Comentando una forma de vivir creativa y pasional, la textura es de rabia y emotividad, hay desesperación y un poco de ansiedad. ¡¡BASTA YA¡¡.
Juan Pardo Navarro
El Gobierno de Venezuela anunció este lunes el cierre de su
embajada en Noruega, días después de que el Comité Noruego le otorgara
el premio Nobel de la Paz a la dirigente opositora María Corina Machado por “promover los derechos democráticos”.
La Cancillería no hizo mención al premio y explicó que se
trata de “la primera fase de una reestructuración integral de su
Servicio Exterior”.
“Venezuela ratifica que estas acciones reflejan su voluntad
inquebrantable de defender la soberanía nacional y contribuir
activamente a la construcción de un nuevo orden mundial, basado en la
justicia, la solidaridad y la inclusión”, dijo Caracas en un comunicado.
Por el momento, las principales autoridades chavistas no se
han referido directamente a la distinción de Machado. Al anunciar el
premio el viernes, el Comité elogió la “lucha de Machado por lograr una
transición justa y pacífica de la dictadura a la democracia”.
Machado dijo ese mismo día que el premio “es un
reconocimiento a la lucha de todos los venezolanos” y marca “un impulso
para concluir nuestra tarea: conquistar la libertad”.
La exdiputada no pudo competir en las elecciones de 2024 por
decisión de la Justicia y encabezó la campaña para reconocer los
resultados que, según la oposición, le dieron la victoria al candidato
Edmundo González. En su mensaje,
dijo que le dedica el Nobel “al sufrido pueblo de Venezuela” y al
presidente de EE.UU., Donald Trump, “por su decisivo apoyo a nuestra
causa”.
El Ministerio de Asuntos Exteriores de Noruega lamentó este
lunes el cierre “sin justificación” de la embajada de Venezuela en Oslo.
“Es lamentable”, escribió Cecilie Roang, portavoz del
Ministerio, en un correo electrónico enciado al diario noruego ‘Verdens
Gang’. “Pese a que tenemos opiniones diferentes sobre varios temas,
Noruega quiere mantener abierto el diálogo con Venezuela y trabajará
para ello”, agregó.
Noruega y Venezuela
En el pasado, Noruega ha tenido un rol central en las negociaciones entre el Gobierno de Venezuela y la oposición para intentar llegar a una salida a la crisis política en el país, que llevaron a la firma en 2023 de los acuerdos de Barbados entre el chavismo y los representantes de Plataforma Unitaria Democrática (PUD).
De la alegría al descontento: así reaccionan los venezolanos al Nobel de la Paz otorgado a María Corina Machado
Los acuerdos de Barbados implicaban el
levantamiento temporal de sanciones sobre el Gobierno de Venezuela a
cambio del respeto a derechos políticos y electorales, incluyendo la
celebración de elecciones libres, de sus adversarios
Pero las elecciones celebradas en julio de 2024, en las que
tanto el Gobierno como la oposición se declararon ganadores —el primero aún al día de hoy sin presentar las actas oficiales—,
han sido cuestionadas por numerosos países y organizaciones, incluyendo
el Centro Carter, uno de los veedores internacionales ese día, que dijo que “no pueden ser consideradas democráticas”.
En agosto, poco más de un años después de las elecciones, el
Gobierno de Noruega denunció el presunto incremento de despariciones
forzadas en Venezuela para “silenciar a los miembros de la oposición”
mediante “casos de desapariciones a corto plazo cometidos durante y
alrededor de las elecciones presidenciales de julio de 2024”.
El Gobierno de Venezuela rechazó en
ese momento “el intervencionismo ilegal e inmoral de la Cancillería
noruega en la vida interna de una democracia fuerte y participativa como
la nuestra”.
Mientras que en enero, el Caracas denunció
la vandalización de la sede diplomática en Oslo. Según un comunicado,
la embajada fue “invadida” por “elementos fascistas”, sin ofrecer más
detalles.
Otros cierres de embajadas venezolanas
El comunicado
de la Cancillería de Venezuela, compartido este lunes en redes sociales
por el canciller Yván Gil, también informó el cierre de la embajada en
Australia y la apertura de nuevas sedes diplomáticas en Zimbabwe y
Burkina Faso, una decisión que tomó para “fortalecer las alianzas con el
sur global” y como parte de una “reasignación estratégica de recursos”,
luego de una “evaluación exhaustiva de las prioridades nacionales”,
según detalla.
Las autoridades añadieron que la atención consular a los
venezolanos en Noruega y Australia se realizará a través de las Misiones
Diplomáticas concurrentes, con detalles que se anunciarán en los
próximos días.
“Estas acciones reflejan su voluntad inquebrantable de
defender la soberanía nacional y contribuir activamente a la
construcción de un nuevo orden mundial”, indica el comunicado.
Gasper Ruud: “Perder con
Rafa no es perder”. Ruud, tenista de la academia Rafa Nadal disputará la final
de Roland Garros a Rafa Nadal.
Si Nadal sigue marcando
pautas limitadoras como jugador en la formación de tenistas no va a ser menos.
Casper Ruud es el último
rival de Rafa Nadal para coronarse en Roland Garros. El noruego de 23 años se
enfrentará al manacorí en la final de Roland Garros, en lo que será su primera
opción de coronarse en un Grand Slam.
Para meterse en el partido
por el título, Ruud derrotó a Marin Cilic (3-6, 6-4, 6-2 y 6-2) en casi tres
horas de encuentro de semifinales, mostrando un buen tenis y dejando claro que
la tierra batida es su hábitat natural. Normal en alguien que se ha formado en
la escuela de Rafa Nadal en Manacor, la Rafa Nadal Academy en la que ingresó en
2018.
Ruud se ha metido en la
final de Roland Garros a base de trabajo y sin llamar demasiado la atención.
Sin hacer ruido, pese a que estamos hablando de un tenista con dos títulos ATP
en lo que va de temporada (Buenos Aires y Ginebra) y ocho en toda su carrera.
Un detalle que le ha permitido convertirse en el primer noruego en entrar en el
top 10 mundial.
Esta final de Roland Garros
es el premio perfecto para el tenista más consistente en tierra batida en los
últimos dos años. Ha sumado un total de 65 victorias en arcilla, ha ganado
siete títulos y ha llegado a ocho finales.
Cuando Ruud llegó a la Rafa
Nadal Academy era el número 143 del ranking ATP. Hoy figura en el 8º puesto
gracias a su imparable evolución desde que aterrizó en la escuela de Manacor.
El propio Nadal lo define como "un chico muy humilde, con buena
predisposición siempre para aprender". Dicho de otro modo, un alumno
ejemplar.
"Y lo he dicho siempre
que me gusta ver a las buenas personas alcanzar sus sueños. Él y su familia son
muy buena gente. Tengo mucho respeto por él". Ese sueño del que habla
Nadal se acaba de cumplir. Ruud va a disputar su primer final de un 'grande'
ante el tenista que más admira. "Será un momento especial, porque Rafa ha
sido mi ídolo durante toda mi vida. Supongo que este es el momento perfecto
para jugar por primera vez en una final de un Grand Slam. Al menos está
teniendo enfrente a un estudiante de su academia, así que espero que sea
divertido", declaró el noruego.
Sin embargo, Casper Ruud
quiere que ese sueño no se quede en haber llegado a la final. El noruego quiere
competir e intentar dar la campanada imponiéndose a su ídolo... pese a que es
consciente de lo extremadamente complicada que es esa tarea. "Jugar contra
Rafa Nadal en una final de Roland Garros posiblemente sea el mayor desafío que
hay en este deporte. Creo que tiene una marca de 13-0 en la final, lo que
demuestra que puede sonar como una tarea imposible. Pero por supuesto que lo
voy a intentar, como lo han hecho otras 13 personas antes que yo", de
todas formas, perder con Rafa Nadal no es perder. .
"Obviamente va a ser
difícil. Todos sabemos el campeón que es y lo bien que juega en los momentos
importantes. No soy el favorito, pero voy a intentar soñar con grandes
campeones y rallies increíbles, porque es lo que necesito si quiero tener
alguna opción. Tendré que jugar mi mejor tenis", reconoció el jugador que
ahora aspira a hacer historia en Roland Garros.
El Real Madrid pierde frente al PSG que ha podido golear. Messi falla un penalti.
El Barça debería por Haaland 75 millones de euros al Borussia
Dortmund, otros 40 de comisión que se repartirían Mino Raiola y el padre del
futbolista, y otros 30 millones anuales en concepto de ficha para el delantero
noruego.
Hasta este punto no habría ningún
problema por parte del FC Barcelona, pero las agencias tributarias de España,
Noruega y Alemania obligan a ser más cautos en la operación. Raiola, manager de
Haaland quiere que todas esas cifras sean libres de impuestos, o sea, por el
fichaje de 75 millones de euros, el Barça tendría que abonar otros 36 millones
a la Hacienda pública Noruega y alemana. En concepto de comisión a Raiola y al
padre del jugador se triplicaría la cantidad, ya que Noruega no forma parte de
la Unión Europea (UE). De modo que el fichaje de Haaland, bajo mi punto de
vista, se está complicando. Por algo el City que ha ganado en
Lisboa (0-5) y el Bayern se hayan
apartado de la puja. Pero en España tiene un valor añadido, la ficha de 30
millones anuales libres de impuestos, superarían los 65 millones que tendría
que pagar el Barça para hacerse con los servicios del buen jugador noruego.
Estos son los presupuestos
de los principales equipos de fútbol.
El Barça es el equipo más
poderoso del mundo económicamente y tiene sus limitaciones.
La Premier cuela varios
equipos como el United o el Liverpool en el Top Ten que no podrían pagar al noruego,
supondría la cuarta parte de su presupuesto.
Especialmente en los últimos
años, el fútbol se ha convertido en un negocio imparable. Los equipos ricos
tienen cada vez más poder, y manejan cifras de dinero desorbitadas.
Eso provoca que, en las
competiciones ligueras, los equipos más modestos tengan cada vez menos opciones
de dar sorpresas en los campeonatos locales, aunque hay excepciones milagrosas
como la del Leicester hace algunos años.
Estos son, actualmente, los
diez equipos de fútbol más ricos del mundo. O sea, Haaland, difícilmente
encajaría en ningúnequipo.
¿En qué equipo puede encajar
Haaland si se llevaría casi la cuarta parte del presupuesto?
F.C. Barcelona (840.8
millones de €)
Más 23 secciones deportivas
y 7 escuelas de fútbol.
Real Madrid (757.3
millones de €)
Manchester United (711.5
millones de €)
Ya sobrepasa el límite de
masa salarial.
Bayern Munich(660.1 millones de €)
El Bayern tiene 8 secciones
deportivas más.
Paris Saint-Germain
(635.9
millones de €)
Manchester City (610.6
millones de €)
De los que más 100 son para
los equipos filiales (12, entre ellos el Girona en España)
En la Segunda Guerra
Mundial, la peor conflagración que ha vivido el globo hasta hoy, Winston
Churchill ejerció un liderazgo enérgico y por momentos visionario. Con la
fuerza de su oratoria, demostrada en discursos como el legendario de “sangre,
sudor y lágrimas”, supo congregar al Reino Unido en torno a una misión
colectiva, la lucha contra Hitler. Tiempo después, el laborista Clement Attlee,
al ser preguntado sobre lo que hizo Churchill para ganar la guerra, respondió
que había hablado de ella.
Desde luego, como se dijo,
supo movilizar el idioma inglés y enviarlo al combate. Pero hizo mucho más que
eso. En aquella situación de vida o muerte, Churchill cortejó a Roosevelt con
sus mejores artes de seducción para convencerle de que Estados Unidos se
implicara en el conflicto. Porque sabía que Gran Bretaña, por sí sola, no podía
ganar. Por otra parte, logró sobrellevar la primera etapa de la guerra, en la
que se sucedieron los desastres.
Winston Churchill haciendo su famoso gesto de la V de victoria en 1943.
Dominio público
Pero el mítico premier también fue el artífice de numerosos descalabros que la memoria histórica ha relegado a un segundo plano. En los inicios del conflicto, su puesto fue el de primer lord del Almirantazgo, dentro del gabinete de Neville Chamberlain. Desde este cargo, primero imaginó que Hitler no tenía intención de ocupar Noruega . Cuando la invasión se produjo, declaró en la Cámara de los Comunes que el Führer había cometido un gran error.
Tanto optimismo carecía de fundamento. Churchill respondió a los nazis con una expedición al país nórdico y no consiguió más que una calamidad. Su actuación solo sirvió para empeorar las cosas. Como señala el historiador Antony Beevor, “constantemente cambiaba de idea e intervenía en las decisiones operacionales para exasperación del general Ironside y de la Armada Real”. Además de perder 1.800 hombres, Gran Bretaña se quedó sin un portaaviones, dos cruceros, siete destructores y un submarino.
Churchill dio muestras de una tendencia que se repetiría una y otra vez, la de entrometerse en la dirección de la guerra, convencido de que su visión estratégica era superior a la de los generales.
En ocasiones eso era cierto. Pero no faltaron otras en las que al líder conservador le traicionó su exceso de confianza. El embajador soviético, Iván Maiski, asistió al discurso parlamentario en el que dio explicaciones por el fracaso. Nunca le había visto en un estado semejante: “Está claro que ha pasado varias noches sin dormir. Estaba pálido, le costaba encontrar las palabras, se encallaba y no dejaba de confundirse”.
Aunque él era el principal responsable de la derrota en Noruega, tuvo la suerte de que las críticas se centraran en el primer ministro. Su reacción fue apoyarle de un modo muy medido: lo suficiente para quedar como un patriota ante la opinión pública, pero no tanto como para cerrarse las puertas como posible sucesor.
Churchill junto a Neville Chamberlain en 1935.
Dominio público
Enfermo y desacreditado, Neville Chamberlain acabó por dimitir. En la cuerda floja Churchill se convirtió entonces en el nuevo gobernante del Reino Unido. Se le recuerda, sobre todo, por su tenaz negativa a llegar a un acuerdo con Hitler cuando Gran Bretaña sufría las temibles incursiones de la Luftwaffe, la aviación del Tercer Reich.
Por eso es tan sorprendente y revelador el libro de Anthony McCarten El instante más oscuro, que muestra cómo el premier inglés estuvo peligrosamente cerca de claudicar ante el Führer. En aquellos días dramáticos, tras la caída de Francia, muchos pensaban que Gran Bretaña iba a hundirse si se obstinaba en proseguir su lucha en solitario contra Alemania. Estados Unidos mantenía aún su neutralidad. Si entregaba armas a los británicos, las hacía pagar antes en efectivo.
Churchill se enfrentaba a decisiones dolorosas. El 27 de mayo de 1940 comentó a los miembros de su gabinete de Guerra que estaba dispuesto a alcanzar la paz aunque fuera al precio de entregar a los germanos Gibraltar, Malta y algunos territorios africanos. No obstante, este era una especie de plan B. En público hacía todo lo posible por mantener alta la moral de guerra de los británicos.
Un hombre, por decir que no sabía cómo Gran Bretaña iba a obtener la victoria, fue condenado a dos años de cárcel
En esos momentos se especulaba con la incorporación al bando alemán de la España franquista. Downing Street hizo todo lo posible para mantenerla en una situación de neutralidad, aunque fuera por medios poco confesables. El embajador soviético Maiski refirió en su diario el trato desconsiderado hacia Juan Negrín, antiguo primer ministro de la Segunda República, por entonces exiliado en el Reino Unido. El político socialista recibió un mensaje inequívoco: podía permanecer en el país, pero el gobierno de Su Majestad deseaba que hiciera las maletas “por voluntad propia”.
El significado del gesto estaba claro. Londres intentaba satisfacer a Franco con una demostración de hostilidad hacia uno de sus enemigos.
Gran Bretaña hacía la guerra para defender, además de su independencia, la democracia, pero la Normativa 18B permitió a Churchill encarcelar a determinadas personas sin juicio previo. Andrew Roberts trata de disculpar esta medida al indicar que el propio primer ministro la consideraba “odiosa”, una solución provisional en circunstancias extraordinarias, y que liberó en cuanto tuvo ocasión a los afectados, cuando ya no constituían una amenaza para la seguridad del país.
En un clima de absoluta incertidumbre, bajo la permanente amenaza de una invasión nazi, había que combatir el derrotismo. Para neutralizarlo se aplicaron métodos que coartaban las libertades civiles. Se detuvo, por ejemplo, a una persona que se quejaba por el precio del pan. Un individuo de Leicestershire, por decir en un pub que no sabía cómo Gran Bretaña iba a obtener la victoria, fue condenado a dos años de cárcel.
Cualquiera que pusiera en duda la victoria final cometía un delito. Porque, como señalaría el propio Churchill en su historia de la Segunda Guerra Mundial, las circunstancias de la guerra pronto exigieron “la subordinación casi completa del individuo al Estado”.
Foto de Winston Churchill tomada en 1941.
Dominio público
Entretanto, en el trabajo diario con sus colaboradores, Churchill demostraba una y otra vez su mal carácter. Se le puede disculpar con el argumento de que estaba sometido a una enorme presión, pero nunca fue un hombre fácil. Hería a la gente de su entorno con sus comentarios sarcásticos. A los que no eran capaces de entenderle, cosa no siempre fácil si soltaba gruñidos o sonidos incomprensibles, les preguntaba por qué no habían leído más o dónde se habían educado.
Su esposa, Clementine, alarmada, le envió una carta advirtiéndole que había notado que ya no era tan amable como antes y que debía cuidar más sus modales. Él admitía que podía ser brusco en exceso. En un discurso ante la Cámara de los Comunes en 1941, reconoció que nadie le superaba en el uso de un lenguaje de escarnio y severidad: “Bien pensado, no sé por qué muchos de mis compañeros no me han retirado ya la palabra”.
Según Roberts, un autor que le es abiertamente favorable,si se hubiera comportado de la misma forma en la actualidad, habría acabado ante los tribunales. No obstante, aunque en demasiadas ocasiones pecara de falta de tacto, también es cierto que conservaba una dosis de encanto que por lo general le permitía calmar las aguas tras haber desatado una tormenta.
Una derrota tras otra
Por razones políticas, Churchill envió tropas para apoyar a Grecia, aunque no existían posibilidades de victoria. No deseaba presenciar la caída de un aliado sin hacer nada para defenderlo. El resultado fue el esperado: la península helénica cayó de todas formas en manos de los alemanes. Geoffrey Regan, en su Historia de la incompetencia militar, deja claro que se trató de una chapuza política, más que militar.
Churchill visita las ruinas de la catedral de la ciudad inglesa de Coventry.
Dominio público
El fracaso en tierras helenas afectó a las operaciones en África, al distraer unas fuerzas que habrían servido para oponerse al Afrika Korps de Rommel. El Zorro del Desierto infligiría humillantes derrotas a los británicos, en parte motivadas por el apresuramiento de su primer ministro. Este, impaciente por obtener resultados, se inmiscuía una y otra vez en las operaciones de sus generales. Hasta que dio con Harold Alexander y Bernard Montgomery, que supieron ponerle en su sitio.
Tras la victoria de El Alamein, tendió a dejar que los profesionales de la guerra hicieran su trabajo, pero no le fue fácil. Montgomery tendría que pararle los pies antes del desembarco de Normandía. Churchill antepuso otra vez las consideraciones políticas a las militares en 1942, al enviar una fuerza naval a Singapur que no podía evitar que la plaza cayera en manos japonesas. El Prince of Wales y el Repulse, sin cobertura aérea, no tardaron en ser hundidos, con un saldo de 840 muertos.
Regan señala que, con Singapur, el Reino Unido se dejó llevar por su orgullo imperial. Se empeñó en defender una plaza sin valor estratégico, solo por su importancia como símbolo moral, más allá de consideraciones estratégicas o políticas. Se suponía que la ciudad, con su resistencia ante el Imperio nipón, exhibiría ante el mundo la capacidad de recuperación de los británicos.
Para vencer, Churchill estaba dispuesto a hacer cualquier cosa, por cruel que fuera
Métodos crueles
Tras ocupar Singapur, los japoneses se apoderaron de Birmania. Al ver amenazada la frontera oriental de la India, Churchill aplicó una política de tierra quemada en la región de Bengala. Los excedentes de arroz y otros alimentos debían ser destruidos. Y de lo que no se destruía, buena parte se exportaba hacia el Reino Unido, en lugar de satisfacer las necesidades de la población local. Se provocó así una hambruna en la que murieron alrededor de tres millones de personas.
Para Antony Beevor, este fue, probablemente, el episodio “más vergonzoso y escandaloso” de la dominación británica. Cuando recibió informes sobre la terrible escasez, el premier inglés preguntó por qué, si faltaban tantos alimentos, Gandhi no había muerto todavía. Sentía por el líder pacifista hindú una tremenda animadversión. Entre otros motivos, porque había sugerido a los británicos que se rindieran al Tercer Reich: “Dejad que tomen posesión de vuestra hermosa isla con su sinfín de hermosos edificios. Les daréis todo esto, pero no vuestra alma y vuestra mente”.
En 1940, Gandhi creía que Hitler no era “tan malo” y que estaba alcanzando victorias sin un excesivo precio en vidas. En Europa, la guerra cambió en sentido favorable a los británicos a partir de 1942. Pero aún quedaba una lucha larga y sangrienta. Para vencer, Churchill estaba dispuesto a hacer cualquier cosa, por cruel que fuera.
No consideraba que su país tuviera que ligarse a un código caballeresco mientras los nazis combatían sin ningún límite ético. Por eso autorizó bombardeos despiadados sobre ciudades alemanas, como el de Dresde, que se justificaron con mentiras sobre su importancia estratégica o industrial. El verdadero objetivo era aterrorizar a la población germana.
Churchill y el general De Gaulle en Marrakech (1944).
Dominio público
Con el fin de prevenir un hipotético ataque sobre Londres con armas biológicas, el premier británico dio luz verde a los ensayos de la Operación Vegetariana. La idea consistía en arrojar sobre territorio enemigo pastillas de pienso contaminadas con carbunclo. Las pruebas que se efectuaron en Escocia hacían presagiar un efecto devastador, puesto que la isla de Gruinard quedó inhabitable, y permaneció así hasta 1990.
La derrota final del Tercer Reich hizo innecesaria esta medida drástica, que hubiera debido afectar, en teoría, solo a los rebaños, no a los seres humanos. En realidad, la utilización controlada del carbunclo resultaba por completo imposible.
Poco antes de que concluyeran las hostilidades, Churchill, preocupado por la hegemonía soviética en el este de Europa,ordenó a los militares que trazaran un plan de contingencia contra la URSS. La Operación Impensable planeaba lanzar un ataque que iniciaría una nueva contienda, que se preveía larga.
El asunto, por fortuna, quedó tan solo en una especulación. El Reino Unido, agotado por la larga lucha contra el Tercer Reich, no estaba en condiciones de desencadenar otro enfrentamiento. De haberlo intentado, no habría encontrado ningún apoyo internacional, porque Estados Unidos no estaba por la labor. El proyecto permaneció en secreto hasta que, medio siglo después, se revelaron todos los detalles.
Churchill visita a las tropas en Normandía, en 1944.
Dominio público
Como señala Max Hastings, fue una suerte para la reputación de Churchill que se tardara todo ese tiempo en hacer pública la documentación. El líder británico creyó posible doblegar a los soviéticos cuando se produjo la invención de la bomba atómica, una noticia que recibió con júbilo. Su existencia permitiría, a su juicio, amenazar a Stalin con destruir, en caso de necesidad, Moscú, Stalingrado, Kiev y otras ciudades.
Tanto optimismo no tenía en cuenta que, con la tecnología de la época, era muy complicado materializar un ataque nuclear. A diferencia de los japoneses en Hiroshima y Nagasaki, con defensas antiaéreas ya muy disminuidas, la URSS sí poseía los medios para derribar cualquier avión que transportara el terrible explosivo antes de su destino.
Cómo no ser reelegido
En teoría, el hombre que había dirigido Gran Bretaña a lo largo de la Segunda Guerra Mundial tendría que haber ganado fácilmente las elecciones de 1945. Sucedió justo lo contrario. Es un tópico infundado la idea de un pueblo británico ingrato con su salvador. Lo cierto es que la gente se dio cuenta de que Churchill no era el hombre idóneo para gestionar la paz. No prestaba atención a los asuntos cotidianos del país.
Winston Churchill observa a las tropas aliadas mientras cruzan el Rin el 25 de marzo de 1945.
Dominio público
Por otra parte, empezó a realizar declaraciones alarmistas. Advirtió que, si ganaba la izquierda laborista, el país se vería en manos de una nueva Gestapo. Además, tras el largo combate contra el nazismo, los británicos deseaban un cambio, una sociedad nueva. Churchill, con su conservadurismo, se oponía a las aspiraciones de renovación. No quería saber nada, por ejemplo, de los planes de la izquierda para establecer un estado del bienestar.
Por eso sufrió una derrota espectacular. Apenas obtuvo 188 diputados contra 394 de los laboristas. Su mayor error, en palabras de Antony Beevor, “fue no haber mostrado ningún interés por la reforma social ni durante la guerra ni durante la campaña electoral”.
En La Segunda Guerra Mundial, Beevor explica que la mayoría del Ejército votó contra Churchill para romper con el tradicionalismo del pasado, en el que las Fuerzas Armadas reproducían las desigualdades de clase. Un sargento, al ser preguntado por su capitán acerca del sentido de su voto, resumió así sus motivos: “Socialista, señor, porque estoy harto de recibir órdenes de estos malditos oficiales”.
La pérdida de los comicios no sentó bien al líder de los conservadores. Su esposa Clementine trató de consolarlo. Afirmó que, tal vez, la derrota fuera una bendición disfrazada. Obtuvo una réplica mordaz: “Pues si es una bendición, desde luego se ha disfrazado muy bien”.
Una figura crepuscular
Había luchado contra Hitler, entre otros motivos, por preservar el Imperio británico. Pero, tras la Segunda Guerra Mundial, el agotamiento de la metrópoli y el auge de los movimientos nacionalistas hacían inviable su pervivencia. En 1947, la India se convirtió en un estado independiente.
Estatua de Winston Churchill junto al Parlamento británico, en Londres.
Dominio público
En sus memorias sobre la Segunda Guerra Mundial, Churchill escribió que los primeros pasos de la nueva nación se habían dado en medio de horribles matanzas, por las divisiones entre la población hindú y la musulmana. Nada semejante había tenido lugar “durante nuestra ocupación”, añadió, dando a entender que, después de todo, él había estado en lo cierto con su enérgica defensa de la dominación inglesa.
Churchill regresaría a Downing Street en 1951. Permaneció en el poder cuatro años más, pero solo era una figura decadente. Ya no exhibía la descomunal capacidad de trabajo demostrada en el pasado. Por el contrario, se desinteresaba de temas tan importantes como la economía o la política interior.
Dejaba hacer a su gabinete hasta tal punto que no se apreció ninguna diferencia en el gobierno cuando, en 1953, sufrió una apoplejía. Las pocas veces que intervenía en los asuntos de los ministerios, según Andrew Roberts, solo conseguía empeorar la situación.
Durante este segundo mandato se produjo un incidente que dio mucho que hablar. En uno de sus discursos, el premier aseguró que había dado instrucciones al mariscal Montgomery en el sentido de que estuviera preparado para repartir armas entre los alemanes vencidos. En caso de continuar el avance soviético, los antiguos enemigos podían convertirse en aliados para luchar contra el comunismo.
¿Un intento de continuar la guerra? El plan sorprendió a propios y extraños, con lo que se originó una enorme polémica en la que Churchill quedó como un irresponsable. Prácticamente como si hubiera pedido ayuda a Hitler contra Stalin, por más que el Tercer Reich, en aquellos momentos, estuviera ya fuera de juego. En privado, el primer ministro no dudó en confesar que con su comentario desafortunado había “hecho el ganso”.