Soy de esos frikis que aman
las palabras, que las miran, las tocan, las huelen incluso. Me gusta
desmontarlas, analizarlas, investigarlas, jugar con sus significados y sus
sonidos... y por supuesto, me encanta consultar diccionarios. Un filósofo
inglés del siglo XX, J. L. Austin, escribió un libro que tiene un título
fantástico: Cómo hacer cosas con palabras. Y es que las palabras tienen una
fuerza extraordinaria. No solo sirven para designar objetos o estados, sino que
sirven para mandar, asustar, emocionar, amenazar, y, más allá de todo eso,
verdaderamente construyen el mundo.
Así que quien logra imponer
sus palabras de alguna manera domina la realidad. Estoy escuchando mucho
últimamente hablar de personas radicales, o simplemente de «los radicales». Y
ya entendemos que se trata de gente extremista, fanática, intolerante, violenta
incluso. Abracadabra: acabamos de construir un trozo de lo real, a base, en
este caso, de utilizar una de las últimas acepciones del término. Porque seguro
que ya saben que radical hace referencia a la raíz, a lo esencial, a la
totalidad, y también -pero no solo- a eso que acabamos de mencionar.
Ha llegado la hora de
reivindicar el significado primordial de este hermoso término. Seamos
radicales, vayamos a la raíz de los problemas en lugar de quedarnos en la
superficie, asumamos una perspectiva de totalidad en lugar de perdernos en los
detalles, identifiquemos lo esencial frente a lo accesorio... y no permitamos
que desde intereses ajenos nos construyan sin tener en cuenta nuestra mirada.
Blog de Juan Pardo
juanpardo15@gmail.com
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