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El PSOE se divide, hasta es posible un cambio de siglas y de cúpula.

 

 El espacio a la izquierda del PSOE se divide en 14 marcas en las elecciones  autonómicas | Mapa

Una alternativa de izquierda al PSOE

Necesitamos nuevos liderazgos que regeneren, en el amplio sentido de la expresión, la vida política de España. Otra izquierda, comprometida con la Constitución, el bien común y la democracia


La nación española, el conjunto de los ciudadanos, es la mayor víctima de la traición que Sánchez va a perpetrar con la amnistía a los dueños de los escaños que necesita –que eso, y no otra cosa, es lo que ocurre–. Hay, sin embargo, un segundo escalón de enorme gravedad: la traición a los valores que se suponía defendía la izquierda en general y el PSOE en particular, que no es otra cosa que la igualdad de los ciudadanos ante el imperio de la ley, que desaparecerá el día que se apruebe la amnistía. La fascinación del PSOE moderno con el retrógrado nacionalismo ha sido siempre un expediente X del análisis político español, pero lo de Sánchez es menos complejo, es sencillísimo: solo quiere gobernar y lo hará a cualquier precio, incluso llevándose por delante a su país y, por supuesto, a su propio partido.
 
Ahora más que nunca se necesita una alternativa a este PSOE que ha dejado en el camino todos los atributos de un partido democrático y moderno. Con el actual socialismo se ha retrocedido cien años. Hemos vuelto al PSOE que apoyaba dictaduras e intentaba golpes de todo tipo. Es preocupante comprobar cómo nos tenemos que enlodar en expresiones graves. Creíamos que nunca tendríamos que escribir lo que ahora usted está leyendo, pero Sánchez nos obliga a ello. Los propios jueces reconocen que con la amnistía a los golpistas de 2017 se cargan la democracia tal y como la entendemos y desaparece el Estado de derecho. ¿Podemos delinquir todos a partir de ahora?
 
Sánchez y la corte de los milagros que le acompaña han deteriorado la democracia tanto, que ahora mismo vivimos en un país donde un periodista no puede hacer una pregunta incómoda. La clase política no responde a los periodistas, solo a sus corifeos. Hasta aparecen personajes increíbles tratando de tapar las cámaras de un reportero que pregunta con toda educación a una señora que pretende limitarnos los vuelos. Si nos lo cuentan hace diez años, no nos lo creemos.
 
Necesitamos nuevos liderazgos que regeneren, en el amplio sentido de la expresión, la vida política de España. Necesitamos una nueva izquierda y al agonizante PSOE, por muy vivo que se crea en estos momentos, hay que darle una alternativa. España clama por otra izquierda, comprometida con la Constitución, el bien común y la democracia.
 
El hecho mismo de que Sánchez, uno de los hombres públicos de mayor indigencia intelectual y moral, pueda representar una corriente política es la mejor demostración del lamentable momento que vivimos.

La UE no parará la amnistía de Sánchez sin un texto jurídico que se considere anticonstitucional

 

Pedro Sánchez y Ursula von der Leyen, en la última visita de la presidenta de la Comisión Europea a Madrid

Pedro Sánchez y Ursula von der Leyen, en la última visita de la presidenta de la Comisión Europea a Madrid.


La Comisión Europea no parará la amnistía de Sánchez sin un texto jurídico que se considere anticonstitucional

El equipo de la presidenta Ursula Von der Leyen sigue echando balones fuera y tilda el problema de «asunto nacional» ante el que prefiere no pronunciarse

La Comisión Europea con Ursula von der Leyen a la cabeza evita por enésima vez pronunciarse respecto a la posibilidad de una amnistía a los golpistas catalanes, incluso después de que el presidente Pedro Sánchez se haya mostrado a favor en un acto de su partido el pasado fin de semana.
 
Desde que Carles Puigdemont lanzara el órdago de sus condiciones para apoyar al líder socialista en una supuesta investidura, la respuesta desde el edificio Berlaymont de Bruselas ha sido la misma: «es un asunto nacional y no comentamos sobre estos temas».
 
La comparación con otros casos es obligada. La Comisión sí actuó contra Rumanía, Polonia y Hungría contra reformas que hubieran dado impunidad a los políticos, según su parecer.
 
En el caso de Rumanía se actuó para evitar que se amnistiara a políticos que habían sido condenados por corrupción. El presidente de la Comisión en su momento, el luxemburgués Jean-Claude Juncker, consideró la opción como «un paso atrás en el Estado de Derecho».
 
Contra Varsovia y Budapest se actuó por considerar que había leyes contrarias al propio Estado de Derecho europeo, aunque siempre se ha entendido que la supervisión tuvo que ver más con motivos ideológicos que políticos.

Sánchez tiene las espaldas cubiertas

Ahora que Pedro Sánchez ha anunciado su apoyo a una posible amnistía como condición sine qua non para ser investido, la Comisión Europea parece no ver la misma violación del Estado de Derecho que en anteriores ocasiones.
 
«En el nombre de España, en el interés de España, en defensa de la convivencia entre españoles, defiendo hoy la amnistía en Cataluña por los hechos acaecidos en la década pasada», afirmó Sánchez en su intervención en abierto en el Comité Federal del PSOE, máximo órgano del partido entre Congresos, del que forman parte entre otros los miembros de la Ejecutiva Federal y los líderes territoriales.
Puigdemont y sus acólitos no fueron condenados por corrupción, sino por saltarse el orden constitucional vigente, llevar a cabo un golpe de Estado suave y romper el principio de igualdad de todos los españoles.
 
Esto no se considera suficiente para intervenir, no al menos mientras no haya un texto jurídico y una sentencia que lo considere anticonstitucional.
Y es que este es el quid de la cuestión. Según fuentes consultadas por este medio, la Comisión Europea no tomará medidas al respecto mientras no exista un documento en firme.
 
Aun suponiendo que esa ley sea recurrida ante el Tribunal Constitucional, la CE se escuda en que no interviene en asuntos que afecten al ordenamiento constitucional de un país.
 
La realidad es que el Tribunal lo controla el PSOE a través de Cándido Conde-Pumpido, por lo que Sánchez tendría las espaldas cubiertas de antemano.
Por otro lado, el comisario de Justicia Didier Reynders dejó claro hace unos días que solo actuaría en caso de que en la ley se incluyera una modificación incuestionable del delito de malversación.
 
Un delito que ya ha sido modificado por otra vía de manera previa. Por lo tanto, la vía Reynders es una vía muerta desde el principio.
 
Incluso en ese caso, cualquier recurso de la Comisión tardaría demasiado tiempo en resolverse en el Tribunal de Justicia Europeo.
 
Es decir, que para entonces Pedro Sánchez no sería ya presidente de la UE -algo realmente grave si se le condena durante este cargo-, pero ya habría sido nombrado presidente de España por lo que sería imposible una decisión de dicho Tribunal que sirviera para revocar un nombramiento semejante.
 
Lo que se extrae de todo esto es que la Comisión Europea por el momento no quiere oír ni hablar de intervenir al Gobierno por el tema de la amnistía (una patata caliente que prefiere evitar); que de hacerlo es bajo unos supuestos que no se van a dar y que Pedro Sánchez conoce esto de sobra y sabe que no hay manera de que su supuesta ley de amnistía le pase factura desde Europa.

Leonor I, la mejor princesa. Pedro Sánchez, el peor Presidente de la Democracia.

 

 Leonor y Sofía: así fue la emotiva despedida de las hermanas

La mejor Princesa para el mejor sistema

Doña Leonor ha de ser una Princesa todavía mejor preparada que Don Felipe cuando fue Príncipe, porque España es el único país de Occidente que tiene miembros del Partido Comunista en el Gobierno


La jura de la Constitución de la Princesa de Asturias en un momento en que España tiene el Gobierno más hostil a la Corona desde 1931 es un faro de esperanza. La Princesa Leonor es una heredera que está recibiendo una formación específica para asumir un día la corona. Ya en su día se dijo que Don Felipe era el Príncipe mejor preparado de la historia de nuestra Monarquía. Pues con el conocimiento de los retos que está teniendo el reinado de Don Felipe, Doña Leonor ha de ser una Princesa todavía mejor preparada. Porque España es el único país de Occidente que tiene miembros del Partido Comunista en el Gobierno, incluyendo a una vicepresidente del mismo. Y nunca ha habido hasta ahora una Monarquía que haya superado un Gobierno comunista.
 
Frente a estas adversidades, quiero recordar una vez más mis cinco razones por las que una Monarquía es un sistema mejor.
 
1.- La Monarquía representa la pluralidad de identidad y la constante renovación dentro de la continuidad. La democracia exige el cambio cíclico de gobernantes. Ningún partido puede estar permanentemente en el poder y la alternancia es un componente básico del sistema. Pero en ese mismo sistema, el Monarca puede y debe representar los valores de un país en el que ostenta la jefatura del Estado. Y al representarlos se convierte en un elemento de convergencia entre diferentes intereses de identidad política y étnica. Un Rey de España que ostenta títulos como Rey de Castilla, de León, de Aragón, de Navarra, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Córdoba, de Murcia, de Gibraltar, de las Islas Canarias, de Conde de Barcelona y de Señor de Vizcaya, por hablar sólo de los territorios que hoy son españoles o aspiramos unánimemente a que lo sean, necesariamente es visto como una referencia incluso por quienes no necesariamente se sienten españoles. Y en esta hora, la Princesa de Asturias tiene ante sí una amenaza sobre partes del Reino cuyos títulos llevará un día: Reina de Navarra, Condesa de Barcelona y Señora de vizcaya.
 
2.- La Monarquía es un sistema más moderno. La República es un sistema más natural; es decir, es más elemental, más retrasado. Toda la civilización es una resta a lo natural. Todo lo que es más natural es más inferior. El reparto comunal de los bienes es más natural que la propiedad. Toda la civilización –los Reyes, la propiedad, el contrato matrimonial– implica un elemento de modernidad y es complicación y artificialismo, sobrepuestos, como freno y límite, a esas naturalidades. Como son también añadiduras a lo natural la educación, los modales o la corbata. Y precisamente por la elaboración y decantación a través de los siglos que conlleva una Monarquía, hay que entender que no está en la mano de cualquier pueblo tener una Monarquía, pero sí lo está el tener una República. Una revolución se hace en 24 horas; una Monarquía resulta de la decantación de los siglos. Y la Princesa de Asturias que mañana jura la Constitución es un eslabón en una dinastía que de padres a hijos o nietos ha reinado desde Vermudo I de Cantabria en el 789, hace 1.234 años.
 
3.- La Monarquía permite la independencia. El sucesor o Príncipe Heredero, en este caso la Princesa de Asturias, igual que el Rey Felipe VI, no puede ser utilizada por políticos, pues debe su condición a la naturaleza; está designada desde que nace y la nación la conoce como tal anulando potenciales luchas por el poder en la cúpula. En una época racionalista como la nuestra, puede parecer anacrónico el principio hereditario: se basa en la parte física del hombre que el racionalismo e idealismo desprecian y que nuestra sociedad cultiva sin medida.
La Corona Real, símbolo de la Monarquía española

La Corona Real, símbolo de la Monarquía española. Casa de S.M. el Rey

Pero en realidad el cuerpo es tan humano como el espíritu, y la herencia es la única forma de designación de jefe de Estado que no es manipulable, lo que inviste al Rey de independencia, la condición más importante en su función. Lo que da un valor inigualable a la Monarquía es la herencia en la jefatura del Estado por la independencia de que le dota la condición hereditaria. Y la condición hereditaria ha de darse dentro de una familia. Es lo que el político y diplomático francés Charles Benoist resumió en la máxima «una dinastía, siempre la misma, en una Monarquía siempre renovada».
 
Como sostenía don José María Pemán en sus «Cartas a un escéptico en materia de formas de gobierno»: «Por mucho que se aguce el ingenio no se encontrará jamás ninguna forma de transmisión inmediata, sin intervalo ni solución de continuidad, comparable en claridad y rapidez a la transmisión familiar de padre a hijo. Por eso todos los fundamentos sociales que requieren características de continuidad y permanencia tienen histórica y científicamente carácter familiar; por eso «el padre» es la gran palabra sillar e inconmovible que aparece escondida en la raíz etimológica de todo cuanto designa algún sostén fundamental de la sociedad humana. A cosa de padre suena la patria, que es la nación; y el patrimonio, que es la propiedad, y el patriarca, que es la autoridad. A cosa de padre tiene que sonar también, si no en su nombre, en su realidad entrañable, la mejor forma de Gobierno», la Monarquía. Y para rematar su idea Pemán concluye: «La familia, que no el individuo, es secularmente el sujeto de la propiedad, de la preeminencia o del honor. ¿Qué tiene de extraño que sea también el sujeto del Gobierno?» Y fuera de la herencia, no hay otra salida que la elección, con sus condicionantes de dependencia, incluso servilismo y de busca de beneficio en el plazo de poder.
4.- El peor Rey es mejor. La condición humana es impredecible. La historia de todas las monarquías que en el mundo hay o hubo ha generado buenos y malos Soberanos. Y con frecuencia no han sido los peores los que estaban en el trono en el momento de un cambio de régimen. Pero la Monarquía ha evolucionado con el concepto de soberanía nacional y hoy en día, en Occidente, forma parte de regímenes constitucionales. En un sistema constitucional –como el español al que jura lealtad la Princesa– la potestas de la que dispone un Rey está muy limitada.
Y un mal Rey tendría pocas posibilidades de hacer daño a la nación precisamente porque sus poderes están muy circunscritos. En cambio, un buen Rey se va llenando de auctoritas gracias a su forma de reinar –de ninguna otra manera puede lograr esa autoridad–. En cambio, un mal presidente de una república está constantemente actuando para conseguir dar continuidad a su labor; con frecuencia intenta desbordar sus competencias para justificar su presencia al frente del Estado y genera crisis.
 
5.- No es el sistema perfecto; es, simplemente, el mejor posible. Si es relativamente fácil diferenciar entre los políticos que piensan siempre en las próximas elecciones y los que piensan en las próximas generaciones cabe afirmar, a priori, que, de natural, el político sometido a las urnas tiene que pensar en las próximas elecciones mientras que para la Princesa, cuando sea Reina será más fácil pensar siempre en las próximas generaciones. Porque el Rey es el diputado de todos: los que votan a unos, los que votan a otros y los que no votan. El hombre es capaz de entender los principios universales, y como consecuencia, a veces, piensa que existen en el mundo creado: grave error, pueden habitar su entendimiento, impulsar su voluntad, pero no son aplicables porque son entes de razón.
El Rey y la Princesa de Asturias, durante los actos con motivo del Día de la Hispanidad

El Rey y la Princesa de Asturias, durante los actos con motivo del Día de la Hispanidad.

Le hacen buscar la perfección, mas se equivoca cuando ajusta normas a entelequias. La Monarquía hereditaria no es la pauta perfecta para el gobierno de la sociedad, es, nada más y nada menos, la mejor posible para el gobierno de unos seres limitados. Y la distinción entre límite y perfección es clara, pero se olvida a menudo. Recordemos el ejemplo clásico: el mulo no entiende un silogismo, pero no es por imperfección del silogismo, es por limitación del mulo, que es, sin embargo, un perfecto mulo sin saber la teoría del conocimiento.
 
Terminemos con un sentimiento. Irracional y, quizá por ello, muy cierto. Decía don José María Pemán en la obra citada: «Al lado del Carlos V de Tiziano, un presidente de República tiene un cierto aire de retorno, no diré que hacia el jefe de tribu, pero sí hacia el alcalde pedáneo o el juez de paz». Esa afirmación es de 1937. A muchos nos parece plenamente válida. Con mi devota lealtad, Alteza.

 

Maltrato a la Constitución por parte de Pedro Sánchez y su banda.


Maltrato a la Constitución por parte de Pedro Sánchez y su banda.



Cada día hay más indecencia a la Constitución. El 41 aniversario de la Constitución será recordado como el más amargo de la democracia. Este aniversario es constitucionalmente, anticonstitucional por su insinuación a terroristas, sectarios y bandidos comunitarios. Nunca como hasta ahora había sido tan cuestionada la vigencia del ordenamiento legal que desde el 6 de diciembre de 1978 sanciona la libertad y la igualdad de todos los españoles. Más allá del debate sobre la necesidad de su reforma -que no puede plantearse sin aclarar previamente en qué extremos, para qué fines y con qué mayoría-, hoy lo urgente no es incurrir en el marco mental del separatismo señalando deficiencias susceptibles de enmienda, sino reivindicar el orden democrático que nos ha permitido disfrutar del periodo más largamente próspero y pacífico de nuestra historia.

Bajo ningún concepto deberíamos resignarnos a la total degradación de la cultura de la Transición, por más que las señales de agotamiento del sistema a nadie se le ocultan. El auge del populismo y el desafío en vigor del secesionismo han desatado una crisis de Estado que conviene reconocer para mejor afrontarla. Esa crisis tiene muchos padres, pero ya deberíamos ser capaces de identificar una causa principal: la contumacia en la deslealtad del nacionalismo y la necesidad que ha tenido de sus votos el bipartidismo para completar mayorías de gobierno, aumentando sus cesiones hasta vaciar de presencia del Estado las zonas controladas por nacionalistas.

Esta deriva ha alcanzado el grado de exaltación bajo la presidencia de Pedro Sánchez. Ningún otro gobernante se había atrevido a tensionar tanto las costuras de la democracia del 78, tratando de normalizar por la vía de los hechos consumados alianzas e hipotecas que hasta su llegada se habían considerado infames. Vivimos un momento político en que el presidente en funciones del Gobierno de España provoca un titular cuando afirma que su negociación con ERC para granjearse el respaldo a su investidura se desarrollará dentro de la ley y será pública. Que se sienta obligado a advertirlo resulta revelador de su fama pero no supone siquiera garantía de nada, habida cuenta del deleznable valor de la palabra de Sánchez. Un político que hizo campaña contra el separatismo y que tras abrir las urnas fue a depositar la llave del gobierno en la cárcel de Lledoners, donde cumplen pena los condenados por sedición. Por debajo de los fastos constitucionales de hoy, proseguirá la humillante subasta al precio indigno de no recurrir las resoluciones desafiantes del Parlament o de pactar una institucionalidad paralela como la mesa de partidos que exigen ERC y Junts per Catalunya, partidos responsables de la mayor agresión al orden constitucional desde el 23-F.

El protocolo que conmemora la Constitución resulta hueco si no compromete a sus protagonistas. Hoy es un día para rechazar tanto la beligerancia de los antisistema como la hipocresía de los oportunistas, y para renovar la lealtad a los valores sobre los que se erige nuestra convivencia.