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Más de un millón de votos NO rogados -sin control- vienen del extranjero. El pucherazo de Sánchez está servido

Pedro Sánchez, al más puro estilo del caudillismo convocó de forma deliberada la elecciones generales el mes más vacacional y más caluroso del año para crear la distorsión que necesitaba Pedro Sánchez, claro perdedor de las autonómicas y municipales del 28 de mayo. Los principales barones del PSOE decidieron aquel domingo que el presidente era seguro perdedor en las anunciadas elecciones generales del próximo otoño. Pedro Sánchez reaccionó como una pantera de Java. De forma muy hábil desbarató a los disidentes internos convocando elecciones generales anticipadas y estableció una fecha que significaba esa distorsión electoral capaz de embarrar lo que casi todas las encuestas anunciaban. Al escandaloso desconcierto de Correos, gestionado por un íntimo de Pedro Sánchez, se une ahora la incertidumbre del voto de los españoles residentes en el extranjero, más de un millón. Antes era un voto rogado y controlado. Ahora se ha convertido en un voto no rogado y sin controlar. Difícil augurar nada razonable ante tanto despropósito. Hay una cosa clara, sin embargo. Si Pedro Sánchez fuera derrotado de forma contundente no podría continuar como secretario general del PSOE. Tendría que buscar acomodo bien en un cargo europeo, bien en un puesto internacional, bien haciendo funcionar las puertas giratorias de alguna empresa pública poderosa. Los colaboradores de Pedro Sánchez creen que el presidente del Gobierno no se merece el hundimiento personal. Piensan que el naufragio sanchista debe quedar solucionado con un cargo de relieve y bien retribuido. Y tal vez no les falta razón. En la mayor parte de las naciones, la estabilidad política se consolida buscando un reposo adecuado para el guerrero derrotado. Algunos partidarios de Pedro Sánchez piensan que el presidente puede dar la sorpresa y salir vencedor de las zarandeadas urnas del próximo domingo. Y si no fuera así, opinan que el nuevo presidente del Gobierno no debe hacer leña del árbol caído sino facilitarle una salida digna.Pedro Sánchez, al más puro estilo del caudillismo convocó de forma deliberada la elecciones generales el mes más vacacional y más caluroso del año para crear la distorsión que necesitaba Pedro Sánchez, claro perdedor de las autonómicas y municipales del 28 de mayo. Los principales barones del PSOE decidieron aquel domingo que el presidente era seguro perdedor en las anunciadas elecciones generales del próximo otoño. Pedro Sánchez reaccionó como una pantera de Java. De forma muy hábil desbarató a los disidentes internos convocando elecciones generales anticipadas y estableció una fecha que significaba esa distorsión electoral capaz de embarrar lo que casi todas las encuestas anunciaban. Al escandaloso desconcierto de Correos, gestionado por un íntimo de Pedro Sánchez, se une ahora la incertidumbre del voto de los españoles residentes en el extranjero, más de un millón. Antes era un voto rogado y controlado. Ahora se ha convertido en un voto no rogado y sin controlar. Difícil augurar nada razonable ante tanto despropósito. Hay una cosa clara, sin embargo. Si Pedro Sánchez fuera derrotado de forma contundente no podría continuar como secretario general del PSOE. Tendría que buscar acomodo bien en un cargo europeo, bien en un puesto internacional, bien haciendo funcionar las puertas giratorias de alguna empresa pública poderosa. Los colaboradores de Pedro Sánchez creen que el presidente del Gobierno no se merece el hundimiento personal. Piensan que el naufragio sanchista debe quedar solucionado con un cargo de relieve y bien retribuido. Y tal vez no les falta razón. En la mayor parte de las naciones, la estabilidad política se consolida buscando un reposo adecuado para el guerrero derrotado. Algunos partidarios de Pedro Sánchez piensan que el presidente puede dar la sorpresa y salir vencedor de las zarandeadas urnas del próximo domingo. Y si no fuera así, opinan que el nuevo presidente del Gobierno no debe hacer leña del árbol caído sino facilitarle una salida digna.

Última encuesta. El efecto Illa al traste. Igual no hay ni eleciones. Los resultados a las 72 horas. Igual que en EEUU.

No puedo ir a Barcelona a ver a mi única nieta de 3 años y si podría ir a votar. ¡Manda huevos¡ 

Encuesta NC Report
Encuesta NC ReportANTONIO CRUZ

El «efecto Illa», pensado y diseñado por la Moncloa con el fin de conseguir el poder en el Palau de la Generalitat, plaza clave para el Gobierno, llega a la última semana de campaña en plena efervescencia. El PSC consolida su tendencia al alza, recorta terreno y logra rebasar al independentismo en la cabeza con un inédito triple empate a 31 escaños entre socialistas, ERC y JxCat –por este orden, en votos–, según el sondeo de NC Report para LA RAZÓN elaborado entre el 3 y el 6 de febrero, y que confirma la fuerte caída de la participación hasta el 58,2%, 20 puntos menos que en 2017 en parte por la pandemia del coronavirus.

 

Un escenario insólito, que nunca antes se había dado, y que llevaría a Cataluña de nuevo al borde del bloqueo con una ajustada suma de mayorías que podría llevar a una hipotética repetición electoral. Los independentistas, en plena pugna entre republicanos y postconvergentes y separados por apenas 13.043 papeletas, necesitarían ponerse de acuerdo ante la investidura y contar sí o sí con la CUP para rebasar en solo un escaño la mayoría absoluta, fijada en 68. Y la opción del tripartito sería aritméticamente posible (suma 70 diputados), pero se antoja muy remota teniendo en cuenta el apretado resultado del independentismo y la presión sobre Esquerra, en el centro de ambos escenarios.

 

Y es que Salvador Illa se impondría el 14-F en votos con una importante subida la última semana de casi dos puntos (701.063, casi 100.000 votos más que en 2017, un 21,5% del total, y un salto de 14 escaños arriba) por delante de Pere Aragonès (661.934, un 20,3%) y Laura Borràs (648.891, un 19,9%), ahora mismo en un pañuelo y con una clara tendencia al retroceso de ERC, que llega sufriendo al último tramo.

 

La encuesta también deja otras conclusiones: se confirma la debacle de Ciudadanos respecto a 2017 con 14 escaños –22 menos que hace tres años, cuando ganaron–, y el PP (7 diputados) aprieta los dientes y aguanta el empuje de Vox (6), que irrumpiría en el Parlament con grupo propio.

 

En escaños y respecto al anterior sondeo de este diario, publicado hace justo una semana coincidiendo con el arranque de la campaña electoral, se confirma el crecimiento de los socialistas en esta recta final (+2 diputados), el paso atrás del independentismo (JxCat y ERC pierden un escaño cada uno) y la mínima recuperación del partido de Inés Arrimadas, que gana uno en detrimento del PP de Alejandro Fernández, que pierde uno aunque casi dobla los cuatro de hace tres años. En votos, los populares también rebasarían a los de Abascal (6,3% por 5,8%). Los comunes, con 8, y la CUP, con 7, dibujan un Parlament con hasta ocho formaciones y sin el PDeCAT, el partido heredero de Convergència.

 

Hecha la radiografía, falta ahondar en el análisis de lo que podría ocurrir según este panorama postelectoral. El triple empate a 31 escaños en la cabeza, sólo resuelto por la diferencia de votos con el PSC imponiéndose por su importante implantación en Barcelona, deja un escenario diabólico. Y es que el independentismo debería decidir en plena guerra abierta: ERC ganaría de forma parcial por 13.000 votos –lo mismo que ocurrió en 2017 pero a la inversa, con JxCat por delante– y podría exigir la investidura del candidato Pere Aragonès a Puigdemont y Laura Borràs.

 

Sin embargo, se daría la circunstancia de que los republicanos han ido a la baja durante la campaña electoral, mientras los postconvergentes han recortado terreno a marchas forzadas, lo que haría difícil que la lista de Puigdemont diera su brazo a torcer con la investidura de Aragonès pese a que hace tres años ocurrió lo contrario. A parte, hay que tener en cuenta la pugna abierta esta semana a cuenta de la investigación a Borràs en el Supremo, que ha recrudecido aún más las críticas entre ambos partidos y la CUP.

 

La fórmula que ha defendido Salvador Illa abiertamente –el PSC más los comunes, igual que en la Moncloa– apenas llega a los 39 escaños. Y el bloque independentista seguiría teniendo mayoría absoluta en la cámara con 69. De hecho, la alianza que más diputados concentraría sería el tripartito con PSC, ERC y comunes (70), lo que llevaría al partido de Junqueras a tener que investir president a un socialista como Illa, un escenario que rechaza.

 

Otro de los factores a tener en cuenta que refleja la encuesta de NC Report es el porcentaje de votos total en las urnas: el independentismo, que se ha fijado como único reto común rebasar el 50% de los votos, se quedaría en el 47,1% incluyendo los apoyos a ERC, JxCat, la CUP y el PDeCAT, cuatro décimas por debajo del resultado de 2017.

 

Las incógnitas por la pandemia y la constitución de las mesas, con una cifra creciente de insumisos en los últimos días, pueden agitar aún más el tablero catalán.

¿Dimitirá Albert Rivera? Después del fracaso manipulador del censo de votantes de su propio partido.


Blog de Juan Pardo

Siguiendo la estela de Albert Rivera, las elecciones de poco o nada valen. Igual que Putin, que demostró que los chechenos no eran rencorosos porque, tras masacrarles, el 99,82% le dio su apoyo en las elecciones, Ciudadanos ha conseguido  que haya más votos que votantes en sus primarias de Castilla y León y hasta se ha atrevido a levantar acta de la proeza. La Comisión de Valores y Garantías de los naranjas busca desde este domingo una explicación razonable a lo que supone un auténtico desafío a las matemáticas más elementales.

Se enfrentaban Silvia Clemente, la candidata oficialista recién expulsada del PP y el ‘rebelde’ Francisco Igea, que durante unas horas se avino a reconocer la victoria de su oponente por un estrecho margen de 35 votos, hasta que reparó en que la suma de los sufragios obtenidos por los candidatos en liza ascendía a 1094 para sólo 1013 electores. Tras descargar los certificados de voto y comprobar que decenas de ellos procedían de un mismo ordenador y habían sido emitidos en dos tandas sucesivas con nocturnidad y alevosía, Igea ha decidido impugnar el proceso y pedir aclaraciones antes de acudir al juzgado de guardia.

El presunto fraude pone en solfa el sistema de voto telemático de Ciudadanos, que ya había sido objeto de varios análisis con la conclusión demoledora de que es lo más parecido a una castaña pilonga. El partido exhibe como garantía del proceso la participación en el mismo de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, aunque su función se limite a certificar exclusivamente cuándo se ha producido el voto pero no garantiza que un mismo afiliado pueda votar varias veces o que dicho voto se dirija al candidato de su preferencia. Las reiteradas denuncias sobre la ausencia de garantías de que el voto sea secreto y anónimo o sobre la escasa fiabilidad del recuento, que está controlado por el aparato y no se somete a ninguna auditoría externa, han sido sistemáticamente ignoradas por el partido.

Por lo conocido hasta el momento, sólo hay dos hipótesis plausibles para justificar que a altas horas de la madrugada se emitieran más de 80 votos desde una misma dirección IP. Una es que un grupo de afiliados de Ciudadanos, constituidos en comuna y aquejados de insomnio, decidieran participar en las primarias castellano-leonesas a la luz de la luna. La otra es que se haya producido un pucherazo grosero tras comprobarse en tiempo real que la candidata apoyada por Rivera iba a perder la votación y necesitaba de cierto auxilio informático. La Comisión de Valores y Garantías no tendrá fácil elegir entre ambas.

Que los adalides de la regeneración sean capaces de falsificar un recuento y pasarse la democracia interna por el arco del triunfo es impensable. De ahí que cobre fuerza la idea de la comuna insomne, ahora que los precios de los alquileres obligan a compartir piso, ordenador y cuarto de baño. No hay fraude sino un problema de vivienda más que evidente.