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En Oymyakon (Rusia) nace el frío que después se reparte por el mundo. -70º.

 

¡Temperaturas de -70 grados! El pueblo más frío del mundo se llama Oymyakon y está en Rusia

Así transcurre la vida en el pueblo más frío del mundo, Oymyakon. Este pueblo ruso se levanta todas las mañanas de invierno con hasta -70º de temperatura, un auténtico cubito de hielo.

Oymyakón, el pueblo más frío del mundo

Oymyakón, el pueblo más frío del mundo.

 

Al este de Siberia, en Rusia, Oymyakon está considerada la región habitada más fría del mundo. Este remoto pueblo ruso encabeza el número uno en la lista de zonas más frías del planeta, prueba de ello está en que ¡hasta las lágrimas y las pestañas se congelan!Todo lo que no esté cubierto y protegido, se expone a ser congelado. Sus habitantes tienen que mantener una temperatura lo bastante alta en sus casas para que el hielo no entre y lo cubra todo.

 

Oymyakon, el pueblo congelado

El calor de los rayos de sol poco se deja ver en estas tierras, y es que el escaso sol que a veces baña la población, no es lo suficientemente potente como para calentar a los habitantes o derretir el hielo. Para que los electrodomésticos y los coches no se congelen, han tenido que acondicionar espacios con una calefacción lo suficientemente alta para que no quedaran inservibles por el hielo. Pero sin duda alguna, un detalle que sorprende a todo aquel que visite el pueblo es que los baños se encuentran en pequeñas casetas de madera situadas en la intemperie y ¡hasta el papel higiénico se congela!

Oymyakon, pueblo más frio del mundo

Casas del pueblo de Oymyakon.

Con apenas 5 o 6 horas de luz, el invierno en esta región se hace muy largo y el tiempo corre lento, ya que pocas son las actividades que se pueden hacer fuera de las casas. Según el canal de The Weather Channel, en el invierno de 1924, las temperaturas del pueblo batieron el récord llegando a alcanzar los 71,2º bajo cero, un auténtico cubito de hielo. La ciudad más grande cercana al pueblo, Yakutsk, está a 929 km de distancia y la mercancía solo les puede llegar por carretera, ya que los aviones no vuelan por encima de la zona cuando alcanzan temperaturas de -60º.

Habitantes de Oymyakon

Habitantes de Oymyakon, al este de Siberia.

El pueblo vive de la minería, la pesca, la caza y el ganado y recibe ayudas del Estado por los beneficios que saca, la cria de caballos es otra de las actividades que más se desarrolla en la población. No tienen agua corriente, ya que las tuberías se congelan y el agua potable la sacan rascando el hielo que se forma en los ríos, un auténtico viaje al pasado más nómada. Pero alguna ventaja tiene que tener tanto frío...y es que en las casas, por ejemplo, no necesitan nevera, basta con sacar los alimentos a las terrazas para que se mantengan fríos.

Oymyakon, pueblo más frio del mundo

Carreteras congeladas en  Oymyakon.

 

Un atractivo para los turistas

Las bajísimas temperaturas de la zona, no impiden que los turistas acudan al pueblo solo para visitarlo, y es que esta villa en el corazón helado de Siberia se ha convertido en un lugar de transito para los turistas (más atrevidos), ya que además de ser un auténtico paisaje blanco congelado digno de ver, al menos una vez en la vida, también cuenta con cafeterías, pubs, gimnasios, cafés, bibliotecas, museos y tiendas para entretenerse. Una de las actividades que más atrae a los visitantes son las carreras de renos y la pesca a través del hielo.

Caballos en  Oymyakon

Caballos en Oymyakon, pueblo más frío del mundo.

Los turistas más despistados tienen que tienen que tener cuidado al hacer las fotos, ya que según cuentan sus habitantes, al sacar el móvil al exterior corre peligro de que se congele y estropee. Lo mismo pasa con las cámaras de fotos y todos los aparatos electrónicos que se saquen fuera de los bolsillos, ¡hasta con la tinta de los bolígrafos!

 

Oymyakon,- el lugar habitado más frío del mundo.

 
 La imagen de las barandillas congeladas con una capa que parece de azúcar glas, del sol como una mancha en el horizonte y la furia de la ventisca cuentan ya toda la historia. Pero el occidental que visita el lugar suele menear la cabeza buscando palabras para explicar el frío que ha pasado. La temperatura media del termómetro marca 50ºC bajo cero durante los largos meses de invierno. El ajedrez, el cansino transitar de los renos, los cantos populares y, sobre todo, el vodka distraen un poco a los habitantes de su principal dedicación: sobrevivir.
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Los propios elementos luchan entre sí. La gasolina de los coches se congela a -45º C, por lo que cualquier habitante de Siberia sabe que no se puede apagar el motor más que unos pocos minutos. "Cuando vas a una tienda dejas el vehículo aparcado con el motor en marcha, y para estacionarlo por la noche en un sitio lo aparcas en un párking con calefacción, no te puedes arriesgar a que se congele", explica Alona, una veinteañera que nació cerca del lago Baikal y contesta tajante cuando se le pregunta por las rutinas que rompe el frío: "Nada, seguimos con nuestra vida normal".
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En 1924, se midió la temperatura más baja: -71,2 ºC

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60 grados bajo cero los pasos sobre la nieve suenan tan duros como una danza sobre el metal. El aliento se hiela y queda flotando como el aura de un ángel. Cien cuchillos cortan la cara al mirar hacia el origen del viento. Los coches no pueden parar el motor porque no volverían a arrancar. Y al llegar a casa uno mete las manos en el congelador y nota un intenso calor que reconforta. ¿Estamos fuera del sistema solar?
No es el fin del mundo, es la fábrica de invierno: dicen que desde esta planicie, en la república rusa de Saja, brota y se reparte por todo el mundo. Y justo en el corazón de Siberia hay un pueblo pequeño y silencioso: Oymyakon, donde medio millar de paisanos se encogen de brazos cuando les dicen que la localidad está en los libros como el lugar habitado más frío del mundo.
Sombreros de piel de zorro, gafas de esquiar, ropa interior decimonónica y botas recubiertas de pelaje de reno y un buen manojo de supersticiones cotidianas sirven para abrirse camino en esta tierra bella y salvaje. Mermelada, carne de reno, bloques de sangre de caballo congelada con macarrones, té ardiendo y pescado recién sacado del río son el combustible para aguantar hasta el verano luchando contra los elementos en una tierra donde hasta morirte es una batalla contra el hielo: antes de enterrar a los seres queridos hay que hacer una hoguera en el suelo para que se pueda cavar.
A 7.000 kilómetros de Moscú asoman las cabañas de madera de Oymyakon viajando un día y medio por la autopista de Kolima, conocida como la "carretera de los huesos" por la cantidad de prisioneros que murieron construyéndola. Amos Chapple, un fotógrafo neozelandés, llegó en los primeros días de 2013. Quería conocer el lugar más frío de la tierra: "Eso da titulares", dice riendo. La gran aventura empieza con una noche por carretera, dentro de una furgoneta de doble ventana con un ventilador de aire caliente en el interior que sin descanso proyectaba hacia su cara una molesta calidez. "Dormíamos con el motor encendido, que es como intentar hacerlo con un grifo abierto, psicológicamente algo no cuadra en tu cabeza". Fuera, la temperatura iba ya por debajo de -50 grados. La mínima de enero llega con frecuencia a 68 bajo cero. Más hacia el este de las montañas de Kolima -inhóspitas pero ricas en oro- que estiran sus brazos de roca y hielo hasta Chukotka, una tierra de esquimales. El lugar más helado está a dos zancadas del fin del mundo.
Al llegar a la localidad un letrero da la bienvenida al polo del frío. El nombre de Oymyakon viene del término kheyum, una palabra del idioma yakuto que significa charca que no se congela, ese lugar donde pasan el invierno los peces que sirven de alimento a los vecinos de la zona. Los sacan del agua y no tienen que preocuparse por la conservación: los ven congelarse ante sus propios ojos en cuestión de minutos.

Entre las cosas que son una proeza en Oymyakon está ir al cuarto de baño: las cañerías explotarían por el frío, así que lo que más se estila es la austera caseta a unos metros de la casa. Es lo que descubre el viajero en la primera parada en el camino. A oscuras y situado fuera de contexto está el café Cuba. Ahí Amos contempló el monumento más extraño de su vida: "El váter no es más que un agujero en el suelo y desde ahí pude ver una especie de pirámide de excrementos, tenía dos metros de altura y parecía durísima y enormemente afilada porque todo lo que cae se congela al instante, daba la impresión de que si caías sobre ella morirías ensartado", explica Chapple. Todavía recuerda tener que dar calor a su cámara con el pecho para conseguir que funcionase. Las fotos hay que tomarlas sin respirar, pues el aliento queda flotando en forma de nube y lo emborrona todo.

Tres horas de luz al día

Durante esos meses de diciembre y enero la vida se ralentiza. La luz del día apenas dura tres horas y en la calle puedes extender las manos hacia un contenedor de basura ardiendo y parece que jamás te quemarás. Escribir un mensaje de texto significa que el dedo no será el mismo durante el resto del día. Y cruzarse de noche con algún vecino puede ser un test de camaradería o una pelea de las que acaban con las narices sangrando: "Se acercaban tipos con chaqueta de cuero y mala cara, diciendo que esas calles eran suyas por la noche, uno dijo que me iba a patear el culo y directamente lo hizo, con una patada patética", recuerda Chapple divertido, que captó algo envenenado y al mismo tiempo encantador en el ambiente. "Muchos de ellos pueden ser bruscos y borrachos, pero lo cierto es que todo el mundo está pendiente de los demás, paran el coche al ver cualquier cosa rara en la cuneta", explica sobre su experiencia durante aquellos días de frío en los que no quedó más remedio que ponerse en manos de los lugareños.


Bolot Bochkarev, que organiza viajes por la zona de Yakutia y también a Oymyakon, tiene el lujo de ver la aurora boreal o acariciar a los renos durante su jornada laboral: "Son unas verdaderas vacaciones rusas, una aventura suave", explica. Sus clientes son aventureros acostumbrados a dormir cada día a 500 kilómetros del lugar donde pernoctaron la noche anterior. El frío cada vez llama a más curiosos, y ahora hasta ofrecen servicio de guía en español. La visita de los valientes que se apunten queda certificada con un documento que afirma que se ha visitado el pueblo más frío del mundo. Aunque normalmente los recuerdos son más duraderos que el diploma. Y los detalles fisiológicos siempre sobresalen: "A veces la saliva se helaba como si fueran agujas, pinchándome los labios", recuerda el fotógrafo.
Ser el lugar más frío del planeta es un título que se disputan otras localidades rusas no lejanas como Verjoyansk, que en todo caso tiene el récord Guinnessde mayor variación de temperatura (de -68 a 37 grados centígrados). En el caso de Oymyakon el sitio debe su fama a un horrendo día de 1924 -el año en el que murió Lenin- en el que la temperatura se despeñó hasta -71,2 grados centígrados. Un monumento recuerda el hecho histórico, que en el pueblo se contempla con una mezcla de pesar y orgullo.
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"Es un tópico que la gente allí acepte el frío: odian el frío, le tienen miedo, huyen de él, se lo quieren quitar de encima", insiste Chapple, que recuerda la escena de una mujer comprando salchichas congeladas en la tienda: "En cuanto las dejó en la bolsa se colocó la mano entre el antebrazo y el tronco, con ansiedad, como si le mordiese el frío del congelador". La lista de la compra es distinta a la de España. En lugar de comprar barras de pan se adquieren barras de agua: para beber se consumen en grandes bloques de hielo que hay que ir a buscar a la tienda.

Reserva de diamantes

La región es rica en materias primas. Hay escuelas, una oficina de correos, un banco e incluso una pista de aterrizaje que sólo es operativa en verano. Lo modesta que es la vida sobre la superficie contrasta con la riqueza que hay bajo la tierra: grandes reservas de petróleo, gas natural, carbón, diamantes, oro y plata.La mayor parte de los diamantes de Rusia se extrae de la región de Saja, responsable del 20% de la producción mundial.
Pocos visitantes invernales saben que Oymyakon también conoce el bochorno: durante la temporada estival pueden alcanzarse los 35 grados sobre cero. Ésa es la ocasión de hacer acopio de víveres y sacar partido al ganado. Entre junio y finales de septiembre es el momento en que las vacas pueden dar leche, que queda almacenada en bloques congelados para el resto del año. "Ahí la vida es una batalla", coinciden los que han recorrido la zona. Empezando porque existe riesgo de congelación si se permanece más de 15 minutos en la calle. En Oymyakon sorprende que hay vecinos de edad avanzada, pero el consumo de alcohol hace estragos como en otros lugares de Rusia, sobre todo entre los hombres.
Siberia
Pero lo cierto es que a temperaturas inhumanas los quehaceres cambian. El colegio suspende sus clases si la temperatura baja más de 51 grados, aunque con un grado menos los niños siguen dibujando un pequeño rastro de abrigos de colores en la nieve: pasito a pasito entre la ventisca azul. En la parte de atrás de la escuela hay una central térmica, cuyo personal ostenta la enorme responsabilidad de mantener al barrio caliente. Esto es: con vida. Porque en Oymyakon se vive burlando al frío, que insiste en morder noche y día.