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Sánchez sabía que Irene Montero tenía otra criada más, se quedaba con el 75% de su nómina. 800 subvenciones a ONG inexistentes.

Irene Montero también usaba a su escolta como chófer de sus padres


La ministra de Igualdad, Irene Montero, no solo utilizó en el pasado a distingos cargos de Podemos, entre ellos Teresa Arévalo y Gara Santana, para cuidar de sus hijos. También abusó de su exescolta, Elena González, para que hiciese gestiones a sus padres y les hiciese de taxista en determinadas ocasiones. Fue lo que reveló este martes la encargada de seguridad en su declaración como testigo ante el juez que instruye el ‘caso cuidadoras de sus niños’.

González aseguró que la dirigente de Podemos se extralimitaba pidiéndole tareas propias de un asistente personal cuando esto no figuraba en su contrato, según aseguran fuentes jurídicas presentes en la vista. No obstante, no era la primera vez que esta trabajadora apuntaba a estas actividades por parte de Montero.

En junio de 2019, según la demanda por despido improcedente que presentó posteriormente la escolta, la formación morada la despidió por «causas organizativas (sobredimensión del equipo de logística y no necesidad de mantener esos recursos)». Podemos consideraba que la «amortización de su puesto de trabajo, insertado en un marco de reducción de costes y de reorganización de los puestos de trabajo» resultaba «necesaria para un mejor aprovechamiento de los escasos recursos» con los que contaba la organización.

Las «compras» de Montero

La ministra de Igualdad, Irene Montero, y el exvicepresidente del gobierno Pablo Iglesias / Europa Press

La posición de Elena González era totalmente contraria. En el documento, cuyo contenido publicó El Confidencial, la exescolta señalaba que había sido despedida por negarse a acatar los cometidos, al margen de la relación laboral, que le pedía Irene Montero. Entre las tareas de esta trabajadora, según enumeró, estaba «hacer compras personales, como productos de parafarmacia y droguería para bebés; de alimentación en supermercados; comprar y llevar la cena después del horario establecido de trabajo; hacer de chófer a la empleada doméstica y de la niñera, y hacer de chófer de familiares invitados a su domicilio o de transporte de envíos de familiares», entre otras.

La demanda, en este sentido, reclamaba que el despido fuera considerado improcedente e incluyera una indemnización por despido. Un objetivo que la extrabajadora consiguió in extremis tras llegar a un acuerdo con Podemos a una semana de celebrarse la vista del juicio. El pacto se cerró el 14 de enero de 2020, un día después de la toma de posesión de Pablo Iglesias como vicepresidente del Gobierno y de Irene Montero como ministra de Igualdad. Elena Gonzalez trabajó entre 2016 y 2019 para el partido morado, primero como escolta de Iglesias, después para Irene Montero y por último, para Gloria Elizo, vicepresidenta del Congreso de los Diputados.

La segunda niñera

En su declaración como testigo en el caso niñera, pieza separada del caso Neurona que investiga el Juzgado de Instrucción Número 42 de Madrid, González reveló que además de Teresa Arévalo otro cargo de Podemos, en concreto la que fuera jefa de prensa del partido, Gara Santana, también se encargaba de cuidar a los hijos del exvicepresidente del Gobierno Pablo Iglesias y la ahora ministra de Igualdad en su casa de Galapagar (Madrid), cuando estos últimos eran candidatos a las elecciones generales de 2019.

Su citación se enmarcaba en el procedimiento que surgió de la denuncia de la ex responsable de Cumplimiento Normativo de Podemos Mónica Carmona, en la que se sostenía que Montero usaba a «una persona a sueldo del partido», en referencia a Teresa Arévalo —entonces jefa de gabinete de Montero y actual asesora ministerial—, «como cuidadora de sus hijos». No obstante, la exescolta fue un paso más allá y apuntó en sede judicial que había otra «trabajadora del partido» que seguía funciones personales además de laborales por parte de los dirigentes de Podemos.

«Ha quedado claro que la persona que cuidaba a los niños en casa era otra persona de la sala de prensa del partido, Gara Santana», explicaba Marta Castro,  vicesecretaria nacional jurídica de Vox —quien ejerce como acusación particular en la causa judicial—, a la salida de la vista. La encarga de seguridad, según fuentes jurídicas, incluso hizo referencia a una conversación con la responsable de prensa, en la que esta última le decía «estar cansada de hacer el trabajo de cuidadora» y le confesaba que sus compañeras habían empezado a quejarse porque no hacía su trabajo.


juanpardo15@gmail.com

El Papichulo de Podemos, Pablo Iglesias, vampirizó a las candidatas de Galicia y ¡BATACAZO¡


El Papichulo de Podemos, Pablo Iglesias, vampirizó a las candidatas de Galicia y ¡BATACAZO¡

El batacazo de Podemos y el ascenso de Pablo Iglesias vienen a ser la misma cosa. Iglesias está vampirizando a su partido, que en el Congreso ya estaba como mero papel pintado de sus vicepresidencias domésticas y ahora está empezando a desaparecer de las provincias. Podemos no podía ser a la vez ese poder luisino de Iglesias y luego todo ese abejeo de confluencias, mareas, taifas, corrillos, fogatas de yesca, rulós amontonadas y ropa por tender que pretendía ser por las plazuelas o por la periferia. Mientras Iglesias ascendía con verticalidad y congestión de cuerpo cavernoso, todos aquellos farolillos locales de Podemos, pegados al nacionalismo donde había nacionalismo y pegados a la gaita donde había gaita, se han ido enfadando, peleando, desligando, disolviendo, olvidando o haciéndose redundantes.


Los aplausos de Podemos a Iglesias como en el diván recocido de su majestad dominguera, y eso ya no se ve ni como izquierda ni como nueva política ni como revolución, sino como si todo el partido fuera una empresa familiar de sofás. Eso aún puede servir como izquierda donde no hay otra izquierda (IU ya no existe, es sólo una pulserita de parque de atracciones para Garzón). Pero donde hay otra izquierda local, ya no ofrece nada; y donde hay nacionalismos o regionalismos terruñistas o mitológicos, tampoco sirve de tercera vía, porque sólo estaban siendo una imitación con malos trasquilones de los abertzales de pata negra o de los galleguistas que todavía son antifraguistas (siguen persiguiendo a Fraga con su cosa de aldeanos de Frankenstein).

Los que creyeron que Podemos era otra cosa, una cosa nueva o prometedora, se han ido desengañando a medida que Iglesias se iba desdiciendo y abarquillando en su gotosa decadencia

Podemos ha resultado que no era asambleísta, ni iba de abajo arriba, ni era nueva política, sino que había quitado a los viejos comunistas de azadón y linotipia para sustituirlos por el proyectito departamental de un profesor con serrallo de compis pelotas y alumnas bobas. Iglesias se creía, como se creen en algún momento todos los popes del comunismo, que iba a reinventar esa ideología a pesar de hacer lo mismo que todas las veces anteriores. Es cierto que Iglesias quiso disfrazar a Podemos de transversal, y que sustituyó el proletariado por el mujerío, y que lo hizo filonacionalista. Pero luego vimos que todo lo que iba inventando estaba ya muy inventado, el argumentario populista, el movimiento callejero que acaba en dinastía con monograma en el rascador de espalda o de culo, y por supuesto el nacionalismo palanganero que no puede competir con el nacionalismo verdadero y rancio con sus antiguas banderas de madera, sangre, terrón y plomo.

Podemos se ha comido a esa vieja izquierda acomodada y simbólica, de ayuntamiento con garbanzada republicana, pero no a la de base nacionalista, con sus lentejas de hierro, a la que se enfrentaban con remedos. Los que creyeron que Podemos era otra cosa, una cosa nueva o prometedora, se han ido desengañando a medida que Iglesias se iba desdiciendo y abarquillando en su gotosa decadencia. Los primeros que se van dando cuenta y van despidiendo a Podemos como al buhonero son precisamente esos lugares donde ya hay una izquierda y un nacionalismo duros y viejos como zuecos, donde no cuela que se entremeta Podemos para hacer como sombras chinescas con lo suyo, lo auténtico de allí.

Podemos se ha estrellado en el País Vasco, casi ha desaparecido en Galicia y está esperando en capilla en Cataluña. Podemos tenía más éxito como barullo de camping y como sopa de letras que como falocracia otomana. Sólo Iglesias se creyó que podía ser a la vez Partido, mesías, pueblo, revolucionario, burgués, hortera de piscina y papichulo. Su fracaso es total porque es el fracaso de todo su proyecto, que era él y sólo él, envuelto en circunloquios sofistas y mondas de pobre. Podemos quería ser muchas cosas y se ha quedado en un Elvis gordo, dorado como un torero o como un faraón de casino, que está en la vicepresidencia como en una trona o un caballito de pasta y paja. Se veía venir. A lo mejor hasta vuelve el bipartidismo. Y los comunistas de dominó.