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La UE vigila a España, mientras Puigdemont se descojona de risa. ¡Ahí mando yo, aquí también¡

 

La UE nos vigila y Carles se ríe

España ha demostrado hoy que tiene externalizados en las sedes europeas dos poderes del Estado. El Ejecutivo, en el despacho bruselense de Carles Puigdemont, con las urnas de la infamia como mural decorativo. Y el Legislativo español, en la Eurocámara de Estrasburgo, mientras la mayoría parlamentaria de la investidura siga secuestrada por un hatajo de populistas y separatistas

Strasbourg (France), 22/11/2023.- Members of the European Parliament, Catalan Antoni Comin (R) and Catalan leader Carles Puigdemont attend a formal sitting at the European Parliament in Strasbourg, France, 22 November 2023. The EU Parliament's session runs from 20 until 23 November 2023. (Francia, Estrasburgo) EFE/EPA/RONALD WITTEK

El prófugo de la Justicia Carles Puigdemont junto al eurodiputado secesionista Antoni Comín en el Parlamento Europeo

En Estrasburgo hace frío en noviembre y a las cuatro casi es de noche. Así que a los señores europarlamentarios les debió de sonar a truño que un grupo de políticos españoles se enzarzaran sobre no sé qué del Estado de derecho en la España del paraíso progresista, del Gobierno chachi, del Consejo de Ministras, en la España de dear Peter, como dice la siempre arrobada Úrsula. Quién lo iba a pensar: la cuarta economía europea tiene de presidente del Gobierno a un aprendiz de autócrata y no a un apuesto demócrata ecologista y feminista, como nos ha contado nuestra presidenta de la Comisión.
Todo ocurrió esta tarde ante la sonrisa complaciente (con la pasividad de Bruselas) de un forajido que se refugió en la Eurocámara como lugar sagrado desde el que burlarse del Estado español. Carles Puigdemont escuchaba con media sonrisa cómo el comisario Didier Reynders, un belga que ha entablado una relación epistolar con el superministro Bolaños en la que todo se resume a un «esto es asunto interno español», reclamaba información sobre los desafueros de Sánchez. Dijo el bueno de Reynders, otro fascista amigo de Feijóo al que hay que colocar al otro lado del muro en la lógica sanchista, que qué pasa con la malversación, con el artículo 2 de la UE, con el delito de terrorismo (Puchi sabe mucho de esto como capitán de los Tsunami), con la corrupción amnistiada… Han llegado tantas quejas de ciudadanos, dijo Reynders, que la Comisión estará atenta al documento definitivo. Esperábamos más que un futurible infinito, pero algo es algo: que estudien bien el texto, que se van a quedar más helados que en las calles de Estrasburgo. Y avisen, si no es demasiado tarde.
Al comisario de Justicia y al presidente del grupo popular europeo, un alemán que tuvo que recordar a los separatistas de Junts, que Cataluña tiene más competencias que Baviera y el Tirol del sur, les contestó Iratxe García, la embajadora de Sánchez en Estrasburgo, la misma que hace tres meses llamada prófugo a Puchi y ahora se hace fotos con él con una sonrisa que todavía tiene mucho que aprender de la de su jefe. Iratxe se mostró como una futura ministra de Transportes, buena discípula del magisterio de Óscar Puente en los insultos, el aniquilamiento de la derecha como alternativa del PSOE, en los manidos lugares comunes de la ultraderecha y el fascismo: otra panzer contra el sentido común y la coherencia, virtudes que son tan apreciadas en Moncloa. Pero para lugares comunes, los de la amiga de Yoli, Rodríguez Palop, que sacó a relucir la amnistía fiscal. Imposible mejorar este topicazo progre.
Retumbó en la ciudad francesa la sarta de mentiras de Pedro Sánchez que fue recordando al detalle la europarlamentaria del PP y exministra, Dolors Montserrat. Sobre todo, cuando el jefe del Gobierno prometió traer a Carles para ser juzgado y está a punto de recibirlo con honores en la Moncloa, tras prestarle sus siete sucios votos en la investidura. Jorge Buxadé, de Vox, le contó a los allí presentes el arbitrario y antidemocrático golpe al Estado de derecho de Pedro y puso el dedo en la llaga: Europa no puede aplicar un doble rasero cuando está dedicando continuas homilías a los Gobiernos conservadores de Polonia y Hungría, mientras cientos de miles de españoles miran a Bruselas para ser defendidos de la conculcación del Estado de Derecho practicado por el sanchismo. También Adrián Vázquez, de Ciudadanos, partido cuyo trabajo por abrir los ojos a los dormidos parlamentarios europeos ha sido fundamental, subrayó el golpe irreversible que está sufriendo la separación de poderes en España, que ha alarmado a todas las asociaciones de jueces, fiscales, abogados del Estado y prácticamente a todo el aparato del Estado. Y enfatizó una verdad incuestionable: los políticos dejan de ser iguales al resto de los ciudadanos para convertirse en casta.
Lo mejor fue cuando Toni Comín, otro forajido de la justicia española que está harto de vivir como un pachá indepe, mientras sus compañeros de fechorías pasaban tres años en la cárcel, nos dijo que la ley de amnistía tumbará lo que estableció el Tribunal Supremo. O tiene las dotes de la bruja Lola o tiene fuentes directas en el TC. Ángeles Moreno Bau, secretaria de Estado de España, de la España de Albares, que es una España singular, una España que está más interesada en las políticas sobre los colectivos LGTBI húngaros que en la degradación de nuestra democracia, tuvo que afrontar el marrón de defender ante el Parlamento europeo justo lo contrario de lo que sostenía sus compañeros socialistas pocos meses antes de que se celebraran las elecciones del 23 de julio. Dijo que se tomaba muy en serio las recomendaciones del Consejo de Europeo sobre el Estado de Derecho y media España tuvo que aguantarse la risa. Igual debería empezar por atender al tirón de orejas a Nadia por parte del Gobierno europeo sobre nuestros inasumibles niveles de déficit y de deuda pública.
España ha demostrado hoy que tiene externalizados en las sedes Europeas dos poderes del Estado. El Ejecutivo, en el despacho bruselense de Carles Puigdemont, con las urnas de la infamia como mural decorativo. Y el Legislativo español, en la Eurocámara de Estrasburgo, mientras la mayoría parlamentaria de la investidura siga secuestrada por un hatajo de populistas y separatistas. Así que por eso era tan importante escuchar hoy con orejas españolas lo que las orejas parlamentarias europeas han escuchado de nuestros representantes, con la esperanza de que algún día hagan algo más en la UE que mirar al tendido y comer mejillones.

Si destruyes la democracia, lo siguiente es el sistema de Pedro Sánchez.

 




Hasta hace poco se creía que una democracia sólo podía caer si era víctima de un golpe militar o de una revolución, pero su destrucción paradójicamente puede nacer por culpa de los votos. Expertos como la turca Ece Temelkuran o la danesa Marlene Wind explican cómo el nacionalismo-populista gangrena un país. Si hay democracia en España es gracias al PP. Solo hay que echar un vistazo a Latinoamérica, donde a la democracia la visten peronistas y bolivarianos. 

 

El famoso ruido de sables que sonaba en la Transición se fue diluyendo a medida que la democracia española alcanzaba la mayoría de edad. El 23F y las otras tentativas de asonadas castrenses -abortadas de forma discreta- son un recuerdo lejano de la memoria colectiva que únicamente regresa en aniversarios o bromas televisivas. Cuando España entró en la OTAN y en la Unión Europea, los socialistas se oponían, cualquier posibilidad de golpe militar quedó neutralizada.

 

Hasta hace muy poco los analistas políticos consideraban que la democracia liberal sólo podía ser derribada por dos vías: el golpe militar o la revolución. La globalización acabó con la posibilidad de que un Tejero pronunciara otro «¡Se sienten, coño!» en el Congreso de los Diputados. Aquel tricornio golpista es ya una reliquia desfasada del museo de las rebeliones, como también lo son la guillotina y la bandera roja.

 

La destrucción del sistema no se cuenta hoy con balas, sino con votos. Los militares descontentos y las turbas encendidas han sido sustituidos por urnas con malas intenciones, que esconden mecanismos muy sofisticados de control.

 

«En el nuevo contexto, el paso hacia una dictadura es mucho más lento que hace unas décadas», explica Ignacio Molina, investigador del Real Instituto Elcano y profesor de Ciencia Política. «El proceso consistiría en la unión de varios factores, como el deterioro progresivo de los derechos civiles, el cuestionamiento del sistema judicial, la pérdida de fuerza de los partidos políticos y un acoso a la prensa».

 

Esta aluminosis democrática tiene un responsable: el populismo.

 

Desde la caída del comunismo en los 90, la democracia no se había enfrentado a un enemigo tan poderoso. Esta crisis no sólo afecta a democracias frágiles que tienen un pasado reciente dictatorial como Turquía, Brasil o los países de Europa del Este, sino también a sistemas consolidados como Estados Unidos y Reino Unido. Esta situación la registra en 2019 el índice medidor de libertad Freedom House, que en una década ha puesto en cuarentena a algún país de la Unión Europea como Hungría.

 

En la valoración de Estados Unidos, este índice señala un «cierto declive en sus libertades» y puntúa a este icono de la democracia con un 86 sobre 100. Resulta sorprendente que países como el propio EEUU, Reino Unido (93/100) e Italia (89/100) estén por debajo de España (94/100), una democracia mucho más joven y con menor tradición histórica. La ola populista hace daño hasta en los cimientos de los más fuertes.

 

Si se tuviera que medir el suicidio democrático de un país, se podrían investigar siete pasos para averiguar si la democracia liberal a estudio está en peligro.

 

 

1. UN MOVIMIENTO ANTIMINORÍAS

Una característica inherente a los populistas que quieren asaltar el poder es afirmar que no son un partido, sino un movimiento. Es su mecanismo para mantener distancias con la que han denominado «casta» política y está basado en una fórmula que combina ilusión y miedo. Porque el miedo es una máquina muy bien engrasada de votos.

 

En Turquía se fabricó un victimismo que afirmaba que las personas religiosas eran oprimidas y humilladas por la élite laica

 

ECE TEMELKURAN

«En Turquía se fabricó un victimismo que afirmaba que las personas religiosas eran oprimidas y humilladas por la élite laica del sistema», explica Ece Temelkuran. Esta periodista turca, de visita en Madrid, fue despedida de su medio por criticar al gobierno de Recep Tayyip Erdogan y es considerada como una de las mayores especialistas en populismo. En su ensayo Cómo perder un país -que Anagrama publicará en octubre- extrapola la deriva autoritaria en Ankara a otras democracias infectadas de populismo analizando los pasos que pueden llevar a la dictadura.

 

La estrategia del victimismo que apunta Temelkuran es practicada sin excepción por todos los populistas y está basada en la necesidad de localizar un culpable que asuste a la mayoría. La razón: el miedo nunca es abstracto y tiene muchas formas.

 

El votante de Trump cree que los mexicanos roban sus empleos. El defensor del Brexit afirma que la burocracia europea aniquila la grandeza imperial. La ultraderecha de Alternativa por Alemania acusa a los griegos de vagos. Los nacionalistas polacos se quejan de que el mundo niegue el papel heroico de su país en la Segunda Guerra Mundial...

 

Y así todo el rato.

 

2. INFANTILIZACIÓN DEL MENSAJE

El tono faltón, incluso despectivo, y el estilo macho alfa son otras señales de alarma. El canal de comunicación que emplean los maestros del populismo en sus mensajes suele ser alternativo, porque los medios de siempre están, según ellos, en manos de las élites (el poder financiero, los partidos tradicionales, los intelectuales...) que siempre han sometido al «pueblo real». Tenemos a Trump liderando al mundo libre con exabruptos tuiteros, a Beppe Grillo, cofundador del Movimiento 5 Estrellas, expresando sus opiniones en su blog personal, mientras que Erdogan y Putin gustan más de intervenir sólo en medios estatales. Quizás de todos ellos el más original fue el difunto Hugo Chávez, que desde su programa de televisión Aló Presidente lanzaba soflamas populacheras y ataques muy originales como el dirigido al por entonces presidente de EEUU George W. Bush: «Míster Danger [Señor Peligro], eres un cobarde, asesino, genocida. Eres un alcohólico, es decir, un borracho».

 

 

3. BOMBARDEO DE 'FAKE NEWS'

El populista miente y eso da igual. La verdad es sustituida por cualquier cosa, no importa que el argumento sostenido sea un disparate. Porque si alguien discute su credibilidad ordas de pitbulls digitales acosaran a quienes osen ponerlo en duda. No pasa nada si Erdogan dice que los musulmanes llegaron a América antes que Colón o si el hoy presidente Trump acusa a Barack Obama de fundar el Estado Islámico. Estamos en la era de las fake news, rebautizadas como «hechos alternativos» desde la Casa Blanca, y su producción es a gran escala y bien organizada.

 

«Los gobiernos ruso y turco tienen la misma política de pagos para sus ejércitos de troles», denuncia Temelkuran en relación a esta forma de difamación. «Irónicamente, las fuerzas invasoras anticiencia y antihechos cobran más o menos el equivalente al salario de un profesor adjunto».

 

Lo cierto es que las mentiras son muy difíciles de contrarrestar porque internet las ha hecho más veloces que nunca. Pero más aún si, además, la prensa libre de un país languidece, sea por presiones o por complicidad con el poder.

 

En Hungría, el Gobierno simplemente consigue que sus amigos compren los medios, despidan al editor y expriman a los periodistas que pueden causarles problemas

 

MARLENE WIND

Para Marlene Wind, autora de La tribalización de Europa (Ed. Espasa), que en 2017 puso contra las cuerdas a Carles Puigdemont en un coloquio en la Universidad de Copenhague, no todos los casos implican una persecución directa de la prensa crítica, como sucede en Turquía, Rusia y China, países en los que varios profesionales de la comunicación han sido encarcelados. También hay métodos más discretos. «En Hungría, el Gobierno simplemente consigue que sus amigos compren los medios, despidan al editor y expriman a los periodistas que pueden causarles problemas», apunta a Papel esta politóloga danesa.

 

4. TOCOMOCHOS LEGALES

«Se celebran elecciones, pero las condiciones y la organización de distritos promulgada favorece al partido que está en el poder», dice Wind. En algunos países se han registrado todo tipos de cambios para favorecer a quienes ostenta el poder amparados en la fuerza de la mayoría. Las reformas constitucionales están a la orden del día. Un ejemplo claro es Putin, el omnipresente. Si no podía ser reelegido como presidente, descansaba una época como primer ministro con un respaldo récord en la Duma (parlamento ruso). Aún menos pudor tuvo Daniel Ortega, presidente de Nicaragua, que soñó con la reelección indefinida a golpe de reforma.

 

5. DESPRESTIGIO DE LAS INSTITUCIONES

Esta operación va más allá de enchufar a los amigos del partido en los organismos de poder, requiere de una campaña de publicidad muy potente, que sirva para convencer a los votantes de que el aparato estatal vigente es inútil y superfluo y exige ser transformado. Hay muchos ejemplos, desde los constantes ataques de Trump a la CIA hasta la invención de Nicolás Maduro, en 2017, de una Asamblea Constituyente para marginar a la oposición.

 

Por supuesto, en esta operación quirúrgica los jueces son muy importantes. Si estos se muestran independientes serán acusados de obstaculizar la «voluntad popular». De esta tentación intervencionista no se libra casi nadie, ni siquiera un sistema con una fortaleza como el británico. Ningún país está libre. Cuando los magistrados del Tribunal Supremo dictaminaron que el Gobierno tenía la obligación de acudir al Parlamento para activar la salida del país de la Unión Europea sufrieron una campaña de descrédito por parte de la prensa proBrexit.

 

6. INGENIERÍA CIUDADANA

Los movimientos iliberales buscan ciudadanos regidos por un patrón ideológico de valores muy definidos. En ese sentido, las mujeres suelen ser las primeras víctimas en la implantación de roles, una tentación en la que todas las dictaduras han caído desde sus inicios. En Brasil, Jair Bolsonaro declaró antes de ser candidato a la presidencia que «no emplearía [hombres y mujeres] con el mismo salario. Pero hay muchas mujeres competentes». Por su parte, Erdogan ha dejado claro cuál es el comportamiento ideal que desea de las turcas: «Nuestra religión [el islam] ha definido un puesto para las mujeres: la maternidad. No puedes explicárselo a las feministas porque ellas no aceptan el concepto de maternidad».

 

7. GENERACIONES FUTURAS

El politólogo Yascha Mounk, autor de El pueblo contra la democracia (Ed. Paidós), fue uno de los primeros en alertar de esta decadencia cuando predijo el crecimiento de la ultraderecha alemana. Su teoría sobre la consolidación democrática apunta que en Europa y EEUU aumenta el número de jóvenes que opinan que vivir en una democracia no es indispensable y forman parte de la generación actual más seducida por el populismo. «Los más mayores sabían cómo se vivía en una dictadura, los jóvenes no. Se sienten frustrados», apunta. «Cuando hablas con ellos, te dicen: '¿Qué podemos perder?'».

CATALUÑA Y EL DECLIVE DE LA UNIÓN EUROPEA


Blog de Juan Pardo

Cuando a comienzos del siglo que viene los historiadores vayan a describir el declive de la Unión Europea y los conflictos subsiguientes en el continente, seguramente seguirán en la tradición de Tucídides para buscar las causas verdaderas (próphasis) y las causas próximas (aitiai) para el reiterado desastre. No resulta difícil prever que el comportamiento en Alemania frente al separatismo catalán será reconocido como una de las causas próximas (aitiai) para el declive de la Unión Europea.

Entre otras, la Unión Europea se basa en la idea de que constituye una comunidad de democracias liberales en un marco de Estado de derecho. En estos momentos, en Alemania esta idea se pone seriamente en entredicho. No sólo por el auto del Tribunal Superior de Justicia de Schleswig-Holstein, por el que ha sido concedida la libertad provisional al líder separatista Carles Puigdemont, sino también por la reacción de políticos y medios de comunicación que niegan al Gobierno y a la Justicia de España la competencia para enjuiciar a los separatistas conforme a las reglas del Estado de derecho.

Para su decisión, el Tribunal Superior de Justicia del land alemán estableció analogías con el estado federal alemán. Aunque por una parte resulte comprensible, dado que el tribunal en Alemania sólo puede tomar como referencia a su propio entorno, por otra parte, no obstante, parte de por sí de un principio erróneo, porque España no es ningún Estado federal y porque las Comunidades Autónomas en España tienen una posición constitucional muy diferente a la de los estados federados alemanes. Los derechos autonómicos de Cataluña superan en muchos ámbitos el marco de competencias de los estados federados alemanes.

Además, el consenso constitucional español es consecuencia de unos hechos históricos completamente diferentes a los que determinaron el orden constitucional en Alemania. A este consenso se le podría calificar de precario – por lo que, entre otras razones, la reforma de la Constitución es mucho más complicada y lenta que en Alemania. Los padres de la Constitución Española lo acordaron así para no poner en riesgo de forma temeraria el consenso alcanzado hace 40 años cuando se redactó y refrendó la Constitución. Por esta razón, al haber infringido abiertamente la Constitución - como es el caso de Carles Puigdemont -, en el contexto nacional de España el peso de dichas infracciones es muy diferente a la percepción que se puede haber dado en el extremo norte de Alemania.

En lugar de concentrarse en las reglas básicas de la Orden de Detención Europea y de extraditar a Puigdemont a España, el Tribunal Superior de Justicia de Schleswig-Holstein pretendió llevar a cabo en el plazo más corto posible una valoración cualificada de los hechos que rodeaban el referéndum ilegal celebrado el 1 de octubre de 2017 en Cataluña, algo que ni se le había exigido y que excedía claramente las competencias de dicho tribunal.

La valoración de las infracciones de la Constitución y de las leyes por parte de Puigdemont y su gobierno debería dejarse en manos de los tribunales españoles. La democracia liberal de España no sólo permite que personas (como Puigdemont y otros) puedan ser candidatas en las elecciones, a pesar de haberse sustraído a la justicia al huir al extranjero, sino también tenían la posibilidad de aceptar su mandato desde el extranjero e incluso de delegar su voto (¡además de cobrar también sus dietas!). En Alemania esto sería impensable. Por lo tanto, no cabe ninguna duda de que los separatistas inculpados vayan a tener un juicio justo y ordenado propio del Estado de derecho en España. Sus abogados tendrán la posibilidad de rebatir los diferentes puntos de la acusación, y el tribunal no estará obligado a atenerse al escrito de acusación, del mismo modo que el tribunal de Schleswig tampoco se atuvo a la petición de extradición de la fiscalía.

Del todo nefasto sería la propuesta de que la UE o incluso Alemania deban asumir un papel de mediadores para intermediar en el conflicto entre el Gobierno español y los nacionalistas catalanes. Aunque se lamente que el Gobierno español no haya puesto más interés en una solución política de la crisis al apostar en exceso por una solución jurídica, revalorizar ahora a Puigdemont mediante una iniciativa de mediación supondría que él se podría ver aún más cerca de alcanzar su objetivo. Por supuesto, él va a prometer todo para involucrar a la UE o a Alemania en el conflicto. En tal caso, él se convertiría en dueño del proceso y podría aumentar sin límite el precio a pagar para alcanzar un acuerdo. Los nacionalistas catalanes no buscan un mayor grado de autonomía, sino su objetivo es alcanzar la soberanía, es decir, la escisión de España para fundar un Estado propio. Esto es algo que la Unión Europea no debe y no puede propiciar si quiere evitar una de las causas de su futuro declive.