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Incendio de Los Gallardos, Bédar y Lubrín (Almería), última hora en directo: hay 13 muertos, 7 heridos y 19 personas no localizadas

 

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Incendio de Los Gallardos, última hora en directo: hay 13 muertos, 8 heridos y 19 personas no localizadas

Varios vehículos calcinados junto al restaurante que se investiga como posible origen del incendio.

EuropaPress 7656145 incendio forestal termino municipal gallardos

 Última Hora.-

Actualizado:

El incendio forestal declarado el pasado jueves en Los Gallardos, y estabilizado este domingo tras tres jornadas de intensa lucha contra las llamas, no solo fue seguido desde tierra por centenares de efectivos del Plan Infoca, la Unidad Militar de Emergencias (UME) y los cuerpos de seguridad. También fue monitorizado desde el espacio. La magnitud del fuego, considerado ya uno de los incendios más mortíferos registrados en España en el siglo XXI, llevó a la Comisión Europea a activar el Copernicus Emergency Management Service (EMS), el servicio de cartografía rápida que utiliza imágenes de satélite para analizar grandes catástrofes naturales.

Durante las últimas horas, los satélites europeos han ido captando la evolución del incendio mediante sucesivas pasadas sobre la provincia de Almería. Esas imágenes han permitido delimitar el perímetro del fuego, identificar las zonas calcinadas, localizar los principales focos activos y ofrecer una visión global de un incendio que, visto desde el suelo, resultaba imposible de abarcar en toda su dimensión.

Los Gallardos, en Almería, vive uno de los incendios más graves en nuestra historia reciente por su daño humano. Son al menos 12 los muertos que han dejado las llamas. El último balance presentado por la Junta de Andalucía habla también de 8 heridos, cuatro de ellos graves, y 19 personas no localizadas.

Desde anoche se encuentra desplegada la UME, junto a los efectivos de la Junta de Andalucía, para sofocar este incendio. “Es el incendio de mayores consecuencias hasta la fecha” en Andalucía, como ha explicado el 112. Los efectivos de la UME se sumarán a los 150 bomberos forestales del Plan Infoca y a los cinco vehículos autobomba que permanecen batiéndose sobre el terreno. Durante las últimas horas, los trabajos terrestres se han centrado de manera prioritaria en la defensa directa de núcleos habitados como la barriada del Pinar de Bédar.

 Bomberos luchan contra el fuego en el incendio de Los Gallardos (Andalucía).

  • Los reyes trasladan su pesar y apoyo a equipos de emergencia del incendio de Los Gallardos

    Los reyes Felipe VI y Letizia han expresado su consternación por las 11 víctimas mortales y 19 desaparecidos que deja por ahora el incendio forestal en Los Gallardos, en Almería, así como su reconocimiento a las labores que están llevando a cabo los equipos de emergencia para afrontar esta “tragedia”.

    “Profundamente consternados por la tragedia del incendio de Los Gallardos”, han trasladado en un mensaje a través del perfil oficial en X de la Casa Real, en el que los reyes han querido expresar su “tristeza y pesar a las familias y seres queridos de las personas fallecidas y hacia todos los afectados”.

    “Trasladamos también nuestro reconocimiento y apoyo a los servicios de emergencias y a todos los efectivos que, con profesionalidad y compromiso, continúan trabajando para hacer frente a esta situación”, han añadido. 

     

  • Se elevan a 12 las víctimas en el incendio de Los Gallardos

    Un total de 12 personas han fallecido en el incendio de Los Gallardos, en Almería, tras la confirmación por parte de Antonio Sanz, consejero de Presidencia, Sanidad y Emergencias pasadas las 9:45 de esta mañana.

    “Se trata del incendio de mayores consecuencias hasta la fecha en nuestra región”, ha descrito la situación, a la que ha calificado como una “tragedia sin precedentes”. El representante de la Junta se encuentra en el Puesto de Mando Avanzado coordinando la respuesta de la emergencia.

Las desigualdades aumentan cuando el desarrollo es sostenible.

 

Adela Cortina, catedrática de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia. 
Naciones Unidas (2.000) lanzó los célebres Objetivos de Desarrollo del Milenio, entre los que contaban la reducción drástica de la pobreza extrema y el hambre para 2021 y otras siete metas más. A un año de terminar el plazo, el balance de lo logrado arroja un serio avance en el primero de los objetivos, pero a la vez un aumento de las desigualdades. La pobreza extrema se ha reducido a la mitad, pero las desigualdades han aumentado y, con ellas, la pobreza relativa. La Posición Española para la Agenda Post2021 propone abordar estos dos retos y añadir otros 10 más, entre los que cuenta la sostenibilidad ambiental. Bien hecho, lo que tiene que ser sostenible es el medio ambiente.
Sin embargo, en el encuentro se adjudicó a menudo el adjetivo “sostenible” al desarrollo, sustituyendo la expresión “desarrollo humano”, que tanto ha costado de aclarar, por “desarrollo sostenible”. Esto es, a mi juicio, un retroceso.
Después de la II Guerra Mundial el desarrollo de los pueblos se medía en términos de PIB, y fueron pioneros como Lebret, Goulet, ul Haq o Sen quienes recordaron que el auténtico desarrollo es desarrollo humano, que los pueblos están desarrollados cuando las personas cuentan con las capacidades suficientes para llevar adelante los planes de vida que elijan, no cuando les sobran mercancías. Que la pobreza es falta de libertad. Recurrir ahora al desarrollo sostenible introduce un margen de ambigüedad.
Cuando se quiere recortar gastos en una partida cabe siempre la coartada de decir que tal como está resulta insostenible y que es necesario introducir reformas para asegurar su sostenibilidad. Así ocurre con la sanidad, las pensiones, los salarios, la educación o la economía, con la dependencia o la ayuda a los vulnerables. Los recortes se hacen entonces en nombre de las generaciones futuras, cuando lo bien cierto es que es preciso atender a las generaciones presentes sin olvidar a las futuras. Lo que ocurre es que el término “sostenible” es muy opaco.
Nacido a comienzos del siglo XVIII en el campo de la economía, recibió el espaldarazo social en las reflexiones sobre el expolio de la naturaleza. El Informe Brundtland gestó la idea de desarrollo sostenible y la Cumbre de Río de 1992 se ocupó del tema recordando que los recursos de la Tierra son escasos y es necesario usarlos racionalmente, manteniendo sus condiciones de reproducción y pensando en las generaciones futuras. Este uso de la palabra se introdujo en la Carta de la Tierra, asumida por la Unesco en 2003.
Para que los recursos naturales sean sostenibles deben usarse por debajo del límite de su renovación.
 
Es verdad que, además de la naturaleza, ya se incluían en la expresión la protección de los derechos humanos, la paz, la diversidad cultural, la justicia social y el fortalecimiento de la democracia. Pero el hecho de que la expresión se origine en la economía ecológica introduce siempre confusiones, porque no es lo mismo intentar que el uso de la naturaleza sea sostenible que construir una sociedad sostenible. En ese juego de la ambigüedad quienes desean manipular tienen las manos más libres.
Para que los recursos naturales sean sostenibles deben usarse por debajo del límite de su renovación. Si talamos un bosque, desaparece, pero si nos servimos de él por debajo de cierto límite, siempre hay madera disponible. Pero ¿qué sucede cuando se aplica esta medida a la protección de derechos humanos o a la democracia? ¿Cuál es el límite en la producción y distribución de recursos sanitarios, judiciales, educativos o de bienestar social, por debajo del cual es preciso situarse para hacer posible la renovación?
En los ochenta del siglo pasado se decía que el Estado debía propiciar a los ciudadanos un “mínimo razonable”, y que eso era lo justo. Pero la justicia parece estar perdiendo terreno frente a la sostenibilidad, que al parecer da más juego, pero es más confuso. Las personas no son bosques, no se puede hablar aquí de talar más o menos. Si se recorta tanto que se pone en peligro la vida digna de una parte de la generación presente, entramos en lo que se llamó en un tiempo “las elecciones crueles” entre las actuales generaciones y las por venir, que dejan las manos libres para actuar en la generación presente sin contar con criterios de justicia.
Ciertamente, una persona puede sacrificar algunas de sus aspiraciones para tener una vejez mejor, pero una sociedad no es una persona, sino un conjunto de personas, y son algunas de ellas las que deciden a quiénes se debe sacrificar. La elección es entonces cruel, pero no para quienes toman las decisiones, sino para los que sufren sus consecuencias.

Por eso en el caso de las sociedades es aconsejable sustituir el discurso de la sostenibilidad por el de la justicia, el del desarrollo sostenible por el del desarrollo humano y la sostenibilidad medioambiental. Y en vez de empeñarse en construir una economía o una sanidad sostenibles, en vez de hablar de pensiones o ayudas a la dependencia sostenibles, bregar para que sean justas.
Juan Pardo Navarro

Somos insustituibles, porque somos necesarios.

 

blog de Juan Pardo

Por Juan Pardo Navarro

Ignorar la posición de alguien por considerarla un simple punto de vista es no considerarla en absoluto. La cuestión no está en tenerlo. Al contrario. El problema consiste en no contemplar el de los demás. Y un modo frecuente y rudimentario de hacerlo consiste precisamente en asentir que es peculiar y propio, para reducirlo a algo carente de interés salvo para cada quién. El diálogo adereza con destreza los diversos componentes,  los recompone,  hasta conformar y configurar otra nueva realidad.

Desde la lejana historia con frecuencia se dice  que se trata de la opinión de otro, como argumento para justificar que, dado que cada quien tiene la suya, es cuestión de limitarnos a dejar constancia de esa diversidad.Cada cual lo ve a su manera y no hay nada que añadir.  Y si nos descuidamos a eso lo llamamos tolerancia. Sería tanto como admitir que nos desenvolvemos entre el máximo común divisor y el mínimo común múltiplo. En cualquier caso, algo común. Se desatendería de ese modo que precisamente lo común no es sin más algo dado, sino asimismo algo procurado, decidido, algo acordado. Se asentaría la posición individual, diciendo que cada uno dispone de la propia, y que no sólo la percepción de los objetos es diferente, sino que también las convicciones, las ideas y los valores nos hacen mirar y ver de un modo determinado. Son perspectivas.

Blog de Juan  Pardo
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Si bien de ello puede desprenderse con algunas razones que no hay un modo único y verdadero de proceder, ni un lugar exclusivo en el que situarse, sin embargo hay formas de atender que son más que ver. Contemplar y considerar supone no reducirse al simple constatar lo inmediato y es más un hacer con capacidad de armonizar, de dinamizar y de historizar lo visto. Y para eso se precisa activar el discurrir, a fin de que haya en rigor discurso.

Puestos a deducir con urgencia algo al respecto, semejante perspectivismo no afectaría ni solo, ni tanto, a la diferencia en el mirar, sino a la diferencia en la singularidad irremplazable de cada vida particular. Ortega y Gasset, tan traído sobre este asunto, insiste en que “lo que de la realidad ve mi pupila no lo ve otra”, pero para deducir no sobre la inconsistencia de lo que vemos, sino sobre la contundencia de quienes somos al hacerlo. 

Sin duda, no sólo en Leibniz cada mónada es una perspectiva del universo, también cada palabra, incluso cada sentimiento, y, siendo en sí misma una totalidad, no agota totalidad alguna. Podría entonces pensarse torpemente que la verdadera contemplación consistiría en ir incorporando por adición los distintos elementos hasta lograr una composición total. Pero el perspectivismo de la mirada no supone que cada ver sea parcial porque ve una parte. Para empezar, porque la posición no se reduce a la situación. Incluso aunque nos desplazáramos una y otra vez, la mirada resultante no dejaría de ser una perspectiva. En la contemplación hay algo de dislocación de lo prefijado.
No basta, por tanto, con efectuar una figura con diversos elementos. Son más que ingredientes o componentes. Y sólo lo son en la medida en que se encuentran vertebrados, articulados y armonizados. Pero para ello es preciso reconocer su mutua pertenencia a algo susceptible de ser común. Así que, por ejemplo, si se habla de deconstrucción, no es una simple demolición, sino una suerte de desmontaje para efectuar otra composición. Si se habla de juicio, y de su capacidad de escindir, de discernir, o de separar, es para vincular mejor. Eso supone hacerse cargo de que toda unidad lleva inscrita una separación, una escisión, que es la que cada vez conforma una realidad.
No es cuestión de ampararse en el perspectivismo para entronizar el puro subjetivismo. Y menos aún para, descaradamente, proponer lo individual como camino, a fin de sostener la propia posición fijada, en conflicto y en una lucha de poderes. Incluso para Nietzsche, inteligir es “una cierta relación de los instintos entre sí”. Cabe preguntarnos una y otra vez sobre el sentido y el alcance de esta relación, de toda relación. Pero no hemos de olvidar que algo sólo es en relación. Ni siquiera la mirada, por muy médica o clínica que pretenda ser, escapa, como Foucault nos recuerda, de acabar siendo un discurso, de pronóstico, de diagnóstico o de terapia.

No se reduce del perspectivismo que no hay nada que hacer, que dado que cada cual lo ve a su manera todo es reflejo caleidoscópico, irisaciones de lo inalcanzable. Más bien se desprende que toda palabra y toda mirada son imprescindibles y que la deconstrucción y el juicio convocan a una recomposición, que no se limita a reponer lo ya puesto sino que reactiva la capacidad de componer para procurar, tal vez, algo radicalmente otro.

El perspectivismo no es la fuente de la impotencia, ni de la resignación, ni de la desesperación, sino de la recreación. Conjunta y armoniosa, con la confianza de que procure nuevas formas y posibilidades de vida, semejante recreación no significa elaborar objetos u objetividades al margen de nuestra condición de sujetos. La perspectiva nos une, enlaza y vincula.

Ampararse en el perspectivismo para relativizar las posiciones supone ignorar que estas son determinantes para liberar otros ámbitos y procurar diferentes alternativas, a fin no sólo de montar o de construir otras edificaciones, sino de procurar conformaciones, que no son simples establecimientos.
Preguntado un invidente que con anterioridad pudo ver sobre su recuerdo del color, contestó que es importante, pero que lo más decisivo es tener memoria de la perspectiva. Lo interesante fue en su día apreciar sus efectos. Mediante cajas ópticas y cámaras oscuras se transmitió el paso del tiempo. Y con ello su relieve espacial. Y de eso se trata. La perspectiva da densidad y nos libera de la lectura unidireccional, plana, sin fondo ni forma, y nos confirma los pliegues en los que se desenvuelve cualquier mirada.

Desautorizar la posición de alguien por considerarla un simple punto de vista es no considerarla en absoluto. La cuestión no está en tenerlo. Al contrario. El problema consiste en no contemplar el de los demás. Y un modo frecuente y rudimentario de hacerlo consiste precisamente en asentir que es peculiar y propio, para reducirlo a algo carente de interés salvo para cada quién. El diálogo adereza con destreza los diversos componentes,  los recompone,  hasta conformar y configurar otra nueva realidad.

Los sindicatos, UGT y CCOO, el 1 de Mayo defienden al Gobierno, no al trabajador.

 CCOO y UGT se lanzarán este 1º de mayo a las calles de toda España con el  foco en los salarios y la vivienda

Por Juan Pardo Navarro
 
Hemos denunciado reiteradamente que los líderes de CCOO y UGT, en lugar de actuar como uno de los pilares de la democracia, se han convertido en meros lacayos de Pedro Sánchez. Pasarán a la historia por ser los primeros sindicatos que, en lugar de protestar, defienden al Gobierno, a pesar de ser el verdadero responsable de la “precaria situación de los trabajadores”. Y probablemente, también los primeros en no haber convocado una sola manifestación contra el Ejecutivo de su país. Se trata, en fin, de una suerte de corrupción política que los sindicatos obreros defiendan a un Gobierno que, sin ir más lejos, ha situado a España entre los países con las tasas más altas de desempleo de toda Europa, el 11,4 %, el doble de la media de la UE, y ello a pesar de hinchar las estadísticas con la trampa de los cerca de un millón de parados discontinuos.

Y es que, el Gobierno controla a los sindicatos UGT y CCOO, que más que trabajar para defender a los trabajadores, lo hacen para su propio beneficio; a cambio, eso sí, de recibir millonarias subvenciones y, de paso, repartirse unos suculentos sueldos. En realidad actúan como si formaran parte del Consejo de Ministros, como si Pepe Álvarez y Unai Sordo ocuparan sendas carteras.

Este 1 de mayo, como es tradicional, los sindicatos salen a la calle para celebrar el Día de los Trabajadores. Pero en la cabecera de sus manifestaciones aparecen un puñado de ministros y altos cargos del Gobierno para apoyar a los líderes de CCOO y UGT; no para reivindicar los derechos de los trabajadores. Resulta inaudito que los miembros del Ejecutivo se manifiesten para impulsar unos derechos que deberían defender desde el Consejo de Ministros; no en la calle como si fueran sindicalistas. Desde que Pedro Sánchez llegó a La Moncloa se ha dedicado a seducir a los líderes sindicales con un aluvión de millones en subvenciones y prebendas varias. De ahí, la pantomima de las manifestaciones del 1 de mayo, cuyo lema “Proteger lo conquistado” se basa en la subida del SMI y la reducción de la jornada laboral, lo que deja claro que más que reivindicar sus derechos ante el Gobierno se postulan en contra de la posible llegada del PP al poder. Pero nadie tiene la decencia de protestar por la gran estafa del tándem Sánchez-Yolanda al crear cerca de un millón de trabajadores (en paro casi todo el año) llamados discontinuos para que no figuren en las listas oficiales.

Abascal, un chiquilicuatre al servicio del sanchismo.

 CIS: Sánchez, el mejor valorado; y Abascal, el peor

Por Juan Pardo Navarro

Vox tiene, igual que Sánchez, una oleosa fábrica de palabros, de buñuelos literarios, de churros churriguerescos, de morcillas quevedescas, de garbanzadas léxicas o cuchareras como garbanzadas de Fraga. Sánchez ya sabemos que no gobierna, sino que cada día se mira al espejo, dolorosamente, como una momia desvendada, y manda inventarse acertijos, distracciones, escapatorias, embestidas o quejidos para que el personal se olvide y se atice. Vox, que a lo mejor tampoco quiere gobernar, no vaya a ser que nos demos cuenta de que no sabe, parece que también se quiere salvar o escapar con la frase matasuegras o matamoros. “Prioridad nacional” es eso, un eslogan, una frase de gorra o de peto, de azulejo o de botijo. Como eslogan está bien embutido, porque amarra la urgencia o la emergencia con lo “nacional”, que es una palabra que funciona como gatillo ideológico y emocional inmediato. La prioridad nacional, la legumbre nacional, la música nacional y hasta la morena nacional suenan ya nuestros, importantes, orgullosos, irrenunciables y trascendentes frente a lo minúsculo, lo personal, lo pueblerino, lo partidista o lo invasor. Lo que pasa es que, en democracia, es aplicable al grano, a la cerámica o al fútbol, pero aplicarlo al ciudadano ya sería discriminación, aquí y en Europa (en la China de Sánchez seguro que no).

 

Vox está con la manga churrera o de bombero de los palabros gruesos y los conceptos chorreantes porque ahora se encuentra en la delicada situación, quizá existencial, de tener que elegir entre el populismo antisistema y ser un partido de gobierno. Yo creo que, simplemente, ha escogido la opción más cómoda pero más complicada, que es querer ser las dos cosas a la vez, quizá porque aún no sabe qué ser. Por los salones, firma con el PP acuerdos de gobierno, y, por las esquinas, sigue siendo ese populismo de verborrea, desahogo y tentetieso. Lo de la “prioridad nacional” es una frase de toldillo, como de ferretería española, pero choca con la Constitución, con nuestras leyes y con las europeas, porque aunque los extranjeros no tengan todos los derechos que tienen los españoles, sí mantienen un núcleo importante de ellos. Incluso si en los papeles con el PP, que parecen ya papeles papales, de tanto tiempo y tanta teología gastadas en ellos, se exige lo imposible, no podrá llevarse a cabo. Pero, mientras, en la calle y en los medios, los de Vox pueden seguir quedando como españolazos cimarrones, dándole a la demagogia como a la coz.

Vox tiene ahora dos necesidades, cree uno, y va a intentar satisfacerlas desdoblándose o contradiciéndose. La primera necesidad es la económica, que me parece a mí que haber perdido a Orban ha sido mucho más que perder una referencia, ha sido perder el padrino del aguinaldo, del duro de domingo o del caramelo de domingo, sacado de esos monederos de padrino que son como maletines de médico del Oeste. Vox necesita pisar moqueta, necesita medallones y macetones autonómicos, sillas de mesonero en los cabildos, necesita gobernar o al menos estar donde se gobierna, siquiera dándole a un botafumeiro o desembolando toros. La otra necesidad es mantener a su votante entre ilusionado y cabreado, más cabreado que ilusionado si puede ser, porque ya hemos dicho que sus imposibles siguen siendo imposibles. Vox necesita llegar con votos y poderío a las generales, y eso intenta mientras espera que su gobernanza o desgobernanza no decepcione mucho. Casi todo lo que piden es irrealizable o folclórico, o sea que la decepción, esa decepción de todos los populismos, está asegurada y ellos lo saben. Como saben que el cabreo puede vencer a la decepción, y en eso andan.

La prioridad nacional de Vox resulta que es la prioridad nacional de Sánchez, que también sabe usar gatillos ideológicos y emocionales, y mejor que Vox

Lo de la “prioridad nacional” es un concepto inaplicable, sin significado y puramente sonoro, casi pastoril, lo que no significa que sea inútil. Otros conceptos que llegaron también así de la fábrica del sotanillo de Sánchez fueron y aún siguen siendo muy útiles. Lo curioso es que Sánchez le ha proporcionado a Vox el eslogan y el cabreo, y Vox le puede proporcionar a Sánchez la pieza, o sea el PP, más concretamente Moreno Bonilla. Yo creo que María Jesús Montero sólo está en Andalucía de feria, paseando el clavel altísimo como un farol de náufrago, y que la única esperanza de Sánchez, su verdadero candidato, es Vox. La regularización de Sánchez, caótica, esperpéntica, sin recursos, sin garantías, sin dinero, sin tiempo, y que además está llenando la propia calle de esa imagen de tribu en las calles que describe y quiere Vox; la regularización, decía, es el regalo, el duro de domingo, el aguinaldo de padrino que Sánchez le da a Vox. Sánchez está alimentando el miedo, la polémica y hasta el folclore de Vox con carne humana, que es aún más despreciable que hacerlo con los recursos que él no pone (al final, todo, los servicios y el caos, lo pagarán las autonomías).


La prioridad nacional de Vox resulta que es la prioridad nacional de Sánchez, que también sabe usar gatillos ideológicos y emocionales, y mejor que Vox. En realidad, Sánchez no se queda en el palabro, en la literatura, en el relato, porque para mantener ese relato tiene que intervenir carniceramente en la realidad. Cada relato de Sánchez destroza realmente el Estado, nuestros recursos, nuestra democracia, nuestros servicios, nuestro futuro. Cada vez que necesita un estribillo, un socio, una causa, un enemigo, una escapatoria, de los indepes a China, lo pagamos con realidad, a veces en dinero, a veces en libertad y a veces en libras de carne y sangre. La prioridad nacional, qué macabro, es lo que siempre han exigido los nacionalistas, los indepes, todos los socios de Sánchez (la prioridad identitaria), dándole la vueltecita sentimental, democrática, perversa. Aunque esto casi resulta romántico al lado de la prioridad puramente doméstica de Sánchez. Y la verdad es que les ha funcionado, a Sánchez y a sus socios. Decíamos que la prioridad nacional no se puede aplicar al ciudadano, que sería discriminación, pero las prioridades de Sánchez han conseguido discriminaciones, privilegios, mangazos, impunidades y hasta milagros sobrenaturales. Sí, quizá no sea la cosa tan imposible. Vox aún tiene la guía y la esperanza de Sánchez.

El asistente Pedro Sánchez contra la GENERAL AYUSO.

 El "nº 1" Sánchez lanza su último intento contra "la jefa" Ayuso: Óscar  López, ya candidato para Madrid | España

Por Juan Pardo Navarro

El piloto que sacó a Franco por los aires, esa cosa que quedó entre política, industrial y teológica, como la santa dormición de una grúa de Fomento, va a ser el representante militar ante Ayuso. Esto, más otras responsabilidades que tienen esos militares de vuelo de hormigonera y de tránsito angelical. No sabía uno que el piloto de aquel traslado o ballet celeste, de aquella ceremonia un poco egipciaca o de Indiana Jones, con sarcófagos volando, momias crujiendo, maldiciones resurgiendo y remolinos de ira divina y grava, es ahora nada menos que general de división. Usamos tan poco el Ejército que tenemos a los generales de conductores de funeraria o de limusina, por aprovechar el uniforme, o de gruistas, llevándose a un dictador igual que un palé de ladrillos. En realidad, cuando el traslado aún era coronel, que no deja de ser un rango muy elevado para llevar un helicóptero por la sierra, como lleno de montañeros. Quizá tenía que ser un coronel de aviación el que se llevara a un generalísimo de mesa camilla, bastante degradado ya por la historia y por el meneo, y así se simulaba un combate igualado y una revancha justa entre los Cielos sanchistas y los avernos fascistas. Lo mismo ahora se trata de que el general tenga otro combate con Ayuso, o de que se la lleve enganchada por el moño, que de otra manera Sánchez no puede.

Alfonso María Reyes Leis, entre general y chófer, entre héroe y operario, ha sido nombrado nuevo jefe del Mando Aéreo General del Ejército del Aire, que además implica ser representante institucional de las Fuerzas Armadas en Madrid y en Castilla-La Mancha (nuestros generales no se reparten continentes, potencias, cabezas de puente ni escuadrones de MiG, sino las tejas y las cigüeñas de las comunidades autónomas). Este cargo, este mando general del general, me parece a mí un poco como llegar al cielo de la aviación acarreando gavillas o llevando al jefe de obra, o sea con mucho mérito de obrero santo o de santo obrero más que de santo militar, matadragones o matamoros. No encuentra uno ahora si Reyes Leis ha llevado alguna vez al propio Sánchez en helicóptero bíblico, papal, justiciero, dragontino o wagneriano, pero desde luego estaba entre sus funciones y los helicópteros de su ala, ala VIP con helicópteros como de plumón, son los que suelen trasladar a los reyes, al presidente del Gobierno y a otros altos cargos cuando tienen que parecer ángeles que ya no hay o yupies que tampoco hay. Si fuera así, podríamos ver al general un poco como un Koldo de altos vuelos, un poco Koldo y un poco Hannibal Smith del Equipo A. Pero esto sólo se lo imagina uno, como se puede imaginar su misión secreta en Madrid.

 

Al general Reyes Leis a lo mejor lo han mandado a Madrid contra la generala Ayuso, que me parece un combate más interesante que contra la momia de encofrado de Franco y contra las prisas de montañero friki o de festivalero pijo de Sánchez (se fue en el Falcon a ver a The Killers yo creo que para hacerles competencia de pop star, sólo para bajar por el aire igual que Katy Perry). El 2 de Mayo ya está aquí y a Ayuso le gusta ir de mujer de bandera con bandera, de Margarita se llama mi amor, de hija del regimiento, de generala de zarzuela, con los soldados, los ayusers o simplemente los madrileños tirándole el capote y la gorra. Ayuso queda bien en las procesiones y los desfiles, con esa cosa suya de morena de relicario y celosía, con los pecados más castos o la castidad más pecadora, y de novia de la mili, entre la patria, la fidelidad y la pasión, con caricia y ojos de pasamanería. Eso se tiene o no se tiene, y por ejemplo no lo tienen Pedro Sánchez, que está en los desfiles como un ciprés, de mal agüero, o Margarita Robles, que está en los desfiles como una maestra de gimnasia, que se nota que manda pero en otra cosa, en algo que se parece pero no es lo mismo.

A Sánchez le pegan los desfiles como no le pega el Congreso. Y rabia con Ayuso, o con el rey Felipe, que se lo recuerdan constantemente

A Ayuso ya no le quieren poner soldados el 2 de Mayo, no porque no pegue sino precisamente porque le pega demasiado, que es como si le pusieran tunos. Aunque no se trata de si a Ayuso le pega ir de muñeca legionaria o de cupletera con bandera. Lo que pasa realmente es que todavía no hemos normalizado la presencia militar en los actos institucionales, que a algunos les sigue pareciendo una amenaza o un desafío al poder civil. Eso de que un desfile o una salva, con o sin dama de justa, con o sin generala con encaje y banda, parezca que llama al tejerazo o al porrazo no es una opinión democrática sino al contrario, antidemocrática. El Ejército cumple una función constitucional y su presencia sólo recuerda esa función, que no está mal recordar, por cierto. Los militares ya no son guardianes de alegorías ni de purezas, los generales al final obedecen al Gobierno y no a las sombras ojivales de los cuartos de banderas, y no van a formar un batallón malasañero tras Ayuso aunque le echen piropos de recluta. No es que los militares no sepan estar en las celebraciones institucionales, es que son algunos políticos los que no saben estar en lo institucional, que es lo que le pasa al sanchismo.

 

Un general con helicóptero como con pajarita, un general que se llevó a Franco como el que va a vaciar un cenicero de Cinzano, va a representar a las Fuerzas Armadas ante Ayuso, que en principio, aunque curioso, es lo normal, lo institucional, lo educado. No pasa nada porque el general se ponga al lado de Ayuso con tacón y bandera (Ayuso, no el general), y hasta le rinda honores, que me parece una bella manera de recordar que los militares están sometidos al poder civil. Yo no voy a pensar que el general viene en misión sanchista, que los militares hacen política o complot en vez de recibir, simplemente, órdenes, que es lo que piensan en la izquierda. Yo lo que pienso es que Sánchez ya no puede ser institucional, ni ante un batallón de infantería ni ante un batallón de operarios de Renfe, ni ante las rotondas con artillero ni ante los leones de Ponzano, ni ante una verbena ni ante los jueces.

A Sánchez no es que no le pegue lo castrense, es que no le pega la democracia. No le pegan los desfiles como no le pega el Congreso. Y rabia con Ayuso, o con el rey Felipe, que se lo recuerdan constantemente, creo yo, no porque sean generales o generalas, o más o menos pintureros al sol de las cornetas, sino porque no contradicen la simbología con los hechos. En realidad, lo de Ayuso sólo es estética, que igual que una plaza con soldados, como un tren con soldados, le pegaría un cántaro de aceite o un cura enamorado de ella. Si Sánchez ha enviado a su general contra una generala, es que no ha entendido nada.

La líder venezolana y nobel de la paz, María Corina Machado en Madrid y Barcelona con honores de Jefa de Estado.

 

María Corina en Madrid (y Sánchez con chándal de Maduro)

María Corina en Madrid (y Sánchez con chándal de Maduro)
La líder opositora venezolana y nobel de la paz María Corina Machado | EFE

Vamos a tener en Madrid a María Corina Machado y en Barcelona la cumbre mundial progre, esa especie de fiesta de cumpleaños con amigos y piñatas que se ha montado Sánchez para que le hagan líder del mundo retroizquierdista, un honor que uno imagina que viene con tocado o chándal de guacamayo (se podría poner la camiseta de la selección debajo o encima). María Corina viene de gira por España y Europa, después de andar un poco perdida u olvidada en sus gestas y su lucha, como si en vez de premio Nobel fuera una medallista de patinaje. Trump entró en Venezuela como un ladrón de gallinas y se llevó a Maduro con su chándal de guacamayo original, pero dejó a Delcy, o sea dejó intacto el régimen. María Corina no está pues de paseo triunfal, en carroza de patinadora o de astronauta, sino que sigue luchando porque sospecha, como muchos, que un bolivarismo sumiso, con diezmo de petróleo, puede ser más conveniente y sencillo que una democracia escéptica (Trump, que está majareta, está volviendo escépticos incluso a los suyos). Mientras María Corina intenta de nuevo explicar la democracia, y que no se olvide la democracia, las izquierdas fetichistas, retóricas, folclóricas y plumíferas no sé si le pedirán a Sánchez que sea el nuevo Maduro (“no war, yes peace”), pero él seguro que lo espera.

María Corina viene a Madrid, ciudad que ha visto huelgas, proclamaciones, asonadas, fascismo, checas, reyes cojoncianos, reinas cluecas y hasta un rey de la izquierda que no es ni de izquierda ni de nada, sino de lo suyo. O sea que espero que la líder opositora venezolana explique bien, a los suyos y a los nuestros, la democracia, la verdadera necesidad de democracia, ante esos romeros de la izquierda de Barcelona o de siempre. Almeida le dará una llave de oro, como un elfo, y Ayuso una medalla de oro, como una maestra de gimnasia, pero al que no va a ver va a ser a Sánchez. No porque Sánchez no quiera el posado con una nobel de la paz (seguro que le sale algo de colegueo de aspirante al mismo honor o de envidioso de ese honor), sino porque ha dicho la propia Machado que nuestro presidente, campeón de la democracia entre dudosos demócratas, ostentosos totalitarismos y ministros que atacan con lanzallamas a los jueces, ahora “no le conviene a la libertad de Venezuela”. En realidad, era más probable que Trump coronara a Zapatero como virrey o adelantado, y hasta a Koldo, que a la propia María Corina. El régimen que sobrevive en Delcy sobrevive también en la Moncloa, con su puente aéreo y hasta su zapatófono rojo, que seguro que había zapatófono, y rojo.

María Corina va a hacer lo suyo, una gira como de reivindicación y recordatorio, que ella no se ha retirado de la política ni del patín y Venezuela sigue esperando la transición democrática entre vasallajes y peloteos a Trump (el régimen podría salvarse a base de suficiente petróleo y suficiente peloteo). Es curioso, y aterrador, comprobar que hasta Kissinger recordaba la brújula ética, democrática, civilizadora de Estados Unidos en su política exterior, aunque colocara dictadores de gafas con nariz y aventara guerras de surf y napalm, pero Trump no tiene problema en pedir petróleo si quiere petróleo, lantánidos si quiere lantánidos, o la luna de Groenlandia si la otra está todavía muy lejos. Asumir que a Trump le interesa la democracia en Venezuela es lo mismo que asumir que le interesa la democracia en Irán, una ingenuidad e incluso una mala apuesta. María Corina, en la Puerta del Sol o en el Elíseo, recorriendo Europa como una pinacoteca (Europa es realmente una pinacoteca más que un ideal), quiere insistir y presionar para que haya elecciones libres pronto, antes de que a Trump le dé otro aire y antes de que el poschavismo encuentre el camino entre la supervivencia y el sometimiento.

En América aún hacen caso a los marxistas de quinta vuelta, a los populismos con tres sombreros, a los demagogos con cuatro frases. Es ahí donde Sánchez busca su cetro

María Corina va a hacer lo suyo en Madrid, entre sus diosas y vecindonas con alas y cerbatanas de las cornisas, y Sánchez va a hacer lo suyo en Barcelona, entre sus hogueras modernistas y sus hogueras reaccionarias (la izquierda ya no es progresista sino reaccionaria, ya lo explicó Félix Ovejero). A la cumbre, cumpleaños o fiesta de pijamas folclóricos de Barcelona van a acudir, entre otros, Petro, Lula y Sheinbaum, que son la nueva trova de la vieja trova de siempre, cantautores de la revancha y la miseria, esa izquierda pajarera de pueblos más que de ciudadanos, de palomas más que de prosperidad y de pasado más que de futuro, todavía echándoles las culpas de lo suyo a los reyes con peluca y a los contramaestres de los galeones. Yo creo que son los que importan, que la izquierda en Europa está en declive o en retirada, salvo la reacción anti-brexit en el Reino Unido. Quiero decir que sin el SPD, hundido, con la izquierda italiana reducida a mirones de mirilla y con el PS francés perdido en una macedonia frentepopulista, lo que quedan son socialismos como macedónicos. O socialismos de tramposo, como el nuestro. Es en América donde aún hacen caso a los marxistas de quinta vuelta, a los populismos con tres sombreros, a los demagogos con cuatro frases. Es ahí donde Sánchez busca su cetro, su supervivencia o su esperanza.

En Madrid, en un pícnic en la Puerta del Sol, como de majos, María Corina se va a dirigir a los venezolanos de aquí, a los que yo he visto alguna vez bailar y llorar como niños alegres y tristes, pero también se va a dirigir a toda España y a toda Europa. La esperanza de Venezuela es la esperanza de muchos, y la perspectiva de Venezuela es la enseñanza de muchos también. Al otro lado de España y de la historia, en Barcelona, en una jaula de grillos, todavía con púrpura china en los párpados y jueces en la chepa, Sánchez volverá a hablar de democracia entre populismos y peronismos, entre indigenismos y refranismos, que es justo lo suyo. Con la maraca de la derecha y la ultraderecha, con el guitarreo bongosero de la paz (“no war, yes peace”), Sánchez espera que pronto le pongan el chándal de Maduro como un poncho ceremonial. En América están sin Maduro y se van a quedar sin Cuba, y en Europa los izquierdistas de suscripción y los de revolución vuelven a caber en una diputación provincial o en un bar de altramuces y regüeldos. Pronto ya sólo les quedará el sanchismo, que no es izquierda (ni es nada) pero sobrevive en la miseria, en la mentira y en el carnaval todavía mejor.

Podemos, vía Pablo Iglesias, al rescate de Cuba.

 

Pablo Iglesias en el monumento a José Martí, en La Habana.
Pablo Iglesias en el monumento a José Martí, en La Habana. | CanalRed

Creo que hemos prestado poca atención a la aventura de Pablo Iglesias en Cuba. El fundador de Podemos ha ido a la isla como enviado especial de Canal Red –el medio de su propiedad que a partir de ahora difundirá también la capitalista Movistar Plus– y, sobre todo, como referente político de la izquierda revolucionaria global.

Iglesias no ha llegado a La Habana como un balsero, sino en avión, como un turista, y se ha hospedado en un lujoso hotel en el centro de la ciudad. En realidad, él es un invitado del Gobierno cubano, a cuyo presidente, Miguel Díaz-Canel, ha entrevistado para su medio.

El no se enroló en la flotilla Nuestra América, que salió de México la semana pasada y aún no ha atracado en Cuba. Su misión es más elevada y consiste en insuflar ánimos al pueblo cubano para resistir... a la ofensiva imperialista. "Patria o muerte: Venceremos", es el lema ya descolorido que puede leerse en algunas fachadas habaneras.

Tanto Cuba como Estados Unidos han reconocido que existen conversaciones para poner fin a un régimen que se instauró el 1 de enero de 1959. La dictadura castrista, que sustituyó a la dictadura de Fulgencio Batista, lleva ya más de 67 años oprimiendo a un pueblo que ahora no tiene ni luz, ni gas, ni petróleo, ni medicinas, ni alimentos. Un final negociado es lo que menos le puede gustar a un revolucionario como Iglesias.

Tras la pérdida de la alianza con la URSS, con la llegada de Gorbachov, a Fidel Castro sólo le quedaban como aliados las dictaduras latinoamericanas, y, en la última etapa, la Venezuela de Hugo Chávez, que intercambiaba petróleo por médicos, en un trueque que permitía al régimen malvivir.

Iglesias no puede soportar que Cuba y Estados Unidos lleguen a un acuerdo: sería tanto como renunciar a un sueño

Una vez que se cortó el grifo venezolano, Cuba, ya en estado crítico, ha colapsado. Los apagones son periódicos y cada vez duran más. El turismo –principal fuente de ingresos del país– se ha hundido, y la producción de caña o níquel está en mínimos precisamente por la escasez de energía.

Ya ha habido movilizaciones contra el Gobierno, a pesar de la dura represión, e incluso se ha intentado el asalto de alguna sede del todo poderoso y único Partido Comunista.

Protestar en Cuba sale muy caro. Hay en estos momentos más de 1.000 presos políticos entre una población de 10 millones escasos. En ese aspecto, la tasa cubana sí es una de las más elevadas del planeta.

Pues bien, ese es el país al que admira Iglesias y el régimen que quiere perpetuar como faro para la izquierda latinoamericana y, por qué no, también europea.

Le preguntó Iglesias a Díaz-Canel por la muerte de los cubanos que hacían de guardia de seguridad de Maduro, y el mandatario, emocionado, alabó su rol como centinelas de confianza del dictador venezolano. Su celo sirvió de poco. Tras las muerte de los héroes, en La Habana se celebró una masiva manifestación a las puertas de la embajada de EEUU. Esos caídos en Caracas también son un símbolo de la resistencia cubana. El propio Díaz-Canel pronunció un discurso de homenaje vestido de militar verde oliva.

Pero Iglesias no le preguntó a Díaz-Canel por los presos políticos que se pudren en las cárceles cubanas –me temo que no le interesa la vida de los 'gusanos'–, ni tampoco por las negociaciones con Estados Unidos, ni por la posibilidad de que algún día los cubanos puedan expresarse libremente y votar al partido que quieran, o leer un periódico distinto al Granma.

Los cubanos, la mayoría de los cubanos, quieren un cambio. Poder viajar, trabajar por un sueldo digno, tener un estado de bienestar como el que disfrutan los países capitalistas de Europa. Pero esa perspectiva no le interesa a Pablo Iglesias. Eso sería la derrota del castrismo. La derrota de un sueño.

Para Iglesias (como para una parte importante de la izquierda española), Cuba representa la resistencia al imperialismo yanqui; la victoria frente a la invasión de la bahía de Cochinos; la abolición de la propiedad privada. Es decir, lo que él querría para España.

¿Cómo va a cuestionar Iglesias a Fidel Castro o al Che Guevara, si han sido sus mitos desde que empezó a militar en política cuando era un adolescente?

Todavía algunos se preguntan por qué esta izquierda tiene tan malos resultados electorales. Por qué ya no les votan ni los jóvenes. La respuesta está en La Habana. Su ideal revolucionario acabó en pesadilla. Sólo quedan las banderas, los burócratas y el hambre del pueblo.

La izquierda en España se queda sin votantes y sin sentido que lo ampare.

 España adelanta por la izquierda”, lema del 41º Congreso Federal del PSOE

Las elecciones en Castilla y León le han salido bien a Pedro Sánchez. Empatar ya se hubiera considerado un éxito en Ferraz, comparando ese resultado con el de Extremadura y Aragón. Pero el PSOE ha conseguido subir dos escaños en relación a los comicios de 2022. ¿Ha sido por el No a la guerra? Probablemente esa movilización extra le haya ayudado, pero la clave de la subida ha sido la desaparición en las Cortes castellanoleonesas de los partidos a su izquierda: Podemos y Sumar (que se ha presentado con IU y los Verdes). Entre las dos candidaturas no han logrado ni la mitad de los votos que hace cuatro años.

Mientras que Sumar se hundía, Yolanda Díaz -ministra de Trabajo, vicepresidente y ex líder del movimiento- se marchaba a Los Ángeles para ver la ceremonia de los Oscar. Todo un símbolo para esta pijo izquierda que se ha olvidado de pelear en el barro para conseguir votos y que se ha dedicado a vivir bien a costa de los votos que tenían. Cada vez menos, por cierto.

En Ferraz y en Moncloa, por contra, estarán felices porque creen que, ahora sí, han conseguido cambiar la tendencia de sonados fracasos que venían cosechando desde hace tiempo. Otro que estará feliz es Rodríguez Zapatero, que se ha sumado con entusiasmo a una campaña que a él le ha hecho recordar aquellos momentos de 2003 y 2004 que le llevaron a la Moncloa -contra pronóstico- bajo la consigna del No a la guerra y tras el atentado del 11-M.

Pero ¡ojo!. El que ha ganado las elecciones en Castilla y León ha sido el PP, que ha conseguido dos procuradores más que hace cuatro años. Es decir, que Mañueco ha crecido más que Guardiola en Extremadura y Azcón en Aragón. A pesar de la subida del PSOE, el PP sigue manteniendo una ventaja de tres escaños y consigue 55.000 votos más que los socialistas.

El buen resultado del PP obliga a Vox a negociar con un poco de humildad

El partido que no habrá tenido una buena noche es Vox. ¡Y eso que ha ganado un escaño! El problema ha sido que las expectativas eran muy altas, impulsadas por unas encuestas que le daban incluso 18 procuradores y más del 20% de los votos. ¿Qué ha pasado? La campaña de Abascal ha sido buena, ha llenado las plazas, ha provocado entusiasmo entre los jóvenes. Pero hay dos elementos que le han perjudicado: en primer lugar, su empecinamiento en no pactar con el PP; en segundo lugar, las pugnas internas han desgastado la imagen de su partido.

Ahora Abascal se tendrá que sentar a negociar los pactos en Extremadura, Aragón y Castilla y León, y lo tendrá que hacer con un poco de humildad, porque los votantes de derecha lo que le han vuelto a decir es que el partido que prefieren para gobernar es el PP. Vox sigue siendo un partido gregario, fuerte, pero sin opciones de gobierno.

Los dos grandes partidos salen fortalecidos, y el único partido localista que mantiene su fuerza es UPL.

PP y PSOE juntos suman 66 escaños y más del 61% de los votos. Pero, por otro lado, el bloque de la derecha suma 47 escaños y más del 55% de los votos. Esa también es otra lectura de unas elecciones que no han significado cambios sustanciales, pero que han dejado en mal lugar a algunas empresas demoscópicas.

Quién es José Antonio Kast, nuevo presidente de Chile? No niega su referente en Pinochet, Hitler,...

 

José Antonio Kast saluda con la banda presidencial de Chile durante la ceremonia en que asumió el gobierno

Fuente de la imagen, AFP via Getty Images .

Que José Antonio Kast presida Chile era algo impredecible incluso para sus amigos más cercanos hace algunos años.

 No era fácil imaginarse que iba a ser candidato", dice Rodrigo Pérez Stiepovic a BBC Mundo al recordar cuando Kast y él iniciaron juntos la carrera de Derecho en 1984 y se volvieron íntimos hasta hoy.

El propio Kast ha relatado que, la primera vez que pensó en ser presidente, le preguntó a otro amigo si podría lograrlo y obtuvo una respuesta poco alentadora: "No, te volviste loco".

Sin embargo, Kast asumió el cargo este miércoles luego de ganar el balotaje de diciembre como candidato opositor, para convertirse en el presidente más derechista de Chile desde el fin de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990).

Kast llegó a la cima del poder de su país tras dos intentos fallidos.

En las elecciones de 2021 perdió por 12 puntos porcentuales el balotaje ante el presidente saliente de izquierda, Gabriel Boric, y en las de 2017 consiguió apenas el 8% de los votos.

El gobierno de Kast tendrá entre sus prioridades la seguridad y el control de la inmigración, temas centrales de las elecciones en las que derrotó holgadamente con el 58,2% de los votos a la candidata comunista Jeannette Jara.

La trayectoria política y el mandato que inicia este abogado católico, comparado con líderes de otros países como Donald Trump, Javier Milei o Nayib Bukele, marcan una nueva etapa en la derecha chilena.La referencia de Pinochet

Nacido hace 60 años en Paine, una comuna ubicada en la región metropolitana de Santiago, Kast es el menor de diez hijos de un matrimonio de alemanes que emigró a Chile después de la Segunda Guerra Mundial.

El pasado de su padre, Michael Kast, durante ese conflicto bélico ha sido motivo de controversia.

José Antonio Kast saluda tomado de la mano con su esposa, María Pía AdriasolaPie de foto, Kast está casado con la abogada María Pía Adriasola, con quien tuvo nueve hijos.

Kast ha dicho que su padre se alistó por obligación en el ejército alemán para evitar un posible juicio militar y fusilamiento.


"La historia familiar nuestra es lo más distante que alguien se puede imaginar del nazismo", afirmó en la campaña de 2021.

No obstante, investigaciones periodísticas posteriores indicaron que Michael Kast fue miembro del partido nazi de Adolf Hitler a los 18 años, según un documento de 1942 del Archivo Federal en Alemania.

Si bien podría haber dudas sobre si se trata de la misma persona, el lugar y fecha de nacimiento coinciden con los del padre del candidato chileno.

Casado con la abogada María Pía Adriasola, con nueve hijos y próximo al movimiento católico conservador Schoenstatt, Kast también ha rechazado la etiqueta de "ultraderecha" que suelen ponerle.

Sin embargo, ha defendido el régimen militar de Pinochet y llegó a decir que si éste estuviera vivo habría votado por él.

Una taza con la imagen de Augusto Pinochet se apoya sonbre otra con el rostro de José Antonio Kast en un comercio de Santiago de Chile.

Su hermano mayor, Miguel Kast, fue ministro y presidente del Banco Central del gobierno militar, en el cual hubo graves violaciones de derechos humanos como torturas, asesinatos o desapariciones de miles de personas.

Kast ha negado avalar ese tipo de abusos, aunque también causó polémicas desde su primera candidatura presidencial al decir, por ejemplo, que "en el gobierno militar se hicieron muchas cosas por los derechos humanos de otras personas".También sostuvo que, a diferencia de lo que ocurre en Cuba, Venezuela y Nicaragua, con Pinochet en Chile hubo una "transición a la democracia".

"Lo que (Kast) valora es ciertos avances y cierto desarrollo que se produjo en el gobierno de Pinochet", explica Pérez, quien ahora será el principal asesor jurídico del flamante presidente. "No hay extremismo para nada: no hay ni fascismo, ni es antidemocrático en mi opinión".

Pero, sobre todo para las víctimas del régimen de Pinochet, el triunfo de Kast revive fantasmas del pasado que parecían caducos.

Una derecha "nueva"

La carrera política de Kast empezó cuando estudiaba en la Universidad Católica, donde participó del Movimiento Gremial fundado por Jaime Guzmán, un colaborador de Pinochet y redactor de la Constitución vigente desde 1980.

Después fue concejal y diputado por la derechista Unión Democrática Independiente (UDI), también fundada por Guzmán, quien fue asesinado siendo senador en 1991.

Kast se alejó de la UDI argumentando que debía dejar lo "políticamente correcto" y fundó el Partido Republicano chileno por el que fue candidato en las últimas dos elecciones.

Aunque perdió con Boric en 2021, tras el estallido social en el país, y sufrió otra derrota electoral con el rechazo a la propuesta de reforma constitucional que impulsó en 2023, su movimiento político mostró vigor en las últimas elecciones.

"Kast ha tratado de representar una derecha 'nueva', lo que yo llamo la derecha nacionalista populista", dice Robert Funk, politólogo de la Universidad de Chile, en diálogo con BBC Mundo.

Y añade que el presidente electo "ha tratado durante estos años de acercarse a otros modelos que hemos visto en distintas partes del mundo" como el presidente estadounidense Trump, el argentino Milei, el salvadoreño Bukele y el primer ministro húngaro, Viktor Orbán.

Gabriel Boric entrega la banda presidencial a José Antonio Kast

Fuente de la imagen, AFP via Getty Images

Pie de foto, La transición del gobierno de Boric a Kast tuvo momentos de tensión poco comunes para la democracia chilena.

Kast felicitó a Trump vía redes sociales por su elección de 2024, que definió como "un nuevo triunfo de la libertad y el sentido común".

En la campaña del año pasado dijo que, si el mandatario de EE.UU. le planteaba que pensaba invadir Venezuela, le respondería: "Proceda".

El pasado sábado, Kast y Trump se encontraron por primera vez en persona, en el marco de la cumbre de Escudo de las Américas en Florida, ocasión que el mandatario chileno aprovechó para celebrar la operación militar que terminó con la captura de Maduro.

Kast propone encabezar un "gobierno de emergencia", con medidas centradas en temas de migración y seguridad pública, un tema que, según algunas encuestas, encabeza las preocupaciones de los chilenos pese a que los índices de violencia del país son menores que otros en la región.

Una de sus promesas es instalar rejas o zanjas en las fronteras de Chile con Bolivia y Perú para impedir el paso de inmigrantes irregulares, como el presidente de EE.UU. hizo en el límite con México.

Y ha dicho que quiere generar más autodeportaciones de extranjeros indocumentados que Trump.

Kast también reivindica el modelo de "mano dura" de Bukele, cuya megacárcel en El Salvador visitó el año pasado para conocer cómo funciona, pese a las denuncias de violaciones de derechos humanos allí.

"Necesitamos más Bukele y menos Boric", sostuvo en esta campaña.

En el plano económico, las propuestas de Kast tienen similitudes con las de Milei: propuso un drástico ajuste fiscal de US$6.000 millones en 18 meses bajo el eslogan de "recortar el gasto político", pese a las dudas sobre su viabilidad.

Uno de sus principales asesores publicó en la campaña un artículo con expresiones propias del presidente argentino, como "casta política" y "parásitos del Estado", lo que generó molestias hasta en la centroderecha que gobernó Chile en el pasado.

Pero Kast lo respaldó y dijo que, si él hubiese escrito esa columna, "podría haber sido más dura".

Y en septiembre, cuando el expresidente brasileño Jair Bolsonaro, aliado ideológico, fue condenado por intento de golpe de Estado, Kast sostuvo que hay jueces en ese país que actúan con ideología política.

Luego de recibir la banda presidencial este miércoles, Kast saludó con un afectuoso abrazo a Milei.

A la ceremonia también fue como invitado el senador brasileño Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente ultraderechista y posible rival en las elecciones de este año en su país del mandatario izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva, quien a última hora canceló su viaje a Sanitago alegando problemas de agenda.

Otros jefes de Estado de la región, así como el rey Felipe VI de España, participaron del acto.

"¿Cómo que no se puede?"

Funk evita cuestionar el compromiso de Kast con la democracia, "pero más que nada porque se da cuenta que no hay agua en esa piscina".

"Él sigue defendiendo la dictadura y todo eso, pero creo que entiende que hoy en día en Chile sugerir de alguna forma que estaría dispuesto a transar con eso sería el fin de su campaña", señala el politólogo.

Kast tampoco ha sembrado dudas sobre la fiabilidad del sistema electoral de su país, como sí hicieron Trump o Bolsonaro, y al ser derrotado en el balotaje de 2021 llamó a Boric para felicitarlo "por su gran triunfo".

Sin embargo, la transición al gobierno de Kast tuvo tensiones insólitas para la democracia chilena por diferencias planteadas por el nuevo presidente sobre cómo manejó el gobierno de Boric un proyecto chino para instalar un cable de fibra óptica entre Asia y Chile, al que EE.UU. se opone.

gráfico de cómo quedó la cámara de diputados en chile luego de las elecciones.

Pérez, el amigo de décadas de Kast, sostiene que éste "es más racional y moderado en la forma de expresarse en contra de sus adversarios" que Trump o Milei.

A diferencia de estos, que llegaron al poder como outsiders, Kast lleva décadas en la política.

En la última campaña, intentó dejar en un segundo plano temas de la "guerra" cultural que planteó en las elecciones pasadas, como su oposición al aborto o a que exista el ministerio de la Mujer.

Los analistas creen que el candidato buscó así atraer el voto femenino que le fue esquivo antes.

Sin embargo, esto le valió críticas conservadoras.

Kast agita la bandera de Chile en un acto de campaña

Fuente de la imagen, AFP

 Cuando en un debate entre candidatos de la primera vuelta un periodista le preguntó si mantiene su férrea oposición incluso a que se venda libremente en farmacias la píldora anticonceptiva "del día después" de una relación sexual, Kast respondió de forma indirecta.

"Tengo las mismas convicciones de defensa a la vida desde la concepción hasta la muerte natural", dijo en dos ocasiones.

Su esposa relató en 2017 que, tras tener su segundo hijo, buscó controlar la natalidad y un médico le recetó pastillas anticonceptivas. Pero su marido se opuso al enterarse: "¿Estás loca? No se puede", le dijo Kast, por ser algo ajeno a los valores de la Iglesia católica.

"¿Cómo que no se puede? Si todas mis amigas lo hacen", contó Adriasola que le respondió a su marido.

Entonces fueron a preguntarle a un cura, que los derivó a otro médico que hablaba del "método natural", en referencia a la abstinencia sexual durante el ciclo fértil.

En las elecciones en Chile y de otros países latinoamericanos suele haber un movimiento pendular entre izquierda y derecha, que en este caso favoreció a Kast.

El nuevo presidente nombró un gabinete sin gran experiencia de gobierno que incluye a dos exabogados de Pinochet como ministros de Defensa y Justicia, y al economista ultraliberal Jorge Quiroz en Hacienda.

El otrora candidato improbable para sus amigos inicia la presidencia que tanto buscaba con el desafío de lograr el respaldo del variopinto campo conservador chileno para impulsar su agenda en un Parlamento dividido.

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