
Ahora que examadas por expertos las joyas que José Luis Rodríguez Zapatero ocultaba en una caja fuerte indica que contienen piedras preciosas auténticas. El análisis preliminar ha identificado diamantes, rubíes y esmeraldas, tres de las gemas más cotizadas en el mundo de la alta joyería, junto al zafiro. El valor de la colección del expresidente del Gobierno se cifra en al menos 1 millón de euros
Cuando, en septiembre de 2009, durante la recepción por la cumbre de Naciones Unidas, el fotógrafo oficial de la Casa Blanca
retrató a aquel dirigente acompañado de su esposa y sus dos hijas, con
una estética oscura propia del movimiento gótico, probablemente pensó
que era una familia extraña para aquel evento. Lo que seguro que no se
le pasó por la cabeza fue que estaba retratando a toda una presunta
organización criminal. Dado el aspecto de las adolescentes Alba y Laura,
clasificaron la fotografía como representación del grupo de «otras
naciones». No la incluyeron en la carpeta de la UE.
Así, se publicó en primera instancia con las caras de las menores sin
pixelar. Luego se pixelaron. Pero entonces a ninguna de ellas se le
puso, bajo el rostro, el número identificativo de su ficha policial.
Zapatero
es un ser puro para muchos dirigentes de la izquierda. Aunque su
actitud siempre ha estado marcada por el odio que debió de generarle la
historia de su abuelo materno, el capitán Rodríguez Lozano, que fue fusilado tras un consejo de guerra por las tropas franquistas
en agosto de 1936. De ahí que los pilares del proyecto político que
Zapatero comenzó a implementar en España fueran la fractura, la ruptura y
la división.
Parecía naíf —«Bambi»—, pero además de malo siempre fue un traidor.
Antes de llegar a la presidencia, montado sobre las bombas del 11-M,
protagonizó lo que sería la gran traición a las víctimas del terrorismo
de ETA. El 12 de diciembre de 2000, en La Moncloa, Javier
Arenas, secretario general del Partido Popular, y José Luis Rodríguez
Zapatero, líder de la oposición y secretario general del PSOE, firmaron el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo. El documento también fue rubricado por el entonces presidente, José María Aznar.
Por este pacto, propuesto por Zapatero, los dos principales partidos se
comprometían a no hacer de la lucha contra ETA un argumento político
electoral. Entre los diez puntos del documento también se encontraban el
rechazo a la violencia —«que no puede tener ningún tipo de legitimidad
política»— y el apoyo a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado,
jueces y fiscales. Y, por supuesto, exigía la derrota policial y
judicial de la banda, estableciendo que la violencia no tendría ningún
tipo de legitimidad ni contraprestación política
El traidor Zapatero inició inmediatamente la negociación política con
los terroristas de ETA a través del —maltratador— dirigente socialista
vasco Jesús Eguiguren. Son frases de Zapatero: «Otegi es un
hombre de paz» (16 de febrero de 2007) y «son accidentes» los atentados
terroristas del 30 de diciembre de 2006. El final fue la
claudicación ante ETA, convirtiéndola en la socia preferente del PSOE
para mantener a Sánchez en el poder. Hasta ahora, esa conducta se
asociaba a su odio a España. Zapatero dijo que «la nación española es un
concepto discutido y discutible» (18 de diciembre de 2004). Sus viajes
para convencer al golpista independentista Puigdemont de que siguiera manteniendo a Sánchez en la Moncloa se asociaban a su odio a España y a la derecha.
Parecía que ese esfuerzo por mantener a Sánchez en la Moncloa era
para poder seguir avanzando en su proyecto político de romper y dividir
España desde el PSOE. Sus discursos siguen impregnados de ese
pensamiento político profundo, como el de que «la Tierra no pertenece a
nadie, salvo al viento» (17 de diciembre de 2009, Copenhague). Construía
su perfil ético y honesto desde frases como «ser socialista es
normalmente tener muy poco y estar dispuesto a dar mucho». Entre
estupideces y cursilerías apuntaba un lado oscuro y criminal que llegaba
desde Venezuela. Parecía que su presencia en El Helicoide, para
presionar a presos políticos y apuntalar el narcorégimen de Venezuela,
obedecía a la defensa de políticas equivocadas y criminales. Pero no era
por eso. No sabemos cuándo dejó de ser socialista la autoridad moral del socialismo español. Su influencia política es el instrumento con el que acaparar pasta. Mucha pasta. Todo por la pasta.
Zapatero es tóxico y contamina todo. Pedro Sánchez intenta no darse por afectado por este grave sumario. Pero él es un eslabón imprescindible
de la investigada organización criminal corrupta. Sánchez, como
presidente, es la garantía de la ejecución de las operaciones de
Zapatero en su red de tráfico de influencias,
altamente remunerada, involucrando a todo tipo de personas, ministros y
empresarios vinculados a estamentos públicos y privados.
Sánchez se separa de la política de la UE y se convierte en aliado de
China. ¿Lo hace por geopolítica? Sánchez quizá cree que sí. Zapatero lo
hace por la pasta. Sánchez y su Gobierno son reconocidos blanqueadores y
justificadores de la dictadura venezolana. ¿Lo hacen por geopolítica? Sánchez puede pensar que es porque son progresistas y radicales. Zapatero lo hace por la pasta. Por mucha pasta. El
hombre tan «ecológico y sostenible» que dijo que «si estamos aquí es
porque sabemos que la respuesta es reducir de manera contundente las
emisiones de CO2» (Copenhague, 2009) se dedica a traficar con el
contaminante petróleo venezolano. Y lo vende a China, que es uno de los mayores emisores de CO2 del mundo. Resulta que Zapatero es pasta.
Hay que recordar que Zapatero está investigado en la Audiencia Nacional
por organización criminal, tráfico de influencias, falsedad documental y
blanqueo de capitales en una causa motivada a través de una comisión
rogatoria exterior. No hay lawfare ni organizaciones fachas.
Nadie lo persigue por socialista ni por progre. Zapatero, al contrario
de su hipócrita definición de socialista, parece que tiene mucho y
esconde casi todo. La cuenta en el extranjero no es por el viento ni por
la sostenibilidad. Su fin es esconder dinero y así evadir los impuestos socialistas que tenemos obligación de pagar los ciudadanos.
Esto no ha hecho más que empezar. Y la familia Rodríguez Espinosa, en
la fotografía de 2009, resultaba rara. Lo que nadie esperaba es que
degenerara en una presunta organización criminal. Que Zapatero es malo, traidor y presunto criminal es una obviedad. Parecía tonto y naíf y ha resultado también ser ambas cosas.
Solo siendo así se puede actuar con la impunidad de quien cree que
nunca va a ser investigado. Hay que ser muy tonto para involucrar a toda
la familia: mujer e hijas. Las mujeres de la familia —mayores de edad
y, por ello, responsables— tienen su papel en la trama corrupta de
tráfico de influencias, falsedad documental y blanqueo de capitales. De
muchos más capitales de los que nadie se imagina.