Diputados y alcaldes amenazan a Sánchez con ROMPER CON EL PSOE si cierr ALMARAZ

 

Afirman que les cuesta entender "la falta de claridad en el planteamiento político de nuestro partido y el Gobierno" en torno a la central nuclear

Entidades y asociaciones se adhieren a la plataforma 'Sí a Almaraz, sí al futuro'.
Entidades y asociaciones se adhieren a la plataforma 'Sí a Almaraz, sí al futuro'. |

El tiempo pasa y las noticias siguen sin llegar. El temor sobre cuál será el futuro de la comarca del Campo Arañuelo alcanza ya niveles próximos a la angustia. La continuidad o no de la central nuclear de Almaraz es la que mantiene en vilo a todos los municipios de la zona, que estos días intensifican sus movilizaciones y acciones en favor de una prórroga de la instalación.

Los últimos en alzar la voz han sido los alcaldes socialistas de la zona. Lo han hecho con una carta dirigida personalmente al presidente Pedro Sánchez en la que le trasladan el impacto que tendría un cierre de la central. Le advierten de que, de no concederse la prórroga, algunos de ellos se cuestionarán la militancia en el PSOE, su continuidad como alcaldes y volver a concurrir como candidatos bajo sus siglas o participar en actos del partido en próximas citas electorales.

"Nos cuesta entender la falta de claridad del partido"

Le reprochan el modo en el que se está gestionando la toma de decisión sobre el futuro de Almaraz: “Nos cuesta entender la falta de claridad en el planteamiento político de nuestro partido y de este Gobierno y el retraso injustificado en la decisión”. Una ralentización que estaría provocando “incertidumbre en muchas familias”. Le recuerdan que los socialistas extremeños “siempre enarbolamos la bandera de la continuidad” de la planta. Los ediles del PSOE le solicitan, por último, que les reciba para trasladarle en persona sus peticiones en la sede de la Presidencia del Gobierno. Entre los firmantes de la carta figuran los alcaldes de Navalmoral de la Mata, Almaraz, Casatejada o Romangordo, entre otros.

Por ahora, toda la zona sigue a la espera del dictamen no vinculante que debe emitir el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) sobre la idoneidad o no para mantener la actividad de la instalación. Está previsto que su publicación se produzca antes del verano. Será en base al mismo cuando el Gobierno deberá pronunciarse sobre el futuro de Almaraz. Por el momento, las energéticas propietarias de la central -Iberdrola, Endesa y Naturgy- ya han expresado su deseo de que se prorrogue al menos hasta 2030.

Impacto económico y despoblación en Cáceres

Pero los alcaldes del PSOE de la comarca tienen dudas. Le trasladan al “compañero” y presidente Pedro Sánchez su “gran preocupación ante la inasumible incertidumbre que viven nuestros pueblos”. Le recuerdan que un cierre supondría poner en peligro el sostén económico de muchos hogares y que les obligaría a “marcharse a otros lugares”. Lamentan que el tiempo pase y que, por el momento, todas las promesas sobre alternativas industriales que permitirían una transición laboral en la zona no se estén cumpliendo: “Hay un significativo retraso en la implantación de los proyectos industriales de inversores internacionales que con tanto esfuerzo tu Gobierno ha conseguido”.

Le recuerdan a Sánchez que Almaraz continúa siendo el principal foco de actividad y empleo en el norte de Cáceres, además de una vía para fijar población. Incluso le subrayan que muchos de los que perderían su empleo son “compañeros militantes y simpatizantes” del PSOE. Le recuerdan que sin los ingresos que reporta a los distintos consistorios la central nuclear “se hace imposible prestar servicios públicos que hoy son realidad gracias a los impuestos que la planta deja en esos municipios”.

Movilización social contra el cierre de los reactores

La publicación de la carta de los alcaldes del entorno de Almaraz coincide con otra movilización en favor de la prórroga de la central protagonizada por la plataforma ‘Sí a Almaraz, sí al futuro’. Esta plataforma cuenta ya con 101 entidades adheridas en contra del cierre previsto de los dos reactores para el 1 de noviembre de 2027 y el 31 de octubre de 2028.

Entre el centenar de miembros que forman parte de la plataforma y que este jueves volvieron a reclamar la continuidad de la central figura el presidente de la Diputación de Cáceres, el socialista Miguel Ángel Morales. El presidente de la plataforma, Fernando Sánchez Castilla, ha denunciado que han remitido hasta cinco peticiones por carta para reunirse con la ministra de Transición Ecológica, Sara Aagesen, “pero no ha querido sentarse con nosotros”. Un reproche que extienden también al vicepresidente primero, Carlos Cuerpo, “que es extremeño pero no parece estar muy interesado en este tema”.

Desde la plataforma han vuelto a recordar que en Europa sí ven la necesidad urgente de mantener Almaraz por el aporte en forma de empleo, PIB y freno a la despoblación rural que supone, además de su contribución meramente energética. Consideran que un cierre supondría “un error histórico para España”.

Por último, recuerdan que la seguridad de la instalación nuclear extremeña ya ha sido avalada tras la revisión que superó en 2020 y que certifica sus buenas condiciones para operar hasta 2030. Próximamente, la plataforma se pondrá en contacto con la ministra Aagesen para reiterarle la necesidad de mantener operativa la central de Almaraz al menos otros cinco años más.

Zapatero, el último padre del SOCIALISMO DE SALÓN..

 

Zapatero, padre de muchos hijos
El expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, | Europa Press

 Juan Pardo Navarro

Zapatero era padre de la izquierda tanto como de sus dos hijas góticas o shakesperianas, princesas con velo amarillo como dice Oscar Wilde de la luna en su Salomé. La izquierda está ahora huérfana, triste, errante y a oscuras con la luna, como un fantasma de sanatorio, como Rufián leyendo autos con luz de visillo, o como las propias hijas de Zapatero, que tienen algo de novias viudas de padre. El otro día, lo que son las casualidades, me sobresaltó una hija de Zapatero, que no era una hija de Zapatero sino la Salomé de una oscura producción de la obra de Richard Strauss en la Ópera Nacional de París. A la soprano Elza van den Heever, por estas cosas de las escenografías modernitas, la habían vestido de hija de Zapatero, o sea de sombra y saco, y además mojada como de pozo (esta versión está en Mezzo y My Opera Player, por si quieren asustarse como yo). “Seguramente algo terrible pasará”, dice Herodes, y así fue. Justo al otro día de ver yo esto y de extrañarme de que Salomé se pudiera parecer a una hija de Zapatero, cayó el profeta y cayó toda la izquierda en un charco de sangre, sombra y luna de márgenes indistinguibles. Eso sí, las hijas de Zapatero pueden terminar imputadas o amarilleando en el torreón, pero nuestra izquierda seguro que sobrevive.

Zapatero era el padre de la izquierda, de sus sombras ojivales y sus sombras metálicas, pero la izquierda olvida pronto a sus padres y más pronto aún a sus sombras. Sánchez ya se prepara para olvidar a Zapatero y Rufián ya se prepara para tomar su lugar entre los profetas y hasta para tomar, como rayos jupiterinos, las nubosas y quebradas cejas de sabiduría y autoridad del expresidente (Rufián ya intentaba fulminar con las cejas, a veces incluso una sola ceja, que le quedaba un gesto como de tuerto de ceja, pero hasta ahora le faltaba jurisdicción, escalafón o voltaje). Zapatero era el padre de la izquierda, no ya un padre ideológico sino un padre con hacienda, con negocio, que les dejó la herencia casi agraria del guerracivilismo, el identitarismo, la plurinacionalidad, la política simbólica o literaria, la vacuidad posmoderna y las buenas intenciones con fondo siniestro y aciagas consecuencias. De eso vive la izquierda ahora, y sobre todo de eso vive Sánchez. Les dejó más que a sus hijas, creo, que parece que sólo han heredado de él un corazón rosa para poner en el despacho (es el logo de chicle de su empresa de chicle), alguna factura increíble y unos cuantos metros de tela de saco y de encaje antiguo para asustar por los pasillos. Ahora sus hijos de la izquierda se enfocarán en la herencia, en el negocio, y enterrarán a Zapatero como al fundador de una cadena de mercerías.

Toda la rapidez del duelo o del olvido la vimos en Rufián, que pasó en un día del lawfare a estar “jodido” y parecía la Veneno en el Congreso. Hay una potente simbología de lasitud moral en el olvido, la debilidad mental como paralela a la debilidad de la voluntad ética, la mente que se evade o el yo que se desconecta justo cuando necesita claridad conceptual o moral (“Traedme... ¿qué es lo que quería? Lo he olvidado”, decía el otro día Herodes no sé si vestido de rey o de drag). La rústica coloquialidad de Rufián era una manera de transmitir prisa y contundencia para su olvido o para el nuestro, porque él había adoptado una postura ideológica (lawfare) y necesitaba olvidarla (y que la olvidáramos) para adoptar otra postura supuestamente ética. La verdad es que esa postura ética también es sólo ideológica, la de la supervivencia política. Y es que los juicios morales no tienen un borrador previo y una segunda versión al otro día. Los juicios políticos, sí. Rufián se postuló ideológicamente a favor del padre (Zapatero es un poco padre de Rufián porque es un poco padre del procés, con su Estatuto inconstitucional) y luego se postuló ideológicamente a favor de sacrificar al padre para salvar su proyecto de izquierda nacional plurinacional o lo que sea. La moral no da esos saltos, pero qué le vamos a decir a Rufián y, sobre todo, a Sánchez.

Zapatero, padre de muchos hijos de la izquierda, como su Julio Iglesias, y de dos hijas de la luna o de los chiringuitos societarios, se dispone a ser olvidado. El luto por él no va a durar mucho, y no se crean que durará mucho tampoco cuando le toque a Sánchez. Y eso que Sánchez sí lo ha sido todo para su caterva de hijos incluseros, hospicianos, dickensianos, menesterosos o pillos, por ahí por el partido, las instituciones, las redacciones y los tablaíllos. Cuando le toque a Sánchez, también los pelotas, los ciegos y hasta los tontos olvidarán y volverán al verdadero socialismo, a la verdadera política o al verdadero periodismo, después de haber pervertido el socialismo, la política y el periodismo. De todos sus hijos de dios picaflor o de indiano de ultramar, a Zapatero le quedarán solamente sus dos hijas flotantes o terrizas, exóticas o fantasmales, pálidas u oscuras según la luna o el escenógrafo que toque. De todos sus hijos opulentos y vergonzantes, a ver lo que le queda a Sánchez. Eso sí, la izquierda seguirá adelante con su siguiente profeta, su siguiente princesa o su siguiente Herodes.

Zapatero, un trabajador de Maduro, en la misa funeral del ssnchismo.

 La lección de Zapatero o cómo no negociar con Maduro - The New York Times

Atónita se ha quedado media España y, sobre todo, buena parte del socialismo/sanchista al conocer la imputación de José Luis Rodríguez Zapatero. El alma y esencia del PSOE, que supuestamente encarnaba todos los ideales nobles de la izquierda solidaria, feminista, sostenible y hasta renovable del partido; el hombre que inspiraba la Alianza de Civilizaciones y la conservación del planeta Tierra; el que presuntamente levantó el ánimo de los socialistas en las últimas elecciones generales del 23, ese hombre ha sido imputado por presuntos delitos de tráfico de influencias y blanqueo de capitales por el caso Plus Ultra.

Otra cosa no, pero Zapatero lleva años ejerciendo y demostrando que es un gran blanqueador. La justicia determinará si es culpable o no de los delitos de los que se le acusa. Son graves. Muy graves. Un expresidente al que se acusa de ser líder de una red de tráfico de influencias que presuntamente cobró cerca de dos millones de euros en comisiones ilegales. Tendrá que determinar la justicia cuánto hay de cierto en esas acusaciones de organización criminal que, entre otras cosas, también se dedicaba al blanqueo de capitales.

 Hasta que llegue ese momento, lo que nadie podrá negar es que Zapatero, al menos desde que dejó de ser presidente, se ha dedicado a blanquear cuestiones más inmorales que las meramente monetarias. Años lleva el imputado Zapatero blanqueando con absoluta indecencia su compleja e inquietante amistad con la dictadura de Maduro. Siempre vendió que sus numerosos viajes a Caracas, donde era recibido con los máximos honores por los dictadores, eran para mediar en las negociaciones con la oposición democrática. Cuando quedó claro que más que mediador era el ariete de Maduro que destrozaba cualquier atisbo de acuerdo y avance democrático, Zapatero decidió blanquearse a sí mismo con supuestos fines humanitarios que en realidad ocultaban otros más egoístas.

De mediador, ZP pasó a autocalificarse liberador. Sus viajes, charlas y risas con Maduro, Delcy y el resto de la banda chavista los enmascaraba diciendo que estaba liberando presos políticos. Más allá de alguna excepción, Zapatero nunca liberó a nadie por sí solo. Se apuntaba las medallas de liberaciones conseguidas por la presión de otros países u organizaciones humanitarias, como si fueran obra suya. El que alardeaba de liberar presos políticos negaba luego que en el chavismo existieran presos políticos. Solo hace falta hablar con los familiares de los presos para entender el odio que le tienen muchos a ZP.

Zapatero, el imputado, ha callado y blanqueado los asesinatos de opositores en las calles venezolanas y ha blanqueado, sin excepción, los pucherazos electorales celebrados en Venezuela. Nunca condenó la existencia de más de 2.000 presos políticos, ni la falta de libertades democráticas o la pobreza del 90% de la población del país más rico del mundo. Nunca. Y cuando la realidad era imposible de disimular, como el arrollador triunfo electoral de María Corina Machado y Edmundo González, calló. Silencio sepulcral. Nunca condenó el golpe. Al contrario, intentó por todos los medios blanquear al régimen de Maduro. Él fue quien convenció al brasileño Lula y al colombiano Petro de que no condenaran el golpe de Maduro.

Cuando Trump decidió atacar Venezuela, ZP intentó salvar sus muebles —pronto sabremos cuáles eran— blanqueando a la vicepresidenta de la dictadura, su amiga Delcy Rodríguez. Ninguno de los dos se cuestiona moralmente nada, ni siquiera el sacrificio de Nicolás Maduro. El objetivo de ZP era blanquear a su amiga Delcy para seguir siendo el gran amigo e interlocutor. No lo hizo para reclamar la vuelta de la democracia o de las libertades. Lo hizo para mantener su chiringuito, del que poco a poco se van conociendo cosas.

Ahora sabemos, gracias a la UDEF y al auto judicial, que más allá de los pagos de Plus Ultra por supuestas consultorías, había otros negocios más importantes. Lo que, de momento, empieza a conocerse —y así lo indica el auto judicial— es que cualquiera que intentara comprar petróleo venezolano, sujeto al bloqueo comercial de Estados Unidos, tenía que hablar y pasar por las manos de ZP.

¿Por qué? ¿A cambio de qué? Son preguntas todavía sin respuesta. Pronto se sabrá más y las noticias seguramente llegarán desde EEUU, país al que ha vuelto a ser deportado Alex Saab, el cerebro de las redes de corrupción y lavado de dinero con el propio Chávez y posteriormente con Maduro. Saab sabe mucho. De todo el chavismo y de los amigos del chavismo. Y en las investigaciones estadounidenses de las tramas financieras ya apareció el nombre de Plus Ultra como una herramienta utilizada para blanquear dinero procedente de las redes más corruptas. Justamente ese fue el motivo inicial de la investigación de la Fiscalía Anticorrupción al responder a la ayuda solicitada por las fiscalías de Francia y Suiza.

Zapatero siempre ha sido hábil blanqueando a determinados personajes y regímenes. Es uno de los grandes amigos del rey Mohamed VI de Marruecos. Muchos interrogantes han despertado en los últimos años los innumerables viajes de ZP al país vecino. Tan cómodo se siente en Marruecos como cuando va a Venezuela o China.

No deja de ser curioso el entusiasmo de Zapatero a la hora de elogiar a Sánchez por el giro de la tradicional política española y su entrega del Sáhara a Mohamed VI a cambio de nada. Fue, junto a Moratinos, el único socialista que aplaudió el regalo. ZP siempre intentó blanquear esta sumisión a Marruecos y venderla como un éxito de Sánchez.

Qué decir del blanqueo de China por parte de Zapatero. Hasta un lobby ha llegado a organizar. Un lobby que ha llevado a Sánchez a viajar hasta cuatro veces en los últimos años al gigante asiático, rompiendo e ignorando la unanimidad de la UE en sus medidas de freno a las empresas tecnológicas chinas. Zapatero ha conseguido que el Gobierno español se salte restricciones europeas y estadounidenses en cuestiones de ciberseguridad y que nuestro país se convierta en el caballo de Troya de Pekín en Europa. Ahora un auto judicial relaciona las compras de petróleo venezolano con China a través de la gestión de Zapatero.

Rodríguez Zapatero ha blanqueado fuera y también dentro de España. Si recordamos la campaña del 23, fue el gran blanqueador de Pedro Sánchez. A cambio, sabemos que consiguió sus frutos con algunas decisiones extrañas del Consejo de Ministros. También intentó, tras el escándalo de Santos Cerdán, el blanqueo de Puigdemont. Suerte que su gestión duró poco. Es conocido el caos que provocó en su día con el Estatuto de Cataluña y todo lo que pasó después.

El 2 de junio, Zapatero declara ante el juez de la Audiencia Nacional. Resulta extraño que, más allá de ese vídeo casero en el jardín de su casa, Zapatero no haya comparecido en rueda de prensa para dar explicaciones sobre los nuevos hechos y acusaciones conocidas. Un auto tan riguroso y detallado que hasta los amigos de ZP ya entienden que solo el propio Zapatero puede explicar y desmentir. No es fácil, pero más allá de los trompeteros entusiastas habituales, solo Zapatero puede ahora blanquear a Zapatero. La justicia dictaminará sobre los delitos de los que se le acusa, pero para muchos demócratas, ZP ya ha quedado como el gran blanqueador de las dictaduras.

Por Juan Pardo Navarro

 

 


Adelante Andalucía, Made in Rufián con referente ideológico de Lev Trotski

 

Adelante Andalucía en las huestes de Rufián

José Ignacio García, junto a su equipo de Adelante Andalucía en Jerez de la Frontera.
José Ignacio García, junto a su equipo de Adelante Andalucía en Jerez de la Frontera.

Algunos lo han descubierto ahora con el gaditanísimo pelotazo de Adelante Andalucía, pero el andalucismo es un romanticismo tan suspirante y tan de manita usada de visera o estetoscopio como los demás. Eso sí, es un romanticismo más teñido de carbonilla y hollejo, y de cal y cebolla, que de genética e historia sangrientas o sanguinolentas. Un dirigente andalucista me dijo hace ya mucho que la identidad de Andalucía no era esencialista, sino puramente política. O sea, que se basaba en el hambre de justicia más que en hambres mitológicas, folclóricas o incluso agropecuarias (la reforma agraria que pedía Blas Infante no era tanto una cuestión técnica como el signo de un cambio de paradigma político, social y hasta moral). A pesar de esto, Blas Infante, pope como de un goticismo moruno, estaba bastante atufado de idealismos e idealizaciones, cruzaba los latifundios con Bagdad y confundía Al-Ándalus con el Reino de los Cielos. En realidad la mitología siempre lo simplifica todo, los orígenes, los procesos, los objetivos, las explicaciones y la venta del concepto o la marca. Pero también lo pervierte todo, igual que el sentimentalismo. Que el andalucismo se pueda unir en alguna hermandad común con el independentismo catalán, siempre señorito, es un ejemplo de esto, y creo que Adelante Andalucía ya está ahí.

Adelante Andalucía es, decía yo ayer, el andalucismo lírico (o sea sentimental) y sin mácula (la izquierda sin contaminación de Sánchez), aunque debí decir mejor “el andalucismo lírico que queda” y “todavía sin mácula”, que no es lo mismo. Gabriel Rufián parece que ya ha acogido a la formación andaluza entre sus huestes a la vez nacionales, plurinacionales, universales y disolventes (Victoria Prego hablaba precisamente del “independentismo disolvente”). “Es el momento de las izquierdas soberanistas”, escribía en X al hilo de la sorpresa y el sorpaso del partido andaluz. También Teresa Rodríguez, que sigue siendo la musa de manto verde de Adelante Andalucía, mencionaba este concepto, el de “izquierda soberanista”, que no es nuevo en ella pero no forma parte del andalucismo puro o clásico sino que es una mutación para competir en el nicho podemita, primero, y postpodemita, luego. Así que Adelante Andalucía no es andalucismo sino el andalucismo que ha quedado, el andalucismo mutante superviviente, y no estará mucho tiempo libre de mácula porque ya lo ha incorporado Rufián, o sea el sanchismo, a los cálculos y milicias para su milagro.

No va a entrar uno en la exégesis de Blas Infante, como si él fuera un profeta con sandalias o un padre de la Iglesia, aunque tenía algo de eso. Pero su lema clásico es “Andalucía por sí, para España y la Humanidad”, que es un mensaje humanista y universalista, o sea lo contrario al nacionalismo etnicista y egoísta de los socios de Sánchez. Lo característico del andalucismo de Blas Infante es su “nacionalismo antinacionalista”, como creo que llegó a decir alguna vez. O sea que Adelante Andalucía aún podría ser nacionalista en este sentido cívico, en el sentido en el que me decía aquel dirigente andalucista. Pero ni el independentismo catalán ni el nacionalismo vasco, sean de izquierdas o de derechas, son cívicos sino esencialistas. O sea, no conciben la nación como contrato social de ciudadanos, sino como tautología casi mística: la nación está formada por los que reclaman ser nación. Por eso no son ni una mayoría ni una minoría, sino una totalidad. Por eso su acto fundante no es un proceso democrático (o sea siguiendo la legalidad, la Constitución) sino la mera voluntad. Y ese afán de totalidad que no necesita la democracia es lo que los sitúa, sigue creyendo uno, en el totalitarismo donde están.

Adelante Andalucía es el andalucismo que ha quedado, el mutante superviviente, y no estará mucho tiempo libre de mácula porque ya lo ha incorporado Rufián, o sea el sanchismo

Adelante Andalucía ha tomado los símbolos del andalucismo, su Arbonaida entre olivo y alfanje, su sentimentalidad de blues sureño, con hacienda y señorito. Pero no es el andalucismo clásico ni el viejo andalucismo, el de aquel Partido Andalucista ya desintegrado entre personalismos, posibilismos y migajas políticas (el PSOE es único consiguiendo esto). El PA fue autonomista-federalista como mucho, muy lejos de estos soberanismos que aspiran a la confederación, o sea a pactos entre tribus, a saludarse de fogata a fogata y de palafito a palafito. La verdad es que, aparte del clasicismo u oportunismo andalucista de Adelante Andalucía, que ahora aparece no como rebeldía andaluza sino como abejeo del ecosistema sanchista, uno prefiere no ser tribu. La civilización siempre va hacia arriba, hacia la integración y la globalización, no hacia abajo, hacia la atomización y la desintegración, cosa que nos devolvería a la orgullosa tribu con orgullosos plumajes y tambores.

Todas las naciones vienen de encamamientos o de guerras, los pueblos no existen sino como constructos azarosos o interesados, y lo único que nos salva de la mitología y del reyezuelo es la ley. Lo demás es cuento o, como se dice ahora, relato. No aspira uno a tener más patria que una ley justa y unos derechos que no dependan del acuerdo privado entre jefes de tribu sentados en mantas zamoranas o de la sierra de Grazalema o de Mataró o de donde sea. Pero es justo ahí donde están los soberanismos, que no sólo nos quieren meter en una choza o en un iglú culturales o políticos sino que ellos, tan republicanos, no aceptan el imperio de la ley. Si acaso, como hemos visto con los indepes, aceptan consejos de ancianos, de alcaldes con garrota o de socios de casino comercial. Eso es lo que significa ahora soberanismo: no ya acabar con el centralismo, ni siquiera acabar con España, que no deja de ser otra mitología, sino acabar con el mismo concepto de Estado.

Adelante Andalucía primero fue escisión de Podemos (con razón, cree uno), y un poco también escisión familiar de Teresa y Kichi frente a Iglesias e Irene. Podemos era una iglesia vertical, con un papa con coleta, y Teresa quería un partido andaluz, que no tiene por qué ser lo mismo que andalucista. Pero su nicho era el mismo, la nueva izquierda nihilista, sentimental e identitaria, o sea que abrazaba cualquier lucha de identidades, incluidas las nacionalistas, después de haberse quedado sin lucha de clases. Claro que eso, ahora, significa también ser instrumento del sanchismo. A uno le caía bien el andalucismo y hasta le cae bien Teresa, que tiene una coherencia y un pundonor como de indígena que no suelen tener los políticos. Pero a lo mejor la verdadera tradición del andalucismo o de la izquierda, su verdadero clasicismo, es terminar pandereteando alrededor del PSOE. Sobran, al final, purismos y canoas, hechizos y romanticismos.

Qtro fracaso, otra derrota y el SANCHISMO no se rinde.

La Ejecutiva de Montero en el PSOE andaluz incorpora a susanistas purgados,  afines a Espadas y al alcalde de Dos Hermanas como hombre fuerte

La Ejecutiva del PSOE trató este lunes sobre los resultados del 17-M y decidió "cerrar filas" y "pasar página". En los últimos meses es lo que más se oye en Ferraz. La teoría que comparte la dirección socialista es que los resultados en Andalucía no son extrapolables a unas elecciones generales y que, por tanto, no hay que ponerse nerviosos.

Con Pedro Sánchez al frente, el PSOE se ha convertido en un partido que no teme a las derrotas. El secretario general me recuerda a Mao cuando arengaba a los suyos en la Larga Marcha: "De derrota en derrota, hasta la victoria final". No, al presidente no le pone analizar por qué su candidata, la número dos del partido, se ha estrellado en Andalucía. Prefiere que no haya debate, ¿para qué?. En 2027 se volverá a dar el fenómeno que ya se produjo en 2023: tortazo en las municipales y autonómicas de mayo y dos meses después...el milagro. Pasar página, cerrar filas.

Nunca se ha visto un PSOE tan acrítico, tan falto de nervio, con ese determinismo casi mesiánico. Tan sólo Emiliano García Page se permite levantar la voz desde su feudo castellano manchego. Pero eso ni se tiene en cuenta. ¡Otra vez, el pesado de Page!

El autoengaño no sé si será útil para mantener la moral alta, pero ha dado frases para la posteridad. Este lunes, por ejemplo. La portavoz socialista Montse Mínguez proclamó ante los atónitos periodistas que atendían su rueda de prensa: "Los militantes no se equivocan nunca". Me entran ganas de pedir el carnet. Así despejaría las dudas que me corroen.

En Andalucía no ha ocurrido nada. Tan sólo una parada con destino a la victoria de las generales

Mínguez soltó esa boutade para justificar que María Jesús Montero haya sido la cabeza de cartel del PSOE en Andalucía. Como si los militantes y no Sánchez hubiesen sido los responsable de esa decisión. La dirección socialista -de la que Montero, insisto, es la número dos- ha creado una realidad paralela. Una realidad en la que los militantes no se equivocan nunca y en la que Sánchez aparecerá en el momento oportuno para salvar a la nave del naufragio. ¿No le transmite todo esto un tufillo casi religioso?Sánchez, hay que reconocérselo, ha construido un PSOE sumiso y pétreo. En cualquier otro partido, después de lo ocurrido el domingo, se estarían escuchando voces, se plantearían dimisiones, congresos extraordinarios, etc. No me imagino lo que hubiera sucedido en el propio PSOE si en tiempos de Felipe se hubiese producido un castañazo como el del domingo en Andalucía. Ahora, en este PSOE, no hay familias, ni clanes, ni debates ideológicos. La única competencia que se percibe es por ver quién adula mejor al líder, quién le sirve mejor.

Más allá de las derrotas, la de las generales también llegará, lo peor del sanchismo es que ha convertido al Partido Socialista en una organización piramidal, monolítica y servil. Nadie mejor que el amigo del presidente, Óscar Puente, para definir esta etapa: "Sánchez es el puto amo".

Ese modelo de partido bunkerizado en el que el líder marca la pauta sin la más mínima oposición es el que ha permitido que crezca en su seno una corrupción sistémica. Si los militantes no se equivocan nunca, menos aún el líder. Su sabiduría y honestidad están por encima de toda duda razonable.

Somos insustituibles, porque somos necesarios,

blog de Juan Pardo

Por Juan Pardo Navarro

Ignorar la posición de alguien por considerarla un simple punto de vista es no considerarla en absoluto. La cuestión no está en tenerlo. Al contrario. El problema consiste en no contemplar el de los demás. Y un modo frecuente y rudimentario de hacerlo consiste precisamente en asentir que es peculiar y propio, para reducirlo a algo carente de interés salvo para cada quién. El diálogo adereza con destreza los diversos componentes,  los recompone,  hasta conformar y configurar otra nueva realidad.

Desde la lejana historia con frecuencia se dice  que se trata de la opinión de otro, como argumento para justificar que, dado que cada quien tiene la suya, es cuestión de limitarnos a dejar constancia de esa diversidad.Cada cual lo ve a su manera y no hay nada que añadir.  Y si nos descuidamos a eso lo llamamos tolerancia. Sería tanto como admitir que nos desenvolvemos entre el máximo común divisor y el mínimo común múltiplo. En cualquier caso, algo común. Se desatendería de ese modo que precisamente lo común no es sin más algo dado, sino asimismo algo procurado, decidido, algo acordado. Se asentaría la posición individual, diciendo que cada uno dispone de la propia, y que no sólo la percepción de los objetos es diferente, sino que también las convicciones, las ideas y los valores nos hacen mirar y ver de un modo determinado. Son perspectivas.

Blog de Juan  Pardo
Añadir leyenda
Si bien de ello puede desprenderse con algunas razones que no hay un modo único y verdadero de proceder, ni un lugar exclusivo en el que situarse, sin embargo hay formas de atender que son más que ver. Contemplar y considerar supone no reducirse al simple constatar lo inmediato y es más un hacer con capacidad de armonizar, de dinamizar y de historizar lo visto. Y para eso se precisa activar el discurrir, a fin de que haya en rigor discurso.

Puestos a deducir con urgencia algo al respecto, semejante perspectivismo no afectaría ni solo, ni tanto, a la diferencia en el mirar, sino a la diferencia en la singularidad irremplazable de cada vida particular. Ortega y Gasset, tan traído sobre este asunto, insiste en que “lo que de la realidad ve mi pupila no lo ve otra”, pero para deducir no sobre la inconsistencia de lo que vemos, sino sobre la contundencia de quienes somos al hacerlo. 

Sin duda, no sólo en Leibniz cada mónada es una perspectiva del universo, también cada palabra, incluso cada sentimiento, y, siendo en sí misma una totalidad, no agota totalidad alguna. Podría entonces pensarse torpemente que la verdadera contemplación consistiría en ir incorporando por adición los distintos elementos hasta lograr una composición total. Pero el perspectivismo de la mirada no supone que cada ver sea parcial porque ve una parte. Para empezar, porque la posición no se reduce a la situación. Incluso aunque nos desplazáramos una y otra vez, la mirada resultante no dejaría de ser una perspectiva. En la contemplación hay algo de dislocación de lo prefijado.
No basta, por tanto, con efectuar una figura con diversos elementos. Son más que ingredientes o componentes. Y sólo lo son en la medida en que se encuentran vertebrados, articulados y armonizados. Pero para ello es preciso reconocer su mutua pertenencia a algo susceptible de ser común. Así que, por ejemplo, si se habla de deconstrucción, no es una simple demolición, sino una suerte de desmontaje para efectuar otra composición. Si se habla de juicio, y de su capacidad de escindir, de discernir, o de separar, es para vincular mejor. Eso supone hacerse cargo de que toda unidad lleva inscrita una separación, una escisión, que es la que cada vez conforma una realidad.
No es cuestión de ampararse en el perspectivismo para entronizar el puro subjetivismo. Y menos aún para, descaradamente, proponer lo individual como camino, a fin de sostener la propia posición fijada, en conflicto y en una lucha de poderes. Incluso para Nietzsche, inteligir es “una cierta relación de los instintos entre sí”. Cabe preguntarnos una y otra vez sobre el sentido y el alcance de esta relación, de toda relación. Pero no hemos de olvidar que algo sólo es en relación. Ni siquiera la mirada, por muy médica o clínica que pretenda ser, escapa, como Foucault nos recuerda, de acabar siendo un discurso, de pronóstico, de diagnóstico o de terapia.

No se reduce del perspectivismo que no hay nada que hacer, que dado que cada cual lo ve a su manera todo es reflejo caleidoscópico, irisaciones de lo inalcanzable. Más bien se desprende que toda palabra y toda mirada son imprescindibles y que la deconstrucción y el juicio convocan a una recomposición, que no se limita a reponer lo ya puesto sino que reactiva la capacidad de componer para procurar, tal vez, algo radicalmente otro.

El perspectivismo no es la fuente de la impotencia, ni de la resignación, ni de la desesperación, sino de la recreación. Conjunta y armoniosa, con la confianza de que procure nuevas formas y posibilidades de vida, semejante recreación no significa elaborar objetos u objetividades al margen de nuestra condición de sujetos. La perspectiva nos une, enlaza y vincula.

Ampararse en el perspectivismo para relativizar las posiciones supone ignorar que estas son determinantes para liberar otros ámbitos y procurar diferentes alternativas, a fin no sólo de montar o de construir otras edificaciones, sino de procurar conformaciones, que no son simples establecimientos.
Preguntado un invidente que con anterioridad pudo ver sobre su recuerdo del color, contestó que es importante, pero que lo más decisivo es tener memoria de la perspectiva. Lo interesante fue en su día apreciar sus efectos. Mediante cajas ópticas y cámaras oscuras se transmitió el paso del tiempo. Y con ello su relieve espacial. Y de eso se trata. La perspectiva da densidad y nos libera de la lectura unidireccional, plana, sin fondo ni forma, y nos confirma los pliegues en los que se desenvuelve cualquier mirada.

Desautorizar la posición de alguien por considerarla un simple punto de vista es no considerarla en absoluto. La cuestión no está en tenerlo. Al contrario. El problema consiste en no contemplar el de los demás. Y un modo frecuente y rudimentario de hacerlo consiste precisamente en asentir que es peculiar y propio, para reducirlo a algo carente de interés salvo para cada quién. El diálogo adereza con destreza los diversos componentes,  los recompone,  hasta conformar y configurar otra nueva realidad. 

Operación Plus Ultra: Zapatero, imputado por organización criminal, tráfico de influencias y falsedad documental

 Zapatero, imputado por organización criminal, tráfico de influencias y falsedad documental

En estos momentos, la UDEF registra el despacho y la empresa de las hijas del expresidente del Gobierno. 

Por Juan Pardo Navarro

El expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero declarará el próximo 2 de junio en la Audiencia Nacional investigado por presuntos delitos de organización criminal, tráfico de influencias y falsedad documental en el marco del 'caso Plus Ultra', según han confirmado fuentes jurídicas a El Independiente. La citación ha sido acordada por el magistrado José Luis Calama, que acaba de levantar el secreto de las actuaciones.

En estos momentos, agentes de la Policía Nacional están registrando la oficina del expresidente del Gobierno en la calle Ferraz y otras tres mercantiles vinculadas a la investigación. La investigación sobre Zapatero y Plus Ultra gira en torno a la sospecha de que el rescate público a la aerolínea concedido por la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) pudo ser utilizado para canalizar operaciones irregulares o favorecer intereses empresariales próximos al entorno del expresidente socialista.

La causa, iniciada en el Juzgado de Instrucción número 15 de Madrid, fue asumida en febrero por el magistrado de la Audiencia Nacional José Luis Calama ante la posible dimensión económica e internacional de los hechos investigados. Desde entonces, el procedimiento ha permanecido bajo secreto de sumario, que se ha prorrogado en dos ocasiones.

En el núcleo de las pesquisas aparece el empresario Julio Martínez Martínez, amigo personal de Zapatero y administrador único de la sociedad Análisis Relevante. Según los informes policiales, esta mercantil habría abonado entre 2020 y 2025 cerca de 661.000 euros al expresidente y a sociedades vinculadas a sus hijas, Laura y Alba Rodríguez Espinosa. Durante ese mismo periodo, la compañía habría recibido al menos 707.000 euros de Plus Ultra y otros 127.000 euros de la constructora Aldesa,

 El expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero.

Zapatero reconoció públicamente estos ingresos durante su comparecencia del pasado 2 de marzo en la comisión de investigación del Senado sobre el 'caso Koldo', aunque negó de forma tajante cualquier actuación irregular. Según explicó, trabajó como consultor externo para Análisis Relevante, siempre como autónomo, mediante factura y sin disponer de sociedades instrumentales.

En su día, la titular del juzgado de instrucción número 15 de Madrid investigó el rescate de 53 millones de euros de la aerolínea, si bien acabó archivando la causa con el respaldo de la Audiencia Provincial de Madrid. Reabierta la causa a instancias de la Fiscalía Anticorrupción, la jueza se inhibió posteriormente en favor de la Audiencia Nacional.

Después de más de un año de investigación, en diciembre de 2025 el presidente de Plus Ultra, Julio Martínez Sola; el CEO, Roberto Roselli; un abogado y el empresario Javier Martínez Martínez fueron detenidos -y posteriormente puestos en libertad- por los agentes de la UDEF, en una operación impulsada por la Fiscalía Anticorrupción.

En el marco de esta operación varios agentes de la UDEF acudieron a las oficinas centrales de la aerolínea para tratar de recabar información fiscal de la compañía, cuyo análisis llevó a la jueza a considerar que este asunto tiene mayores ramificaciones que las recogidas inicialmente en la querella.

Debacle del PSOE en Andalucía y resentimiento del PP. ANDALUCÍA, COMO ESPAÑA, INGOBERNABLE

Elecciones Andalucía 2026, resultados en directo | El PP se ...

Acertaron las encuestas serias. A pesar de que el presidente del Gobierno se lanzó con armas y bagajes a la campaña electoral andaluza con el fin de robustecer a su candidata y exvicepresidenta primera, el pueblo le ha vapuleado sin piedad.

Varios pesos pesados del socialismo histórico me han dicho que se ha producido la gran catástrofe de Pedro Sánchez, el cataclismo del PSOE sanchista, el batacazo de María Jesús Montero y el ocaso de una política absurda que ha conducido a un partido serio a pactar con los separatistas catalanes y vascos y con los proetarras de Bildu. Todo ello para mantener en la silla curul del palacio de la Moncloa a Pedro Sánchez, que en los últimos tres años ni siquiera ha sido capaz de sacar adelante los Presupuestos Generales del Estado.

Extremadura, Aragón, Castilla y León, y ahora Andalucía, feudo del PSOE durante décadas, han subrayado el hundimiento socialista. Imposible suavizar el derrumbe del sanchismo. Teniendo en cuenta que Pedro Sánchez proyectó en Andalucía a su vicepresidenta primera del Gobierno, teniendo en cuenta que la ha apoyado hasta el paroxismo, liderando de hecho la campaña en Andalucía, parece claro que al presidente del Gobierno no le queda otro remedio, en pura exigencia democrática, que convocar de forma inmediata elecciones generales. Me decía hace un rato quien le conoce a fondo que no las convocará, que hará una finta internacional como humareda para emborronar el tremendo revolcón.

Juan Manuel Moreno se ha alzado de nuevo con la victoria electoral en Andalucía. El centro derecha, con 68 escaños, ha aplastado a la izquierda. El PP necesita un par de escaños de Vox para gobernar. Alberto Núñez Feijóo debe revisar, como tantas veces le he dicho desde esta columna, su política; debe aceptar la realidad y no dejarse ganar una vez más el relato cuando ha vencido en las elecciones. Pero eso es harina de otro costal que merece un comentario aparte.

Elecciones andaluzas o plebiscito para sacar a Sánchez de La Moncloa.

 Varias encuestas sitúan a Moreno Bonilla cerca de la mayoría absoluta y al  PSOE-A con su peor resultado histórico a seis días de las elecciones  andaluzas

 
Más por suerte que por desgracia, las elecciones andaluzas del 17 de Mayo son o la difícil situación político-económica de España, las ha convertido en un plebiscito para poner o no fin al socialismo maleducado y, también llamado sanchismo. 
 
En principio, todo parece indicar que las va a ganar el PP con o sin mayoría absoluta, en cualquiera de los casos van a ser determinantes, un puñado de votos sobre todo en las provincias con número de diputados par (Almería, Córdoba y Sevilla) donde los votos han de doblar al resto de las formaciones, la Ley D'Hont es muy improbable en estos casos. Por ejemplo, en Almería el PP tiene garantizados 6 de los 12 parlamentarios, pero el séptimo todo hace indicar que es punto menos que imposible.
 
Si en el caso de Almería con 6 parlamentarios la mayoría absoluta estaría justo dentro de lo posible un fallo en Córdoba o Sevilla sería mortal de necesidad para el PP, ya que un Gobierno con VOX sería más de lo mismo, o sea, excusa para que siga gobernando Pedro Sánchez y no es que Vox sea sanchista es que no es nada.
 
Es mi intención dar a entender que un voto al PP es tan justo como necesario, para que Andalucía no deje siga el rosario de calamidades socialistas que, como las siete plagas de Egipto, amenazaban con devastar la España y lo que es peor. 
 
Ocurra lo que ocurra y, en caso de que el PP se quede al borde de la mayoría absoluta, los dos partidos de izquierda Adelante Andalucía (antes Podemos) y Por Andalucía (Antes Sumar) se abstendrían en la votación para investir a Juanma Bonilla, lo que sería un disloque institucional e ingobernable.  

Recuerda, si votas PP, tu voto vale por DOS. Los restos le pueden jugar una mala pasada al PP y por ende a Andalucía y España.


 
 
 

Las desigualdades aumentan cuando el desarrollo es sostenible.

 

Adela Cortina, catedrática de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia. 
Naciones Unidas (2.000) lanzó los célebres Objetivos de Desarrollo del Milenio, entre los que contaban la reducción drástica de la pobreza extrema y el hambre para 2021 y otras siete metas más. A un año de terminar el plazo, el balance de lo logrado arroja un serio avance en el primero de los objetivos, pero a la vez un aumento de las desigualdades. La pobreza extrema se ha reducido a la mitad, pero las desigualdades han aumentado y, con ellas, la pobreza relativa. La Posición Española para la Agenda Post2021 propone abordar estos dos retos y añadir otros 10 más, entre los que cuenta la sostenibilidad ambiental. Bien hecho, lo que tiene que ser sostenible es el medio ambiente.
Sin embargo, en el encuentro se adjudicó a menudo el adjetivo “sostenible” al desarrollo, sustituyendo la expresión “desarrollo humano”, que tanto ha costado de aclarar, por “desarrollo sostenible”. Esto es, a mi juicio, un retroceso.
Después de la II Guerra Mundial el desarrollo de los pueblos se medía en términos de PIB, y fueron pioneros como Lebret, Goulet, ul Haq o Sen quienes recordaron que el auténtico desarrollo es desarrollo humano, que los pueblos están desarrollados cuando las personas cuentan con las capacidades suficientes para llevar adelante los planes de vida que elijan, no cuando les sobran mercancías. Que la pobreza es falta de libertad. Recurrir ahora al desarrollo sostenible introduce un margen de ambigüedad.
Cuando se quiere recortar gastos en una partida cabe siempre la coartada de decir que tal como está resulta insostenible y que es necesario introducir reformas para asegurar su sostenibilidad. Así ocurre con la sanidad, las pensiones, los salarios, la educación o la economía, con la dependencia o la ayuda a los vulnerables. Los recortes se hacen entonces en nombre de las generaciones futuras, cuando lo bien cierto es que es preciso atender a las generaciones presentes sin olvidar a las futuras. Lo que ocurre es que el término “sostenible” es muy opaco.
Nacido a comienzos del siglo XVIII en el campo de la economía, recibió el espaldarazo social en las reflexiones sobre el expolio de la naturaleza. El Informe Brundtland gestó la idea de desarrollo sostenible y la Cumbre de Río de 1992 se ocupó del tema recordando que los recursos de la Tierra son escasos y es necesario usarlos racionalmente, manteniendo sus condiciones de reproducción y pensando en las generaciones futuras. Este uso de la palabra se introdujo en la Carta de la Tierra, asumida por la Unesco en 2003.
Para que los recursos naturales sean sostenibles deben usarse por debajo del límite de su renovación.
 
Es verdad que, además de la naturaleza, ya se incluían en la expresión la protección de los derechos humanos, la paz, la diversidad cultural, la justicia social y el fortalecimiento de la democracia. Pero el hecho de que la expresión se origine en la economía ecológica introduce siempre confusiones, porque no es lo mismo intentar que el uso de la naturaleza sea sostenible que construir una sociedad sostenible. En ese juego de la ambigüedad quienes desean manipular tienen las manos más libres.
Para que los recursos naturales sean sostenibles deben usarse por debajo del límite de su renovación. Si talamos un bosque, desaparece, pero si nos servimos de él por debajo de cierto límite, siempre hay madera disponible. Pero ¿qué sucede cuando se aplica esta medida a la protección de derechos humanos o a la democracia? ¿Cuál es el límite en la producción y distribución de recursos sanitarios, judiciales, educativos o de bienestar social, por debajo del cual es preciso situarse para hacer posible la renovación?
En los ochenta del siglo pasado se decía que el Estado debía propiciar a los ciudadanos un “mínimo razonable”, y que eso era lo justo. Pero la justicia parece estar perdiendo terreno frente a la sostenibilidad, que al parecer da más juego, pero es más confuso. Las personas no son bosques, no se puede hablar aquí de talar más o menos. Si se recorta tanto que se pone en peligro la vida digna de una parte de la generación presente, entramos en lo que se llamó en un tiempo “las elecciones crueles” entre las actuales generaciones y las por venir, que dejan las manos libres para actuar en la generación presente sin contar con criterios de justicia.
Ciertamente, una persona puede sacrificar algunas de sus aspiraciones para tener una vejez mejor, pero una sociedad no es una persona, sino un conjunto de personas, y son algunas de ellas las que deciden a quiénes se debe sacrificar. La elección es entonces cruel, pero no para quienes toman las decisiones, sino para los que sufren sus consecuencias.

Por eso en el caso de las sociedades es aconsejable sustituir el discurso de la sostenibilidad por el de la justicia, el del desarrollo sostenible por el del desarrollo humano y la sostenibilidad medioambiental. Y en vez de empeñarse en construir una economía o una sanidad sostenibles, en vez de hablar de pensiones o ayudas a la dependencia sostenibles, bregar para que sean justas.
Juan Pardo Navarro

Políticos de alta gama y bribones del dinero.

 

Corrupción - Concepto, tipos y actos de corrupción

«La persona, el humano es un número mortal con defectos y virtudes que no adquiere entidad propia por el hecho de desempeñar un cargo público.» (Juan Pardo)

Un político y dentro de su jerarquía, un alcalde corrupto, siempre será  eso, un bribón del dinero. El sistema y sus entresijos lo acreditan. El nuestro tiene trampa. Trampas, en plural. Por ejemplo: cuantas más instituciones y organizaciones públicas tiene un estado, más difícil es de gestionar, especialmente «de forma legal». Dicho de otra manera: existe otra corrupción, la que proviene de la misma configuración estructural del sistema, de un entramado institucional intencionadamente complejo, abigarrado, burocratizado, y que, precisamente por esa complejidad, siempre va a ser mucho más anárquico y arduo de controlar.

Esta es una reflexión que vale para cualquier Estado, porque no hay ninguno ahora mismo en nuestro entorno que esté a salvo de la mayoría de estas problemáticas, pero hoy en particular me refiero a España, donde la política actual consiste en multiplicar los focos de poder político, un poder casi siempre utilizado para presionar y solo en contadas ocasiones para colaborar; en tener el control de los órganos teóricamente independientes; y en ejercer otras «malas prácticas» (somos generosos con el término), como tensionar, polarizar, insultar e intentar utilizar recursos públicos o posiciones de privilegio para perseguir objetivos particulares. Por si fuera poco, vivimos en una continua e inacabable campaña electoral: discursos, descalificaciones, demagogia… ¿Y la gestión para cuándo? Los problemas de las personas no se resuelven solos

Vaya por delante que un servidor no se mueve por los titulares de prensa, los estímulos mediáticos y otros escándalos debidamente presentados, sino por la experiencia profesional de veinticinco años, tiempo de sobra para observar tendencias, evoluciones e involuciones. Por eso no nos referimos a nada ni a nadie en concreto, sino a todo y a todos en general, y tampoco al momento presente, porque llevamos mucho tiempo en la Administración y vemos que lo de ahora no es sino la culminación de aquel viejo refrán que reza: «De aquellos polvos, estos lodos». Como dijimos en su momento: «El principio de división de poderes ya no es lo que era. Después de más de dos siglos desde la Revolución Francesa, no podemos decir que haya un solo poder legislativo ni  ejecutivo, y aunque en realidad sí hay un único poder judicial según la Constitución, incluso este está organizado territorialmente hacia dentro y presenta un importante matiz hacia fuera por la existencia de tribunales europeos e internacionales con jurisdicción propia. Valga como ejemplo el demostrado difícil encaje de la jurisprudencia del TJUE en nuestro entramado legal de corte administrativista. Con respecto al poder legislativo, la cuestión se torna aún mucho más compleja. En cada centímetro cuadrado de nuestro suelo rigen conjuntamente tres poderes constitucionales o cuasi constitucionales (europeo, estatal y autonómico), cuatro poderes legislativos ordinarios (supranacional, europeo, estatal y autonómico), y cuatro poderes reglamentarios (estatal, autonómico, provincial y municipal). Se trata, sin duda, de un sistema jurídico muy complejo que cabe interpretar correctamente. La consecuencia, un BOE que echa humo y miles de normas que aplicar, no favorece en absoluto la seguridad jurídica.»

En cuanto a los diferentes niveles de gobierno territorial, se rigen por los principios de descentralización y desconcentración. Seguramente era la solución menos mala, pero no por ello menos caótica. En la práctica echamos de menos otro principio importante, el de coordinación. A la postre, unos tienen las competencias y otros teóricamente las pagan porque, sobre todo los Ayuntamientos, no se pueden autofinanciar. A veces, en realidad en la mayoría de ocasiones, las competencias son compartidas. De hecho se solapan. Abundan los conflictos de competencias, tanto los positivos (ambas Administraciones creen que deben actuar) como los negativos (ambas se desentienden), siendo nefasto este segundo caso para la ciudadanía y como mínimo engorroso el primero. Otras veces se firma un convenio que, sobre todo tras el cambio de legislatura, cae en el olvido y no se aplica. Mientras tanto, en cualquiera de nuestras provincias e islas tenemos Ayuntamientos, Diputaciones, Cabildos o Consejos, y delegaciones territoriales autonómicas y estatales, además de tres o cuatro cuerpos de seguridad. Y todavía nos faltaría entrar en el proceloso mundo de los entes instrumentales (organismos autónomos, mercantiles de capital público, fundaciones públicas…), caracterizado por su crónica ineficiencia y por el fenómeno llamado «huida del Derecho administrativo» (y de los controles propios del mismo), el cual, por el avance del concepto «sector público» y la influencia del Derecho comunitario, se ha acabado convirtiendo en una simple «huida del Derecho», lo cual es igual o peor.

En definitiva, muchas entidades públicas y muy heterogéneas. Máxime considerando esta complicación y confusión, cobra si cabe más fuerza el papel de los órganos e instituciones de control (más entes para nuestra lista), la contrabalanza y el freno natural a las aludidas malas prácticas que con los años se han consolidado incluso en las mal llamadas democracias avanzadas. Pues bien, en el control falla algo. Que nadie dude de nuestra defensa de los entes y órganos de control. El problema de un contrapeso institucional es que, aunque aparezca teóricamente equilibrado, por algún motivo no funcione en la práctica. Y no funciona cuando es meramente formal, no efectivo. Pero España, precisamente esa España compleja que hemos analizado en la anterior radiografía institucional, no se puede permitir el lujo de que las instituciones de control no siempre funcionen de forma objetiva porque sus máximos responsables se nombran bajo criterios políticos, y si abrimos por un segundo el debate del poder judicial, mucho menos el de que el mismo principio de división de poderes se ponga continuamente en entredicho, o en peligro, que es casi lo mismo. España no se puede permitir estos lujos porque hablamos de un país demostradamente corrupto, donde, sin ir más lejos, algunas personas dotadas de poder público y/o privado, vieron un negocio en una desgracia y utilizaron la pandemia para lucrarse. Esto es deleznable. La ciudadanía debería reclamar responsabilidades con vehemencia. Mal cuando juegan con nuestro dinero; pero mucho peor cuando juegan con nuestra salud movidos por un instinto básico llamado avaricia. El interés general queda en las antípodas de esto.

Otro problema. A pesar de la aludida heterogeneidad institucional, en lo que sí coinciden tantas entidades pertenecientes al sector público es en que casi todas están altamente politizadas. Preguntábamos que para cuándo la gestión. Pero tampoco aquí el sistema lo pone fácil. Cada cuatro años, a veces mucho antes, cambia toda la cúpula directiva en muchas entidades públicas. Ocho mil de ellas son Ayuntamientos (con sus correspondientes entes instrumentales, una figura recurrente a partir de un tamaño de municipio, digamos, mediano). Pues bien, en los Ayuntamientos, estos directivos no se sabe muy bien quiénes son, qué hacen o incluso de dónde salen, pues frente a la deseable profesionalización, siguen predominando los altos cargos de libre nombramiento y el personal eventual. De ahí no puede salir nada bueno, evidentemente. Y no vamos a abrir el melón de la libre designación en el cuerpo de funcionarios con habilitación de carácter nacional, prevista legalmente para la provisión de los «mejores» puestos de trabajo, pero qué duda cabe que cuando a uno le nombran, seguramente con merecimiento pero no más que el que tiene el resto, secretario o interventor de un Ayuntamiento enorme o una Diputación, con la consiguiente nómina, igual de enorme, y un estatus de órgano «altísimo cargo», en el pensamiento del Alcalde o concejal queda automáticamente descartado que ese funcionario vaya a ser en absoluto estricto fiscalizando. No juzgo a ningún compañero en particular, que conste, porque quiero pensar que pese a todo va a conservar su independencia, pero es fácil hacer esta lectura psicológica, al menos desde la óptica del político. Y entonces chocarán, salvo que los dos entiendan perfectamente su rol, algo que, no seamos ingenuos, no siempre ocurre. Pero la culpa es nuevamente del sistema, que pone al fiscalizado como jefe supremo del fiscalizador, y en estos casos hasta con el poder de cesarlo (un cese que tendría que motivarse, por cierto, no vaya a confundirse con el cese del personal eventual).

El sistema y sus entresijos. El nuestro tiene trampa. Trampas, en plural. Por ejemplo: cuantas más instituciones y organizaciones públicas tiene un estado, más difícil es de gestionar, especialmente «de forma legal». Dicho de otra manera: existe otra corrupción, la que proviene de la misma configuración estructural del sistema, de un entramado institucional intencionadamente complejo, abigarrado, burocratizado, y que, precisamente por esa complejidad, siempre va a ser mucho más anárquico y arduo de controlar.

Esta es una reflexión que vale para cualquier Estado, porque no hay ninguno ahora mismo en nuestro entorno que esté a salvo de la mayoría de estas problemáticas, pero hoy en particular me refiero a España, donde la política actual consiste en multiplicar los focos de poder político, un poder casi siempre utilizado para presionar y solo en contadas ocasiones para colaborar; en tener el control de los órganos teóricamente independientes; y en ejercer otras «malas prácticas» (somos generosos con el término), como tensionar, polarizar, insultar e intentar utilizar recursos públicos o posiciones de privilegio para perseguir objetivos particulares. Por si fuera poco, vivimos en una continua e inacabable campaña electoral: discursos, descalificaciones, demagogia… ¿Y la gestión para cuándo? Los problemas de las personas no se resuelven solos

Vaya por delante que un servidor no se mueve por los titulares de prensa, los estímulos mediáticos y otros escándalos debidamente presentados, sino por la experiencia profesional de veinticinco años, tiempo de sobra para observar tendencias, evoluciones e involuciones. Por eso no nos referimos a nada ni a nadie en concreto, sino a todo y a todos en general, y tampoco al momento presente, porque llevamos mucho tiempo en la Administración y vemos que lo de ahora no es sino la culminación de aquel viejo refrán que reza: «De aquellos polvos, estos lodos». Como dijimos en su momento: «El principio de división de poderes ya no es lo que era. Después de más de dos siglos desde la Revolución Francesa, no podemos decir que haya un solo poder legislativo ni  ejecutivo, y aunque en realidad sí hay un único poder judicial según la Constitución, incluso este está organizado territorialmente hacia dentro y presenta un importante matiz hacia fuera por la existencia de tribunales europeos e internacionales con jurisdicción propia. Valga como ejemplo el demostrado difícil encaje de la jurisprudencia del TJUE en nuestro entramado legal de corte administrativista. Con respecto al poder legislativo, la cuestión se torna aún mucho más compleja. En cada centímetro cuadrado de nuestro suelo rigen conjuntamente tres poderes constitucionales o cuasi constitucionales (europeo, estatal y autonómico), cuatro poderes legislativos ordinarios (supranacional, europeo, estatal y autonómico), y cuatro poderes reglamentarios (estatal, autonómico, provincial y municipal). Se trata, sin duda, de un sistema jurídico muy complejo que cabe interpretar correctamente. La consecuencia, un BOE que echa humo y miles de normas que aplicar, no favorece en absoluto la seguridad jurídica.»

En cuanto a los diferentes niveles de gobierno territorial, se rigen por los principios de descentralización y desconcentración. Seguramente era la solución menos mala, pero no por ello menos caótica. En la práctica echamos de menos otro principio importante, el de coordinación. A la postre, unos tienen las competencias y otros teóricamente las pagan porque, sobre todo los Ayuntamientos, no se pueden autofinanciar. A veces, en realidad en la mayoría de ocasiones, las competencias son compartidas. De hecho se solapan. Abundan los conflictos de competencias, tanto los positivos (ambas Administraciones creen que deben actuar) como los negativos (ambas se desentienden), siendo nefasto este segundo caso para la ciudadanía y como mínimo engorroso el primero. Otras veces se firma un convenio que, sobre todo tras el cambio de legislatura, cae en el olvido y no se aplica. Mientras tanto, en cualquiera de nuestras provincias e islas tenemos Ayuntamientos, Diputaciones, Cabildos o Consejos, y delegaciones territoriales autonómicas y estatales, además de tres o cuatro cuerpos de seguridad. Y todavía nos faltaría entrar en el proceloso mundo de los entes instrumentales (organismos autónomos, mercantiles de capital público, fundaciones públicas…), caracterizado por su crónica ineficiencia y por el fenómeno llamado «huida del Derecho administrativo» (y de los controles propios del mismo), el cual, por el avance del concepto «sector público» y la influencia del Derecho comunitario, se ha acabado convirtiendo en una simple «huida del Derecho», lo cual es igual o peor.

En definitiva, muchas entidades públicas y muy heterogéneas. Máxime considerando esta complicación y confusión, cobra si cabe más fuerza el papel de los órganos e instituciones de control (más entes para nuestra lista), la contrabalanza y el freno natural a las aludidas malas prácticas que con los años se han consolidado incluso en las mal llamadas democracias avanzadas. Pues bien, en el control falla algo. Que nadie dude de nuestra defensa de los entes y órganos de control. El problema de un contrapeso institucional es que, aunque aparezca teóricamente equilibrado, por algún motivo no funcione en la práctica. Y no funciona cuando es meramente formal, no efectivo. Pero España, precisamente esa España compleja que hemos analizado en la anterior radiografía institucional, no se puede permitir el lujo de que las instituciones de control no siempre funcionen de forma objetiva porque sus máximos responsables se nombran bajo criterios políticos, y si abrimos por un segundo el debate del poder judicial, mucho menos el de que el mismo principio de división de poderes se ponga continuamente en entredicho, o en peligro, que es casi lo mismo. España no se puede permitir estos lujos porque hablamos de un país demostradamente corrupto, donde, sin ir más lejos, algunas personas dotadas de poder público y/o privado, vieron un negocio en una desgracia y utilizaron la pandemia para lucrarse. Esto es deleznable. La ciudadanía debería reclamar responsabilidades con vehemencia. Mal cuando juegan con nuestro dinero; pero mucho peor cuando juegan con nuestra salud movidos por un instinto básico llamado avaricia. El interés general queda en las antípodas de esto.

Otro problema. A pesar de la aludida heterogeneidad institucional, en lo que sí coinciden tantas entidades pertenecientes al sector público es en que casi todas están altamente politizadas. Preguntábamos que para cuándo la gestión. Pero tampoco aquí el sistema lo pone fácil. Cada cuatro años, a veces mucho antes, cambia toda la cúpula directiva en muchas entidades públicas. Ocho mil de ellas son Ayuntamientos (con sus correspondientes entes instrumentales, una figura recurrente a partir de un tamaño de municipio, digamos, mediano). Pues bien, en los Ayuntamientos, estos directivos no se sabe muy bien quiénes son, qué hacen o incluso de dónde salen, pues frente a la deseable profesionalización, siguen predominando los altos cargos de libre nombramiento y el personal eventual. De ahí no puede salir nada bueno, evidentemente. Y no vamos a abrir el melón de la libre designación en el cuerpo de funcionarios con habilitación de carácter nacional, prevista legalmente para la provisión de los «mejores» puestos de trabajo, pero qué duda cabe que cuando a uno le nombran, seguramente con merecimiento pero no más que el que tiene el resto, secretario o interventor de un Ayuntamiento enorme o una Diputación, con la consiguiente nómina, igual de enorme, y un estatus de órgano «altísimo cargo», en el pensamiento del Alcalde o concejal queda automáticamente descartado que ese funcionario vaya a ser en absoluto estricto fiscalizando. No juzgo a ningún compañero en particular, que conste, porque quiero pensar que pese a todo va a conservar su independencia, pero es fácil hacer esta lectura psicológica, al menos desde la óptica del político. Y entonces chocarán, salvo que los dos entiendan perfectamente su rol, algo que, no seamos ingenuos, no siempre ocurre. Pero la culpa es nuevamente del sistema, que pone al fiscalizado como jefe supremo del fiscalizador, y en estos casos hasta con el poder de cesarlo (un cese que tendría que motivarse, por cierto, no vaya a confundirse con el cese del personal eventual).