La palabra pinza se está extendiendo
en diferentes estamentos del PP, desde el parlamentario al autonómico,
incluso en la propia dirección nacional. En Génova están convencidos de que hay una colaboración "consciente o inconsciente" entre el PSOE y Vox
para arremeter contra los populares, desgastarles como alternativa y
conseguir prosperar con la competencia mutua por los costados para
incentivar la polarización y el populismo de derecha y de izquierda.
Pero por otro lado, ven primar otra estrategia paralela a la 'alimentación' socialista de Vox, que radica en minar el liderazgo de Feijóo y su percepción como alternativa, despreciarlo como adversario y apostar por el choque con otras figuras del PP más polarizadoras como Isabel Díaz Ayuso.
El socialista
busca poner contra las cuerdas a Feijóo, con temas difíciles a los que
pocos, como Ayuso, se atreven a entrar. A la vez eso potencia un
escenario polarizador en el que a nivel nacional Vox se mueve mejor,
especialmente cuando se apela a las entrañas y no a la razón. Sánchez
busca sostener ese clima hasta las próximas generales, presentando una
oferta ideológica en el polo opuesto de la ultraderecha y del PP,
absorbiendo la mayor parte de su izquierda con sus principales banderas,
como Gaza, y dejando el dilema al electorado progresista de apoyar una
opción amplia de izquierdas sobre la que movilizarse frente a una
derecha que suma en las encuestas, pero sacrificando la fiscalización de
ese poder, al primar el voto del 'mal menor'.
Desde principios
de octubre, cuando el debate sobre el aborto volvió a abrirse de par en
par por el apoyo de los populares de Madrid a una iniciativa de Vox en
el Ayuntamiento, para advertir sobre un falso síndrome postaborto, Sánchez decidió entrar de lleno en un asunto que supone confrontar ideológicamente, dar la batalla cultural. Ante la propuesta de blindar en la Constitución el aborto,
Feijóo dejó claras sus posiciones, negándose a ello pero validando el
derecho a la interrupción del embarazo tal y como está establecido
actualmente en la ley. Pero en Ayuso, Sánchez encontró su polo apuesto para ir caldeando más y más el ambiente.
Se prioriza mirar a los territorios más que a Génova y dar autoridad a
la madrileña, siempre 'eterna candidata en la sombra' para muchos.
El objeto de la
principal contienda han sido las listas de médicos objetores, las cuales
feudos del PP como Baleares o Aragón si proporcionarán tras el
requerimiento formal del Gobierno para su creación. Pero Madrid se resiste y juega al despiste,
a la ambigüedad. Tanto PSOE como Sumar en el Gobierno instan a Ayuso a
cumplir la ley -desde la reforma de 2023 se obliga a proporcionar esos
listados- mientras que la madrileña niega hacer "listas negras"
y denuncia una persecución de la libertad de conciencia y contra la
deontología profesional de los médicos, que en su fin último es salvar
vidas.
En ese conflicto, tanto el PP de Madrid como Sánchez sacan rédito, pero las posiciones de máximos generan costuras internas en un PP que tiene
distintas posiciones sobre el aborto. Quedó claro en el último congreso del partido en julio,
donde se evitó ahondar en este tipo de asuntos. El interés del
Gobierno, además de intentar movilizar a la izquierda, es el de
evidenciar a
un PP "ultraderechizado" por la competencia con Vox y hacer que al calor de los pronunciamientos de Ayuso Génova tenga que remarcar su posición. Y con ello,
o generar una ruptura interna o que el propio Feijóo valide a Ayuso y de más combustible para denunciar la "derechización" de los populares, según los socialistas.
Feijóo queda en una posición intermedia cuando de dar la batalla cultural se trata. El ejemplo es el aborto: se aferra a una posición 'continuista', de mantener la ley como está hasta ahora y garantizar el cumplimiento
para no entrar en debates. Al mismo tiempo, a sabiendas de que hay
mucho voto femenino en juego, se denuncia una estrategia del Gobierno
para especular con que el PP quiere retirar derechos "que llevan más de
30 años" y que el interés real del Ejecutivo con ellos es "evitar que se
hable de la corrupción". O de convocatorias como la de Sánchez a la comisión del caso Koldo en el Senado para el 30 de octubre.
De "ignorancia o mala fe" a "ánimo Alberto"
A la vez que se
juega la carta de la batalla cultural, en el PP detectan que se está
volviendo a querer trasladar la imagen de político poco curtido. Es
algo, se denuncia, que ya empezó en agosto de 2022 poco después del
aterrizaje de Feijóo en Madrid tras la sucesión de Pablo Casado. En la
anterior legislatura, tras afirmar que "Sánchez ha metido en un pufo de
6.000 euros a cada español", María Jesús Montero, vicepresidenta del Gobierno y ministra de Hacienda le criticó por dejar "un pufo" monetario en Galicia. "¿Es ignorancia o mala fe?", preguntó la andaluza, una frase que se repitió para desprestigiar las capacidades del gallego.
Pasó a utilizarla Sánchez
en su primer cara a cara en el Senado con Feijóo como senador por
designación autonómica, luego, tras las generales, trasladados al
Congreso. Una estrategia de los socialistas para minar la imagen del
popular. Para entonces, el PP denunció una larga lista de insultos -el
PSOE contestaba esgrimiendo lo mismo- entre los que se encontraban
adjetivos como "vago", "insolvente", "sectario" o "incompetente". Con
picos y casos puntuales hasta hace bien poco, el propio Feijóo intentó
darle la vuelta al asunto. Primero a finales de 2022 en el Senado. "¿Es
incompetencia o mala fe?", le dijo en septiembre de este año a Sánchez y
a Ana Redondo, ministra de Igualdad, por los errores de las pulseras antimaltrato.
Los populares denuncian que esta semana se ha vuelto a esa tendencia de desprestigio de Feijóo, que hilan con la teoría de la pinza con Vox. Hay dos cuestiones que no han gustado nada en la cúpula.
En primer lugar, el intento de Sánchez durante su entrevista en Cadena SER del martes
de dar a entender que entre bambalinas, por detrás, los barones del PP
lo ven agotado y ya se plantean candidatos alternativos. Sánchez apreció
que cuando hay un cuestionamiento de Feijóo "la prensa de la derecha"
pone sobre sobre la mesa un posible adelanto electoral. "No lo hacen con
información detrás, porque cada vez que me preguntan digo que serán en
2027. Se hace para cerrar cualquier debate sucesorio respecto al señor
Feijóo", aseguró Sánchez, para después apuntar que en "off the record, en distintos lugares de la Villa de Madrid distintos presidentes autonómicos del PP cuando vienen muestran su desagrado con la estrategia que está llevando Feijóo como jefe de la oposición, incluso se dejan querer" como alternativas de futuro.
En segundo lugar, con una nueva expresión que se suma al "ánimo, Alberto" de la semana pasada, intentando equiparar a Feijóo con Casado en la previa a su depuración como dirigente por el choque con Ayuso
entre febrero y marzo de 2022. En concreto, en la última sesión de
control al Gobierno, Sánchez adjetivó al líder de la oposición con un
"es usted la nada". Volvió a incidir en esa idea de falta de
preparación.
Además de cuestionar la preparación de Feijóo, el Gobierno detona otra intencionalidad: llevar esa imagen de "incompetencia" también a las comunidades para ensalzar la gestión económica desde Moncloa frente a "una mala gestión de servicios públicos" pese a recibir financiación.
Fuentes populares
entienden que esto forma parte de la estrategia de los socialistas ante
el acorralamiento "por la corrupción". "Tienen que dar muchas
explicaciones, de dónde sale el dinero fotografiado en el despacho de Ábalos -publicado por The Objective-
o los sobres con dinero en efectivo con el membrete del PSOE",
aseguran. También la atribuyen a la incapacidad de legislar asuntos como
los Presupuestos Generales del Estado, unas nuevas cuentas de cara a
2026 que socios como ERC empiezan a no ver posibles.
Ya no por la falta de apoyos como esgrime el Ejecutivo, sino porque se
denuncia que ni si quiera se han iniciado conversaciones bilaterales con
ellos.
Además de la
presunta corrupción, los populares apuntan al intento de restar
relevancia a cuestiones como "un nuevo hachazo" a los autónomos, tras el
anuncio de la subida de cuotas hecho por el Ministerio de Seguridad
Social. Un plan que ni si quiera apoya Sumar. La vuelta a este lenguaje
de desprecio contra el dirigente del PP se enmarca en una semana
"complicada" para el Gobierno tras el paso de José Luis Ábalos y Koldo García
por el Tribunal Supremo. Se considera que los reproches personales se
prolongarán y azuzarán con el tiempo, y que el marco de batalla cultural
elegido por Sánchez cambiará en pocos días. "Estamos apunto de entrar
en noviembre, ahí empezará a hablar de Franco [por el 50 aniversario de
su fallecimiento]. Por lo que sí abogan en Génova es por no echar más
leña al fuego respecto al rifirrafe Gobierno-Ayuso, y se guarda
silencio.
Para los
populares esta posición del Gobierno, y de especialmente el PSOE, no
responde a nada más que intentar "resistir hasta 2027". Ni si quiera se
vincula con un intento de convocar generales de forma anticipada. "Si
quince puntos de distancia no hacen a Sánchez convocar elecciones, es
que no las tiene consigo", creen en el PP.