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El TESTAFERRO DE ZAPATERO, Julio Martínez quiere colaborar con la Fiscalía y USA....


Zapatero pierde el control de su ‘testaferro’ y teme que pueda colaborar con la Fiscalía

Julio Martínez Martínez. | Carlos Luján (EP)

Juan Pardo Navarro

     El escenario judicial que cerca al expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero ha dado un vuelco radical. Los lazos de estricta confidencialidad que unían al exlíder socialista con su presunto testaferro, Julio Martínez, conocido como Julito, se han agrietado de manera irreversible. Zapatero ha perdido el control sobre su hombre de confianza y alberga serias sospechas de que este se encuentre a un paso de sellar un acuerdo con la Fiscalía Anticorrupción para eludir un horizonte penal extremadamente adverso.

Los movimientos de distanciamiento entre ambos comenzaron a ejecutarse el pasado mes de diciembre, inmediatamente después de que se produjera la detención de Julio Martínez. Fue una maniobra fría, guiada por la estricta cautela y la prevención jurídica, y no porque la relación personal o de negocios se hubiese enfriado en los despachos. La consigna inicial era evitar cualquier exposición pública que alimentara el foco de los investigadores.

Por ello, dejaron de verse con la asiduidad con la que lo hacían habitualmente en El Pardo. Entonces, el expresidente del Gobierno mantenía una tranquilidad absoluta basada en una fe ciega hacia su presunto testaferro. Si algo tenía nítidamente claro el exlíder del PSOE era la fidelidad inquebrantable de su mano derecha. «Sabía que no le iba a fallar», detallan a este periódico personas pertenecientes a su círculo íntimo. Sin embargo, las certezas que sostenían al exjefe del Ejecutivo se han desmoronado por completo en la última semana.

Julito está en shock

     El punto de inflexión definitivo se produjo el pasado martes 19 de mayo. Ese día, la Audiencia Nacional dio un golpe de timón a la instrucción al comunicar formalmente a José Luis Rodríguez Zapatero su imputación judicial en la causa. El magistrado instructor sitúa al expresidente como el presunto líder de una estructura perfectamente organizada dedicada al tráfico de influencias. De forma paralela a la notificación de la imputación, los agentes de la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) de la Policía Nacional procedieron al registro de su despacho profesional y de las sedes de varias empresas directamente relacionadas con la trama delictiva.

   La contundencia de la operación judicial ha pulverizado la resistencia anímica de su presunto testaferro. Desde el mismo momento en que se ejecutaron las entradas y registros y se oficializó la imputación del exlíder del Ejecutivo, Julio Martínez ha entrado en una situación de «shock». «No ha reaccionado», confirman de manera tajante fuentes cercanas a la investigación a las que ha tenido acceso THE OBJECTIVE. Esta parálisis y falta de respuesta genera un temor indisimulado en el entorno de Zapatero, ya que abre la puerta a un escenario que los estrategas legales del expresidente consideraban remoto: que Martínez decida finalmente «tirar de la manta». Las fuentes consultadas apuntan a que el investigado se debate en este momento entre dos estrategias procesales radicalmente opuestas.

La primera opción pasa por pactar un acuerdo de colaboración con la Fiscalía Anticorrupción, un camino idéntico al que ha tomado recientemente el empresario Víctor de Aldama en el marco del caso Koldo. La segunda vía consistiría en cerrarse en banda, negar de plano la mayor y asumir sobre sus propias espaldas gran parte de la responsabilidad penal de la causa con el único objetivo de no delatar a quien, tal y como el propio Martínez aseguró sin tapujos en conversaciones privadas con empresarios de la aerolínea Plus Ultra, era su «jefe».

Este dilema mantiene en un vilo constante al expresidente del Gobierno, que duda abiertamente de si su subordinado será capaz de mantener una lealtad numantina similar a la que exhibió en su día el exembajador de España en Venezuela, Raúl Morodo. En aquel procedimiento, que guarda profundas similitudes por el rastro del dinero y las conexiones internacionales de la trama, el diplomático jamás señaló al expresidente en la causa penal en la que se le investigó de forma conjunta con su hijo, Alejo Morodo. Los Morodo fueron investigados por ocultar a la Hacienda Pública española cerca de 4,5 millones de euros, una cantidad que Alejo Morodo había cobrado de manera opaca, procedente de las cuentas de la petrolera estatal venezolana PDVSA.

Finalmente, el exembajador y su hijo llegaron a un acuerdo de conformidad con el Ministerio Fiscal y la Abogacía del Estado tras reconocer abiertamente los hechos delictivos y abonar una parte sustancial de la deuda tributaria, la cual superaba los 1,4 millones de euros. Gracias a esta conformidad, Raúl Morodo fue condenado a una pena de 10 meses de prisión, mientras que su hijo aceptó una condena de dos años de cárcel, lo que permitió que ninguno de los dos tuviera que ingresar de manera efectiva en un centro penitenciario.

La conexión de Washington

El horizonte judicial que se dibuja para Julio Martínez en la Audiencia Nacional es sustancialmente más sombrío y complejo que el que afrontó en su día la familia Morodo. El catálogo de delitos que la Fiscalía y el juzgado atribuyen al presunto testaferro de Zapatero incluye cargos de pertenencia a organización criminal, blanqueo de capitales, tráfico de influencias y apropiación indebida en territorio español. Se trata de tipos penales graves que llevan aparejadas penas de prisión mucho más elevadas y que dificultan sobremanera la obtención de un beneficio penitenciario que le libre de la cárcel sin una colaboración total.

Por si fuera poco, la presión sobre el entramado societario ha adquirido una dimensión internacional que desborda las fronteras de la Audiencia Nacional. Tal y como ha podido confirmar y publicar THE OBJECTIVE, Estados Unidos tiene previsto actuar de manera inmediata para estrechar el cerco de forma definitiva sobre el presunto testaferro de Zapatero. Hasta tres fuentes distintas, procedentes tanto del ámbito policial como de la judicatura en España, desvelan a este periódico que la Administración estadounidense prepara ya minuciosamente una ambiciosa «operación de calado».

Y es que Julio Martínez Martínez controla más de medio millón de euros en fondos bancarios en Miami, a través de una sociedad offshore en las Islas Vírgenes Británicas (paraíso fiscal) que es titular de la cuenta en una banca de inversión privada estadounidense. Este dinero fue trasladado hace años desde Luxemburgo y no está directamente a su nombre personal, sino al de su sociedad. La UDEF lo descubrió en correos y documentos de un ordenador incautado en su detención. La cuenta registró movimientos de unos 200.000 euros en 2025. Estos fondos se investigan por posible blanqueo, aunque por ahora no se vinculan directamente al rescate de Plus Ultra, sino que se relacionan más con otras operaciones en Venezuela que tienen que ver con movimientos de oro y petróleo.

Trump, después de atrapar a Maduro, ahora a por Zapatero y, después, a por Sánchez y....

 La trama recurrió a Zapatero porque era «pro Sánchez» y «pro Maduro»: «El  fin justifica los medios» | El Correo

     Después de atrapar a Nicolás Maduro en su búnker de Caracas, Trump controla Venezuela con Delcy Rodríguez rendida a sus pies. Y, por orden del presidente americano, es ella quien proporciona las pistas para emprender la caza y captura de Pedro Sánchez. Ha empezado por Rodríguez Zapatero, cuya imputación está basada en buena parte en las informaciones judiciales norteamericanas, además de la excelente investigación de la Policía Nacional y el tesón y la valentía del juez de la Audiencia Nacional, José Luis Calama. El presidente estadounidense está dispuesto a vengarse de los muchos insultos del líder socialista español, de sus campañas contra la guerra de Irán y su intento de erigirse en el líder “progresista” del mundo. El mandatario norteamericano está empeñado en acabar con la carrera política de Sánchez y ya tiene las pruebas de la turbia conexión política y económica entre la narcodictadura y el Gobierno español.

    El propio juez Calama recoge en el auto de imputación de Zapatero el papel de la Homeland Security Investigations, la principal agencia de investigación del departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos. Según reconoce el magistrado “a través de los mecanismos de cooperación de los que dispone la Policía Nacional, la agencia estadounidense ha puesto a disposición de la Brigada Central de investigación de Blanqueo de Capitales la extracción telefónica de un dispositivo móvil perteneciente al investigado Rodolfo Reyes Roja”, considerado uno de los socios clave de la supuesta trama de Zapatero, quien, según el juez, “dirige una “estructura estable y jerarquizada de tráfico de influencias” que se vertebra a través de "sociedades instrumentales, documentación simulada y canales financieros opacos".

    Ya el pasado 26 de enero, vaticinamos en esta sección de El Imparcial que Sánchez podía salir malherido por sus continuos ataques a Trump. Y así ha sido. De momento está imputado su referente “progresista”, su consejero especial José Luis Rodríguez Zapatero. Pero, como decíamos, el propio presidente español tiene muchos flancos débiles por sus turbias relaciones y sus misteriosos negocios con el régimen chavista. Y el presidente norteamericano ha decidido abrir los archivos secretos que desvelan los sucios tejemanejes de Sánchez y Zapatero con la dictadura.

    Tras la imputación de Zapatero, Sánchez ya debe saber que está en el punto de mira de los Estados Unidos. El tiempo dirá si el líder socialista cae en manos de la Justicia después de tumbarlo de un mandoble el presidente norteamericano. Como vaticinamos, un zarpazo de Trump podría terminar con la carrera política del líder socialista español. No aguantaría en pie ni un asalto.

Zapatero, el último padre del SOCIALISMO DE SALÓN..

 

Zapatero, padre de muchos hijos
El expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, | Europa Press

 Juan Pardo Navarro

Zapatero era padre de la izquierda tanto como de sus dos hijas góticas o shakesperianas, princesas con velo amarillo como dice Oscar Wilde de la luna en su Salomé. La izquierda está ahora huérfana, triste, errante y a oscuras con la luna, como un fantasma de sanatorio, como Rufián leyendo autos con luz de visillo, o como las propias hijas de Zapatero, que tienen algo de novias viudas de padre. El otro día, lo que son las casualidades, me sobresaltó una hija de Zapatero, que no era una hija de Zapatero sino la Salomé de una oscura producción de la obra de Richard Strauss en la Ópera Nacional de París. A la soprano Elza van den Heever, por estas cosas de las escenografías modernitas, la habían vestido de hija de Zapatero, o sea de sombra y saco, y además mojada como de pozo (esta versión está en Mezzo y My Opera Player, por si quieren asustarse como yo). “Seguramente algo terrible pasará”, dice Herodes, y así fue. Justo al otro día de ver yo esto y de extrañarme de que Salomé se pudiera parecer a una hija de Zapatero, cayó el profeta y cayó toda la izquierda en un charco de sangre, sombra y luna de márgenes indistinguibles. Eso sí, las hijas de Zapatero pueden terminar imputadas o amarilleando en el torreón, pero nuestra izquierda seguro que sobrevive.

Zapatero era el padre de la izquierda, de sus sombras ojivales y sus sombras metálicas, pero la izquierda olvida pronto a sus padres y más pronto aún a sus sombras. Sánchez ya se prepara para olvidar a Zapatero y Rufián ya se prepara para tomar su lugar entre los profetas y hasta para tomar, como rayos jupiterinos, las nubosas y quebradas cejas de sabiduría y autoridad del expresidente (Rufián ya intentaba fulminar con las cejas, a veces incluso una sola ceja, que le quedaba un gesto como de tuerto de ceja, pero hasta ahora le faltaba jurisdicción, escalafón o voltaje). Zapatero era el padre de la izquierda, no ya un padre ideológico sino un padre con hacienda, con negocio, que les dejó la herencia casi agraria del guerracivilismo, el identitarismo, la plurinacionalidad, la política simbólica o literaria, la vacuidad posmoderna y las buenas intenciones con fondo siniestro y aciagas consecuencias. De eso vive la izquierda ahora, y sobre todo de eso vive Sánchez. Les dejó más que a sus hijas, creo, que parece que sólo han heredado de él un corazón rosa para poner en el despacho (es el logo de chicle de su empresa de chicle), alguna factura increíble y unos cuantos metros de tela de saco y de encaje antiguo para asustar por los pasillos. Ahora sus hijos de la izquierda se enfocarán en la herencia, en el negocio, y enterrarán a Zapatero como al fundador de una cadena de mercerías.

Toda la rapidez del duelo o del olvido la vimos en Rufián, que pasó en un día del lawfare a estar “jodido” y parecía la Veneno en el Congreso. Hay una potente simbología de lasitud moral en el olvido, la debilidad mental como paralela a la debilidad de la voluntad ética, la mente que se evade o el yo que se desconecta justo cuando necesita claridad conceptual o moral (“Traedme... ¿qué es lo que quería? Lo he olvidado”, decía el otro día Herodes no sé si vestido de rey o de drag). La rústica coloquialidad de Rufián era una manera de transmitir prisa y contundencia para su olvido o para el nuestro, porque él había adoptado una postura ideológica (lawfare) y necesitaba olvidarla (y que la olvidáramos) para adoptar otra postura supuestamente ética. La verdad es que esa postura ética también es sólo ideológica, la de la supervivencia política. Y es que los juicios morales no tienen un borrador previo y una segunda versión al otro día. Los juicios políticos, sí. Rufián se postuló ideológicamente a favor del padre (Zapatero es un poco padre de Rufián porque es un poco padre del procés, con su Estatuto inconstitucional) y luego se postuló ideológicamente a favor de sacrificar al padre para salvar su proyecto de izquierda nacional plurinacional o lo que sea. La moral no da esos saltos, pero qué le vamos a decir a Rufián y, sobre todo, a Sánchez.

Zapatero, padre de muchos hijos de la izquierda, como su Julio Iglesias, y de dos hijas de la luna o de los chiringuitos societarios, se dispone a ser olvidado. El luto por él no va a durar mucho, y no se crean que durará mucho tampoco cuando le toque a Sánchez. Y eso que Sánchez sí lo ha sido todo para su caterva de hijos incluseros, hospicianos, dickensianos, menesterosos o pillos, por ahí por el partido, las instituciones, las redacciones y los tablaíllos. Cuando le toque a Sánchez, también los pelotas, los ciegos y hasta los tontos olvidarán y volverán al verdadero socialismo, a la verdadera política o al verdadero periodismo, después de haber pervertido el socialismo, la política y el periodismo. De todos sus hijos de dios picaflor o de indiano de ultramar, a Zapatero le quedarán solamente sus dos hijas flotantes o terrizas, exóticas o fantasmales, pálidas u oscuras según la luna o el escenógrafo que toque. De todos sus hijos opulentos y vergonzantes, a ver lo que le queda a Sánchez. Eso sí, la izquierda seguirá adelante con su siguiente profeta, su siguiente princesa o su siguiente Herodes.

Zapatero, un trabajador de Maduro, en la misa funeral del ssnchismo.

 La lección de Zapatero o cómo no negociar con Maduro - The New York Times

Atónita se ha quedado media España y, sobre todo, buena parte del socialismo/sanchista al conocer la imputación de José Luis Rodríguez Zapatero. El alma y esencia del PSOE, que supuestamente encarnaba todos los ideales nobles de la izquierda solidaria, feminista, sostenible y hasta renovable del partido; el hombre que inspiraba la Alianza de Civilizaciones y la conservación del planeta Tierra; el que presuntamente levantó el ánimo de los socialistas en las últimas elecciones generales del 23, ese hombre ha sido imputado por presuntos delitos de tráfico de influencias y blanqueo de capitales por el caso Plus Ultra.

Otra cosa no, pero Zapatero lleva años ejerciendo y demostrando que es un gran blanqueador. La justicia determinará si es culpable o no de los delitos de los que se le acusa. Son graves. Muy graves. Un expresidente al que se acusa de ser líder de una red de tráfico de influencias que presuntamente cobró cerca de dos millones de euros en comisiones ilegales. Tendrá que determinar la justicia cuánto hay de cierto en esas acusaciones de organización criminal que, entre otras cosas, también se dedicaba al blanqueo de capitales.

 Hasta que llegue ese momento, lo que nadie podrá negar es que Zapatero, al menos desde que dejó de ser presidente, se ha dedicado a blanquear cuestiones más inmorales que las meramente monetarias. Años lleva el imputado Zapatero blanqueando con absoluta indecencia su compleja e inquietante amistad con la dictadura de Maduro. Siempre vendió que sus numerosos viajes a Caracas, donde era recibido con los máximos honores por los dictadores, eran para mediar en las negociaciones con la oposición democrática. Cuando quedó claro que más que mediador era el ariete de Maduro que destrozaba cualquier atisbo de acuerdo y avance democrático, Zapatero decidió blanquearse a sí mismo con supuestos fines humanitarios que en realidad ocultaban otros más egoístas.

De mediador, ZP pasó a autocalificarse liberador. Sus viajes, charlas y risas con Maduro, Delcy y el resto de la banda chavista los enmascaraba diciendo que estaba liberando presos políticos. Más allá de alguna excepción, Zapatero nunca liberó a nadie por sí solo. Se apuntaba las medallas de liberaciones conseguidas por la presión de otros países u organizaciones humanitarias, como si fueran obra suya. El que alardeaba de liberar presos políticos negaba luego que en el chavismo existieran presos políticos. Solo hace falta hablar con los familiares de los presos para entender el odio que le tienen muchos a ZP.

Zapatero, el imputado, ha callado y blanqueado los asesinatos de opositores en las calles venezolanas y ha blanqueado, sin excepción, los pucherazos electorales celebrados en Venezuela. Nunca condenó la existencia de más de 2.000 presos políticos, ni la falta de libertades democráticas o la pobreza del 90% de la población del país más rico del mundo. Nunca. Y cuando la realidad era imposible de disimular, como el arrollador triunfo electoral de María Corina Machado y Edmundo González, calló. Silencio sepulcral. Nunca condenó el golpe. Al contrario, intentó por todos los medios blanquear al régimen de Maduro. Él fue quien convenció al brasileño Lula y al colombiano Petro de que no condenaran el golpe de Maduro.

Cuando Trump decidió atacar Venezuela, ZP intentó salvar sus muebles —pronto sabremos cuáles eran— blanqueando a la vicepresidenta de la dictadura, su amiga Delcy Rodríguez. Ninguno de los dos se cuestiona moralmente nada, ni siquiera el sacrificio de Nicolás Maduro. El objetivo de ZP era blanquear a su amiga Delcy para seguir siendo el gran amigo e interlocutor. No lo hizo para reclamar la vuelta de la democracia o de las libertades. Lo hizo para mantener su chiringuito, del que poco a poco se van conociendo cosas.

Ahora sabemos, gracias a la UDEF y al auto judicial, que más allá de los pagos de Plus Ultra por supuestas consultorías, había otros negocios más importantes. Lo que, de momento, empieza a conocerse —y así lo indica el auto judicial— es que cualquiera que intentara comprar petróleo venezolano, sujeto al bloqueo comercial de Estados Unidos, tenía que hablar y pasar por las manos de ZP.

¿Por qué? ¿A cambio de qué? Son preguntas todavía sin respuesta. Pronto se sabrá más y las noticias seguramente llegarán desde EEUU, país al que ha vuelto a ser deportado Alex Saab, el cerebro de las redes de corrupción y lavado de dinero con el propio Chávez y posteriormente con Maduro. Saab sabe mucho. De todo el chavismo y de los amigos del chavismo. Y en las investigaciones estadounidenses de las tramas financieras ya apareció el nombre de Plus Ultra como una herramienta utilizada para blanquear dinero procedente de las redes más corruptas. Justamente ese fue el motivo inicial de la investigación de la Fiscalía Anticorrupción al responder a la ayuda solicitada por las fiscalías de Francia y Suiza.

Zapatero siempre ha sido hábil blanqueando a determinados personajes y regímenes. Es uno de los grandes amigos del rey Mohamed VI de Marruecos. Muchos interrogantes han despertado en los últimos años los innumerables viajes de ZP al país vecino. Tan cómodo se siente en Marruecos como cuando va a Venezuela o China.

No deja de ser curioso el entusiasmo de Zapatero a la hora de elogiar a Sánchez por el giro de la tradicional política española y su entrega del Sáhara a Mohamed VI a cambio de nada. Fue, junto a Moratinos, el único socialista que aplaudió el regalo. ZP siempre intentó blanquear esta sumisión a Marruecos y venderla como un éxito de Sánchez.

Qué decir del blanqueo de China por parte de Zapatero. Hasta un lobby ha llegado a organizar. Un lobby que ha llevado a Sánchez a viajar hasta cuatro veces en los últimos años al gigante asiático, rompiendo e ignorando la unanimidad de la UE en sus medidas de freno a las empresas tecnológicas chinas. Zapatero ha conseguido que el Gobierno español se salte restricciones europeas y estadounidenses en cuestiones de ciberseguridad y que nuestro país se convierta en el caballo de Troya de Pekín en Europa. Ahora un auto judicial relaciona las compras de petróleo venezolano con China a través de la gestión de Zapatero.

Rodríguez Zapatero ha blanqueado fuera y también dentro de España. Si recordamos la campaña del 23, fue el gran blanqueador de Pedro Sánchez. A cambio, sabemos que consiguió sus frutos con algunas decisiones extrañas del Consejo de Ministros. También intentó, tras el escándalo de Santos Cerdán, el blanqueo de Puigdemont. Suerte que su gestión duró poco. Es conocido el caos que provocó en su día con el Estatuto de Cataluña y todo lo que pasó después.

El 2 de junio, Zapatero declara ante el juez de la Audiencia Nacional. Resulta extraño que, más allá de ese vídeo casero en el jardín de su casa, Zapatero no haya comparecido en rueda de prensa para dar explicaciones sobre los nuevos hechos y acusaciones conocidas. Un auto tan riguroso y detallado que hasta los amigos de ZP ya entienden que solo el propio Zapatero puede explicar y desmentir. No es fácil, pero más allá de los trompeteros entusiastas habituales, solo Zapatero puede ahora blanquear a Zapatero. La justicia dictaminará sobre los delitos de los que se le acusa, pero para muchos demócratas, ZP ya ha quedado como el gran blanqueador de las dictaduras.

Por Juan Pardo Navarro

 

 


Feijóo, en VOZ alta dice que VOX nunca participará en coalición gubernamental con el PP.


 Todo son futuribles. Ni siquiera hay en el horizonte próximo la certeza de un adelanto electoral una vez que Pedro Sánchez parece dispuesto a resistir hasta 2027. Pero el PP está adelantando una estrategia de largo recorrido por la que busca acabar con la identificación de un tándem Feijóo-Abascal, desechar la idea de que el líder popular está condenado a formar un gobierno de coalición con Vox para hacer al líder de esta formación vicepresidente del Gobierno.

Lo cierto es que Feijóo no terminó de ser concluyente el pasado domingo. "Yo quiero un gobierno en solitario", dijo para agregar después que no habría cordones sanitarios a Vox, tampoco a Junts. No cerraba puertas. Pero no ha sido hasta hoy, a primera hora de la tarde, que su número dos, Miguel Tellado, aclaraba que no, que no habrá coalición gubernamental, incluso ante el riesgo de bloqueo y de repetición de elecciones generales.

De este modo, Feijóo y los suyos ponen la pelota en el tejado de Abascal en si estaría dispuesto a "facilitar" -bien apoyando o absteniéndose- la investidura del líder popular para desalojar a Sánchez de la Moncloa aunque no hubiera reparto de sillones ministeriales. El actual es el primer gobierno central de coalición de la democracia, "no lo tuvieron ni González, ni Aznar, ni Zapatero, ni Rajoy", recuerdan en el PP, a pesar de carecer de mayoría absoluta en alguna de sus legislaturas.

José Luis Rodríguez Zapatero, un entusiasta de la coalición con Unidas Podemos, primero, y con Sumar, después, así como con la alianza estratégica con los independentistas "no gobernó con IU a pesar de carecer de mayoría absoluta", aducen, aunque en 2004 consiguió 164 escaños y en 2008, 169, bastante lejos de los registros que dan los sondeos al PP. El más alto ha llegado a los 154 escaños.

Sumar más que todo el bloque de investidura de Sánchez

El objetivo es precisamente, conseguir más representación parlamentaria que todo el bloque de la actual investidura, de modo que no haya una mayoría alternativa que no pase por hacer presidente a Feijóo. En este sentido, desde el equipo del líder del PP explican, de manera mucho más clara que su jefe de filas el pasado domingo, que "si para llegar al Gobierno hay que hacer ministro a Jorge Buxadé - eurodiputado y presidente de Vox- ese no es nuestro modelo". Es Abascal el que debe decidir "si facilita la investidura" de Feijóo o contribuye a la continuidad de Sánchez unos meses más hasta poner en marcha el mecanismo automático de disolución de las Cámaras y convocatoria de las elecciones, todo ello en caso de un escenario en que ambas formaciones, junto a otras menores como UPN y Coalición Canaria, sumaran la mayoría absoluta.

Nadie sabe que es Zapatero en el PSOE, pero todos sabemos que lo es TODO.

 

José Luis Rodríguez Zapatero lo es todo, pero no se sabe lo que es

El expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero participa en la presentación del libro “La democracia y sus derechos”
El expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero participa en la presentación del libro “La democracia y sus derechos” | EFE

Sucede un fenómeno extraño en este país. Hay personas que no son nadie, pero que siempre están. Son individuos que suceden, en cuanto a que existen, pero podría decirse que no se sustancian, lo que les obliga a vagar como sombras o como reflejos. Tal es así que se ha abierto una cuestión lingüística y teológica para tratar de determinar lo que son, si es que lo fueran.

Las sospechas de que aquí sucedía algo extraño aparecieron cuando cuando Begoña Gómez comenzó a manifestarse en ámbitos académicos y de negocios sin avisar y pese a no ser nada. Hubo quien la vio, pero ella y él, matrimonio, los Sánchez-Gómez en principio, los Underwood quizás, no lo reconocieron. “¿Pero por qué es Begoña si no debe ser?”, criticaron algunos, a lo que el presidente respondió, a dos centímetros escasos de Xabier Fortes, entrevistador: “Parece que la derecha quiere que no sea nada, pero tiene derecho a ser y hasta a proceder".

El caso de Gómez no es el que más preocupa entre los especialistas porque, en realidad, vive y duerme con..., así que entra dentro de lo normal que a veces deje constancia de su ser y de su contingencia. Los expertos tampoco pierden el sueño por otros que estuvieron, pero nadie los vio, o eso dicen, como Víctor de Aldama o Koldo García. En estos casos, tienen bastante claro que están agraciados con el don de la transparencia, lo que les convierte en indetectables desde el punto de vista físico, ergo empírico.

En realidad, la situación más preocupante es la de José Luis Rodríguez Zapatero, figura umbría que ejerce de una especie de ángel de la guarda de Pedro Sánchez, pese a que tampoco es nada. No desempeña cargo alguno ni nadie ha sido capaz de detectarle en el organigrama gubernamental u organización de cualquier tipo que exista, pueda existir o ninguna de las dos; pero podemos intuir que ha estado presente, puesto que ha sido. Llegaron a sospechar los investigadores que es el primer o el segundo leonés de la historia con la capacidad de evaporarse o transubstanciarse, pero sus conclusiones fueron tajantes: este hombre no llega a ser, aunque es, pero sin serlo a la vez.

El hombre que fue

Todos aquellos que están pendientes de este caso se agolparon ante el televisor este miércoles, ante su interés por las declaraciones que iba a realizar el aludido después de que El Mundo publicara que jugó un papel importante para convencer a Junts de que respaldara el impuesto a las energéticas. “Ayudo y lo hago con discreción, que es una de las condiciones de la ayuda que se hace desinteresadamente”, afirmó ante los micrófonos.

¿En calidad de qué ese auxilio? Es una buena pregunta porque no ostenta ningún cargo, pero hay quien dice que siempre está en estos casos, bien detrás del teléfono o de otras formas ininteligibles. Así que concluiremos que lo que hizo ante Junts fue una nueva interpretación del papel de 'nada', sin que esto nos lleve a sospechar de que, por alguna razón, Zapatero siempre está cada vez que el Gobierno se siente amenazado, como si este señor tuviera algún interés personal o económico en evitar su colapso. Es como “mi vecino José”, que está para todo, aunque en este caso no se sabe muy bien para qué. Se intuye un interés y hasta una presencia que se investiga.

A Zapatero (o lo que sea) le vieron en Suiza hace unas semanas -según ABC- para negociar con Carles Puigdemont en las mismas condiciones de siempre. Es decir, como representante de 'nada en absoluto' y sin que se le hubiera perdido nada por allí. Uno de los periodistas que más le ha defendido en los últimos 20 años valoraba este miércoles en su programa este tipo de maniobras, que sirven para amalgamar la coalición de investidura, quizás la más plural de la historia. “Ahí hay de todo: gente de derechas y de izquierdas que se unió el año pasado para evitar que la ultraderecha llegara al Gobierno”, recordaba.

Un demócrata del lado de las democracias

Si hay algo que son -dentro de que pueden existir o no- indudablemente es demócratas. Por eso, es interlocutor de Junts cuando hace falta pacificar lo pacificado. Por eso, en otro orden, se expresaba Zapatero compungido en sus declaraciones por el período histórico que nos ha tocado vivir, lleno de bulo y fango, pero también caracterizado por ser el que alberga un mayor número de conflictos bélicos desde 1945. Ante eso, la solución es la paz y el diálogo.

Firmes son, sin duda, sus principios, y no existe un ápice de realidad que pudiera desmentirlos. Porque quienes, como él, nunca están o no se sabe, jamás fueron vistos en Caracas el pasado verano, como tampoco en varias ocasiones desde 2016, ni dentro ni fuera del Grupo de Puebla. Ni siquiera interactuaron con su caudillo porque Nicolás Maduro no tiene la capacidad para dialogar con lo invisible, lo intangible o lo inexistente, pese a su creencia en estúpidas supercherías.

Tampoco convendría juzgar al expresidente si ejerciera allí algún papel. “Sólo buscaría ayudar”. ¿En calidad de qué? ¿De qué va a ser? De humano -indemostrable- de valores insobornables y principios democráticos impecables.

Son los que seguramente podría pregonar si alguna vez se hubiera o hubiese dejado caer en Marruecos, en la Corte de un hombre de paz como Mohamed VI, que frente al florido pensil de los autócratas patrios, aplica el diálogo con sus enemigos. Lo mismo, por cierto, que China, donde tampoco han visto nunca a Zapatero, pese a estar o pese a poder haber estado. Nadie sabe nada, dicen. Tampoco en Acento -Pepe Blanco- han hecho lobby para Huawei y tampoco Antonio Hernando -secretario de Estado de Telecomunicaciones- trabajó allí, como tampoco su mujer. No lo hizo tampoco la pareja de Albares, a quien tampoco han situado en el Consejo de Hispasat porque eso a lo mejor hubiera cantado demasiado. Por fortuna, esas cosas no pasan por aquí.

Las únicas que han reconocido algún vínculo con algunas de las empresas mentadas anteriormente son las hijas de Zapatero, quienes en su portfolio de clientes -su agencia se llama What the Fav- incluían hasta hace no mucho a la teleco china y a El Plural. El de Angélica Rubio, que nunca fue su directora, ni asesora de ZP ni ha sido premiada con un sueldo de 100.000 euros en RTVE tras ser propuesta para el puesto por el PSOE.

Todo eso no existe porque el zapaterismo y el propio Zapatero en realidad ya no están presentes. No son nada, pese a que, ya digo, hay unos cuantos ciudadanos que aseguran haberlos visto, como los moribundos refieren visitas de familiares en la cama del hospital, que vienen a ayudarlos.

Zapatero del circo de loros de Maduro pasa a dar sermones en el Ateneo de Madrid sobre “la democracia" en Venezuela.

 Abucheos y gritos contra Zapatero al llegar al Ateneo de Madrid por "apoyar  la dictadura de Maduro" - Vídeo Dailymotion

El expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero (c) participa en la presentación del libro 'La democracia y sus derechos' | EFE

Zapatero parecía un ave rara importada o trasplantada desde el chavismo aquí, un gran guacamayo cojo por la calle de Alcalá. Zapatero, de repente, había pasado del circo de loros de Maduro a dar sermones en el Ateneo de Madrid sobre “la democracia y sus derechos”, como si se pudiera hacer ese largo viaje sin perder una pluma y sin ningún tipo de jet lag moral. Yo creo que los periodistas que esperábamos allí para el canutazo o la crónica, como cazadores con cerbatana, más que enfrentar a Zapatero a sus contradicciones queríamos ver a ese animal increíble y fastuoso, que es a la vez demócrata de las altiplanicies y pájaro precolombino de las dictaduras. Porque Zapatero es eso, y ahí no hay contradicción sino exuberancia.

Zapatero, como Sánchez, ha sobrepasado ya las contradicciones para vivir en la simultaneidad y la concurrencia de lo bueno y lo malo, de la verdad y la mentira, de la realidad y la ficción, de lo público y lo privado, que confluyen por supuesto en los intereses o mitologías de su persona como en una hermosa cola emplumada, con cien argumentos para todo como cien ojos de Argos (Gide).

¿Quién puede estar con Maduro y con Sánchez y quedar como demócrata?

Zapatero venía adornado de ateneo como un poetastro o un estafador mesmeriano, y venía adornado de realidad por un grupo de venezolanos que lo había colmado de bendiciones en la puerta, así que llegó con su plumaje algo mojado a enfrentarse a esos socios de velador de mármol que tiene el Ateneo y a los periodistas que lo esperaban con red para pájaros. Como poetastro, iba a presentar un libro que era en realidad su vida o su ego (La democracia y sus derechos, escrito a coro como por señoras y señores de orfeón, va de la primera legislatura de Zapatero, milagrosa y fundante).

Como estafador, iba a explicarnos dulcemente lo que no tiene explicación más que aceptándolo como timo. Y como superviviente de las iras del pueblo venezolano, y un poco también del pueblo español, lo que parecía es que se iba a refugiar de la mojada allí en ese templo que tiene algo de paraninfo, algo de balneario decadente, algo de caserón húmedo y algo de trastero de ópera, con columnas mozartianas, pájaros de la Reina de la Noche y pianos difuntos. 

Zapatero, mojado y quizá un poco desplumado, pasó debajo de una copia cianótica de Dánae y la lluvia de oro y parecía que el oro lo bañaba a él, real y también alegóricamente, con esa cosa que tiene Zapatero de fauno inocente y perverso a la vez. Yo pensé que eso lo explicaba todo antes de que Zapatero explicara nada, que entre el oro y las alegorías él tiene todas las explicaciones que necesita. Zapatero no sorprendió a nadie, por supuesto, o a casi nadie, que a lo mejor el retrato de un Ramón y Cajal que parecía el de la tele, o sea Marsillach, tembló un poco, hasta apartarse de su microscopio galileano.

Cuando los chicos de la alcachofa y la cerbatana le preguntaron a Zapatero por el caso de Edmundo González, reconoció que había mediado, pero claro, qué de malo puede haber en mediar, en el diálogo y en el consenso. Lo que pasa es que el diálogo y el consenso con alguien como Maduro, que es como el diálogo y el consenso del pavo con el matarife, es indistinguible de la complicidad, o de la cobardía, o del celestineo, o de la estupidez. O todo a la vez, volviendo a recordar la simultaneidad y la concurrencia que yo decía antes, esa imposibilidad científica que llegó a sobresaltar al propio Ramón y Cajal en la escalera.

Zapatero tampoco interesa ya, o incluso da grima, que eso de convocar a Maduro al diálogo da bastante repelús

Zapatero hacía equilibrios sobre una ceja, allí bajo la escalera y la galería de notables con quevedos y lamparón de gloria, como queriendo tomarle el pelo a la misma historia, al tribunal de la historia como un tribunal de doctores de Rembrandt, pero a lo mejor eso ya no funciona también. ¿Quién puede estar con Maduro y con Sánchez y quedar como demócrata? Quizá eso vale para una pequeña parroquia de beatonas de besapié y ensaimada, una parroquia que ciertamente cada vez parece más pequeña, porque bajo los leones dorados, las vajillas de la abuela y la mirada de ilustres tuertos de medalla, la Cátedra Mayor del Ateneo estaba cruelmente calva, o medio vacía, con más plumillas con portátil y más invitados con estola que público. A mitad del acto, un hombre mayor se levantó y se fue arrastrándose entre el bastón, la acompañante y el enfado, y juraría que murmuró algo sobre “cómplice de un asesino”. O quizá no fue aquel hombre sino alguno de esos ilustres retratados en el salón, que había hablado o se había bajado, como un cristo enfadado o estafado en su propia iglesia.

La presentación del libro no interesaba demasiado, una vez que Zapatero dijo lo que se sabía y se disolvieron los círculos de periodistas como de ángeles. O Zapatero tampoco interesa ya, o incluso da grima, que eso de convocar a Maduro al diálogo da bastante repelús. De todas formas, el libro, libro de poetastro, libro de ego, libro de corazón apenas envuelto en una bufanda, fue presentado y aquella primera legislatura de Zapatero llevada en volandas como una virgen de ermita por varios de los escritores o admiradores, que hablaban más bien de lo suyo (la verdadera igualdad es más que nada hablar de lo de uno).

Aquellas leyes de Zapatero es cierto que fueron revolucionarias, y que hacían que se desmayaran los obispos como marquesonas (ahora los obispos importan menos que Zapatero). Pero esas leyes, esos nuevos derechos, no pueden sustituir a los fundamentos de la democracia, que son otros y ahora están en peligro, no por los obispos sino por Sánchez y sus socios. Pero si Zapatero no lo ve en Venezuela, lo va a ver en España… Marina Echevarría, encantadoramente, llegó a recordar como una brutal antigualla, como se recuerdan los optalidones, eso del “no sabe usted con quién está hablando”, como si no fuera lo que Sánchez hace cada día.

Parecía que la democracia se inventó en 2004, mientras Zapatero hablaba de sí mismo, de sus leyes y de su legislatura como obra pura de la Ilustración. En realidad sólo hablaban de moral y costumbres, como los curas. Y como un cura sigue hablando Zapatero, o sea con sonsonete, esa retranquilla moral y musical, usando crescendos y pianísimos, que hace tan aceitosillos y flamígeros a los curas. Nuestro curita de la mediación hasta tiraba de testimonios de santidad y agradecimiento de familias y creyentes, agudizando o ahuecando la voz para el perdón o para el infierno. Aunque yo no sé si está copiando esta manera de hablar de los curas o de Maduro, claro.

Zapatero, además de a la Ilustración, dio las gracias a mucha gente. Por ejemplo a María Teresa Fernández de la Vega, que ha devenido finalmente en transparente, y a Félix Bolaños, que estaba allí como un Richelieu vestido de monaguillo. Según Zapatero, Sánchez había continuado su legado, y sin duda Bolaños había continuado montando rifas para las beatas. Esa presencia de Bolaños, ese reconocimiento mutuo entre Zapatero y el sanchismo, me hizo pensar en que allí tendría que haber estado también Delcy Rodríguez, para hacer lo propio, y esa milagrosa o florida concurrencia hubiera estado colmada.

“El amor es lo único que sobrevive a la muerte”, remató beatíficamente Zapatero, citando a un juez del Supremo de Estados Unidos que además es Kennedy. A pesar de todo esto, cuando aquello terminó Venezuela seguía siendo una dictadura, Maduro no parecía interesado por el diálogo ni por el entendimiento, y Sánchez seguía considerando fango a los jueces y periodistas e intocables a él y a su mujer. Extrañamente también, los venezolanos de la puerta llamaban “cobarde” y “alimaña” a ese padre de nuestra democracia, hijo de la Ilustración y espíritu santo de la mediación.

Mucho me temo que Zapatero no acuda a dar explicaciones sobre las elecciones venezolanas y Maduro siga en el Poder.

 

Pedro Sánchez, testaferro de Zapatero acredita que las elecciones en Venezuela han sido limpias y cuyo único ganador es Nicolás Maduro.

Nicolás Maduro, en el centro, en el Tribunal Supremo de Justicia.
Nicolás Maduro, en el centro, en el Tribunal Supremo de Justicia en Caracas. |
 
Por mucho que el presidente Maduro culpe a Elon Musk o a los hackers de Macedonia del Norte de las irregularidades del 28 de julio, los únicos beneficiarios de lo ocurrido son él y su gobierno. Conocer a los agraciados da pistas irrefutables de quienes están detrás del fraude electoral, más aún tratándose de un país como Venezuela, donde poco de lo que ocurre en las instituciones escapa del control del gobierno.

Los compromisos de Barbados abrieron la puerta a un proceso de liberalización política –etapa previa a una transición democrática– al aceptar el gobierno la "libre" competencia electoral como arranque de la normalización política, social y económica del país. En ese momento, las esperanzas de cambio en Venezuela eran palpables, a pesar del permanente temor de incumplimiento por parte del gobierno, recelo que se está haciendo realidad y que muestra, sobre todo, que la coalición civil-militar que sostiene a Maduro en el poder no está dispuesta a ceder el gobierno bajo ningún concepto.

Aunque las elecciones no han servido para regularizar la política venezolana, sí muestran el afianzamiento de las tendencias autoritarias del gobierno y las aspiraciones de cambio de una población agotada. Viendo el vaso medio lleno, algunos encuentran en esta coyuntura la ventana de oportunidad para el cambio que no se dio con las elecciones, y han puesto los ojos en el papel de la "comunidad internacional" y en las movilizaciones y protestas que puedan ocurrir dentro de Venezuela.

Si bien es cierto que la teoría sobre las transiciones elaborada en la década de los ochenta contemplaba el factor internacional como elemento de cambio político, en la coyuntura actual, un escenario totalmente distinto hace que la presión internacional no tenga la misma efectividad. En las transiciones de la tercera ola el liderazgo de EEUU era claro a pesar de la URSS. No sólo se daba a nivel político, también era un líder económico de referencia y, en consecuencia, el potencial socio con quien todos querían tratar. A esto se sumaba su presencia hegemónica en los organismos multilaterales que, en ese momento, eran los únicos oferentes de financiación a unos países que comenzaban a sentir los efectos de la crisis de la deuda.

Ahora la situación es diferente porque esa "comunidad internacional" que podría presionar a Maduro –con EEUU y algunos países europeos a la cabeza- ya no es hegemónica debido al ascenso de China, un país cada vez más presente no solo como mercado de referencia para importaciones y exportaciones, sino también, entre otras cosas, por romper el antiguo monopolio de la financiación de las multilaterales de crédito.

Además, en torno a China orbitan países con una potente agenda internacional, como Rusia, Turquía o Irán, que no comparten unos claros postulados ideológicos, a diferencia de los países próximos a la URSS de los ochenta. Ese bloque de países, en su búsqueda de hegemonía internacional, tienen lazos programáticos más débiles, pero están unidos, sobre todo, por el enfrentamiento a EEUU, "Occidente" o "el norte" y no les interesa mucho la consolidación democrática. Es con este grupo con el que Venezuela mantiene magníficas relaciones: esos países ya son socios del gobierno de Maduro y le ofrecen permanentemente su apoyo, lo cual debilita cualquier intento de coacción externa.

En consecuencia, la "presión internacional" es cada vez más ineficiente. Basta ver lo que ocurre con las acciones internacionales contra Rusia o Israel. Es más, sobre Venezuela ya se usaron mecanismos como sanciones y embargos con muy poco éxito y, más bien, empeoraron las condiciones de vida de la población y enriquecieron a grupos de poder capaces de aprovechar la alteración de las condiciones de mercado. Esto no pasa solo con Venezuela. Por ejemplo, España compra más gas a Rusia que nunca en su historia, a pesar de las sanciones por la guerra, lo que ha enriquecido mucho a los intermediarios españoles.

El otro factor internacional que señala la teoría de las transiciones es la influencia del entorno próximo. La situación de América Latina es diferente a la de los ochenta, cuando se produjo una especie de efecto contagio en torno a la democracia. Ahora, la democracia en la región está cuestionada y, al aumento de países autoritarios, se suma el efecto contagio del modelo Bukele. Muchos gobiernos de la región han mostrado posiciones ambivalentes respecto a lo ocurrido en Venezuela, alegando distintos motivos: autodeterminación de los pueblos, rechazo a la injerencia de los EE.UU. y/o proximidad ideológica. 

La épica de la revuelta popular también está fallando. La razón principal es, sin duda, la brutal represión por parte del gobierno. En contextos donde los mecanismos de "voz", como las protestas, no funcionan, se activan los mecanismos de "salida", lo que está ocurriendo en Venezuela con millones de personas que han migrado, y no todas por su propia voluntad. Es común a todo entorno autoritario que los costes por participar sean muy altos, razón por la cual ha aumentado la desmovilización, más aún si se toma en cuenta que se trata de una población machacada durante dos décadas a través de múltiples mecanismos represivos que van, desde el ostracismo de las Listas Tascón, hasta la tortura y desaparición en el Helicoide.

Parece que mantener el pacto cívico-militar sigue siendo rentable a los integrantes de la coalición gracias a los beneficios económicos y de poder que reciben

El cambio de gobierno se podría producir si se rompe la coalición dominante (otro concepto de la teoría de las transiciones) que sostiene a Maduro. Sin embargo, parece que mantener el pacto civil-militar sigue siendo rentable a los integrantes de la coalición gracias a los beneficios económicos y de poder que reciben. Por tanto, no tienen ningún incentivo para dejar de controlar el país y cabe la duda de que a corto o medio plazo aparezca un actor interno que desestabilice esa coalición dominante. El hecho más cercano de producir ese efecto fue el intento de sublevación militar de abril de 2019, pero falló, entre otras cosas, porque Leopoldo López decidió precipitarlas. Ese fracaso, en lugar de debilitar internamente a Maduro, sirvió más bien para reforzar su poder luego de las purgas realizadas.

Personalmente, comparto el deseo de regularización política de Venezuela y, sobre todo, entiendo y participo de la desesperación de los venezolanos que, desde dentro o desde fuera del país, no ven mejoras en su situación social y económica. Por todo ello, espero estar equivocado.