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Abascal, un chiquilicuatre al servicio del sanchismo.

 CIS: Sánchez, el mejor valorado; y Abascal, el peor

Por Juan Pardo Navarro

Vox tiene, igual que Sánchez, una oleosa fábrica de palabros, de buñuelos literarios, de churros churriguerescos, de morcillas quevedescas, de garbanzadas léxicas o cuchareras como garbanzadas de Fraga. Sánchez ya sabemos que no gobierna, sino que cada día se mira al espejo, dolorosamente, como una momia desvendada, y manda inventarse acertijos, distracciones, escapatorias, embestidas o quejidos para que el personal se olvide y se atice. Vox, que a lo mejor tampoco quiere gobernar, no vaya a ser que nos demos cuenta de que no sabe, parece que también se quiere salvar o escapar con la frase matasuegras o matamoros. “Prioridad nacional” es eso, un eslogan, una frase de gorra o de peto, de azulejo o de botijo. Como eslogan está bien embutido, porque amarra la urgencia o la emergencia con lo “nacional”, que es una palabra que funciona como gatillo ideológico y emocional inmediato. La prioridad nacional, la legumbre nacional, la música nacional y hasta la morena nacional suenan ya nuestros, importantes, orgullosos, irrenunciables y trascendentes frente a lo minúsculo, lo personal, lo pueblerino, lo partidista o lo invasor. Lo que pasa es que, en democracia, es aplicable al grano, a la cerámica o al fútbol, pero aplicarlo al ciudadano ya sería discriminación, aquí y en Europa (en la China de Sánchez seguro que no).

 

Vox está con la manga churrera o de bombero de los palabros gruesos y los conceptos chorreantes porque ahora se encuentra en la delicada situación, quizá existencial, de tener que elegir entre el populismo antisistema y ser un partido de gobierno. Yo creo que, simplemente, ha escogido la opción más cómoda pero más complicada, que es querer ser las dos cosas a la vez, quizá porque aún no sabe qué ser. Por los salones, firma con el PP acuerdos de gobierno, y, por las esquinas, sigue siendo ese populismo de verborrea, desahogo y tentetieso. Lo de la “prioridad nacional” es una frase de toldillo, como de ferretería española, pero choca con la Constitución, con nuestras leyes y con las europeas, porque aunque los extranjeros no tengan todos los derechos que tienen los españoles, sí mantienen un núcleo importante de ellos. Incluso si en los papeles con el PP, que parecen ya papeles papales, de tanto tiempo y tanta teología gastadas en ellos, se exige lo imposible, no podrá llevarse a cabo. Pero, mientras, en la calle y en los medios, los de Vox pueden seguir quedando como españolazos cimarrones, dándole a la demagogia como a la coz.

Vox tiene ahora dos necesidades, cree uno, y va a intentar satisfacerlas desdoblándose o contradiciéndose. La primera necesidad es la económica, que me parece a mí que haber perdido a Orban ha sido mucho más que perder una referencia, ha sido perder el padrino del aguinaldo, del duro de domingo o del caramelo de domingo, sacado de esos monederos de padrino que son como maletines de médico del Oeste. Vox necesita pisar moqueta, necesita medallones y macetones autonómicos, sillas de mesonero en los cabildos, necesita gobernar o al menos estar donde se gobierna, siquiera dándole a un botafumeiro o desembolando toros. La otra necesidad es mantener a su votante entre ilusionado y cabreado, más cabreado que ilusionado si puede ser, porque ya hemos dicho que sus imposibles siguen siendo imposibles. Vox necesita llegar con votos y poderío a las generales, y eso intenta mientras espera que su gobernanza o desgobernanza no decepcione mucho. Casi todo lo que piden es irrealizable o folclórico, o sea que la decepción, esa decepción de todos los populismos, está asegurada y ellos lo saben. Como saben que el cabreo puede vencer a la decepción, y en eso andan.

La prioridad nacional de Vox resulta que es la prioridad nacional de Sánchez, que también sabe usar gatillos ideológicos y emocionales, y mejor que Vox

Lo de la “prioridad nacional” es un concepto inaplicable, sin significado y puramente sonoro, casi pastoril, lo que no significa que sea inútil. Otros conceptos que llegaron también así de la fábrica del sotanillo de Sánchez fueron y aún siguen siendo muy útiles. Lo curioso es que Sánchez le ha proporcionado a Vox el eslogan y el cabreo, y Vox le puede proporcionar a Sánchez la pieza, o sea el PP, más concretamente Moreno Bonilla. Yo creo que María Jesús Montero sólo está en Andalucía de feria, paseando el clavel altísimo como un farol de náufrago, y que la única esperanza de Sánchez, su verdadero candidato, es Vox. La regularización de Sánchez, caótica, esperpéntica, sin recursos, sin garantías, sin dinero, sin tiempo, y que además está llenando la propia calle de esa imagen de tribu en las calles que describe y quiere Vox; la regularización, decía, es el regalo, el duro de domingo, el aguinaldo de padrino que Sánchez le da a Vox. Sánchez está alimentando el miedo, la polémica y hasta el folclore de Vox con carne humana, que es aún más despreciable que hacerlo con los recursos que él no pone (al final, todo, los servicios y el caos, lo pagarán las autonomías).


La prioridad nacional de Vox resulta que es la prioridad nacional de Sánchez, que también sabe usar gatillos ideológicos y emocionales, y mejor que Vox. En realidad, Sánchez no se queda en el palabro, en la literatura, en el relato, porque para mantener ese relato tiene que intervenir carniceramente en la realidad. Cada relato de Sánchez destroza realmente el Estado, nuestros recursos, nuestra democracia, nuestros servicios, nuestro futuro. Cada vez que necesita un estribillo, un socio, una causa, un enemigo, una escapatoria, de los indepes a China, lo pagamos con realidad, a veces en dinero, a veces en libertad y a veces en libras de carne y sangre. La prioridad nacional, qué macabro, es lo que siempre han exigido los nacionalistas, los indepes, todos los socios de Sánchez (la prioridad identitaria), dándole la vueltecita sentimental, democrática, perversa. Aunque esto casi resulta romántico al lado de la prioridad puramente doméstica de Sánchez. Y la verdad es que les ha funcionado, a Sánchez y a sus socios. Decíamos que la prioridad nacional no se puede aplicar al ciudadano, que sería discriminación, pero las prioridades de Sánchez han conseguido discriminaciones, privilegios, mangazos, impunidades y hasta milagros sobrenaturales. Sí, quizá no sea la cosa tan imposible. Vox aún tiene la guía y la esperanza de Sánchez.

El asistente Pedro Sánchez contra la GENERAL AYUSO.

 El "nº 1" Sánchez lanza su último intento contra "la jefa" Ayuso: Óscar  López, ya candidato para Madrid | España

Por Juan Pardo Navarro

El piloto que sacó a Franco por los aires, esa cosa que quedó entre política, industrial y teológica, como la santa dormición de una grúa de Fomento, va a ser el representante militar ante Ayuso. Esto, más otras responsabilidades que tienen esos militares de vuelo de hormigonera y de tránsito angelical. No sabía uno que el piloto de aquel traslado o ballet celeste, de aquella ceremonia un poco egipciaca o de Indiana Jones, con sarcófagos volando, momias crujiendo, maldiciones resurgiendo y remolinos de ira divina y grava, es ahora nada menos que general de división. Usamos tan poco el Ejército que tenemos a los generales de conductores de funeraria o de limusina, por aprovechar el uniforme, o de gruistas, llevándose a un dictador igual que un palé de ladrillos. En realidad, cuando el traslado aún era coronel, que no deja de ser un rango muy elevado para llevar un helicóptero por la sierra, como lleno de montañeros. Quizá tenía que ser un coronel de aviación el que se llevara a un generalísimo de mesa camilla, bastante degradado ya por la historia y por el meneo, y así se simulaba un combate igualado y una revancha justa entre los Cielos sanchistas y los avernos fascistas. Lo mismo ahora se trata de que el general tenga otro combate con Ayuso, o de que se la lleve enganchada por el moño, que de otra manera Sánchez no puede.

Alfonso María Reyes Leis, entre general y chófer, entre héroe y operario, ha sido nombrado nuevo jefe del Mando Aéreo General del Ejército del Aire, que además implica ser representante institucional de las Fuerzas Armadas en Madrid y en Castilla-La Mancha (nuestros generales no se reparten continentes, potencias, cabezas de puente ni escuadrones de MiG, sino las tejas y las cigüeñas de las comunidades autónomas). Este cargo, este mando general del general, me parece a mí un poco como llegar al cielo de la aviación acarreando gavillas o llevando al jefe de obra, o sea con mucho mérito de obrero santo o de santo obrero más que de santo militar, matadragones o matamoros. No encuentra uno ahora si Reyes Leis ha llevado alguna vez al propio Sánchez en helicóptero bíblico, papal, justiciero, dragontino o wagneriano, pero desde luego estaba entre sus funciones y los helicópteros de su ala, ala VIP con helicópteros como de plumón, son los que suelen trasladar a los reyes, al presidente del Gobierno y a otros altos cargos cuando tienen que parecer ángeles que ya no hay o yupies que tampoco hay. Si fuera así, podríamos ver al general un poco como un Koldo de altos vuelos, un poco Koldo y un poco Hannibal Smith del Equipo A. Pero esto sólo se lo imagina uno, como se puede imaginar su misión secreta en Madrid.

 

Al general Reyes Leis a lo mejor lo han mandado a Madrid contra la generala Ayuso, que me parece un combate más interesante que contra la momia de encofrado de Franco y contra las prisas de montañero friki o de festivalero pijo de Sánchez (se fue en el Falcon a ver a The Killers yo creo que para hacerles competencia de pop star, sólo para bajar por el aire igual que Katy Perry). El 2 de Mayo ya está aquí y a Ayuso le gusta ir de mujer de bandera con bandera, de Margarita se llama mi amor, de hija del regimiento, de generala de zarzuela, con los soldados, los ayusers o simplemente los madrileños tirándole el capote y la gorra. Ayuso queda bien en las procesiones y los desfiles, con esa cosa suya de morena de relicario y celosía, con los pecados más castos o la castidad más pecadora, y de novia de la mili, entre la patria, la fidelidad y la pasión, con caricia y ojos de pasamanería. Eso se tiene o no se tiene, y por ejemplo no lo tienen Pedro Sánchez, que está en los desfiles como un ciprés, de mal agüero, o Margarita Robles, que está en los desfiles como una maestra de gimnasia, que se nota que manda pero en otra cosa, en algo que se parece pero no es lo mismo.

A Sánchez le pegan los desfiles como no le pega el Congreso. Y rabia con Ayuso, o con el rey Felipe, que se lo recuerdan constantemente

A Ayuso ya no le quieren poner soldados el 2 de Mayo, no porque no pegue sino precisamente porque le pega demasiado, que es como si le pusieran tunos. Aunque no se trata de si a Ayuso le pega ir de muñeca legionaria o de cupletera con bandera. Lo que pasa realmente es que todavía no hemos normalizado la presencia militar en los actos institucionales, que a algunos les sigue pareciendo una amenaza o un desafío al poder civil. Eso de que un desfile o una salva, con o sin dama de justa, con o sin generala con encaje y banda, parezca que llama al tejerazo o al porrazo no es una opinión democrática sino al contrario, antidemocrática. El Ejército cumple una función constitucional y su presencia sólo recuerda esa función, que no está mal recordar, por cierto. Los militares ya no son guardianes de alegorías ni de purezas, los generales al final obedecen al Gobierno y no a las sombras ojivales de los cuartos de banderas, y no van a formar un batallón malasañero tras Ayuso aunque le echen piropos de recluta. No es que los militares no sepan estar en las celebraciones institucionales, es que son algunos políticos los que no saben estar en lo institucional, que es lo que le pasa al sanchismo.

 

Un general con helicóptero como con pajarita, un general que se llevó a Franco como el que va a vaciar un cenicero de Cinzano, va a representar a las Fuerzas Armadas ante Ayuso, que en principio, aunque curioso, es lo normal, lo institucional, lo educado. No pasa nada porque el general se ponga al lado de Ayuso con tacón y bandera (Ayuso, no el general), y hasta le rinda honores, que me parece una bella manera de recordar que los militares están sometidos al poder civil. Yo no voy a pensar que el general viene en misión sanchista, que los militares hacen política o complot en vez de recibir, simplemente, órdenes, que es lo que piensan en la izquierda. Yo lo que pienso es que Sánchez ya no puede ser institucional, ni ante un batallón de infantería ni ante un batallón de operarios de Renfe, ni ante las rotondas con artillero ni ante los leones de Ponzano, ni ante una verbena ni ante los jueces.

A Sánchez no es que no le pegue lo castrense, es que no le pega la democracia. No le pegan los desfiles como no le pega el Congreso. Y rabia con Ayuso, o con el rey Felipe, que se lo recuerdan constantemente, creo yo, no porque sean generales o generalas, o más o menos pintureros al sol de las cornetas, sino porque no contradicen la simbología con los hechos. En realidad, lo de Ayuso sólo es estética, que igual que una plaza con soldados, como un tren con soldados, le pegaría un cántaro de aceite o un cura enamorado de ella. Si Sánchez ha enviado a su general contra una generala, es que no ha entendido nada.

La líder venezolana y nobel de la paz, María Corina Machado en Madrid y Barcelona con honores de Jefa de Estado.

 

María Corina en Madrid (y Sánchez con chándal de Maduro)

María Corina en Madrid (y Sánchez con chándal de Maduro)
La líder opositora venezolana y nobel de la paz María Corina Machado | EFE

Vamos a tener en Madrid a María Corina Machado y en Barcelona la cumbre mundial progre, esa especie de fiesta de cumpleaños con amigos y piñatas que se ha montado Sánchez para que le hagan líder del mundo retroizquierdista, un honor que uno imagina que viene con tocado o chándal de guacamayo (se podría poner la camiseta de la selección debajo o encima). María Corina viene de gira por España y Europa, después de andar un poco perdida u olvidada en sus gestas y su lucha, como si en vez de premio Nobel fuera una medallista de patinaje. Trump entró en Venezuela como un ladrón de gallinas y se llevó a Maduro con su chándal de guacamayo original, pero dejó a Delcy, o sea dejó intacto el régimen. María Corina no está pues de paseo triunfal, en carroza de patinadora o de astronauta, sino que sigue luchando porque sospecha, como muchos, que un bolivarismo sumiso, con diezmo de petróleo, puede ser más conveniente y sencillo que una democracia escéptica (Trump, que está majareta, está volviendo escépticos incluso a los suyos). Mientras María Corina intenta de nuevo explicar la democracia, y que no se olvide la democracia, las izquierdas fetichistas, retóricas, folclóricas y plumíferas no sé si le pedirán a Sánchez que sea el nuevo Maduro (“no war, yes peace”), pero él seguro que lo espera.

María Corina viene a Madrid, ciudad que ha visto huelgas, proclamaciones, asonadas, fascismo, checas, reyes cojoncianos, reinas cluecas y hasta un rey de la izquierda que no es ni de izquierda ni de nada, sino de lo suyo. O sea que espero que la líder opositora venezolana explique bien, a los suyos y a los nuestros, la democracia, la verdadera necesidad de democracia, ante esos romeros de la izquierda de Barcelona o de siempre. Almeida le dará una llave de oro, como un elfo, y Ayuso una medalla de oro, como una maestra de gimnasia, pero al que no va a ver va a ser a Sánchez. No porque Sánchez no quiera el posado con una nobel de la paz (seguro que le sale algo de colegueo de aspirante al mismo honor o de envidioso de ese honor), sino porque ha dicho la propia Machado que nuestro presidente, campeón de la democracia entre dudosos demócratas, ostentosos totalitarismos y ministros que atacan con lanzallamas a los jueces, ahora “no le conviene a la libertad de Venezuela”. En realidad, era más probable que Trump coronara a Zapatero como virrey o adelantado, y hasta a Koldo, que a la propia María Corina. El régimen que sobrevive en Delcy sobrevive también en la Moncloa, con su puente aéreo y hasta su zapatófono rojo, que seguro que había zapatófono, y rojo.

María Corina va a hacer lo suyo, una gira como de reivindicación y recordatorio, que ella no se ha retirado de la política ni del patín y Venezuela sigue esperando la transición democrática entre vasallajes y peloteos a Trump (el régimen podría salvarse a base de suficiente petróleo y suficiente peloteo). Es curioso, y aterrador, comprobar que hasta Kissinger recordaba la brújula ética, democrática, civilizadora de Estados Unidos en su política exterior, aunque colocara dictadores de gafas con nariz y aventara guerras de surf y napalm, pero Trump no tiene problema en pedir petróleo si quiere petróleo, lantánidos si quiere lantánidos, o la luna de Groenlandia si la otra está todavía muy lejos. Asumir que a Trump le interesa la democracia en Venezuela es lo mismo que asumir que le interesa la democracia en Irán, una ingenuidad e incluso una mala apuesta. María Corina, en la Puerta del Sol o en el Elíseo, recorriendo Europa como una pinacoteca (Europa es realmente una pinacoteca más que un ideal), quiere insistir y presionar para que haya elecciones libres pronto, antes de que a Trump le dé otro aire y antes de que el poschavismo encuentre el camino entre la supervivencia y el sometimiento.

En América aún hacen caso a los marxistas de quinta vuelta, a los populismos con tres sombreros, a los demagogos con cuatro frases. Es ahí donde Sánchez busca su cetro

María Corina va a hacer lo suyo en Madrid, entre sus diosas y vecindonas con alas y cerbatanas de las cornisas, y Sánchez va a hacer lo suyo en Barcelona, entre sus hogueras modernistas y sus hogueras reaccionarias (la izquierda ya no es progresista sino reaccionaria, ya lo explicó Félix Ovejero). A la cumbre, cumpleaños o fiesta de pijamas folclóricos de Barcelona van a acudir, entre otros, Petro, Lula y Sheinbaum, que son la nueva trova de la vieja trova de siempre, cantautores de la revancha y la miseria, esa izquierda pajarera de pueblos más que de ciudadanos, de palomas más que de prosperidad y de pasado más que de futuro, todavía echándoles las culpas de lo suyo a los reyes con peluca y a los contramaestres de los galeones. Yo creo que son los que importan, que la izquierda en Europa está en declive o en retirada, salvo la reacción anti-brexit en el Reino Unido. Quiero decir que sin el SPD, hundido, con la izquierda italiana reducida a mirones de mirilla y con el PS francés perdido en una macedonia frentepopulista, lo que quedan son socialismos como macedónicos. O socialismos de tramposo, como el nuestro. Es en América donde aún hacen caso a los marxistas de quinta vuelta, a los populismos con tres sombreros, a los demagogos con cuatro frases. Es ahí donde Sánchez busca su cetro, su supervivencia o su esperanza.

En Madrid, en un pícnic en la Puerta del Sol, como de majos, María Corina se va a dirigir a los venezolanos de aquí, a los que yo he visto alguna vez bailar y llorar como niños alegres y tristes, pero también se va a dirigir a toda España y a toda Europa. La esperanza de Venezuela es la esperanza de muchos, y la perspectiva de Venezuela es la enseñanza de muchos también. Al otro lado de España y de la historia, en Barcelona, en una jaula de grillos, todavía con púrpura china en los párpados y jueces en la chepa, Sánchez volverá a hablar de democracia entre populismos y peronismos, entre indigenismos y refranismos, que es justo lo suyo. Con la maraca de la derecha y la ultraderecha, con el guitarreo bongosero de la paz (“no war, yes peace”), Sánchez espera que pronto le pongan el chándal de Maduro como un poncho ceremonial. En América están sin Maduro y se van a quedar sin Cuba, y en Europa los izquierdistas de suscripción y los de revolución vuelven a caber en una diputación provincial o en un bar de altramuces y regüeldos. Pronto ya sólo les quedará el sanchismo, que no es izquierda (ni es nada) pero sobrevive en la miseria, en la mentira y en el carnaval todavía mejor.

Podemos, vía Pablo Iglesias, al rescate de Cuba.

 

Pablo Iglesias en el monumento a José Martí, en La Habana.
Pablo Iglesias en el monumento a José Martí, en La Habana. | CanalRed

Creo que hemos prestado poca atención a la aventura de Pablo Iglesias en Cuba. El fundador de Podemos ha ido a la isla como enviado especial de Canal Red –el medio de su propiedad que a partir de ahora difundirá también la capitalista Movistar Plus– y, sobre todo, como referente político de la izquierda revolucionaria global.

Iglesias no ha llegado a La Habana como un balsero, sino en avión, como un turista, y se ha hospedado en un lujoso hotel en el centro de la ciudad. En realidad, él es un invitado del Gobierno cubano, a cuyo presidente, Miguel Díaz-Canel, ha entrevistado para su medio.

El no se enroló en la flotilla Nuestra América, que salió de México la semana pasada y aún no ha atracado en Cuba. Su misión es más elevada y consiste en insuflar ánimos al pueblo cubano para resistir... a la ofensiva imperialista. "Patria o muerte: Venceremos", es el lema ya descolorido que puede leerse en algunas fachadas habaneras.

Tanto Cuba como Estados Unidos han reconocido que existen conversaciones para poner fin a un régimen que se instauró el 1 de enero de 1959. La dictadura castrista, que sustituyó a la dictadura de Fulgencio Batista, lleva ya más de 67 años oprimiendo a un pueblo que ahora no tiene ni luz, ni gas, ni petróleo, ni medicinas, ni alimentos. Un final negociado es lo que menos le puede gustar a un revolucionario como Iglesias.

Tras la pérdida de la alianza con la URSS, con la llegada de Gorbachov, a Fidel Castro sólo le quedaban como aliados las dictaduras latinoamericanas, y, en la última etapa, la Venezuela de Hugo Chávez, que intercambiaba petróleo por médicos, en un trueque que permitía al régimen malvivir.

Iglesias no puede soportar que Cuba y Estados Unidos lleguen a un acuerdo: sería tanto como renunciar a un sueño

Una vez que se cortó el grifo venezolano, Cuba, ya en estado crítico, ha colapsado. Los apagones son periódicos y cada vez duran más. El turismo –principal fuente de ingresos del país– se ha hundido, y la producción de caña o níquel está en mínimos precisamente por la escasez de energía.

Ya ha habido movilizaciones contra el Gobierno, a pesar de la dura represión, e incluso se ha intentado el asalto de alguna sede del todo poderoso y único Partido Comunista.

Protestar en Cuba sale muy caro. Hay en estos momentos más de 1.000 presos políticos entre una población de 10 millones escasos. En ese aspecto, la tasa cubana sí es una de las más elevadas del planeta.

Pues bien, ese es el país al que admira Iglesias y el régimen que quiere perpetuar como faro para la izquierda latinoamericana y, por qué no, también europea.

Le preguntó Iglesias a Díaz-Canel por la muerte de los cubanos que hacían de guardia de seguridad de Maduro, y el mandatario, emocionado, alabó su rol como centinelas de confianza del dictador venezolano. Su celo sirvió de poco. Tras las muerte de los héroes, en La Habana se celebró una masiva manifestación a las puertas de la embajada de EEUU. Esos caídos en Caracas también son un símbolo de la resistencia cubana. El propio Díaz-Canel pronunció un discurso de homenaje vestido de militar verde oliva.

Pero Iglesias no le preguntó a Díaz-Canel por los presos políticos que se pudren en las cárceles cubanas –me temo que no le interesa la vida de los 'gusanos'–, ni tampoco por las negociaciones con Estados Unidos, ni por la posibilidad de que algún día los cubanos puedan expresarse libremente y votar al partido que quieran, o leer un periódico distinto al Granma.

Los cubanos, la mayoría de los cubanos, quieren un cambio. Poder viajar, trabajar por un sueldo digno, tener un estado de bienestar como el que disfrutan los países capitalistas de Europa. Pero esa perspectiva no le interesa a Pablo Iglesias. Eso sería la derrota del castrismo. La derrota de un sueño.

Para Iglesias (como para una parte importante de la izquierda española), Cuba representa la resistencia al imperialismo yanqui; la victoria frente a la invasión de la bahía de Cochinos; la abolición de la propiedad privada. Es decir, lo que él querría para España.

¿Cómo va a cuestionar Iglesias a Fidel Castro o al Che Guevara, si han sido sus mitos desde que empezó a militar en política cuando era un adolescente?

Todavía algunos se preguntan por qué esta izquierda tiene tan malos resultados electorales. Por qué ya no les votan ni los jóvenes. La respuesta está en La Habana. Su ideal revolucionario acabó en pesadilla. Sólo quedan las banderas, los burócratas y el hambre del pueblo.

La izquierda en España se queda sin votantes y sin sentido que lo ampare.

 España adelanta por la izquierda”, lema del 41º Congreso Federal del PSOE

Las elecciones en Castilla y León le han salido bien a Pedro Sánchez. Empatar ya se hubiera considerado un éxito en Ferraz, comparando ese resultado con el de Extremadura y Aragón. Pero el PSOE ha conseguido subir dos escaños en relación a los comicios de 2022. ¿Ha sido por el No a la guerra? Probablemente esa movilización extra le haya ayudado, pero la clave de la subida ha sido la desaparición en las Cortes castellanoleonesas de los partidos a su izquierda: Podemos y Sumar (que se ha presentado con IU y los Verdes). Entre las dos candidaturas no han logrado ni la mitad de los votos que hace cuatro años.

Mientras que Sumar se hundía, Yolanda Díaz -ministra de Trabajo, vicepresidente y ex líder del movimiento- se marchaba a Los Ángeles para ver la ceremonia de los Oscar. Todo un símbolo para esta pijo izquierda que se ha olvidado de pelear en el barro para conseguir votos y que se ha dedicado a vivir bien a costa de los votos que tenían. Cada vez menos, por cierto.

En Ferraz y en Moncloa, por contra, estarán felices porque creen que, ahora sí, han conseguido cambiar la tendencia de sonados fracasos que venían cosechando desde hace tiempo. Otro que estará feliz es Rodríguez Zapatero, que se ha sumado con entusiasmo a una campaña que a él le ha hecho recordar aquellos momentos de 2003 y 2004 que le llevaron a la Moncloa -contra pronóstico- bajo la consigna del No a la guerra y tras el atentado del 11-M.

Pero ¡ojo!. El que ha ganado las elecciones en Castilla y León ha sido el PP, que ha conseguido dos procuradores más que hace cuatro años. Es decir, que Mañueco ha crecido más que Guardiola en Extremadura y Azcón en Aragón. A pesar de la subida del PSOE, el PP sigue manteniendo una ventaja de tres escaños y consigue 55.000 votos más que los socialistas.

El buen resultado del PP obliga a Vox a negociar con un poco de humildad

El partido que no habrá tenido una buena noche es Vox. ¡Y eso que ha ganado un escaño! El problema ha sido que las expectativas eran muy altas, impulsadas por unas encuestas que le daban incluso 18 procuradores y más del 20% de los votos. ¿Qué ha pasado? La campaña de Abascal ha sido buena, ha llenado las plazas, ha provocado entusiasmo entre los jóvenes. Pero hay dos elementos que le han perjudicado: en primer lugar, su empecinamiento en no pactar con el PP; en segundo lugar, las pugnas internas han desgastado la imagen de su partido.

Ahora Abascal se tendrá que sentar a negociar los pactos en Extremadura, Aragón y Castilla y León, y lo tendrá que hacer con un poco de humildad, porque los votantes de derecha lo que le han vuelto a decir es que el partido que prefieren para gobernar es el PP. Vox sigue siendo un partido gregario, fuerte, pero sin opciones de gobierno.

Los dos grandes partidos salen fortalecidos, y el único partido localista que mantiene su fuerza es UPL.

PP y PSOE juntos suman 66 escaños y más del 61% de los votos. Pero, por otro lado, el bloque de la derecha suma 47 escaños y más del 55% de los votos. Esa también es otra lectura de unas elecciones que no han significado cambios sustanciales, pero que han dejado en mal lugar a algunas empresas demoscópicas.

Quién es José Antonio Kast, nuevo presidente de Chile? No niega su referente en Pinochet, Hitler,...

 

José Antonio Kast saluda con la banda presidencial de Chile durante la ceremonia en que asumió el gobierno

Fuente de la imagen, AFP via Getty Images .

Que José Antonio Kast presida Chile era algo impredecible incluso para sus amigos más cercanos hace algunos años.

 No era fácil imaginarse que iba a ser candidato", dice Rodrigo Pérez Stiepovic a BBC Mundo al recordar cuando Kast y él iniciaron juntos la carrera de Derecho en 1984 y se volvieron íntimos hasta hoy.

El propio Kast ha relatado que, la primera vez que pensó en ser presidente, le preguntó a otro amigo si podría lograrlo y obtuvo una respuesta poco alentadora: "No, te volviste loco".

Sin embargo, Kast asumió el cargo este miércoles luego de ganar el balotaje de diciembre como candidato opositor, para convertirse en el presidente más derechista de Chile desde el fin de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990).

Kast llegó a la cima del poder de su país tras dos intentos fallidos.

En las elecciones de 2021 perdió por 12 puntos porcentuales el balotaje ante el presidente saliente de izquierda, Gabriel Boric, y en las de 2017 consiguió apenas el 8% de los votos.

El gobierno de Kast tendrá entre sus prioridades la seguridad y el control de la inmigración, temas centrales de las elecciones en las que derrotó holgadamente con el 58,2% de los votos a la candidata comunista Jeannette Jara.

La trayectoria política y el mandato que inicia este abogado católico, comparado con líderes de otros países como Donald Trump, Javier Milei o Nayib Bukele, marcan una nueva etapa en la derecha chilena.La referencia de Pinochet

Nacido hace 60 años en Paine, una comuna ubicada en la región metropolitana de Santiago, Kast es el menor de diez hijos de un matrimonio de alemanes que emigró a Chile después de la Segunda Guerra Mundial.

El pasado de su padre, Michael Kast, durante ese conflicto bélico ha sido motivo de controversia.

José Antonio Kast saluda tomado de la mano con su esposa, María Pía AdriasolaPie de foto, Kast está casado con la abogada María Pía Adriasola, con quien tuvo nueve hijos.

Kast ha dicho que su padre se alistó por obligación en el ejército alemán para evitar un posible juicio militar y fusilamiento.


"La historia familiar nuestra es lo más distante que alguien se puede imaginar del nazismo", afirmó en la campaña de 2021.

No obstante, investigaciones periodísticas posteriores indicaron que Michael Kast fue miembro del partido nazi de Adolf Hitler a los 18 años, según un documento de 1942 del Archivo Federal en Alemania.

Si bien podría haber dudas sobre si se trata de la misma persona, el lugar y fecha de nacimiento coinciden con los del padre del candidato chileno.

Casado con la abogada María Pía Adriasola, con nueve hijos y próximo al movimiento católico conservador Schoenstatt, Kast también ha rechazado la etiqueta de "ultraderecha" que suelen ponerle.

Sin embargo, ha defendido el régimen militar de Pinochet y llegó a decir que si éste estuviera vivo habría votado por él.

Una taza con la imagen de Augusto Pinochet se apoya sonbre otra con el rostro de José Antonio Kast en un comercio de Santiago de Chile.

Su hermano mayor, Miguel Kast, fue ministro y presidente del Banco Central del gobierno militar, en el cual hubo graves violaciones de derechos humanos como torturas, asesinatos o desapariciones de miles de personas.

Kast ha negado avalar ese tipo de abusos, aunque también causó polémicas desde su primera candidatura presidencial al decir, por ejemplo, que "en el gobierno militar se hicieron muchas cosas por los derechos humanos de otras personas".También sostuvo que, a diferencia de lo que ocurre en Cuba, Venezuela y Nicaragua, con Pinochet en Chile hubo una "transición a la democracia".

"Lo que (Kast) valora es ciertos avances y cierto desarrollo que se produjo en el gobierno de Pinochet", explica Pérez, quien ahora será el principal asesor jurídico del flamante presidente. "No hay extremismo para nada: no hay ni fascismo, ni es antidemocrático en mi opinión".

Pero, sobre todo para las víctimas del régimen de Pinochet, el triunfo de Kast revive fantasmas del pasado que parecían caducos.

Una derecha "nueva"

La carrera política de Kast empezó cuando estudiaba en la Universidad Católica, donde participó del Movimiento Gremial fundado por Jaime Guzmán, un colaborador de Pinochet y redactor de la Constitución vigente desde 1980.

Después fue concejal y diputado por la derechista Unión Democrática Independiente (UDI), también fundada por Guzmán, quien fue asesinado siendo senador en 1991.

Kast se alejó de la UDI argumentando que debía dejar lo "políticamente correcto" y fundó el Partido Republicano chileno por el que fue candidato en las últimas dos elecciones.

Aunque perdió con Boric en 2021, tras el estallido social en el país, y sufrió otra derrota electoral con el rechazo a la propuesta de reforma constitucional que impulsó en 2023, su movimiento político mostró vigor en las últimas elecciones.

"Kast ha tratado de representar una derecha 'nueva', lo que yo llamo la derecha nacionalista populista", dice Robert Funk, politólogo de la Universidad de Chile, en diálogo con BBC Mundo.

Y añade que el presidente electo "ha tratado durante estos años de acercarse a otros modelos que hemos visto en distintas partes del mundo" como el presidente estadounidense Trump, el argentino Milei, el salvadoreño Bukele y el primer ministro húngaro, Viktor Orbán.

Gabriel Boric entrega la banda presidencial a José Antonio Kast

Fuente de la imagen, AFP via Getty Images

Pie de foto, La transición del gobierno de Boric a Kast tuvo momentos de tensión poco comunes para la democracia chilena.

Kast felicitó a Trump vía redes sociales por su elección de 2024, que definió como "un nuevo triunfo de la libertad y el sentido común".

En la campaña del año pasado dijo que, si el mandatario de EE.UU. le planteaba que pensaba invadir Venezuela, le respondería: "Proceda".

El pasado sábado, Kast y Trump se encontraron por primera vez en persona, en el marco de la cumbre de Escudo de las Américas en Florida, ocasión que el mandatario chileno aprovechó para celebrar la operación militar que terminó con la captura de Maduro.

Kast propone encabezar un "gobierno de emergencia", con medidas centradas en temas de migración y seguridad pública, un tema que, según algunas encuestas, encabeza las preocupaciones de los chilenos pese a que los índices de violencia del país son menores que otros en la región.

Una de sus promesas es instalar rejas o zanjas en las fronteras de Chile con Bolivia y Perú para impedir el paso de inmigrantes irregulares, como el presidente de EE.UU. hizo en el límite con México.

Y ha dicho que quiere generar más autodeportaciones de extranjeros indocumentados que Trump.

Kast también reivindica el modelo de "mano dura" de Bukele, cuya megacárcel en El Salvador visitó el año pasado para conocer cómo funciona, pese a las denuncias de violaciones de derechos humanos allí.

"Necesitamos más Bukele y menos Boric", sostuvo en esta campaña.

En el plano económico, las propuestas de Kast tienen similitudes con las de Milei: propuso un drástico ajuste fiscal de US$6.000 millones en 18 meses bajo el eslogan de "recortar el gasto político", pese a las dudas sobre su viabilidad.

Uno de sus principales asesores publicó en la campaña un artículo con expresiones propias del presidente argentino, como "casta política" y "parásitos del Estado", lo que generó molestias hasta en la centroderecha que gobernó Chile en el pasado.

Pero Kast lo respaldó y dijo que, si él hubiese escrito esa columna, "podría haber sido más dura".

Y en septiembre, cuando el expresidente brasileño Jair Bolsonaro, aliado ideológico, fue condenado por intento de golpe de Estado, Kast sostuvo que hay jueces en ese país que actúan con ideología política.

Luego de recibir la banda presidencial este miércoles, Kast saludó con un afectuoso abrazo a Milei.

A la ceremonia también fue como invitado el senador brasileño Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente ultraderechista y posible rival en las elecciones de este año en su país del mandatario izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva, quien a última hora canceló su viaje a Sanitago alegando problemas de agenda.

Otros jefes de Estado de la región, así como el rey Felipe VI de España, participaron del acto.

"¿Cómo que no se puede?"

Funk evita cuestionar el compromiso de Kast con la democracia, "pero más que nada porque se da cuenta que no hay agua en esa piscina".

"Él sigue defendiendo la dictadura y todo eso, pero creo que entiende que hoy en día en Chile sugerir de alguna forma que estaría dispuesto a transar con eso sería el fin de su campaña", señala el politólogo.

Kast tampoco ha sembrado dudas sobre la fiabilidad del sistema electoral de su país, como sí hicieron Trump o Bolsonaro, y al ser derrotado en el balotaje de 2021 llamó a Boric para felicitarlo "por su gran triunfo".

Sin embargo, la transición al gobierno de Kast tuvo tensiones insólitas para la democracia chilena por diferencias planteadas por el nuevo presidente sobre cómo manejó el gobierno de Boric un proyecto chino para instalar un cable de fibra óptica entre Asia y Chile, al que EE.UU. se opone.

gráfico de cómo quedó la cámara de diputados en chile luego de las elecciones.

Pérez, el amigo de décadas de Kast, sostiene que éste "es más racional y moderado en la forma de expresarse en contra de sus adversarios" que Trump o Milei.

A diferencia de estos, que llegaron al poder como outsiders, Kast lleva décadas en la política.

En la última campaña, intentó dejar en un segundo plano temas de la "guerra" cultural que planteó en las elecciones pasadas, como su oposición al aborto o a que exista el ministerio de la Mujer.

Los analistas creen que el candidato buscó así atraer el voto femenino que le fue esquivo antes.

Sin embargo, esto le valió críticas conservadoras.

Kast agita la bandera de Chile en un acto de campaña

Fuente de la imagen, AFP

 Cuando en un debate entre candidatos de la primera vuelta un periodista le preguntó si mantiene su férrea oposición incluso a que se venda libremente en farmacias la píldora anticonceptiva "del día después" de una relación sexual, Kast respondió de forma indirecta.

"Tengo las mismas convicciones de defensa a la vida desde la concepción hasta la muerte natural", dijo en dos ocasiones.

Su esposa relató en 2017 que, tras tener su segundo hijo, buscó controlar la natalidad y un médico le recetó pastillas anticonceptivas. Pero su marido se opuso al enterarse: "¿Estás loca? No se puede", le dijo Kast, por ser algo ajeno a los valores de la Iglesia católica.

"¿Cómo que no se puede? Si todas mis amigas lo hacen", contó Adriasola que le respondió a su marido.

Entonces fueron a preguntarle a un cura, que los derivó a otro médico que hablaba del "método natural", en referencia a la abstinencia sexual durante el ciclo fértil.

En las elecciones en Chile y de otros países latinoamericanos suele haber un movimiento pendular entre izquierda y derecha, que en este caso favoreció a Kast.

El nuevo presidente nombró un gabinete sin gran experiencia de gobierno que incluye a dos exabogados de Pinochet como ministros de Defensa y Justicia, y al economista ultraliberal Jorge Quiroz en Hacienda.

El otrora candidato improbable para sus amigos inicia la presidencia que tanto buscaba con el desafío de lograr el respaldo del variopinto campo conservador chileno para impulsar su agenda en un Parlamento dividido.

Línea gris

VOX, una secta franquista al servicio del PSOE que ciega el intelecto humano de los españoles, ¿Qué pretende?

 Vox y los restos de Franco - The New York Times

Si usted desea ganar mucho dinero, o usted anhela un gran poder, me temo que no puedo ayudarle. Nunca he sabido muy bien cómo conseguir esas cosas. Ahora bien, si lo que usted ansía es la fama, tengo un método rápido que ofrecerle aquí. Aunque quizá ya lo tenga intuido.

A veces he sopesado usarlo yo mismo. ¿Quiero una ronda de entrevistas en todas las televisiones? ¿Quiero amplias entrevistas en nuestros periódicos? ¿Quiero que me abran un espacio en las radios nacionales? El procedimiento es sencillo.

Lo primero que debería hacer es afiliarme a Vox. Eso, por supuesto, no será noticia alguna: el partido se halla en máximos históricos de militantes; según la prensa (nunca simpatizante suya) hace seis meses rozaba ya los 70.000 carnés. Pero este es el paso previo, imprescindible, para lo que vendrá después.

Una vez ya afiliados a Vox, lo siguiente que tendríamos que hacer usted o yo es tratar de medrar en el partido. Este es el paso más complicado, claro. De hecho, hay numerosos despechaditos de Vox —el ejemplo más palmario tal vez lo constituya Javier Ortega-Smith— que consideran que tal partido debería funcionar como el funcionariado más carca: un empleo donde solo cuente, como mérito, tu antigüedad. (Es probable que Ortega-Smith recurra a este criterio por el evidente beneficio que le reportaría: como él lleva desde 2014 en la formación, entonces él habría de gozar de todo privilegio sobre cualquiera que haya llegado después).

Por fortuna, empero, la «tesis Ortega-Smith» es minoritaria en Vox. Y bien que esto le cunde. El predominio del voto a Vox es tan arrasador entre los jóvenes, que resultaría estúpido negarse a incorporar a jóvenes valores a sus mandos, solo por el hecho de que todavía fueran adolescentes allá por 2014. Esta semana hemos conocido que, incluso, el secretario general de las Nuevas Generaciones del PP, Carlo Angrisano, ha pedido el voto para Vox. Es ley de vida. (El Partido Popular lidera el voto entre los jubilados, como consolación).

«Grite que se va de Vox porque no le van a renovar como concejal y eso indica una patente ausencia de democracia interna»

Y bien, volviendo a nuestro método para alcanzar la fama: decíamos que, tras afiliarse a Vox, usted debería procurarse algún cargo, aunque fuera como concejal de alguna pedanía ignota. No se preocupe mucho por la entidad de tal puesto: la fama no se la dará esa tarea. De hecho, aunque usted consiguiera que la citada pedanía ignota fuera seleccionada entre las pedanías más atractivas por National Geographic y The Economist a la vez, resulta improbable que, siendo afiliado de Vox, usted obtuviera entonces alguna gloria pública. La clave para ser famoso, para que le entrevisten en todas partes y para que hablen de usted en toda tertulia, viene justo después.

Pues he aquí el tercer paso y el más importante: usted debe, al cabo de un tiempo, abandonar Vox. Y debe, eso sí, anunciarlo de modo estentóreo. No importa que sus motivos sean contradictorios. Grite, por ejemplo, que se va de Vox porque no le van a renovar como concejal pedáneo de Vitigudino de Arriba y eso indica una patente ausencia de democracia interna. No se preocupe: ningún periodista le planteará la pregunta, por lo demás obvia, de por qué es poco democrático que Vox no le renueve como concejal, pero sí fue muy democrático que Vox le colocara como tal.

Lo sé, lo sé: si usted no sigue demasiado la actualidad política, sentirá usted de seguro desconfianza ante este método que le propongo para la fama. ¿Cómo es posible que sea tan fácil y tontorrón el procedimiento? Pero le aseguro que funciona.

Tomemos el ejemplo de la última salida de Vox, la de su candidato por la Región de Murcia. Es probable que usted no sea capaz de recitar su nombre y apellidos, cosa poco extraña, dado que ningún gran medio de comunicación le había entrevistado por extenso hasta hace pocos días. Es probable que esto se cumpla incluso si usted es murciano. Los políticos tienden a creerse que todo el mundo los conoce (digamos que les gusta creer que han alcanzado la fama antes de tiempo). Pero a mí hubo un dato que me sacó de ese engaño hace tiempo: en 2015, una encuesta en Castilla y León reveló que nada menos que al presidente de su Junta, que llevaba siéndolo desde 14 años atrás, aún resultaba desconocido para seis de cada diez castellanos y leoneses. Si esto le ocurre a todo un presidente autonómico, Juan Vicente Herrera, ¡imagínese usted, señor político, quién le conocerá si es usted un mero candidato, un mero diputado o un mero concejal!

«Solo dos o tres despechaditos conservan fama y titulares años después de abandonar sus cargos»

Volvamos no obstante al candidato de Vox por Murcia: desde que la dirección nacional de su partido le pidió dar un paso atrás —al parecer, por habérsele detectado irregularidades económicas que han ido saliendo estos días—, y él optó por agarrarse con uñas y dientes a su cargo cual toxicómano a una última jeringuilla, el lector atento habrá notado que su nombre y apellido figuran en todos los medios de comunicación de masas. Por fin es famoso. Escojo, además, su caso porque se trata de un antiguo baloncestista, que llegó a jugar en la selección nacional sub-16, sub-18 y sub-20: podría, en suma, haber alcanzado la fama antes. En especial porque, según se dice, fue expulsado del equipo nacional por su mal comportamiento de aquella época. Pero no: ha debido esperar a largarse de Vox para acariciar una fama auténtica. No se me dirá que no estoy proponiéndoles un método bien eficaz.

Llegados a este punto, es probable que usted, amigo lector, tenga dos objeciones bien razonables que hacerme. La primera es que la fama que le ofrezco es algo efímero, de usar y tirar; que sí, que tal vez durante dos días o incluso una semana se hable de usted si obedece el método que le he detallado. Pero que pronto pasará al olvido ante los nuevos casos de resentidos con Vox que llegarán tras usted; de hecho, solo dos o tres despechaditos de tal partido (Macarena Olona, Espinosa de los Monteros…) conservan fama y titulares años después de abandonar sus cargos.

Ante esta objeción he de darle toda la razón, mas también parafrasear a Andy Warhol: en nuestros tiempos, me temo que todos tenemos derecho a 15 minutos de fama, sí, pero solo durante esos 15 minutos. Lo que yo le ofrezco implica pues que, en lugar de 15 minutos, tal vez sean 15 horas las que aguante usted en el candelero. No se nos queje, vaya, en exceso ni a Warhol ni a mí. Es el signo de nuestra época. Vivimos en una civilización que confunde prestigio con notoriedad mediática. Los despechaditos son buen ejemplo de ello.

La segunda objeción que acaso usted desee ofrecerme es que el título de este artículo prometía hablar de los despechaditos de Vox… mas de momento solo hemos explicado cómo llegar a ser un despechadito más. ¿No cabe analizar un tanto el carácter, las obras, el espelde (como lo llamamos en Salamanca y Portugal) de estas despechaditas gentes? Aquí he de dar una vez más la razón a semejante protesta.

Dedicaré el resto de este artículo a tal asunto, pues. Y voy a acometerlo mediante el modo antiguo de hacer estas cosas: con tres modelos de personajes clásicos que nos ayudarán a entender los personajillos de hoy. Esos tres modelos son Calígula, Tiberio y Craso. Un trío de la vieja Roma, pero de lo más instructivo para la política de cualquier época.

1. Calígula o la obsesión por el poder

Lo hemos venido señalando en párrafos anteriores: muchos políticos sienten una adicción a la fama, al cargo, al poder (por minúsculo que este sea) que solo cabe comparar con el de los drogadictos por sus sustancias. Y esto no constituye una metáfora: representa lo que la neurociencia más reciente nos ha demostrado.

«El neuroquímico principal implicado en la recompensa del poder es la dopamina, el mismo transmisor responsable de producir una sensación de placer», explica Nayed Al-Rodhan, de la Universidad de Oxford. «El poder activa, pues, el mismo circuito de recompensa en el cerebro y crea un ‘subidón’ adictivo de forma muy similar a la adicción a las drogas. Como los adictos, la mayoría de las personas en posiciones de poder buscarán mantener el subidón que les provoca, a veces a toda costa… así como se opondrán con todas sus fuerzas a dejarlo».

Pocos personajes reflejan esa adicción al poder como el emperador Calígula. Al igual que todo toxicómano, no se conformó con el cargo más alto de todo un Imperio romano: necesitó dosis cada vez más altas. Así, llegó a imponer que se le tratara como si fuera un dios; obligó a que se le representara con los atributos de Júpiter, Neptuno o incluso Venus y Diana; exigió que las cabezas de sus estatuas se sustituyeran por la propia; ordenó que se le hicieran sacrificios similares. Incluso pretendió instalar una gigantesca estatua propia en medio del Templo de Jerusalén, si bien falleció antes de que se cumpliera tan explosiva ambición. Sí tuvo tiempo, empero, de declarar la guerra al dios del mar, Neptuno, para lo que exigió a sus soldados atacar las olas con sus lanzas o recoger conchas de la playa como botín de guerra. También nombró cónsul —en todo un ejercicio de poder ilimitado— a su caballo, Incitatus, para lo que le dotó de casa propia, sirvientes y vajilla de marfil. Un drogadicto nunca sabe dónde detenerse.

«¿Tiene sentido que años después de haber salido de Vox sigan hablando solo de Vox?»

¿No nos recuerdan muchos despechaditos de Vox esa adicción de Calígula, ese síndrome de abstinencia que nos describen tanto la neurobiología como Nayed Al-Rodhan? ¿Tiene sentido que años después de haber salido de Vox sigan hablando solo de Vox, un poco como algunos maniáticos adolescentes se quedan años estancados en su primera novia?

La contradicción resulta patente, además, cuando solo despotrican de ese primer noviazgo, pero se niegan a pasar página, avanzar con su vida y olvidarse de él. Algo que de nuevo recuerda al toxicómano con síndrome de abstinencia: ese que lo mismo nos reitera cuánto le dañaban las drogas, como se confiesa incapaz de olvidarse de ellas.

2. Tiberio o la fosa del resentimiento

Para entender mejor a esos despechaditos que vuelven una vez y otra a hablar de ese partido que en teoría aborrecen, puede sernos útil otro emperador romano: Tiberio Julio César Augusto​. Al cual Gregorio Marañón dedicó un libro delicioso titulado Tiberio: historia de un resentimiento.

Ahí se explica bien la diferencia entre estar resentido (como Tiberio) o tener algún rencor, como puede ocurrirnos a cualquiera. Un rencoroso se sentirá herido, sí, pero si algún día lograra devolvérsela a aquel que le hirió, o (mejor aún) le perdonara, ese rencor quedaría saciado. Desaparecería. Y dejaría de acongojarle a él, al rencoroso.

«El resentido cree que la vida lo ha tratado mal y por eso él quiere tratar mal a la vida»

El resentido, por el contrario, acaba por no sentir rencor hacia nadie concreto, sino hacia todos y hacia ninguno. El resentido cree que la vida lo ha tratado mal y por eso él quiere tratar mal a la vida. Su tarea, por tanto, nunca culmina. Puede maltratar a los demás, pero sobre todo maltratarse a sí mismo, atribulado por un deseo de venganza que nunca sacia, que le ocupa el resto de su existencia.

Así le acaeció al emperador Tiberio: ni al llegar a tal cargo pudo calmar su resentimiento, sus heridas, sus obsesiones con lo mal que le habían tratado antes de instalarse ahí. Y por ello siguió resentido hasta sus días finales de desenfreno en Capri. Murió como un despechado. Y por eso nos ilumina para entender a nuestros despechaditos.

En efecto, basta contemplar a estos para saber que nada podrá ya saldar la herida que sienten en su alma. Esta sangra según Vox logra éxitos electorales y sube en las encuestas, cierto; pero si Vox fracasara, si Vox desapareciera, ¿quedarían saciados? Es dudoso: al igual que el cocainómano, poco se regocijaría si la coca se dejara de cultivar. Parecen necesitar un motivo con que justificar sus vidas obsesas; aunque sea un motivo que ya no les reporta alguna satisfacción.

3. Craso o la sima de la estupidez

Vivir toda la vida enganchado a una droga (la del poder) que no te suministrarán ya más; pasar los años resentido por algo que sucedió hace tiempo, cuando no te volvieron a proponer como diputado o como concejala; lo que venimos describiendo son, ante todo, vidas instaladas en una actitud bien irracional.

Siempre se dice que el pecado más absurdo es la envidia, pues hace sufrir sobre todo al que cultiva, al envidioso —mientras que, al menos, aquellos que incurrimos en la lujuria, la gula o la pereza, un buen rato de sexo, comilonas o remoloneo logramos disfrutar—. El adicto al poder como Calígula, el resentido como Tiberio comparten este rasgo con los envidiosos: sus vidas parecen poco deseables. Así, uno se pregunta por qué no olvidan nuestros despechaditos de una vez su antigua etapa voxera. Por qué no se dedican a escuchar ópera, aprender papiroflexia o estudiar el Egipto antiguo. Disfrutarían más.

Es aquí, pues, cuando hemos de aprender de una tercera figura romana. Craso, el riquísimo Marco Licinio Craso, que tenía todo lo que un romano podía desear: era el hombre más rico de Roma, había formado parte del Primer Triunvirato junto a Pompeyo y César, había aplastado la rebelión de Espartaco. Pero no le bastaba. Quería gloria militar comparable a la de sus colegas del triunvirato.

Así que a sus casi 60 años se lanzó a una campaña contra el Imperio parto que cualquier estratega sensato habría desaconsejado. El resultado: la batalla de Carras, una de las derrotas más humillantes de Roma. Siete legiones aniquiladas. Y Craso ejecutado de la manera más simbólica: los partos le vertieron oro fundido en la boca, burlándose de su sed de riqueza.

La estupidez de Craso no fue militar; fue vital. Tenía todo para ser feliz, pero eligió perseguir lo único que no necesitaba. Y es aquí donde nuestros despechaditos le imitan.

«Colocan en segundo plano resolver la crisis que atraviesa España… por obtener a cambio 15 minutos de fama»

Porque la característica más llamativa de estos personajes no es su resentimiento ni su adicción al poder. Es su estupidez. Despotrican contra un partido en ascenso, en cuyos principios se supone que creían… por meras rencillas personales. Colocan en segundo plano resolver la crisis que atraviesa España… por obtener a cambio 15 minutos de fama. Olvidan la lucha contra los desastres del actual Gobierno… por el gustirrinín de desahogarse en un micrófono.

Es difícil escribir mucho más sobre la estupidez: porque escribir es tratar de poner en orden las ideas, y los estúpidos son justo los que desbaratan cualquier orden posible de ellas. Por eso, en suma, es difícil escribir aquí mucho más sobre la estupidez de Craso, o sobre la de los despechaditos de Vox.

Además, buena parte de su estupidez reside, justo, en que no leerán nada que pueda salvarlos; y si lo leen, no lo entenderán; y si lo entienden, no lo pondrán en práctica. Los romanos sabían bien que el Furor ciega el intelecto humano y conduce a sus víctimas al desastre; nosotros, menos trágicos, quizá hemos de conformarnos con verlas precipitarse hacia el ridículo. Los romanos, en suma, habían aprendido esas cosas en Cicerón y Virgilio; nosotros, menos elevados, habremos de aprenderlas de Gabi, Fofó y Milikito.

Por Juan Pardo Navarro

Antes de las elecciones, VOX debería dejar claro si prefiere que Pedro Sánchez siga en La Moncloa, incluso después de 2027

 Mando único y culto al líder: Abascal descabalga a los críticos y culmina  su diseño del nuevo Vox

Por Juan Pardo Navarro

Se entienden sin necesidad de hablar. Casi telepáticamente. Pues están unidos por compartir un adversario. El PSOE y Vox tienen el mismo interés en que el PP no gane o gane tan por los pelos que no puede gobernar. Una victoria nítida de Núñez Feijóo en las elecciones autonómicas y, sobre todo, con vistas a las generales, acabaría con la vida política de Pedro Sánchez y es probable que podría arrinconar a Santiago Abascal hasta la invisibilidad y la inutilidad. Como suele ocurrir, el enemigo de mi enemigo es mi amigo. Y en eso están los socialistas y los ultraderechistas. En una alianza soterrada para crecer a costa de las debilidades del partido de Génova.

La “pinza” entre Vox y el PSOE se ha confirmado en Extremadura, donde han votado juntos para frustrar la investidura de María Guardiola como presidenta de la Comunidad. El rechazo de los socialistas a la candidata popular no es necesario ni explicarlo. Pero el partido de Abascal debería aclarar los motivos de su negativa a pactar y a apoyar al PP. Se desconoce si quiere entrar en el Gobierno, si quiere imponer sus “políticas” o, lo que parece más probable, se trata de una mera táctica electoralista con vistas a las elecciones en Castilla y León, donde Abascal cree que tendrá más votos lejos del PP. Pero la realidad es que Vox no ha dado la menor explicación del sentido negativo de su voto. Sencillamente, ha bloqueado la investidura de Guardiola para perjudicar al PP y dejar que los extremeños sigan sin gobierno tres meses después de las elecciones.

El desaforado ímpetu de Abascal en su intento de crecer atacando al PP, además, puede tener un efecto contraproducente para su partido. Pues a los votantes del centro derecha les une, sobre todo, su interés en impedir una posible victoria del PSOE en 2027. Y la dispersión del voto del centro derecha aleja la posibilidad de derrotar a Sánchez. Abascal debe ser consciente de que no podrá gobernar. Y Feijóo, aunque aspira a alcanzar el poder en solitario, tiene que asumir que en este momento necesitaría el apoyo de Vox para llegar a La Moncloa. En todo caso, resulta sospechoso que el partido de Abascal ataque más al PP que al PSOE y que vote junto a los socialistas para bloquear, por ejemplo, el gobierno de Guardiola. ¿Acaso es Núñez Feijóo su gran enemigo? ¿Acaso prefiere que siga Pedro Sánchez en La Moncloa, incluso después de 2027?

¿Puede alcanzar un misil iraní a España o parte de Europa?

 Qué tan cerca estuvo Irán de la bomba, y cuánto la ha retrasado Israel? -  Nuevo Mundo Israelita Digital

El alcance declarado de su arsenal balístico ronda los 2.000 kilómetros, lejos de los más de 3.500 que separan territorio iraní de la península ibérica.

La escalada militar en Oriente Medio tras el ataque conjunto de Estados Unidos e Israel ha reactivado una pregunta recurrente: hasta dónde puede llegar la capacidad ofensiva de Irán. En concreto, si sus misiles podrían impactar en territorio europeo y, en particular, en España.

Teherán ha defendido durante años que dispone de proyectiles con capacidad para alcanzar objetivos situados a unos 2.000 kilómetros de distancia. Ese rango cubriría Israel, Arabia Saudí y buena parte de la península arábiga. También permitiría llegar a zonas del sureste de Europa si el lanzamiento se produjera desde el oeste del país.

Sin embargo, la distancia cambia de escala cuando el foco se sitúa en la península ibérica. Desde el oeste de Irán hasta el sur de España hay más de 3.500 kilómetros. En el caso de Madrid, la cifra supera los 4.000 kilómetros. Con los datos técnicos disponibles públicamente, ningún sistema iraní confirmado alcanza ese rango.

Qué alcance tiene el arsenal iraní

El programa de misiles es el eje de la estrategia defensiva iraní desde la guerra con Irak en los años ochenta. Según el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), Irán dispone del arsenal "más grande y diverso" de Oriente Medio. El Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS) y el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI) coinciden en que la base de su capacidad militar no reside en la aviación, limitada por sanciones, sino en sus sistemas balísticos y de crucero.

Entre los modelos más avanzados figura el Khorramshahr-4, también conocido como Kheibar, con un alcance en torno a los 2.000 kilómetros. Otros como el Ghadr-1 o el Emad se sitúan entre los 1.700 y 1.950 kilómetros. Incluso los misiles hipersónicos anunciados en 2023, como el Fattah y el Fattah-2, tendrían un alcance declarado de entre 1.400 y 1.500 kilómetros.

Los misiles de crucero más recientes, como el Paveh, se aproximarían a los 1.650 kilómetros, mientras que determinados drones tipo Shahed-136 podrían superar los 2.000 kilómetros en condiciones óptimas.

¿Existe capacidad intercontinental?

Para alcanzar España desde suelo iraní sería necesario un misil intercontinental, categoría que engloba sistemas capaces de superar los 5.500 kilómetros. No existen evidencias verificadas de que Teherán disponga de misiles intercontinentales operativos.

Algunos discursos políticos han aludido a una supuesta amenaza directa sobre Europa occidental. Sin embargo, con la información pública disponible, los expertos consideran ese escenario "bastante improbable" en el caso español, dadas las distancias implicadas.

Además, cualquier ataque contra territorio de un país miembro de la OTAN activaría el artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte, que contempla una respuesta colectiva.

Irán cuenta con unos 610.000 militares en activo y cientos de miles en la reserva, según el IISS, y un presupuesto de defensa cercano a los 8.000 millones de dólares en 2024, de acuerdo con SIPRI.