Antes de que el Juan Sebastián de Elcano, deflagrado de blancos, zarpara o a lo mejor no zarpara, como si sólo fuera un barco de botella, a la princesa Leonor le dedicaban piropos y a la ministra Margarita Robles le dedicaban abucheos. Parece que ya no es tiempo de veleros ni de monarquías, los dos como con miriñaque, y sin embargo el pueblo aprecia más a las princesitas de nácar que a los ministros del fango.