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Pedro Sánchez prepara una trampa parlamentaria para evitar cambios en la reforma laboral

 


Sánchez ‘engañaría’ a sus socios aceptando la tramitación como proyecto de Ley, pero prorrogando sine die el plazo para presentar enmiendas

 

En el Gobierno contemplan todos los escenarios. El plan A: que el decreto de la reforma laboral salga adelante conforme a lo pactado con sus socios gracias a la abstención de sus aliados preferentes: el PNV y ERC. El Plan B, el más probable: que tengan que recurrir a la vía alternativa de Ciudadanos y partidos minoritarios. Y el Plan C o último recurso: la aceptación de la tramitación del decreto como proyecto de Ley para no perder el favor de sus socios y evitar una quiebra en la alianza Frankenstein.

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De momento, se trata de una última opción, pero está en la mente del Ejecutivo. Tras el ultimátum de sus socios ERC,Bildu, BNG y la Cup este jueves en el Congreso, a algunos estrategas en el Palacio de la Moncloa se les ha encendido la bombilla: «Ponen como condición que aceptemos tramitar el decreto como proyecto de Ley. ¿Eso quiere decir que están dispuestos a apoyar la reforma laboral si a cambio aceptamos introducir modificaciones?».

 

El ‘no dudoso’ de ERC y Bildu a la reforma laboral

Fuentes de Moncloa consultadas por THE OBJECTIVE dejan así en evidencia a los aliados gubernamentales, recordando que el trámite para aceptar modificaciones consiste en una votación, a continuación de la convalidación del decreto, que solicita al Gobierno si acepta su tramitación como proyecto de Ley, pero una vez haya conseguido aprobar el decreto con el apoyo de sus socios. Es decir, que «ERC y Bildu han aceptado sin saberlo que están contemplando apoyarlo a cambio de esa condición».

 

En el Palacio de la Moncloa aprecian cierta «rebaja en el tono» de los partidos citados, que admiten que «contemplan la opción de apoyarlo y no expresaron un no tajante», al margen de otras sutilezas como que los verdaderos interlocutores del Gobierno, Aitor Esteban del PNV, y Gabriel Rufián de ERC, no quisieran personificar esa supuesta ofensiva en la sala de prensa del Congreso. Argumentos por los que el Ejecutivo no acaba de cerrar la puerta de la primera opción, aunque admiten que sea «improbable».

 

La trampa parlamentaria

Pero hay una última carta que se guarda Pedro Sánchez por si las situaciones se tornaran críticas con sus socios, después de que Podemos les alertara de que pactar con Ciudadanos es entrar en «zona peligrosa». Se trata de una trampa parlamentaria que el Gobierno ya ha explorado previamente y cuyo precedente se encuentra en la Comisión de Secretos Oficiales.

 

La última carta de Pedro Sánchez sería la de ‘engañar’ al Congreso y a sus socios aceptando la tramitación como proyecto de Ley pero posponiendo sine die el plazo de presentación de enmiendas hasta que decaiga con el final de la legislatura. Dos años que se quedan cortos respecto a los más de tres años y medio que lleva bloqueada la Comisión de Secretos Oficiales por el veto mutuo que se impone sobre ERC y Vox para conseguir un representante en el órgano parlamentario.

 

Bolaños y Bal, el lunes

Pese a todo, el escenario más realista es que el decreto salga adelante con Ciudadanos y los grupos minoritarios, entre los que se encuentran los dos diputados de UPN, CC, Nueva Canarias, Compromís, Más País, PRC y Teruel Existe. Fuentes gubernamentales explican que los contactos ya se han iniciado pero queda que se sellen por parte de los dos negociadores: el ministro de Presidencia, Félix Bolaños, y su secretario de estado de Relaciones con las Cortes, Rafael Simancas, quien ha asumido un papel crucial.

 

Fuentes de la formación naranja informan a THE OBJECTIVE que este lunes se producirá una conversación formal entre Bolaños y el portavoz de Ciudadanos, Edmundo Bal, para cerrar su apoyo. El pasado martes, ambos hablaron al término del pleno en el Congreso. Ambas partes confirman que «no habrá una negociación formal», puesto que Bal reiteró a Bolaños que la única exigencia es que «el Gobierno no ceda al chantaje nacionalista y separatista y no modifique ni una coma del decreto». Una promesa que se podría cumplir tanto en el caso de que el Gobierno active el plan A, el plan B, o el plan C. Lo único que cambiaría es el sujeto del engaño.

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Pero repasemos sin olvidar y mañana lo veremos, la única base electoral del PSOE es ir de víctima, como así, en su día  lo hizo Zapatero. Cuando, también el líder de Ciudadanos prometió con solemnidad que jamás volvería a pactar con Sánchez. En ese instante, el equipo de campaña del presidente del Gobierno se frotó las manos al contemplar ante sí todo el espacio de centro listo para ser ocupado. Y en eso está Sánchez. En eso y en evitar cualquier pifia –por ejemplo, en un debate televisivo– que dé al traste con una estrategia milimétricamente trazada.

Una vez rescatado el voto que se le fugó a Podemos, se trataba de recuperar apoyos por el otro lado. Y para ello, tanto Sánchez como María Jesús Montero, su enviada todoterreno a esos debates en los que siempre se puede meter la pata, restan carga ideológica al discurso con el fin de atraer, no ya al votante entusiasta, sino al que deposita su papeleta como un mal menor. Captar el voto radical y el moderado al mismo tiempo es el gran reto. Es también el empeño de ERC en Catalunya, aunque a Gabriel Rufián le cueste embutirse en el traje de político prudente y comedido. ¿Y el resto de partidos?

A estas alturas de la campaña, los demás se definen en función de un posible gobierno de Sánchez. El PP y Ciudadanos piden el voto para impedir que el socialista se alíe con el secesionismo y haga pedazos España; Podemos reclama apoyo para que Sánchez no se asocie con la derecha de Rivera, y los independentistas lo hacen para que en la Moncloa no se olviden de que tienen un problema en Catalunya. ¿Y Sánchez? ¿Cuál es el gobierno que persigue el líder del PSOE?

Obviando la meta casi imposible de una mayoría absoluta, el objetivo de Sánchez es conseguir un resultado que le permita gobernar en solitario con el apoyo de Podemos, el PNV, Compromis y los catalanistas. Ese es el escenario que en la Moncloa consideran factible y más cómodo. ¿Por qué no el del pacto con Ciudadanos?

Un acuerdo del PSOE con Rivera no es descartable si de las elecciones del 26M –municipales y autonómicas en 12 comunidades– resulta un escenario en el que ambos partidos se jueguen gobiernos clave. Pero Sánchez es muy consciente de lo que le ha costado taponar la fuga de votos hacia la formación de Pablo Iglesias, un empeño al que se aplicó desde el primer día que tomó posesión como presidente con el anuncio de un gobierno feminista hasta el último de los “viernes sociales”. Y un pacto con Cs volvería a poner en riesgo el flanco izquierdo del PSOE, seguramente el más frágil, el que se desmoviliza con mayor rapidez ante cualquier desencanto. Dejaría despejada a Iglesias la autopista de la izquierda. Es probable que el líder de Podemos reclame entrar en el Gobierno, algo que no está ahora mismo en los planes de Sánchez. ¿Y el independentismo?

La campaña de ERC y JxCat consiste en combatir el voto útil hacia los socialistas como freno de la derecha. Para ello, Oriol Junqueras redactó una carta en la que abría el camino a votar una eventual investidura de Sánchez sin condicionarlo a la negociación de un referéndum de autodeterminación. Al difuminar la principal línea roja, el independentismo transmite el mensaje de que el gobierno de izquierdas está garantizado si de ellos depende, pero que conviene que lo sea condicionado para que aborde el conflicto catalán. Por eso, los republicanos consideran esencial ganar estas elecciones generales en Catalunya. Ahora mismo las encuestas arrojan un resultado igualado entre el PSC y ERC.

La intención de Sánchez es continuar con la política de diálogo y desinflamación con la Generalitat, aunque sin discutir un referéndum. Su objetivo es rebajar el malestar de la sociedad catalana con el Ejecutivo central para contribuir a cambiar el panorama político en el Parlament. Tanto en la Moncloa como en ERC y JxCat son conscientes de que tendrán por delante dos hitos: la gestión política de una posible condena penal de los políticos independentistas procesados y el resultado de unas elecciones catalanas que probablemente sufran un adelanto a los próximos meses. Queda mucho camino por delante.