Triste y dura realidad de la pobreza, desigualdad dentro de las políticas públicas.


La base, el fundamento de las políticas públicas ha de ser la transparencia. En España, por desgracia, dichas políticas se ceban con el pobre, a su vez, víctima del populismo. Por cierto ¿Sabíais que la clase media baja es quien más votos aporta a las urnas?. Pero, la realidad es bien distinta.

      La transparencia supone que los ciudadanos tengan acceso a la información pública –origen de las políticas públicas-, resultado del reconocimiento del llamado “derecho a saber” o “derecho de acceso a la información pública”, e implica que los ciudadanos tengan derecho a conocer cómo se prioriza, gestiona y administra el dinero público.

     Con buen criterio, la comisión económica de la UE obliga a que cada Estado miembro de la misma haga públicos los gastos por sectores de población con total transparencia y “””de fácil comprensión”””  para el ciudadano. Lo que facilitaría una pronta interpretación y evaluación del impacto positivo, a fin de adecuar los presupuestos de gasto social a cada país en su justa medida y sectores de población que así lo haya estimado la ciudadanía. España lleva 6 años sin entregar dichos informes, por tanto, España lleva 6 años sin recibir dichas ayudas complementarias. De modo que los dos últimos gobiernos de España prefieren perder dichas ayudas complementarias a hacer públicos y transparentes las partidas presupuestarias destinadas a   paliar la pobreza del pobre y la necesidad del necesitado. Pero nuestros gobernantes son golfos, pero no tontos.
Me explico:
       El Gobierno Central se queda, directamente, con el 20% de lo presupuestado para la partida –dicen que para gastos de administración, competencias impropias, etc) De lo que resta, las comunidades autónomas se quedan con otro 20% más un 10% -5% para diputaciones y 5% para gastos de emergencia……………total que prefieren empobrecer más al pobre, al objeto de entregarlo bien atado a los verdaderos gobernantes de España, banqueros, empresarios y otros bichos raros que merodean a los políticos, simples siervos de los anteriores.   
    
Parece ser, que de nuevo con buen criterio la UE ha decidido que ya está bien de marginar al pobre, al investigador, al parado, al enfermo y va a tomar cartas en el asunto…..No se debe utilizar a sectores desfavorecidos de políticas económicas como portadores de votos a las repletas de sucios nombres que, posteriormente, serán sus gobernantes. De ahí que muy posiblemente los PGE/2015 sean los últimos que confeccione “Vuestro Gobierno”.


En la otra parte de las mal llamadas "políticas públicas" se esconden no pocas veces los proyectos asistenciales más variados que, sin embargo, tienen todos ellos un denominador común que se descubre a la hora de ponerlas en práctica: será necesario expoliar a los contribuyentes para poder efectuarlas. En suma, echar mano a la mal llamada "justicia social" que en definitiva consiste en algo simple: quitarles a unos lo que les pertenece para darles a otros lo que no les pertenece. Los partidarios de las "políticas públicas" se consideran a sí mismos o se hacen llamar "hombres prácticos" que desprecian a los teóricos. Estos últimos son tratados con epítetos desdeñosos por dedicarse a la investigación y a la enseñanza. Muchas veces se tratan estos temas como si estuvieran en departamentos estancos: una cosa son los teóricos de la investigación y la enseñanza y otra bien distinta son los prácticos de la coyuntura. Unos se encierran en sus torres de marfil discutiendo sobre el sexo de los ángeles y otros son los profesionales de la coyuntura bien asentados sobre la realidad y la práctica de todos los días. Así se pinta la caricatura de estos dos campos de acción. Sin duda se trata de roles distintos pero, nuevamente, cabe recalcar que no hay políticas públicas o análisis de coyuntura que no se basen en la teoría. Esta podrá ser defectuosa o idónea pero no hay comentario práctico que no esté sustentado en un esqueleto teórico. Pretender buenas políticas públicas sin andamiaje teórico-conceptual es lo mismo que pretender que existan productos farmacéuticos sin investigación médica.

Una gran parte de los partidarios de las "políticas públicas" piensan que "una cosa es la teoría y otra cosa bien distinta es la práctica", y seducen a muchísimos incautos repitiendo esta falacia tan conocida y divulgada en prácticamente todos los ámbitos, generando la mayor de las confusiones y de los desconciertos en la gente. Sin embargo, esos sedicentes "hombres prácticos" son tan teóricos como los teóricos que ellos excluyen y que se desempeñan en el campo de la enseñanza. Los políticos echan mano de esos autodenominados "hombres prácticos", que no pocas veces se terminan convirtiendo en asesores de aquellos políticos ya en función de poder, y acaban adoptando las "recetas" de "políticas públicas" recomendadas, que siempre se traducen en el mismo resultado : aumentos del gasto público, de impuestos, de tasas, contribuciones, alícuotas y demás instrumentos financieros para poder costear tales "magníficos proyectos" que van a finalizar "favoreciendo a los que menos tienen". Cuando la realidad indica que cada vez perjudican más a la gente de menores recursos.

       "El práctico no hace más que adoptar teorías ya aceptadas. Si el práctico menosprecia al campo teórico su disciplina se estancará o entrará en franco retroceso al tiempo que teóricos con otras concepciones ocuparán los espacios vacíos para que otras teorías le corran la practicidad al práctico. En el caso de las ciencias sociales resulta patético observar cómo muchas organizaciones pretenden contribuir “al mejoramiento de la sociedad” restringiendo fondos a los estudios teóricos que, como queda dicho, hacen de apoyo insustituible para el mejoramiento de “la práctica”. Invertir las prioridades es como poner la carreta delante de los caballos puesto que una vez entendido el campo conceptual, el resto se da por añadidura. Invertir los pasos es como pretender aplicar algo antes de concebirlo."

Los teóricos de las "políticas públicas" no constituyen excepción cuando conforman organizaciones del tipo ONG o de cualquier otro, con el fin de recaudar fondos que dicen querer ser destinados a la "ayuda" de los más necesitados. En definitiva, y sin eufemismos, a combatir la pobreza. Sin embargo, suelen fracasar, porque confunden continuamente pobreza con desigualdad, y en lugar de concentrarse en atacar a la primera centran sus dardos en la segunda. Es aquí donde se evidencian las fallas conceptuales que tienen esos teóricos de las "políticas públicas", son incapaces de distinguir las diferencias entre pobreza y desigualdad, a la par que, independientemente de esto último, terminan convirtiéndose en mendicantes de subsidios estatales, por cuanto en sus mal fundadas "teorías" creen que es "función" del estado "la lucha contra la desigualdad". Son incompetentes para comprender que si se suprimiera la desigualdad la especie humana se extinguiría por completo en muy pocas décadas. Y, como también dijimos un sinfín de veces, el rol de los incentivos y desincentivos es fundamental en este tema:

Próximo estreno en España
"Otro factor poderoso en el aumento de las nóminas de asistencia social es la creciente desaparición de varios fuertes desincentivos para acogerse a ese régimen. El más importante de ellos ha sido siempre el estigma que significaba para toda persona el subsidio a la desocupación, que la hacía sentir que vivía parasitariamente a expensas de la producción en lugar de contribuir a ella. Este estigma fue eliminado por valores que han penetrado en el moderno populismo socialdemócrata; además, los organismos gubernamentales y los propios asistentes sociales cada vez instan más a la gente a recibir lo antes posible beneficencia por parte del Estado. La idea "clásica" del asistente social era la de alguien que ayudaba a las personas a ayudarse a sí mismas, que las impulsaba a lograr y mantener su independencia y a valerse por sus propios medios. El propósito de los asistentes sociales era ayudar a los que vivían de la beneficencia del gobierno a salir de esa situación tan pronto como fuera posible. Pero ahora tienen el objetivo opuesto: tratar de que la mayor cantidad de gente posible reciba asistencia social, promocionar y proclamar sus "derechos". En esto desembocan habitualmente las "políticas públicas": proliferación de subsidios, planes sociales, ayudas de todo tipo bajo el pueril pretexto de "inclusión social". El resultado es la más pavorosa exclusión social como nunca antes se hubiera visto.

Corrupción bajo sospecha.


Ignacio Picatoste, Magistrado/presidente (AP) de la 
Magistratura en Galicia, para Blog de Juan Pardo

El traspaso de la instrucción al fiscal no, precisamente, es la panacea o antídoto contra la corrupción.  Últimamente ha surgido una justificada preocupación en el fenómeno de la corrupción, y especialmente en los casos en los que esta reviste una mayor gravedad y da lugar a actuaciones judiciales. Mayoritariamente se trata de fenómenos generados en época de bonanza, que en su momento pasaron inadvertidos y que ahora, para indignación de los ciudadanos que perciben su existencia, afloran en la de escasez como en la sequía lo hacen los tejados de los pueblos sumergidos por los pantanos.

Para el Derecho Penal las figuras conocidas comúnmente como corrupción (prevaricación, cohecho o malversación) necesitan unas condiciones especiales que, de no darse, impiden la existencia de delito. Son los llamados delitos especiales, en los que solamente pueden darse con la intervención de determinadas personas sometidas a unos deberes concretos que, en estos casos, vienen de su condición de funcionarios públicos. El artículo 24.2 del Código Penal define esta figura por el ejercicio de la función pública y no por su forma u origen, lo que extiende el concepto a todo aquel que legítimamente, por elección, oposición o contrato, realiza en el marco de una organización pública una actividad de carácter social o interés general en cualquier tarea. Por eso cuando popularmente se habla de corrupción se hace de algo tan extenso en contenidos y posibles implicados. Estas figuras protegen el recto y normal funcionamiento de la Administración, con sujeción a un sistema de valores proclamado en la Constitución para la actividad administrativa, que son los de servir con objetividad a los intereses generales con pleno sometimiento al principio de legalidad. El Código Penal sanciona en la prevaricación las conductas claramente arbitrarias o injustas, las conocidas popularmente como alcaldadas; en el cohecho las actuaciones de funcionarios, justas o injustas, realizadas para obtener provecho; y en la malversación del uso de dinero o bienes públicos para beneficio propio o para actividades privadas. Puede el lector valorar cuántos casos de este tipo conoce directamente o por los medios de comunicación y compararlos con la inmensa mayoría de empleados públicos de todas clases con los que trata cada día y que cumplen con escrupulosa profesionalidad sus labores. Con independencia del malestar que generan, las conductas delictivas son minoritarias, aunque ciertamente graves y en muchas ocasiones extraordinariamente amplias por la suma de hechos que las componen, del número de implicados y de su importancia económica.


En este escenario de sospechas y dudas hay que reivindicar dos figuras claves. Una es la de los jueces de instrucción, que con una carencia estructural de medios, con unos procedimientos anticuados y frecuentemente bajo presiones contrapuestas, cumplen la tarea que les impone la ley de investigar para preparar un juicio con todas las garantías en el que se pueda declarar la culpabilidad o inocencia de los acusados y no solamente la de asegurar una condena que, pese a todo, se produce en una abrumadora mayoría de los casos enjuiciados. La segunda es la presunción de inocencia, clave de cualquier sistema democrático y derecho constitucional que supone la base de cualquier enjuiciamiento imparcial, sobre la que no pueden establecerse graduaciones o reservas de conveniencia según la condición del acusado o del tipo de delito que se juzga, sustituyendo la justicia por una especie de venganza social ajena a cualquier principio de justicia, y que simplemente supone que nadie puede ser condenado sin un juicio justo en el que se pruebe su culpabilidad.

El caso Gurtel arde con billetes de 500 euros.


Todos y cada uno de nosotros debemos, estamos sometidos por Ley a razonar con argumentos más o menos sólidos cualquier acto punible que de una manera u otra haya o pueda perjudicar a un tercero. Si esa persona o grupo organizado que está dentro de "nosotros"; además, es persona pública está obligado por Ley a razonar cualquier incidencia negativa para la sociedad PÚBLICAMENTE. En este último caso, las casualidad como más adelante expongo, siempre forman parten de la causa que, policialmente, pasa a denominarse caso u operación policial y esta a su vez, si el juez mandatario de dicha investigación considera que hay suficientes indicios de criminalidad, imputa a los casualmente casuales, incoa -abre- expediente, procedimiento o diligencias para procesarles a los que hasta este momento se pueden basar en la presunción de inocencia, ya que esta al estar cotejada pasaría a ser presunción de veracidad de las actuaciones del juez ordenante y de las pruebas que aporta la policía judicial y que más tarde juzgara un tribunal sentenciador.    Precisamente, no es fruto de la casualidad el que la policía judicial haya encontrado los DNIs de Mariano Rajoy y su esposa, Elvira "viri" para los amigos entre la documentación incautada a la  “mafia” Gürtel, una organización delictiva que saqueó varios ayuntamientos y autonomías y llevaba el producto de sus robos a Suiza. Con el dinero compró políticos y a un partido del régimen (PP), periodistas, coches de lujo, prostitutas/os, etc…y hasta ahora se ha descubierto que formaban parte de ella varios alcaldes madrileños (Majadahonda, Pozuelo, Boadilla), concejales, eurodiputados, diputados autonómicos, senadores, numerosos dirigentes políticos del PP y una ministra, Ana Mato. 

¿Por qué, Rajoy y su esposa nunca denunciaron extravío, pérdida, robo o utilización fraudulenta?. La clave es “Pasadena Viajes”, la agencia del “capo” de la organización, Francisco Correa, que facturó centenares de ellos a través de la misma, incluso los que facilita gratis el Congreso de los Diputados y que ahora sus señorías no quieren hacer públicos. Es la misma agencia que le pagaba los viajes “gratis total” a Ana Mato y su familia por medio mundo.

Para el juez Ruz, la ministra Ana Mato se lucró, de momento, con más de 600.000 euros  en numerosos viajes, automóviles de lujo (entre ellos un jaguar que ella dice que se “encontró” en su garaje), fastuosas fiestas de cumpleaños para sus hijos, etc. La “mafia” le llamaba “Ana Amor” y junto a “Apassionadda” (una instrumental de las “vedettes” Marlene Mourreau y Malena Gracia que cobraba 600 euros diarios), constaba en una factura su domicilio y teléfono: “calle Begonias 8, Urbanización Monteclaro, Pozuelo de Alarcón”.
“Pasadena Viajes” tenía como administradora a Carmen Rodríguez Quijano, esposa de Francisco Correa, quien la colocó en el Ayuntamiento de Majadahonda como asesora del alcalde, Guillermo Ortega, alias “Willy”, también imputado. Además fue secretaria general del PP en ese municipio, siendo administradora de Pasadena Viajes hasta finales de 2001. Declaró no haber recibido ningún sueldo de este cargo. También aseguró ante el juez tener tres cuentas bancarias y una propiedad hipotecada. Aparece en cinco de las comisiones rogatorias que los investigadores pidieron a los países para obtener información sobre sociedades pantalla y cuentas bancarias en paraísos fiscales de la trama. Rodríguez Quijano aparece en dos rogatorias en Portugal, una en Islas Vírgenes, otra en Panamá y otra en Países Bajos.


Pasadena Viajes, con la que Francisco Correa inició en 1993 sus negocios con el Partido Popular hasta hacerse en exclusiva con la organización de todos los actos de esta formación política a nivel nacional hasta 2004, facturó a Presidencia del Gobierno cientos de viajes durante el mandato de José María Aznar (1996-2004). Correa regaló al matrimonio Agag-Aznar los servicios de iluminación y sonido de la fiesta de su boda por más de 36.000 euros. El expresidente del Gobierno y Alejandro Agag afirman que cuando se produjo el regalo (2002), Correa no estaba imputado en ninguna causa judicial ni investigado por corrupción. Correa fue invitado a la boda y participó en la misma como testigo del novio. Gozo o sombra en cualquier caso fruto de sus relaciones comerciales e incluso sociedad participadas por ambos. 

“La fotocopia del DNI de Rajoy aparece en un conjunto de documentos identificados dentro del sumario con la clave R06-C10-E60-T54(2) y que contiene poco más de una veintena de folios. En concreto, figura en una hoja donde también aparecen copias de documentos de identidad de otras siete personas y de las tarjetas de fidelización Iberia Plus de otras dos. Entre ellas están el del exalcalde de Pozuelo de Alarcón (Madrid) e imputado en la causa, Jesús Sepúlveda Recio, y su exmujer, la hasta hace poco ministra de Sanidad, Ana Mato, de la que también figura una tarjeta de dicha companía aérea. Varios informes de la UDEF y de Hacienda han destapado precisamente que ambos disfrutaron supuestamente de viajes a diferentes partes de España y Europa financiados por la trama de Correa, y que éstos eran gestionados siempre por la agencia Pasadena”.

Y concluye: “en el caso de Elvira Fernández, su DNI figura por partida doble entre la documentación incautada. La primera vez, junto a su tarjeta Iberia Plus, y las de otras cuatro personas, entre ellas dos del eurodiputado Gerardo Galeote (una de la compañía española y otra de la alemana Lufthansa).

La segunda copia del DNI de la mujer de Rajoy figura junto a la documentación personal de un imputado en la trama, Jacobo Gordón Levenfeld y la de Luis Fraga, sobrino del fundador del partido, exsenador y amigo íntimo de Luis Bárcenas”. 

Arturo Fasana,  contable de la Gürtel y gestor de la cuenta Soleado, realizó al menos una visita al Palacio de la Zarzuela en el verano de 2008. Su presencia en el complejo real era reservada, por lo que no figuraba en la agenda oficial. Pero esa confidencialidad fue rota por el propio bróker helvético. A la salida de palacio le esperaba un automóvil Audi A8, de color azul oscuro, y su conductor no era otro que Andrés Bernabé, el chófer de Francisco Correa, con quien había concertado una cita ese mismo día”. En la red de blanqueo del chino Gao Ping ya cayeron tres primas del rey y un sobrino, Pedro de Borbón, trabaja con el “emperador de las perdices”: el empresario Francisco Garmendia Ugartechea, conocido como “Patxi Garmendia“, imputado en la trama. Por supuesto, Gao Ping fue encarcelado y, posteriormente, puesto en libertad ya que Blog de Juan Pardo, todas las operaciones de blanqueo de capitales se hacían desde la revista recomendada por Juan Carlos I, Numen Digital y que ahora la reina con causa, Letizia ha vuelto a exigir que se vuelva a publicar, aun reconociendo que en el mismo enlace navideño/infantil, donde aparecían sus hijas, servía para venta de drogas altamente peligrosas para la saludad de las personas, como tapadera de la mayor potencia de blanqueo de dinero habida y espero que por haber en España. Muy bien, a Letizia y a mi, la bandera con música militar jamás nos supieron levantar. En cambio, a mi, me entristece que  mueran personas víctimas de la "puta droga", del mismo modo que me indigna el saqueo por blanqueo de capitales provenientes de la ilegal venta de droga y a ella le suscita pasión,  admiración, estima, fervor, entusiasmo, seducción, ímpetu y veneración. Igual por eso ella es reina y yo, sencillamente, persona con valores. 


Del México lindo y querido al del soborno y correo de la droga.

El pueblo de México vive confundido desde mediados de los años 70 del pasado siglo. En cambio, su nobleza conlleva ese espíritu de resignación del que es referente mundial. Todo lo contrario al pueblo argentino que desconsiderando al resto de la población mundial SE cree dueño y merecedor de todo aquello que se mueve y, también, de aquellos que no se mueve. México, siempre ha sido y será un referente mundial de bondad, respeto y buena fe. 
Últimamente hay una parte de la población mexicana, totalmente, confundida por la otra parte que quiere atribuir la corrupción en México a una serie de prácticas que se remontan a la conquista española. España, por historia es más corrupta que México desde la creación del universo, pero poco o nada tiene que ver con las atrocidades que se están llevando a cabo por cuestiones de DROGA y PODER.  En realidad es una teoría del pecado original que enraíza la creación de una “cultura de la corrupción” con la lejanía entre la autoridad del rey y los gobernantes locales, y para la que la famosa frase de Hernán Cortés “Obedezco pero no cumplo” es un símbolo de la cultura nacional mexicana, tan icónico —y tan apócrifo— como lo es para Estados Unidos la supuesta e irrefrenable confesión de George Washington de que había talado un cerezo de su padre.
Atribuir los problemas actuales de México a una historia tan antigua es insostenible, reitero “España es más corrupta que México” El tipo de corrupción que abundaba en la colonia de Nueva España —compraventa de puestos políticos, petición de favores políticos a amigos, contrabando, etcétera— era similar a los existentes en Italia y en Chile, e incluso en la no tan puritana Inglaterra. Y, sin embargo, ni Italia, ni Chile ni Inglaterra sufren los problemas que tiene México. Desde la época de la conquista ha tenido que ocurrir alguna otra cosa capaz de explicar la diferencia. Por desgracia, esa explicación no es tan sencilla como los mitos de los cerezos.
Para comprender el marasmo de impunidad en que está sumido México actualmente, es necesario analizar la complicada historia de la debilidad del Estado mexicano, especialmente en comparación con Estados Unidos; no hay otra forma de entenderlo.
Desde el punto de vista económico, México es un Estado débil que perdió mucho terreno respecto a Estados Unidos en las décadas entre 1820 y 1880. Sus destructivas guerras de independencia asolaron la economía de la vieja colonia, basada en la minería y la agricultura. El comercio interior era limitado debido a la escasez de ríos navegables. Además, la mayor parte de la población mexicana ha vivido siempre en zonas altas y montañosas, por lo que el transporte era caro. La construcción del ferrocarril era un requisito indispensable para el desarrollo nacional, pero la guerra y las revueltas retrasaron ese tipo de inversiones durante muchos años.
Debido a toda esta inestabilidad, el tendido de la primera línea de ferrocarril, para unir el puerto de Veracruz con Ciudad de México, tardó 40 años en hacerse realidad. Sin ningún crecimiento económico durante esas décadas, la nueva república solo pudo desarrollar un Estado débil, y esa debilidad lo convirtió en terreno abonado para la corrupción. Se exigían sobornos a cambio de favores y para obstruir la justicia. Los bandoleros mexicanos se hicieron legendarios; después de que se consiguiera, por fin, derrotarlos, a costa de instaurar una dictadura militar, volvieron a aparecer aún con más fuerza durante la Revolución mexicana de 1910.
Estos son los orígenes decimonónicos de la corrupción y la impunidad. Tuvieron consecuencias duraderas, en la medida en que crearon una gran diferencia entre el funcionamiento del Estado en México y en Estados Unidos. No obstante, a ellos hay que sumar otros factores y acontecimientos más recientes que hoy siguen teniendo repercusión.
El primer factor es el volumen de la economía sumergida en México. Según los criterios con que se mida, entre un tercio y dos tercios de la población mexicana actual vive de prácticas económicas toleradas pero al margen de la ley. En general suele tratarse de infracciones menores, como la ocupación de parcelas vacías en las periferias de las ciudades o la venta ambulante. Pero la única forma de regular una economía sumergida es practicar pequeñas formas de corrupción: por ejemplo, los policías que aceptan sobornos para hacer la vista gorda en los controles del volumen y el tráfico de operaciones.
Un segundo factor anclado en el presente es el relacionado con la base fiscal de México. El gobierno mexicano lleva mucho tiempo obteniendo una parte desproporcionada de sus ingresos de la empresa petrolífera estatal, Pemex, que, en la actualidad, proporciona muy por encima del 30% del presupuesto federal. Esos ingresos del petróleo han hecho que el gobierno federal recaude poco de los impuestos. En 2012, los ingresos tributarios representaron algo menos del 10% del PIB, y los ingresos totales del Estado, incluidos los de Pemex, no constituyeron más que el 18% del PIB, un porcentaje muy inferior al 26% del PIB en el caso de Estados Unidos y el 32% en Brasil. Esa base tributaria tan reducida hace que la capacidad de pedir responsabilidades sea escasa. A la hora de la verdad, uno obtiene lo que paga.
No se representa ni ellos, mucho menos al pueblo de México.
Por último, existe un factor especialmente destructivo que hay que tener en cuenta para completar el cuadro: la ciénaga de impunidad de México se debe en gran parte a las políticas estadounidenses en materia de control de armas y lucha contra el narcotráfico.
EE UU ha decidido criminalizar la economía que satisface su apetito por consumir drogas

La frontera entre Estados Unidos y México soporta el tráfico más intenso del mundo, un tráfico que depende de las diferencias entre los dos países: como la mano de obra es más barata a un lado, los trabajadores atraviesan la frontera para pasar al otro, y lo mismo ocurre con cualquier otra mercancía.

Detrás de los horrores actuales, los crímenes y la impunidad que padece México, existe una historia de profundas raíces que solo pueden afrontar los mexicanos, pero las políticas estadounidenses en materia de drogas y armas también son responsables

El futuro de España, NUNCA MÁS puede quedar en manos de políticos. No precisamente, estos vienen de Marte.

En España, nunca vamos a dejar de ser personajes del Quijote con el valor negativo añadido de no saber a quién representaremos a la apertura del telón.
Si bien, hasta la fecha,  todos los partidos políticos con representación parlamentaria, tanto a nivel nacional o internacional han conseguido dicha representación con promesas populistas o greguerías bizantinas. El presente con vistas de futuro inmediato, no deja de ser más de lo mismo con mala fe por parte de los que la democracia denomina “políticos”
Vamos a tomar como referente a Podemos ya que a ellos les gusta chupar tinta para, posteriormente,  escupirla en las cámaras y medios de comunicación asociados a la causa.  Su éxito se basó en un programa electoral que ocupa 36 páginas y al que todo ciudadano tiene acceso desde la página web del partido. El programa es una maravilla desde el punto de vista de las relaciones públicas y el marketing, pero rezuma populismo por todos los costados. Las 36 páginas proponen, entre otras medidas, el impago de parte de nuestra deuda soberana, la pérdida de independencia del Banco Central Europeo, la democratización y nacionalización del sistema bancario, una renta básica para todos los ciudadanos, la moratoria de algunas deudas hipotecarias, el abandono de algunos de nuestros tratados de libre comercio o bajar la edad de jubilación a los 60 años. A primera vista, todas estas medidas suenan de maravilla y son muy atrayentes para la gran masa de descontentos a la sombra de la crisis que parece no querer abandonarnos. Pero analizadas con un poco de sentido común no pasan la prueba del algodón. No pagar la deuda soberana tendría consecuencias inimaginables sobre nuestra capacidad, como país, de acceder a los necesarios mercados financieros; la democratización del Banco Central Europeo traería consigo la ya casi olvidada inflación; la nacionalización del sistema bancario niega que fueron las instituciones financieras controladas por el sector público las más afectadas por la crisis; la renta básica parece milagrosa pero el programa electoral obvia el problema de su financiación; la moratoria hipotecaria generalizada haría un daño irreparable al futuro de nuestro sistema hipotecario; abandonar los tratados de libre comercio sería sinónimo de pobreza en muchos de los países que los firman y bajar la edad de jubilación niega las dinámicas demográficas a las que nos enfrentamos.

A todo esto, el PP piensa que al “”exitoso””  populismo de izquierdas electoralmente  debe responderse con populismo de derechas, igual de ahí deriva su identidad, Partido Popular. Mucho más sonoro y voceado cuando las elecciones estás a la vuelta de la esquina. Hace bien poco tiempo, el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro presentó las directrices de la que sería su reforma fiscal y de inmediato se están aprobando en mala medida. Sus líneas generales son dobles y claras. Por un lado, bajar los tipos impositivos del impuesto de la renta y sociedades y eliminar algunas de sus deducciones fiscales y por el otro, no tocar el IVA. Bajar tipos impositivos del impuesto de la renta y sociedades es acertado ya que es cierto que en ambos casos son muy altos en comparación con la media de los países desarrollados. Pero no es menos cierto que deben eliminarse todas, o casi todas, las deducciones. Las deducciones son como las medidas del programa de Podemos. En principio, suenan muy bien y son muy atrayentes para el ciudadano, pero en la mayoría de los casos, solo reflejan el éxito de algún lobby en convencer al ministro o dirigente de turno. Mantenerlas es casi tan populista como proponer una renta básica o no pagar nuestra deuda soberana. Aunque, por desgracia, el populismo de derechas no acaba ahí.
Para que el ya precario sistema de bienestar no se venga abajo, de ninguna de las maneras  podemos permitirnos una caída recaudatoria, más bien todo lo contrario. El déficit público, aun corregido por el ciclo económico, es enorme y el nivel de deuda pública está llegando a cotas insostenibles. España tiene uno de los niveles de recaudación como porcentaje del PIB más bajo de toda la UE-27, rozando el 37 %, por tanto, cualquier reforma fiscal debe tener como uno de sus objetivos el aumentar la recaudación y reducir el déficit. Mantener deducciones y negarse a aumentar la recaudación vía IVA es populista y engañoso para el ciudadano ya que niega el hecho de que es necesario recaudar más para financiar los servicios públicos ya existentes. Y eso es lo que hace el proyecto de reforma fiscal presentado por el PP. El proyecto no aumenta la recaudación sino que la baja. Negar la evidencia de que es necesario aumentar la recaudación vía impuestos indirectos y eliminación de deducciones es tan irresponsable como presentarse a las elecciones europeas con un panfleto de 36 páginas. Cierto y verdad es que no es necesario aumentar los tipos del IVA, pero es capital recalificar muchos de los bienes que ahora están gravados a tipos reducidos. Tampoco es necesario eliminar todas las deducciones, pero sí la mayoría. Es claro que tomar medidas como estas es poco popular, pero de una necesidad innegable. La negativa del Gobierno del PP a reconocerlo roza la temeridad por imprudente tiranía.
La restricción presupuestaria debe cumplirse por lo que solo hay dos opciones posibles: más recortes o más deuda. Creer que con suficientes votos se puede gobernar sin una restricción presupuestaria es equivalente a pensar que podemos eliminar la ley de la gravedad con suficiente apoyo popular. No queremos entrar en valorar si más recortes del gasto público son o no deseables, eso es un problema entre el Gobierno y sus votantes. Sin embargo, no reconocer que es probable que esta reforma implique recortes adicionales en el gasto público es tergiversar la realidad. Otra forma de populismo. El coste de la reforma es de unos siete mil millones. Si queremos cumplir con el déficit y no hay otros aumentos impositivos suficientes para compensar la bajada de tipos impositivos sobre la renta y beneficios empresariales, habrá que recortar el gasto. Si volvemos a saltarnos el déficit, la deuda aumentará más de lo previsto con las consecuencias que eso conlleva. Esa es la impopular realidad y negarla es de lo más popular.

Puede que haya quien piense que para ganar unas elecciones es imperativo ser populista, que no hay otra opción. Pero lo cierto es que en muchas ocasiones los gobiernos se han tenido que enfrentar a situaciones difíciles sin tirar de la receta populista. Sin ir más lejos, el actual Ejecutivo ha aprobado medidas tan impopulares como necesarias. Por un lado, ha reformado el mercado laboral mejorando la negociación colectiva y, por otro, ha hecho más sostenible nuestro sistema de pensiones, aceptando casi en su totalidad las recomendaciones del comité de expertos. También subió el IVA, hace ya casi dos años, alejándonos de un precipicio que parecía atraernos sin remedio. Todas esas medidas fueron impopulares, valientes y elogiadas por los firmantes de este artículo. Pero parece que ese tiempo quedó atrás. Hemos pasado de hacer políticas impopulares, pero necesarias para el futuro del país, a adoptar medidas populares pero que pueden tener consecuencias nefastas para el futuro de nuestros ya mermados bolsillos, ellos llaman arcas del Estado. 

El socialismo se opone al individualismo como idea fuerza política, ética y moral.



















Gustavo Bueno, catedrático de Fundamentos de Filosofía e Historia. Para blog de Juan Pardo.


La ideología del socialismo, en cuanto socialdemocracia, se funda en una concepción de la Naturaleza y del Género humano enteramente metafísica, equiparable a la ideología de algunas escuelas del estoicismo en la antigüedad.

1. «Socialismo» se opone a «individualismo»
Socialismo es una palabra derivada del adjetivo «social», con el que designamos todo aquello que tiene que ver con las sociedades humanas, zoológicas o vegetales (al menos tal como las considera la Fitosociología). La derivación del adjetivo «social» de «socialismo» es una transformación de un adjetivo en un sustantivo abstracto («el socialismo»), mediante su composición con el sufijo hipostático -ismo, que convierte al adjetivo neutro («escalar», diríamos también) «social» en un valor positivo («vectorial») susceptible de asumir una intención normativa, es decir, la condición de una idea fuerza confrontada con los contravalores correspondientes.
Ahora bien, como el adjetivo neutro «social», en principio meramente descriptivo, se opone al adjetivo «individual», así también el sustantivo abstracto «socialismo» se definirá por oposición al sustantivo abstracto «individualismo». Según esto, diríamos, por ejemplo, que las abejas, en tanto necesitan convivir con otras de su misma especie, son «socialistas», en su sentido más genérico, mientras que los cangrejos ermitaños son «individualistas» (cuando se les contrapone a los cangrejos de su misma especie, aunque no lo sean en relación con los moluscos que tienen que albergar en sus conchas).
Supondremos, por tanto, que de los sustantivos abstractos «socialismo» o «individualismo» resultan los adjetivos (con valor normativo, positivo o negativo) «socialista» o «individualista», si bien estos adjetivos suelen quedar restringidos, por no decir secuestrados, al campo de las sociedades humanas, sin perjuicio de que las abejas, desde Aristóteles hasta Mandeville, desde Platón hasta Wiener, hayan sido utilizadas como modelos o contramodelos de las sociedades políticas.
2. El socialismo de los partidos políticos socialistas, como sinécdoque
Acaso la reducción, o el secuestro, del término «socialismo» al campo político, como cuando se interpreta el socialismo como denominación de un partido político parlamentario, frente a otros, no tiene más alcance que el de una sinécdoque gramatical (pars pro toto), debida al uso de la lengua. Y la razón es que la estructura lógica de los cuerpos sociales vivientes (sean plantas, sean animales, sean hombres) es similar, a saber, la estructura de las clases lógicas tal como la estudia la Lógica de clases.
Naville distinguió (en un conocido trabajo de gran interés político) las clases lógicas de las clases sociales (en el sentido marxista), como si las clases sociales no fueran también un caso particular de las clases lógicas. Naville no tuvo en cuenta que las clases lógicas podían ser distributivas (como es el caso de la clase, de extensión indefinida, de los triángulos equiláteros, cada uno de los cuales es, en el contexto, independiente de los demás), pero también atributivas (como es el caso de los conjuntos de los veinte triángulos equiláteros que componen un icosaedro).
En cualquier caso, los elementos de las clases lógicas (sean distributivas, sean atributivas) no tienen por qué ser considerados siempre como homogéneos o clónicos, puesto que hay también clases climacológicas. 
3. Variedad de acepciones de «socialismo»
La contracción de los términos socialismo o socialista a las sociedades políticas humanas alcanza su plenitud en la contracción, que hemos calificado de «secuestro», que tuvo lugar en el siglo XIX por obra de Pierre Lerroux, y que se mantiene en la actualidad. Pierre Lerroux sobreentendió, por sinécdoque, que socialismo había de circunscribirse no ya a las sociedades humanas, sino a algunos tipos de sociedades humanas tales como las que Marx llamó comunistas, o en vías de serlo; o bien como las que después de Marx formaron, en la Alemania de 1875 el Partido Obrero Socialdemócrata (Liebknecht, Bebel) y, unidos a los lassallianos, el Partido Socialista Obrero de Alemania, en el que militaría el «revisionista» Bernstein y el «renegado» Kautsky.
El «secuestro», por contracción interesada, del término socialismo (tanto por los comunistas partidarios de la dictadura del proletariado, como por los socialdemócratas partidarios de la vía democrática y pacífica hacia el socialismo), llegó hasta el extremo de considerar como no socialistas, por tanto, en el fondo, como no humanos, o como «hombres alienados», a los mismos adversarios «capitalistas», como si una sociedad anónima capitalista no fuera una «agencia de socialización», tanto o más efectiva de lo que pudiera serlo un sindicato obrero.
Sin embargo, fue el secuestro del término socialismo lo que transformó en una idea fuerza, en el terreno político, pero también en una idea fuerza moral o ética, al termino socialismo, y lo convirtió en una especie de concepción del mundo que comprendía una filosofía del hombre, una moral y una ética, como fue el caso de Engels o el de Kautsky.
Ahora bien: ¿quién comunicaba a esta acepción, resultante de un secuestro, su fuerza propia? No la idea del socialismo en general (porque tan «socialista» es una sociedad anónima capitalista como pueda serlo un partido socialdemócrata), sino la idea de un socialismo previamente contraído o secuestrado por la socialdemocracia (o en su caso, por el nacional socialismo), que se enfrentaba a otros socialismos, ya fuera el socialismo marxista leninista, ya fuera el socialismo anarquista del comunismo libertario, ya fuera el socialismo cristiano (el socialismo de los «cristianos para el socialismo»), ya fuera el socialismo capitalista liberal.
El secuestro del término socialismo por un partido político en el terreno gramatical no dejaba de ser una sinécdoque; pero en el terreno político, ético o moral equivalía a la conformación de un modelo de humanismo basado en la identificación del propio partido con el hombre ideal, con el hombre nuevo, con el hombre del futuro. Desde este momento, un socialista convencido podría definir su condición de «socialista de toda la vida» como su título más sagrado, a la manera como un cristiano de las Cruzadas, pero también un musulmán yihadista, alegará su condición de cruzado o de yihadista como el título más sublime que acredita su condición de verdadero hombre. La diferencia acaso podría ponerse en que el cruzado o el yihadista se acoge si es preciso a la vía violenta en la transformación del hombre actual en el hombre nuevo, y estará dispuesto a morir por sus ideales; pero el socialista demócrata (el socialdemócrata) no necesitará comprometerse con semejante decisión, y no ya por la vía del escepticismo, sino porque confía que el progreso global de la evolución social humana conducirá al género humano a transformarse en el hombre nuevo, que el humanismo socialista propugna. De este modo, el socialista político viene a transformarse en una suerte de confucionismo práctico, que confía en que sus actos cotidianos más vulgares tienen consecuencias futuras sublimes.
4. El secuestro del término «socialismo» por los partidos «de izquierda»
Gracias a la ignorancia de la estructura polémica y aún trágica de las sociedades humanas, un socialista podrá alimentar durante toda su vida una especie de conciencia de superioridad sobre los demás partidos políticos y, sobre todo, sobre los partidos que él llama «de la derecha». La confianza en el progreso de la humanidad, en la paz perpetua, en la igualdad, la libertad y la solidaridad, en la alianza de las civilizaciones, en la abolición definitiva de la violencia de género, en el aborto libre, &c., le permitirá mantener una especie de serenidad durante toda su vida, porque la «confianza cósmica» depositada en el progreso de la Naturaleza y del Género humano será capaz también de transformar sus actos más vulgares en actos sublimes. Pero esta confianza, que sólo puede mantenerse en sociedades en las cuales los trabajadores viven en posesión de un «estado de bienestar» y tienen acceso político o sindical a los aparatos de control del Estado, es solidaria de la ignorancia.
Si el socialismo ha logrado ser una idea fuerza, o lo sigue siendo, es debido no a la idea filosófica del socialismo genérico, sino a la idea política de un «socialismo aureolar», un socialismo que se sitúa en un futuro indefinido pero entendido como si este futuro tuviese ya una realidad presente y a la mano, tangible y con la cual hay que contar en cualquier decisión política, ética o moral. 
En conclusión, si el socialismo es una idea filosófica, sin necesidad de ser una idea fuerza, en el terreno de la política, es en la medida en que la entendemos como idea que se contrapone al individualismo, a la manera como desde Augusto Comte la sociología se contraponía a la psicología –a la psicología mentalista de la conciencia, colindante siempre con el idealismo. Quienes creen en el socialismo como si fuera una idea fuerza capaz de organizar la vida de los hombres sólo pueden alimentar esa creencia en el terreno de una ignorancia profunda, que confunde lo que es una idea aureolar, mitopoiética, con una idea positiva.
En realidad el socialismo político, como ideología política, ética o moral, es un humanismo confuso cuya fuerza, aún de carácter laico, es enteramente paralela a la de los no menos confusos humanismos cristianos o mahometanos, que por cierto reciben su alimento precisamente de fuentes no humanas sino pretendidamente divinas.

No dudamos que esta idea fuerza ofrece a sus creyentes una explicación de las «injusticias» de las diferencias de clase o de las maldades del capitalismo; pero esta idea ejerce su influjo animador de manera similar a como la idea de Dios ejerce un influjo elevante y santificante en quienes creen en él.




Este era el aspecto del senado cuando trataban el tema de los "deshaucios"

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La Ley 3/2012, de 6 julio, de medidas urgentes para la reforma del mercado de trabajo, entre otras barbaridades dice:
“Bastará con que un trabajador falte nueve días hábiles al trabajo de forma intermitente en dos meses consecutivos o 15 en cuatro meses ininterrumpidos. El artículo 6 del Convenio 156 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), suscrito por España, señala que la ausencia temporal del trabajo por motivo de enfermedad o lesión no deberá constituir una causa justificada de terminación de la relación de trabajo. Informe de la OMS, "un simple resfriado puede conllevar más de nueve días para su plena curación" -Igual ha sido esa la causa de dimisión de ANA MATÓ.
La única diferencia es que el Gobierno de Rajoy,  a este tipo de despido le llaman “OBJETIVO” ellos no saben su significado, la OIT, tampoco, pero el despido es procedente.
No es broma, en cambio, ir a buscar novia o compañera de cama a Canarias se considera SUBJETIVO. Primero porque se considera movilidad laboral dentro del ámbito de sus funciones –comisiones de control- y segundo, porque solo tendrían que informar a la comisión, o sea, a ellos mismos.
Según, Olga Henao Cárdenas y por qué no tiene que ser cierto,  aun le quedan algunos senadores en el armario. Para mí que esta pájara es la Mata Hari  venezolana al servicio de Podemos camuflada en el PP. 
El tirano despido objetivo supone un quebranto en la economía del despedido. Por descontado, no podría hacer frente a sus pagos, entre ellos el de la hipoteca…Así trata la Policía Nacional al hijo de nueve años y con síndrome de Down. Una imagen vale más que mil palabras.


Ha pedido la interpol a instancias del tribunal competente de la UE hasta en cinco ocasiones que se identifique a estos policías. Contestación de lo que llaman Gobierno de España “es de nuestra competencia”, de modo que les protegen…………… Mejor  termino, a veces, se me va la cabeza. 

París...., aun es París y bien vale una misa.



He vivido en muchos lugares y con ningún otro me ocurre nada parecido. Tal vez porque con ninguna ciudad soñé tanto de niño, atizado por las lecturas de Julio Verne, de Alejandro Dumas y de Victor Hugo, y a ninguna otra quise tanto llegar y echar allí raíces, convencido como estaba, de adolescente, que solo viviendo en París llegaría a ser algún día escritor. Cada vez que voy a París siento una curiosa sensación, hecha de reminiscencias y nostalgia. Los recuerdos, que fluyen como una torrentera, van sustituyendo continuamente la ciudad real y actual por la que fue y solo existe ya en mi memoria, como mi juventud.
Por supuesto era una gran ingenuidad, sin embargo, de algún modo, resultó cierto. En una buhardilla del Wetter Hotel, en el Barrio Latino, terminé mi primera novela y en los casi siete años que viví en París publiqué mis primeros tres libros y empecé a sentirme y funcionar en la vida ni más ni menos que como un escribidor. En el París de fines de los cincuenta y comienzos de los sesenta vivían todavía Sartre, Mauriac, Malraux, Camus, y un día descubrí a André Breton, de saco y corbata, comprando pescado en el mercadito de la rue de Buci. Una tarde, en la Biblioteca Nacional de entonces, junto a la Bolsa, tuve de vecina a una Simone de Beauvoir que no apartaba un instante la vista de la montaña de libros en la que estaba medio enterrada. Eran los años del teatro del absurdo, de Beckett, Ionesco y Adamov, y a éste y sus ojos enloquecidos se lo veía todas las tardes escribiendo furiosamente en la terraza del Mabillon.
La ducha en el hotel costaba 100 francos de entonces, uno de ahora, exactamente lo mismo que un almuerzo en el restaurante universitario y que una entrada a la Comédie-Française en las matinés de los jueves, dedicadas a los escolares. Los debates y mesas redondas de la Mutualité eran gratis y yo no me perdía ninguno. Allí vi una noche la más inteligente, elegante y hechicera confrontación política que he presenciado en mi vida, entre el primer ministro de De Gaulle, Michel Debré, y el líder de la oposición, Pierre Mendès-France. Me parecía imposible que quienes se movían con esa desenvoltura en el mundo de las ideas y de la cultura fueran solo políticos. Ahora las películas de la Nouvelle Vague no parecen tan importantes, pero en esos años teníamos la idea de que François Truffaut, Jean-Luc Godard, Alain Resnais y Louis Malle y su órgano teórico, Cahiers du Cinéma, estaban revolucionando el séptimo arte.
Los debates y mesas redondas de la Mutualité eran gratis y no me perdía ninguno

Pero, tal vez, si tengo que elegir el más vivo y fulgurante de mis recuerdos de esos años, sería el de los de los discursos de André Malraux. Siempre he creído que fue un grandísimo escritor y que La condición humana es una de las obras maestras del siglo veinte (el menosprecio literario de que ha sido víctima se debe exclusivamente a los prejuicios de una izquierda sectaria que nunca le perdonó su gaullismo). Era también un orador fuera de serie, capaz de inventar un país fabuloso en pocas frases, como lo vi hacer respondiendo, en una ceremonia callejera, al Presidente Prado, del Perú, en visita oficial a Francia: habló de un “país donde las princesas incas morían en las nieves de los Andes con sus papagayos bajo el brazo”. Nunca olvidaré la noche en que, en un Barrio Latino a oscuras, iluminado solo por las antorchas de los sobrevivientes de los campos nazis de exterminio, evocó al mítico Jean Moulin, cuyas cenizas se depositaban en el Panthéon. Entre los propios periodistas que me rodeaban había algunos que no podían contener las lágrimas. O su homenaje a Le Corbusier, con motivo de su fallecimiento, en el patio del Louvre, enumerando sus obras principales, de la India a Brasil, como si fueran un poema. Y el discurso con el que abrió la campaña electoral, luego de la renuncia de De Gaulle a la presidencia, con esa frase profética: “Qué extraña época, dirán de la nuestra, los historiadores del futuro, en que la derecha no era la derecha, la izquierda no era la izquierda, y el centro no estaba en el medio”.
Entonces, en aquel París, Un joven herido por las letras, insolvente podía vivir con muy poco dinero, disfrutar de una solidaridad amistosa y hospitalaria de la gente nativa, algo inconcebible en la Europa crispada, desconfiada y xenófoba de nuestros días. Había una picaresca de la supervivencia que, con la ayuda de la Unión Nacional de Estudiantes de Francia, permitía a millares de jóvenes extranjeros comer por lo menos una vez al día y dormir bajo techo, recogiendo periódicos, descargando costales de verduras en Les Halles, cuidando inválidos, lavando y leyendo a ciegos o —los trabajitos mejor pagados— haciendo de extra en las películas que se rodaban en los estudios de Gennevilliers. En uno de los momentos más difíciles de mi primera época en París yo tuve la suerte de que el locutor que narraba en español Les Actualités Françaises perdiera la voz y me tocara reemplazarlo.
Vislumbrar Notre Dame me disipa malos humores y me devuelve el amor a las gentes y a los libros
París fue siempre una ciudad de librerías y, aunque las estadísticas digan lo contrario y aseguren que se cierran a la misma velocidad que se cierran los viejos bistrots, la verdad es que sigue siéndolo, por lo menos por los alrededores de la Place Saint Sulpice y el Luxemburgo, el barrio donde vivo y donde ayer, en un paseo de menos de una hora, conté, entre nuevas y viejas, más de una veintena. Claro que ninguna de ellas tiene, para mí, el atractivo sentimental de La Joie de Lire, de François Maspero, de la rue Saint Severin, donde, el mismo día que llegué a París, en el verano del año 58, compré el ejemplar de Madame Bovary que cambiaría mi vida. Esa librería, situada en el corazón del Barrio Latino, era la mejor provista de novedades culturales y políticas, la más actual y también la más militante en cuestiones revolucionarias y tercermundistas, razón por la cual los fascistas de la OAS le pusieron una bomba. Todavía recuerdo aquella vez, años más tarde de los que estoy evocando, en que llegué a París, corrí a la La Joie de Lire y descubrí que la había reemplazado una agencia de viajes. Probablemente fue allí cuando sentí por primera vez que el esplendoroso tiempo de mi juventud había comenzado a desaparecer. La muerte de esta maravillosa librería fue, me dicen, obra de los robos. Maspero había hecho saber que no denunciaría a los ladrones a la policía, a ver si con este argumento moral aquellos disminuían. Parece que más bien se multiplicaron, hasta quebrarla. Indicio claro de que París empezaba a modernizarse.

Algo no ha cambiado, sin embargo; sigue allí, intacta, idéntica a mis recuerdos de hace cincuenta y tantos años: Notre Dame. Yo vivía en París cuando, luego de tempestuosas discusiones, la idea de Malraux, ministro de Cultura, de “limpiar” los viejos monumentos prevaleció. Liberada de la mugre con que los siglos la habían ido recubriendo, apareció entonces, radiante, perfecta, milagrosa, eterna y nuevecita, con sus mil y una maravillas, refulgiendo en el sol, misteriosa entre la niebla, profunda en las noches, fresca y como recién bañada en las aguas del Sena en los amaneceres. Desde que era joven me hacía bien ir a dar un paseo alrededor de Notre Dame cuando tenía un amago de desmoralización, una parálisis en el trabajo, necesidad de una inyección de entusiasmo. Nunca me falló y la receta me sigue funcionando todavía. Contemplar Notre Dame, por dentro y por afuera, por delante, por detrás o por los costados, sigue siendo una experiencia exaltante, que me disipa los malos humores y me devuelve el amor a las gentes y a los libros, las ganas de ponerme a trabajar, y me recuerda que, pese a todo, París es todavía París.
Mario Vargas LLosa