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Cs y Vox ofrecen apoyo incondicional al PSC para evitar un Gobierno independentista en Cataluña.


Demagogia: “Degeneración de la democracia, consistente en que los políticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir o mantener el poder”.

Ortega Smith: “Vox apoyaría al PSC con tal de que no gobierne el independentismo en Catalunya” Lo que acredita al PSOE como un partido constitucionalista que, en su día y por descuido decidió gobernar el reino de España con separatistas catalanes, vascos e incluso con asesinos reconocidos mundialmente.

Inés Arrimadas: “En Cs queremos un  Gobierno constitucionalista para evitar que, en Cataluña, gobiernen los separatistas. Campaña anterior: “Pedro Sánchez es otro independentista más que por gobernar con los independentistas catalanes hace caso omiso de la Constitución”.  

Estos partidos bisagra hacen más daño a España que los propios antisistema. Tengo la jodida presunción de que en España terminaremos votando a nuestros propios ladrones y por ende enemigos políticos.

Me imagino a un matrimonio catalán o charnego decidiendo a quien votar. ¿Votamos a los separatistas? Nooooo. ¿Votamos a los socialistas? Menos ¿Votamos al PP? Para qué si no va a ganar? Decidido, tu votas a Vox y yo a Cs. Pero si dicen que es van a dar sus votos a Pedro Sánchez. Tonterías, el que se presente es el dueño del coronavirus.

Quiero con esto decir que me entristece pensar que, un día, luché por la democracia; la misma que trata de comerme.  


Ser Ministro de Sanidad y candidato a la Generalitat es un delito moral y electoral.

 



El segundo dueño de Pedro Sánchez, en su estrategia política electoral, Iván Redondo explicó al inquilino de La Moncloa que convenía aprovechar a Salvador Illa para afrontar el órdago catalán. El “toma dinero para que me mantengas en La Moncloa” y yo os mantengo en la cuadra política de Cataluña  eso es tan chabacano como bolivariano. Yo te doy a ti, Esquerra Republicana de Cataluña, el control de la Generalidad y a cambio tú me garantizas, con los escaños del separatismo en el Congreso de los Diputados, la permanencia en mi poltrona de La Moncloa. 

 

Salvador Illa era un triste porteador de maletas de Iceta,  un desconocido en la vida política española y un peligro para la sociedad española en la gestión del coronavirus. La Covid-19 ha proyectado su imagen reiteradamente en todos los hogares españoles. Pedro Sánchez estuvo de acuerdo en aprovechar la pandemia para garantizarse, con Salvador Illa, un buen resultado en Cataluña y afianzar su alianza con ERC, lo que ofende, por cierto, a la dignidad política de España.

 

La Covid-19, sin embargo, le ha jugado una mala pasada. La tercera ola es un hecho y, aunque la celebración de las elecciones autonómicas catalanas el 14 de febrero era posible con las debidas cautelas, partidos y Gobierno regional han decidido aplazarlas fragilizando así el efecto Illa.

 

Parece absurdo que el ministro de Sanidad sea durante cinco meses candidato a las elecciones regionales y a la vez miembro del Ejecutivo nacional. Habría que elevar el cinismo al cubo para mantenerle en su puesto ministerial cuando la pandemia golpea con renovada agresividad y se precisa al frente del Ministerio de Sanidad a una persona que no dependa de las exigencias de elecciones autonómicas.

 

Salvador Illa no tiene otro camino decente que irse. Su dimisión es ya un clamor popular. Sin embargo, son muchos los analistas que, al subrayar la tozudez de pedro Sánchez, apuestan porque mantendrá en el consejo de ministros al candidato a las elecciones autonómicas catalanas.