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El sin sentido de gobernar a base de decretazos, barrunta grito de guerra.

Cuando un Gobierno necesita hacer reforma tras reforma para mantener su posición dominante y, hasta la fecha, todas empeoran el anterior estado del ciudadano, solo quedan dos hipótesis o han perdido el oremus o van a necesitar de escudos y garrotes judiciales para mantener su estatus.
El Ministro de Justicia, Ruiz Gallardón, torpe como una mula, radical de derechas al servicio de la izquierda y científico de la corrupción; un día y sin que sirva de precedente tuvo una magistral  idea que en poco o nada beneficia al pueblo, solo a empresarios y banqueros que, en definitiva son los amos y señores de España. La bananera idea consistía en enemistar a jueces/fiscales conservadores con sus homónimos progresistas. Lo de bananera, sencillamente, obedece a que esta ingrata idea ya la pusieron en marcha, Chávez, Cristina KK, Lula, etc.
¿Qué fin persigue el Gobierno? Desestabilizar los razonamientos jurídicos –de  tribunal en tribunal- para que todos los decretazos, sin sentido, queden libres de cargas y gravámenes. No se puede gobernar en democracia con posiciones dictatoriales.
Todos recordamos cuando en período electoral, Rajoy,  dijo: "No daré nunca dinero público para ayudar a los bancos". Poco después de ganar las elecciones, tuvo que recurrir al rescate bancario europeo que ya ha dado 81.000 millones de euros a las entidades y una cifra incalculable en avales sin viabilidad, o sea, por RDL.  Así como la  Ley de "estabilidad presupuestaria", la figura de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal,  la reforma laboral,  la subida generalizada de impuestos con bajada de sueldos,  el recargo temporal de solidaridad en el IRPF, la reforma de las pensiones,  etc, etc. Medidas o reformas que si las hubiese plasmado en su programa electoral con obligatorio cumplimento, sin lugar a dudas, no hubiese obtenido mayoría absoluta.  
Todas las barbaridades que, a la ligera, he relatado solo tendrían un incombustible valor sentimental si no fuese porque en menos de tres meses, el Gobierno, se ha propuesto poner patas arriba la Constitución, para mí, sin posibilidades de éxito ya que, también, habría que modificar los 17 estatutos de autonomía. O lo que es lo mismo, poner de acuerdo, o llegar a un consenso con PSOE, IU, PNV, CiU, ER, CC y qué se yo.

En definitiva, Rajoy y sus lacayos están emulando al Virrey Arturo de Cataluña y sus vasallos. Aquí, hoy, en España  lo importante no es gobernar, sino ganar elecciones, aunque sea a punta de pistola. 

Ministro y herodes de la Justicia.

Dijo el Ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón  que “Gobernar, casi siempre, es repartir dolor”, parece haber mudado de talante desde que cambió los faraónicos salones de Cibeles por las oscuras dependencias del decimonónico palacio de Sonora, sede del Ministerio de Justicia, oscuro y destartalado caserón neoescurialense, encajonado en una estrecha encrucijada de lo que un día se llamara Calle Ancha de San Bernardo. Enfrentado a jueces, abogados, fiscales y usuarios de la Justicia, Ruiz Gallardón reparte dolor y denuestos entre sus administrados. “Enemigo público número uno de la Administración de Justicia” le llamó el juez decano de Cáceres sumándose a la oleada de descalificaciones de los suyos. El ministro ha conseguido el milagro de poner de acuerdo en el desacuerdo a todas las asociaciones profesionales de la Magistratura, consuetudinariamente enfrentadas y, en un acto de soberbia, que es su pecado capital, y de supremo desdén, ha negado incluso las justas motivaciones de los colectivos justicieros para sus protestas. No protestan por las tasas, ni por los despidos de interinos, ni por la privatización, solo se quejan porque les hemos quitado la paga, ha dicho, corporativismo puro,  duro maduro.
 Noviciado este conocido barrio madrileñpo,  en el que se encuentra la sede ministerial, anduvo la Inquisición. La cercana calle de la Cruz Verde da fe de los “autillos” que allí se resolvían quedando el quemadero de los réprobos algo más arriba, en la glorieta de San Bernardo. ¿Ha sido Alberto Ruiz Gallardón abducido por los fantasmas del Santo Oficio?, ¿Qué ha quedado de aquél “progre” del PP que suscitaba las iras de la caverna del partido? ¿Existió alguna vez ese contradictorio personaje o solo fue un disfraz de circunstancias? Sin máscara y enfrentado a los retos de su nuevo ministerio Gallardón volvió por donde solía. Su toma de postura ante la ley del Aborto sonó como el pistoletazo de salida de una nueva etapa del viejo Alberto. Recuerdo aún como se reían los que se jactaban de conocerle cuando, en los debates y en los editoriales, en las tertulias y en los mentideros, se hablaba del Gallardón progresista, del tapado de la izquierda encastrado en la derecha. Durante su alcaldato se diluía la carga ideológica, las obras públicas, los grandes proyectos y las operaciones de imagen quitaban plomo a sus ideas cavernícolas. Mientras unos hablaban de su adscripción al Opus Dei y de sus simpatías “legionarias” y cristianas, otros le situaban como taimado maestro de la masonería dispuesto a dinamitar desde dentro el proyecto de la derecha.
Muy lindpo fue el espejismo, entre despilfarro y deuda, el alcalde Gallardón protegió la cultura y las artes, sumidas en el chabacano casticismo y la espesa caspa de su predecesor Alvarez del Manzano. Sin romperse, sin mancharse y sin pronunciarse cultivó el alcalde su imagen más culta y moderada para los escaparates y se construyó una pirámide en Cibeles a la medida de su ego insuperable. Hubo quien vio en su ascenso al gabinete ministerial un castigo, una patada hacia arriba, una sutil venganza destinada a desprestigiarle y desgastarle en una labor titánica e imposible, una manera de hacerle justicia, de ajusticiarle. Frente a una Magistratura. mayoritariamente conservadora y con querencias opusdeistas, Gallardón podía ofrecer una imagen de consenso y entendimiento. Otro espejismo. Enclaustrado en su camaranchón de San Bernardo, Gallardón furioso reparte dolor, saja y mutila, recorta y desafía. ¿Pueden los jueces hacer huelga? Volvamos a la paradoja, sobre tan delicada cuestión existe un “vacío legal”. ¿Quién legisla a los que nos legislan? ¿Entran los jueces en la ilegalidad cuando se manifiestan y paran?
Posiblemente, Gallardón sueñe entre sus pesadillas con sus salones de Cibeles, con su mayordomo que ahora sirve café, se supone que descafeinado con la que está cayendo, a la alcaldesa, con su despacho con vistas, mas grande y más lujoso que el despacho oval de Washington, como corroboraba recientemente una revista alemana. En el Palacio de Cibeles puede visitarse estos días un magnífico Belén napolitano del siglo XVIII. Mientras, Gallardón se consume en el Palacio de Herodes dispuesto a celebrar su fiesta tradicional: La Degollación de los Santos Inocentes que tanta risa suscita a extraños.  Pero ¿qué risa?

EMBARAZO, SI; PARIR, NO


 Siempre he mantenido el mismo criterio sobre el aborto. No es un derecho y si un fracaso, en cualquier supuesto, para la mujer. Yo, personalmente, no estoy de acuerdo en ninguno de los supuesto, es más, ni cuando corre peligro la vida de la madre porque la madre juega con ventaja sobre el “niño” a él, nadie le preguntan si quiere ser “matado”. Posiblemente diría que muera quien ha concebido que ya ha vivido bastantes más que yo. No obstante, respeto cualquier otra opinión. Las palabras, o más bien los términos que empleó,  Alberto Ruiz Gallardón, han puesto a pensar a propios y a extraños, aunque creo que ni el sabe lo que dijo. Al parecer, intenta justificar el cambio de la ley del aborto para proteger la libertad de ser madre, porque existe una "violencia de género estructural" que incitaría a determinadas mujeres a abortar forzadas por coacciones de su hábitat. En los fondos de la innovación, Gallardón, debería documentar tal prodigio, concretar, según los datos de que dispone, las  mujeres que han sido obligadas a interrumpir su embarazo a pesar de que deseaban ser madres, e identificar las redes ya que habla de un fenómeno estructural y organizado, cuyo objetivo , al parecer,  es perseguirlas penalmente. Según se desprende de su declaración de intenciones, me mantendría la Ley de plazos. Para mi, que se ha mutado con Rajoy el galleguismo, sin querer decir nada, no dijo nada sino todo lo contrario. No venía a cuento, porque se entienden derogados los plazos, ¡O NO¡
  Suponiendo que diésemos por válida, aunque repito ni el sabe lo que dijo. La teoría del Ministro de Justicia, no costaría nada completarla para acabar concluyendo que, junto a la expresada por Ruiz Gallardón, existe una "violencia de género estructural" que actuaría en sentido contrario y que forzaría a las mujeres que desean hacerlo a no abortar, condicioando su propia libertad con la amenaza de ser castigada posteriormente, o sea estaría condenada de por vida. Como en este segundo caso los autores de las supuestas coacciones están bien identificados y localizados en sus respectivos púlpitos, imagino que la persecución judicial a los presuntos agresores sería promovida de inmediato por la justicia para garantizar la libertad de las mujeres “españolas” para no ser madres. Pero no lo hará, porque lo de la violencia de género estructural en materia de aborto es HUMO, HUMO HUMO Y MÁS HUMO. Otra ocurrencia para desviar la opinión de la reforma laboral.

Si el, Alberto Ruiz Gallardón, Ministro de Justicia, favorable a la ley de matrimonio homosexual -demasiado tiempo ha convivido con Zerolo, esta a la espera de la sentencia del Tribunal Constitucional para saber a que atenerse.
 ¿No sería conveniente hacer lo mismo en lo que se refiere a esta Ley, Ley del aborto antes de inventar teorías inverosímiles para justificar su modificación apresurada de las que pueda arrepentirse hasta el mismo Rajoy?

Decía mi madre:
 “Qué fácil es mandar en los hijos de otro.”