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El verdadero odio de Pedro Sánchez a Israel, no es otro que el espionaje de PEGASUS.

El chantaje de Israel a Sánchez con Pegasus: la teoría que cobra fuerza en  el CNI

Por Juan Pardo Navarro

Usa al pueblo judío como un chivo expiatorio de sus problemas con Marruecos

Pegasus, la auténtica causa de la campaña antisemita instigada por Pedro Sánchez

Sánchez sabía que Marruecos fue el autor del espionaje a su móvil...

Como recordaréis, el pasado jueves The Objective publicó con todo detalle en qué día y de qué modo se produjo ese espionaje al móvil de Sánchez por parte de los servicios de inteligencia marroquíes. Esa noticia arrojó luz sobre la política de servilismo que Sánchez ha aplicado desde entonces hacia Marruecos, comprometiendo gravemente los intereses de España y también nuestra seguridad nacional.

Este martes, The Objective arroja luz sobre otras consecuencias de ese espionaje: las relacionadas con Israel. El software Pegasus utilizado por Marruecos es fabricado por una empresa israelí. El citado diario digital revela que Sánchez envió en secreto a varias delegaciones a Israel para conocer el alcance del espionaje marroquí (recordemos que el gobierno español tardó un año en reconocer ese robo de información). La empresa fabricante sólo pudo confirmarle que el espionaje fue cometido por Marruecos, de modo que el gobierno español sabía quiénes fueron los que robaron esa información.

... pero dirigió su enfado contra Israel y no contra Marruecos

Según The Objective, el gobierno de Sánchez no creyó las explicaciones israelíes: "La respuesta israelí fue recibida con gran irritación por parte del equipo de Sánchez y del propio presidente: le dijeron que no sabían cuál era el material robado y negaron tener ninguna copia de esa información, versión que Moncloa no se creyó". Este medio añade: "Fuentes de probada solvencia relacionan aquella situación con ciertas decisiones que tomaría años más tarde el Ejecutivo de Sánchez sobre Israel, llegando prácticamente a la ruptura de relaciones diplomáticas".

Al final, más allá de sus pretextos políticos e ideológicos, todo lo que Sánchez hace está marcado por la prioridad que otorga a sus intereses personales, incluida su relación como presidente del gobierno con otros países. En el caso del Estado judío, Sánchez ha acusado falsamente a Israel de "genocidio" (una acusación que nunca ha hecho contra la Rusia de Putin por sus masacres en Ucrania), ordenó un embargo de armas contra Israel (que ha acabado perjudicando a las Fuerzas Armadas Españolas, haciéndoles perder el acceso a importantes sistemas de armas) e incluso lamentó no tener "bombas nucleares" para usarlas contra ese país, en una escandalosa declaración que puso en evidencia el grado de trastorno del dirigente socialista.

Su iracunda reacción contra Israel contrasta con su docilidad hacia Marruecos, el país autor del espionaje, que debería ser el que mereciera el enfado de Sánchez, pues es Marruecos, y no Israel, el que robó la información y el que posee la información robada. La reacción del dirigente socialista es tan irracional como si ante un atropello perpetrado con un automóvil Chrysler, Sánchez ordenase represalias contra Estados Unidos (fabricante del coche) y no contra el conductor.

Una reacción que expone el antisemitismo de Sánchez

Esa irracionalidad deja al descubierto un prejuicio muy habitual en la izquierda española y que Sánchez ya exhibe sin ninguna vergüenza: el antisemitismo. Si Israel no fuese un Estado judío, no habría sufrido unas represalias como las que Sánchez ha emprendido contra él. Esto no es una mera especulación. Tras el espionaje contra él, Sánchez tenía razones para ordenar represalias contra Marruecos, pero no lo hizo (al contrario: todo indica que cedió al chantaje marroquí para que la información robada no saliese a la luz). Por otra parte, en septiembre de 2024, la dictadura de Nicolás Maduro secuestró a ciudadanos españoles sin recibir ningún tipo de represalia por parte de Sánchez, cuyo partido, el PSOE, votó en contra de exigir a ese dictador el fin de la represión en Venezuela tres meses después.

La campaña antisemita instigada por Sánchez como represalia

A Sánchez le importan los palestinos tan poco como le importaban cuando eran víctimas de los crímenes de Hamás sin que el dirigente socialista dijese absolutamente nada. Pegasus es la verdadera causa de su campaña antisemita contra Israel, una represalia por un robo de información cometido por Marruecos, un robo que sólo benefició a ese país africano y en el que la información robada está en Rabat, no en Tel Aviv ni en Jerusalén. Sánchez antepuso una vez más sus intereses personales a los de España, instigando una ola de antisemitismo con episodios tan graves como el boicot violento instigado por el gobierno contra La Vuelta en Madrid, por haber aceptado a un equipo israelí, y que ayer mismo dio lugar a un nuevo incidente antisemita en el Museo Reina Sofía, dependiente del Ministerio de Cultura.

Sánchez demuestra ser un irresponsable y un incendiario que sólo mira por sus intereses personales y que no tiene reparos en destrozar la relación de amistad entre España e Israel por un hecho cometido por Marruecos, simplemente porque sus prejuicios no aceptan que un país musulmán pueda ser la causa de sus problemas (para la izquierda española el islamismo es un importante aliado en su odio contra Occidente), y prefiere utilizar al pueblo judío como un chivo expiatorio, como ya antes hicieron otros charlatanes antisemitas.

Greta Thunberg, la activista medioambiental, ahora quiere bombardear Israel. PROTAGONISMO SUBVENCIONADO.

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 Greta Thunberg es arrestada en Países Bajos durante protesta | Noticias  Green

Pero ha pasado de defender al oso polar, a la morsa común, y a la atmósfera libre de queroseno –exceptuando al queroseno de sus viajes en avión–, a desear y animar a Hamás, Hizbulá, Irán, y Palestina, a borrar del mapa el Estado de Israel


La niña ya no es una niña. Sigue siendo un negocio para sus padres, pero de niña tiene muy poco. Gretita Thunberg ha perdido influencia. La humanidad es tan idiota que una farsante se convirtió en el icono del retroecologismo y la limpieza del mundo mundial, cuando no dijo otra cosa que simplezas y viajó por todos los continentes contaminando el aire y cobrando por sus intervenciones, cantidades astronómicas. Unos cuantos imbéciles propusieron su nombre para el Nobel de La Paz, el Nobel noruego, cuyo jurado –espero que no siga enfadándose conmigo el embajador de Noruega en España–, parece estar compuesto por un grupo de simpáticos borrachuzos que conceden el premio después de una juerga en Oslo.

Fue recibida por Obama, y ese detalle estremece, porque un presidente de los Estados Unidos, líder de la civilización occidental, no puede perder su tiempo en chorradas. Por fortuna, su figura se fue evaporando, en España aún se le montó más de un homenaje, y durante una larga temporada, mientras dejaba de ser niña y se convertía en una mujer con más años que Manolita Chen, dejó de dar el coñazo. No obstante, y para los más sensibles de sus seguidores, su negocio se mantuvo en los países nórdicos, muy dados a esas sensiblerías. La chica, además de ser protagonista en la reunión de Davos, rodeada de líderes mundiales, recibió en 2019 el premio que concede Amnistía Internacional «por sus esfuerzos en sensibilizar al mundo de la crisis climática». Pero ha pasado de defender al oso polar, a la morsa común, y a la atmósfera libre de queroseno –exceptuando al queroseno de sus viajes en avión–, a desear y animar a Hamás, Hizbulá, Irán, y Palestina, a borrar del mapa el Estado de Israel. Como Irene Montero, que todavía no ha lamentado el asesinato, los secuestros y las torturas que han sufrido a manos de Hamás centenares de mujeres y niños de Israel, la tunanta ha evolucionado de mema a instigadora de la destrucción de una nación libre, la frontera de Occidente y del siglo XXI con el siglo XI, lo cual, en mi humilde opinión, es una mala evolución. Claro, que en algo tiene que demostrar que es la tenedora de un premio disfrazado de pacifismo y ecologismo de Amnistía Internacional, la gentil organización que se opuso a calificar a la ETA como terrorista.

Creo que es una buena noticia para Israel y el mundo libre –mundo al que ella pertenece–, que Greta Thunberg proclame su odio a Israel. Esta manipuladora de imbéciles, va de capa caída y para colmo, es gafe. Si yo fuera un terrorista de Hamás, Hizbulá, o un ayathola iraní, me sentiría seriamente preocupado. Han superado el apoyo de Irene Montero, Juana Belarra, La Aizpúrua y demás enemigas de Israel, pero no creo que logren deshacerse del mal fario de la suequita. A la niña ésta le pasa que creció muy poco. Y que, con 16 añitos parecía tener ocho. Entonces, todo era monísimo para la retroprogresía. Pero ahora, en sus rasgos estropeados por el odio, se adivina una mujer resentida que ya no puede disfrazar sus basuras en el dulce aspecto de la niñez. Y ha reconocido que luchará para que Israel desaparezca. Cómo luchará, no lo ha especificado, porque no me encaja su perfil con el de las decenas de miles de mujeres de Israel que se enfrentan día tras día con sus enemigos con las armas de un soldado, que lucha hasta el final por su nación, su bandera… y la libertad de las naciones civilizadas.

Esta necia, abandonará su odio cuando advierta que no hay negocio detrás de su ira, detrás de su rabia, detrás de sus caprichos.

Hoy me siento más optimista. Si Greta Thunberg ha prometido combatir a Israel, Israel, y todos los que debemos nuestra libertad a Israel, estamos salvados.