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Junts y Bildu se unen para "liquidar" a Pedro Sánchez y, por odio, a España.


Ningún español pone en duda que ideológicamente, Puigdemont y Otegi son, totalmente, contrarias, sólo les une el odio a España, a la democracia y hasta el oxígeno que necesitamos para respirar. El objetivo objetivo principal no es otro que la independencia de Cataluña y el País Vasco y, de paso, la aniquilación de la Constitución del 78. Y, ahora, esencialmente son aliados especiales de Pedro Sánchez, por apoyar su investidura y sostener con sus escaños a su Gobierno. A cambio, el presidente ha cumplido todas sus exigencias, a pesar de ser tan estrafalarias como ilegales. Pero no les basta.

Puigdemnont y Otegui traman aprovecharse de la extrema debilidad parlamentaria del Gobierno después de más de 100 derrotas en el Congreso para cumplir todos sus objetivos, que como decíamos, el principal es la independencia que ya rozan con los dedos después de las muchas concesiones de Pedro Sánchez con el carrusel de traspasos de competencias a Cataluña y al País Vasco; incluso a Navarra.

Bildu ha sido hasta ahora el gran aliado del Gobierno. A cambio, las exigencias de los herederos de ETA se han cumplido a rajatabla. Además de elaborar en su totalidad o apoyar muchas de las propuestas legislativas de Sánchez en el Congreso, el traspaso de las competencias de Instituciones Penitenciarias al País Vasco ha servido para que buena parte de los asesinos de la banda terrorista sean excarcelados y, después, homenajeados por sus compañeros de fechorías. También la Guardia Civil acaba de perder las competencias de Tráfico en Navarra y, pronto, la Benemérita será expulsada totalmente de la Comunidad foral y del propio País Vasco.

Pero Junts ha conseguido acercar aún más a Cataluña a la independencia con el traspaso de competencias del Estado como la inmigración, el control de fronteras y la soberanía fiscal, además de indultar a los golpistas y amnistiar a Puigdemont, pero con tanta torpeza que todavía no se le puede aplicar la medida de gracia. Los éxitos del prófugo de Waterloo son, por ello, el ejemplo a seguir por Otegui, el que fuera condenado y encarcelado por terrorista.

Poco ha trascendido de la reunión entre Puigdemont y Otegui. Se han limitado a difundir un comunicado ambiguo en el que “ se comprometen a seguir trabajando sin descanso para que los derechos políticos, culturales y lingüísticos del pueblo vasco y del pueblo catalán sean reconocidos y garantizados" en el “nuevo contexto geopolítico”.

Pero resulta evidente que lo que de verdad buscan Puigdemont y Otegui es seguir exprimiendo a Sánchez hasta la última gota a cambio de mantenerlo en La Moncloa. Saben que pueden lograr lo imposible, la independencia casi absoluta de Cataluña y el País vasco, si convencen al presidente de estar dispuestos a complacerlo en su verdadero propósito que no es otro que amarrar el poder, al menos hasta el final de la legislatura en 2027. Hay que esperar acontecimientos. Pero una alianza entre Bildu y Junts podría ser la tabla de salvación de Sánchez en esta legislatura y la aniquilación total de la Constitución.

El enésimo chantaje de Pedro Sánchez.

 


Pedro Sánchez.
Pedro Sánchez. | EUROPA PRESS

Acusa Carles Puigdemont a Pedro Sánchez de "chantaje" por su oferta de otorgar una financiación a la carta para Cataluña ligada al apoyo de ERC a la investidura de Salvador Illa. Yo es que me parto. ¡Puigdemont, que cambió la amnistía para él a cambio de investir a Sánchez, hablando de chantaje!

Pero, sí. Esta vez el ex president tiene razón. Sánchez ha planteado la financiación especial para Cataluña como un do ut des: dinero a cambio de que el candidato del PSC sea presidente de la Generalitat con los votos de ERC.

Luego alguien se extrañará de que mucha gente fuera de Cataluña esté hasta el gorro. Empezando por los presidentes de la comunidades que no son Cataluña, sean del PP o del PSOE, como Emiliano García Page, que ha visto en esta nueva cesión otra oportunidad para meterle el dedo en el ojo al líder de su partido.

El sistema de financiación autonómica vigente, caducado desde hace mucho más tiempo que el CGPJ, pero al que el Gobierno no le había prestado mucha atención hasta que ha necesitado los votos de ERC, incluso aunque sea desempolvando la vieja propuesta de "pacto fiscal" que en su día puso sobre la mesa Artur Mas, consiste básicamente en que las comunidades con más recursos financien a las que menos tienen. El sistema es mucho más complejo que todo eso, pero, finalmente, el resultado de lo que aporta cada autonomía menos lo que se recibe, coloca a Madrid como la comunidad más solidaria de todo el Estado, seguida muy de lejos de Cataluña y, en tercer lugar, de Baleares.

El Gobierno no puede ceder todos los impuestos a Cataluña sencillamente porque, si lo hace, el sistema se cae. Habría que replantearlo todo de nuevo y la conclusión sería que las comunidades con menos recursos recibirían menos dinero del que ahora reciben. De ahí el enfado de la mayoría contra esta nueva oferta de Sánchez a Cataluña para engatusar a ERC, cosa que, por cierto, está por ver.

Si el presidente cede todos los impuestos a Cataluña, el sistema de financiación autonómica se cae

Claro que todavía no sabemos en qué consiste esa financiación especial de la que habló Sánchez en su entrevista del domingo en La Vanguardia, especialmente dedicada a hacerle la pelota a ERC. ¿Hasta dónde llegará el presidente con tal de asegurarse el apoyo de los republicanos en el Parlament? ¿Se trata de otra añagaza más o bien de un plan para trasladar a Madrid el peso que se le quite a Cataluña?

El Gobierno y el PSOE han tirado definitivamente la toalla en la tarea de recuperar el liderazgo político en Madrid y Andalucía, comunidad que gobernaron durante casi cuarenta años y que, a este paso, no volverán a recuperar en varios lustros. Porque la autonomía que más dinero recibe con el sistema actual -aunque sea insuficiente- es Andalucía, que sería la más perjudicada si Cataluña logra el desenganche que anhelan tanto ERC como Junts.

Lo de Madrid es punto y aparte. La inquina de Sánchez a Díaz Ayuso le ha nublado la mente al presidente, que se olvida de que en esta comunidad viven más de siete millones de personas y que, además, es la que más aporta al PIB.

Sánchez no sólo ha situado en Madrid la sede social de la "máquina del fango", sino que la ha convertido en un ejemplo de "dumping fiscal", como ayer se encargó de remarcar la portavoz de la Ejecutiva socialista, Esther Peña. A pesar de las bajadas de impuestos, Madrid aporta al conjunto más de 6.000 millones netos al años, tres veces más que Cataluña. Eso es un hecho que no debería pasar por alto el presidente. Hoy por hoy, Madrid es la comunidad más solidaria con las que tienen menos renta.

En el PSOE se solía decir que el PP no puede aspirar a gobernar España con una representación débil en Cataluña y el País Vasco. Puede ser. Pero lo que es un hecho es que el PSOE no podrá superar el 30% de apoyo electoral si sigue manteniendo el raquítico resultado que ahora obtiene en Madrid y en Andalucía. Sánchez necesita a ERC y a Junts porque ha renunciado a tener un partido ganador en toda España.

Aragonès propone un referéndum con esta pregunta: "¿Queréis que Cataluña sea un estado independiente?"

 

El presidente Pere Aragonès, durante la conferencia pronunciada este mediodía en el Col.legi d.Economistas de Catalunya EFE/Alejandro García

El presidente de la Generalitat, Pere Aragonès, ha oficializado este martes su propuesta para realizar un referéndum de independencia de Cataluña. Una consulta que debería acordarse previamente con el Gobierno y convocarse en aplicación del artículo 92 de la Constitución, con la pregunta "¿Queréis que Cataluña sea un estado independiente?" y una respuesta binaria. Aragonès no ha puesto fecha a la celebración de ese referéndum, pero ha asegurado que será su prioridad tras las elecciones catalanas del 12M, y su principal promesa al electorado.

"Votar sobre la independencia es posible en el actual marco normativo y solo es cuestión de voluntad política, como la amnistía" ha proclamado Aragonès al presentar el informe elaborado por el Instituto de Estudios Autonómicos (IAE) en el que se basa su propuesta.

El informe identifica el artículo 92 de la Constitución "como la vía jurídica prioritaria, más idónea y factible para convocar un referéndum sobre la independencia de Cataluña". Y descarta un quórum mínimo de participación ni porcentajes de validación, como sí aceptaba el programa aprobado en el último congreso de Esquerra.

Voluntad política

Aragonès ha insistido en el argumento que blande el independentismo desde el inicio de la legislatura: el referéndum es "tan posible como la amnistía", que "era imposible hasta que dejó de serlo". Para el líder republicano la celebración del referéndum es una cuestión de "voluntad política" que los independentistas quieren doblegar gracias a sus votos decisivos en el Congreso de los Diputados.

De hecho, su principal rival, Carles Puigdemont, también anunció como prioridad de su candidatura a la Generalitat la celebración de un referéndum pactado sobre la independencia de Cataluña. Una propuesta que no difiere de la planteada hoy por Aragonès, como ha reconocido el president, que se ha felicitado porque Junts se sume ahora a la vía del referéndum pactado.

El president ha asegurado, para defender su propuesta, que la ciudadanía catalana "ha expresado de forma reiterada la voluntad de ejercer la soberanía como nación y como pueblo". Una voluntad popular que "han acompañado todos" los gobiernos autonómicos "desde que el Tribunal Constitucional tumbó el Estatut", ha añadido recordando desde la petición de un referéndum en el Congreso a las consultas ilegales del 9N de 2014 y el 1-O de 2017.

La vía más rápida

En este contexto, Aragonès ha señalado que la vía del artículo 92 de la Constitución debe ser la prioritaria porque es la única vía que permite la convocatoria del referéndum sin necesidad de ninguna modificación legislativa. Desde el IEA aseguran, además, que este artículo permite la convocatoria de la consulta en el ámbito estricto de Cataluña, aunque el texto de la Constitución se refiere a "todos los ciudadanos" y no hay precedentes de ningún referéndum convocado al amparo de este artículo en una única comunidad autónoma.

Aún así, el informe del IEA asegura que existen otras vías para la convocatoria de un referéndum de independencia. En concreto, la reforma de la Ley orgánica 2/1980 sobre regulació de les diferents modalitats de referéndum o la delegación de las funciones estatales para autorizar referéndums a través del artículo 150.2 de la Constitución.

La vía que intentó el Govern de Artur Mas, con el apoyo de ERC, emulando al ex lehendakari Juan José Ibarretxe. Ambas propuestas se estrellaron contra la negativa de la mayoría de las Cortes integrada por PP y PSOE.

La Ley de la amnistía se verá reflejada en el 12-M.

 

Cataluña 12-M: la prueba de fuego para la ley de Amnistía

Carles Puigdemont.

Carles Puigdemont. EP

La obsesión de Ada Colau por encontrar su pequeño hueco en la historia de Cataluña ha hecho saltar por los aires los presupuestos, precipitando un adelanto electoral con el que casi nadie contaba hace tan sólo unas semanas.

Pedro Sánchez, viendo venir el peligro, encomendó a Yolanda Díaz la tarea de bajarle los humos a la líder de los Comunes para que los presupuestos de Pere Aragonés salieran adelante. Pero, al final, el partido de Colau ha votado con Junts, Vox, Ciudadanos y PP una enmienda a la totalidad que ha derrotado a la suma de ERC y PSC (a los que se agregó la diputada no adscrita Cristina Casol). Otra prueba de la inutilidad de un partido llamado Sumar, sobre todo para los intereses del presidente del Gobierno.

La derrota de los presupuestos de ERC/PSC demuestra, además de que Díaz para las cosas importantes es totalmente prescindible, que la lucha cainita entre los partidos independentistas marca por encima de todo la política catalana y puede echar por tierra cualquier planteamiento avalado por Junqueras pero que no cuente con el respaldo de Puigdemont.

El adelanto electoral para el 12 de mayo tiene una consecuencia inmediata para la política nacional: el Gobierno no podrá aprobar los presupuestos generales para este año, como era el deseo de Sánchez tras la aprobación de la ley de Amnistía. En plena campaña electoral, pactar con Madrid tiene un coste que ni ERC, ni por supuesto Junts querrán asumir. María Jesús Montero, que había metido la directa para negociar las cuentas públicas cuanto antes, tendrá que cambiar de planes y de discurso.

Si el PSC no gana y los independentistas suman mayoría absoluta, el plan de Sánchez habrá sido un rotundo fracaso

Sin embargo, lo más importante de este adelanto electoral es que va a suponer la prueba de fuego para conocer el efecto político de la ley de Amnistía en Cataluña. Es verdad que los comicios se celebrarán cuando la ley aún no esté en vigor, pero el PSC podrá esgrimirla como su principal activo.

Sánchez, que ha vendido la ley de Amnistía como una apuesta por la reconciliación y un antídoto contra el independentismo, se la juega el 12-M. La única forma en la que el presidente podría afirmar que su arriesgada apuesta ha sido un éxito sería con un triunfo del PSC y la posibilidad de gobernar junto a ERC. Cualquier otro supuesto sería sinónimo de fracaso. Si los independentistas suman mayoría absoluta, lo más probable es que acaben pactando, a pesar de que se odian. Ya lo han hecho en el pasado y lo volverán a hacer. ERC sólo pactaría con el PSC si gana y Junts obtiene un mal resultado.

Suiza humilla a la justicia española.



MADRID, 20/02/2024.- El juez Manuel García-Castellón a su llegada a la Audiencia Nacional este martes. EFE/ Mariscal

A 24 horas de conocerse el resultado de las elecciones en Galicia, el Ministerio de Justicia sacó de un cajón un documento que tenía en su poder desde el 29 de diciembre para filtrarlo a algunos medios con el objeto de echar un poco de humo sobre el batacazo del Partido Socialista y poner otra vez bajo el foco el debate sobre la amnistía.

Me refiero a la respuesta de la Oficina Federal de Justicia Suiza (que no es un órgano judicial, sino un departamento del Ministerio de Justicia helvético) a la petición de información del juez Manuel García Castellón sobre el paradero y las cuentas de la ex dirigente de ERC Marta Rovira, sobre la que el magistrado español sostiene que hay indicios de que colaboró con Tsunami Democràtic. 

En el documento filtrado, la Oficina Federal de Justicia deniega la información requerida por el magistrado de la Audiencia Nacional argumentando dudas sobre los indicios de terrorismo que García Castellón ve en Rovira y porque, esto es lo más grave, considera que el caso Tsunami tiene un "carácter político".

El alborozo del Gobierno y sus socios era palmario al ver publicado este documento. La alegría de los independentistas se entiende; hay alguien que les da la razón, nada menos que Suiza, el paraíso del chocolate y del secreto bancario. La del Gobierno no tiene explicación lógica.

En primer lugar, debería causar sonrojo que un órgano gubernamental extranjero opinara si unos hechos son o no delito, cuando el caso lo instruye la justicia española. En segundo lugar, la doctrina Suiza sobre la motivación política es más que dudosa. De hecho, no tiene aplicación en los países de la Unión Europea.

La "motivación política" de un delito esgrimida por Suiza para denegar la información sobre Marta Rovira implica que en España hay un déficit democrático

La teoría de la "proporcionalidad" o test suizo fue establecida en 1908. En resumen: si existe una motivación política, no se puede llevar a cabo la extradición y tampoco proporcionar información sobre el investigado al país que lo solicita. Al autor le basta con probar que ha cometido el posible delito durante un conflicto político (pongamos por caso el procés) para eludir la extradición. Incluido por delito de terrorismo, siempre y cuando no implique muertes o daños muy graves.

Pero, como señala el fiscal de la Audiencia Nacional Carlos Bautista, uno de los mayores expertos de nuestro país es estas lides: "No puede equipararse el ataque a las instituciones de un país democrático o con la finalidad de subvertir su orden constitucional con los actos cometidos contra estados de naturaleza autoritaria, por más que en ambos casos la motivación sea política".

Si admitimos que la Oficina Federal de Justicia Suiza tiene razón, estamos dando por buena la tesis fundamental del independentismo: que hubo un conflicto político que justificó los hechos del 1-0 y los posteriores de 2019 (Tsunami). Es decir, estamos admitiendo que en España existe un déficit democrático.

Desde que España denegó la extradición a Suiza del financiero Hervé Falciani (solicitada en 2013 y, posteriormente, en 2018), este país deniega por sistema la extradición a España de posibles delincuentes. La Justicia española, en respuesta, ha denegado cuatro extradiciones a Suiza en los últimos dos años.

Hay, por tanto, una situación de bloqueo que dificulta la colaboración entre los gobierno de ambos países. Eso explica muchas cosas.

Lo que no tiene explicación es que se den por buenas esas tesis humillantes sin ponerles una pega. Todo por aprovechar de forma oportunista un escrito que supuestamente da la razón a las tesis del Gobierno y a sus beneficiarios sobre la amnistía.

A Puigdemont ni agua.

 

Puigdemont exige también a Sánchez que reconozca a Cataluña como "nación"  para apoyar su investidura


La pregunta no es muy difícil: ¿Cuál es el mayor problema de España? Pues es evidente, el del separatismo, porque se trata del único que puede comprometer la propia existencia del país, base de todo. En contra de las pamplinas que sostienen que «Cataluña está muchísimo mejor que en 2017» y que la situación se ha «desinflamado» gracias al entreguismo de Sánchez, la realidad es exactamente la contraria. El problema se ha agudizado. A lo que ya había –los separatistas gobiernan en Cataluña y siguen trabajando en la independencia y el desdén hacia España con una tenacidad infatigable– se ha unido un agravante, y es que la debilidad parlamentaria del líder del PSOE les está facilitando avanzar hacia su objetivo. El separatismo catalán y vasco jamás había tenido enfrente a un Gobierno español tan desvalido y tan sometido a sus designios. Cada nueva cesión supone más Cataluña y más País Vasco y menos España, ese es el saldo real.
La existencia de un país no se puede dar por supuesta. No atiende a ningún ensalmo milenario que se pierde en la noche de los tiempos, sino que se forja sobre una comunidad de intereses y rasgos comunes que unen a una población, empezando por el idioma, la educación y la historia compartida. Nadie lo explicó con más sencilla claridad que Ernest Gellner, el gran estudioso de los nacionalismos: «Las naciones no son algo ineludible históricamente, ni los estados nacionales son un destino final manifiesto. El nacionalismo engendra a las naciones, no a la inversa».
 
El veraz aserto de Gellner lo han interiorizado perfectamente los nacionalismos centrífugos vasco y catalán, que trabajan sin descanso desde comienzos del siglo XX por forjar sus estados, habiendo llegado para ello hasta a una bárbara ola de violencia asesina que duró seis décadas (ETA). Por su parte, Franco sabía de manera intuitiva que la única manera de frenar a los nacionalismos disgregadores era haciendo que imperase otro mayor, por eso la médula de su larguísimo mandato estribó en fomentar el arraigo de la nación española.
 
La llegada de la democracia provoca un curioso fenómeno que nos ha traído a la encrucijada en la que estamos. Los partidos estatales mayoritarios se despreocupan por completo de seguir fomentando el afecto hacia España y la identificación con ella, pues lo dan por supuesto. Pero en el bando adverso sucede exactamente lo contrario: los nacionalismos centrífugos intensifican la propaganda a favor de la idea de las naciones vasca y catalana, aprovechando de una manera desleal los instrumentos de autogobierno que ha puesto en sus manos el flamante estado de las autonomías. Durante la Transición se cometen dos cagadas monumentales que acabarán debilitando a España: 1.- La cesión de las competencias educativas a las comunidades, que es aprovechada por los nacionalistas vascos y catalanes para educar en el ensimismamiento en el terruño y el rechazo a España. 2.- Una ley electoral equivocada, que sobrerrepresenta en el Congreso a los partidos nacionalistas y les otorga un peso a la hora de decidir el Gobierno de España que no se corresponde para nada con lo que suponen sus votos en el conjunto del país.
 
A esos dos errores de diseño institucional se une la inmensa empanada conceptual de la izquierda española, que a diferencia de sus pares europeos considera que el patriotismo es algo ominoso -léase franquista- y acaba eligiendo una y otra vez como socios en ayuntamientos, diputaciones y comunidades a los nacionalistas. Hasta alcanzar la felonía final de Sánchez: aliarse con los que quieren destruir España para intentar mantenerse en el Gobierno de España. Un absurdo.
 
Ningún presidente español de la democracia quiso ocuparse de la fundamental batalla que acabamos de resumir, salvo tal vez un poco Aznar. Ninguno se propuso un programa sólido de fomento de lo que nos une (el idioma español, nuestra historia común, nuestros lazos culturales, deportivos, afectivos y económicos). Ninguno se trabajó los medios de comunicación catalanes y vascos para que remasen a favor de España. Ninguno lanzó un plan tipo Más España para dar la batalla contra la inmensa campaña de los separatistas, que a diferencia de los sucesivos gobiernos estatales jamás han dejado de empujar a favor de sus «naciones» (de entrada, haciendo obligatorios en la escuela idiomas minoritarios y prohibiendo de hecho el más hablado).
 
En el siglo XXI, Rajoy hizo gala de una decepcionante abulia en este frente, incluso eliminó el Ministerio de Cultura, cuando la liza entre el nacionalismo español y los periféricos es en gran medida cultural. Zapatero reforzó los lazos de unión del PSOE con los separatistas y abrió estúpidamente la caja de Pandora 
 
independentista con el cebo de los nuevos estatutos. Ya con Sánchez hemos llegado a la situación más dañina para España: un títere que depende de un prófugo golpista y que está dispuesto a desairar al Rey, al Supremo, al TC y hasta a lo que él mismo hizo en 2017 con tal de mantener su poltrona. Ahora mismo se apresta a remozar la Constitución al margen de los cauces que ella establece y al dictado de los partidos que dieron el golpe separatista de 2017, ERC y Junts.
 
Cuento todo esto porque a veces cunde la sensación de que Feijóo no acaba de entender, o asumir del todo, que España está inmersa en una batalla en la que se juega su perduración o su destrucción, una disputa en la que caben medias tintas, ni comprensivos buenísimos periféricos. Por eso supone un resbalón que con la que está cayendo reconozca en Barcelona que el PP mantiene contactos indirectos con Junts, partido cuya única meta y razón de ser es lograr la independencia de Cataluña. O que exprese «respeto» hacia Puigdemont, un fugitivo cobarde con su propio pueblo y un político de credo supremacista, que no tiene más objetivo en su vida que cargarse lo que es España (y humillarnos durante ese proceso todo lo que pueda).
 
Feijóo, que tiene sus virtudes y ha sacado al PP de su coma en las urnas ganando las elecciones, sufre una extraña mutación buenista cada vez que pisa Barcelona, que debería sacudirse. No hay mensaje más desolador para el votante tipo del PP que escuchar a su líder expresando «respeto» hacia Puigdemont (lo cual supone además todo un regalo para Sánchez, como ha aprovechado enseguida su periódico de cabecera). A Feijóo, aunque no es hombre de lecturas -y debería, al igual que necesita aprender inglés- le convendría leerse los libritos de Gellner y también grabarse a fuego el sabio consejo que les dio Tony Blair en su día a los laboristas escoceses: la única manera de vencer al nacionalismo es rechazándolo por completo, porque tratar de entenderlo y confraternizar con él solo te lleva al hundimiento. Y así les fue a los laboristas escoceses, que pasaron de hegemónicos a residuales tras mostrarse tolerantes con el nacionalismo.
 
Así que, por favor, a Junts, ni agua. Y a Puigdemont, menos.

PRISA, Cebrían piden la CABEZA de Sánchez.

"Denuncian ante la UE los insultos de la Generalidad a los convocantes de la manifestación contra la amnistía" Alberto Núñez Feijóo, con la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso y otros líderes populares, durante la manifestación del domingo en Barcelona contra la amnistía.

La manifestación fue un éxito para casi todos y desde el Gobierno insultan a los ciudadanos.

El Mundo

"El rechazo a la amnistía llena Barcelona y descoloca al PSOE". Toma ya, eso sí que no se lo esperaban. ¡Cómo se han puesto, los de Illa! Les ha llamado de todo por salir a manifestar su opinión, a quién se le ocurre. A parir, ha puesto a los manifestantes. Es lo que tienen las dictaduras, que antes de meterte en la cárcel o fusilarte pues te niegan la palabra.

La manifestación de Barcelona encarna la defensa de esos lazos sociales en una Nación-Estado o Estado nacional con cinco siglos seguidos de unidad
"«Es el momento de las instituciones, no de las manifestaciones y la calle», venía de declarar el primer secretario del PSC, Salvador Illa". ¿Y quién se cree que es Illa para decidir cuándo se manifiestan los ciudadanos? "Es una marcha «contra los catalanes», había advertido la portavoz de la Generalitat, Patrícia Plaja, para negar la catalanidad de los que, pese al aviso, osaran atender la convocatoria de Societat Civil Catalana". No, chati, es una manifestación contra ti y todos los de tu ralea.

Contra el golpe de Sánchez.


"Las calles del centro de Barcelona acogieron ayer un rotundo clamor en defensa del Estado de Derecho y en rechazo a la amnistía a los encausados por el procés que negocia el PSOE con los independentistas a cambio de su apoyo a la investidura de Pedro Sánchez", dice el editorial. "La manifestación de ayer en Barcelona, unida a la de hace 15 días en Madrid, es un toque de atención que no se puede ignorar. La decisión de poner en juego las bases de la democracia española a cambio de unos votos para una investidura tiene un impacto en una población que recuerda muy bien el golpe del 1-O y amenaza con provocar una fractura social". Pues claro que el dictador Sánchez lo puede ignorar. Su misión es precisamente gobernar contra ellos.

Thank you for watching


Federico Jiménez Losantos está eufórico. "Nunca pensé que la convocatoria de Sociedad Civil Catalana, con la traición del PSC pasado en masa al golpe separatista y el gobierno de la Generalidad insultando a convocantes y participantes en la manifestación, fuera un éxito de tales dimensiones". Lo cierto es que no se lo esperaba nadie, tras el 23-J muchos nos quedamos tocados pensando que a la gente se la trae al pairo lo que haga el déspota Sánchez. "A ver si el Felón Sánchez reúne la mitad en cualquier sitio de España". Eso Sánchez, convoca una manifa, yo qué sé, para apoyar a los terroristas de Hamas, que es lo tuyo.


"Y por si aún alguien tiene dudas sobre el éxito de manifestación, basta ver cómo salieron, himplando y rebuznando, entre la hiena y el asno, Illa y Aragonés". Pues lo hay Federico, lo hay, Arcadi Espada, por ejemplo. Según él, "Barcelona no fue, ni mucho menos, Varsovia y la manifestación de los corazones que requería la democracia española no se produjo". "El refrendo no se dio hace unas semanas en Madrid, en la inoportuna e inane concentración que convocó el Partido Popular, ni se dio tampoco ayer en la convocatoria de Sociedad Civil". ¿Por qué no covocas tu una, Arcadi? Seguro que tienes mucho más éxito, con lo listo que eres y lo bien que lo haces todo.


Siguiendo con Federico, "hubo un detalle que a los resistentes añejos no les pasó inadvertido: por primera vez no sonó Els Segadors, tributo al catalanismo del PSC y a lo políticamente provecto, que ya no hay que pagar. En su lugar, tras un himno catalán, pero no criminoso, y el himno nacional, sonó, con la imagen de Ramón Arcusa como fondo de pantalla, el ¡Resistiré! del Dúo Dinámico, que es mucho más que una canción: un compromiso de luchar, contra todo y el tiempo que haga falta. La España leal no se rinde. Tome nota el Felón".


Raúl del Pozo también difiere de Arcadi y coincide con Federico. "Bajo un sol pegajoso y húmedo no hubo el fracaso que se esperaba en la manifestación"." La Cataluña constitucionalista dio una señal clara de resistencia a la autodeterminación y la ruptura del Estado de Derecho. Hubo menos gente que en la de 2017", pero claro, "faltaban los socialistas", los traidores que se han pasado al bando enemigo. O tal vez siempre lo estuvieron y en 2017 sólo querían pillar cacho.


"Seis años después el PSOE hace negocio con siete votos y el acoso a los constitucionalistas sigue de forma más silenciosa y más cobarde. El PSOE ya no está en la resistencia, sino en la entrega de Cataluña a los separatistas". Y no solo eso, se dedica a insultar a los catalanes que no son separatistas. "Ya están diciendo que la del 8 de octubre es una marcha contra Cataluña y la llaman unionista, evocando la sangrienta guerra de Irlanda. Desdichada metáfora". El socialismo se ha quitado la careta por unos votos. Eso es bueno.

Sobre Israel, dice El Mundo que "el ataque terrorista de Hamas contra Israel supone una injustificable escalada de violencia criminal que apunta directamente a los civiles y constata el fracaso de la comunidad internacional para solucionar un conflicto enquistado".

"La carnicería desatada el sábado en las ciudades israelíes por milicianos del grupo islamista merece una condena sin paliativos y no puede escudarse en la defensa de la causa palestina". Pues señor editorialista, evite llamar milicianos a los que son, simplemente, terroristas.

El País


El periódico ultrasanchista da fé del enorme éxito de la manifestación de ayer al decir que fue menos concurrida que la de 2017. Como ya hemos explicado, faltaban los socialistas, que se han pasado al separatismo por 8 votos. Menudo cabreo tiene el periódico ultra.

"Decenas de miles de personas rechazan la amnistía en Barcelona". "Feijóo y Abascal rivalizan por el favor de la Cataluña antiindependentista". Mientras, el PSOE traiciona a los antiidependentistas y se une a los separatistas. Esto no es de El País, naturalmente. "Un manifestante presume de haberse fotografiado con los tres (Feijóo, Ayuso y Abascal), como quien colecciona autógrafos de estrellas del rock", dice Miguel González. No hay duda, fue un éxito.


Y lo de Pepa y sus Migueles están nerviosos. "Más allá de la envergadura de la convocatoria, lo que esta tiene de significativo es que demuestra que las heridas que dejó el procés siguen abiertas para una parte de la población muy crítica con cualquier gesto de gracia que pueda ponerse en marcha para perdonar a quienes participaron en la organización del otoño separatista de 2017 y que precipitaron una cadena de episodios que afectaron a la convivencia entre catalanes". Ya se vio ayer lo bien que se ha restaurado la convivencia con todo el separatismo insultando a los manifestantes.


Como explica el editorial, los socialistas no estuvieron porque "necesitan el voto de Junts para la investidura de Pedro Sánchez, que negocia con ellos una amnistía para quienes aún tienen causas pendientes".


"De manera que la capitalización política de la protesta la protagonizaron las derechas españolas con el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, manifestándose por primera vez con el líder de la ultraderecha, Santiago Abascal, inflamados ambos de retórica apocalíptica y antisanchista sin ningún aterrizaje en el tiempo presente, en los seis años transcurridos, en el fracaso del procés y en la realidad compleja y plural de Cataluña y el conjunto de España". Echan las muelas. "Sánchez tiene todo el derecho a negociar con todas las fuerzas que puedan apoyarlo", concluye. Con terroristas, golpistas, ultras, pero el PP no tiene derecho a negociar con Vox.

Que convoquen una mani a favor de la amnistía


Cebrián les lleva la contraria y dice que "vaya por delante que en una democracia representativa es normal y lícito, no existiendo una mayoría absoluta, que formaciones menores traten de conformarla entre ellos. Pero no lo es que, a fin de conseguirlo, un partido central para el funcionamiento del sistema acuda al auxilio de otros abiertamente enemigos de la Constitución y las leyes a las que han jurado lealtad y contra las que no cesan de conspirar y no dudan en delinquir".


"Estamos ante el chantaje de los enemigos de la concordia nacional y la unidad del Estado a un demediado líder político que enmascara la avaricia del poder con el servicio a la comunidad". Toma ya.


"No es diálogo someterse al chantaje de un fugitivo de la Justicia a cambio de beneficiar a un poder en ejercicio que no ha recibido el apoyo mayoritario de la ciudadanía. Es una vergüenza, una inmoralidad y, lo que es casi peor, una estupidez. Sánchez ha sido el presidente del gobierno que más ha dividido a los españoles. También a miles de antiguos votantes socialistas y dirigentes del partido, muchos de ellos perseguidos por el franquismo por su lealtad a la democracia de la que ahora disfruta y pretende abusar el propio Sánchez". Ni yo misma lo hubiera expresado mejor.


"Una amnistía concedida en estos términos, rindiendo pleitesía a un delincuente fugado de la justicia, rebelde contra el ordenamiento constitucional al que juró servir, traidor al Estado del que era máximo representante en su comunidad, con el solo fin de colmar las aspiraciones personales de un derrotado en las urnas, sería una ofensa a la dignidad de las instituciones, y una renuncia a los valores éticos y democráticos del socialismo". Veremos si es el último artículo de Cebrián en el periódico ultrasanchista.

ABC


"El constitucionalismo desborda el centro de Barcelona contra la amnistía y las cesiones a los 'independentistas'". "La manifestación constitucionalista convocada por Sociedad Civil Catalana, que ha recorrido el centro de Barcelona, es el contrapunto que necesita la opinión pública española para no aletargarse con el discurso del Gobierno y sus socios sobre la amnistía y la autodeterminación". Vamos, que habrá que estar en la calle día sí y día también.


"La movilización pública es una opción siempre legítima, pero ahora es urgente en la medida en que, en los próximos meses, se va a ejecutar fuera de los cauces constitucionales una quiebra del modelo constitucional de 1978". "Aunque la realidad es que a Sánchez le da igual la calle. La insensibilidad del PSOE al sentimiento mayoritario de los españoles contra la amnistía le hace indemne a estas protestas sociales. Solo una transformación de esa mayoría social en mayoría política y parlamentaria podrá evitar la consumación del acto más irresponsable que habrá cometido un gobierno democrático español". Claro, pero esa posibilidad la tuvimos el 23J y ya sabemos lo que pasó. Y nada garantiza que vuelva a pasar cuando vengan los asustaviejas con Vox, es que Vox, qué miedo da Vox, las sales, que viene Vox.


"No estaba el PSOE ni el PSC en la manifestación por la Constitución. Los socialistas se van apeando poco a poco, pero sin vacilar, de las grandes causas de la nación española solo por satisfacer su afán de poder".


"Esta sería la única opción digna para Sánchez: renunciar a la investidura, forzar nuevas elecciones y proponer en su programa electoral esa amnistía que ahora –y no antes– le parece tan necesaria para poner fin al 'conflicto' catalán". No parece que Sánchez esté en esa tesitura. Ni siquiera ha tenido la decencia de convocar un referéndum. Pero los que votaron a Sánchez ya sabían lo que votaban.

Sostres está con Arcadi. Allí no había nadie, cuatro gatos. "Por frondosas que parecieran algunas de las imágenes de la jornada de ayer, hablar de desbordamiento o de éxito o multitudinario es estar fuera de la realidad. El número de asistentes fue irrisorio en comparación con las manifestaciones de signo contrario, del mismo modo que la concentración del PP de hace 15 días en Madrid fue otro fracaso de asistencia por mucho que en nombre de la causa se quiera disimular el «horror vacui» del centro derecha". Menos mal que no ha dicho que había menos que en 2017.


"Si el PP quiere resultar útil en Cataluña tiene que definir un proyecto político creíble y ser capaz de ganar las elecciones o por lo menos de no perderlas por la goleada con que las pierde en el ayuntamiento de Barcelona, en la Generalitat y sobre todo en el Congreso, por 19 a 6 contra el PSC. Si el PP quiere ser útil no puede hacer el ridículo en Cataluña y es una burla que pretenda con manifestaciones de tres al cuarto disimular su dejadez política, irresponsable y cínica, en esta comunidad". Pobres manifestantes, con lo contentos que estaban.


José F. Peláez defiende a los manifestantes a los que Bolaños insultó llamándoles "nostálgicos del enfrentamiento", derecha y extrema derecha. Pero Peláez no vio a nadie de Junts. "Quizá estuvieran con Bolaños tomando el aperitivo en Ferraz, que por allí sí que hay mucho nostálgico. En concreto del 34". Buen sopapo, Peláez.

La Razón


"Clamor contra la amnistía". Dice Marhuenda que "la realidad es que Sánchez está comprando unos votos para ser presidente del Gobierno". Ya, eso ya lo sabemos todos, nadie se traga lo de la concordia, Marhu, la gente no es tan tonta (creo). "Nos impondrán una amnistía injusta, inconstitucional y sin fundamento, pero no nos convencerán". Pero vencerán.


Antonio Martín Beaumont dice que "la movilización social de este domingo en la ciudad condal, al igual que su precedente en la capital de España, ha sido despreciada por el PSOE. Desean tapar el éxito con el estúpido argumento de que se trata de «otra foto de Colón», dado el apoyo de Feijóo y Santiago Abascal a la convocatoria. Cantinelas sin recorrido. Olvidan que el 8 de octubre de 2017, en ese mismo lugar, contra el procés también se manifestó el PSC, e incluso fue Josep Borrell quien lanzó el discurso final. Son ellos, los socialistas, los caídos de la foto constitucionalista".


"El cambio del PSOE es tal que Pedro Sánchez culminará este viernes su ronda de consultas ahondando en el blanqueamiento de los herederos de Batasuna, otorgándoles el marchamo de una fuerza política más y elevándolos a la categoría de socios preferentes". Con todos menos con once millones de españoles. Esto va acabar mal.

- Seguir leyendo: https://www.libertaddigital.com/espana/2023-10-09/cebrian-se-harta-y-pone-a-caldo-a-sanchez-en-el-pais-7057559/

Los catalanes, por su laboriosidad, buen hacer y espíritu de lucha, merecen la independencia.

 

Bajo el lema: “ANTES CATALÁN QUE BOLIVARIANO” Tan triste como real. 

Desde que el Conde-Duque de Olivares valoró la política a la hora de gobernar, España se dividió en dos, toros y vacas. No estaba muy desacertado Olivares, para nada. De una u otra forma hemos ido criando a nuestros hijos, a veces, las más veces con más precariedad alimenticia que otras, mientras la política de nuestros monarcas (DEP) hacinando lingotes de oro en los palacios y los acercados a la política del Rey –digamos como un concejal de vuestro pueblo- se adueñaban de tierras, tierras y fincas, si es así que ya les llamaban terratenientes. Pero un día, al amanecer menos cuarto, siendo Rey y amo de España Fernando VII, las cosas se tuercen –otra Pica en Flandes- los terratenientes se quedaron sin tierras, los pobres más pobres, las vacas se amachorraron y los toros salieron del armario reivindicando su homosexualidad. Si, en comparativo político, Fernando VII sería Zapatero.

Con aquella España empobrecida y siempre fieles a los buenos consejos de sus políticos, catalanes y vascos se arman de su valeroso espíritu de trabajo y en menos de una década pasan a ser el motor de la economía española –por cierto, en estas dos comunidades nunca ha gobernado la izquierda- .

Cataluña, siempre fue la admirada y querida por Franco, hasta el punto de que en 1950 y sin Plan Marshall —European Recovery Program (ERP)—llegó a ser la región europea más demandante de empleo. El sueldo medio de un trabajador de Cataluña superaba en el 50% a otro de su categoría en Madrid que apostaba por funcionarios de puños de camisa roídos.

Muere el Generalísimo dejando como legado del régimen al Rey Juan Carlos que por expreso deseo de Franco, nombró como jefe de Gobierno Adolfo Suárez el 3 de julio de 1976 después de que el Consejo del Reino propusiera al rey una terna de candidatos tras la dimisión de Carlos Arias Navarro. El Gobierno se disolvió en julio de 1977, cuando tomó posesión el Segundo Gobierno Suárez.

Aquí empieza la guerra política que llamaría Conde de Olivares. Los nuevos ricos del post  Fernando VII querían poder y poder, hasta que aburrieron al Conde de Suárez que solo contaba con el apoyo de catalanes y vascos. Sin darse cuenta pero queriendo, dieron paso al socialismo, hoy, imperante en la órbita política de España y que, por cierto, a base de golpes de las dictaduras bolivarianas han arruinado España y por ende a Cataluña, Vascongadas.

Pondré un ejemplo ilustrativo: las famosas oficinas internacionales catalanas.

Estas oficinas hacen la función de apoyo a exportadores catalanes para su asesoramiento en cuanto a trámites varios, aduaneros, tratados comerciales, etc.

Hay que observar que a esta función debería dedicarse una parte de las muy costosa embajadas españolas, por comentarios de los exportadores catalanes que prefieren apoyarse en sus falsas embajadas.

Cataluña tiene infraestructura, Cataluña será independiente antes que bolivariana.  

Borges: "El peronismo es insufrible". Los argentinos terminarán votando a sus propios ladrones.


Borges: "El peronismo es insufrible". Los argentinos votarán a sus propios ladrones.

Igual que hay masas ideologizadas indulgentes con la corrupción peronista en Argentina las hay aquí con la cleptocracia organizada tantos años por el 'virrey' Jordi Pujol en Cataluña


La atinada apreciación del maestro Borges de que el peronismo era incorregible no ha sido enmendada por el tiempo; al contrario, se ha visto reforzada y revaluada hasta resultar una moneda común más solvente que el cíclicamente depreciado peso argentino. Tal ponderación hizo fortuna nada más salir de labios del genio. Ello dio pie a una festejada anécdota. Con su vista ya irreversiblemente perdida, un gentil paseante se ofreció a ayudarle a cruzar una confluida avenida bonaerense. Avisado su inesperado lazarillo sobre lo que la celebridad opinaba de los peronistas, se sintió obligado a prevenirle de su condición de tal: "Disculpe maestro, pero le tengo que advertir que soy peronista". Con una sonrisa bienhumorada, éste repuso: "¡No se preocupe, joven! Yo también soy ciego".

Ciertamente, Argentina, siendo un país pródigo en recursos, se ha entregado de hoz y coz a un peronismo que ha obrado un sistema clientelar y corrupto que no sólo la ha depauperado lastimosamente, sino que la ha hecho tan solipsista como para no percatarse de la naturaleza y de la gravedad de sus males. Empero, la atinada ponderación de Borges sobre la incorregibilidad peronista cabe extenderla a buena parte de los argentinos, aunque no se adscriban a este movimiento, si bien se comportan como tales.

Siendo peronistas sin saberlo, le dan la razón al general Perón, a tenor de la contestación que le dio a un periodista extranjero que le inquirió sobre las querencias políticas de sus compatriotas. Tras pormenorizarle la existencia de radicales, socialistas, comunistas, fascistas..., su entrevistador le objetó: "Pero, general, ¿dónde se deja usted a los peronistas?", a lo que el caudillo refutó: "Ah, no, peronistas somos todos".

Así lo parece atendiendo a la historia del país desde los años 40 cuando Perón prohijó una causa populista en la que Podemos tiene una fuente de inspiración por medio del filósofo postmarxista bonaerense Ernesto Laclau, autor de La razón populista, y a la amplia victoria cosechada por su candidato, Alberto Fernández, en las elecciones primarias de hace una semana, lo que aventura el retorno peronista a la Casa Rosada tras los comicios decisorios de octubre.

De refrendarse las expectativas, el liberal Mauricio Macri supondría un nuevo paréntesis en el cuasi monopolio del poder por parte del movimiento auspiciado por quien entendía que "nosotros proclamamos los derechos sociales" y "las cuestiones actuariales que las arreglen los que vengan dentro de 50 años". En justa correspondencia, la primera dama, Evita Perón, enardecía a las masas al grito de "¡ustedes tienen el deber de pedir!", mientras cavaba la ruina argentina y ponía su fortuna al buen recaudo suizo, sin merma de la confianza de un pueblo enfebrecido con sus mentiras alzadas en verdad oficial. Ya el retórico Gorgias confió a Sócrates su experiencia de que cada vez que arribaba a una ciudad con su hermano para que les confiasen su salud, siempre escogían a él, un sofista, y no a su consanguíneo, médico. Acumuló una fortuna tal como para autoerigirse una estatua de oro. Invariablemente, curanderos y milagreros siempre prosperan en épocas de turbación.

Ante este estado de cosas, el ingeniero Macri tendría, eso sí, el honor de ser el primer gobernante no peronista que culmina su mandato desde 1928 tras heredar una situación límite con un Estado plagado de clientelismo, despilfarro y corrupción, como si fuera la forma de ser de los argentinos. Aparecían entonces las calles bonaerenses cubiertas de graffitis con Cristina Kirchner interpelando a los viandantes con el dedo índice junto a la leyenda La culpa es tuya... vos me votaste. Incluso para el peronismo más recalcitrante entrañaba una gran incomodidad adherirse a la diarquía multimillonaria del matrimonio Kirchner hablando del hambre para abanderar a los desheredados que ellos producían con su nefanda política y sus mangancias al por mayor. Por más que los argentinos tengan asumido que nadie se hizo rico allí con su trabajo desde la eclosión del peronismo, incluso el abuso tiene un límite.

Olvidando su historia y condenados impenitentemente a repetirla como Sísifo a arrastrar la roca pendiente arriba, la artífice de aquel "país sensacional" -"sensación de inseguridad, sensación de crisis, sensación de recesión, sensación de incertidumbre"-, al tiempo que es juzgada por sus latrocinios, retorna a la vida pública al cabo de cuatro años de dejar la Casa Rosada por la puerta trasera. Lo hace como vicepresidenta en la candidatura que ha derrotado sin paliativos a un perplejo Macri, quien además puede verse tragado por la ola gigantesca que ha desatado el tsunami electoral. Paradójicamente, a la hora del adiós, intenta atajar contrarreloj con medidas de corte claramente peronista que desmienten su trayectoria liberal, lo que refrendaría la generalizada impresión de que todos los partidos argentinos son, en esencia, peronistas. En el combate que libra en pos de su pervivencia política, Macri enciende la chimenea del gasto electoral haciendo fuego con los pesos de los Presupuestos del Estado. En su agonía, ha claudicado a la tentación populista vendiendo su alma al diablo y ya se sabe cómo se cobra éste sus deudas de juego.

Es tal la omnipresencia del peronismo que, durante la Guerra de las Islas Malvinas, hubo argentinos que, al modo de los afrancesados de la España napoleónica, ironizaron con que había sido una buena idea desafiar al Reino Unido para ver si, en represalia, los invadía y erradicaba la corrupción institucional de un país acostumbrado a robarse a sí mismo. Pero, claro, ya ni siquiera la Inglaterra del Brexit liderada por el populismo ramplón de Boris Johnson, buen biógrafo de Churchill pero pésimo heredero de sus enseñanzas, tiene nada que ver con aquella otra de Margaret Thatcher que sí fue, por contra, epígono del estadista británico por excelencia.

En este sentido, se diría que, al cabo de 40 años de aquel conflicto destinado a enmascarar los problemas de la Dictadura, ambos países confluyen en parejos populismos que eluden las consecuencias de sus acciones echándolas a rodar por tejados ajenos. Por ello, fue gratificante escuchar un discurso de investidura tan en las antípodas de la nueva presidenta de la Comunidad de Madrid, pregonando la bajada de impuestos y el impulso a la libertad económica. Bases de la autonomía del espectacular desarrollo frente al declive de la Cataluña fuertemente intervenida por el nacionalismo o de otras regiones en manos de la asfixia fiscal de la izquierda estatalista. No obstante lo cual, a nadie se le escapa de lo hercúleo de la tarea de la novel Ayuso timoneando una coalición frágil y remando a contracorriente de un eventual Gobierno de la nación de izquierdas supeditado a podemitas e independentistas.

Tras el amago socialista de meterlo en la cárcel por el agujero de Banca Catalana, éste empezó a dar lecciones de ética, como presumió asomado al balcón de la Generalitat, a base de prolongar la corrupción desde el Gobierno autonómico con un éxito inusitado. No ya entre su propia parroquia inclinada a tolerar al ladrón si es de los suyos, sino desde la izquierda cómplice, como bien tradujo el escritor comunista Vázquez Montalbán -"Nadie, absolutamente nadie en Cataluña, sea del credo que sea, puede llegar a la más leve sombra de sospecha de que sea un ladrón"-, así como todos aquellos que necesitaban su voto para gobernar España con quien tuvo engañados a tantos como para proclamarle español del año.

Muy recientemente, Felipe González seguía creyendo en su inocencia, pese a que las pruebas en contra formaban un alud tal como para recluirle entre rejas tanto al capo como a su familia. No sólo rezaba unida el credo nacionalista, sino que constituía una organización sacrosanta de delincuentes. Eso sí, dotada de patente de corso y con capacidad indubitada para esquilmar a los catalanes y al conjunto de los españoles acusando a estos últimos de robar a Cataluña.

Pocos autorretratos tan cabales como el que ese gran embaucador que ha resultado ser el nada honorable Pujol hizo de sí en la octavilla en la que, bajo el título Os presentamos al general Franco, apeló a boicotear una visita del dictador y en el que labró su mito de redentor de Cataluña. "El general Franco, el hombre que pronto vendrá a Barcelona, ha elegido -se leía- como instrumento de gobierno la corrupción. [...] Sabe que un país podrido es fácil de dominar. [...] Por eso, el régimen ha fomentado la inmoralidad de la vida pública y económica".

Al cabo de 50 años, en los que Cataluña ha discurrido del franquismo al nacionalismo sin vivir plena libertad, es difícil no ver reproducido prístinamente a este gran Tartufo. Alardeando de virtud, se ha descubierto un gran impostor. Ha hecho del patriotismo su patrimonio, jugando con una crédula sociedad que ya elevó a la categoría de héroe antinazi a un farsante llamado Enric Marco.

Toda Cataluña tenía motivos sobrados para saber de los negocios de la parentela de los Pujol, pero se hacía la nueva. Quiso creer más lo que oía de boca del patriarca de la tribu que a lo que veía con sus ojos. Primero fueron los enjuagues del abuelo cambista ejerciendo estraperlo bajo el amparo que siempre prestó a la burguesía catalana el franquismo, luego el enriquecimiento ilícito del hijo con el voto de oro de los Presupuestos del Estado y el rédito del 3% de las obras de la Generalidad y, postreramente, los ahorros de los nietos, secundando esos tráficos ilegales por ser quienes eran. Tras irse de rositas del saqueo de Banca Catalana y garantizarse una impunidad que ha pervivido hasta su jubilación, Pujol creyó que todo el monte era orégano hasta que, con sus propias manos, llamó a sus daños.

Si Josep Pla expresó gráficamente que "el catalanismo no debería prescindir de España porque los catalanes fabrican muchos calzoncillos, pero no tienen tantos culos", ahora que no fabrica tantos calzoncillos y sí muchas banderas, faltan metros de tela de estelada para ocultar tanto latrocinio. El nacionalismo combatía el supuesto expolio de Cataluña por parte de esa España que le robaba expoliando a España entera y a su amada Cataluña. Lo mismo que el antaño líder de la Liga Norte, Umberto Bossi, se enriqueció agitando su xenofobia contra la Roma ladrona y el Sur parasitario. No es casualidad que los detalles de su sistémico saqueo figurasen en una carpeta bajo el epígrafe The Family. Ambos encarnan aquello de Samuel Johnson de que el patriotismo es el último refugio de los canallas y en cómo los deseos aumentan con las posesiones.

Sin embargo, no hay voluntad de dar fin a la mascarada. Mucho menos cuando el ser humano no aguanta mucha realidad y escoge autoengañarse en una Cataluña expoliada por sus gobernantes. Al tiempo que se quedaban con la bolsa, daban más voces que nadie gritando "¡que viene el ladrón!". Amaban a su ladrón como sólo los argentinos supieron hacer con Perón. Al ser derribado en 1955 por la llamada revolución libertadora que restauró la democracia y que difundió información acerca de las malversaciones y las prácticas sexuales del dictador, al que acusaban de proxenetismo y corrupción de menores, sus partidarios salían en su defensa coreando: "Puto y ladrón, queremos a Perón". Allí persiste perenne su legado como aquí sigue indemne un cleptócrata que, más que un patriota catalán, ha resultado serlo de la Unión de Bancos Suizos. Es lo que sucede, en efecto, cuando los pueblos reverencian hasta la idolatría a sus ladrones.

España al borde de la desaparición. ¡ES LA DEMOCRACIA¡


JP Logística

Entristece constatar que Pedro Sánchez es incapaz de aclarar sus intenciones a los españoles ni en su propia sesión de investidura. Incapaz de asumir que tiene 123 escaños y necesita negociar con lealtad. Incapaz de ser sincero con nadie que no sea de su círculo estratégico más íntimo. Incapaz de renunciar a la táctica electoralista de vuelo corto y abrazar de una vez su responsabilidad de Estado. Cuando parecía que el movimiento de Pablo Iglesias, asumiendo el veto personal que le planteó el propio Sánchez, iba a desbloquear la investidura en virtud de un Gobierno de coalición con ministros de Podemos, Sánchez se plantó en el Congreso y leyó un discurso ensimismado y autocomplaciente.


El presidente en funciones desgranó su programa con la pasividad terca de quien cree que debe ser votado por obligación. Ni una propuesta concreta expuso sobre fiscalidad ni sobre Cataluña. Es la actitud propia de alguien que entiende la política como un puro juego de poder, carente de programa y socios coherentes para llevarlo a cabo.

Los líderes de PP, Ciudadanos y Podemos coincidieron en una misma idea: la necesidad de desenmascarar a Sánchez. Significativo propósito que retrata al candidato. Porque más de 80 días después de las elecciones, el político propuesto por el Rey para formar Gobierno -se supone que en virtud de unos apoyos ya negociados y atados- se demoró en vaguedades buenistas que solo persiguen ganar tiempo para seguir negociando la coalición con Podemos o para seguir empujando su deseo de repetición electoral, en la confianza de que las encuestas le sonríen. La irresponsabilidad de semejante plan merecería, sin embargo, un castigo electoral en consonancia. Quizá por miedo a ese escenario, Sánchez se avino al final de la jornada a expresar su voluntad de llegar a un acuerdo con Iglesias, con quien mantuvo un agrio enfrentamiento después de que este le advirtiera de que no serán un "mero decorado" del PSOE ni entienden, como socios preferentes, el afán de Sánchez de buscar la colaboración de PP y Cs. No lo entiende nadie. Si hubiera apostado por una opción netamente constitucionalista, no habría esperado al día de la investidura para reclamar su exploración. Y sobre todo no la habría dinamitado pactando con nacionalistas y populistas en Navarra, Valencia, Baleares o Barcelona.

La dureza frontal de Albert Rivera o el tono más institucional de Pablo Casado vinieron a confluir en lo evidente: Sánchez no puede aspirar a carecer de oposición democrática. Y sus hechos han demostrado que no es un político de fiar. Sánchez busca evadir sus responsabilidades, apela indistintamente a izquierda y derecha para ser investido sin ofrecer nada a cambio y espera que la geometría variable le permita luego ir capeando la legislatura. Pero eso no es un proyecto ni una investidura. Eso es un trágala con amenaza electoral. Y eso no es aceptable en buena lógica democrática.

Harto del ninguneo, Iglesias estalló en una intervención briosa y coherente en demanda de aquello que Sánchez nos regatea a todos: claridad. No se puede engañar a todos todo el tiempo. Quizá hoy Sánchez se avergüence de sus socios de censura, pero ese remordimiento llega ya tarde: debió haberlo pensado cuando solo ansiaba llegar a La Moncloa a cualquier precio. Ahora debe asumir las consecuencias de la deriva radical que impuso al PSOE y de la que ya no puede retractarse sin quedar como un trilero ante todos los españoles, empezando por los de izquierdas. España no se merece el chantaje de Sánchez.
 es incapaz de aclarar sus intenciones a los españoles ni en su propia sesión de investidura. Incapaz de asumir que tiene 123 escaños y necesita negociar con lealtad. Incapaz de ser sincero con nadie que no sea de su círculo estratégico más íntimo. Incapaz de renunciar a la táctica electoralista de vuelo corto y abrazar de una vez su responsabilidad de Estado. Cuando parecía que el movimiento de Pablo Iglesias, asumiendo el veto personal que le planteó el propio Sánchez, iba a desbloquear la investidura en virtud de un Gobierno de coalición con ministros de Podemos, Sánchez se plantó en el Congreso y leyó un discurso ensimismado y autocomplaciente.


El presidente en funciones desgranó su programa con la pasividad terca de quien cree que debe ser votado por obligación. Ni una propuesta concreta expuso sobre fiscalidad ni sobre Cataluña. Es la actitud propia de alguien que entiende la política como un puro juego de poder, carente de programa y socios coherentes para llevarlo a cabo.

Los líderes de PP, Ciudadanos y Podemos coincidieron en una misma idea: la necesidad de desenmascarar a Sánchez. Significativo propósito que retrata al candidato. Porque más de 80 días después de las elecciones, el político propuesto por el Rey para formar Gobierno -se supone que en virtud de unos apoyos ya negociados y atados- se demoró en vaguedades buenistas que solo persiguen ganar tiempo para seguir negociando la coalición con Podemos o para seguir empujando su deseo de repetición electoral, en la confianza de que las encuestas le sonríen. La irresponsabilidad de semejante plan merecería, sin embargo, un castigo electoral en consonancia. Quizá por miedo a ese escenario, Sánchez se avino al final de la jornada a expresar su voluntad de llegar a un acuerdo con Iglesias, con quien mantuvo un agrio enfrentamiento después de que este le advirtiera de que no serán un "mero decorado" del PSOE ni entienden, como socios preferentes, el afán de Sánchez de buscar la colaboración de PP y Cs. No lo entiende nadie. Si hubiera apostado por una opción netamente constitucionalista, no habría esperado al día de la investidura para reclamar su exploración. Y sobre todo no la habría dinamitado pactando con nacionalistas y populistas en Navarra, Valencia, Baleares o Barcelona.

La dureza frontal de Albert Rivera o el tono más institucional de Pablo Casado vinieron a confluir en lo evidente: Sánchez no puede aspirar a carecer de oposición democrática. Y sus hechos han demostrado que no es un político de fiar. Sánchez busca evadir sus responsabilidades, apela indistintamente a izquierda y derecha para ser investido sin ofrecer nada a cambio y espera que la geometría variable le permita luego ir capeando la legislatura. Pero eso no es un proyecto ni una investidura. Eso es un trágala con amenaza electoral. Y eso no es aceptable en buena lógica democrática.

Harto del ninguneo, Iglesias estalló en una intervención briosa y coherente en demanda de aquello que Sánchez nos regatea a todos: claridad. No se puede engañar a todos todo el tiempo. Quizá hoy Sánchez se avergüence de sus socios de censura, pero ese remordimiento llega ya tarde: debió haberlo pensado cuando solo ansiaba llegar a La Moncloa a cualquier precio. Ahora debe asumir las consecuencias de la deriva radical que impuso al PSOE y de la que ya no puede retractarse sin quedar como un trilero ante todos los españoles, empezando por los de izquierdas. España no se merece el chantaje de Sánchez.