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Mutilación Genital Femenina. Las contradicciones.


La mutilación genital femenina (MGF), término acuñado por la Organización Mundial de la Salud, ha sido el foco de atención de diversos grupos de derechos humanos, organizaciones de derechos civiles y organizaciones nacionales e internacionales de la mujer. Su preocupación surge del daño causado a las niñas por la práctica, la cual está ligada a valores y costumbres culturales. Se les practica a las niñas de todas las edades, de la infancia a la adolescencia, pocas veces en la mujer madura. Aunque está establecido que los hombres tienen la mayoría del poder en las sociedades practicantes, el rito es frecuentemente apoyado por las mujeres. No está condenado por ninguna religión mas tampoco parece jugar un rol decisivo en la práctica como tal.

¿Cuáles son las contradicciones relacionadas con la mutilación genital femenina? La ironía es que en una sociedad donde se obliga a la mujer a reconstruir su cuerpo de modo que pueda ser social y sexualmente aceptada, la mayoría de los hombres prefieren tener sexo con mujeres que no estén circuncidadas, alega Abusharaf (1998), antropóloga africana. Ella hace referencia a un estudio en el cual 266 de 300 hombres Sudaneses, cada uno con una esposa infibulada y una o más que no lo estaban, expresaron una fuerte preferencia por las no mutiladas. Una segunda ironía es que la circuncisión no le garantiza a la mujer un matrimonio seguro. Las mujeres infibuladas son más propensas a la infertilidad lo que contribuye a ser marginadas y/o rechazadas por los esposos. Otro estudio que menciona la antropóloga indica que el índice de divorcio de las mujeres infibuladas era el doble que el de las otras mujeres. Por tanto, parece hasta extraño que las mujeres, no los hombres, son los custodios del ritual. ¿Por qué las mujeres someten a las hijas a rituales que saben que son extremadamente dolorosos, peligrosos y que al parecer no le garantizan mucho una vez casadas? Contraer matrimonio y tener hijos es una estrategia de supervivencia en una sociedad que puede estar plagada de pobreza, enfermedades y analfabetismo. La dependencia socio-económica de los hombres amansa su actitud para con la mutilación. Los hombres, al parecer, son presionados a casarse con jóvenes infibuladas. Siendo hijos de mujeres mutiladas, negarse no es culteramente aceptable, se podría decir. Lo que sí es posible es contraer nupcias con jóvenes no mutiladas. Por lo tanto el significado del procedimiento tiene más que utilidad y está definitivamente atado al lugar que ocupa cada uno en la sociedad.

Si bien la mutilación está arraigada culturalmente, una disminución está ocurriendo aún sin la intervención de otros grupos (Shaaban y Harvison, 2005). Sensibilizar a la comunidad a través de líderes proveyendo a la misma vez alternativas locales para sustituir la mutilación ha tenido efecto positivo, indican. Otro acercamiento ha sido identificar hombres y mujeres que se oponen a la práctica, aún cuando prevalecen como normas, para crear conciencia. No obstante, la preocupación por las complicaciones provenientes de métodos extremos para cortar la genitalia ha inducido a algunas comunidades a recurrir a personal médico calificado para llevar a cabo el procedimiento. En algunos casos esto ha llevado a favorecer la mutilación por este medio y tiende a perpetuarla. Además, la atención que se le ha dado a las consecuencias de salud ha resultado en el hecho de que algunas comunidades recurran a las formas menos severas en vez de cesar la práctica.

Cambios significativos podrían darse si se enfoca el asunto de manera balanceada entre los géneros en cuestión ya que la mayor parte de dichas intervenciones van dirigidas a la mujer por ser la más afectada. Indiscutible es el hecho de que tradiciones que causen discapacidad física y sicológica no deben ser perpetuadas en ninguna cultura mas queda en entredicho si los hombres en verdad favorecen la mutilación genital femenina o son ellos también víctimas de un rito que se ha perpetuado en sus culturas de generación en generación. Todos pierden.