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La eutanasia abre la vía a otra situación de graves consecuencias: el derecho a la eutanasia colectiva.

La despenalización de la eutanasia en España: 9 razones a favor y 9  respuestas - Bioetica en la Red: La bioética

 

Por Juan Pardo Navarro

Las corrientes de pensamiento que influyen en el proceso bioideológico del que forma parte la eutanasia son el posthumanismo ―“la fe inherente a la religión secularista del hombre nuevo”, (D. Negro) ―, el humanitarismo nihilista, nacido del radicalismo psicológico de Nietzsche y el biologismo darwinista. Estas corrientes, junto al consenso político de la postguerra y la influencia de pensadores como Popper, Hayek, Camus, etc. tenían la intención de debilitar el Ser e impedir que el individuo se adhiriera a cualquier dogma metafísico, a fin de que no fuera considerado más allá de un ser biológico, prescindiendo de la cualidad esencial del ser humano: la espiritualidad. Uno de sus efectos ha sido la extensión de las bioideologías humanitarias, promotoras de la eutanasia, cuyo propósito es que los padecientes acepten voluntariamente liberarse del dolor y del sufrimiento de la vida (A. Schopenhauer). Siendo un sintetizador de las bioideologías, el progresismo considera a la eutanasia como una afirmación de la libertad humana y un rechazo (momentáneo) a la “ley severa”, una especie de escape espacio temporal a la imposición cruel de la naturaleza. Las bioidelogias evolucionistas y naturalistas ante una naturaleza indiferente (R. Dawkins), ponen el mayor interés en la progresiva desaparición de los que dejen de ser socialmente útiles.

Motivo por el que la eutanasia sería una intervención deliberada para la mejora social, al librarse de quienes han dejado de tener interés para la colectividad. La corriente progresista ha influido para que el Estado –el monstruo más frio de los monstruos fríos (Nietzsche)—sea cada vez más eugenésico, y fomente la idea de que deberán desaparecer los adultos que no sobrevivirían sin ayudas sociales ―¿progresar desprendiéndose de los débiles?―. Estas ideas han partido del enfoque de K. Marx defensor de que lo propio del sujeto no tiene importancia. Lo fundamental es el ser genérico, para quien la muerte no es el final, aunque lo sea para cada persona –¿el exterminio macabro de la naturaleza?―. ¡Qué importa que cada individuo fallezca mientras el género siga existiendo! Se colige que la muerte voluntaria sería un acto de solidaridad con la humanidad, contribuyendo al bienestar psicológico de otros individuos. Mejor aún. El eutanásico aumentaría su cuota ecologista y solidaria si donara sus órganos y fuera reciclable.

La eutanasia está abriendo la vía a otra situación de graves consecuencias: el derecho a la eutanasia colectiva, que puede llegar a ser un proyecto humano extraordinario. Los derechos colectivos consisten principalmente en la obligación de que los individuos, salvo los que integran la clase privilegiada, habrán de desaparecer de la sociedad cuando ya no estén en las condiciones adecuadas. La relación individualismo, colectivismo y solidaridad, ha asumido los principios éticos del humanitarismo práctico, lo que permitirá justificar la eutanasia. Con ella se pretende administrar la muerte con un sentimiento benévolo, por amor al género humano, y naturalmente por solidaridad –arsénico por aparente compasión-. De esta manera, la axiología jurídica en la que se asienta la Ley de la eutanasia remarcará el sacrificio humano sanitario como un progreso de la “moral médica”. Al mismo tiempo que un grupo de médicos se adaptarán a los nuevos tiempos, recurriendo a utilizar la muerte por ser el mejor tratamiento probado científicamente para curar las dolencias extremas.

Sea de forma colectiva o individual, la práctica eutanásica requiere no solo que la persona haga lo que quiera con su vida, sino la voluntad del médico, que pondrá en práctica la ética biológica, haciendo de ejecutor compasivo a los enfermos que no deseen seguir sufriendo. La Ley de la eutanasia española, ajena al garantismo del Estado de Derecho, habilita a un médico a desproveer a cualquier persona del derecho a continuar con la vida y proyectarse al futuro. Por ello, para conformarse al derecho, el médico solo necesita la habilitación legal para decidir lo que estime oportuno, estando respaldado por los demás intervinientes de la supuesta rama médica. Solo se negaría a matar legalmente el médico objetor de conciencia mientras la ley lo permita. Los apoyos sociales e individuales a la eutanasia, prefieren ignorar que en el futuro su vida quedará en un aparato con función exterminadora, dedicada a poner fin a una persona en su tránsito por el tiempo. Los integrantes voluntarios de esta sección decidirán sobre la vida humana bajo el espíritu del darwinismo social.

El personal sanitario sentenciador y el ejecutor, verdugo burocrático sostenible, en nada se parecerán a los excelentes profesionales de cuidados paliativos, que son modelos de ética profesional, cuyo objetivo radica en hacer llevadera la vida de una persona desahuciada, enfrentándose a una situación dramática con una predisposición ejemplar de ayuda humana, y con los medios disponibles, tratará de aliviarle el dolor corporal y espiritual, Desgraciadamente, al legalizar la eutanasia posiblemente desaparecerá esta formidable unidad médica, sustituyéndola por una única sección que se encargará de poner en marcha el mecanismo que conducirá al individuo a la muerte.

Zapatero, crisis de valores e independentismo catalán.


El humanismo que poco o nada tiene ver con humano, se caracterizaba por su pasión en referencia a lo clásico, si este era antiguo. Todas sus corrientes de pensamiento se basaban en agrupar teorías modernas con la sabiduría clásica. Para unos era una ciencia teológica y para otros un arte de censurar el renacimiento. En definitiva una corriente de locos hartos de comer, cuyo fin era cambiar las cosas, sin saber su necesidad. 
Todos recordamos cuando Zapatero entró en Moncloa desmantelando a trochi mochi todo aquello que por su historia estaba bien y no dejando títere con cabeza –él no la tenía, solo era una patata sin freír- Hasta su propia mujer le tuvo que llamar la atención…¿Qué manía te ha dado con la iglesia? Una anécdota para definir a esta patata: Se casó en Ávila, en Ntra. Señora de Sonsoles, donde hacía más de 10 años no se casaba nadie, pidió Dios y ayuda –Hasta a Adolfo Suárez- y allí se casó. Este es él mismo animal  que, poco tiempo después, mandó quitar todos los crucifijos y hasta tres santos de Moncloa. Posteriormente de las escuela,  entes públicos y qué se yo. Su fin era implantar un proyecto cultural que confundiera a propios y a extraño. Utilizando toda clase de artimañas para substituir los valores y la añeja moral de la sociedad española por un nuevo humanismo, que excluye expresamente cualquier tipo de referencia al bien y, por supuesto,  a la dignidad.
El Gobierno, para él, era un simple instrumento para poner en práctica su alocado proyecto. De repente, se hizo jefe supremo de Alianza para las civilizaciones, decía que no estaría mal que todos los españoles leyésemos la biblia, excarceló a varios yihadistas, No le preocupa gran cosa el bienestar de los españoles, pero se enloquecía  para imponerles nuevos pensamientos, sustituyendo sus creencias ancestrales por otras más acordes con el laicismo, con el relativismo ético y con la ideología de género. Recordemos cuando Bono le llamó a atención y Jáuregui se levantó de la sesión llamándole subnormal.
Aquellas proyectos proabortivos a menores de 16 años sin permiso de los padres. La prohibición del culto en las catedrales –solo una misa los domingos- En definitiva quiso desconfigurar España, para configurarla a su imagen y semejanza. Dijo, Julian Barrio Barrio, obispo de Santiago, “No le hagáis caso” le dicen. “Es el Presidente del Gobierno” y contesta “POR ESA MISMA RAZÓN
Hizo cuanto pudo y más para destrozar nuestro modelo de sociedad, falsear la historia de España y destruir hasta nuestra propia identidad. Y lo que es peor, puso todo su empeño en romper la convivencia de los españoles con su inoportuna ley de recuperación de la Memoria Histórica..
Con la Ley de Memoria Histórica, Rodríguez Zapatero, encendió la mecha del republicanismo en la izquierda española. Hay que recordar que, en 1978, todos los partidos políticos prefirieron claramente la reforma democrática a la ruptura con el régimen anterior. Y hasta aceptaron sin problemas la monarquía parlamentaria como forma de Gobierno. Hoy día, debido al aldabonazo de la Memoria Histórica, casi todos  los partidos de izquierda añoran la república como modelo de Estado. Y de hecho, perturban diariamente la paz de las calles para pedir de manera insistente y  ruidosa la instauración de la República. En el PSOE, aunque no sea nada más que por “coherencia política”, respetan de momento el pacto constitucional y, por lo tanto, no cuestionan la institución monárquica.
Tampoco podemos extrañarnos de la actual exacerbación independentista que padecemos, principalmente en Cataluña, y que puede terminar con la unidad de España saltando por los aires. El nacionalismo catalán siempre ha estado a la que salta y amenazando constantemente con la posibilidad de destruir nuestro vigente modelo de Estado y declarar su independencia. Pero ahora han pasado de la simple y velada amenaza al apremio, al chantaje y al ultimátum más desvergonzado y exigen esa independencia. Y todo por la verborrea y la facundia irresponsable de la patata, ZP.
Zapatero se lanzó a la piscina y hasta frivolizó con el término NACIÓN para dar vuelos a los ya “volados” nacionalistas catalanes. Según Zapatero, el concepto nación es tan discutido como discutible.  Poco después se pusieron a trabajar en el Estatuto que, prácticamente, estaba olvidado. Se reunió en secreto con Arturo Mas en La Moncloa, al que hace varias concesiones, extremadamente conflictivas y peligrosas para la unidad y la integridad territorial de España. Deciden conservar el término ""Nación"" para Cataluña. De ahí que CiU que siempre ha sido contraria a la independencia, pasara al ataque pensando que quedaría caduca y trasnochada. Los resultados del PSC y CiU están a la vista.

Como consecuencia de esos innobles actos, Zapatero abrió la famosa caja de los truenos con esta frase: “aprobaré todo lo que salga del Parlamento catalán”. En definitiva es el padre del nacionalismo que los separatistas consideran humanismo de derecho histórico. Ahí tenemos a sus fieles socialistas catalanes con cara de carneros degollados.