Rufián, ahora quiere ser independentista en Madrid, o sea, en el exilio.


 

 Nuevo ejercicio de sarcasmo de Gabriel Rufián en el Congreso

Por Juan Pardo Navarro

Rufián, ahora quiere ser independentista en Madrid, o sea, en el exilio.

Rufián dice ser independentista pata negra, pero prefiere marcarse un chotis bien arrimado en la pradera de San Isidro que dar giros bailando la sardana. Le gusta acodarse en la barra de un bar de Malasaña hasta la madrugada, la misma pose que exhibe en la tribuna de oradores del Hemiciclo con la cadera escorada hacia la izquierda y el terno azulón ajustado cual John Wayne. Ha descubierto, aunque nunca lo reconocerá, que en Madrid hay una libertad que se escurre en Barcelona, donde la CIA secesionista persigue hasta a Junqueras por si se le ocurre leer a escondidas “El Imparcial”. Al portavoz de ERC le han acusado de aspirar a ser presidente del Gobierno del Estado español. Pero es falso. Aspira a ser ministro de cualquier cosa, de cualquiera, y quedarse en la capital del Reino, donde se vive mejor y más tranquilo. Como ministro, además, tiene derecho a pasear en el Falcon cuando Sánchez descansa en La Moncloa. Y por entonces ya no estará Yolanda Díaz en el Gobierno que es quien más usa y abusa del jet.

Ha sido el propio Sánchez quien le ha animado a agitar el avispero de la extrema izquierda para aglutinar escaños, para no quedarse sin apoyos y, por tanto, tirado en la calle a las puertas del banquillo de los acusados del Supremo. Y el parlanchín de ERC era el candidato más dispuesto de la progresía a pasearse por los platós llamando a la rebelión contra la amenaza inminente de la llegada del PP y Vox, “del fascismo”, de los francotiradores del comunismo tontorrón. Los partidos que pueden desnudar a los progres de todos sus falsos disfraces sociales. De poner en su sitio a los que intentan resucitar la kale borroka para ganar la batalla que perdió ETA. O a los cobardes golpistas catalanes que se escondieron bajo tierra para no ser cazados o huyeron a Bruselas en el maletero del coche cuando asumieron la derrota. Porque sin todos ellos, sin sus desperdigados escaños, Sánchez está abocado a hacer las maletas a toda prisa y huir a Dominicana cual galgo de Paiporta para salvar el pellejo y los dineros.

Pues el PSOE verdadero tiene preparado un voluminoso dossier de sus reiterados pucherazos como candidato a secretario general que acumula ya una tonelada de papeletas falsas. Tampoco olvidan sus antaño compañeros socialistas los enjuagues como presidente del Gobierno al hacer lo contrario de lo que prometió en las campañas electorales. Todo lo contrario. No sólo está la Justicia al acecho de su caída a los infiernos. Lo están también sus propios compañeros socialistas avergonzados y traicionados por el mayor falsario del partido. El sepulturero del auténtico Partido Socialista, el que en su día contribuyó sin complejos a la convivencia, la transición, la democracia y la paz en España. Rufián, mientras, se instalará en la plaza Mayor para trasegar un bocadillo de calamares. De Madrid al cielo, dice a media voz. Y si a Sánchez le salieran las cuentas, lo que nunca hay que descartar, en 207 el parlanchín republicano paseará por los tugurios del foro portando con orgullo su cartera como ministro español. Que lo del independentismo ya está pasado de moda.

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