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España, no puede depender de la voluntad de dos en manos de un tramposo tahúr y de un prófugo: Pedro Sánchez y Puigdemont

La Polémica Negociación entre PSOE y Junts: ¿Un Saludo o Reunión entre  Sánchez y Puigdemont? – HERALDO SANITARIO y POLÍTICO – SATÍRICO DE OREGÓN

Pedro Sánchez sigue cortejando a Carles Puigdemont con la esperanza de obtener los 7 escaños de Junts para sus próximas votaciones en el Congreso; la principal, los presupuestos generales del Estado. Este jueves, se votará la senda de déficit o techo de gasto, el primer paso para aprobar las cuentas y no verse obligado a prorrogar por segunda vez los presupuestos. Y hasta Suiza se ha desplazado Santos Cerdán con una delegación socialista para convencer al golpista prófugo. De momento, con poco éxito.

La incógnita sobre los 7 escaños de Junts es el gran problema al que se enfrenta Sánchez en esta legislatura. La ley de amnistía ha sido otra chapuza legal (o ilegal) del Gobierno al no ser capaz de blindar penalmente a Puigdemont. El golpista prófugo, además, está indignado con la investidura de Salvador Illa como presidente de la Generalidad y todo indica que va a torturar al Gobierno en todas y cada una de las votaciones que se produzcan en el Congreso de los Diputados. Para empezar, votó en contra de la senda de estabilidad presupuestaria, lo que obligó al Ejecutivo a prorrogar las cuentas de 2023. Y ahora, acaba de tumbar la ley sobre la regulación de los alquileres.

Después de reunirse con la delegación socialista que viajó a Suiza, Puigdemont ha mandado un mensaje desconcertante:”Nuestra vocación política –ha dicho- no es dar estabilidad ni desgastar a nadie. Nuestro objetivo es defender Cataluña y los intereses de los catalanes, y quien nos ayude tendrá nuestro apoyo, sea para gobernar, sea para hacer oposición: quien haga lo contrario o quien nos engañe (o maree la perdiz), que no cuente con nosotros", ha dicho. O lo que es lo mismo, o Pedro Sánchez cumple con los acuerdos de legislatura, para empezar la aplicación de la ley de amnistía, o Junts puede seguir apoyando las propuestas del PP y provocar más derrotas parlamentarias del Gobierno, que ya lleva 35 en esta legislatura.

La tragedia de Pedro Sánchez se llama Puigdemont. Creía que podía contar con sus 7 escaños durante la legislatura, pero el prófugo de Waterloo no está dispuesto a apoyar al Gobierno hasta que la ley de amnistía le conceda la inmunidad absoluta. Y eso, como poco, tardará un año largo. El presidente está pagando caro su gran error: haber fiado la estabilidad de la legislatura a una ley chapucera y al golpista prófugo. Y, por eso, el futuro de España está en manos de dos tahúres de la política.

Pedro Sánchez, singular.

 

La singularidad es Sánchez

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante un acto político en Barcelona para las elecciones europeas
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante un acto político en Barcelona para las elecciones europeas | 

Cataluña necesita una financiación singular porque Sánchez necesita un apoyo singular, y ésa es toda la singularidad de la situación, la singularidad de Sánchez, que parece un oscuro concepto cosmológico y casi lo es. En la singularidad de Sánchez, como en las singularidades de los agujeros negros o del Big Bang, todas las leyes conocidas fallan y sólo nos queda la superstición de admitir la mano caprichosa y meticona de un Ser Supremo (universal o monclovita), o la paciencia y la sabiduría para tratar de remediar nuestra ignorancia y nuestro desconcierto. Como el PSOE es ahora sólo una iglesia de Sánchez, una cienciología de guapo bien encuadernado, hay que creerse que la necesidad de Sánchez es necesidad nacional, o universal, o moral incluso. Hasta Illa ha salido como un cura de la antigua Convergencia, como un meritorio del Ensanche, como un yerno de Pujol, con la vieja teoría de la pela sisada, de que España les roba, y con que la financiación singular no es privilegio sino “justicia”. Justicia divina, diría yo, porque sólo los dioses se atreven a hacer equivalentes la justicia y la arbitrariedad.

La singularidad de Sánchez será la singularidad de ERC si Sánchez necesita a ERC (será hasta la guapura de ERC, que Sánchez ahora piropea a ERC como a una suegra ante la mesa navideña). Y será la singularidad de Puigdemont si Sánchez necesita a Puigdemont. Y si piensan ustedes que son incompatibles o contradictorias es que no entienden el propio concepto de singularidad sanchista. Es la singularidad de Sánchez, no de ERC, ni siquiera de Illa, que es como una sombra chinesca hecha con sus propias mangas colgonas, la que nos ha llevado de nuevo a la pela. Puede parecer que es como volver al pueblo después de un viaje interestelar, muchas generaciones después, pero en realidad no es que hayamos vuelto a la pela, o a Pujol, o a un yerno de Pujol cruzado con yerno de Tarradellas. Lo que tiene la singularidad de Sánchez es que permite viajes de ida y vuelta al pasado, y así uno puede pasarse un momento por la castiza pela para luego retomar la agenda del referéndum y la autodeterminación, que, total, la singularidad lo aguanta todo.

La pela ahora no financia paz, aquella burguesa paz pujoliana de buenas cortinas y buenas maneras, sino que sigue financiando la independencia, o sea que no se trata de la concordia sino del recochineo. Y es que la singularidad de Sánchez es elástica e ilimitada, y sus socios pueden seguir pidiéndole deseos empujados por la avaricia, la melancolía, la venganza o hasta el humor, que un día le exigirán a Sánchez que aparezca por el Congreso vestido de torero o de Tejero y Sánchez lo hará. Han tenido indultos y amnistía, pronto tendrán la pela singular, icónica, sagrada, evangélica, como treinta monedas de plata, y luego tendrán el referéndum. Pero mientras, para que no cese la diversión ni surja la disputa en la mesa del gran banquete, Sánchez les va cubriendo además de halagos exagerados y dóciles, como un bufón enjaezado de cascabeles o quizá sólo de huesos de pollo arrojados a la cabeza.

Yo no sé si ha sido María Jesús Montero o Marta Rovira la que ha inventado eso de la “financiación singular”, que está entre el eufemismo y el eslogan veraniego

En su última entrevista, dentro de la gira que está haciendo Sánchez en triclinio o en parihuela (Sánchez es como un presidente de Astérix), esta vez para La Vanguardia, no sólo alabó a ERC como un partido “grande, con raíces”, sino que saltó en tremenda y artística cabriola para decir de Pere Aragonès nada menos que “sin su liderazgo y su compromiso no habría indultos ni amnistía”. Sí, esto es exactamente como si un director de banco sale diciendo que sin el liderazgo y el compromiso del atracador no habría atraco. Tendríamos que hablar de síndrome de Estocolmo, de complejo de tío Tom, de dislocación mandibular o de fractura lumbar, si no fuera por la singularidad de Sánchez. En la singularidad de Sánchez no hay mentiras ni humillaciones, no hay coste ni vergüenza, no hay pasado ni futuro, no hay ni siquiera causa y consecuencia más allá de su inefable voluntad.

La singularidad es Sánchez, todas nuestras leyes, toda nuestra comprensión de la política y la lógica fallan al llegar a él, y el universo se derrumba sobre sí mismo. Yo no sé si ha sido María Jesús Montero o Marta Rovira la que ha inventado eso de la “financiación singular”, que está entre el eufemismo y el eslogan veraniego, entre la originalidad violentada de lo que ya no puede ser original, como los anuncios de cerveza, y el intento de que no se hagan comparaciones con la otra singularidad vasca, hermana y sin embargo rival. Pero haya salido de la nueva lideresa de ERC, que viene con autoridad y bisbiseo de monja misionera, o haya salido de la máquina de palabros, churros y peinetas de la Moncloa, ése es el concepto que acota a Sánchez.

La singularidad es Sánchez, algo que quiebra el universo o la política como los conocemos y sólo nos deja la religión o el desconcierto. Ya hubo amnistía, va a haber pela y habrá referéndum, todas ellas cosas singulares, y más que todavía se pueden inventar. Los indepes van a pedirlo todo y van a tenerlo todo, y no se preocupen por las contradicciones, que ni ellos ni Sánchez pueden esperar a la siguiente singularidad cósmica. La verdad es que, probablemente, la singularidad no existe, e incluso dentro de los agujeros negros, entre encarnaciones de universos o incluso en el sanchismo, todo transcurre suavemente, según unas leyes que, simplemente, aún no conocemos. Eso sí, por lo que vamos desentrañando de Sánchez, lo más probable es que todo continúe así, con inexplicable y aparente caos pero secreta suavidad, y no que veamos estallar la legislatura como un Big Bang de puro petardeo. Ni siquiera, diría yo, con un sonoro y cósmico begoñazo.