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Abascal, nunca entrará en los planes de ayuda de Le Pen. La líder francesa no comprende SUS DERROTAS.

Abascal nunca será Le Pen

«Más allá de compartir retórica aparatosa, incendiaria e iconoclasta, Le Pen y Vox no se parecen en casi nada»

Abascal nunca será Le Pen

España es un país pobre que a partir de cierto momento quiso engañarse a sí mismo pregonando que era rico. Y Francia es un país todavía rico que, sin embargo, no se concede ignorar el progresivo deterioro de las condiciones materiales de vida de un segmento cada vez mayor de su población. Es la gran diferencia entre nosotros y ellos. De ahí que una fuerza electoral alumbrada por la derecha nacionalista, iliberal, interclasista y anti-establishment, la nueva formación de Marine Le Pen una vez purgado el impresentable poso criptofascista que le legó su padre, ande muy a punto de ganar el Eliseo para su causa. Constatada esa asimetría de origen, lo que extraña al observador desapasionado es que la Agrupación Nacional y Vox, su teórico homólogo a este lado de los Pirineos, poseen programas y, sobre todo, bases sociológicas tan distintas y distantes

El electorado de los de Abascal, una muestra de las capas medias tradicionales, representativa en grado sumo de la derecha conservadora española de toda la vida, para nada se corresponde con el predominio de los estratos populares pauperizados, esos que ya habitan de modo exclusivo en la Francia periférica tras haber sido expulsados de las grandes ciudades por unos precios inmobiliarios solo accesibles a la parte de la población laboral integrada en el sector moderno, competitivo y globalizado de su economía dual, el retrato coral del partido de Le Pen. En puridad, y más allá del aspecto menor de compartir idénticas formas tremendistas en su retórica aparatosa, incendiaria e iconoclasta, la Agrupación Nacional y Vox no se parecen en casi nada. Cierto que las ideologías políticas, aquellos conjuntos de ideas y de creencias imbuidos de pasión, que es la mejor aproximación que yo conozco al contenido de ese concepto, ya no existen, al menos en el significado profundo del término. Pero la propuesta programática de la derecha extrema en Francia resulta ser el sucedáneo que más se aproxima al original histórico en nuestro tiempo líquido. 

Y esa propuesta, la que encarna hoy Le Pen, se asienta en todo lo que no postula Vox. A fin de cuentas, se articula en torno al intervencionismo decidido del Estado en todos los ámbitos de la economía; en todos, desde la activa acción correctora de los mecanismos impersonales propios del mercado en la esfera nacional, hasta el activismo de ese mismo Estado en la protección de los intereses industriales franceses frente a los extranjeros. Nada que ver, pues, con la muy convencional doctrina liberal al estilo anglosajón, casi libertaria muchas veces, que retrata a Vox. Al cabo, lo que más concuerda en Francia con el recetario económico que promueven los de Abascal es justamente el discurso oficial de Macron, otro entusiasta del Estado menguante, de la desregulación permanente y de la soberanía de los mercados libres. 

Porque mientras que la Agrupación Nacional representa ahora mismo una inopinada mutación heterodoxa y colectivista de la derecha, Vox no deja de reconocerse en las señas de identidad más convencionales y canónicas de esa misma corriente. Dos cosmovisiones, en el fondo, antagónicas. Una evolución tan distinta, la de las dos derechas alternativas a ambos lados de la frontera, que muy probablemente tenga su explicación en el doble miedo que, a diferencia de lo que sucede con los electores de Vox en España, retrata a los votantes de Le Pen. Porque lo que explica el fenómeno Le Pen no es el empobrecimiento de la antigua clase medía autóctona ni tampoco la irrupción en escena del multiculturalismo con agresivos tintes islámicos, sino el efecto conjunto de ambos fenómenos a la vez. Le Pen personifica el resultado explosivo de sumar al miedo económico el miedo cultural. Sin el simultáneo catalizador corrosivo fruto de ambas angustias colectivas, Le Pen no se entiende. Y en España, de momento, eso no ocurre. De ahí la diferencia entre unos y otros. Y también de ahí, por cierto, lo muy improbable de que Vox llegase alguna vez a desbancar al partido de la derecha convencional en España. Lo dicho, dos mundos.

 

Las fotos de Mireia Borrás, el Pibón de VOX, diputada de Vox. Fotos que incendian las redes y enaltecen el congreso.



Los usuarios  de las redes han cambiado el segundo apellido, Pabón, por Pibón. Otros han ido más allá y han alabado, además de su "delantera y trasero", su currículum
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Porque Borrás, el pibón de Vox, es licenciada en Economía y Periodismo, tiene un máster en Finanzas y trabaja como consultora, según su ficha de diputada, donde figura también como emprendedora.
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Mireia Borrás, el 'pibón de Vox' amante de la aventura que enciende  Forocoches | Famosos 
 

¿Por qué decide meterse en política? ¿Tenía claro que VOX era su lugar?¿Cómo surge la oportunidad?

He estado toda mi vida estudiando y trabajando en la empresa privada, y ver cómo desde un partido político por fin se hablaba de la realidad como sólo quienes han emprendido, progresado con su propio esfuerzo y trabajado durante años en la empresa privada pueden hacer, me atrajo mucho.

Quién es Mireia Borrás, la misteriosa diputada de Vox de la que todos  hablan | Vozpópuli

Esa autenticidad en las palabras de personas a las que tanto admiro como Santiago Abascal o Iván Espinosa de los Monteros me animó a acercarme cada vez más al proyecto, y conocer desde dentro cómo el proyecto no intentaba quedar falsamente bien con todo el mundo sino defender las ideas que consideraban correctas me terminó de enganchar.

 Mireia Borrás Pabón, la diputada de VOX que se ha convertido en tendencia -  Foto 12 de 50 | MARCA.com
Una diputada de Vox asegura que Lorca les votaría "porque amaba a España"
¿Cree que se llegará a arrepentir?

Yo soy más de las que se arrepiente de no hacer nada, que de haberlo intentado. No veo cómo podría uno arrepentirse de formar parte de una familia que lucha sin complejos por valores tan nobles como la libertad, la igualdad, la familia, la vida y la lucha por todos y cada uno de los españoles, independientemente de dónde nazcan o en qué parte del país vivan.
La espectacular diputada de VOX que ha encandilado a las redes ya tiene mote 
«Me sorprende que algunos diputados en Comisión te confiesen que las iniciativas de VOX son brillantes y muy útiles como solución a los problemas que tratamos, pero que no pueden votarlas a favor por órdenes de partido y en eso no estoy muy de acuerdo»
Mireia Borrás, la diputada que no quiere ser el “pibón” de Vox
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 Mireia Borrás Pabón, la diputada de VOX que se ha convertido en tendencia -  Foto 12 de 50 | MARCA.com
 
Mireia Borrás, el 'pibón de Vox' amante de la aventura que enciende  Forocoches | Famosos

VOX anuncia que votará en contra del PP, o sea, votará al PSOE su patrocinador en las comunidades de Madrid y Murcia.


JP Logística

Vox ha anunciado que votará en contra de una hipotética investidura de la candidata del PP a la Presidencia de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, si Ciudadanos no firma el acuerdo a tres que propuso la semana pasada. Del mismo modo hará en Murcia y una moción de censura en el Ayuntamiento de Madrid

Lo ha manifestado en rueda de prensa su portavoz en la Asamblea de Madrid, Rocío Monasterio, después de reunirse, durante unos 20 minutos, con el presidente de la Cámara autonómica, Juan Trinidad, en el marco de contactos para sondear los apoyos de cara al pleno de investidura.

En su intervención, Monasterio ha recalcado que desde su formación ponen “pocas condiciones” pero que estas las cumplen. “Nuestros votos son necesarios y no los vamos a dar a cambio de nada. Estamos con la mano tendida para cuando el señor Aguado quiera reunirse con nosotros”

Los que más odian España formarán Gobierno. Lo que más dicen amar y ser españoles –VOX- la destrozan.


JP Logística



El gráfico de Génova que culpa a Vox: si la mitad de sus votos hubieran ido 
Casado habría mayoría PP-C’s




VOX es un grupo político financiado por el PSOE para restar votos al PP. La aparición de Vox en la escena política española ha tenido el efecto devastador que auguraba el líder del PP cuando aún estaba en condiciones de aspirar a no morir a manos del partido verde. Aunque es justo reconocer que Santiago Abascal no es el autor  directo de la matanza del PP, sí es cierto que su mera existencia ha provocado el mayor error político de los muchos cometidos por Pablo Casado en los últimos meses: intentar volver a “enamorar” a los votantes de Vox por el procedimiento de aproximarse tanto, tanto, a este partido que el último día de la campaña llegó a ofrecerle incluso unos puestos en el hipotético gobierno presidido por el propio Casado. Se acercó al barranco demasiado y acabó cayendo en él y rompiéndose la cara.

Naturalmente, todo votante popular de centro que se ha visto arrastrado por su partido de siempre al terreno de una derecha radical que apela al valor, al desafío, al reto, todo ello en medio de una crispación inevitable en un discurso que ha estado -sigue hoy estando- dominado por la contundencia innegociable, ha salido corriendo a refugiarse en los brazos de un Albert Rivera que se ha visto ocupando el espacio del centro político dejado libre por decisión voluntaria y profundamente equivocada de Pablo Casado y de su equipo de campaña. Y eso a pesar de que los ataques al PSOE de Ciudadanos no han tenido nada de moderados, hasta el punto de que el líder naranja advirtió muy pronto que jamás pactaría con Pedro Sánchez, aunque ya lo había hecho en 2016 en el famoso Pacto del Abrazo.

Pero Rivera convirtió ese veto en una seña de identidad de su partido. Su intención inicial fue la de dejar el PSOE ante la opinión pública como inevitablemente empujado a buscar acuerdos con los independentistas catalanes, lo cual, pensaba el líder naranja, le dejaba a él mucho terreno para ocupar. Las cosas no salieron como Ciudadanos había calculado porque en el terreno que había quedado libre ha aparecido y se instaló un Partido Socialista que ha llevado a cabo una estrategia política magistral en la campaña, de tal manera que la moderación y la prudencia han logrado adjudicarse en la idea de la opinión pública como una seña de identidad del PSOE. Éxito rotundo.

El Partido Socialista ha llevado a cabo una estrategia política magistral en la campaña, con la moderación y la prudencia como señas de identidad

Pero en el nuevo escenario que dejan los resultados de estas elecciones se ha erigido para Rivera una fortísima tentación a la que no se va a resistir, que es la de apropiarse del liderazgo del centro derecha español que hasta el momento ostenta el Partido Popular. Por eso y sólo por eso Ciudadanos no va a convertirse en aliado de gobierno del PSOE, porque opta por ocupar el liderazgo de la oposición a Sánchez.

Ahora los 57 escaños logrados por Ciudadanos en buena medida a costa del PP, sumados a los 123 del PSOE en buena medida logrados a costa de Podemos, sumarían una muy cómoda mayoría absoluta que proporcionaría la estabilidad de gobierno que hace años que España ha perdido. Pero el interés de país al que tantas veces apelan los líderes políticos retrocede en este caso ante los intereses de partido de Ciudadanos y, sobre todo, de los intereses políticos personales de su líder Albert Rivera. Rivera ha olido sangre ante el cuerpo agonizante  -aunque no muerto, ojo- del PP y ha visto la posibilidad de fagocitar lo que después de las elecciones municipales y autonómicas quede de ese partido y arrebatarle definitivamente el cetro del liderazgo del centro derecha español.

Esta es una batalla que se va a dar a muerte entre el PP y Ciudadanos. Va a ser una guerra a sangre y fuego. Pero, de momento, el liderazgo de la oposición lo sigue ejerciendo, aunque sea por muy poco margen, Pablo Casado al frente de su partido. Eso es lo que ha dicho y defendido el lunes por la mañana el secretario del PP Teodoro García Egea, que ha anunciado la determinación de su partido de defender su primogenitura hasta el último aliento de sus vidas políticas.

Y, a tenor de lo declarado por la vicepresidenta Carmen Calvo, ese liderazgo va a ser respetado, y probablemente subrayado, por el Gobierno de Sánchez, seguramente porque le interesa más tener un jefe de oposición debilitado y doliente que uno crecido por su éxito electoral y retador en exceso. A pesar de todo, Rivera no va a renunciar en ningún caso a intentar merendarse los restos del PP, aunque para ello haya de esperar a ver los resultados de las próximas elecciones autonómicas y municipales, una apuesta en la que los de Pablo Casado se juegan literalmente la vida.

Por lo tanto, a partir de este martes, cuando se reúne el Comité Ejecutivo Nacional del Partido Popular, vamos a asistir al fulgurante regreso del partido azul a los terrenos del centro político abandonados durante la campaña electoral, error que convirtió a Casado en un mal imitador de Santiago Abascal. Albert Rivera y los suyos estarán al acecho porque para alzarse definitivamente con la victoria del liderazgo de la oposición necesitan ganar ampliamente la segunda batalla política, la que se celebra el 26 de mayo.

Ésa es su apuesta y no va a renunciar a ella de ninguna de las maneras y eso a pesar de que los votantes de centro podrían estar muy cómodos si su partido ejerciera de garantía de que el presidente Pedro Sánchez no se viera en la necesidad de pactar ni con Podemos ni con ERC. Con Podemos porque defiende el referéndum por el derecho de autodeterminación de los catalanes y porque sus propuestas económicas incluyen un incremento brutal del gasto público que tendría como consecuencia inmediata una subida de impuestos generalizada y además un déficit  creciente porque la mayor presión fiscal no puede de ninguna manera cubrir el enorme aumento del gasto público que pretende.

Para el votante de Ciudadanos atajar la interferencia de Podemos en las políticas básicas del Partido Socialista sería una inversión muy aceptable. Y no digamos nada si de lo que se trata es de proporcionar a Sánchez el apoyo suficiente como para que no tenga que recurrir a la abstención de ERC no sólo en la sesión de investidura sino en las sucesivas votaciones de la legislatura. Ése sería un papel que los seguidores de Ciudadanos asumirían gustosos y conformes en su inmensa mayoría. Lamentablemente, Rivera tiene otros planes en la cabeza y esos planes se han puesto ya por delante del interés de España en esta precisa coyuntura.

Todos estos son los efectos aniquiladores que la presencia de Vox ha producido en el espacio del centro derecha político. Como en un famoso anuncio del lavavajillas Fairy, que con una sola gota caída sobre una capa de grasa líquida hacía retroceder la suciedad como por ensalmo, el partido de Abascal ha tenido el efecto de asolar toda la coherencia política que se encontrara en sus cercanías.  Y, siendo cierto que Vox ha logrado 24 diputados partiendo de cero, cosa muy meritoria, ni  los resultados obtenidos responden a lo esperado por sus dirigentes, ni esos escaños parecen tener grandes posibilidades de aumentar en futuras convocatorias de elecciones generales.

A Vox puede acabar pasándole lo que le ha pasado al final a Podemos: que después de una arrancada de caballo ha tenido una frenada de burro. Es pronto para decirlo y hay que advertir además que los comicios autonómicos y municipales suelen ser más agradecidos que los generales y permiten una gran variedad de pactos. Vox ha sido devastador para Casado, también por los propios errores del líder popular y de su comité de estrategia -ay, ese Javier Maroto sin escaño-.

Eso sí, su presencia y sus amenazas han despertado el instinto defensivo del mundo independentista que se ha movilizado masivamente para “frenar a la ultraderecha” y han dado no sólo a ERC sino al partido de Puigdemont y a Bildu unos excelentes resultados. Abascal no habrá sacado rentabilidad parlamentaria suficiente de su aparición política. Pero lo que sí ha acreditado es una evidente capacidad corrosiva, sulfúrica para la vida política española.

A Vox puede acabar pasándole lo que le ha pasado a Podemos: que después de una arrancada de caballo ha tenido una frenada de burro

Por lo que se refiere a Podemos, vamos a ver si dejamos las cosas claras: ha perdido un 40% de los escaños que tenía en 2016, lo cual equivale a un castañazo de primera categoría. Los dirigentes de Podemos, notablemente Pablo Iglesias, pretende vender que esto es un éxito porque van a entrar en el Gobierno, lo cual es falso de toda falsedad. Es una manera de intentar disfrazar la realidad de un fracaso sin paliativos cubriéndola con una promesa embustera que se descubrirá en cuanto se conozca la composición del nuevo Ejecutivo.

Es verdad que Pedro Sánchez intentará tener contento a Iglesias porque le tiene que servir para alcanzar acuerdos concretos en el futuro. Pero Sánchez se dispone a gobernar en solitario y todo lo más que podemos esperar es que entre en el nuevo Gobierno algún independiente próximo al partido morado. Nada más. De modo que la verdad verdadera es que Pablo Iglesias es el otro gran perdedor de estas elecciones, con la particularidad de que pretende que no se note. Pero vaya si se nota.

En definitiva, un gran vencedor, Pedro Sánchez; un segundo ganador que tiene hambre de más victorias, Albert Rivera; unos partidos independentistas reforzados ante la amenaza de que Vox pudiera tener influencia en un hipotético futuro gobierno, y unos perdedores sin disimulo, los dos Pablos: Iglesias y Casado.

Según el Mundo, uno de cada tres españoles es socialista y cree que Pedro Sánchez es la única alternativa de poder.

Según encuesta de SIGMA DOS para el Mundo, uno de cada tres españoles es socialista y cree que Pedro Sánchez es la única alternativa de poder.

El resultado de las encuestas, no todas se hacen es fiel reflejo de la intención e interés de quien las paga. 




La convocatoria del 28-A impulsa a Sánchez, con Rivera a la baja, el PP estancado y Vox por encma ya de Podemos
ENCUESTA DE SIGMA DOS PARA EL MUNDO: España, dividida entre la pareja de izquierdas y el trío a la andaluza en las alianzas
Por qué el centro derecha podría no llegar a la mayoría absoluta con cerca del 50% de votos
El 28-A se dibuja ya como una fecha histórica. Los perfiles políticos de la España democrática se redefinen. Finiquitado el bipartidismo, la derecha y la izquierda se difuminan y surge un nuevo factor desequilibrante en la ecuación. Es Vox, la derecha radical, hasta ahora desconocida en el Congreso y en el Senado, que pisa fuerte en las encuestas. Entre 44 y 46 escaños que refuerza la apuesta por la derecha que, sin embargo, y pese a esta inyección, no tiene asegurado el Gobierno por el frenazo de Ciudadanos y el estancamiento del PP.
El sondeo de Sigma Dos para EL MUNDO, a dos meses de las elecciones, vaticina que el partido más votado será el PSOE, que aglutina el 27,3% de las papeletas después de la convocatoria de los comicios.
El porcentaje que obtiene el PSOE en el sondeo le reportaría entre 110 y 114 escaños -entre 25 y 30 más que los logrados en 2016-, igualando así, e incluso superando, los obtenidos por Alfredo Pérez Rubalcaba en 2011, cuando todavía no habían irrumpido los nuevos partidos.
Los ocho meses de Pedro Sánchez al frente del Gobierno son rentabilizados claramente por los socialistas. La fuerza que otorga controlar la maquinaria del Estado y el BOE se demuestra una vez más evidente, y a ello se suma el impacto positivo que ha generado el anuncio, deseado por buena parte de los votantes, de convocatoria de elecciones. Entre la anterior encuesta de Sigma Dos para EL MUNDO, realizada a finales de diciembre, y esta los socialistas crecen cinco puntos. Además, en estos dos meses Sánchez ha pasado a ser el líder más valorado, la primera vez que ocupa ese lugar, hasta ahora monopolio de Albert Rivera.


El PSOE, según la encuesta, aventajaría al PP en más de ocho puntos. Una ventaja considerable que, sin embargo, puede no servirle a Sánchez para sumar mayoría con sus socios actuales: Podemos, nacionalistas e independentistas.
Los populares, maltrechos tras el cambio en su liderazgo y duramente golpeados por Vox y Ciudadanos, se encaminan hacia un derrumbe espectacular. El 33% de votos obtenidos en 2016 con Rajoy al frente se quedarían ahora, bajo el nuevo liderazgo de Pablo Casado, en poco más de la mitad -un 19,1%-, lo que implicaría perder entre 62 y 66 diputados. El Grupo Popular en el Congreso no superaría así los 75 escaños frente a los 137 con que cuenta en la actualidad. Un golpe sin precedentes que, además, parece consolidarse, ya que Casado no ha mejorado nada en los dos meses transcurridos desde la anterior encuesta de este periódico.

El PP aguanta segundo

Ciudadanos sería la tercera fuerza en liza, 11 puntos por debajo del PSOE y a tres del PP. Respecto a los resultados que obtuvo en 2016 -32 escaños-, registra un importante ascenso -hoy lograría el 16% del voto y entre 54 y 58 diputados-. Sin embargo, en comparación con el sondeo del mes de diciembre de EL MUNDO, que le otorgaba hasta 70 diputados, retrocede claramente.
Todo indica que la formación naranja en este inicio de año ha registrado una desaceleración. Ahora tocaría techo en el entorno de los 55 escaños. Un frenazo que seguramente explique el fichaje de su dirigente más carismática, Inés Arrimadas, para las generales. No obstante, con el resultado del sondeo, Cs daría el sorpasso a Unidos Podemos, que sería, junto con el PP, la víctima más sangrante de las urnas. Rivera superaría a Iglesias en punto y medio, pero ello bastaría para sacarle una veintena de diputados de ventaja.
El frenazo de Ciudadanos y el estancamiento del PP ponen en peligro la mayoría de centroderecha ensayada en Andalucía y que en el sondeo de diciembre se alcanzaba de forma holgada.


Consolidación de Vox, descalabro de Podemos

En este ámbito, el sondeo confirma que Vox se ha consolidado como opción política. La explosión del partido liderado por Santiago Abascal es muy significativa porque pone de manifiesto el voto del rechazo y la rabia frente a una izquierda a la que muchos acusan de hacer concesiones al independentismo, y a una derecha tradicional a la que, muchos también, tachan de pasiva y miedosa. Alcanzar tal número de escaños implicaría que Vox, en virtud de la Ley D'Hondt, lograría en un buen número de provincias entre el 25% y el 30% de los votos.
Podemos, por su parte, sigue sumida en una grave crisis que adquiere tintes de descomposición y se vería superada incluso por Vox. El partido de Pablo Iglesias conseguiría el 14,4% de los votos, escasa cosecha si se compara con el 21% de 2016. Así, de los 71 diputados actuales pasaría a contar sólo con entre 37 y 39. Sería el quinto grupo del Congreso y su caída puede ser definitiva para que Pedro Sánchez no pueda reeditar la mayoría de la moción de censura.
El escenario político cada vez más fragmentado deja abiertas muchas incógnitas. Restan nueve semanas para las elecciones y cualquier acontecimiento, tropiezo o acierto puede modificar el tablero. La campaña promete ser una guerra sin cuartel para robar votos al vecino.
El trasvase de papeletas se apreciará con nitidez en el escenario catalán, decisivo para el futuro del país. El desplome del PDeCAT, sumido en la confusión de siglas, se confirma en beneficio de ERC. El partido de Oriol Junqueras registraría un importante ascenso y prácticamente aglutinaría todo el voto separatista. 
#PODEMOS, PABLO IGLESIAS, CIUDADANOS, PARTIDO POPULAR, PSOE,ALBERT RIVERA, PDECAT, ERC, PEDRO SÁNCHEZ, PABLO CASADO,POLÍTICA DE ESPAÑA, VOX, SANTIAGO ABASCAL, ELECCIONES GENERALES,

La gran farsa de VOX, con dinero del PSOE, para restar votos al PP.


Blog de Juan Pardo

Santiago Abascal, un vividor de la política sin escrúpulos ni sentido de la realidad encontró un mecenas socialista, Pedro Sánchez con ganas de destripar al Partido Popular y en buena parte lo consiguieron. Le quitaron la alcaldía de Madrid, la mayoría absoluta al PP de la Comunidad murciana, 8/10 diputados nacionales. Todo eso con 46.000 votos en toda España. En Madrid por 4.000 votos, en Murcia por 412 votos y 4 diputados por ± 50 votos.

Dicen ser la derecha tradicional de España, Franco, a su lado era de izquierdas.  Lo más mediático que tuvo Vox para canalizar el voto desafecto fue al catalán Vidal-Quadras, protagonista unos meses antes de un sonoro incidente a cuenta de sus viajes a Bruselas en clase VIP y suite de fonda. Sabemos cómo terminó dinamitando el voto “disidente” en unas elecciones europeas que certificaron el nacimiento y la defunción electoral de Vox al mismo tiempo. Sacaron menos votos de los que aportaba el mítico Blas Piñar.  

Al percibirse en Génova la inutilidad de Abascal, ya manifestada en sus años ociosos en el parlamento vasco y al frente de fundaciones subvencionadas –una de las fundaciones tenía como ámbito de aplicación “coleccionar sellos de Franco, automáticamente, Esperanza Aguirre le puso el pie en el culo, se hizo lo que se suele en estos casos: soltar lastre. Así fue como Abascal comenzó a perder influencia y presencia. Muchos de los que se acercaron a él huyeron en desbandada. Electoralmente, entre tanto, Abascal y su partidito siguieron avanzando estrepitosamente a paso de cangrejo. En las últimas elecciones vascas obtuvieron poco más de trescientos votos. No se dieron por aludidos.

Pero él sigue, erre que erre, inmune al ridículo y al desaliento. En el fondo lo que revela es su larga condición de mediocre que no concibe ni conoce otra forma de vida que no sea la política. No se le conoce oficio, ni beneficio, ni ocupación laboral alguna, ni ingresos económicos que no procedieran del presupuesto público o, como ahora, de las cuotas de sus afiliados, algunos de ellos no tan pardillos como aparentan. Se trata por tanto de un político profesional, que tiene que ir improvisando a cada paso para acoplar su mercadería al gusto del consumidor y entre tanto poder seguir viviendo sin darle un palo al agua.

Abascal no tiene carisma, no es un personaje notable, su oratoria no imantará nunca pasiones, carece de una mínima formación intelectual, no se recuerda nada que en él haya sido genial. Ni siquiera brillante. Pero Abascal no es ningún tonto. La prueba es que ha vivido de la mamandurria durante años.