanos. En aquella campaña de 2023, cada pocos días Sánchez aumentaba el parque de vivienda flotante, vislumbrada, materializable, inminente y yo creo que hasta arqueológica, como sin nos fuera a meter en esas casas sin puertas del yacimiento de Catal Huyuk. Fueron más de 180.000, o quizá un millón, que el límite era la imaginación. Nada más supimos de ellas hasta este nuevo anuncio.