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Yolanda Díaz se come a Pedro Sánchez, al final reforma laboral, si; trabajo, no.

 


El pasado 23 de diciembre los sindicatos UGT y CCOO y los empresarios de la organización CEOE anunciaron que aprobaban la propuesta de reforma laboral que el Gobierno les había presentado esa misma semana. Llevaban desde marzo reuniéndose todas las semanas -tras un parón por el Covid- para elaborar, juntos, una nueva legislación que sustituyese a la que Rajoy aprobó en 2012. Y finalmente llegaron a un acuerdo.

 

Conseguir un pacto entre las tres partes era importante para el Gobierno no solo por una cuestión electoral o de imagen de consenso y diálogo, sino porque de la reforma laboral depende la recepción del segundo paquete de los fondos europeos que la Comisión entregará a España. Aunque Bruselas no exigía un acuerdo tripartito para entregar los fondos, sí estaba claro que lo vería con buenos ojos, porque eso hará más probable que perdure en el tiempo.

 

Este jueves ese texto se vota en el Congreso de los Diputados, paso imprescindible para convalidarlo. Aunque la reforma laboral de Yolanda Díaz ya entró en vigor el 31 de diciembre, día siguiente al que se publicó en el Boletín Oficial del Estado, ahora los políticos deben darle su visto bueno. Si no sucede así, vuelta a empezar. A continuación, un repaso a todas las medidas que incluye esta reforma laboral de 2021.

 


Cómo afecta la reforma laboral a los contratos temporales o por obra y servicio

Los contratos temporales se reducen a dos, formativos o estructurales, que pueden ser por circunstancias excepcionales de la producción y por sustitución de otro trabajador. Se marca que solo pueden firmarse con causas muy tasadas, aunque realmente esto ya aparecía así en la de 2012. Como máximo, los contratos temporales podrán durar 12 meses, pero depende del tipo de contrato. Las empresas tienen tres meses para adaptarse.

El contrato temporal por circunstancias de la producción solo puede concertarse durante 6 meses como máximo, o 12 si así lo recoge el convenio colectivo sectorial. Puede utilizarse para causas previsibles, como campañas de Navidad o agrícolas, pero solo hasta 90 días al año no consecutivos.



El contrato temporal por sustitución podrá celebrarse para sustituir a personas durante una suspensión del contrato con reserva de puesto de trabajo, para cubrir la jornada reducida por causa legal o convencional, así como para cubrir vacantes durante un proceso de selección. En este último supuesto la duración del contrato no podrá exceder de tres meses.

Hay dos tipos de contrato formativo, de formación en alternancia y para la adquisición de la práctica profesional. El primero, que combina trabajo y formación, las jornadas no podrán superar el 65% el primer año y el 85% en el segundo año y la retribución no podrá bajar del 60% del salario de convenio el primer año y del 75% en el segundo año.

El contrato para la obtención de la práctica profesional podrán celebrarse hasta un máximo de tres años (o cinco años en el caso de personas con discapacidad) después de obtenida la certificación. Tendrán entre seis meses y un año de duración. La retribución será la propia del convenio para el puesto y contarán también con seguimiento tutorial.

 

Desaparece el contrato por obra y servicio, un contrato temporal, el más típico de la construcción. Los firmados del 31 de diciembre al 30 de marzo solo podrán durar seis meses, los anteriores, hasta su duración máxima según la legislación anterior.

Las empresas estarán obligadas a convertir en indefinidos a trabajadores temporales que hayan encadenado contratos durante 18 meses en un periodo de 24 meses. Ahora la ley fija 24 meses en un periodo de 30 meses.



Se aumentan las multas de 8.000 a 10.000 euros por cada incumplimiento de las normas que regulan la contratación temporal. Pasarán a aplicarse por cada situación fraudulenta y no por empresa, como hasta ahora. Yolanda Díaz ha señalado que las empresas presupuestaban esos 8.000 euros en sus cuentas, lo que quiere combatir con este cambio.

Se penaliza a las empresas que abusen de contratos temporales inferiores a 30 días: tendrán que pagar una cotización a la Seguridad Social adicional de 26 euros por cada contrato que den de baja. Y cuantos más contratos den de baja, mayor será el desincentivo: por un contrato de 10 días, pagarán 26 euros; por dos de cinco días, 52 euros.

Se prohíbe despedir en el sector público por causas económicas, algo que se permitía en la disposición adicional decimosexta del Estatuto de los Trabajadores.

 

Los inspectores y subinspectores de Trabajo y Seguridad Social han decidido que no pueden más y han anunciado que irán a la huelga en marzo si el Ministerio no les […]

 

Negociación colectiva: convenios de los sectores o reforma laboral

El convenio de sector prevalecerá frente al de empresa en determinados aspectos, como la elección entre abono o compensación de horas extras, el horario y la distribución del tiempo de trabajo. No prevalecerá a la hora de regular la jornada laboral ni el salario.

Se recupera la ultraactividad de los convenios colectivos, de forma que estos se prorrogarán hasta que sean sustituidos por otros nuevos, sin un límite de tiempo. Con la reforma anterior el periodo de vigencia de un convenio caduco se limitaba a un año.

Subcontratas y subcontratación en la nueva reforma laboral

Las contratas y subcontratas deberán aplicar los sueldos del convenio del sector de la actividad realizada, o el de la empresa principal. Solo podrá aplicarse el de empresa si mejora los salarios del sectorial. Hasta ahora, las empresas multiservicio que no tenían una actividad principal definida, podían delimitar sus salarios con su propio convenio.

Mantener los ERTE

Los expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE) que se han utilizado masivamente durante la pandemia se incluyen en la legislación laboral ordinaria.

Se crean unos nuevos bajo la denominación Mecanismo RED. Son medidas de lo que se llama flexibilidad interna, es decir, alternativas al despido.

La política de pactos del PSOE hace que Podemos se apodere del socialismo.

Los resultados de las generales de diciembre, que sellaron el acta de defunción del bipartidismo, y el mapa electoral que dibujan los últimos sondeos corroboran la necesidad de pactos entre las fuerzas políticas para formar Gobierno. De ahí que las posibles alianzas se hayan convertido en un asunto central de la campaña. Y de ahí las especulaciones sobre cuál será la posición del PSOE si de nuevo tiene la llave de la gobernabilidad.
El coordinador económico socialista, Jordi Sevilla, se convirtió ayer en el protagonista de la actualidad política, ya que, a través de su perfil de Twitter, el ex ministro de Administraciones Públicas, defendió que, 'para evitar terceras elecciones, si no hay mayorías, debería dejarse gobernar al candidato que consiga mayor apoyo parlamentario'. Fuentes cercanas a su persona precisaron que lo que Sevilla quiso decir es que el PSOE dejaría gobernar al PP si éste gana las elecciones y si las listas de Sánchez son superadas por Podemos.
Esto es lo que piensa un amplio sector del partido, en el que figuran dirigentes históricos como Felipe González y algunos barones con importante peso político. Pero, con independencia de cualquier hipótesis sobre lo que ocurrirá después del 26 de junio, lo cierto es que el debate suscitado por el comentario de Sevilla es consecuencia directa tanto de la ambigüedad mantenida por Pedro Sánchez sobre la política de alianzas como de las luchas internas que gangrenan la campaña socialista. Durante los últimos días se ha visualizado con claridad la sima que separa a la facción más moderada del PSOE, partidaria de enfatizar las diferencias con el populismo, con aquella que sí es partidaria de tender puentes con Podemos. Así, mientras Susana Díaz subrayó ayer que 'Iglesias y Podemos no son de fiar', la cabeza de lista de los socialistas por Barcelona, Meritxell Batet, invitó a la formación morada a 'olvidarse' del referéndum en Cataluña para desbloquear un futuro pacto.
Sánchez fue audaz aceptando el encargo del Rey para someterse a la investidura. El gesto le permitió liderar la agenda durante varias semanas, pero su empeño por forjar una triple entente imposible con Podemos y Ciudadanos ha generado una honda frustración entre las bases. El propio secretario general del PSOE admitió recientemente el 'desánimo' entre la militancia del partido, fruto de su investidura fallida y de la batalla entre Ferraz y los barones.
Si Unidos Podemos rubricara el sorpasso, el PSOE se vería abocado a una crisis sin precedentes que, con toda probabilidad, generaría una renovación generacional y una exigencia de refundación. Pero, más allá de cuestiones orgánicas, el riesgo de implosión en el PSOE acarrearía unas consecuencias nefastas para la gobernabilidad del país, teniendo en cuenta que significaría la confirmación de la izquierda radical como alternativa al centroderecha.
Desde Unidos Podemos no dudaron ayer en saltar a la yugular de los socialistas para volver a recordar que ahora el voto útil de la izquierda son ellos. Alberto Garzón aseguró que la propuesta de Sevilla le 'aterra' porque deja la puerta abierta a gobernar al PP si el PSOE pasa a ser la tercera fuerza política.
Todavía ello está por dilucidar porque existe una tercera parte de los votantes que no ha decidido la papeleta que va a introducir en las urnas y porque posiblemente existe un sufragio oculto que no aflora en las encuestas y que podría beneficiar al PSOE.
Sea la segunda o la tercera fuerza con más apoyo electoral, el dilema de Sánchez es diabólico porque tendrá que optar por dejar gobernar al PP mediante la abstención o buscar una alianza con Podemos. La tercera alternativa sería forzar unas terceras elecciones, lo que parece impensable por las nefastas consecuencias que tendría esa decisión para el país. A ello se suma que está por ver si los barones le dejarían gestionar los pactos en caso de unos resultados peores que los de diciembre.
Buena parte de estas incógnitas quedarán despejadas la noche del 26 de junio, en la que no sólo Pedro Sánchez se juega su futuro como líder del partido sino que además el PSOE arriesga su hegemonía durante 40 años como principal fuerza de la izquierda. Todo lo que suceda a partir de esa fecha dependerá de la respuesta a estas incertidumbres.