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El PSOE se apodera de la justicia y esto lo lamentaremos TODOS los españoles.

 Librería Dykinson - Actividades - 17 de julio: unión por el día de la  Justicia Internacional

Después de tantos años, de tantos y tantos intentos de acuerdo, de pactos de estado, de consensos partidistas o institucionales, de esfuerzos corporativos o profesionales, pareciera imposible que este punto de destino fuese peor que el de inicio.

Pero así es: la Justicia española está hoy peor que hace cinco años, y que hace diez, y con mucha seguridad que hace veinte.

Sin necesidad de adentrarnos en pormenores técnicos o en reformas legales, sólo cabe asomarse un día azaroso por cualquier juzgado o tribunal, fiscalía u órgano de apoyo a estos para certificar la podredumbre que asola los cimientos de lo que -no debemos olvidarlo- es el poder del Estado llamado a salvaguardar la legalidad y, con ella, la paz social, el respeto a los derechos y libertades de los ciudadanos, al pleno y seguro desenvolvimiento de las relaciones jurídicas.

Las sociedades funcionan gracias a una ficción comúnmente aceptada que llamamos Derecho, a ese conjunto sólido e imperfecto de reglas y normas que ordenan nuestra actividad social, la economía, los servicios públicos o la celebración de negocios jurídicos. Pero esa ficción, como en cualquier ejercicio narrativo, sólo posee lógica y dimensión para el espectador (que aquí además es el protagonista) si éste acepta con plenitud las consecuencias irremediables del guion. Si esto no acontece, si el desenlace se desconecta del comienzo o si el final no llega porque la escena fenece anticipadamente en el nudo, la ficción se resquebraja y la ilusión se esfuma. Todo se viene abajo. La narración y también sus protagonistas. El telón cae. Las luces se apagan.

Lo que viene ocurriendo en nuestro país desde hace algún tiempo, y de forma especialmente acelerada en todo lo que ha sido este año, es, precisamente, lo anterior: la ruptura de la ficción que supone la aceptación del Derecho aplicado. Y por supuesto esta quiebra no ha sido resultado del azar o la (mala) suerte. Todo lo contrario. La desilusión de la esperanza del Derecho es el producto ordinario de una concatenación de factores preordenados a un mismo fin: la desnudez de la Justicia a través de la resignación a su propia inutilidad.

Cuando no se destinan medios económicos para garantizar un personal mínimo y eficaz al servicio de un órgano, cuando se produce el bloqueo interesado del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Supremo o cuando se reputan plausibles tasas de pendencia que desincentivan la inversión y deterioran profundamente la confianza en nuestra economía, lo que se está haciendo por vía de la inacción es desmontar primero la tutela judicial efectiva y después el mismo Estado de Derecho. Nada más, nada menos.

Una sociedad democrática, moderna, progresista y comprometida con los servicios públicos y el impulso a la iniciativa privada se escandalizaría de comprobar cómo funciona la Justicia en España. Parece sin embargo que no ocurre así en nuestro país. Y la pretensión de resignar a todos para que con brevedad la Justicia deje de funcionar (ya ha dejado de importar) se augura exitosa. Y luego dará igual. O tal vez no. Es difícil saberlo. Las ficciones funcionan sobre la base de la aceptación y a su vez la aceptación se asienta donde la confianza actúa como simiente.

Sin confianza, sin aceptación y sin justicia sólo quedará un óbito, el nuestro. Un entierro al que no acuda nadie pero que lamentarán todos.

Garzón, a través de su portavoz en el Gobierno, la Ministra, Lola Delgado confirma el golpe de Estado a la Constitución española.


Blog de Juan Pardo

Los animales marcan sus terrenos dominados meándose en puntos estratégicos. No con eso quiero decir que “Lola Delgado y Garzón” se vayan meando en las ruedas de todos los coches, postes de la luz…. Son millones de puntos –menuda meada-, pero sí que con su última fechoría anticonstitucional autorizan a sus socios de Gobierno a que vayan impregnando de orín los puntos delimitadores de sus territorios. Pautas e inflexiones, de momento las seguirá marcando Garzón y comunicadas por su amiguísima y portavoz “Lola, la ministra”.

Ayer se consumó el mayor ataque del Gobierno El Gobierno al Estado de derecho del régimen constitucional. Con las indicaciones políticas a la Abogacía del Estado para que cambiase su criterio en el escrito de acusación a los encausados en el procés -sustituyendo el grave delito de rebelión por el más leve de sedición-, el Gobierno de Pedro Sánchez ha dejado en suspenso, para regocijo de los golpistas y de sus apoyos fuera de España, el principio esencial de toda democracia: la separación de poderes.

Los representantes de los servicios jurídicos del Estado crean un disolvente conflicto institucional al poner en entredicho la rigurosa instrucción del juez Pablo Llarena -un magistrado acosado reiteradamente por el nacionalismo desde Cataluña y desde determinados tribunales de la Alemania de Merkel y Bélgica- y la posición firmemente defendida por los cuatro fiscales del Tribunal Supremo, que nunca dudaron de que los hechos de septiembre y octubre de 2017 eran constitutivos de un claro delito de rebelión. Así, además, lo justifican en el escrito de acusación que la Fiscalía presentó ayer ante el Supremo, en el que describen una acción "combinada y sincronizada" entre las instituciones catalanas -el Parlamento y el Gobierno de Cataluña, los partidos que las sostenían Junts pel Sí -coalición formada por la antigua Convergència y ERC- y la CUP) y las asociaciones soberanistas encargadas de movilizar a la calle (ANC, Òmnium y AMI), para consumar su objetivo de provocar una secesión territorial de Cataluña.

Para todo ello, fundamenta la Fiscalía, se valen "de la fuerza intimidatoria que representaban, por una parte, la actuación tumultuaria desplegada con las grandes movilizaciones ciudadanas instigadas y promovidas por ellos y, por otra parte, el uso de los Mossos como un cuerpo policial armado e integrado por unos 17.000 efectivos aproximadamente, que acataría exclusivamente sus instrucciones". No es casual que, en paralelo, también ayer la Fiscalía de la Audiencia Nacional, donde se instruye el caso contra Trapero, haya pedido para el entonces Mayor de los Mossos 11 años de prisión por un delito de rebelión. Y que la Fiscalía pida 25 años para el ex vicepresident, Oriol Junqueras, y 17 para Carme Forcadel y los Jordis, los cuatro máximos responsables de un golpe encaminado a subvertir el orden constitucional. A pesar del cinismo y el descaro mostrado ayer por la vicepresidenta del Gobierno, que sin rubor alguno intentó convencer a la ciudadanía de que Sánchez no había cambiado de criterio sobre los supuestos delitos cometidos por el Gobierno de Carles Puigdemont, lo cierto es que debido a la forma en que el líder socialista llegó a La Moncloa, le ha obligado a claudicar ante el Govern rebelde y a enviar un inequívoco mensaje político a Torra y sus aliados de ERC. Por eso, Carmen Calvo, cuya irresponsabilidad y arrogancia recuerdan cada vez más a las de cualquier líder populista, llegó a defender un posible indulto, si la sentencia fuese condenatoria, como única forma de compensar a sus aliados soberanistas. Justo el precio que han puesto para seguir sosteniendo a Sánchez en el poder, aun a costa de erosionar las instituciones democráticas del Estado, como recordó Pablo Iglesias tras su visita a Junqueras en la cárcel de Lledoners. Esa es la única razón por la que se forzó el cambio de criterio de la Abogacía del Estado, cuya intención fue siempre acusar por el delito de rebelión, como demuestra el hecho de que preguntasen por él durante la fase de instrucción. Tras las directrices políticas del Gobierno, sin embargo, del escrito de acusación se borró el concepto de violencia, palabra que no aparece en ningún momento, para reducir los hechos a meros "incidentes contra el orden público". Pero no solo eso. Para rebajar de manera más espectacular aún la petición de penas, los abogados del Estado han utilizado una argumentación conocida como "concurso medial" que, en este caso, consiste en considerar que el delito de malversación fue solo un medio para perpetrar el más grave de sedición, por lo que el cálculo de la condena es más favorable a los encausados que si se contabilizasen los dos delitos por separado. En base a este argumento, para Junqueras solo se piden 12 años de prisión, frente a los al menos 16 que le corresponderían sumando los dos delitos de manera individual. La grave crisis institucional abierta irresponsablemente por el Gobierno amenaza con socavar la credibilidad del Poder Judicial y debilitar la acción del Estado frente al más serio intento de destruir nuestra democracia, como anhelan populistas y nacionalistas. En solo cuatro meses, Sánchez ha perdido su legitimidad y debe convocar elecciones cuanto antes, para que sean los españoles los que decidan sobre su futuro.

Con estas declaraciones de la innoble,  ministra de Justicia, Dolores Delgado, negando que haya habido “guiños”  a los independentistas en la decisión de la Abogacía del Estado al no calificar de rebelión los delitos para el vicepresidente catalán, Oriol Junqueras, nada ni nadie puede poner en duda que España está siendo gobernada por una banda dependiente del crimen organizado con una buena e imprescindible ayuda del sectarismo dominante en el mismo.

En la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros, Delgado ha subrayado que la Abogacía del Estado ha actuado bajo criterios de "profesionalidad" basándose en "parámetros técnicos y jurídicos" y, por tanto, ha insistido, "no es una cuestión de gestos".

A la pregunta de si esta decisión podría afectar al apoyo de los independentistas a los presupuestos generales, Delgado se ha limitado a decir: "Sirva o no sirva, no tengo ni idea".