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El banco central de Estados Unidos sube los tipos de interés a 0,75 puntos. Más problemas para España.



Estados Unidos (Reserva Federal)  sube los tipos de interés en 0,75 puntos porcentuales, hasta un rango objetivo de entre el 1,5% y el 1,75%. Una medida con la que el banco central de Estados Unidos intensifica sus esfuerzos para abordar la inflación más rápida en cuatro décadas y que además supone la mayor alza desde 1994.

 

El gran aumento de las tasas, que los mercados esperaban, parece subrayar que los funcionarios de la Reserva Federal se toman en serio frenar el aumento de precios, incluso si este movimiento tiene un coste para la economía estadounidense. Y es que esto supone un incremento 25 puntos superior a las alzas de 50 puntos básicos que había barajado el banco central estadounidense en las últimas semanas para sus próximas reuniones.

 

El organismo también ha aumentado su pronóstico de inflación para 2022 hasta el 5,2% y ha recortado su previsión de crecimiento de la economía estadounidense al 1,7%, al término de una reunión de dos días de su comité de política monetaria.

 

La decisión no se ha tomado por unanimidad esta vez. La presidenta del Banco de la Reserva Federal de Kansas City, Esther George, ha votado por un alza de 50 puntos básicos, mientras que el resto de miembros del FOMC se ha alineado con el aumento de 75 puntos.

 

El Comité ha asegurado que está «elevadamente atento» a los riesgos que entrañan la inflación. Además, ha alertado de que las restricciones para hacer frente a la covid-19 que están teniendo lugar en China probablemente afecten de nuevo a las cadenas globales de suministro.

 

Asimismo, los banqueros centrales siguen anticipando nuevas subidas en el precio del dinero en sus futuras reuniones. Por otro lado, se ha mantenido sin cambios los planes de reducción del balance. Entre junio y agosto, la reducción será a razón de 47.500 millones de dólares mensuales, mientras que pasada esa fecha se elevará a 60.000 millones.

 

Por otro lado, la Fed también ha publicado la actualización de sus previsiones macroeconómicas, así como las estimaciones de sus miembros sobre la evolución de los tipos de interés.

 

El ‘dot-plot’, o diagrama de puntos, se ha modificado de forma abultada con respecto a marzo. En el tercer mes de 2022, la mayoría de miembros del FOMC esperaba que los tipos se situaran al cierre de 2022 entre el 1,25% y el 2%. Ahora, sin embargo, todos esperan que al menos cierren el año por encima del 3%. De cara a 2023, el consenso de banqueros centrales sitúa el precio del dinero por encima del 3,5%.

Por Juan Pardo

juanpardo15@gmail.com

Blog de Juan Pardo

Nadia Calviño miente más que Pedro Sánchez. Se ha equivocado, intencionadamente, en todas sus previsiones.

 


El informe económico del Banco de España (BE) del último trimestre de este año es sencillamente demoledor para el Gobierno. La institución rebaja el crecimiento previsto para 2021 al 4,5% y el del año próximo al 5,4%. Es una diferencia sustancial frente a las previsiones del Ejecutivo, que preveía un aumento del PIB del 6,5% para este año y del 7% para el próximo.

 

No hablamos de unas décimas, las típicas diferencias tiquismiquis entre sesudos servicios de estudios, sino ante recortes esenciales. Estamos hablando de que la economía va a crecer casi un 30% menos de lo previsto por el Gobierno este año y casi otro 25% el año que viene.

 

Los presupuestos generales del Estado (PGE) se hacen en base a las previsiones macroeconómicas que elabora el Ministerio de Economía. Pues bien, esas estimaciones han saltado por los aires y la ministra Calviño no tendrá más remedio que rectificar y decirle a Bruselas que los cálculos que le entregó en octubre de este año ya no sirven.

 

El Banco de España justifica su revisión a la baja por diversos factores: los nuevos rebrotes del Coronavirus (la variante ómicron ya forma parte del análisis); la escasez de materias primas; los cuellos de botella en las cadenas de valor, y, sobre todo, por las tensiones inflacionistas provocadas por la subida de los precios de la energía.

 

La inflación no sólo no va amainar, sino que en 2022, según el boletín del BE, subirá al 3,7%. Y, ¡cuidado!, porque también advierte en este escrito del peligro de traslación de esas tensiones a los precios finales y al incremento de costes salariales. El año que viene es muy probable que aumente la conflictividad laboral como consecuencia de la pérdida de poder adquisitivo que van a sufrir la mayoría de los trabajadores. Un escenario complicado para un gobierno de izquierdas.

 

Según el Banco de España, la economía crecerá un 30% menos de lo previsto para este año y un 25% por debajo de lo que estima el Gobierno en 2022, si es que crece.

 

El problema que tiene el Presupuesto es que mientras los ingresos públicos van a ser sensiblemente más bajos por el menor crecimiento de la economía, los gastos van a ser los mismos. El Gobierno de Pedro Sánchez está a punto de sacar adelante en las cámaras un Presupuesto para 2022 que bate el récord histórico de gasto público. Obnubilado por la propaganda política y la llegada de fondos europeos, el presidente ha dado luz verde a unas cuentas que van a disparar el déficit público muy por encima de los previsto (un 8,4% sobre el PIB este año y un 5% el próximo).

 

Todo ello en un contexto en el que el Banco Central Europeo (BCE) acaba de acordar esta semana un recorte muy importante en la compra de deuda para el próximo año. En 2021 el BCE ha comprado cerca de 120.000 millones de deuda española. El próximo año muy esa cifra se rebajará a la mitad. Los costes financieros del Estado van a subir y también la deuda. Eso, en la antesala de una subida de tipos, que los expertos auguran para el último trimestre de 2022 (algo que ya ha acordado la Reserva Federal de EEUU).

 

Por ahora, el Gobierno vive en Disneylandia porque Bruselas está haciendo la vista gorda con el déficit y la deuda, en virtud de una política monetaria laxa motivada por el Covid. Pero esa permisividad (mucho más ahora tras el cambio de Gobierno en Alemania, cuya cartera de Finanzas está en manos del halcón liberal Christian Lindner) va a cambiar a partir de 2023.

 

Mientras aquí en España los medios han puesto el foco en la disputa por la política lingüística y el pacto con ERC (cuyo coste es ridículo: 15 millones de euros, según Rufián), la economía de verdad echa el freno. El margen para los regalos y la demagogia se ha reducido según pone de manifiesto un frío y serio informe de una institución independiente, como lo es el Banco de España.

 

Ahora entendemos por qué el Gobierno está tan preocupado por las instituciones que no controla. Pero, por suerte, aún tenemos a funcionarios como Hernández de Cos, que no llaman a Moncloa antes de emitir sus informes.