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Carmen Calvo se casa con el novio de su hija, 31 años menor que ella y dice: “Las mujeres, ante la justicia, deben ser creídas si o si” ¿Amor u odio?




En realidad, mujer no se nace, pero se consigue. Emma Watson: “No te sientas estúpida si no te gusta lo que a los demás fingen amar y hasta puede que seas amada.” La mujer sabe que es mujer como el hombre sabe que su madre, esposa e hijas son mujeres  sin tener que oficializar el imperativo de la Viceministra, Carmen Calvo “SI O SI”. Ella se ha casado varias veces y la última de ellas con el novio de su única hija, 31 años menor que ella ¿Amor u odio? Ese hombre se casa con ella por temor a la valía de su poder dominante, o sea, o conmigo o en la cárcel. Luego es una ventajista por fracasada. 

Además, lo reitera en su comparecencia ante la Comisión de Igualdad del Senado ha dicho: «Proteger la libertad sexual de las mujeres implica aceptar la verdad de lo que dicen. Las mujeres tienen que ser creídas sí o sí, como en cualquier otro tipo de delito. Las víctimas deben contar con la solidaridad del Estado».

Una nueva andanada contra las garantías del Estado de Derecho. Sorprende el mensaje de la señora vicepresidenta: «Las mujeres tienen que ser creídas sí o sí», de manera que la denuncia presentada por una mujer relativa a su libertad sexual siempre ha de tomarse como una verdad incuestionable; por lo tanto, el tribunal debe condenar al denunciado sin dudarlo y, si no lo hace, se arriesga a ser escrachado como corresponsable del mismo delito denunciado y cómplice de una execrable justicia heteropatriarcal.

Hace años que desde ciertos sectores se intenta socavar la presunción de inocencia en aquellos casos que tienen componente «de género»; esto es, cuando la denunciante pertenece al «grupo víctimas» (todas las mujeres, siempre sinceras y en posesión de la razón) y el denunciado al «grupo verdugos» (todos los hombres, siempre mentirosos y malvados). De este modo, la justificación de una denuncia no dependerá de un juicio con todas las garantías, sino del colectivo o grupo al que pertenezcan la denunciante y el denunciado. Forma parte de la asfixiante corrección política imperante, en la que se enmarca el mensaje de la señora vicepresidenta del Gobierno.

Condenar sin pruebas o con dudas razonables es, sencillamente, una aberración. Supone pervertir nuestro sistema de garantías y retroceder en el túnel del tiempo

Ahora bien, en el citado mensaje se olvida que el moderno enjuiciamiento criminal no admite «testigos incuestionables» (técnicamente: no se admiten pruebas tasadas). En un Estado de Derecho, todas las pruebas, también la declaración de las víctimas, han de ser ponderadas y sometidas a una valoración racional (no pasional ni emocional) por parte del tribunal.  Los «actos de fe» no casan nada bien con la función de enjuiciar. Negar esta premisa es hoy inconcebible; más aún si se hace desde posiciones que se autodenominan progresistas.

Olvida también la señora vicepresidenta que es el fiscal quien, como acusador público, tiene la obligación de llevar a juicio las pruebas que permitan concluir, sin ningún género de duda razonable, la culpabilidad del acusado. Condenar sin pruebas o con dudas razonables es, sencillamente, una aberración. Supone pervertir nuestro sistema de garantías y retroceder en el túnel del tiempo a un pasado inquisitorial. El juez que hiciera algo así no merecería llevar la toga. Otra cosa es lo que sucede en los regímenes totalitarios, donde la presunción de inocencia puede ser pisoteada y el principio in dubio pro reo absolutamente ignorado.

Precisamente son estas garantías del Estado de Derecho, que las declaraciones de la señora vicepresidenta del Gobierno ponen en cuestión, las que dan «confianza» al sistema judicial. Pasar del enjuiciamiento al linchamiento es una involución, un gravísimo retroceso desde la civilización a la barbarie. El profesor Tomás y Valiente, en uno de sus trabajos sobre la Inquisición española, apuntaba que «tanto arraigó, tan hondas y recias y vitales fueron sus raíces, que mecanismos, hábitos e intransigencias inquisitoriales dijérase que todavía anidan entre nosotros». ¡Qué razón tenía el maestro!

Sugiero a la vicepresidenta que modifique la Constitución: “Todos los hombres denunciados por cualquier delito de violencia de género serán presumidos culpables”

Si la vicepresidenta del Gobierno quiere que todas las denuncias sobre la llamada (con notorio error semántico) «violencia de género», también conocida como «violencia machista o heteropatriarcal», acaben en condena, le sugiero que se atreva a modificar algunos textos legales, comenzando por el artículo 24 de la Constitución, que podría decir algo así: «Solo algunas personas tienen derecho a la presunción de inocencia; por excepción, todos los hombres denunciados por cualquier delito de “violencia de género” serán presumidos culpables sin posibilidad alguna de demostrar lo contrario» (lo que en Derecho se llaman presunciones iuris et de iure, es decir, indestructibles).

Podría seguir con el artículo 741 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal en el siguiente sentido: «Los jueces apreciarán con arreglo a la sana crítica y a las reglas de la lógica las pruebas practicadas en el juicio, salvo en los casos sobre cualquier tipo de “violencia de género”, en los que la declaración de la denunciante será prueba plena de la comisión del delito, con independencia de que sea o no convincente y de que no existan otras pruebas que la corroboren».

Por último, se impone reformar también las agravantes en el Código Penal: «En los delitos sobre “violencia de género”, al acusado se le impondrá la pena superior en grado si se probase que es verdad lo denunciado».

De este modo, al iniciarse los juicios sobre este tipo de delitos, no sería necesario advertir al acusado de sus derechos, pues no los tendría. Bastaría llamarle a la sala de vistas diciendo: ¡Que pase el condenado!

Alfredo de Diego Díez es miembro de la asociación de jueces Foro Judicial Independiente

Emma Watson’s Feminist Book Club Has Begun

 POR 

Emma Watson, Embajadora de Buena Voluntad de la ONU y fundadora del club de lectura.
Fotografía de GERARD JULIEN/AFP/Getty Images

El mes pasado, Emma Watson anunció que lanzaría un club de lectura llamado Our Shared Shelf : “Como parte de mi trabajo con ONU Mujeres, comencé a leer tantos libros y ensayos sobre igualdad como pude conseguir. ¡Hay tantas cosas increíbles por ahí!” escribió en Goodreads. “¡Gracioso, inspirador, triste, estimulante, empoderador! Descubrí tanto que, a veces, sentí que mi cabeza estaba a punto de explotar… Decidí comenzar un club de lectura feminista, ya que quiero compartir lo que aprendo y escuchar sus pensamientos también”. Declaró que su club de lectura feminista se reuniría en Goodreads durante la última semana de cada mes. ¿Cómo sería un club de lectura feminista “dirigido” por Emma Watson?, me pregunté. ¿En qué se diferenciaría de un club de lectura en el que no participara Emma Watson? Así que me uní.


He vivido 120 horas de Our Shared Shelf. Es viernes mientras escribo estas palabras, llevo 200 páginas del título de enero (la selección inaugural del club: My Life on the Road , de Gloria Steinem). Admito que era escéptica cuando oí por primera vez que Hermione Granger iba a lanzar un club de lectura feminista. Está, por supuesto, la inevitable aunque despreocupada combinación de las loables creencias de Watson con su marca personal. ("Como parte de mi trabajo con ONU Mujeres...") Pero también: ¿Qué es un club de lectura feminista y en qué se diferencia de un club de lectura normal? Sabemos que las mujeres leen más que los hombres . Que nuestra cultura condiciona a las mujeres a expresarse, debatir y colaborar más que los hombres. El acto de consumir literatura y luego charlar sobre ella, con un Merlot en la mano, ya parece estar codificado como femenino, a pesar de la considerable cantidad de hombres que asisten a clubes de lectura. Entonces, ¿sería un club de lectura feminista, como un anticlub de lectura? ¿Un club de lectura en el que las mujeres gritan sus opiniones tan fuerte y desagradablemente como pueden mientras vuelcan el plato de quesos?