
Un conocido director de casting me aseguró hacer unos meses: “Si el director de una obra de teatro o el de una película me pidiera para hacer de madrastra a una mujer perversa, propondría de inmediato a Leire Díez”. Será, sin duda, una bellísima persona, pero es verdad que su aspecto físico, y sobre todo sus miradas, son los de una mujer perversa.
A ella en todo caso y a los que la financiaron y apoyaron corresponde la sucia operación de desprestigiar a algunos jueces para proteger a Pedro Sánchez. Borja Méndez lo explica en ABC de forma contrastada. Acorralado por la corrupción y las ilegalidades de varios de sus colaboradores destacados, la única cosa que se le ocurrió al exsecretario de Organización del PSOE, Santos Cerdán, para evadir a Pedro Sánchez del desgaste público fue una operación éticamente reprobable: escudriñar en la vida y en la obra de los jueces afectados para desprestigiarlos y convertir sus decisiones en controvertidas y reprobables.
De forma especial, la fontanera Leire Díez se entregó en cuerpo y alma a desenterrar informaciones que desdibujaran la imagen de esos jueces. Con una perversidad difícilmente igualable, Leire Díez atendió las instrucciones de Cerdán y organizó un tinglado lamentable y reprobable. Esclavos de un amo genuflexo siempre ante el altar del poder, Cerdán y Díez instrumentaron una de las operaciones más sucias que recuerda la democracia española y que afectaba, de hecho, al entero poder judicial. Es decir, al poder clave para solidificar la democracia y garantizar la libertad.
Difícil saber en qué va a terminar toda esta operación destinada al control del poder judicial. Lo que está claro es que la inmensa mayoría de jueces y magistrados harán todo lo posible para mantener la independencia y garantizar el ejercicio de la Justicia.