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Junts y Bildu se unen para "liquidar" a Pedro Sánchez y, por odio, a España.


Ningún español pone en duda que ideológicamente, Puigdemont y Otegi son, totalmente, contrarias, sólo les une el odio a España, a la democracia y hasta el oxígeno que necesitamos para respirar. El objetivo objetivo principal no es otro que la independencia de Cataluña y el País Vasco y, de paso, la aniquilación de la Constitución del 78. Y, ahora, esencialmente son aliados especiales de Pedro Sánchez, por apoyar su investidura y sostener con sus escaños a su Gobierno. A cambio, el presidente ha cumplido todas sus exigencias, a pesar de ser tan estrafalarias como ilegales. Pero no les basta.

Puigdemnont y Otegui traman aprovecharse de la extrema debilidad parlamentaria del Gobierno después de más de 100 derrotas en el Congreso para cumplir todos sus objetivos, que como decíamos, el principal es la independencia que ya rozan con los dedos después de las muchas concesiones de Pedro Sánchez con el carrusel de traspasos de competencias a Cataluña y al País Vasco; incluso a Navarra.

Bildu ha sido hasta ahora el gran aliado del Gobierno. A cambio, las exigencias de los herederos de ETA se han cumplido a rajatabla. Además de elaborar en su totalidad o apoyar muchas de las propuestas legislativas de Sánchez en el Congreso, el traspaso de las competencias de Instituciones Penitenciarias al País Vasco ha servido para que buena parte de los asesinos de la banda terrorista sean excarcelados y, después, homenajeados por sus compañeros de fechorías. También la Guardia Civil acaba de perder las competencias de Tráfico en Navarra y, pronto, la Benemérita será expulsada totalmente de la Comunidad foral y del propio País Vasco.

Pero Junts ha conseguido acercar aún más a Cataluña a la independencia con el traspaso de competencias del Estado como la inmigración, el control de fronteras y la soberanía fiscal, además de indultar a los golpistas y amnistiar a Puigdemont, pero con tanta torpeza que todavía no se le puede aplicar la medida de gracia. Los éxitos del prófugo de Waterloo son, por ello, el ejemplo a seguir por Otegui, el que fuera condenado y encarcelado por terrorista.

Poco ha trascendido de la reunión entre Puigdemont y Otegui. Se han limitado a difundir un comunicado ambiguo en el que “ se comprometen a seguir trabajando sin descanso para que los derechos políticos, culturales y lingüísticos del pueblo vasco y del pueblo catalán sean reconocidos y garantizados" en el “nuevo contexto geopolítico”.

Pero resulta evidente que lo que de verdad buscan Puigdemont y Otegui es seguir exprimiendo a Sánchez hasta la última gota a cambio de mantenerlo en La Moncloa. Saben que pueden lograr lo imposible, la independencia casi absoluta de Cataluña y el País vasco, si convencen al presidente de estar dispuestos a complacerlo en su verdadero propósito que no es otro que amarrar el poder, al menos hasta el final de la legislatura en 2027. Hay que esperar acontecimientos. Pero una alianza entre Bildu y Junts podría ser la tabla de salvación de Sánchez en esta legislatura y la aniquilación total de la Constitución.

El secretario general de UGT, Pepe Álvarez se reunió el Lunes pasado con Carles Puigdemont en Waterloo. ¿para qué?


El secretario general de UGT, Pepe Álvarez, valoró este lunes la reunión mantenida este lunes con el presidente de Junts, Carles Puigdemont
El secretario general de UGT, Pepe Álvarez, valoró este lunes la reunión mantenida este lunes con el presidente de Junts, Carles Puigdemont | EFE

Pepe Álvarez, líder de UGT, sindicalista vertical o cervical, con escayola de bufanda como un poeta de fritura o de rotonda, se ha ido a Waterloo a ver a Puigdemont, al que hay que cuidar y camelarse como a una novia de la mili, entre un tren y otro tren y entre un resfriado y otro resfriado. Pepe Álvarez, con homenaje de moquita (el frío de los enamorados es como el diamante de fidelidad que llevan en la nariz) o con homenaje de mostachón de Utrera (esa hambre de la mili que parecen tener y transmitir los sindicalistas), dicen que ha ido a negociar con Puigdemont la reducción de la jornada laboral, aunque no sabemos del todo en nombre de quién. Estos sindicatos de clase hace mucho que no representan a los trabajadores, sino a su partido, ni tampoco a ninguna clase, salvo la propia clase de los sindicalistas, que son como la aristocracia del tajo, con diván y arpa al lado de la fresadora. Así que Álvarez, con su cestillo de propuestas como de dulce de membrillo, sólo puede representar a Sánchez. Es como si hubiera ido Sánchez disfrazado de la mora Azofaifa con mucho velo y pestañeo, que no sé por qué a Sánchez le dan aún como vergüenza estas negociaciones y estos amoríos.

Pepe Álvarez, que con la paz social puede dejar a sus trabajadores, muy satisfechos del paraíso sanchista, para llevar a Puigdemont anillos, tartas y vacadas de novia rural

Sánchez depende de quien depende y besa los grandes pies de hermanastra de cuento a quien se los besa, ya lo sabemos. Pero se empeña en disimular y manda a cualquier otro a coger el tren de los enamorados y las pulmonías de los enamorados, mientras Puigdemont recibe como entre visones y bañeras de patas. Antes, por ejemplo, iba Santos Cerdán, con su cosa de tratante de ganado aterido de trashumancia y oloroso de quesos, que le ponía a la cosa interés y romanticismo prácticos de dineros y tierras, como un granjero que busca novia. Pero Santos Cerdán ya empieza a chamuscarse un poco en la pira de Aldama, donde van cayendo todos igual que en el infierno indiscriminado de los pistoleros del Oeste. Mientras, ya va yendo a Waterloo Pepe Álvarez, que con la paz social puede dejar a sus trabajadores, muy satisfechos del paraíso sanchista, para llevar a Puigdemont anillos, tartas y vacadas de novia rural.

Pepe Álvarez se fue a Waterloo a ver a Puigdemont y hasta se quitó la bufanda, que no es ya como quitarse el sombrero sino como quitarse el corsé. Pepe Álvarez con canalillo a mí me parece la rendición total del sanchismo, o el truco final del sanchismo, que puede que intente ganar tiempo ante Puigdemont enseñándole carne de sindicalista como carne de cupletera. A Puigdemont le importa poco ahora la jornada laboral, igual que el arpa partidista con la que los sindicalistas han sustituido la armónica obrera, el blues del paro y el botellín. A Puigdemont le interesan la pela y la republiqueta, así que algo de eso tendrá que llevar Álvarez o no hubiera atravesado Europa despechugado como Lorenzo Lamas, con los Pirineos en el bigote y el martillito sindical metido en manteca solidificada. Yo creo que Sánchez no le manda a Puigdemont una oferta sino un acercamiento o una sumisión simbólicos, y nada puede representar esto mejor que el acercamiento y la sumisión del sindicalismo a los intereses y la agenda partidistas. Mandarle a Pepe Álvarez es como mandarle a una geisha con camisa de franela.

 

Sánchez creo que se da por satisfecho mandando emisarios a Puigdemont, que parece devolverlos con la cabeza cortada y envuelta en su propio turbante. Igual que a Puigdemont no le importa ahora la jornada laboral, a Sánchez tampoco le importa mucho Puigdemont cuando se le están apareciendo jueces como cuervos de Poe. Sánchez intenta mantener la ficción del diálogo e incluso el ritual de la sumisión, mandando a esos socialistas disfrazados de dependiente de zapatería (Santos Cerdán tenía algo de eso delante de Puigdemont, probándole los zapatones de hermanastra de cuento), o mandando a estos sindicalistas disfrazados de jubilado con los bolsillos llenos de caramelos de café con leche. O es que quizá Sánchez empieza a quedarse sin personal y ha tenido que mandar a Pepe Álvarez como lo único que tiene ya, allá en el fondo del armario, con las bufandas despeluchadas, las zapatillas calentitas y las gorras de cuadros de los regalos navideños.

Pepe Álvarez, sindicalista de pancarta atornillada por el PSOE y de falso o incongruente obrerismo dandi, como un albañil con fular, se ha ido a Waterloo a ver a Puigdemont, o a convencer a Puigdemont, o sólo a fingir ante Puigdemont en nombre de Sánchez. Sánchez ahora sólo finge, finge seguir haciendo política, o compraventa, o lo que él haga. Finge hasta con Puigdemont y ya no sabe qué mandarle o con qué distraerlo, hasta que cae en mandar a un sindicalista misionero que parezca un cura celestino. Sánchez ya sólo finge, mientras sólo piensa en si los jueces irán a por él un día, como la Santa Compaña, para darle un final como de don Giovanni, de seductor disoluto arrastrado al infierno por sombras vengadoras.

Quizá no es que a Sánchez le dé pudor ir hasta Waterloo a besar él mismo esos pies peludos de novia antigua, rural y con dote de Puigdemont, o que no tenga a nadie más para hacerle de Cyrano o de Leporello con los amoríos de sus socios. Quizá Sánchez sólo aguanta o espera tiritando en posición fetal, sin saber muy bien qué hace el resto del tiempo. Lo mismo podría haber mandado a Begoña a Waterloo que haber mandado a Pepe Álvarez a dirigir una cátedra sobre el pico y la pala. Sánchez ya sabe que no caerá precisamente por Puigdemont y Puigdemont empieza a darse cuenta de que no se salvará por Sánchez. Lo demás es distracción, sollozo, agonía y pelusa.

 


España, no puede depender de la voluntad de dos en manos de un tramposo tahúr y de un prófugo: Pedro Sánchez y Puigdemont

La Polémica Negociación entre PSOE y Junts: ¿Un Saludo o Reunión entre  Sánchez y Puigdemont? – HERALDO SANITARIO y POLÍTICO – SATÍRICO DE OREGÓN

Pedro Sánchez sigue cortejando a Carles Puigdemont con la esperanza de obtener los 7 escaños de Junts para sus próximas votaciones en el Congreso; la principal, los presupuestos generales del Estado. Este jueves, se votará la senda de déficit o techo de gasto, el primer paso para aprobar las cuentas y no verse obligado a prorrogar por segunda vez los presupuestos. Y hasta Suiza se ha desplazado Santos Cerdán con una delegación socialista para convencer al golpista prófugo. De momento, con poco éxito.

La incógnita sobre los 7 escaños de Junts es el gran problema al que se enfrenta Sánchez en esta legislatura. La ley de amnistía ha sido otra chapuza legal (o ilegal) del Gobierno al no ser capaz de blindar penalmente a Puigdemont. El golpista prófugo, además, está indignado con la investidura de Salvador Illa como presidente de la Generalidad y todo indica que va a torturar al Gobierno en todas y cada una de las votaciones que se produzcan en el Congreso de los Diputados. Para empezar, votó en contra de la senda de estabilidad presupuestaria, lo que obligó al Ejecutivo a prorrogar las cuentas de 2023. Y ahora, acaba de tumbar la ley sobre la regulación de los alquileres.

Después de reunirse con la delegación socialista que viajó a Suiza, Puigdemont ha mandado un mensaje desconcertante:”Nuestra vocación política –ha dicho- no es dar estabilidad ni desgastar a nadie. Nuestro objetivo es defender Cataluña y los intereses de los catalanes, y quien nos ayude tendrá nuestro apoyo, sea para gobernar, sea para hacer oposición: quien haga lo contrario o quien nos engañe (o maree la perdiz), que no cuente con nosotros", ha dicho. O lo que es lo mismo, o Pedro Sánchez cumple con los acuerdos de legislatura, para empezar la aplicación de la ley de amnistía, o Junts puede seguir apoyando las propuestas del PP y provocar más derrotas parlamentarias del Gobierno, que ya lleva 35 en esta legislatura.

La tragedia de Pedro Sánchez se llama Puigdemont. Creía que podía contar con sus 7 escaños durante la legislatura, pero el prófugo de Waterloo no está dispuesto a apoyar al Gobierno hasta que la ley de amnistía le conceda la inmunidad absoluta. Y eso, como poco, tardará un año largo. El presidente está pagando caro su gran error: haber fiado la estabilidad de la legislatura a una ley chapucera y al golpista prófugo. Y, por eso, el futuro de España está en manos de dos tahúres de la política.

....Y van seis años con Sánchez de dueño del Gobierno....La derecha dividida....los ultras avanzan....el mundo civilizado deshumanizado Y CADA VEZ MÁS EMPOBRECIDO........

AQUEL ABRAZO PACTADO O EL PRINCIPIO DEL FIN.

 El abrazo de Sánchez e Iglesias

Pedro Sánchez aterrizó en la Moncloa el 2 de junio de 2018 gracias a una moción de censura al Ejecutivo de Mariano Rajoy. Entonces, el PSOE contaba con tan solo 84 diputados en el Congreso y necesitó el apoyo de Podemos, ERC, el PDecat, el PNV y Bildu. Con ese panorama el líder de los socialistas configuró un Gobierno «dispuesto y preparado para hacer de España un país mejor» tal y como él mismo afirmó.

Sánchez –que en su primera entrevista como jefe del Ejecutivo desveló su intención de agotar la legislatura– adelantó las elecciones generales porque el Congreso había rechazado su proyecto de Presupuestos. De esta manera, se produjeron los comicios del 28 de abril de 2019, donde el PSOE logró 123 diputados, el PP 66, Ciudadanos 57 y Podemos 42. Esa noche electoral los simpatizantes socialistas le cantaron «con (Albert) Rivera no», ya que ambas formaciones sumaban mayoría absoluta. No obstante, Sánchez dictaminó que «nosotros no vamos a poner cordones sanitarios»

Ciudadanos se mantuvo en su 'no' a Sánchez hasta que, tras una investidura fallida, en septiembre de ese año ofreció una abstención in extremis para que el líder del PSOE continuara en la Moncloa; aunque la propuesta fue rechazada y se convocó una repetición electoral el 10 de noviembre de 2019. En esta época, Sánchez proclamó –durante una entrevista en la La Sexta– que sería «un presidente del Gobierno que no dormiría por la noche, junto con el 95 % de los ciudadanos que tampoco se sentirían tranquilos,» si hubiera configurado un Ejecutivo de coalición con Podemos.

Dos días después de estos comicios –donde los socialistas ganaron 120 representantes en la Cámara Baja mientras que Podemos cosechó 33– el PSOE y los 'morados' firmaron un principio de acuerdo, conocido como el pacto del abrazo, con el que Pablo Iglesias se convirtió en vicepresidente del Gobierno y su formación obtuvo cuatro ministerios. Para poder seguir en la Moncloa Sánchez necesitó la abstención de ERC y de Bildu, y el 'sí 'del PNV, el BNG y los izquierdistas de Nueva Canarias.

El 14 de octubre de 2019 el Tribunal Supremo dictaminó la sentencia del procés, y ese mismo día Sánchez señaló que «quiero manifestar el absoluto respeto y el acatamiento de la misma por parte del Gobierno de España»; lo que implicaba cerrar la puerta a los indultos. «Como corresponde a un Estado social y democrático de derecho como el español, el acatamiento significa su cumplimiento. Reitero, significa su íntegro cumplimiento. Y es que todos los ciudadanos somos iguales ante la ley», añadió.

Por su parte, durante un debate electoral de noviembre de 2019 el secretario general de los socialistas le espetó al entonces presidente del PP «a ustedes, señor Casado, se le fugó Puigdemont, y yo me comprometo, hoy, aquí, a traerlo de vuelta a España y que rinda cuentas ante la Justicia».

Sin embargo, en junio de 2021 –con un Parlamento muy dividido donde el PSOE necesitaba el apoyo de ERC para sacar adelante las cuentas públicas– el Gobierno firmó los indultos a los secesionistas que materializaron el procés por, según Sánchez, una cuestión de «utilidad pública» y dado que era la mejor decisión «para España y la más conforme con el espíritu de convivencia y concordia de la Constitución».

En este contexto, a finales de 2022 –por presión de los separatistas y para beneficiar a los condenados por el golpe de Estado del 1 de octubre de 2017– Sánchez modificó el Código Penal y derogó el delito de sedición y rebajó el de malversación.

El día después de la debacle del PSOE en los comicios municipales y autonómicos de mayo de 2023, Sánchez convocó elecciones generales para el mes de julio. Durante esa campaña justificó en una entrevista radiofónica en Atresmedia que él no miente, sino que «cambia de opinión». Igualmente, 48 horas antes de los comicios expresó que «el independentismo pedía la amnistía, piden un referéndum de autodeterminación, no han tenido amnistía, no hay un referéndum de autodeterminación, ni lo habrá».

No obstante, a pesar de haber perdido las últimas elecciones, el presidente del Gobierno pactó con partidos nacionalistas y separatistas aprobar una ley de amnistía «para procurar la plena normalidad política, institucional y social como requisito imprescindible para abordar los retos del futuro inmediato», tal y como señaló su acuerdo con Junts. Finalmente, la polémica medida de gracia salió adelante el pasado mes de mayo con los votos del PSOE, Sumar, ERC, Junts, Bildu, el PNV, Podemos y el BNG.

Ahora, Sánchez ha encontrado un escollo en la formación que lidera el prófugo Carles Puigdemont, que, a pesar de que se comprometió a traerlo de vuelta a España para que rindiera cuentas ante la Justicia, dio un mitin en Barcelona el pasado 8 de agosto. Esta última semana el partido secesionista le ha hecho dos desaires al jefe del Ejecutivo votando en contra de sus propuestas en el Parlamento; lo que implica, aún más, una mayor inestabilidad en su precario Gobierno.

Pedro Sánchez, singular.

 

La singularidad es Sánchez

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante un acto político en Barcelona para las elecciones europeas
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante un acto político en Barcelona para las elecciones europeas | 

Cataluña necesita una financiación singular porque Sánchez necesita un apoyo singular, y ésa es toda la singularidad de la situación, la singularidad de Sánchez, que parece un oscuro concepto cosmológico y casi lo es. En la singularidad de Sánchez, como en las singularidades de los agujeros negros o del Big Bang, todas las leyes conocidas fallan y sólo nos queda la superstición de admitir la mano caprichosa y meticona de un Ser Supremo (universal o monclovita), o la paciencia y la sabiduría para tratar de remediar nuestra ignorancia y nuestro desconcierto. Como el PSOE es ahora sólo una iglesia de Sánchez, una cienciología de guapo bien encuadernado, hay que creerse que la necesidad de Sánchez es necesidad nacional, o universal, o moral incluso. Hasta Illa ha salido como un cura de la antigua Convergencia, como un meritorio del Ensanche, como un yerno de Pujol, con la vieja teoría de la pela sisada, de que España les roba, y con que la financiación singular no es privilegio sino “justicia”. Justicia divina, diría yo, porque sólo los dioses se atreven a hacer equivalentes la justicia y la arbitrariedad.

La singularidad de Sánchez será la singularidad de ERC si Sánchez necesita a ERC (será hasta la guapura de ERC, que Sánchez ahora piropea a ERC como a una suegra ante la mesa navideña). Y será la singularidad de Puigdemont si Sánchez necesita a Puigdemont. Y si piensan ustedes que son incompatibles o contradictorias es que no entienden el propio concepto de singularidad sanchista. Es la singularidad de Sánchez, no de ERC, ni siquiera de Illa, que es como una sombra chinesca hecha con sus propias mangas colgonas, la que nos ha llevado de nuevo a la pela. Puede parecer que es como volver al pueblo después de un viaje interestelar, muchas generaciones después, pero en realidad no es que hayamos vuelto a la pela, o a Pujol, o a un yerno de Pujol cruzado con yerno de Tarradellas. Lo que tiene la singularidad de Sánchez es que permite viajes de ida y vuelta al pasado, y así uno puede pasarse un momento por la castiza pela para luego retomar la agenda del referéndum y la autodeterminación, que, total, la singularidad lo aguanta todo.

La pela ahora no financia paz, aquella burguesa paz pujoliana de buenas cortinas y buenas maneras, sino que sigue financiando la independencia, o sea que no se trata de la concordia sino del recochineo. Y es que la singularidad de Sánchez es elástica e ilimitada, y sus socios pueden seguir pidiéndole deseos empujados por la avaricia, la melancolía, la venganza o hasta el humor, que un día le exigirán a Sánchez que aparezca por el Congreso vestido de torero o de Tejero y Sánchez lo hará. Han tenido indultos y amnistía, pronto tendrán la pela singular, icónica, sagrada, evangélica, como treinta monedas de plata, y luego tendrán el referéndum. Pero mientras, para que no cese la diversión ni surja la disputa en la mesa del gran banquete, Sánchez les va cubriendo además de halagos exagerados y dóciles, como un bufón enjaezado de cascabeles o quizá sólo de huesos de pollo arrojados a la cabeza.

Yo no sé si ha sido María Jesús Montero o Marta Rovira la que ha inventado eso de la “financiación singular”, que está entre el eufemismo y el eslogan veraniego

En su última entrevista, dentro de la gira que está haciendo Sánchez en triclinio o en parihuela (Sánchez es como un presidente de Astérix), esta vez para La Vanguardia, no sólo alabó a ERC como un partido “grande, con raíces”, sino que saltó en tremenda y artística cabriola para decir de Pere Aragonès nada menos que “sin su liderazgo y su compromiso no habría indultos ni amnistía”. Sí, esto es exactamente como si un director de banco sale diciendo que sin el liderazgo y el compromiso del atracador no habría atraco. Tendríamos que hablar de síndrome de Estocolmo, de complejo de tío Tom, de dislocación mandibular o de fractura lumbar, si no fuera por la singularidad de Sánchez. En la singularidad de Sánchez no hay mentiras ni humillaciones, no hay coste ni vergüenza, no hay pasado ni futuro, no hay ni siquiera causa y consecuencia más allá de su inefable voluntad.

La singularidad es Sánchez, todas nuestras leyes, toda nuestra comprensión de la política y la lógica fallan al llegar a él, y el universo se derrumba sobre sí mismo. Yo no sé si ha sido María Jesús Montero o Marta Rovira la que ha inventado eso de la “financiación singular”, que está entre el eufemismo y el eslogan veraniego, entre la originalidad violentada de lo que ya no puede ser original, como los anuncios de cerveza, y el intento de que no se hagan comparaciones con la otra singularidad vasca, hermana y sin embargo rival. Pero haya salido de la nueva lideresa de ERC, que viene con autoridad y bisbiseo de monja misionera, o haya salido de la máquina de palabros, churros y peinetas de la Moncloa, ése es el concepto que acota a Sánchez.

La singularidad es Sánchez, algo que quiebra el universo o la política como los conocemos y sólo nos deja la religión o el desconcierto. Ya hubo amnistía, va a haber pela y habrá referéndum, todas ellas cosas singulares, y más que todavía se pueden inventar. Los indepes van a pedirlo todo y van a tenerlo todo, y no se preocupen por las contradicciones, que ni ellos ni Sánchez pueden esperar a la siguiente singularidad cósmica. La verdad es que, probablemente, la singularidad no existe, e incluso dentro de los agujeros negros, entre encarnaciones de universos o incluso en el sanchismo, todo transcurre suavemente, según unas leyes que, simplemente, aún no conocemos. Eso sí, por lo que vamos desentrañando de Sánchez, lo más probable es que todo continúe así, con inexplicable y aparente caos pero secreta suavidad, y no que veamos estallar la legislatura como un Big Bang de puro petardeo. Ni siquiera, diría yo, con un sonoro y cósmico begoñazo.

Álvaro Redondo, el fiscal que eliminó el terrorismo de Tsunami catalán, ocupa la plaza de investigada Lola Delgado. "GOLPE DE ESTADO A LA JUSTICIA"

 Quién es Álvaro García Ortiz, el hombre fuerte de Sánchez para apuntalar la  Fiscalía General del Estado? - España - COPE

El fiscal que eliminó el terrorismo de Tsunami, candidato a la primera plaza que el Supremo anuló a Delgado

Alvaro Redondo, el fiscal que modificó el informe de la calificación jurídica de Tsunami, eliminando el terrorismo que ha llevado a procesar a Puigdemont, uno de los mejor posicionados para el puesto


Con un único punto en el orden del día, el Consejo Fiscal se reunirá este miércoles para informar sobre los candidatos a fiscal de Sala Togado de lo Militar del Supremo (TS) después de que, hace cosa de un mes, el Gobierno ejecutara la sentencia con la que el propio Alto Tribunal anuló el ascenso de Dolores Delgado para dicho cargo. Está previsto que ese día el fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, presente su propuesta para cubrir la misma plaza vacante que asignó a su prededesora en el cargo, incurriendo en una «desviación de poder» declarada apenas unos días antes de que el Ejecutivo de Pedro Sánchez le renovase como máximo titular de la Carrera.
 
Según ha podido adelantar El Debate, uno de los favoritos en la propuesta de García Ortiz para cubrir la plaza ahora vacante, es el fiscal Álvaro Redondo, quien protagonizó una sonora polémica cuando decidió modificar su informe inicial sobre la causa de Tsunami que ha llevado a Carles Puigdemont a ser investigado en el Supremo, eliminando en cuestión de horas el terrorismo inicial que incluía en el dictamen original de 63 páginas, tras recibir una llamada del fiscal general.
Un total de diecinueve fiscales de los veinte que concursaron inicialmente al puesto, ya que en esta ocasion no podrá incluirse a Dolores Delgado, volverán al momento en el que García Ortiz analizó sus perfiles –con el Pleno del máximo órgano consultivo de la institución– para justificar su propuesta de uno de ellos a la vacante que se mantiene en la Sala Quinta.
 
Entre los mejor posicionados, dos de los fiscales con mayor antigüedad de la Carrera, Álvaro José García Barreiro y María Ángeles Montes Álvaro, ambos fiscales del Supremo con los número 6 y 7, respectivamente, del escalafón. También estará el fiscal Luis Rueda García quien, junto con dos de las principales asociaciones de la profesión, recurrió al Supremo para que revisase las razones que llevaron al jefe de la fiscalía a anteponer a su amiga y mentora Dolores Delgado, cuando había opciones que se ajustaban mejor al cargo disponible.

Vuelta a la casilla de salida

La fiscal jefa inspectora María Antonia Sanz Gaite convocaba al órgano consultivo del Ministerio Público «con el fin de dar cumplimiento al trámite de informe» previsto en su Estatuto Orgánico, «en cumplimiento de lo ordenado por la sentencia del 21 de noviembre de la Sala Tercera del Tribunal Supremo».
La convocatoria tiene lugar después de que el pasado 10 de abril el Boletín Oficial del Estado (BOE) recogiera la disposición del Gobierno por la que se ejecutó la sentencia que anuló el nombramiento de Delgado como fiscal togada, que supuso su ascenso a la máxima categoría fiscal.
El Alto Tribunal adoptó tal decisión al estimar en parte el recurso presentado por el que fuera teniente fiscal del Tribunal de Cuentas Luis Rueda. Además de anular el nombramiento, ordenó retrotraer las actuaciones «al momento inmediatamente anterior a la propuesta del fiscal general del Estado al Consejo de Ministros para la cobertura de la plaza» de fiscal de la Sala Togada del Supremo.
Así las cosas, está previsto que el Consejo Fiscal cumpla con dicha parte de la sentencia este miércoles y regrese a la casilla de salida para informar de los solicitantes al cargo.

 

La amnistía que condujo a la Guerra Civil

La amnistía que condujo a la Guerra Civil

La amnistía que condujo a la Guerra Civil

Se ha incidido poco en la importancia y consecuencias que tuvieron las tres amnistías concedidas en los años treinta.
 

La Restauración (1874-1931) y la Segunda República (1931-1936) fueron regímenes donde abundaron las amnistías y los indultos, para conspiradores, terroristas, delincuentes políticos y delincuentes sociales, a pesar de los daños y el dolor que hubieran causado.

Por ejemplo, en 1911 una horda movida por la CNT tomó el pueblo valenciano de Cullera y linchó al juez de Sueca y a dos funcionarios de su juzgado que trataron de sofocar el motín. Los criminales fueron detenidos y condenados por la jurisdicción militar, pero una campaña de las izquierdas dentro y fuera de España llevó al Gobierno liberal de José Canalejas a indultarles, con la excepción del cabecilla, que había matado al juez a hachazos. A éste lo indultó personalmente el rey Alfonso XIII. Y a las viudas y huérfanos, una plaquita y para casa.

Por eso, se hablaba de la “peste de los indultos”. Porque dejaba impunes las muertes de ciudadanos o de humildes funcionarios y, a la vez, animaba a los delincuentes a repetir sus actos, sobre todo cuando las acciones políticas pasaron, de ser cuartelazos y manifiestos, a atentados, descarrilamientos de trenes y bombas contra procesiones.

Una de las escasísimas lecciones de nuestra historia contemporánea que incorporó la Constitución de 1978 fue la prohibición de las amnistías y los indultos generales, quizás porque ya no eran necesarias merced a la invención del Tribunal Constitucional, cuyos miembros son nombrados todos por instancias políticas. Fuera por el disimulo o fuera por el escarmiento, los constituyentes dejaron claro su repudio a unas instituciones jurídicas que convertían a los políticos y los terroristas en grupos privilegiados por encima del Código Penal, se burlaban de los tribunales de verdad y desmoralizaban a la sociedad.

Ahora que el principal partido de España, el PSOE, está dispuesto a conceder una ley de amnistía a los sediciosos catalanistas a cambio de recibir sus votos en el Congreso para hacer presidente a su secretario general, conviene recordar las consecuencias que tuvieron otras amnistías en el siglo XX. La más destacada de aquellas fue la de no disuadir a los beneficiarios de no volver a cometer los actos que el régimen les había perdonado hasta el extremo de borrarlos.

EL GOBIERNO PERDONA A QUIENES ATACAN AL PUEBLO

El PSOE y la UGT convocaron en agosto de 1917 una huelga revolucionaria que pretendía derrocar la Monarquía parlamentaria y contaba con el respaldo de varios partidos políticos, en concreto de los republicanos y los catalanistas ‘moderados’ de Francesc Cambó, más la CNT anarquista. En la huelga murieron más de 70 personas. Los miembros del comité de huelga, los socialistas Julián Besteiro, Daniel Anguiano, Andrés Saborit y Francisco Largo Caballero, fueron condenados a cadena perpetua.

El PSOE, dirigido por Pablo Iglesias, se sentía tan orgulloso de lo hecho que incluyó a los condenados en las listas para las elecciones de febrero de 1918 y salieron elegidos diputados. Las Cortes aprobaron en mayo una amnistía que les permitió sentarse en sus escaños.

Para los implicados en esa acción violenta contra un régimen democrático, todo fueron beneficios. El socialista Largo Caballero fue nombrado por real orden de 1924 miembro del Consejo de Estado; el republicano Alejandro Lerroux alcanzó la presidencia del Gobierno en 1933; y el catalanista Cambó obtuvo un puesto en el consejo de ministros en marzo de 1918.

TRES AMNISTÍAS EN CINCO AÑOS

Uno de los primeros actos del Gobierno Provisional de la Segunda República, en abril de 1931, consistió en promulgar un decreto que concedía una amnistía a los condenados o procesados por “delitos políticos, sociales y de imprenta”, ya que se les atribuía como causa un “elemento de elevada idealidad”. Entre los liberados, aparte de miles de ladrones, estafadores, violadores y homicidas, estuvieron los dos terroristas anarquistas que habían asesinado en 1921 al conservador Eduardo Dato, presidente del Gobierno.

Las Cortes de mayoría derechista aprobaron la Ley de 24 de abril de 1934 que amnistiaba a los implicados en el pronunciamiento del general Sanjurjo, en agosto de 1932, a los funcionarios que había excluido el decreto del Gobierno Provisional y a sindicalistas implicados en huelgas y paros laborales. Durante los debates, algunos diputados de las derechas recordaron la amnistía de 1918 concedida a los huelguistas de 1917.

Así, pudo regresar a España José Calvo Sotelo, al que se le había condenado a doce años de cárcel por haber aceptado el nombramiento de ministro en el Gobierno del general Primo de Rivera. Sanjurjo salió de la cárcel, pero no pudo reincorporarse el Ejército, por lo que se estableció en Portugal y allí se dedicó a conspirar. Si esto último lo habían hecho Niceto Alcalá-Zamora, Indalecio Prieto, Alejandro Lerroux y Miguel Maura, ¿por qué no podía hacerlo él?

La represión de la revolución de octubre de 1934 llenó las cárceles de implicados, ya que el PSOE, la UGT y ERC (todas ellas organizaciones existentes hoy) habían planeado el golpe de Estado como una guerra civil, para la que habían elaborado hasta listas negras de personas a las que detener y asesinar. Fue el caso del diputado tradicionalista Marcelino Oreja Elósegui, tiroteado en la casa del pueblo de Mondragón.

La de 1934 se trató de la sublevación marxista mejor preparada en Europa desde el golpe de estado bolchevique de 1917, pero que no tuvo un castigo ni cercano al de la Comuna de París de 1871 ni el levantamiento espartaquista (comunista) alemán de 1919.

La coalición del Frente Popular, formada por republicanos burgueses y los partidos de izquierdas marxistas (PSOE, PCE, POUM y el Partido Sindicalista) planteó como primer punto de su programa una nueva amnistía, la tercera en menos de cinco años de régimen republicano.

“Como suplemento indispensable de la paz pública, los partidos coaligados se comprometen: 1) A conceder por ley una amplia amnistía de los delitos político-sociales cometidos posteriormente a noviembre de 1933, aunque no hubieran sido considerados como tales por los Tribunales.”

La misma noche del 16 de febrero las izquierdas comenzaron los disturbios y las algaradas. Su prensa y sus dirigentes se atribuyeron la victoria mientras el recuento no había terminado. La violencia fue de tal intensidad que el 19 de febrero el centrista (republicano y masón) Manuel Portela Valladares, al que Alcalá Zamora había nombrado presidente sin ser siquiera diputado, se negó a decretar el estado de guerra para tratar de detener los disturbios y dimitió. Muchos de los gobernadores civiles nombrados por él, huyeron. En algunas ciudades, la chusma socialista (totalmente organizada) forzó la apertura de las cárceles.

SUBVERSIÓN MEDIANTE DECRETOS

El intrigante Alcalá Zamora, que había disuelto las Cortes para no tener que nombrar a José María Gil Robles presidente del Gobierno, tuvo que llamar, de manera ilegal, a Manuel Azaña. Éste formó un Gobierno con ministros burgueses y chantajeó a las derechas para que en la Diputación Permanente aprobasen una rápida amnistía a fin de calmar a las masas. Un ejemplo claro del juego del policía bueno y el policía malo.

Se convocó a toda prisa una sesión especial de la Diputación Permanente mediante telegrama para el 21 de febrero y por unanimidad de los diputados presentes aprobaron, también de manera ilegal, la amnistía general para todos los acusados o encarcelados por “delitos políticos y sociales” desde las elecciones de noviembre de 1933, incluidos los acusados de asesinatos políticos. Se liberaron unos 15.000 presos, muchos de ellos pistoleros encallecidos.

A continuación, el Gobierno disolvió la mitad de los municipios españoles y nombró comisiones gestoras. Los republicanos burgueses de izquierdas pasaron a desempeñar los gobiernos civiles, mientras que los socialistas y los comunistas se hicieron con los ayuntamientos.

La violencia no se detuvo, porque ese era el plan del Frente Popular. Así lo describió Alcalá Zamora en sus memorias:

“La prensa de izquierda muestra con insensato rencor que la amnistía no la concibe como tregua y sí como una fase más de la guerra civil. A la hora misma en que obtiene la impunidad para los suyos, y procurara extenderla a los crímenes comunes con el pretexto de ser conexos, pretende que se castigue severamente a Gil-Robles y a Salazar Alonso.”

Además, sigue contando Alcalá Zamora, el Frente Popular procedió a la depuración de policías y otros funcionarios.

En la revolución de octubre desencadenada por las izquierdas, murieron, según la Dirección General de Seguridad, 1.335 personas y fueron heridas 2.951. Las investigaciones posteriores han elevado un poco esos números. La amnistía dejó impunes esos delitos.

Y el Frente Popular añadió la humillación a las víctimas, pues un decreto del 28 de febrero ordenó la reincorporación a sus puestos de todos los obreros despedidos por su implicación en la huelga revolucionaria o su dedicación a la subversión, así como el abono de una indemnización. En consecuencia, las empresas donde los pistoleros afiliados a la UGT habían matado a propietarios o a directivos tuvieron que convivir con esos asesinos engreídos. Azaña, escribió Alcalá Zamora, sabía que semejante decreto era ilegal, pero se justificó ante él con que era imprescindible para mantener el orden público.

El 1 de marzo, un nuevo decreto del Gobierno de Azaña canceló las consecuencias del golpe sedicioso de la Esquerra en Cataluña: repuso en sus funciones al Parlamento regional suspendido y a Lluís Companys, condenado por el Tribunal Supremo a treinta años de cárcel, en su puesto de presidente de la Generalidad.

LOS ASESINOS DE CALVO SOTELO

La amnistía del Frente Popular también benefició a los militares que se habían unido al golpe de estado de las izquierdas. Uno de ellos fue el oficial de la Guardia Civil Fernando Condés Romero. En octubre de 1934, él y otros compañeros y militares intentaron apoderarse del Parque de Automóviles de la Guardia Civil, en Madrid, pero fueron rechazados. Se le juzgó y se le expulsó de la Guardia Civil. La amnistía le devolvió el uniforme y el servicio.

La noche del 12 al 13 de julio de 1936, Condés encabezó el comando terrorista formado por pistoleros y guardias de Asalto que detuvieron al diputado José Calvo Sotelo en su domicilio. Condés, tirando de grado y de placa, se impuso a la escolta oficial de Calvo Sotelo y convenció a éste con su “palabra de Guardia Civil” de que le iban a llevar a la Dirección General de Seguridad.

Una vez acomodados en la camioneta, se sentó detrás del diputado el socialista Luis Cuenca Estevas. Éste era un militante socialista de gatillo fácil al que su partido había desplazado a la provincia de Cuenca como ‘delegado’ del Ministerio de Gobernación para romper las urnas en las elecciones del 3 de mayo en la provincia de Cuenca. Sacó su pistola y le disparó por la espalda a Calvo Sotelo en la nuca. Cuatro días más tarde, comenzó la guerra civil.

De esta manera, encontramos a amnistiados por el Frente Popular y, antes, por la Monarquía parlamentaria en el origen de la guerra civil. Esa amnistía, en el reino de la ‘memoria histórica’, poco se ha recordado.

Y un punto en común entre los amnistiados de entonces y los que se preparan para recibirla es la falta de arrepentimiento de los delincuentes. Los separatistas que pretendieron destruir la Nación y la Constitución en 2017 han convertido en lema su grito de satisfacción “ho tornarem a fer”. De nosotros depende que la historia no se repita.

Pedro Sánchez fagocitado por Puigdemont.



El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez Europa Press/ Eduardo Parra

Todavía hay quien niega que el PSOE es el partido que mejor entiende 'las Españas' y esa cerrazón resulta incomprensible. Los socialistas guardan en el armario mil caretas y trescientos disfraces. Sus líderes podían acudir a Rodiezmo para cantar La Internacional, puño en alto, para seis meses después procesionar junto al Cristo en Toledo y, en paralelo, trasladar presos de ETA a las cárceles vascas mientras defendían la 'plurinacionalidad asimétrica' de España en Gerona y la “solidaridad interterritorial” en Córdoba. Es la fuerza política que en 2011 se puso a la cabeza de la lucha contra el tabaco por cuestiones sanitarias, pero que tiene un líder en Extremadura que, el pasado fin de semana, afirmó que, aunque fumar es malo, quien decida hacerlo... mejor que opte por producto extremeño que por el de otras latitudes, que vaya usted a saber lo que lleva.

El PSOE ha sabido cambiar de forma e incluso de color en cada uno de los territorios en los que ha querido gobernar y le ha ido bien. Ha sabido utilizar la hipocresía como nadie y eso siempre es efectivo a corto plazo, que es hasta donde suele alcanzar la memoria del votante. Es cierto que este recurso es tramposo, dado que al principio permite salir airoso a quien lo emplea, pero tarde o temprano le obliga a dar explicaciones ante quienes se sienten engañados (porque lo han sido). Pero, ante esa situación, siempre se puede recurrir a la frase que pronunció Rodríguez Zapatero hace unos meses, que venía a decir: “Quien en política no ha cambiado nunca de opinión... está a 15 minutos de hacerlo”.

Un castillo de naipes que se cae

Lo que ocurre es que los socialistas parece que han abusado en exceso de la hipocresía últimamente, así que está por ver si el castillo de naipes argumental que han construido no se derrumbará ante los fuertes vientos que azotarán el país en los próximos tiempos. Lo primero porque Pedro Sánchez ha publicitado la Ley de Amnistía como una oportunidad única para devolver a los independentistas al redil constitucional y, de ese modo, restaurar la convivencia en Cataluña. Cuando preguntaban a cualquier portavoz socialista por el oportunismo político de esa medida -que en realidad se explica en que necesita los 7 votos de Junts en el Congreso-, negaba la mayor y apelaba a abrir los ojos ante la realidad catalana, que el PSOE ha sabido entender mejor que nadie. Por tanto, lo aconsejable era el indulto, la reforma normativa sobre la sedición y la malversación... y la amnistía.

Sucede que los líderes secesionistas piensan algo muy diferente al respecto. Así lo demostraba este lunes Oriol Junqueras cuando afirmaba que, si es necesario pagar con cárcel la convocatoria de un nuevo referéndum, lo harán. El político de ERC descartaba cualquier pacto tras los comicios catalanes porque sus opositores -incluido el PSC- han sido "irresponsables y egoístas.

Sobra decir que tanto Pere Aragonès como Carles Puigdemont han subrayado en las últimas semanas que el objetivo es la autodeterminación; y que la amnistía en realidad no pone fin a ningún ciclo político. En otras palabras: la hipocresía de Moncloa no ha sido útil en este sentido. Dos partes no se reconcilian si una no desiste a la confrontación. Siempre es posible firmar la paz, pero si una de las partes no renuncia a bombardear el territorio enemigo, el acuerdo no sirve de nada.

El Gobierno ha asumido la dialéctica independentista -la del conflicto- para mantenerse en el poder y no ha conseguido gran cosa: ni el apaciguamiento, ni los Presupuestos ni la garantía de que podrá agotar la legislatura.

El muerto está muy vivo

Al contrario, todos estos ejercicios de filibusterismo y cortedad de miras han contribuido a resucitar a Carles Puigdemont, de quien llegaron incluso a recelar los actuales portavoces de su propio partido, pero que volverá -si nada falla- en los próximos meses a Cataluña con opciones incluso de ostentar un cargo en el Govern. Las encuestas muestran que el PSC ganará los comicios, pero, ¿de qué le servirá eso a Salvador Illa? Arrimadas también venció en 2017 y los independentistas se mantuvieron en la Generalitat. Además, bloquearon con su fuerza la entrada de representantes de Ciudadanos en diferentes instituciones.

¿Se necesitaban alforjas para este viaje? La propaganda gubernamental justifica la amnistía e incluso el reconocimiento de un conflicto -incluso con una pseudo-mediación internacional- porque lo contrario -dicen- es dar la espalda a la realidad catalana. Lo que ocurre es que dicha realidad no es la que han trasladado a los ciudadanos; porque si el plan pasa por aliarse con unos partidos en situación de 'rebeldía constitucional' y desarmar al Estado de derecho para combatirlos -sedición y malversación-... para no obtener a cambio la garantía de que renunciarán a la autodeterminación, entonces encontramos con que España no se ha movido del punto de partida, pero ahora cuenta con menos recursos para pugnar contra su disidencia interna.

Caretas fuera

La gran pregunta es si esa extraordinaria capacidad transformista del PSOE funcionará en los próximos meses, dado que las elecciones en Cataluña obligarán a todas las partes a quitarse las caretas. Junts y ERC tendrán que demostrar si pesan más sus diferencias cainitas que su objetivo último, que es la independencia. El constitucionalismo deberá valorar si es capaz de armar una alternativa sólida ante estos partidos. Y Pedro Sánchez... Pedro tiene una buena papeleta en Cataluña. El resultado de los comicios podría llegar a ponerle en la tesitura -todo puede pasar- de tener que apoyar un Govern independentista a cambio de mantener en Madrid los apoyos de quienes facilitaron su investidura. Es decir, el 'muerto' al que resucitó podría convertirse en su enemigo número 1. Se llama Carles.

Es de suponer también que Salvador Illa tendrá opinión en todo esto; y la forma en la que Moncloa ha insuflado oxígeno a sus enemigos durante los últimos meses debe ser, como poco, molesta. Las encuestas son positivas de momento para el PSC, pero un mal resultado en las urnas podría hacer que los socialistas catalanes se plantearan la legítima pregunta: ¿de qué ha servido esta estrategia si nos ha dejado en la estacada? ¿No habremos sido también víctimas de la hipocresía de nuestro partido?

Todas estas cosas se llevan mejor con un puesto en el Gobierno o un sillón cómodo en alguna institución. Pero, cuando el barco zozobra y el líder se desestabiliza, ya se sabe... tonto el último.

 

SÁNCHEZ FRENTE A FRENTE CON EL GOLPISTA PUIGDEMONT

 Puigdemont y su discípulo Sánchez

SÁNCHEZ FRENTE A FRENTE CON  EL GOLPISTA PUIGDEMONT



Pedro Sánchez ha anunciado que ha introducido reformas en la Ley de Amnistía para blindar sin duda los nuevos delitos, en investigación, que el Tribunal Supremo carga sobre el prófugo Carlos Puigdemont. El presidente del Gobierno necesitó los siete escaños del golpista para ser investido en el Congreso de los Diputados. Los precisa ahora para la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado. Y está claro que, genuflexo ante el rebenque secesionista, hará cuantas concesiones le exijan.

Carlos Puigdemont ha decidido regresar a Cataluña en triunfo sin pasar por el calvario de la prisión, el juicio y el indulto, tal y como ocurrió con muchos de sus compañeros. El prófugo cometió presuntamente varios delitos, entre ellos, el gravísimo de perpetrar un golpe de Estado, acompañado según investiga el Tribunal Supremo de alguna acción terrorista. Pero Pedro Sánchez ha construido un relato según el cual la Ley de Amnistía sólo pretende favorecer la convivencia nacional.

Es falso. Es una tórpida mentira. La Ley de Amnistía, en este caso, no es más que un do ut des. Yo te amnistío y tú me das siete escaños. Y además yo te amnistío redactando la ley contigo, que eres el amnistiado, para asegurarte de que quedas por completo blindado. ¡Qué vergüenza! ¡Que atentado contra la dignidad de España! ¡Qué agresión a la Justicia española, a los jueces y magistrados!

Y el relato sanchista camina hacia adelante, gracias en parte, a las torpezas de Alberto Núñez Feijóo que ha embestido la muleta tendida por el líder sanchista. No se trata de amnistía sí o amnistía no, que eso es discutible. Se trata de amnistía a cambio de siete escaños, redactándose la ley para colmo en colaboración con el que va a ser amnistiado, en una maniobra éticamente deleznable.