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Abascal, nunca entrará en los planes de ayuda de Le Pen. La líder francesa no comprende SUS DERROTAS.

Abascal nunca será Le Pen

«Más allá de compartir retórica aparatosa, incendiaria e iconoclasta, Le Pen y Vox no se parecen en casi nada»

Abascal nunca será Le Pen

España es un país pobre que a partir de cierto momento quiso engañarse a sí mismo pregonando que era rico. Y Francia es un país todavía rico que, sin embargo, no se concede ignorar el progresivo deterioro de las condiciones materiales de vida de un segmento cada vez mayor de su población. Es la gran diferencia entre nosotros y ellos. De ahí que una fuerza electoral alumbrada por la derecha nacionalista, iliberal, interclasista y anti-establishment, la nueva formación de Marine Le Pen una vez purgado el impresentable poso criptofascista que le legó su padre, ande muy a punto de ganar el Eliseo para su causa. Constatada esa asimetría de origen, lo que extraña al observador desapasionado es que la Agrupación Nacional y Vox, su teórico homólogo a este lado de los Pirineos, poseen programas y, sobre todo, bases sociológicas tan distintas y distantes

El electorado de los de Abascal, una muestra de las capas medias tradicionales, representativa en grado sumo de la derecha conservadora española de toda la vida, para nada se corresponde con el predominio de los estratos populares pauperizados, esos que ya habitan de modo exclusivo en la Francia periférica tras haber sido expulsados de las grandes ciudades por unos precios inmobiliarios solo accesibles a la parte de la población laboral integrada en el sector moderno, competitivo y globalizado de su economía dual, el retrato coral del partido de Le Pen. En puridad, y más allá del aspecto menor de compartir idénticas formas tremendistas en su retórica aparatosa, incendiaria e iconoclasta, la Agrupación Nacional y Vox no se parecen en casi nada. Cierto que las ideologías políticas, aquellos conjuntos de ideas y de creencias imbuidos de pasión, que es la mejor aproximación que yo conozco al contenido de ese concepto, ya no existen, al menos en el significado profundo del término. Pero la propuesta programática de la derecha extrema en Francia resulta ser el sucedáneo que más se aproxima al original histórico en nuestro tiempo líquido. 

Y esa propuesta, la que encarna hoy Le Pen, se asienta en todo lo que no postula Vox. A fin de cuentas, se articula en torno al intervencionismo decidido del Estado en todos los ámbitos de la economía; en todos, desde la activa acción correctora de los mecanismos impersonales propios del mercado en la esfera nacional, hasta el activismo de ese mismo Estado en la protección de los intereses industriales franceses frente a los extranjeros. Nada que ver, pues, con la muy convencional doctrina liberal al estilo anglosajón, casi libertaria muchas veces, que retrata a Vox. Al cabo, lo que más concuerda en Francia con el recetario económico que promueven los de Abascal es justamente el discurso oficial de Macron, otro entusiasta del Estado menguante, de la desregulación permanente y de la soberanía de los mercados libres. 

Porque mientras que la Agrupación Nacional representa ahora mismo una inopinada mutación heterodoxa y colectivista de la derecha, Vox no deja de reconocerse en las señas de identidad más convencionales y canónicas de esa misma corriente. Dos cosmovisiones, en el fondo, antagónicas. Una evolución tan distinta, la de las dos derechas alternativas a ambos lados de la frontera, que muy probablemente tenga su explicación en el doble miedo que, a diferencia de lo que sucede con los electores de Vox en España, retrata a los votantes de Le Pen. Porque lo que explica el fenómeno Le Pen no es el empobrecimiento de la antigua clase medía autóctona ni tampoco la irrupción en escena del multiculturalismo con agresivos tintes islámicos, sino el efecto conjunto de ambos fenómenos a la vez. Le Pen personifica el resultado explosivo de sumar al miedo económico el miedo cultural. Sin el simultáneo catalizador corrosivo fruto de ambas angustias colectivas, Le Pen no se entiende. Y en España, de momento, eso no ocurre. De ahí la diferencia entre unos y otros. Y también de ahí, por cierto, lo muy improbable de que Vox llegase alguna vez a desbancar al partido de la derecha convencional en España. Lo dicho, dos mundos.

 

Podemos y VOX, dos bandas populeras al servicio del mal.


JP Logística

España es un mar de partido políticos de  nueva creación cuyos efectos pueden ser determinantes de una acción bélica, aunque sea a pedradas.

Todos o casi todos hemos visto como evolucionaba el partido bolivariano de Podemos  a base de escraches contra políticos –hoy a sus líderes les puede hasta que las personas pasen por la puerta de su enorme casa, la demonización constante de los empresarios y la imposición a base de estigma social de una visión estalinista de género, los sectores de izquierda que tanto criticaban a los de derecha por practica aquello que denominaban «el discurso del miedo», no paran de practicarlo ahora. Es decir, cuando Pablo Iglesias abiertamente afirmaba que tenía relaciones financieras con Irán, o cuando su exsocio, Errejón alaga en un medio de tirada nacional la gestión del gobierno bolivariano de Venezuela no hay que tener miedo. Los venezolanos comen tres veces al día.

Vox, prácticamente nació ayer mañana y ya susurran que en España se van a asesinar a homosexuales y negros, se va a perseguir la libertad de expresión, las mujeres tendrán que rezar, al menos dos rosarios al día y los hombres cantar el cara al sol de alba la salve marinera a la bajada de bandera.

Bajo mi punto de vista, Podemos y Vox representan un peligro para la convivencia en España:

Podemos es un partido que nació autodenominándose «transversal», sin ideología. A medida que fue viendo cuáles eran los caladeros electorales donde podía sacar votos, fue virando hacia la «socialdemocracia nórdica» hasta acabar aliándose con los comunistas de Izquierda Unida en lo que hoy conocemos como Unidos Podemos. Un partido de izquierda radical que propugna valores propios del estatalismo más despótico que ha conocido la humanidad. Sus propuestas económicas son un desmadres desde todos los puntos de vista: banca pública, tributación, pensiones… populeros terroristas del bien donde los haya.

Pero la cuestión no es meramente económica: su control efectivo de los medios de comunicación –los cuales manejan de forma extraordinaria- junto con el apoyo expreso del PSOE y la inactividad del pueblo ha conseguido crear en España el falso relato de que, si te opones a leyes como la de violencia de género o la de promoción (subvención) del colectivo LGTBI, eres un fascista. Una estigmatización social y una imposición hegemónica de lo políticamente correcto, al más puro estilo Gramsci, que ha dado sus frutos. Artífices de ingeniería social, Podemos es un partido que piensa que los ciudadanos somos peones de una ajedrez que pueden manejar a su entero antojo y están muy equivocados.

VOX, sencillamente es un partido financiado por el PSOE para restar votos al PP, para el resto de sus actuaciones tienen plena libertad. VOX, para nada es un partido liberal-conservador. Se trata de una banda de fascistas, cuyo único fin es la represión del pueblo. Su pretensión es llegar al poder estatal para desde él imponer a toda la sociedad española una visión única de vida buena. Para ser más precisos, la visión católica. Entre otras cosas, quieren hacer ley de dogmas religiosos como el matrimonio indisoluble –su dueño y amo está casado, al menos, dos veces y exclusivamente heterosexual o la prohibición absoluta del aborto.

Entre otros grandes males que tiene Vox está sus coqueteos con la extrema derecha europea. Desde Marine Le Pen hasta Nigel Farage, euroescépticos de pro y colectivistas de primera, han saludado el programa de Vox y se han puesto de su lado. De hecho, el lema de Vox para las pasadas elecciones «Hacer España grande otra vez» no es más que una traducción cursi del «Make America Great Again» de Donald Trump. Ese atisbo de xenofobia es un grave riesgo para nuestro sistema de libertades.

En definitiva, dos partidos contrarios a la libertad de elección del individuo, tanto en su ámbito personal como moral y económico, que no tienen el más mínimo reparo en reconocer que usarán las estructuras del Estado para imponer a través de sus medios coactivos su visión de lo que España debe ser. Son los dos grandes problemas que tiene España ahora mismo.

Marine Le Pen, advierte: España tendrá muchos problemas con VOX, su marcado interés bélico y su trabajo sucio en favor de Cs les definen.


Marine Le Pen, advierte: España tendrá muchos problemas con VOX, su marcado interés bélico y su trabajo sucio en favor de Cs les definen.


Marine Le Pen excluye a la formación VOX que preside, Santiago Abascal por su clara inspiración bélica y pletórica de odio revanchista. Hay que tener muy claro la diferencia entre la lucha por los intereses culturales que determinan a cada país, con la aplicación del uso agresivo a aquellos ciudadanos que no la compartan, aun solo siendo en la forma.  

Es curioso que VOX sea la mano derecha de Podemos y el brazo  retorcido de Cs. En todos y cada uno de los casos el ámbito de su aplicación, no es otro, que la división vertical de España.

En su día, el vicepresidente primero de Vox, Juan Jara, manifestó su total desacuerdo con esos viciados encuentros a escondidas de la formación entre Abascal y un delegado de Marine Le Pen. Dijo:  Nunca estaré de acuerdo con un partido político donde la xenofobia y el totalitarismo sea su denominador común.  . Soy cristiano demócrata y para mí la defensa de la democracia es fundamental. No acepto la dictadura en ninguno de sus términos, ya sea de izquierdas, como la que pretende Podemos, o de derechas como la que defiende Le Pen a cuyos pies nos pretende arrojar parte de la cúpula bélica de VOX”.

No deja de ser menos curioso que al día siguiente, Juan Lara reciba una orden de expulsión firmada por los fundadores/testaferros  de VOX, Julio Utrilla, Ignacio Ansaldo y Gonzalo Padrón por difamación agresiva a VOX.  Juan Jara hizo caso omiso a dicha orden, ya que desconocía las triquiñuelas del totalitario partido para su formación –gastos que corrieron por cuenta de Mario Conde y de Beltrán Espinosa de los Monteros y Simón (Ejecutivo de INDITEX con el  pretexto de que iría destinados al Alto Comisionado del Gobierno para la marca España)   que su expulsión es ilegal y la ha recurrido ante los tribunales: “Hasta que la Justicia no se pronuncie, sigo siendo vicepresidente primero de Vox, tal como me eligieron los militantes en la asamblea general”.

De cualquier forma los casi dos millones de euros de INDITEX se sumaron las arcas de la Fundación Francisco Franco….y dicen, se rumorea que fueron destinados a la manutención de la banda de guerrilleros de Cristo Rey, de momento, su única fuerza armada.  

Tiempos atrás, en nota de prensa, El Frente Francés y la banda de VOX resaltaban un ambiente de concordia sobre “el control de la inmigración masiva, la defensa de las soberanías nacionales y la importancia de garantizar las identidades nacionales” dentro de la Unión Europea. “Estas coincidencias y la buena sintonía” entre los representantes de ambos partidos “abren la perspectiva de colaboraciones futuras”. Hasta que Marine Le Pen ha descubierto quien es el verdadero dueño de VOX.


Aunque, realmente, no merezca la pena que ensucie mi blog como Plataforma española en defensa del PP. 



juanpardo15@gmail.com

https://blogdejuanpardo.blogspot.com.es/ 
 

El rescate se llama, Francisco Franco Bahamonde.





Cuando vemos como el Gobierno de un país nos conduce al precipicio en las grandes crisis, en las que todo se tambalea y parece que esté a punto de caer, un pueblo siente la necesidad de aferrarse a algo, aunque sea a un clavo ardiendo.

En este escenario se encuentra la población española. Los ricos por corrupción –todos- intuyen que va a ser decapitados una vez descubiertos y liberado el pueblo. Los pobres porque no pueden más, ya sobrepasamos los tres millones de pobres en situación extrema, ya hay mafias hasta en los contenedores de los supermercados donde millones de padres tienen que embutir a sus hijos por si con mucha suerte encuentran algún yogur caducado. Pero estamos completamente huérfanos. ¿A qué y dónde nos agarramos? ¿A las promesas de un mundo mejor que promete Rajoy? ¿A las de yo tengo la solución que nunca tuve, de Rubalcaba, o a los chistes del divertido Montoro? ¿Nos aferramos a ese mundo mejor que nos ofrecen estos vanidosos, engreídos, jactanciosos, vanos,  pedantes. prolijos e inoportunos?

Por suerte irreal, ese es el gran drama de España. Que no vislumbramos en el horizonte una tabla que nos salve del hundimiento definitivo. Porque estos son incapaces, no solo de hacer algo que nos alivie el dolor, sino de entender la realidad  latente.

De momento, los franceses, que deben de estar tan desesperados como nosotros, se van a aferrar a Marine Le Pen. Nosotros, que aún conservamos un poco más de cordura, vamos a pedir que vuelva Franco aunque sea casado con la Pasionaria