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Yolanda Díaz, para sobornar su fracaso propone escuelas de poliamor









Yolanda Díaz, para sobornar su fracaso propone escuelas de poliamor

 Por Juan Pardo

juanpardo15@gmail.com

https://blogdejuanpardo.blogspot.com/

Blog de Juan Pardo

El Matadero de Madrid parece las ruinas mismas de la revolución fabril, un túmulo de ladrillo rojo donde el antiguo obrero ha sido expulsado por colmenas, acuarelistas y paseantes. Yolanda ha buscado la catedral, ese Matadero que parece Manchester en una fiambrera, antes que buscar las ideas, y también ha buscado las pegatinas antes que el programa, esas palabras bonitas que ella unía como si fueran imanes de nevera: unión e ilusión, solidaridad y derechos, y así. Sumar va a ser, me parece, básicamente unir palabras bonitas con lacitos y echarlas a volar soplando. O unir gente también así, con lacito de abracito. “Un día de alegría, un día de fiesta”, había anunciado Yolanda, un poco entre Leticia Sabater y Miliki. Esa debe de ser la diferencia, ir con alegría, con mojasellos de besos y con un peto de guardería, porque lo demás que escuchamos, los estribillos, las quejas, las soluciones confundidas con objetivos o con sueños, son los que hemos escuchado toda la vida, igual en las fiestas del PCE con modorra de cantautores, en las plazas del 15-M con sentadas indias o en la revolucioncita de carpetilla de Pablo Iglesias. Yolanda lo único que parece que le ha añadido a la izquierda de siempre es unas tremendas ganas de poliamor.

 

En la Plaza del Matadero, la gente esperaba a Yolanda bajo un sol menestral, un sol de peonada, 35º para que el obrero sudara su condición o la izquierda sudara su compromiso. No parece muy buen augurio esto de que los que van a reorganizar la izquierda y el país no hayan sido capaces de prever ese solazo a la hora del solazo. Pero la gente, con conciencia de clase, iba buscando la sombra por las esquinas y dejando estampas como de tapia mexicana. Señores de coletas canas, como magos grises, profesorado comprometido, grunge sobrevivido, rasputines y jubilados, funcionariado muy cafetero, jóvenes de todas las identidades identitarias, cada una como de una tribu espacial, uno que provocaba con una camiseta quinqui de Perros callejeros y otro que llevaba en la suya una ecuación que iba como desintegrándose en ceniza o calderilla (a lo mejor era la fórmula mágica de la izquierda). Todos allí, abanicándose unas canillas finísimas, los tatuajes negros y los moños de varias clases y nudos, y mirando aquel escenario un poco escolar, lleno de sol como una sábana al aire.

 

Aun sin partidos y sin líderes, que es lo que quiere Yolanda, hablar ella sola con la gente por la celosía de su confesionario, como una regenta inversa; aún así, decía, aquello se iba llenando. Una chica me dijo que se había escapado de la asamblea de Más Madrid de La Latina que había a la misma hora, y yo pensé que esta izquierda que quiere tanta suma ya se estaba contraprogramando mucho antes de que vuelen los cuchillos. Mientras la sociedad civil más bien se derretía, veíamos por allí a Juan Carlos Monedero, vestido como de rociero sin carreta, sin duda buscando sombra, toldo, cobijo en esta nueva esperanza de la izquierda. Y a James Rhodes, ese pianista inglés despistado que aún confunde la política con el tocino de cielo, que a lo mejor tampoco es tan diferente a lo que piensa Yolanda. “Vamos a morir aquí”, decía alguien, exagerando sin duda el sacrificio que le pide Yolanda a la sociedad para que le diga cosas, la ilumine y la lance. Lo que pasa es que, luego, resulta que la sociedad civil eran cinco o seis que venían con ella.

 

Con el sol más aplacado y Yolanda como una sirena que viraba un poco, según la luz, en arenque, el acto empezó por fin. La sociedad civil ya digo que eran unos cuantos que venían con ella, como damas de honor o como la banda de música de una Virgen sevillana. La sociedad civil, ya ven, resulta que está perfectamente clasificada y numerada, como en los palcos de ópera. Venía cada uno de un ramo o de un gremio, todos activistas, todos izquierdistas (la sociedad civil de derechas es un oxímoron) y todos absolutamente previsibles. El que venía de la enseñanza pedía enseñanza pública de calidad, el que venía de la sanidad pedía sanidad pública de calidad, la que venía del activismo climático pedía salvar el planeta, el que venía del emprendimiento pedía pasta, y la que venía del feminismo optó por un modo telepredicador que juntó la racialidad con la justicia social y unos como aleluyas que daban ganas de comprarle un rosario milagroso. O sea, que esta sociedad civil ya me parece a mí bastante escuchada, bastante repetida y bastante evidente, sobre todo en eso de confundir los objetivos con las soluciones. Los salarios dignos, la justicia social, la educación de calidad y todo eso, son objetivos. Las soluciones serán las que nos permitan conseguirlos sin renunciar a otros objetivos, o equilibrando otros objetivos. Pero esta izquierda los nombra y ya las da por hechas, que ya se conseguirá del dinero de los ricos. Todo es cuestión de voluntad política, no de gestión de recursos. Es, ya digo, la misma izquierda de siempre. Si no fuera por el poliamor de Yolanda.

 

Cuando Yolanda, que estaba allí como en su trono frutal como una reina de la vendimia, tomó el micrófono se saltaron los ojos y los ojales. Necesitamos “querernos”, necesitamos “cariño”, necesitamos “enormes dosis de ternura”, hasta Europa deberá ser “afectiva”. Sumar va, por lo visto, de eso. Yolanda nos manda a todos a querernos, y sí, también a pensar mientras nos queremos. Nosotros vamos a ser los protagonistas, ahí como pulpos del amor, con inteligencia emocional y gustillo retráctil; y nosotros, amándonos y pensándonos, luego le transmitiremos a ella las verdades de la vida, que ella se encargará de materializar. O algo así. En la izquierda no quedaba ya nada por inventar, salvo esta dimensión poliamorosa. La sociedad civil, o esa que trae Yolanda, ya dice lo que ha dicho la izquierda siempre, y lo sabemos porque la escuchamos en el Matadero, hablando tan ordenadamente como niños en catequesis (las preguntas y respuestas eran como del catecismo). La izquierda es la que es, sólo quedaba esto del poliamor y eso de la madre escuchante que ya sabe perfectamente qué va a escuchar.

 

La nueva revolución, sin partidos, sin líderes, consiste sólo en Yolanda en el confesionario, escuchando a los activistas que, como las beatonas, cuentan lo mismo siempre. Eso, más el amor, la ternura, el quererse con esa intensidad inigualable de después de los porros, sin duda. Y no hay más. Es la izquierda de siempre, más pegajosa que nunca, sin una idea nueva, y aún más vaga, porque ahora el líder no tiene ni que pensar, ya pensará por ella la mente colmena, que se le aparecerá convenientemente en forma de sindicalista invitado o activista agendada. La izquierda había intentado las armas, los pucherazos y los mesías zumbones, pero quedaba intentar lo del poliamor. Lo mismo de siempre, pero con poliamor. Claro que la gente aplaudía mucho, cómo no. Se ilusionaban, les palpitaban los tatuajes y cimbreaban los largos pendientes de la rebeldía o de la seducción, sabiendo que allí volvía a estar, donde estuvo siempre, la salvación del mundo, pero además con ese amor silvano, pagano y vivificador. “Muy bonito todo”, resumía una chica mientras la gente salía del Matadero, no sé si a asaltar otra vez los cielos o a casarse todos con todos después de chupar setas.

Por Juan Pardo

juanpardo15@gmail.com

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Junqueras y Pablo Iglesias, desde la cárcel, tramaron la libertad provisional con fuga inmediata de los independentistas pendientes de juicio. Merkel les acoge en Alemania.




Pactar los presupuestos generales (PGE) en una cárcel, solo indica  que el sistema judicial en España está siendo debilitado por Garzón, su empesebrada Ministra de Justicia y la fiscal General del Estado.   Pero, claro está, eso solo es el pensamiento de esta chusma, otro bien distinto es la opinión generalizada del mundo entero: “España está siendo víctima de un huracán bolivariano con la colaboración destacada de Irán y Alemania”

Si ya era anormal que a Podemos se le diese la credencial de Partido Político.  La Ley el deber de respeto de los partidos políticos a los principios democráticos y los valores “”””constitucionales”””, y desarrollados los elementos indiciarios que permiten conocer cuándo un partido no se ajusta a los mismos y debe, por consecuencia, ser declarado ilegal. Los promotores de un partido político deben ser personas físicas, mayores de edad, que se encuentren en el pleno ejercicio de sus derechos, no estén sujetos a ninguna condición legal para el ejercicio de los mismos y no hayan sido penalmente condenados por asociación ilícita, o por alguno de los delitos graves previstos en los Títulos XXI a XXIV del Código Penal. Esta última causa de incapacidad no afectará a quienes hayan sido judicialmente rehabilitados.

Los promotores de Podemos estaban encausados hasta la médula, además, de no acatar la Constitución de la A a la Z.

Pablo Iglesias, secretario general
Pablo Iglesias, líder y fundador de Podemos, secretario general de la formación pertenecía y pertenece a una banda terrorista, FRAP (Frente Revolucionario Antifascista Patriótico).

Íñigo Errejón, perfil ideológico
Íñigo Errejón, investigador de la Universidad Complutense, escribió su tesis doctoral sobre el primer Gobierno del Mas en Bolivia que, por cierto, solo fue leída ante Monedero y, además, becada por la Universidad de Málaga que no correspondía.

Juan Carlos Monedero, futuro tuitero jefe.
Juan Carlos Monedero está implicado en varias entregas de dinero por parte de Venezuela e Irán –según él –antes lo desmentía- para financiación del partido. Además de becar solo a podemitas. Cuando él es un simple profesor sin oposición, hasta que Carrillo –hijo- le habilitó, pero solo en la complutense, nunca en otras universidades.

Carolina Bescansa, analista política
Carolina Bescansa, también es  profesora de la Universidad Complutense de Madrid –Carrillo Jr.- , donde imparte clases de Metodología. No solo ha abandonado la formación anticostitucional, sino que aduce medidas dictatoriales dentro de la formación.

Luis Alegre, Coordinador del congreso
Al igual que Bescansa, públicamente dice: No querría reprocharme nunca haber estado callado mientras veía cómo un grupo de conspiradores estaba a punto de tomar el control de Podemos. Creo que esto es algo que va a ocurrir casi con seguridad, porque van a lograr parasitar a Pablo Iglesias hasta destruir al organismo.

Ya era anómalo otorgar a Podemos la condición de socio -con membrete propio junto al del Gobierno de España- y coautor de unas cuentas insostenibles, concebidas con groseros criterios electoralistas y desaprobadas expresamente por Bruselas. Más humillante aún es que la viabilidad presupuestaria de España dependa de Oriol Junqueras, responsable según los tribunales del golpe a la Constitución del otoño pasado. Pero ninguna de estas anomalías es un castigo divino, sino la consecuencia de la decisión de Pedro Sánchez de gobernar con los aliados de su moción de censura, cuyo deseo de demoler lo que llaman el "régimen del 78" era manifiesto.

Puede que Iglesias sobreactúe para vender una influencia presente que las encuestas ya le niegan en el futuro, pero lo hace porque Sánchez se lo permite. Es más, porque a Sánchez le conviene. El líder de Podemos es el instrumento perfecto para el trabajo sucio, el emisario no reconocido de un Gobierno que no puede mendigar votos en la cárcel al separatismo preso sin manchar su fachada institucional. Pero el propio Sánchez le agradeció su activismo; que le negara después la facultad de hablar en nombre del Gobierno parece un intento de guardar las apariencias. 

A lo que estamos asistiendo no es solo a una operación para atraer el voto de ERC a los Presupuestos -que ERC lo niegue es parte de la mascarada-, sino a la preparación de una coalición poselectoral que le asegure a Sánchez cuatro años más en Moncloa al precio quizá de indultos vergonzantes a los golpistas. No hará falta subrayar el nivel de degradación institucional y de riesgo territorial que semejante indignidad provocaría.

Podemos cambiará las cosas de verdad. (Carolina Bescansa)

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Carolina Bescansa Hernández, responsable de la Unidad de Análisis Político de Podemos, para blog de Juan Pardo

El  proceso de descomposición económica, institucional y política en curso están orillando violentamente el presente de millones de personas, poniendo en cuestión la plena integración de las grandes clases medias y asustando, cada día un poco más, al conjunto de las grandes mayorías sociales. Los efectos de la recesión económica y la corrupción estructural nos sitúan en lugares cada vez más alejados de los sentidos de la economía moral nacidos de los consensos de la transición. Ha entrado en crisis el sistema financiero, el modelo bancario, la jefatura del Estado, los órganos jurisdiccionales, el modelo territorial, las instituciones de la representación, los partidos, los sindicatos y, también, las ideas básicas con las que nuestra sociedad se ha entendido a sí misma desde la fundación del régimen del 78. Por primera vez en décadas, nadie se atreve a aventurar lo que pasará en los próximos años. Todo lo sólido se desvanece en el aire y solo sobrevive una certeza: las cosas no volverán a ser como antes.

En este contexto, el 17 de enero de este año, Pablo Iglesias y varias docenas de personas pusimos en pie Podemos, una propuesta metodológica orientada hacia un único objetivo: llevar al ámbito político-institucional los grandes acuerdos que la sociedad española ha venido construyendo en las plazas y en las calles a lo largo de estos últimos tres años. El modelo político y económico anterior, el de la casta parasitaria, los recortes y la corrupción estructural, está agotado y no podrá volver, al menos con la forma en que hoy lo conocemos. La tarea que estamos abordando ahora es la de convertir esa potencialidad histórica en hecho material-concreto, esa ventana de oportunidad en camino de emancipación.

Movidos por la necesidad de cambiar las cosas, empezamos cambiando la forma de hacerlas. Construimos Podemos como método para recuperar la democracia, como herramienta al servicio de la gente y no desde un catálogo de propuestas. Pedimos el apoyo de 50.000 personas como condición previa para la constitución de la candidatura a las elecciones europeas y, en apenas 24 horas, 50.000 firmas avalaban la iniciativa. Propusimos la elaboración colectiva del programa electoral y miles de personas aportaron contenidos, debatieron y eligieron lo que hoy defienden nuestros europarlamentarios. Organizamos unas primarias ciudadanas y abiertas para confeccionar la lista electoral y logramos la mayor cota de participación registrada hasta esa fecha en primarias europeas. El 25 de mayo, contra el pronóstico de la mayoría de las encuestas, Podemos obtuvo el respaldo de 1.245.994 personas y cinco eurodiputados.

Dijimos que no pediríamos dinero a los bancos y no lo hemos hecho. Nadie puede ser independiente de quien lo financia. Por eso, conseguimos recursos para la campaña electoral solo a través de las aportaciones de la gente, con miles de transferencias de 10, 15 y 20 euros. En total, gastamos 80 veces menos de lo que el PP o el PSOE declararon haber gastado en sus campañas europeas anteriores.

Después de las elecciones de mayo, abrimos la primera etapa de nuestra construcción organizativa en el nivel estatal: la Asamblea Ciudadana Sí Se Puede. Tras meses de formulación de propuestas, debates y acuerdos terminaremos esta misma noche: a las 23.59 cerraremos el proceso de votación para la elección de todas las personas que asumirán responsabilidades en Podemos. Como hemos venido haciendo hasta ahora, toda la ciudadanía está invitada a participar y será la gente quien elija, a través de listas abiertas, a todos los miembros del Consejo Ciudadano y la Comisión de Garantías y, por supuesto, el secretario o secretaria general. Para poder votar, basta con registrarse en www.podemos.info y recibir un código de votación en el móvil. Algunos dirán que esto no cambia nada, que ya somos un partido como los demás, desconociendo que en Podemos todas las decisiones importantes las toma la gente a través de su voto y todos los cargos los elige -y los puede revocar- la gente con su voto. Nuestra sociedad considera ya un principio básico de la democracia someter al criterio ciudadano las decisiones fundamentales de una organización política. Pero para los viejos partidos se trata de una propuesta inasumible porque invalida a todas sus actuales cúpulas y cuestiona la supervivencia de los partidos tal y como los conocemos.

Hay quien dice que en la historia la gente solo se propone los objetivos políticos que realmente puede alcanzar, porque en realidad esos objetivos solo llegan a nacer cuando esa misma sociedad está gestando las condiciones para que se puedan lograr. Esto es, a mi juicio, lo que se ha materializado en los últimos 300 días. En un sentido histórico, Podemos ha logrado nacer porque ya se están gestando las condiciones para que pueda ganar. Podemos existe porque el 15-M, las Mareas, las Marchas de la Dignidad y la sociedad en general sembraron durante años las semillas de una herramienta así. Nos queda mucho camino por recorrer. Estamos todavía lejos de poder gobernar, pero nuestra propia existencia demuestra que ya han germinado las fuerzas con las que podemos, antes o después, cambiar las cosas de verdad.