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Abascal, un chiquilicuatre al servicio del sanchismo.

 CIS: Sánchez, el mejor valorado; y Abascal, el peor

Por Juan Pardo Navarro

Vox tiene, igual que Sánchez, una oleosa fábrica de palabros, de buñuelos literarios, de churros churriguerescos, de morcillas quevedescas, de garbanzadas léxicas o cuchareras como garbanzadas de Fraga. Sánchez ya sabemos que no gobierna, sino que cada día se mira al espejo, dolorosamente, como una momia desvendada, y manda inventarse acertijos, distracciones, escapatorias, embestidas o quejidos para que el personal se olvide y se atice. Vox, que a lo mejor tampoco quiere gobernar, no vaya a ser que nos demos cuenta de que no sabe, parece que también se quiere salvar o escapar con la frase matasuegras o matamoros. “Prioridad nacional” es eso, un eslogan, una frase de gorra o de peto, de azulejo o de botijo. Como eslogan está bien embutido, porque amarra la urgencia o la emergencia con lo “nacional”, que es una palabra que funciona como gatillo ideológico y emocional inmediato. La prioridad nacional, la legumbre nacional, la música nacional y hasta la morena nacional suenan ya nuestros, importantes, orgullosos, irrenunciables y trascendentes frente a lo minúsculo, lo personal, lo pueblerino, lo partidista o lo invasor. Lo que pasa es que, en democracia, es aplicable al grano, a la cerámica o al fútbol, pero aplicarlo al ciudadano ya sería discriminación, aquí y en Europa (en la China de Sánchez seguro que no).

 

Vox está con la manga churrera o de bombero de los palabros gruesos y los conceptos chorreantes porque ahora se encuentra en la delicada situación, quizá existencial, de tener que elegir entre el populismo antisistema y ser un partido de gobierno. Yo creo que, simplemente, ha escogido la opción más cómoda pero más complicada, que es querer ser las dos cosas a la vez, quizá porque aún no sabe qué ser. Por los salones, firma con el PP acuerdos de gobierno, y, por las esquinas, sigue siendo ese populismo de verborrea, desahogo y tentetieso. Lo de la “prioridad nacional” es una frase de toldillo, como de ferretería española, pero choca con la Constitución, con nuestras leyes y con las europeas, porque aunque los extranjeros no tengan todos los derechos que tienen los españoles, sí mantienen un núcleo importante de ellos. Incluso si en los papeles con el PP, que parecen ya papeles papales, de tanto tiempo y tanta teología gastadas en ellos, se exige lo imposible, no podrá llevarse a cabo. Pero, mientras, en la calle y en los medios, los de Vox pueden seguir quedando como españolazos cimarrones, dándole a la demagogia como a la coz.

Vox tiene ahora dos necesidades, cree uno, y va a intentar satisfacerlas desdoblándose o contradiciéndose. La primera necesidad es la económica, que me parece a mí que haber perdido a Orban ha sido mucho más que perder una referencia, ha sido perder el padrino del aguinaldo, del duro de domingo o del caramelo de domingo, sacado de esos monederos de padrino que son como maletines de médico del Oeste. Vox necesita pisar moqueta, necesita medallones y macetones autonómicos, sillas de mesonero en los cabildos, necesita gobernar o al menos estar donde se gobierna, siquiera dándole a un botafumeiro o desembolando toros. La otra necesidad es mantener a su votante entre ilusionado y cabreado, más cabreado que ilusionado si puede ser, porque ya hemos dicho que sus imposibles siguen siendo imposibles. Vox necesita llegar con votos y poderío a las generales, y eso intenta mientras espera que su gobernanza o desgobernanza no decepcione mucho. Casi todo lo que piden es irrealizable o folclórico, o sea que la decepción, esa decepción de todos los populismos, está asegurada y ellos lo saben. Como saben que el cabreo puede vencer a la decepción, y en eso andan.

La prioridad nacional de Vox resulta que es la prioridad nacional de Sánchez, que también sabe usar gatillos ideológicos y emocionales, y mejor que Vox

Lo de la “prioridad nacional” es un concepto inaplicable, sin significado y puramente sonoro, casi pastoril, lo que no significa que sea inútil. Otros conceptos que llegaron también así de la fábrica del sotanillo de Sánchez fueron y aún siguen siendo muy útiles. Lo curioso es que Sánchez le ha proporcionado a Vox el eslogan y el cabreo, y Vox le puede proporcionar a Sánchez la pieza, o sea el PP, más concretamente Moreno Bonilla. Yo creo que María Jesús Montero sólo está en Andalucía de feria, paseando el clavel altísimo como un farol de náufrago, y que la única esperanza de Sánchez, su verdadero candidato, es Vox. La regularización de Sánchez, caótica, esperpéntica, sin recursos, sin garantías, sin dinero, sin tiempo, y que además está llenando la propia calle de esa imagen de tribu en las calles que describe y quiere Vox; la regularización, decía, es el regalo, el duro de domingo, el aguinaldo de padrino que Sánchez le da a Vox. Sánchez está alimentando el miedo, la polémica y hasta el folclore de Vox con carne humana, que es aún más despreciable que hacerlo con los recursos que él no pone (al final, todo, los servicios y el caos, lo pagarán las autonomías).


La prioridad nacional de Vox resulta que es la prioridad nacional de Sánchez, que también sabe usar gatillos ideológicos y emocionales, y mejor que Vox. En realidad, Sánchez no se queda en el palabro, en la literatura, en el relato, porque para mantener ese relato tiene que intervenir carniceramente en la realidad. Cada relato de Sánchez destroza realmente el Estado, nuestros recursos, nuestra democracia, nuestros servicios, nuestro futuro. Cada vez que necesita un estribillo, un socio, una causa, un enemigo, una escapatoria, de los indepes a China, lo pagamos con realidad, a veces en dinero, a veces en libertad y a veces en libras de carne y sangre. La prioridad nacional, qué macabro, es lo que siempre han exigido los nacionalistas, los indepes, todos los socios de Sánchez (la prioridad identitaria), dándole la vueltecita sentimental, democrática, perversa. Aunque esto casi resulta romántico al lado de la prioridad puramente doméstica de Sánchez. Y la verdad es que les ha funcionado, a Sánchez y a sus socios. Decíamos que la prioridad nacional no se puede aplicar al ciudadano, que sería discriminación, pero las prioridades de Sánchez han conseguido discriminaciones, privilegios, mangazos, impunidades y hasta milagros sobrenaturales. Sí, quizá no sea la cosa tan imposible. Vox aún tiene la guía y la esperanza de Sánchez.

Abascal, para nada, mejora a Pedro Sánchez. Gobernar por poder.

 

Vox, la herencia del viento
El presidente de Vox, Santiago Abascal

Vox parece que va subiendo y desintegrándose a la vez, como un petardo español, como la traca festera y destructiva que suele ser casi todo lo español. Abascal dirige el partido (o eso nos hace creer) a gorrazos de señorito, no deja de expulsar a rebotados, a críticos y a históricos, esos padres fundadores de Vox como con gorro de hebilla que salen luego por ahí llorando, unos por el alma perdida del partido y otros por la silla de fraile también perdida. Sólo va a quedar Abascal con su cara de medallón o de sumo sacerdote, más un coro o secta de gente indistinguible, brumosa y encapuchada detrás. Lo de la secta, con yunque ario, espada artúrica o Corazón de Jesús con luces de autos de choque, como un santo de Almodóvar, será o no leyenda (aunque Macarena Olona o Jiménez Losantos están bastante seguros). Pero, de todas formas, no es normal que haya tanto hereje ni tanta hoguera sin que haya detrás gente que maneje esos conceptos, ese martirio, esa determinación y esa escatología. La gente no suele huir ni señalarse en los partidos, que están hechos de silencio y paciencia como un cristo sedente. Menos aún si se supone que están en la cresta de la ola o de la nube gótica, que van a gobernar, que van a cambiar España o el mundo. Algo no funciona.

Macarena Olona, con resolución y presencia de guardia civil guapa; Rocío Monasterio, con autoridad e hilo de voz de monja bajita; Ortega Smith, como un confederado descabalgado; Iván Espinosa de los Monteros, que hablaba y sigue hablando desde los cuadros como los señores de las cámaras de comercio o de las camiserías antiguas… Ahora ya no está ninguno, por el gorrazo de Abascal, por la luz de gas o por lo que sea. Otros también se fueron o se alejaron, como Vidal-Quadras, quizá demasiado clásico para los populismos de talega y mamporro, o Juan Luis Steegmann, que tenía la españolísima y maldita condición de liberal (aquí nunca se ha sabido qué es eso) y además se vio venir las maguferías y santerías en las que empezaba a meterse Vox, ya más de agua bendita que de vacunas. Por las provincias hay algunas otras víctimas, incluso asambleas enteras voladas por el rayo de Bambú, pero éstos que he mencionado eran los que hacían que Abascal no pareciera un ermitaño o un endemoniado, que había algo más detrás, gente, estructura, partido, cabezas. Ahora, es justo eso lo que parece Abascal, un ermitaño o un endemoniado con sus rezos y sustos, solo, suficiente, convencido, orgulloso o loco.

Lo que está haciendo Abascal es eliminar a cualquiera que cuestione la fantasía, que como toda fantasía depende de que el personal se la crea

Este descabezamiento, esta limpieza, esta purga de Vox no la veíamos desde Podemos, que ya hemos dicho muchas veces que es como su hermano especular, el populismo al otro lado del espectro y de la cueva (y aun así está la diferencia de que su mesías, Pablo Iglesias, desertó, no se quedó en el castillo ya vacío, como Abascal o como Drácula). Lo que extraña es que la gente suele enfrentarse o escaparse cuando el partido está en descomposición, no cuando está rozando ese Cielo con visillos o con reja que también creyó tocar Podemos. No sólo Vox está gobernado desde un torreón con veleta, aunque en el de Vox haya más armaduras y fantasmas. Todos los partidos son verticales, eclesiales, siempre manda el que manda con esa corte como romana de escribas, aduladores y envenenadores. Por eso mismo el que está en política suele obedecer y esperar, incluso durante los terremotos, y ahí tenemos al PSOE sanchista. Si la pelea en Vox es por sillones, no debe de haber muchos disponibles, contradiciendo el futuro que se promete Abascal. Y si es por el dogma o la pureza, entre tantos y tan significativos, es que Vox está perdiendo el rumbo. En cualquier caso, se trata de una pelea por la supervivencia (si tu ideología no sobrevive, no hay ni sillones ni puristas). Y, en cualquier caso también, el partido está decepcionando a demasiados, dentro y fuera del castillo.

Abascal yo creo que tiene el síndrome del emperador, la paranoia de ser destronado por un cuñado o un legionario (en Vox hay muchos) o ser asesinado por un copero. Al principio, los enemigos son ideológicos, que es lo que ha pasado cuando se ha ido purgando a los liberales para dejar sólo la rama falangista y nacionalcatólica (otra vez quieren dividirse el país entre señores con bigotillo y curas con pistola). Luego, cualquiera que cuestione al líder o su estrategia es una amenaza, hasta el confederado Ortega Smith. La verdad es que yo creo que el miedo de Abascal está justificado, que sabe que su estrategia y su apuesta son más débiles de lo que puede parecer cuando lo vemos empalomado en las campañas. Primero, Abascal tiene miedo a gobernar porque, como todos los populismos, no está hecho para eso y decepcionará. A la vez, sabe que si no gobierna se convertirán en un partido inútil y lo dejarán de votar igual. Segundo, su apuesta total por Trump, por Orban, por los terraplanismos y la xenofobia (verdadera fobia, o sea cague), por los autoritarismos de cascajo, posverdad y ultranación, puede ser una apuesta por una moda que ya no dure mucho (lo que ocurre con los autoritarismos, como el de Trump o el de Sánchez, es que son muy pedagógicos).

El Vox de Abascal es una frágil fantasía, puede esfumarse si gobierna y si no gobierna, si gana Trump y si pierde Trump… Lo que está haciendo Abascal, o los que mandan con el yunque o el cilicio por encima de Abascal, es eliminar a cualquiera que cuestione la fantasía, que como toda fantasía depende de que el personal se la crea. Abascal ha apostado por su ínsula trumpista y por su Occidente calatravo y ha ligado su futuro no tanto a que se haga realidad su fantasía como a que su votante, que se cree a Torrente de verdad, se la crea. Espinosa de los Monteros, desde su cuadro de comerciante o camisero, ya maneja números sobre los votos que tendría un nuevo partido, que como todos los nuevos partidos sería el más puro y prometedor. Aunque lo más gracioso es imaginarse a Sánchez dándose cuenta de que todavía puede haber algo mejor que Vox para él, y es otro Vox más. Y es que está escrito: “El que turba su casa heredará el viento”.

EL DESASTRE DE VOX. Abascal más cerca de monaguillo que de clérigo

Mando único y culto al líder: Abascal descabalga a los críticos y culmina  su diseño del nuevo Vox

 

La vida interna de Vox es un auténtico desastre, con multitud de dimisiones, guerras internas, marchas de afiliados y destituciones. Se estima que un 70% de los concejales de Vox en 2023 ya no pertenecen a la formación. Algo inaudito y que posiblemente abriría portadas en los grandes medios de producirse en otras formaciones.

Y es que los procesos irregulares, dedazos, secretismo, pugnas por el poder y abandonos de afiliados han copado el panorama de la formación. Sin ir más lejos en este caos organizativo destaca Vox Granada.

Su primer líder fue Ignacio Nogueras, presidente de Vox a mediados de 2015 al que se le abrió un expediente disciplinario. Fue sustituido por Julio Vao, quién fue apartado al conocerse que participó en un delito de estafa. Le sucedió Ignacio Ocaña, diputado andaluz, que fue sustituido por Manuel Martín, quien a su vez ha sido sustituido por Ángel Luis Onoratto. 5 presidentes en 7 años.

Estas pugnas por el liderazgo y movimientos irregulares se repiten en toda España enfureciendo a la militancia. En León hubo un proceso salpicado de múltiples irregularidades con la imposición de candidatos de la Fundación Francisco Franco que provocó una revuelta interna. Algo similar pasó en Melilla, donde el dedazo de un candidato externo provocó la ira de 300 militantes.

En Barcelona, Vox tuvo una gran crisis con múltiples candidaturas, expulsiones y militantes quejándose del comportamiento antidemocrático de la formación.

Estos hechos también afectan a los concejales y cargos internos. Así en Toledo un alto cargo intentó quedarse con dinero de los militantes, desembocando en la dimisión de 8 concejales por la protección que el partido dio a este alto cargo.

Los casos siguen hasta ahora ya que hace solo unas semanas la concejala de Vox Águilas, Nuria Almagro, dimitía de su puesto denunciando que Vox sembraba el odio.

Si a todo esto añadimos que la primer mujer de Abascal, ama de casa o casas, recibe 50.000 mil euros/año con todos los gastos pagados, la segunda está colocada en la administración en un puesto muy parecido al del hermano de Pedro Sánchez y la tercera es jefa de la redes sociales de VOX con un sueldo de 75.000 euros/año....tampoco se debe olvidar que hay una cuarta a la que algunos miembros del partido le llaman la BIEN PAGÁ, ojo es venezolana, alta y lozana. O sea, el futuro de VOX es tal, igual o parecido al de Ciudadanos, Podemos, UPyD....

VOX contra VOX. La secta, sin programa y repleta de corrupción acabará como CViudadanos, Podemos, UPyD,,,,

El líder de Vox, Santiago Abascal, en su escaño del Congreso durante el pleno de este miércoles
El líder de Vox, Santiago Abascal, en su escaño del Congreso durante el pleno de este miércoles.

El proceso iniciado este miércoles por el exdirigente de Vox y actual presidente de la fundación Atenea, Iván Espinosa de los Monteros, para propiciar que se abra un debate sobre los principios ideológicos y el funcionamiento orgánico del partido en un congreso extraordinario, ha agitado a la primera línea de los de Santiago Abascal. Se acusa a Espinosa y sus apoyos de dejarse instrumentalizar por Génova, por el PP, para intentar debilitar a Vox estratégicamente. Para hacerlo "dócil, sin mordiente", convertirlo en "el partido que el PP sueña que seamos", escribió en X como reacción el diputado y portavoz nacional de vivienda de Vox, Carlos H. Quero.

Estos reproches se lanzan en pleno choque de la derecha, cuando Vox sale fortalecido de los procesos electorales autonómicos de Extremadura, Aragón y Castilla y León y tiene por delante la negociación de tres gobiernos con el PP de Alberto Núñez Feijóo. Cuando se prevé el mismo escenario en Andalucía a partir de junio. Igualmente, ha sacado a relucir una guerra sucia desde hace tiempo entre actuales cargos de la formación y el exportavoz en el Congreso.

Espinosa denunciaba este miércoles que nada más anunciarse el interés de proponer un debate profundo en Vox, ha recibido ataques "de los que fueron compañeros anteayer". Quizá, valoraba, así los "juniors y los nuevos creen que se asciende más rápido o mejor". "Además de ser feo, es una actitud de perdedor", consideraba, generando la reacción de su 'sucesor' en las competencias económicas, José María Figaredo. Le afeó haberse ido en 2016 para volver en 2018 con el subidón de Andalucía. "En 2023 cuando Vox pegó un bajón, tras tus años como portavoz, te fuiste. Y en 2026, cuando pega un subidón, finges volver. Así que no sé quién es nuevo y quien es viejo. Cada vez es más evidente quién está con Vox y quién con el PP", le recriminaba en X.

Durante la jornada los perfiles de representantes de Vox, satélites digitales y críticos echaron humo en la plataforma de Elon Musk. Otra de las tesis que emerge dentro de Vox es que no prima tanto el condicionamiento del PP, sino que esta ofensiva contra Bambú radica en el deseo de Espinosa y los suyos de liderar la formación. Y que se está dispuesto a cualquier cosa para conseguirlo, para volver a tener algo que decir en política. "Para eso tienen que derribar a la única esperanza de millones de españoles. Saben que a ellos no les seguirá nadie, porque no son líderes, son lobos del bipartidismo disfrazados de corderos. Son traidores y entre ellos no hay lealtad, terminarán apuñalándose, al tiempo", escribió por la misma vía el diputado David García, fiel a Abascal.

De hecho, figuras del partido no descartan que esta ofensiva acabe derivando en una escisión si no se consigue el propósito refundacional. No ven peligro, en todo caso. Ya se ve a Alvise y Se Acabó la Fiesta como proyecto competitivo que no ha conseguido hacer daño directo a Vox, aunque por unos pocos miles de votos dejó este domingo a Vox sin tres escaños en Castilla y León. Al arranque de la semana y con la resaca electoral aún encima, las críticas por un "pinchazo" de resultados de Vox publicitada por Espinosa o José Ángel Antelo, entre otros, llevaron a representantes de la formación como la portavoz de Emergencia Demográfica, Rocío de Meer a escribir que si la pretensión es "montar un partido, "adelante". Pero al margen de Vox: "Estamos bien y tenemos claro el camino".

La escisión, latente en algunos sectores críticos de Vox

Hay movimientos en torno a ese cúmulo de purgados estos últimos años. Desde algunos de los firmantes de la Declaración de Barajas el año pasado, un centenar de críticos con carnet, a incluso el exlíder de Vox en Castilla y León, Juan García-Gallardo, viene expresando la necesidad de un partido fuerte para medidas como la remigración sin titubeos si Vox no asume ese rol próximamente. Pero hay una total ausencia de solidez, son capas de militantes y exmiembros con intereses distintos. En Vox se les tacha de "rencorosos" con ganas de rivalizar para torpedear un proyecto al alza, en sus mejores números.

Hasta la fecha, Caminando Juntos de Macarena Olona ha sido la única escisión con repercusión hasta su fracaso en las generales de 2023

En una entrevista reciente para El Mundo, García-Gallardo planteaba la posibilidad de que aparezca un nuevo partido. Le daba base por el deseo de históricos y de afiliados de última hornada. El se descartaba para nada, aunque se le vincula como una de las figuras que mejor conecta con los jóvenes, mucho más radicalizados en Vox: "Si Vox deja de ser útil, alguien tendrá que pensar en una nueva etapa, en un nuevo partido". Cree que Aliança Catalana se comerá a Abascal en la región, por ejemplo, pese a su componente independentista.

Al mismo tiempo que la primera línea de Vox cargó contra el movimiento de Espinosa este miércoles, se arremetió contra García-Gallardo por sus palabras, especialmente por denunciar que el interés de Abascal y de su camarilla, es "económico" y que lo único que quedará de su gestión es su fondo de pensiones. Generó repercusión que el burgalés asegurara que Abascal se beneficia de un "tercer sueldo" por la presunta contratación de su esposa Lidia Bedman como asesora de redes sociales por 60.000 euros anuales para Homo Legens, una editorial ligada a la familia Ariza.

Aunque el movimiento de Espinosa y la puesta en escena de Gallardo en los medios contra la dirección de Vox coincide, ambos tienen objetivos distintos

Pero aunque parezca lo mismo, hay que diferenciar la ofensiva de Espinosa de lo que busca Gallardo. Espinosa u otras figuras como Javier Ortega Smith, sin dejar de plantear a Vox como la alternativa, persiguen una opción que normalice las relaciones con el PP y que se distancia de fuerzas nacionalpopulistas de Patriotas para volver al regazo de ECR. Alejarse de Le Pen y Orbán, de propuestas prorrusas o amigables con el Kremlin y menos con la OTAN, y se vuelva junto a socios atlantistas como Fratelli y PiS. Todo pese a la proximidad de Vox a Trump, lo que le deja a medio camino. Por su parte, la fórmula gallardista radica en una propuesta muy fuerte en inmigración, menos liberal y centrada en no convertirse en muleta del PP. Tampoco dependiente de influencias extranjeras como las de EEUU. Seguir una fórmula similar a la ideológica del actual Vox, pero más dura y sin depender de la arquitectura cimentada por los Ariza y Kiko Méndez-Monasterio, asesor de cabecera de Abascal.

De hecho, García-Gallardo no figura entre los firmantes del manifiesto de Espinosa y los suyos. No se le ha contactado para ello a diferencia de otros de los quince impulsores. En conversaciones con El Independiente, fuentes conocedoras aseguran que en los últimos días el vicepresidente de Atenea y una de las figuras más próximas a Abascal en sus inicios, Ricardo Garrudo, les contactó para contar con su rúbrica en este lanzamiento de la iniciativa. La página articulada para ello tiene la misma construcción, formato y tipografía que la web de Atenea.

Un congreso extraordinario casi imposible

¿Pretende Espinosa lanzar un nuevo partido? A raíz de las menciones de García-Gallardo a ese interés de algunas facciones de críticos, el entorno que impulsa este proceso para un congreso ha sido preguntado por ello. Sin cerrar la puerta a futuribles, se recalca que el objetivo ahora es el de sacar del "atrincheramiento" a Vox y nada más. Se niega una dependencia directa de Génova como se les recrimina: se quiere "ensanchar" a la formación tras una deriva de "cierre" y de arrinconamiento al disidente. Es más, insisten en que el objetivo no es desplazar a Abascal de su presidencia. Espinosa lo garantizó la semana pasada al trascender su deseo de congreso. Aunque algunas fuentes de Vox consultadas señalan que en el propio manifiesto se menciona hacer "un debate abierto sobre el liderazgo".

"El escenario inicial es el de intentar el congreso. Lo que suceda si eso va a adelante o no está abierto a todo tipo de posibilidades. Ahora lo importante es ver cómo reacciona la cúpula de Abascal a algo tan democrático y normal como es una asamblea en la que se debata con tranquilidad", aseguran críticos con carnet de Vox que se alinean con la iniciativa de Espinosa. Desde otros sectores afines evitan entrar en este debate sobre si es factible que esto acabe en una escisión para que haya un partido duro respecto al PP, pero no radicalizado. Hay notable discreción para no desvirtuar la operación iniciada. Espinosa, que es quien dirige la misma, no está en crear un partido, sí se recalca.

En todo caso, algunas personalidades adheridas a este proceso de repensado de Vox ya ven imposible conseguir ese objetivo de promover un congreso extraordinario por la ausencia de garantías y de capacidad para llegar a un 20% del apoyo de los afiliados. Pesa mucho no conocer con fiabilidad los datos de militantes al corriente de pago de los 66.000 que figurarían en los registros del partido. Según las cuentas de 2024 conocidas el año pasado, poco más de 32.000 lo estarían. Y apuntan a situarse en otros escenarios para promover alternativas políticas que se enmarquen entre este Vox radicalizado y entre el PP. Destacan que las escisiones ya se han dado entre otros socios europeos de Vox y que ni si quiera Abascal puede blindarse a que eso pase.

Le pasó a la Reagrupación Nacional con salida de cuadros a Reconquista; a Alternativa para Alemania con El Partido Azul o al Partido para la Independencia del Reino Unido (UKIP). En éste último casi Nigel Farage sí acabó devorando a sus excompañeros con Reform UK. En todo caso, cualquier paso electoral dependerá del momento político de PP y Vox en vistas a la ausencia de incidencia de SALF después de su presentación pública en las europeas con 800.000 votos antisistema. Cualquier deseo político también puede toparse con la búsqueda del PP de Feijóo de ensanchar el espacio político por la derecha al igual que hizo con la opa activa contra Ciudadanos en 2023 para las generales.

De Caminando Juntos a Avanzar en Libertad

La publicitación de alternativas ideológicas entre el espacio de PP y Vox no sería una novedad, en todo caso. Ya hay embriones que en cualquier momento pueden articularse como partido sin necesidad de que eso pase directamente por Espinosa. Es el caso de la plataforma Avanza en Libertad, impulsada tras la crisis de Vox Baleares en 2024 por la exportavoz en el Parlament, Idoia Ribas y el diputado Agustín Buades. Encontró su réplica en Castilla y León, donde purgados de Vox se unieron a la propuesta. Su presidente en la comunidad, Javier Teira, exprocurador de Abascal en las Cortes, concurrió por Salamanca el domingo en las listas de SALF.

La propia Atenea parte como un laboratorio de ideas más sólido para dar ese paso partidista si se considera adecuado. Es más, durante su preparación se llegó a atribuir a Espinosa la intención de dar ese paso. Entonces fuentes de El Independiente trasladaron que la falta de un fuerte respaldo económico impedía crear algo potente e hizo al exdiputado limitarse a Atenea. Espinosa ya valoraba la dificultad de crear un partido cuando se lo trasladó a Macarena Olona en 2022 a su salida, cuando probó en las generales con Caminando Juntos, que se puede considerar una escisión de Vox sin éxito. De ahí y de excandidatos como Ricardo Morado han salido otros proyectos como Giro 180º. Sin mayor repercusión.

VOX, una secta franquista al servicio del PSOE que ciega el intelecto humano de los españoles, ¿Qué pretende?

 Vox y los restos de Franco - The New York Times

Si usted desea ganar mucho dinero, o usted anhela un gran poder, me temo que no puedo ayudarle. Nunca he sabido muy bien cómo conseguir esas cosas. Ahora bien, si lo que usted ansía es la fama, tengo un método rápido que ofrecerle aquí. Aunque quizá ya lo tenga intuido.

A veces he sopesado usarlo yo mismo. ¿Quiero una ronda de entrevistas en todas las televisiones? ¿Quiero amplias entrevistas en nuestros periódicos? ¿Quiero que me abran un espacio en las radios nacionales? El procedimiento es sencillo.

Lo primero que debería hacer es afiliarme a Vox. Eso, por supuesto, no será noticia alguna: el partido se halla en máximos históricos de militantes; según la prensa (nunca simpatizante suya) hace seis meses rozaba ya los 70.000 carnés. Pero este es el paso previo, imprescindible, para lo que vendrá después.

Una vez ya afiliados a Vox, lo siguiente que tendríamos que hacer usted o yo es tratar de medrar en el partido. Este es el paso más complicado, claro. De hecho, hay numerosos despechaditos de Vox —el ejemplo más palmario tal vez lo constituya Javier Ortega-Smith— que consideran que tal partido debería funcionar como el funcionariado más carca: un empleo donde solo cuente, como mérito, tu antigüedad. (Es probable que Ortega-Smith recurra a este criterio por el evidente beneficio que le reportaría: como él lleva desde 2014 en la formación, entonces él habría de gozar de todo privilegio sobre cualquiera que haya llegado después).

Por fortuna, empero, la «tesis Ortega-Smith» es minoritaria en Vox. Y bien que esto le cunde. El predominio del voto a Vox es tan arrasador entre los jóvenes, que resultaría estúpido negarse a incorporar a jóvenes valores a sus mandos, solo por el hecho de que todavía fueran adolescentes allá por 2014. Esta semana hemos conocido que, incluso, el secretario general de las Nuevas Generaciones del PP, Carlo Angrisano, ha pedido el voto para Vox. Es ley de vida. (El Partido Popular lidera el voto entre los jubilados, como consolación).

«Grite que se va de Vox porque no le van a renovar como concejal y eso indica una patente ausencia de democracia interna»

Y bien, volviendo a nuestro método para alcanzar la fama: decíamos que, tras afiliarse a Vox, usted debería procurarse algún cargo, aunque fuera como concejal de alguna pedanía ignota. No se preocupe mucho por la entidad de tal puesto: la fama no se la dará esa tarea. De hecho, aunque usted consiguiera que la citada pedanía ignota fuera seleccionada entre las pedanías más atractivas por National Geographic y The Economist a la vez, resulta improbable que, siendo afiliado de Vox, usted obtuviera entonces alguna gloria pública. La clave para ser famoso, para que le entrevisten en todas partes y para que hablen de usted en toda tertulia, viene justo después.

Pues he aquí el tercer paso y el más importante: usted debe, al cabo de un tiempo, abandonar Vox. Y debe, eso sí, anunciarlo de modo estentóreo. No importa que sus motivos sean contradictorios. Grite, por ejemplo, que se va de Vox porque no le van a renovar como concejal pedáneo de Vitigudino de Arriba y eso indica una patente ausencia de democracia interna. No se preocupe: ningún periodista le planteará la pregunta, por lo demás obvia, de por qué es poco democrático que Vox no le renueve como concejal, pero sí fue muy democrático que Vox le colocara como tal.

Lo sé, lo sé: si usted no sigue demasiado la actualidad política, sentirá usted de seguro desconfianza ante este método que le propongo para la fama. ¿Cómo es posible que sea tan fácil y tontorrón el procedimiento? Pero le aseguro que funciona.

Tomemos el ejemplo de la última salida de Vox, la de su candidato por la Región de Murcia. Es probable que usted no sea capaz de recitar su nombre y apellidos, cosa poco extraña, dado que ningún gran medio de comunicación le había entrevistado por extenso hasta hace pocos días. Es probable que esto se cumpla incluso si usted es murciano. Los políticos tienden a creerse que todo el mundo los conoce (digamos que les gusta creer que han alcanzado la fama antes de tiempo). Pero a mí hubo un dato que me sacó de ese engaño hace tiempo: en 2015, una encuesta en Castilla y León reveló que nada menos que al presidente de su Junta, que llevaba siéndolo desde 14 años atrás, aún resultaba desconocido para seis de cada diez castellanos y leoneses. Si esto le ocurre a todo un presidente autonómico, Juan Vicente Herrera, ¡imagínese usted, señor político, quién le conocerá si es usted un mero candidato, un mero diputado o un mero concejal!

«Solo dos o tres despechaditos conservan fama y titulares años después de abandonar sus cargos»

Volvamos no obstante al candidato de Vox por Murcia: desde que la dirección nacional de su partido le pidió dar un paso atrás —al parecer, por habérsele detectado irregularidades económicas que han ido saliendo estos días—, y él optó por agarrarse con uñas y dientes a su cargo cual toxicómano a una última jeringuilla, el lector atento habrá notado que su nombre y apellido figuran en todos los medios de comunicación de masas. Por fin es famoso. Escojo, además, su caso porque se trata de un antiguo baloncestista, que llegó a jugar en la selección nacional sub-16, sub-18 y sub-20: podría, en suma, haber alcanzado la fama antes. En especial porque, según se dice, fue expulsado del equipo nacional por su mal comportamiento de aquella época. Pero no: ha debido esperar a largarse de Vox para acariciar una fama auténtica. No se me dirá que no estoy proponiéndoles un método bien eficaz.

Llegados a este punto, es probable que usted, amigo lector, tenga dos objeciones bien razonables que hacerme. La primera es que la fama que le ofrezco es algo efímero, de usar y tirar; que sí, que tal vez durante dos días o incluso una semana se hable de usted si obedece el método que le he detallado. Pero que pronto pasará al olvido ante los nuevos casos de resentidos con Vox que llegarán tras usted; de hecho, solo dos o tres despechaditos de tal partido (Macarena Olona, Espinosa de los Monteros…) conservan fama y titulares años después de abandonar sus cargos.

Ante esta objeción he de darle toda la razón, mas también parafrasear a Andy Warhol: en nuestros tiempos, me temo que todos tenemos derecho a 15 minutos de fama, sí, pero solo durante esos 15 minutos. Lo que yo le ofrezco implica pues que, en lugar de 15 minutos, tal vez sean 15 horas las que aguante usted en el candelero. No se nos queje, vaya, en exceso ni a Warhol ni a mí. Es el signo de nuestra época. Vivimos en una civilización que confunde prestigio con notoriedad mediática. Los despechaditos son buen ejemplo de ello.

La segunda objeción que acaso usted desee ofrecerme es que el título de este artículo prometía hablar de los despechaditos de Vox… mas de momento solo hemos explicado cómo llegar a ser un despechadito más. ¿No cabe analizar un tanto el carácter, las obras, el espelde (como lo llamamos en Salamanca y Portugal) de estas despechaditas gentes? Aquí he de dar una vez más la razón a semejante protesta.

Dedicaré el resto de este artículo a tal asunto, pues. Y voy a acometerlo mediante el modo antiguo de hacer estas cosas: con tres modelos de personajes clásicos que nos ayudarán a entender los personajillos de hoy. Esos tres modelos son Calígula, Tiberio y Craso. Un trío de la vieja Roma, pero de lo más instructivo para la política de cualquier época.

1. Calígula o la obsesión por el poder

Lo hemos venido señalando en párrafos anteriores: muchos políticos sienten una adicción a la fama, al cargo, al poder (por minúsculo que este sea) que solo cabe comparar con el de los drogadictos por sus sustancias. Y esto no constituye una metáfora: representa lo que la neurociencia más reciente nos ha demostrado.

«El neuroquímico principal implicado en la recompensa del poder es la dopamina, el mismo transmisor responsable de producir una sensación de placer», explica Nayed Al-Rodhan, de la Universidad de Oxford. «El poder activa, pues, el mismo circuito de recompensa en el cerebro y crea un ‘subidón’ adictivo de forma muy similar a la adicción a las drogas. Como los adictos, la mayoría de las personas en posiciones de poder buscarán mantener el subidón que les provoca, a veces a toda costa… así como se opondrán con todas sus fuerzas a dejarlo».

Pocos personajes reflejan esa adicción al poder como el emperador Calígula. Al igual que todo toxicómano, no se conformó con el cargo más alto de todo un Imperio romano: necesitó dosis cada vez más altas. Así, llegó a imponer que se le tratara como si fuera un dios; obligó a que se le representara con los atributos de Júpiter, Neptuno o incluso Venus y Diana; exigió que las cabezas de sus estatuas se sustituyeran por la propia; ordenó que se le hicieran sacrificios similares. Incluso pretendió instalar una gigantesca estatua propia en medio del Templo de Jerusalén, si bien falleció antes de que se cumpliera tan explosiva ambición. Sí tuvo tiempo, empero, de declarar la guerra al dios del mar, Neptuno, para lo que exigió a sus soldados atacar las olas con sus lanzas o recoger conchas de la playa como botín de guerra. También nombró cónsul —en todo un ejercicio de poder ilimitado— a su caballo, Incitatus, para lo que le dotó de casa propia, sirvientes y vajilla de marfil. Un drogadicto nunca sabe dónde detenerse.

«¿Tiene sentido que años después de haber salido de Vox sigan hablando solo de Vox?»

¿No nos recuerdan muchos despechaditos de Vox esa adicción de Calígula, ese síndrome de abstinencia que nos describen tanto la neurobiología como Nayed Al-Rodhan? ¿Tiene sentido que años después de haber salido de Vox sigan hablando solo de Vox, un poco como algunos maniáticos adolescentes se quedan años estancados en su primera novia?

La contradicción resulta patente, además, cuando solo despotrican de ese primer noviazgo, pero se niegan a pasar página, avanzar con su vida y olvidarse de él. Algo que de nuevo recuerda al toxicómano con síndrome de abstinencia: ese que lo mismo nos reitera cuánto le dañaban las drogas, como se confiesa incapaz de olvidarse de ellas.

2. Tiberio o la fosa del resentimiento

Para entender mejor a esos despechaditos que vuelven una vez y otra a hablar de ese partido que en teoría aborrecen, puede sernos útil otro emperador romano: Tiberio Julio César Augusto​. Al cual Gregorio Marañón dedicó un libro delicioso titulado Tiberio: historia de un resentimiento.

Ahí se explica bien la diferencia entre estar resentido (como Tiberio) o tener algún rencor, como puede ocurrirnos a cualquiera. Un rencoroso se sentirá herido, sí, pero si algún día lograra devolvérsela a aquel que le hirió, o (mejor aún) le perdonara, ese rencor quedaría saciado. Desaparecería. Y dejaría de acongojarle a él, al rencoroso.

«El resentido cree que la vida lo ha tratado mal y por eso él quiere tratar mal a la vida»

El resentido, por el contrario, acaba por no sentir rencor hacia nadie concreto, sino hacia todos y hacia ninguno. El resentido cree que la vida lo ha tratado mal y por eso él quiere tratar mal a la vida. Su tarea, por tanto, nunca culmina. Puede maltratar a los demás, pero sobre todo maltratarse a sí mismo, atribulado por un deseo de venganza que nunca sacia, que le ocupa el resto de su existencia.

Así le acaeció al emperador Tiberio: ni al llegar a tal cargo pudo calmar su resentimiento, sus heridas, sus obsesiones con lo mal que le habían tratado antes de instalarse ahí. Y por ello siguió resentido hasta sus días finales de desenfreno en Capri. Murió como un despechado. Y por eso nos ilumina para entender a nuestros despechaditos.

En efecto, basta contemplar a estos para saber que nada podrá ya saldar la herida que sienten en su alma. Esta sangra según Vox logra éxitos electorales y sube en las encuestas, cierto; pero si Vox fracasara, si Vox desapareciera, ¿quedarían saciados? Es dudoso: al igual que el cocainómano, poco se regocijaría si la coca se dejara de cultivar. Parecen necesitar un motivo con que justificar sus vidas obsesas; aunque sea un motivo que ya no les reporta alguna satisfacción.

3. Craso o la sima de la estupidez

Vivir toda la vida enganchado a una droga (la del poder) que no te suministrarán ya más; pasar los años resentido por algo que sucedió hace tiempo, cuando no te volvieron a proponer como diputado o como concejala; lo que venimos describiendo son, ante todo, vidas instaladas en una actitud bien irracional.

Siempre se dice que el pecado más absurdo es la envidia, pues hace sufrir sobre todo al que cultiva, al envidioso —mientras que, al menos, aquellos que incurrimos en la lujuria, la gula o la pereza, un buen rato de sexo, comilonas o remoloneo logramos disfrutar—. El adicto al poder como Calígula, el resentido como Tiberio comparten este rasgo con los envidiosos: sus vidas parecen poco deseables. Así, uno se pregunta por qué no olvidan nuestros despechaditos de una vez su antigua etapa voxera. Por qué no se dedican a escuchar ópera, aprender papiroflexia o estudiar el Egipto antiguo. Disfrutarían más.

Es aquí, pues, cuando hemos de aprender de una tercera figura romana. Craso, el riquísimo Marco Licinio Craso, que tenía todo lo que un romano podía desear: era el hombre más rico de Roma, había formado parte del Primer Triunvirato junto a Pompeyo y César, había aplastado la rebelión de Espartaco. Pero no le bastaba. Quería gloria militar comparable a la de sus colegas del triunvirato.

Así que a sus casi 60 años se lanzó a una campaña contra el Imperio parto que cualquier estratega sensato habría desaconsejado. El resultado: la batalla de Carras, una de las derrotas más humillantes de Roma. Siete legiones aniquiladas. Y Craso ejecutado de la manera más simbólica: los partos le vertieron oro fundido en la boca, burlándose de su sed de riqueza.

La estupidez de Craso no fue militar; fue vital. Tenía todo para ser feliz, pero eligió perseguir lo único que no necesitaba. Y es aquí donde nuestros despechaditos le imitan.

«Colocan en segundo plano resolver la crisis que atraviesa España… por obtener a cambio 15 minutos de fama»

Porque la característica más llamativa de estos personajes no es su resentimiento ni su adicción al poder. Es su estupidez. Despotrican contra un partido en ascenso, en cuyos principios se supone que creían… por meras rencillas personales. Colocan en segundo plano resolver la crisis que atraviesa España… por obtener a cambio 15 minutos de fama. Olvidan la lucha contra los desastres del actual Gobierno… por el gustirrinín de desahogarse en un micrófono.

Es difícil escribir mucho más sobre la estupidez: porque escribir es tratar de poner en orden las ideas, y los estúpidos son justo los que desbaratan cualquier orden posible de ellas. Por eso, en suma, es difícil escribir aquí mucho más sobre la estupidez de Craso, o sobre la de los despechaditos de Vox.

Además, buena parte de su estupidez reside, justo, en que no leerán nada que pueda salvarlos; y si lo leen, no lo entenderán; y si lo entienden, no lo pondrán en práctica. Los romanos sabían bien que el Furor ciega el intelecto humano y conduce a sus víctimas al desastre; nosotros, menos trágicos, quizá hemos de conformarnos con verlas precipitarse hacia el ridículo. Los romanos, en suma, habían aprendido esas cosas en Cicerón y Virgilio; nosotros, menos elevados, habremos de aprenderlas de Gabi, Fofó y Milikito.

Por Juan Pardo Navarro

Antes de las elecciones, VOX debería dejar claro si prefiere que Pedro Sánchez siga en La Moncloa, incluso después de 2027

 Mando único y culto al líder: Abascal descabalga a los críticos y culmina  su diseño del nuevo Vox

Por Juan Pardo Navarro

Se entienden sin necesidad de hablar. Casi telepáticamente. Pues están unidos por compartir un adversario. El PSOE y Vox tienen el mismo interés en que el PP no gane o gane tan por los pelos que no puede gobernar. Una victoria nítida de Núñez Feijóo en las elecciones autonómicas y, sobre todo, con vistas a las generales, acabaría con la vida política de Pedro Sánchez y es probable que podría arrinconar a Santiago Abascal hasta la invisibilidad y la inutilidad. Como suele ocurrir, el enemigo de mi enemigo es mi amigo. Y en eso están los socialistas y los ultraderechistas. En una alianza soterrada para crecer a costa de las debilidades del partido de Génova.

La “pinza” entre Vox y el PSOE se ha confirmado en Extremadura, donde han votado juntos para frustrar la investidura de María Guardiola como presidenta de la Comunidad. El rechazo de los socialistas a la candidata popular no es necesario ni explicarlo. Pero el partido de Abascal debería aclarar los motivos de su negativa a pactar y a apoyar al PP. Se desconoce si quiere entrar en el Gobierno, si quiere imponer sus “políticas” o, lo que parece más probable, se trata de una mera táctica electoralista con vistas a las elecciones en Castilla y León, donde Abascal cree que tendrá más votos lejos del PP. Pero la realidad es que Vox no ha dado la menor explicación del sentido negativo de su voto. Sencillamente, ha bloqueado la investidura de Guardiola para perjudicar al PP y dejar que los extremeños sigan sin gobierno tres meses después de las elecciones.

El desaforado ímpetu de Abascal en su intento de crecer atacando al PP, además, puede tener un efecto contraproducente para su partido. Pues a los votantes del centro derecha les une, sobre todo, su interés en impedir una posible victoria del PSOE en 2027. Y la dispersión del voto del centro derecha aleja la posibilidad de derrotar a Sánchez. Abascal debe ser consciente de que no podrá gobernar. Y Feijóo, aunque aspira a alcanzar el poder en solitario, tiene que asumir que en este momento necesitaría el apoyo de Vox para llegar a La Moncloa. En todo caso, resulta sospechoso que el partido de Abascal ataque más al PP que al PSOE y que vote junto a los socialistas para bloquear, por ejemplo, el gobierno de Guardiola. ¿Acaso es Núñez Feijóo su gran enemigo? ¿Acaso prefiere que siga Pedro Sánchez en La Moncloa, incluso después de 2027?

VOX, el escupitajo de los cabreados del PSOE, condiciona el Gobierno de Aragón y de España.

 

Quién es Alejandro Nolasco, el candidato de Vox para las elecciones en  Aragón: a qué se

El resultado de las elecciones en Aragón no ha sido bueno para el PP. Gana con 26 escaños, pero pierde dos respecto a 2023; aunque el PSOE se hunde hasta 18 escaños (5 menos que 2023), Vox se convierte en el vencedor de la noche al duplicar su representación, pasando de 7 a 14 escaños.

La derecha logra 5 escaños más que en 2023 (pasa de 35 a 40), pero el mayor beneficiario de ese giro es el partido de Abascal, que incluso le ha ganado al PSOE en la ciudad de Teruel.

Si Jorge Azcón adelantó los comicios al no poder aprobar los presupuestos con el objetivo de alcanzar la mayoría absoluta (34 escaños) y, de esa manera, no tener que depender de Vox, su operación ha devenido en fiasco. Si Feijóo pretendía que Aragón se convirtiera en la segunda fase del proceso iniciado en Extremadura, pero esta vez con mayor holgura respecto a la extrema derecha, le ha salido el tiro por la culata.

Abascal tiene ahora todas las bazas en su mano para forzar la entrada de Vox en el gobierno e imponer sus condiciones. El triunfo de su partido no se basa en el carisma de su candidato (Alejandro Nolasco sigue siendo desconocido para muchos aragoneses); ni siquiera en el atractivo de su programa, que tampoco es muy conocido, sino en que ha abanderado la oposición más radical contra Pedro Sánchez.

El PP, en un giro inexplicable, invitó al cierre de su campaña al supuesto periodista Vito Quiles, alguien muy identificado con el ideario de la extrema derecha. Quizás con el objetivo de frenar a Vox. Pues bien, lo que ha conseguido ha sido justo lo contrario: ha asustado a su votante moderado. ¿Acaso Azcón y Feijóo piensan, como ha dicho Miguel Tellado, que Quiles representa al "periodismo valiente"? ¿Es ese su modelo?

El batacazo del PSOE no hay que apuntárselo a Alegría, sino a Pedro Sánchez

Creo que Feijóo haría bien en replantearse su estrategia si no quiere que le ocurra lo mismo en Castilla y León o en Andalucía, aunque dudo que Juanma Moreno opte por confundirse con el partido de Abascal.

Desde luego, el que no puede estar contento tampoco es Pedro Sánchez. Su candidata, la ex ministra y portavoz del gobierno Pilar Alegría, ha logrado lo que parecía imposible, igualar el peor resultado de su partido en Aragón, que se alcanzó en 2015 cuando Podemos estaba subiendo como la espuma. Es una derrota sin paliativos y atribuible al presidente. Ha sido un voto de castigo no a Alegría, sino a Sánchez. Veremos qué dice Moncloa de esta triste noche del 8-F. Culparán a la ola populista que recorre Europa, a Trump y a los tecnoligarcas. O algo parecido. Todos tendrán la culpa menos el verdadero culpable, Sánchez.

¿Qué decir de Podemos? Sencillamente, que ha desaparecido de la escena política. La izquierda en Aragón ha votado a la Chunta (que ha pasado de 3 a 6 escaños), y ha dejado en las raspas a IU y Sumar. Pablo Iglesias va a tener que desempolvar algún manual de principios del siglo XX para explicar por qué el proletariado le ha sido tan esquivo.

En fin, que todo sigue igual, pero peor que antes del 8-F. Por lo menos para los que queremos un cambio hacia la sensatez y la moderación.

La estrategia socialista para restar votos al PP, no es otra que enaltecer a VOX.

Los retoques estéticos de los políticos: de Pedro Sánchez y Santiago Abascal  a Isabel Díaz Ayuso y Alberto Núñez Feijóo | Vozpópuli

    La palabra pinza se está extendiendo en diferentes estamentos del PP, desde el parlamentario al autonómico, incluso en la propia dirección nacional. En Génova están convencidos de que hay una colaboración "consciente o inconsciente" entre el PSOE y Vox para arremeter contra los populares, desgastarles como alternativa y conseguir prosperar con la competencia mutua por los costados para incentivar la polarización y el populismo de derecha y de izquierda. Pero por otro lado, ven primar otra estrategia paralela a la 'alimentación' socialista de Vox, que radica en minar el liderazgo de Feijóo y su percepción como alternativa, despreciarlo como adversario y apostar por el choque con otras figuras del PP más polarizadoras como Isabel Díaz Ayuso.

    El socialista busca poner contra las cuerdas a Feijóo, con temas difíciles a los que pocos, como Ayuso, se atreven a entrar. A la vez eso potencia un escenario polarizador en el que a nivel nacional Vox se mueve mejor, especialmente cuando se apela a las entrañas y no a la razón. Sánchez busca sostener ese clima hasta las próximas generales, presentando una oferta ideológica en el polo opuesto de la ultraderecha y del PP, absorbiendo la mayor parte de su izquierda con sus principales banderas, como Gaza, y dejando el dilema al electorado progresista de apoyar una opción amplia de izquierdas sobre la que movilizarse frente a una derecha que suma en las encuestas, pero sacrificando la fiscalización de ese poder, al primar el voto del 'mal menor'.

   Desde principios de octubre, cuando el debate sobre el aborto volvió a abrirse de par en par por el apoyo de los populares de Madrid a una iniciativa de Vox en el Ayuntamiento, para advertir sobre un falso síndrome postaborto, Sánchez decidió entrar de lleno en un asunto que supone confrontar ideológicamente, dar la batalla cultural. Ante la propuesta de blindar en la Constitución el aborto, Feijóo dejó claras sus posiciones, negándose a ello pero validando el derecho a la interrupción del embarazo tal y como está establecido actualmente en la ley. Pero en Ayuso, Sánchez encontró su polo apuesto para ir caldeando más y más el ambiente. Se prioriza mirar a los territorios más que a Génova y dar autoridad a la madrileña, siempre 'eterna candidata en la sombra' para muchos.

   El objeto de la principal contienda han sido las listas de médicos objetores, las cuales feudos del PP como Baleares o Aragón si proporcionarán tras el requerimiento formal del Gobierno para su creación. Pero Madrid se resiste y juega al despiste, a la ambigüedad. Tanto PSOE como Sumar en el Gobierno instan a Ayuso a cumplir la ley -desde la reforma de 2023 se obliga a proporcionar esos listados- mientras que la madrileña niega hacer "listas negras" y denuncia una persecución de la libertad de conciencia y contra la deontología profesional de los médicos, que en su fin último es salvar vidas.

  En ese conflicto, tanto el PP de Madrid como Sánchez sacan rédito, pero las posiciones de máximos generan costuras internas en un PP que tiene distintas posiciones sobre el aborto. Quedó claro en el último congreso del partido en julio, donde se evitó ahondar en este tipo de asuntos. El interés del Gobierno, además de intentar movilizar a la izquierda, es el de evidenciar a un PP "ultraderechizado" por la competencia con Vox y hacer que al calor de los pronunciamientos de Ayuso Génova tenga que remarcar su posición. Y con ello, o generar una ruptura interna o que el propio Feijóo valide a Ayuso y de más combustible para denunciar la "derechización" de los populares, según los socialistas.

   Feijóo queda en una posición intermedia cuando de dar la batalla cultural se trata. El ejemplo es el aborto: se aferra a una posición 'continuista', de mantener la ley como está hasta ahora y garantizar el cumplimiento para no entrar en debates. Al mismo tiempo, a sabiendas de que hay mucho voto femenino en juego, se denuncia una estrategia del Gobierno para especular con que el PP quiere retirar derechos "que llevan más de 30 años" y que el interés real del Ejecutivo con ellos es "evitar que se hable de la corrupción". O de convocatorias como la de Sánchez a la comisión del caso Koldo en el Senado para el 30 de octubre.

De "ignorancia o mala fe" a "ánimo Alberto"

    A la vez que se juega la carta de la batalla cultural, en el PP detectan que se está volviendo a querer trasladar la imagen de político poco curtido. Es algo, se denuncia, que ya empezó en agosto de 2022 poco después del aterrizaje de Feijóo en Madrid tras la sucesión de Pablo Casado. En la anterior legislatura, tras afirmar que "Sánchez ha metido en un pufo de 6.000 euros a cada español", María Jesús Montero, vicepresidenta del Gobierno y ministra de Hacienda le criticó por dejar "un pufo" monetario en Galicia. "¿Es ignorancia o mala fe?", preguntó la andaluza, una frase que se repitió para desprestigiar las capacidades del gallego.

   Pasó a utilizarla Sánchez en su primer cara a cara en el Senado con Feijóo como senador por designación autonómica, luego, tras las generales, trasladados al Congreso. Una estrategia de los socialistas para minar la imagen del popular. Para entonces, el PP denunció una larga lista de insultos -el PSOE contestaba esgrimiendo lo mismo- entre los que se encontraban adjetivos como "vago", "insolvente", "sectario" o "incompetente". Con picos y casos puntuales hasta hace bien poco, el propio Feijóo intentó darle la vuelta al asunto. Primero a finales de 2022 en el Senado. "¿Es incompetencia o mala fe?", le dijo en septiembre de este año a Sánchez y a Ana Redondo, ministra de Igualdad, por los errores de las pulseras antimaltrato.

    Los populares denuncian que esta semana se ha vuelto a esa tendencia de desprestigio de Feijóo, que hilan con la teoría de la pinza con Vox. Hay dos cuestiones que no han gustado nada en la cúpula.

    En primer lugar, el intento de Sánchez durante su entrevista en Cadena SER del martes de dar a entender que entre bambalinas, por detrás, los barones del PP lo ven agotado y ya se plantean candidatos alternativos. Sánchez apreció que cuando hay un cuestionamiento de Feijóo "la prensa de la derecha" pone sobre sobre la mesa un posible adelanto electoral. "No lo hacen con información detrás, porque cada vez que me preguntan digo que serán en 2027. Se hace para cerrar cualquier debate sucesorio respecto al señor Feijóo", aseguró Sánchez, para después apuntar que en "off the record, en distintos lugares de la Villa de Madrid distintos presidentes autonómicos del PP cuando vienen muestran su desagrado con la estrategia que está llevando Feijóo como jefe de la oposición, incluso se dejan querer" como alternativas de futuro.

    En segundo lugar, con una nueva expresión que se suma al "ánimo, Alberto" de la semana pasada, intentando equiparar a Feijóo con Casado en la previa a su depuración como dirigente por el choque con Ayuso entre febrero y marzo de 2022. En concreto, en la última sesión de control al Gobierno, Sánchez adjetivó al líder de la oposición con un "es usted la nada". Volvió a incidir en esa idea de falta de preparación.

   Además de cuestionar la preparación de Feijóo, el Gobierno detona otra intencionalidad: llevar esa imagen de "incompetencia" también a las comunidades para ensalzar la gestión económica desde Moncloa frente a "una mala gestión de servicios públicos" pese a recibir financiación.

   Fuentes populares entienden que esto forma parte de la estrategia de los socialistas ante el acorralamiento "por la corrupción". "Tienen que dar muchas explicaciones, de dónde sale el dinero fotografiado en el despacho de Ábalos -publicado por The Objective- o los sobres con dinero en efectivo con el membrete del PSOE", aseguran. También la atribuyen a la incapacidad de legislar asuntos como los Presupuestos Generales del Estado, unas nuevas cuentas de cara a 2026 que socios como ERC empiezan a no ver posibles. Ya no por la falta de apoyos como esgrime el Ejecutivo, sino porque se denuncia que ni si quiera se han iniciado conversaciones bilaterales con ellos.

   Además de la presunta corrupción, los populares apuntan al intento de restar relevancia a cuestiones como "un nuevo hachazo" a los autónomos, tras el anuncio de la subida de cuotas hecho por el Ministerio de Seguridad Social. Un plan que ni si quiera apoya Sumar. La vuelta a este lenguaje de desprecio contra el dirigente del PP se enmarca en una semana "complicada" para el Gobierno tras el paso de José Luis Ábalos y Koldo García por el Tribunal Supremo. Se considera que los reproches personales se prolongarán y azuzarán con el tiempo, y que el marco de batalla cultural elegido por Sánchez cambiará en pocos días. "Estamos apunto de entrar en noviembre, ahí empezará a hablar de Franco [por el 50 aniversario de su fallecimiento]. Por lo que sí abogan en Génova es por no echar más leña al fuego respecto al rifirrafe Gobierno-Ayuso, y se guarda silencio.

    Para los populares esta posición del Gobierno, y de especialmente el PSOE, no responde a nada más que intentar "resistir hasta 2027". Ni si quiera se vincula con un intento de convocar generales de forma anticipada. "Si quince puntos de distancia no hacen a Sánchez convocar elecciones, es que no las tiene consigo", creen en el PP.