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Abascal, para nada, mejora a Pedro Sánchez. Gobernar por poder.

 

Vox, la herencia del viento
El presidente de Vox, Santiago Abascal

Vox parece que va subiendo y desintegrándose a la vez, como un petardo español, como la traca festera y destructiva que suele ser casi todo lo español. Abascal dirige el partido (o eso nos hace creer) a gorrazos de señorito, no deja de expulsar a rebotados, a críticos y a históricos, esos padres fundadores de Vox como con gorro de hebilla que salen luego por ahí llorando, unos por el alma perdida del partido y otros por la silla de fraile también perdida. Sólo va a quedar Abascal con su cara de medallón o de sumo sacerdote, más un coro o secta de gente indistinguible, brumosa y encapuchada detrás. Lo de la secta, con yunque ario, espada artúrica o Corazón de Jesús con luces de autos de choque, como un santo de Almodóvar, será o no leyenda (aunque Macarena Olona o Jiménez Losantos están bastante seguros). Pero, de todas formas, no es normal que haya tanto hereje ni tanta hoguera sin que haya detrás gente que maneje esos conceptos, ese martirio, esa determinación y esa escatología. La gente no suele huir ni señalarse en los partidos, que están hechos de silencio y paciencia como un cristo sedente. Menos aún si se supone que están en la cresta de la ola o de la nube gótica, que van a gobernar, que van a cambiar España o el mundo. Algo no funciona.

Macarena Olona, con resolución y presencia de guardia civil guapa; Rocío Monasterio, con autoridad e hilo de voz de monja bajita; Ortega Smith, como un confederado descabalgado; Iván Espinosa de los Monteros, que hablaba y sigue hablando desde los cuadros como los señores de las cámaras de comercio o de las camiserías antiguas… Ahora ya no está ninguno, por el gorrazo de Abascal, por la luz de gas o por lo que sea. Otros también se fueron o se alejaron, como Vidal-Quadras, quizá demasiado clásico para los populismos de talega y mamporro, o Juan Luis Steegmann, que tenía la españolísima y maldita condición de liberal (aquí nunca se ha sabido qué es eso) y además se vio venir las maguferías y santerías en las que empezaba a meterse Vox, ya más de agua bendita que de vacunas. Por las provincias hay algunas otras víctimas, incluso asambleas enteras voladas por el rayo de Bambú, pero éstos que he mencionado eran los que hacían que Abascal no pareciera un ermitaño o un endemoniado, que había algo más detrás, gente, estructura, partido, cabezas. Ahora, es justo eso lo que parece Abascal, un ermitaño o un endemoniado con sus rezos y sustos, solo, suficiente, convencido, orgulloso o loco.

Lo que está haciendo Abascal es eliminar a cualquiera que cuestione la fantasía, que como toda fantasía depende de que el personal se la crea

Este descabezamiento, esta limpieza, esta purga de Vox no la veíamos desde Podemos, que ya hemos dicho muchas veces que es como su hermano especular, el populismo al otro lado del espectro y de la cueva (y aun así está la diferencia de que su mesías, Pablo Iglesias, desertó, no se quedó en el castillo ya vacío, como Abascal o como Drácula). Lo que extraña es que la gente suele enfrentarse o escaparse cuando el partido está en descomposición, no cuando está rozando ese Cielo con visillos o con reja que también creyó tocar Podemos. No sólo Vox está gobernado desde un torreón con veleta, aunque en el de Vox haya más armaduras y fantasmas. Todos los partidos son verticales, eclesiales, siempre manda el que manda con esa corte como romana de escribas, aduladores y envenenadores. Por eso mismo el que está en política suele obedecer y esperar, incluso durante los terremotos, y ahí tenemos al PSOE sanchista. Si la pelea en Vox es por sillones, no debe de haber muchos disponibles, contradiciendo el futuro que se promete Abascal. Y si es por el dogma o la pureza, entre tantos y tan significativos, es que Vox está perdiendo el rumbo. En cualquier caso, se trata de una pelea por la supervivencia (si tu ideología no sobrevive, no hay ni sillones ni puristas). Y, en cualquier caso también, el partido está decepcionando a demasiados, dentro y fuera del castillo.

Abascal yo creo que tiene el síndrome del emperador, la paranoia de ser destronado por un cuñado o un legionario (en Vox hay muchos) o ser asesinado por un copero. Al principio, los enemigos son ideológicos, que es lo que ha pasado cuando se ha ido purgando a los liberales para dejar sólo la rama falangista y nacionalcatólica (otra vez quieren dividirse el país entre señores con bigotillo y curas con pistola). Luego, cualquiera que cuestione al líder o su estrategia es una amenaza, hasta el confederado Ortega Smith. La verdad es que yo creo que el miedo de Abascal está justificado, que sabe que su estrategia y su apuesta son más débiles de lo que puede parecer cuando lo vemos empalomado en las campañas. Primero, Abascal tiene miedo a gobernar porque, como todos los populismos, no está hecho para eso y decepcionará. A la vez, sabe que si no gobierna se convertirán en un partido inútil y lo dejarán de votar igual. Segundo, su apuesta total por Trump, por Orban, por los terraplanismos y la xenofobia (verdadera fobia, o sea cague), por los autoritarismos de cascajo, posverdad y ultranación, puede ser una apuesta por una moda que ya no dure mucho (lo que ocurre con los autoritarismos, como el de Trump o el de Sánchez, es que son muy pedagógicos).

El Vox de Abascal es una frágil fantasía, puede esfumarse si gobierna y si no gobierna, si gana Trump y si pierde Trump… Lo que está haciendo Abascal, o los que mandan con el yunque o el cilicio por encima de Abascal, es eliminar a cualquiera que cuestione la fantasía, que como toda fantasía depende de que el personal se la crea. Abascal ha apostado por su ínsula trumpista y por su Occidente calatravo y ha ligado su futuro no tanto a que se haga realidad su fantasía como a que su votante, que se cree a Torrente de verdad, se la crea. Espinosa de los Monteros, desde su cuadro de comerciante o camisero, ya maneja números sobre los votos que tendría un nuevo partido, que como todos los nuevos partidos sería el más puro y prometedor. Aunque lo más gracioso es imaginarse a Sánchez dándose cuenta de que todavía puede haber algo mejor que Vox para él, y es otro Vox más. Y es que está escrito: “El que turba su casa heredará el viento”.

EL DESASTRE DE VOX. Abascal más cerca de monaguillo que de clérigo

Mando único y culto al líder: Abascal descabalga a los críticos y culmina  su diseño del nuevo Vox

 

La vida interna de Vox es un auténtico desastre, con multitud de dimisiones, guerras internas, marchas de afiliados y destituciones. Se estima que un 70% de los concejales de Vox en 2023 ya no pertenecen a la formación. Algo inaudito y que posiblemente abriría portadas en los grandes medios de producirse en otras formaciones.

Y es que los procesos irregulares, dedazos, secretismo, pugnas por el poder y abandonos de afiliados han copado el panorama de la formación. Sin ir más lejos en este caos organizativo destaca Vox Granada.

Su primer líder fue Ignacio Nogueras, presidente de Vox a mediados de 2015 al que se le abrió un expediente disciplinario. Fue sustituido por Julio Vao, quién fue apartado al conocerse que participó en un delito de estafa. Le sucedió Ignacio Ocaña, diputado andaluz, que fue sustituido por Manuel Martín, quien a su vez ha sido sustituido por Ángel Luis Onoratto. 5 presidentes en 7 años.

Estas pugnas por el liderazgo y movimientos irregulares se repiten en toda España enfureciendo a la militancia. En León hubo un proceso salpicado de múltiples irregularidades con la imposición de candidatos de la Fundación Francisco Franco que provocó una revuelta interna. Algo similar pasó en Melilla, donde el dedazo de un candidato externo provocó la ira de 300 militantes.

En Barcelona, Vox tuvo una gran crisis con múltiples candidaturas, expulsiones y militantes quejándose del comportamiento antidemocrático de la formación.

Estos hechos también afectan a los concejales y cargos internos. Así en Toledo un alto cargo intentó quedarse con dinero de los militantes, desembocando en la dimisión de 8 concejales por la protección que el partido dio a este alto cargo.

Los casos siguen hasta ahora ya que hace solo unas semanas la concejala de Vox Águilas, Nuria Almagro, dimitía de su puesto denunciando que Vox sembraba el odio.

Si a todo esto añadimos que la primer mujer de Abascal, ama de casa o casas, recibe 50.000 mil euros/año con todos los gastos pagados, la segunda está colocada en la administración en un puesto muy parecido al del hermano de Pedro Sánchez y la tercera es jefa de la redes sociales de VOX con un sueldo de 75.000 euros/año....tampoco se debe olvidar que hay una cuarta a la que algunos miembros del partido le llaman la BIEN PAGÁ, ojo es venezolana, alta y lozana. O sea, el futuro de VOX es tal, igual o parecido al de Ciudadanos, Podemos, UPyD....

VOX contra VOX. La secta, sin programa y repleta de corrupción acabará como CViudadanos, Podemos, UPyD,,,,

El líder de Vox, Santiago Abascal, en su escaño del Congreso durante el pleno de este miércoles
El líder de Vox, Santiago Abascal, en su escaño del Congreso durante el pleno de este miércoles.

El proceso iniciado este miércoles por el exdirigente de Vox y actual presidente de la fundación Atenea, Iván Espinosa de los Monteros, para propiciar que se abra un debate sobre los principios ideológicos y el funcionamiento orgánico del partido en un congreso extraordinario, ha agitado a la primera línea de los de Santiago Abascal. Se acusa a Espinosa y sus apoyos de dejarse instrumentalizar por Génova, por el PP, para intentar debilitar a Vox estratégicamente. Para hacerlo "dócil, sin mordiente", convertirlo en "el partido que el PP sueña que seamos", escribió en X como reacción el diputado y portavoz nacional de vivienda de Vox, Carlos H. Quero.

Estos reproches se lanzan en pleno choque de la derecha, cuando Vox sale fortalecido de los procesos electorales autonómicos de Extremadura, Aragón y Castilla y León y tiene por delante la negociación de tres gobiernos con el PP de Alberto Núñez Feijóo. Cuando se prevé el mismo escenario en Andalucía a partir de junio. Igualmente, ha sacado a relucir una guerra sucia desde hace tiempo entre actuales cargos de la formación y el exportavoz en el Congreso.

Espinosa denunciaba este miércoles que nada más anunciarse el interés de proponer un debate profundo en Vox, ha recibido ataques "de los que fueron compañeros anteayer". Quizá, valoraba, así los "juniors y los nuevos creen que se asciende más rápido o mejor". "Además de ser feo, es una actitud de perdedor", consideraba, generando la reacción de su 'sucesor' en las competencias económicas, José María Figaredo. Le afeó haberse ido en 2016 para volver en 2018 con el subidón de Andalucía. "En 2023 cuando Vox pegó un bajón, tras tus años como portavoz, te fuiste. Y en 2026, cuando pega un subidón, finges volver. Así que no sé quién es nuevo y quien es viejo. Cada vez es más evidente quién está con Vox y quién con el PP", le recriminaba en X.

Durante la jornada los perfiles de representantes de Vox, satélites digitales y críticos echaron humo en la plataforma de Elon Musk. Otra de las tesis que emerge dentro de Vox es que no prima tanto el condicionamiento del PP, sino que esta ofensiva contra Bambú radica en el deseo de Espinosa y los suyos de liderar la formación. Y que se está dispuesto a cualquier cosa para conseguirlo, para volver a tener algo que decir en política. "Para eso tienen que derribar a la única esperanza de millones de españoles. Saben que a ellos no les seguirá nadie, porque no son líderes, son lobos del bipartidismo disfrazados de corderos. Son traidores y entre ellos no hay lealtad, terminarán apuñalándose, al tiempo", escribió por la misma vía el diputado David García, fiel a Abascal.

De hecho, figuras del partido no descartan que esta ofensiva acabe derivando en una escisión si no se consigue el propósito refundacional. No ven peligro, en todo caso. Ya se ve a Alvise y Se Acabó la Fiesta como proyecto competitivo que no ha conseguido hacer daño directo a Vox, aunque por unos pocos miles de votos dejó este domingo a Vox sin tres escaños en Castilla y León. Al arranque de la semana y con la resaca electoral aún encima, las críticas por un "pinchazo" de resultados de Vox publicitada por Espinosa o José Ángel Antelo, entre otros, llevaron a representantes de la formación como la portavoz de Emergencia Demográfica, Rocío de Meer a escribir que si la pretensión es "montar un partido, "adelante". Pero al margen de Vox: "Estamos bien y tenemos claro el camino".

La escisión, latente en algunos sectores críticos de Vox

Hay movimientos en torno a ese cúmulo de purgados estos últimos años. Desde algunos de los firmantes de la Declaración de Barajas el año pasado, un centenar de críticos con carnet, a incluso el exlíder de Vox en Castilla y León, Juan García-Gallardo, viene expresando la necesidad de un partido fuerte para medidas como la remigración sin titubeos si Vox no asume ese rol próximamente. Pero hay una total ausencia de solidez, son capas de militantes y exmiembros con intereses distintos. En Vox se les tacha de "rencorosos" con ganas de rivalizar para torpedear un proyecto al alza, en sus mejores números.

Hasta la fecha, Caminando Juntos de Macarena Olona ha sido la única escisión con repercusión hasta su fracaso en las generales de 2023

En una entrevista reciente para El Mundo, García-Gallardo planteaba la posibilidad de que aparezca un nuevo partido. Le daba base por el deseo de históricos y de afiliados de última hornada. El se descartaba para nada, aunque se le vincula como una de las figuras que mejor conecta con los jóvenes, mucho más radicalizados en Vox: "Si Vox deja de ser útil, alguien tendrá que pensar en una nueva etapa, en un nuevo partido". Cree que Aliança Catalana se comerá a Abascal en la región, por ejemplo, pese a su componente independentista.

Al mismo tiempo que la primera línea de Vox cargó contra el movimiento de Espinosa este miércoles, se arremetió contra García-Gallardo por sus palabras, especialmente por denunciar que el interés de Abascal y de su camarilla, es "económico" y que lo único que quedará de su gestión es su fondo de pensiones. Generó repercusión que el burgalés asegurara que Abascal se beneficia de un "tercer sueldo" por la presunta contratación de su esposa Lidia Bedman como asesora de redes sociales por 60.000 euros anuales para Homo Legens, una editorial ligada a la familia Ariza.

Aunque el movimiento de Espinosa y la puesta en escena de Gallardo en los medios contra la dirección de Vox coincide, ambos tienen objetivos distintos

Pero aunque parezca lo mismo, hay que diferenciar la ofensiva de Espinosa de lo que busca Gallardo. Espinosa u otras figuras como Javier Ortega Smith, sin dejar de plantear a Vox como la alternativa, persiguen una opción que normalice las relaciones con el PP y que se distancia de fuerzas nacionalpopulistas de Patriotas para volver al regazo de ECR. Alejarse de Le Pen y Orbán, de propuestas prorrusas o amigables con el Kremlin y menos con la OTAN, y se vuelva junto a socios atlantistas como Fratelli y PiS. Todo pese a la proximidad de Vox a Trump, lo que le deja a medio camino. Por su parte, la fórmula gallardista radica en una propuesta muy fuerte en inmigración, menos liberal y centrada en no convertirse en muleta del PP. Tampoco dependiente de influencias extranjeras como las de EEUU. Seguir una fórmula similar a la ideológica del actual Vox, pero más dura y sin depender de la arquitectura cimentada por los Ariza y Kiko Méndez-Monasterio, asesor de cabecera de Abascal.

De hecho, García-Gallardo no figura entre los firmantes del manifiesto de Espinosa y los suyos. No se le ha contactado para ello a diferencia de otros de los quince impulsores. En conversaciones con El Independiente, fuentes conocedoras aseguran que en los últimos días el vicepresidente de Atenea y una de las figuras más próximas a Abascal en sus inicios, Ricardo Garrudo, les contactó para contar con su rúbrica en este lanzamiento de la iniciativa. La página articulada para ello tiene la misma construcción, formato y tipografía que la web de Atenea.

Un congreso extraordinario casi imposible

¿Pretende Espinosa lanzar un nuevo partido? A raíz de las menciones de García-Gallardo a ese interés de algunas facciones de críticos, el entorno que impulsa este proceso para un congreso ha sido preguntado por ello. Sin cerrar la puerta a futuribles, se recalca que el objetivo ahora es el de sacar del "atrincheramiento" a Vox y nada más. Se niega una dependencia directa de Génova como se les recrimina: se quiere "ensanchar" a la formación tras una deriva de "cierre" y de arrinconamiento al disidente. Es más, insisten en que el objetivo no es desplazar a Abascal de su presidencia. Espinosa lo garantizó la semana pasada al trascender su deseo de congreso. Aunque algunas fuentes de Vox consultadas señalan que en el propio manifiesto se menciona hacer "un debate abierto sobre el liderazgo".

"El escenario inicial es el de intentar el congreso. Lo que suceda si eso va a adelante o no está abierto a todo tipo de posibilidades. Ahora lo importante es ver cómo reacciona la cúpula de Abascal a algo tan democrático y normal como es una asamblea en la que se debata con tranquilidad", aseguran críticos con carnet de Vox que se alinean con la iniciativa de Espinosa. Desde otros sectores afines evitan entrar en este debate sobre si es factible que esto acabe en una escisión para que haya un partido duro respecto al PP, pero no radicalizado. Hay notable discreción para no desvirtuar la operación iniciada. Espinosa, que es quien dirige la misma, no está en crear un partido, sí se recalca.

En todo caso, algunas personalidades adheridas a este proceso de repensado de Vox ya ven imposible conseguir ese objetivo de promover un congreso extraordinario por la ausencia de garantías y de capacidad para llegar a un 20% del apoyo de los afiliados. Pesa mucho no conocer con fiabilidad los datos de militantes al corriente de pago de los 66.000 que figurarían en los registros del partido. Según las cuentas de 2024 conocidas el año pasado, poco más de 32.000 lo estarían. Y apuntan a situarse en otros escenarios para promover alternativas políticas que se enmarquen entre este Vox radicalizado y entre el PP. Destacan que las escisiones ya se han dado entre otros socios europeos de Vox y que ni si quiera Abascal puede blindarse a que eso pase.

Le pasó a la Reagrupación Nacional con salida de cuadros a Reconquista; a Alternativa para Alemania con El Partido Azul o al Partido para la Independencia del Reino Unido (UKIP). En éste último casi Nigel Farage sí acabó devorando a sus excompañeros con Reform UK. En todo caso, cualquier paso electoral dependerá del momento político de PP y Vox en vistas a la ausencia de incidencia de SALF después de su presentación pública en las europeas con 800.000 votos antisistema. Cualquier deseo político también puede toparse con la búsqueda del PP de Feijóo de ensanchar el espacio político por la derecha al igual que hizo con la opa activa contra Ciudadanos en 2023 para las generales.

De Caminando Juntos a Avanzar en Libertad

La publicitación de alternativas ideológicas entre el espacio de PP y Vox no sería una novedad, en todo caso. Ya hay embriones que en cualquier momento pueden articularse como partido sin necesidad de que eso pase directamente por Espinosa. Es el caso de la plataforma Avanza en Libertad, impulsada tras la crisis de Vox Baleares en 2024 por la exportavoz en el Parlament, Idoia Ribas y el diputado Agustín Buades. Encontró su réplica en Castilla y León, donde purgados de Vox se unieron a la propuesta. Su presidente en la comunidad, Javier Teira, exprocurador de Abascal en las Cortes, concurrió por Salamanca el domingo en las listas de SALF.

La propia Atenea parte como un laboratorio de ideas más sólido para dar ese paso partidista si se considera adecuado. Es más, durante su preparación se llegó a atribuir a Espinosa la intención de dar ese paso. Entonces fuentes de El Independiente trasladaron que la falta de un fuerte respaldo económico impedía crear algo potente e hizo al exdiputado limitarse a Atenea. Espinosa ya valoraba la dificultad de crear un partido cuando se lo trasladó a Macarena Olona en 2022 a su salida, cuando probó en las generales con Caminando Juntos, que se puede considerar una escisión de Vox sin éxito. De ahí y de excandidatos como Ricardo Morado han salido otros proyectos como Giro 180º. Sin mayor repercusión.

VOX, el escupitajo de los cabreados del PSOE, condiciona el Gobierno de Aragón y de España.

 

Quién es Alejandro Nolasco, el candidato de Vox para las elecciones en  Aragón: a qué se

El resultado de las elecciones en Aragón no ha sido bueno para el PP. Gana con 26 escaños, pero pierde dos respecto a 2023; aunque el PSOE se hunde hasta 18 escaños (5 menos que 2023), Vox se convierte en el vencedor de la noche al duplicar su representación, pasando de 7 a 14 escaños.

La derecha logra 5 escaños más que en 2023 (pasa de 35 a 40), pero el mayor beneficiario de ese giro es el partido de Abascal, que incluso le ha ganado al PSOE en la ciudad de Teruel.

Si Jorge Azcón adelantó los comicios al no poder aprobar los presupuestos con el objetivo de alcanzar la mayoría absoluta (34 escaños) y, de esa manera, no tener que depender de Vox, su operación ha devenido en fiasco. Si Feijóo pretendía que Aragón se convirtiera en la segunda fase del proceso iniciado en Extremadura, pero esta vez con mayor holgura respecto a la extrema derecha, le ha salido el tiro por la culata.

Abascal tiene ahora todas las bazas en su mano para forzar la entrada de Vox en el gobierno e imponer sus condiciones. El triunfo de su partido no se basa en el carisma de su candidato (Alejandro Nolasco sigue siendo desconocido para muchos aragoneses); ni siquiera en el atractivo de su programa, que tampoco es muy conocido, sino en que ha abanderado la oposición más radical contra Pedro Sánchez.

El PP, en un giro inexplicable, invitó al cierre de su campaña al supuesto periodista Vito Quiles, alguien muy identificado con el ideario de la extrema derecha. Quizás con el objetivo de frenar a Vox. Pues bien, lo que ha conseguido ha sido justo lo contrario: ha asustado a su votante moderado. ¿Acaso Azcón y Feijóo piensan, como ha dicho Miguel Tellado, que Quiles representa al "periodismo valiente"? ¿Es ese su modelo?

El batacazo del PSOE no hay que apuntárselo a Alegría, sino a Pedro Sánchez

Creo que Feijóo haría bien en replantearse su estrategia si no quiere que le ocurra lo mismo en Castilla y León o en Andalucía, aunque dudo que Juanma Moreno opte por confundirse con el partido de Abascal.

Desde luego, el que no puede estar contento tampoco es Pedro Sánchez. Su candidata, la ex ministra y portavoz del gobierno Pilar Alegría, ha logrado lo que parecía imposible, igualar el peor resultado de su partido en Aragón, que se alcanzó en 2015 cuando Podemos estaba subiendo como la espuma. Es una derrota sin paliativos y atribuible al presidente. Ha sido un voto de castigo no a Alegría, sino a Sánchez. Veremos qué dice Moncloa de esta triste noche del 8-F. Culparán a la ola populista que recorre Europa, a Trump y a los tecnoligarcas. O algo parecido. Todos tendrán la culpa menos el verdadero culpable, Sánchez.

¿Qué decir de Podemos? Sencillamente, que ha desaparecido de la escena política. La izquierda en Aragón ha votado a la Chunta (que ha pasado de 3 a 6 escaños), y ha dejado en las raspas a IU y Sumar. Pablo Iglesias va a tener que desempolvar algún manual de principios del siglo XX para explicar por qué el proletariado le ha sido tan esquivo.

En fin, que todo sigue igual, pero peor que antes del 8-F. Por lo menos para los que queremos un cambio hacia la sensatez y la moderación.

Alfonso Ussía lleva los mismos caminos que Abascal, Hitler y Putin.

PARA ALFONSO USSIA | AQUI EN CANALETAS

Y un segundo antes de que el asesino pulsara el gatillo de su rifle de precisión, Trump movió la cabeza. La bala encaminada a perforar el cráneo de Donald Trump no tuvo reflejos y siguió su rumbo. Acertó, pero no de pleno. Atravesó la zona alta de la oreja derecha del candidato conservador a la presidencia de los Estados Unidos. Se agachó, fue rodeado por sus miembros del equipo de seguridad, y se incorporó dolorido y encorajinado, como el torero corneado que se niega a refugiarse en la enfermería de la plaza. Sangraba la herida. Habían intentado asesinar de nuevo, a un político conservador que, con todos sus defectos formales, reúne la ilusión de millones de ciudadanos estadounidenses para llevarlo, de nuevo, a la presidencia de los Estados Unidos. Las imágenes no mentían. Pero el amplio sector del periodismo aberrante español, se empeñó en poner en duda la existencia del atentado. La cloaca informativa coincidió en el ridículo y la villanía.

Un tipo que se presenta como «escritor» y colabora en «La Vanguardia» de los Godó, escribió en tuiter: «Uuuuuy». Y aclaró su estado de ánimo y su orgullo de autor: «Jamás haré un tuit mejor». Creo que se llama Pedro Vallín. En el diario que dirige la pobre Pepa Bueno, «El País», se decantó por las apariencias en detrimento de las evidencias. «Trump, evacuado de un mitin tras escucharse aparentes disparos». Como se trata de un periódico que sobrevive gracias a las ayudas públicas, y haciendo gala de una reacción digna de admiración, se mantuvo en la apariencia pero en un segundo titular añadió un dato de interés mundial. «Trump, evacuado de un mítin por el Servicio Secreto tras un aparente atentado. Se ha ido con algo de sangre». Es decir, que para «El País», con toda la gaita de la transexualidad imperante en los movimientos feministas, Trump fue evacuado del mítin tras el aparente atentado porque le sorprendió inesperadamente la menstruación. «El Mundo», también sagaz: «Disparos en un mitin de Trump. El expresidente herido, y dos personas muertas, entre ellas el autor del presunto atentado». Trump herido, dos personas muertas, y el atentado, presunto. De no ser «presunto» habrían fallecido todos los asistentes. TVE, demostrando la gran sagacidad de sus redactores, da la noticia bajo el amparo de la suposición. «Trump, supuestamente disparado».

Y en una tertulia improvisada, un tertuliano «lamenta que el atentado va a favorecer a Trump». Que le hayan «supuestamente disparado» y herido, carece de importancia. Lo preocupante es el error y la poca pericia del asesino. A punto estuvo de reconocer el ilustrado comentarista: «Una ocasión así no se puede desperdiciar con un mal disparo. Si se dispara contra Trump, hay que matarlo, no herirle en una oreja». En «La Razón», el titular de urgencia tampoco es acertado. Pasamos del presunto atentado, el aparente atentado y el supuesto atentado al posible atentado. «Trump, evacuado de un mitin tras un posible atentado». En la cadena de televisión de la misma propiedad, La Sexta, el atentado se rebaja a un simple incidente: «¡Última hora! Dos víctimas en este incidente. Un miembro de la audiencia y el tirador. Además, hay un herido grave». En mi humilde opinión, si en un mitin electoral muere un terrorista, un espectador y se produce un herido de alta gravedad, lo de «incidente» queda muy cortito, muy poquita cosa. Un incidente es caerse por la calle y doblarse un tobillo.

Pero las normas que imparte la Moncloa para coincidir en la adjetivación de los hechos no pueden modificarse si se pretende seguir recibiendo dinero público con el fin de sostener las pérdidas de la empresa.

Menos mal que ha imperado la prudencia, porque la inicial consigna no era otra que la que sigue: «Trump se inventa un atentado contra él, el tirador se pone nervioso y le atraviesa la oreja, y encima va y se enfada».

Aberrante sectarismo del más poderoso sector del periodismo español. Lástima que no haya coincidido el atentado contra Trump con la gran noticia del día: «Fallece inesperadamente en la localidad burgalesa de Santo Obdulio de los Pinsapos, doña Hermenegilda Jilandros, cuando soplaba las 107 velas de su tarta de cumpleaños».

Abascal, márchate.


El líder de Vox, Santiago Abascal, atiende a los medios este jueves en el Congreso de los Diputados.
El líder de Vox, Santiago Abascal, atiende a los medios este jueves en el Congreso de los Diputados.

Cuando vi a Abascal en las noticias, así como suele salir él, como embuchado de siglos, determinación y chacina españoles, pensé que era un mal farolero, de esos que, aun sabiéndose descubiertos, mueren en el farol antes que tirar las cartas sobre el cenicero y los mondadientes. Abascal anunciaba o adelantaba la ruptura con el PP, que en realidad se debía sustanciar luego en una reunión del Comité Ejecutivo como una misa en Covadonga, y yo no terminaba de entender que intentara elevar a amenaza cumplida y a justo escarmiento lo que para el PP es un alivio y para los propios carguitos regionales de Vox es una putada.

El PP lleva toda la vida de Vox, que es como una mili larguísima, de las de antes, con cetme de madera y cabra africanista, intentando saber qué hacer con Vox, cómo desmarcarse de Vox, cómo librarse de Vox, y resulta que Vox le regala esto mismo, además de lo que más aprecia Feijóo, o sea que algún tercero o alguna circunstancia tome las decisiones por él.

Vox no es que tuviera mucho poder, pero tenía cargos con sotanón que daban la homilía y la nota, y sitios reservados junto a la cucaña o la custodia, o sea cierta presencia institucional, ornamental y hasta consoladora (lo normal es que el poder atempere y la necesidad radicalice, y eso le pasa igual a Vox que a Sánchez). Vox tenía, además, muchos sueldecitos de pueblo, que tampoco son despreciables, como sabe el hermano de Sánchez.

Ahora, han decidido renunciar a todo eso por una apuesta folclórica, la apuesta por el rechazo o la aversión a la simple aparición o mención de los menas, que como saben no son niños sino “varones en edad militar” que ellos imaginan no sólo con machetes sino con marmita para exploradores o para españolazos embuchados y de buen buche. El rechazo es folclórico porque el reparto de menas no es nuevo, y además los menas ya están aquí, que no sé qué solución propone Vox, si meterlos en campos de concentración o convertirlos a todos en monaguillos o en camareros del Pasapoga mediante otra ceremonia llameante en Covadonga.

Yo creo que esta aversión folclórica, y por lo tanto exagerada, amanerada, que veíamos en ese Abascal del ultimátum al PP y de la negación más semántica o simbólica que práctica del mena, como la negación simbólica del Demonio; esta aversión folclórica, decía, viene de una guerra que es también folclórica, y no es una guerra contra el PP sino contra Alvise.

A Alvise, aun con su cosa de haberse caído de un coche de caballos por la calle Juan Belmonte de la Feria de Sevilla, parece que Vox lo considera un peligro muy cierto y serio, tanto como para renunciar a esas sillas de coro y a esos cargos de colegiata, sobrios y apetecibles a la vez, que ya tenían por las provincias. Parece que los nichos o las hornacinas de la derecha extrema, populista o folclórica son pocos y estrechos para los nuevos santos con escoba, porrón o Instagram que van saliendo, así que tienen que hacer una guerra doctrinal y cismática, una guerra entre el pechopalomo y la papa de rebujito, y hacerla ya, con la urgencia de las guerras santas, incluso aunque no estemos en periodo electoral (de momento).

Se diría que Vox ha entrado en pánico, que de repente igual lo vemos refugiarse bajo las orejeras peludas de Putin que romper esos pactos de campanario con el PP

Se diría que Vox ha entrado en pánico, que de repente igual lo vemos refugiarse bajo las orejeras peludas de Putin que romper esos pactos de campanario con el PP, y que en realidad es lo único que tienen aparte del espadón crucífero y del miedo al africano con aureola de ejército de Cartago y de ejército de moscas a la vez. O es que no saben manejar sus faroles, como no saben manejar en realidad los mandobles, los trabucos o los asados de los que presumen.

Vox no sabíamos si había ido dando bandazos o simplemente decantándose y purificándose a base de purgas, autos de fe o exterminios bíblicos, pero llega ya un punto en que casi parece que se están limitando a seguir las órdenes locas de alguna aparición de algarrobo que les habla a los del yunque y el cilicio como a pastorcillos portugueses. La verdad es que los radicalismos, en caso de crisis, siempre apuestan por más radicalismo. Pasa en la izquierda de mil sectas y pasa también en la derecha, con menos sectas pero similar pulsión de muerte.

Amenazar al PP con lo que más desea el PP, ya ven la jugada y la perspicacia de este Vox que ha pasado de verse en la ola victoriosa o victoriana de la ultraderecha en Europa a vender todo lo que tiene para enfrentarse a un friki con armario y argumentario de papa gorda, floja y gloriosa de sábado de feria. Al PP se le ve encantado, como si por fin se le fuera del piso el cuñado torrentiano, hooligan y altramucero. No imagino a los del PP muy apenados por deshacerse de esos vicepresidentes o consejeros entre castrenses y castrados, ni de sus chiringuitos almenados o catequizantes. Ni por convocar elecciones para que el votante de centro o derecha elija entre el frikismo farolero o mártir y la ambigua o aburrida derecha de toda la vida. Ni por ver a su competidor romperse entre el purismo y la supervivencia.

Eso sí, ahora el PP será el único responsable de sus decisiones. Yo creo que esto es lo único que desasosiega a Feijóo, mientras ve cómo se le despeja la derecha que no sé si llegará a ser la ancha derecha de Aznar pero pronto podría ser la perezosa derecha de Rajoy.

Oportunidad única para que el PP rompa relaciones con VOX. No se pueden dejar niños tirados en la mar o en una isla, Abascal tiene 5 hijos con 3 mujeres distintas.

 

Varios migrantes en un cayuco, a 3 de enero de 2024, en el Mar Mediterráneo.
Varios migrantes en un cayuco, a 3 de enero de 2024, en el Mar Mediterráneo. | Antonio Sempere.
 
 La cuestión es especialmente grave en el caso de los menas (menores no acompañados). Aunque los datos no son muy precisos, se estima que este año han llegado a las islas casi 6.000 menas, cuando cuando la capacidad de sus centros de acogida no llega a los 2.000. El resultado de esta saturación es el hacinamiento, las malas condiciones higiénicas y sanitarias en las que estos niños y jóvenes malviven y todo lo que ello lleva consigo.

No se puede cerrar los ojos a esa realidad y es obligación del Gobierno y las comunidades autónomas encontrar ya una alternativa, como reclama con toda razón el Ejecutivo de Canarias, fruto de un pacto entre Coalición Canaria y el PP, presidido por Fernando Clavijo.

La ley de Extranjería vigente no contempla esa cuestión y lo que sucede es que el reparto de menas depende de la buena voluntad de cada comunidad autónoma. Por supuesto, la ley hay que cambiarla para que haya criterios objetivos de reparto del esfuerzo y también de los fondos que el Gobierno debe aportar en función del esfuerzo que haga cada una de ellas. Tanto la distribución de menas, como la reforma de la ley, necesitan del consenso del PSOE y del PP.

El líder del PP tiene que dar una respuesta al problema de los menas y a las amenazas de Vox

Las posiciones previas a la reunión no animan al optimismo. El Gobierno quiere un pacto que incluya a todas las CCAA, pero, al mismo tiempo, se ve ante el dilema de desairar a Junts, que ha pedido quedar fuera del reparto argumentando la "singularidad" de Cataluña. El PP, en principio, está por la labor de reducir la presión en Canarias, pero, a la vez, se enfrenta al ultimátum de Santiago Abascal, que amenaza con romper los acuerdos vigentes en cinco autonomías si el PP pacta con el Gobierno. Vox, por supuesto, rechaza cualquier criterio de reparto y es partidario de devolver a los menas a sus países de origen y de utilizar a la Armada para evitar su llegada a las islas.

Núñez Feijóo tiene un problema, pero también una oportunidad. Para aprovecharla, debe ser muy claro en su planteamiento. En primer lugar, debería exigir para firmar el acuerdo que ninguna comunidad quede fuera del mismo, lo que obligaría al Gobierno a imponer a la Generalitat una cuota de reparto. Y, si Vox se atreve a cumplir su amenaza, debe asumir que hay autonomías en las que tendrá que gobernar en solitario. Si Abascal se atreve a presentar mociones de censura junto al PSOE para derribar gobiernos autonómicos de derechas, ese es su problema. Los electores no se lo perdonarán.

El líder del PP tiene que aguantar el tirón, porque a lo mejor la chulería de Abascal al plantear un ultimátum en este asunto es la ocasión que estaba esperando para distanciarse definitivamente de Vox.

Con el tiempo, Vox ha ido situándose cada vez más en la extrema derecha. No se ha atemperado, como especulaban algunos, con su llegada al poder en algunas autonomías de la mano del PP. Todo lo contrario. De Vox salieron los perfiles más liberales, como Espinosa de los Monteros, y ahora acaba de romper con Meloni para aliarse con Viktor Orbán en el grupo Patriotas por Europa, al que también se ha sumado el partido de Le Pen.

Feijóo tiene que ser valiente y coger el toro por los cuernos. Tarde o temprano tendrá que romper con Vox. Ahora se le presenta una oportunidad única. Nadie entendería que, por hacerle un feo al Gobierno, dejara sin resolver una crisis que afecta a miles de niños y jóvenes. Ese gesto tiene más valor político que amilanarse ante las amenazas de Abascal.

VOX se va quedando descolgado y morirá como UPyD, Cs....

 

Estos son los socios preferentes de Vox más allá de Chega! de cara a las europeas

Aunque las relaciones de Vox con Ventura son buenas y Abascal ha hecho campaña con él, los lusos convergen mejor con ID, la corriente de Le Pen en la que Vox no encaja | Hay rivalidad con ECR, más favorable a pactos con el PPE


El presidente de Vox, Santiago Abascal, participa en un mitin electoral de André Ventura, líder de Chega!, en Olhao (Portugal), el miércoles 6 de febrero

El presidente de Vox, Santiago Abascal, participa en un mitin electoral de André Ventura, líder de Chega!, en Olhao (Portugal), el miércoles 6 de febrero EFE/ Luis Forra

Entre la política de Le Pen y la de Vox hay más distancia que entre la de Putin y Milei. Las elecciones de Portugal han reforzado la idea de que la corriente nacionalpopulista avanza sigue al alza en el continente y llegará con fuerza a los comicios europeos de junio. En Países Bajos, tras su victoria, Geert Wilders sigue negociando de momento sin éxito su llegada al poder con terceros partidos, los polacos de Ley y Justicia (PiS) no lograron reeditar su gobierno por la ausencia de suma, pero siguen siendo primera fuerza, y en Finlandia si que Verdaderos Finlandeses (Perus) condicionaron al centroderecha clásico haciéndose con carteras elementales como Interior, Justicia o Economía. En ese reconocimiento claro a sus socios naturales lusos, desde el cierre de urnas y este mismo lunes, ha estado Vox, Santiago Abascal o el vicepresidente Ignacio Garriga.

Entre André Ventura, presidente de Chega!, y Abascal hay una línea común respecto a sus pasados: ambos vienen de militar en el centroderecha clásico, caso del Partido Social Demócrata (PSD) -integrado en el PPE-, y pasaron a asumir un ideario mucho más conservador que derivó en las escisiones de sus actuales partidos [aunque Abascal no la capitaneó desde el principio, solo fue socio fundador]. Ambos se vieron motivados por considerar que hay una derecha huérfana, portan un discurso 'anti progres', los dos representan a los países de la excepción ibérica a la ultraderecha ya disuelta; y ambos han lidiado con luchas internas entre sus filas.

La diferencia quizá es el tiempo en el que coinciden: Vox, ya madurado, parece orientarse hacia una posición de partido 'muleta' para otorgar un futuro gobierno al PP tras el desgaste socialista. Chega!, ahora llave para que Alianza Democrática conservadora tome el mando, experimenta un auge exponencial con tan solo cinco años de vida y su tercera participación nacional.

Falta conocer si el nexo seguirá ampliándose entre formaciones tras las europeas en cuanto a la afiliación. A Ventura se le resiste el plano continental, una barrera que probablemente, y en vista de los resultados del domingo, romperá en junio. Pero, pese a su euroescepticismo 'suave', milita testimonialmente con el Grupo de Identidad y Democracia (ID), donde se encuentran Le Pen, Salvini, Wilders, los belgas de Vlaams Belang o el FPÖ austriaco. La afinidad viene de su duro perfil xenófobo, con especial dureza contra el colectivo gitano.

Si hay dos socios prioritarios para Vox en estos momentos es Fratelli d'Italia y PiS. Se incluye a Orbán, pero con matices

Aun por la tradición mediterránea que le acerca a Vox o a Giorgia Meloni, no entraría en la órbita directa de asociados a Abascal. Hay poner sobre relieve que las relaciones entre ID y el Grupo de los Conservadores y Reformistas Europeos (ECR) no son del todo buenas, con los segundos más proclives con estrechar lazos con los populares y en hacer viable la gobernabilidad de la Unión y los primeros aún con pulsiones entre sus socios para abandonar el euro, caso de alguna corriente interna de Alternativa para Alemania (AfD).

Vox, entre el eje del Este y la alianza con Meloni

Si hay dos socios prioritarios para Vox en estos momentos es Fratelli d'Italia y PiS. Se incluye a la Fidesz de Viktor Orbán, aunque con algunos matices. Aunque el propósito de Abascal y los suyos es llevarse bien con todos sus partidos 'hermanos', con italianos y polacos hay nexo de unión motivado por una visión propia de la política nacional e internacional. Con Meloni y Mateusz Morawiecki Vox comparte el atlantismo, que lo conecta a su vez a EE.UU. y al OTAN, y el componente anticomunista. Algo que puede ampliarse al rechazo de Putin mientras que los socios de ID se han mostrado más rusófilos tradicionalmente, aunque ahora Reagrupación Nacional de Le Pen o la Liga de Salvini, sus máximos exponentes, tras estallar la guerra en Ucrania, intentan mostrarse más desvinculados.

Este aspecto, el 'coqueteo' de líderes como Orbán con Rusia -lo que preocupa ahora en España ante la OPA planteada a Talgo-, hace que el húngaro sea un aliado un tanto especial de Vox. En todo caso, es más lo que les une que lo que les separa. De hecho, la Fidesz, hasta hace poco, pertenecía al PPE. La deriva de Orbán viene desde posiciones liberales a principios del siglo hasta el autoritarismo iliberal que le ha brindado su éxito electoral. Con los dos máximos exponentes del eje de Visegrado -compuesto junto a Chequia y Eslovaquia-, Abascal y los suyos tienen unidad en todo lo que compete a las tradiciones, la cultura o la identidad racial. Si bien Le Pen aboga por el laicismo para adherirlo a sus tesis xenófobas, o junto a Wilders defiende los derechos de la mujer o los homosexuales y todo el colectivo LGTBI+ para justificar su rechazo a la cultura islámica, Orbán y PiS rechazan el aborto, las teorías de género y ensalzan la religión católica.

La negativa al multiculturalismo es compartida entre todos los ultras europeos, que pese a sus diferencias suelen comulgar en casi todas las votaciones de la Eurocámara.

Meloni no es una excepción y entra dentro de esa alineación ideológica con los polacos. Comparte la defensa de las tradiciones por igual, y se decanta en contra de cuestiones como la eutanasia, el aborto [Vox quiere derogar la ley, y que esta intervención o la 'muerte programada' queden fuera de la Sanidad Pública] y solo a favor de "la familia natural". Aunque es un término que ha ido perdiendo peso, tanto Fratelli como Vox priorizan que las unidades familiares tradicionales, concebidas como la integrada por un hombre y una mujer, tengan prioridad frente a las homosexuales a la hora, por ejemplo, de la adopción. Quizá, la peculiaridad por la que se ha reforzado esa cercanía entre Meloni y Abascal radica en una cuestión geográfica e histórica, así como la convivencia vivida dentro del grupo ECR desde hace casi cuatro años.

Mientras que las corrientes migratorias al Este de Europa son mínimas, tanto España como Italia se enfrentan en la última década a importantes oleadas migratorias desde África, algo que, vehiculado con el chovinismo que les caracteriza, les ha hecho arrimar el hombro. Ambos sitúan el foco en el mediterráneo -con la excepción de la ruta canaria por el Atlántico-, y han propuesto un "bloqueo naval". Tras la propuesta de Meloni, Vox corrió a imitarla en noviembre del año pasado, al calor de la nueva crisis migratoria en las islas. Ha insistido hace poco en hacer uso de la Armada, aunque el organismo ya vienen insistiendo en la inviabilidad de la propuesta. Los dos partidos, asimismo, se han mostrado favorables al nuevo Pacto Migratorio Europeo, que ha apoyado el Gobierno de Pedro Sánchez y que ha sido calificado por sus socios de Sumar como "un paso atrás" y una "incipiente cesión" a la "extrema derecha".

La propuesta de pacto, que incluye reparto migratorio, ha provocado, recientemente, diferencias dentro de esa misma corriente europea. Polonia y Hungría, a la que se ha sumado Eslovaquia y se ha terminado de bajar Donald Tusk a su llegada al poder este año. Budapest y Bratislava se negaron y se siguen negando a ese aspecto de reparto, así como a afrontar los costes por rechazar la acogida: son 20.000 euros por cada persona a la que se le deniegue el asilo.

La moral, las tradiciones y la cultura cristiana es prioritaria entre los socios de Vox en Europa. Otros partidos de ID, aparentemente, se muestran más aperturistas para ganar votante

Si uno hecha una mirada a la distribución del poder dentro de ERC, el partido, no el grupo europeo, se refleja el equilibrio entre Fratelli, Vox y PiS. Mientras que Meloni ostenta la presidencia, Jorge Buxadé, ahora vocal de la dirección del partido español, coordinador jurídico y delegado del grupo en Europa, ejerce de vicepresidente. Comparte cargo con el polaco Radosław Fogiel. Dentro de esa cobertura de aliados, Vox también tiene afinidad con Demócratas Suecos, Perus -abandonó ID por la postura pro-Putin respecto a Ucrania-, o Solución Griega entre otros partidos con menor reconocimiento. Una de las últimas incorporaciones ha sido la de Reconquista, el partido de Énric Zemmour y su vicepresidenta Marion Maréchal, la sobrina de Le Pen. Un líder que con su teoría del "gran reemplazo" identitario hizo pasar por moderada a la dirigente ultra en las últimas presidenciales.

Vox ya marcó distancias con Le Pen

De cara a ese proceso electoral en 2022, Vox, en palabras de su entonces vicepresidente primero Buxadé, en una entrevista a Radio Nacional, ya marcó distancias con Le Pen en preferencia de Zemmour. Tanto ID como ECR aspiran a posicionarse como tercera fuerza en el Parlamento Europeo, aunque con objetivos distintos. Los segundos pretenden condicionar las políticas, y obligar a los populares a una alianza. Los primeros no están tan bien vistos. Hay que ver que, por ejemplo, el polaco Janusz Wojciechowski (PiS) ha sido elegido comisario de Agricultura esta legislatura. Siendo sexto grupo ECR y cuarto ID.

Entre los partidos del espectro nacionalpopulista hay más coincidencias que diferencias. A excepción de Le Pen, que defiende tesis claramente proteccionistas, con una ampliación del estado de bienestar -más salarios y pensiones-, la mayoría de grupos políticos parten de una propuesta neoliberal. En sus inicios lo era claramente Vox, muy cercano a propuestas nórdicas o a la alemana AfD, gestada entre empresarios del Oeste. Pero entre la órbita de ECR, aunque se aboga por el recorte de la burocracia, pesa notablemente las cuestiones morales, y esas han ido ganando terreno en Vox conforme ha ido saliendo la corriente de Iván Espinosa de los Monteros. AfD y la Reagrupación Nacional, por la que parece aflorar el liderazgo de ID en esta nueva edición, se muestran tolerantes con la sexualidad, por el contrario. La copresidenta de la fuerza germana Alice Weidel es abiertamente lesbiana. El exvicepresidente del antiguo Frente Nacional, Florian Philippot, es gay.

La guerra en Ucrania ha sido, de momento, el principal elemento desintegrador entre partidos como AfD y el FPÖ con Vox, que sí podrían casar más que con la propia Le Pen. Precisamente, la cumbre 'de los patriotas' de finales de enero de 2022 en Madrid, previa a la guerra, dejó evidencia de ello. Mientras que la afinidad era común para denunciar el avance de la UE hacia un "mega-Estad ideologizado" o la defensa de la preminencia de las normas locales a las supranacionales, fue muy difícil llegar a un consenso más allá de una declaración para decir que Putin dejaba a Europa "al borde de la guerra". Puede decirse que el geopolítico y la forma de relacionarse con el PPE es la esencia que diferencia a Vox y a sus socios del resto de corrientes ultras continentales.

Feijóo no debe caer en las redes de Sánchez y Abascal que lo tienen todo perdido.

 El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, y la presidenta del PP de las Islas Baleares, Marga Prohens, durante la Junta Directiva del Partido Popular de las Islas Baleares

Lo han vuelto a hacer. Han vuelto a colar la violencia intrafamiliar como compendio de otras violencias porque no están dispuestos a tragarse el concepto de violencia de género que es lo que está en la ley.

Y el PP vuelve a comerse ese marrón en los acuerdos firmados en Baleares en virtud de los cuales los de Vox se abstendrán en la presentación de la candidatura de Marga Prohens a cambio de una serie de pactos, algunos de los cuales son dignos de aplauso pero otros suponen que lo de Valencia no fue un error producto de la inexperiencia sino algo muy pensado por el ala dura de los de Vox y que el PP acepta, y ya van dos comunidades y algunos ayuntamientos menores.

Si ustedes quieren modificar la ley, adelante, propongan un cambio en el Código Penal con ese fin, pero mientras la ley diga lo que dice, no hay autoridad alguna que pueda modificar la norma a su antojo.

Los poderes públicos no pueden ser ajenos a la violencia de género, que constituye uno de los ataques más flagrantes a derechos fundamentales como la libertad, la igualdad, la vida, la seguridad y la no discriminación proclamados en nuestra Constitución”, se dice en el preámbulo de la ley.

Y dentro de la violencia intrafamiliar existe un subtipo que es precisamente el de la violencia de género, por el cual muchas mujeres son asesinadas por el mero hecho de ser mujeres. Ahí se incluyen las pulseras telemáticas o la retirada de la patria potestad que en la violencia intrafamiliar no se contemplan o se contemplan en mucha menor medida.

Así que lo de Valencia se ha vuelto a repetir y ya veremos si se repite también en Extremadura porque María Guardiola está ya a punto de caramelo para hacer lo que haya que hacer con Vox. Ya lo de los principios parece que no están en el frontispicio de la cartera de la señora Guardiola y mucho me temo que lo de Valencia y Baleares va a tener repetición en tierras extremeñas.

Este asunto de la violencia intrafamiliar es una reivindicación del ala dura de Vox con la que la izquierda se debe estar relamiendo de gusto

¿Es consciente Alberto Núñez Feijóo de la baza que le está ofreciendo gratis et amore a la  izquierda de nuestro país? Porque este asunto de la violencia intrafamiliar es una reivindicación del ala dura de Vox con la que la izquierda se debe estar relamiendo de gusto.

Un ala dura que se compone de ultracatólicos de Hazte Oír y del Yunque y que está dando las directrices en este campo no sólo a Vox, que sería algo muy respetable, sino que se lo están imponiendo al PP. 

Y por ahí ya le digo yo que va a perder muchos votos de las mujeres, que no distinguen entre violencia machista y violencia de género pero que sólo saben que se asesina a muchas de ellas por varias sinrazones entre ellas la posesión insana de la mujer, la posesión del ser inferior, sometida hasta el paroxismo al varón. Otra sinrazón es porque se las sabe más débiles que su agresor y por eso las matan. Si las mujeres tuvieran la fuerza de sus agresores, verías tú como más de uno y más de dos salían corriendo. 

Para eso está la regulación de la violencia de género, para castigar con mayor fuerza a quienes prevaliéndose de su superioridad física asesinan a las mujeres.

Eso no significa que no existan denuncias falsas por parte de mujeres sin escrúpulos, conocemos un conjunto de casos que realmente estremecen, pero esa es una responsabilidad de las autoridades judiciales y policiales: no se puede dar por buena la versión de una mujer por el simple hecho de serlo, y eso es algo que los jueces habrán de tener siempre muy presente.