
Juan Pardo Navarro
Las iniciales P.S. sonaban a crismón de Sánchez cuando vino León XIV
a imponer el suyo, a colgar el suyo en los balcones de Madrid, a lucir
el suyo en esas eucaristías al sol o del mismo sol, que yo diría que
había como brochetas de ángeles asándose en el cielo. Sánchez ya
necesita todo el cielo para taparse y toda la teología para escaparse, y
le han caído encima justo a tiempo las legiones del papa, la colada del
papa, los misterios del papa que mezclan lo divino y lo terrenal, lo
político y lo literario, casi tan bien como los misterios de Sánchez.
Sánchez ya se tapaba con lo internacional pero ahora se tapa con lo
ultraterreno, ha sabido estar junto al papa para salir como en el
fotomatón de Dios y luego ha sabido escaparse, cogiendo transbordos de
aviones, helicópteros y arcángeles para llegar al Primavera Sound o a la
simple incomparecencia política y moral. Sánchez ha dejado que el cielo
llenara el cielo, natural e hidráulicamente, y que el latín o la pereza
llenaran las iniciales P.S., para que se queden en post scriptum o en
PlayStation, y que Leire Díez vaya pareciendo una
pecadora, una perdida, que entre tanta santidad no parece corrupción
sino caridad o expiación. Ahora, el papa volverá a Canarias, más
enguatado de Dios y de ministros de Sánchez que nunca, con lo que
nuestro presidente volverá al abrigo o al servicio del papa, como un
santo auxiliar con palma o códice.
Sánchez se arrima
al papa cuando puede prestarle algo de santidad, que esas cosas se
pegan como el olor, el olor a santidad que se dice precisamente, y que
debe de ser como el olor al suavizante de Dios o al menos el que usen
las monjitas de la Caridad en el Palacio Apostólico o en Castel
Gandolfo. Sánchez no sólo le quiere robar al papa el plano, a ver si lo
aceptan en el palio o incluso en la mismísima Trinidad como a Begoña en alguna cátedra o fundación, sino que quiere robarle al papa la caridad cristiana y al mismo Jesús
la barca de pescador o el cayuco de almas. En la misa de Madrid, bajo
un sol pagano que parecía el escudo de una diosa o el espejo de Arquímedes, sólo estuvo Milagros Tolón,
ministra de Educación, una de las ministras invisibles u olvidables o
intercambiables, que pueden hacer de representación o de ficus sin
manchar demasiado la imagen de Sánchez. Pero es que Madrid, ya saben, es
algo así como la Atenas facha, la Sodoma cervecera, la isla de Eea de
la Circe que es Ayuso, con tentador
broche en la clavícula. En Canarias, sin embargo, donde van a hacer como
un templo egipcio o volcánico a la humanidad laica o quizá ecuménica de
Sánchez, Sánchez va a llevar hasta a monaguillos.
En Canarias parece que van a estar Margarita Robles, que es como nuestra monja sargento, Ángel Víctor Torres, como un pescador del lugar (es como el Pancho de Verano azul del Gobierno, pero con oscuridades sospechosas), Elma Saiz, el ángel heraldo con zurrón y trompetilla, y el mismo Félix Bolaños,
el camarlengo de Sánchez, que seguro que se intercambiará miradas,
respetos, envidias y comparaciones con los ayudantes del papa o con los
ayudantes de Dios, que alguno habrá descolgándose por los celajes. Yo
creo que en Canarias vamos a ver una ceremonia como de canonización de
Sánchez, o al menos me parece que así lo ha pensado él, para quedar como
una virgen marinera ante sus hijos arrojados a las aguas, y yo no
descarto que descubran un mural de él con rayos en las manos y en la
frente, amparando un cayuco amarejado. A Sánchez, como sabemos, no le
importa ni la inmigración, ni los cuerpos ni las almas de los migrantes,
ni los cuerpos ni las almas de nadie en realidad, salvo los suyos
(bueno, el alma no, porque podrá salvar el pellejo pero el alma está
perdida hace mucho). Pero estar entre los dioses, como un Caligulilla, eso sí que le importa, eso sí que lo mueve para salir de los festivales y hasta del búnker.
Cuando se vaya el papa se va a quedar Sánchez sin doble y sin tapadera, y se va a quedar la izquierda sin héroe
Sánchez está
explotando al papa, está exprimiendo al papa, lo ha usado para tapar su
ausencia con calvarios en las rotondas, bandadas de estorninos celestes,
escolares marianos y monjas con sombrillita; lo ha usado para darle
calorcillo de mesa camilla (el papa parece que va como con braserito
debajo) o calorcillo de infancia cuando se le acerca en tacataca, como
esos niños que se acercan a los políticos; lo ha usado para traducir al
latín o al arameo las consignas eternas de sus intereses fugaces, y lo
ha usado para meter como en un convento a Leire Díez, que no es Mata Hari
sino algo así como una hija ilegítima, que es peor. El papa estaba todo
el día en la calle, como para que callaran los taxistas de la Cope, y
estaba todo el día en la tele, para que descansaran los tertulianos de
leer sumarios tochos y diarios de animadora. Ha sido como una Semana
Santa de papa, como un Mundial de papa al que sustituirá, justo a
tiempo, el Mundial de verdad.
Cuando se vaya el
papa se va a quedar Sánchez sin doble y sin tapadera, y se va a quedar
la izquierda sin héroe, que la verdad es que tendrían que sentirse un
poco inútiles o derrotados si un papa hablando a los catequistas y a los
gorriones puede conseguir más que los políticos guerrilleros con su
pueblo, su clase obrera, sus superioridad moral, sus mayorías sociales y
su Gobierno de progreso. Canarias dejará a Sánchez como perdonado,
bautizado, ordenado o incluso canonizado. Podrá repetir, pidiéndole
prestadas si acaso a Yolanda Díaz sus mangas de ángel,
las consignas humanistas, pescadoras, salmantinas, jacobeas, católicas,
salvíficas y algodonosas del papa. Sánchez nos dirá que el papa piensa
como él, que hasta Dios está con él, y lo mismo se declara papa o mejor
ayatolá. Pero pronto pasará la moda del papa, que en realidad ha pasado
apenas como una paloma mensajera. Ya los dioses futboleros sustituyen a
los dioses con cayado, los viejos con transistor sustituyen a las
señoras con rosario, y hasta los propios curas y tertulianos con sermón
serán pronto curas y tertulianos con balón y religión maradoniana. Y
P.S. será ya, seguramente, sólo Peter Schmeichel, preparado en la Fox para comentar nuestro fracaso en cuartos o por ahí. Seguro que, como lo de Zapatero, también eso lo ha preparado Trump.