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Si Sánchez tiene que defender a Europa del ciclón Trump, la hambruna y la miseria se apòderan de Europa.

 ÚLTIMA HORA | Sánchez ataca a Trump: "Hay que revelarse contra la  'tecnocasta' de Silicon Valley - YouTube

Pedro Sánchez , en su desesperación por sacar la cabeza del fango, en su intento de limpiar su imagen salpicada por los casos de corrupción de su entorno familiar, “su” fiscal general del Estado y medio Gobierno, ha decidido erigirse en el enemigo público número 1 de Trump, en hacer oposición al líder de la primera potencia mundial. Todo un ejemplo de su delirante deriva política.

Debe creer que el mundo se rendirá ante su osadía por insultar al presidente norteamericano. Pero olvida que él intenta tapar la basura que aplasta a su Gobierno pactando con Puigdemont, un golpista huido de la Justicia, un racista de manual que quiere echar de Cataluña a los que no tienen un ADN catalán. Sánchez se enfrenta con su ridícula arrogancia a Trump, mientras se comporta como un lacayo de Puigdemont.

Ahora, el presidente español se presenta en la cumbre de líderes europeos convocada de urgencia por Macron para pactar una postura común sobre el pacto anunciado por Trump y Putin para acabar con la guerra de Ucrania. El presidente norteamericano y el dictador ruso parecen decididos a repartirse el país invadido, a pactar entre ellos las condiciones de ese alto el fuego. Y todo apunta a que Ucrania se vería obligada a ceder los territorios ocupados en la guerra y será vetada su entrada en la OTAN. O lo que es lo mismo, con estas condiciones Putin lograría la victoria que no consiguió con las armas.

Pero Europa no está en condiciones de hacer frente al tándem Trump-Putin. La UE se ha convertido en un mastodonte burocrático incapaz de acordar una postura común sobre su seguridad, sobre su papel en la OTAN y, menos aún, sobre la paz en Ucrania. Como declaró el vicepresidente norteamericano Vance, “la amenaza de Europa no se encuentra en el exterior, sino dentro del propio continente”.

Pero Sánchez se equivoca si cree que puede salvar al mundo plantando cara a Trump. Porque sólo puede conseguir que le parta su propia cara. Con enemigos como Sánchez, Trump vencerá. De momento, ya le ha vencido hasta el golpista Puigdemont. Y por patochadas como esta, Europa no está invitada, ni siquiera como observadora, a formar parte del proceso que determinará su propio futuro. Mientras el presidente norteamericano y el dictador ruso se burlan de los líderes del Viejo Continente y se disponen a repartirse Ucrania en nombre de la paz. La cumbre de líderes europeos convocada de urgencia por Macron elaborará un documento para exigir formar parte de las negociaciones para el fin de la guerra. Un documento que será papel mojado, pues no podrá impedir el acuerdo entre Trump y Putin a espaldas de Europa y de la propia Ucrania.

Con el Estado Islámico se debe ser tolerante y agresivo.

Para que los pueblos sean grandes de grandeza, entre otras cosas, esta se mide por enfrentar en primer término los problemas más graves de entre los que son importantes, sabiendo priorizar. Y qué duda cabe de que el hambre, la pobreza extrema, la desigualdad, la amenaza del Estado Islámico, el cambio climático, la corrupción, y la tragedia de los desplazados involuntariamente ocupan ese doloroso primer plano. Los demás asuntos deberían quedar relegados a un segundo o tercer lugar.

Ciertamente, España, en el seno de la Unión Europea, debe responder a estos problemas sin olvidar ninguno, pero en este momento unir fuerzas frente al Estado Islámico y abordar la tragedia de los desplazados se sitúa en primer término. Son dos cuestiones diferentes y es necesario distinguirlas con claridad, porque algunos grupos están utilizando como coartada los atentados terroristas para cerrar todavía más las puertas. Como si el peligro no estuviera ya dentro, como si no fuera a través de las redes como se ha venido gestando hace mucho tiempo esta empresa criminal. Si Europa quiere seguir siéndolo debe unirse frente el terror y a la vez reforzar la exigencia de hospitalidad que nació en su seno, no sólo como hospitalidad doméstica, sino también institucional y universal.

En el mundo bíblico, en el griego y en el romano la acogida al extranjero era un signo de civilidad que no precisaba justificación. Y este deber de hospitalidad personal se convierte con la modernidad en un deber también legal, que corresponde al derecho del extranjero de ser acogido. La referencia obligada es Kant, en el escrito sobre La paz perpetua, en el momento en que trata de diseñar los trazos de un derecho cosmopolita. No habrá paz duradera sin eliminar las causas de la guerra, y eso sólo puede conseguirse en una sociedad cosmopolita, en la que todos los seres humanos se sepan y sientan ciudadanos, sin exclusiones. Para construirla, el derecho cosmopolita ha de poner las condiciones de una hospitalidad universal; y esto no es sólo filantropía, es un deber legal que corresponde a un derecho legal.
 
Sin embargo, con el tiempo, la construcción europea de la idea de hospitalidad rebasa con mucho el proyecto kantiano, que limitaba el derecho del extranjero a un derecho de visita, pero no se entendía como un derecho de huésped: para poder exigir ser tratado como huésped se hacía necesario sellar un contrato. Son otras tradiciones, también europeas, como la de Levinas y Derrida, las que recuerdan que las exigencias éticas van por delante de las obligaciones y derechos jurídicos.

Lo principal es unir fuerzas frente al Estado Islámico y abordar la tragedia de los desplazados. Según ellas, frente a las proclamas individualistas de un neoliberalismo errado, la característica básica del ser humano es la apertura al otro. De donde se sigue la exigencia incondicionada de acoger al necesitado de ayuda. La ley de la hospitalidad, incondicionada e infinita, trasciende los pactos y contratos, y exige abrir el hogar político a quien lo precise.

Pero para no quedar en utopía esta exigencia ha de encarnarse en leyes, y ése es el momento de la responsabilidad ética y política, que media entre el principio ético inspirador —la disposición a la acogida incondicionada—, y las condiciones que lo concretan en los países, en las uniones supranacionales y en el marco global. Tanto en el nivel de lo urgente como en el que requiere más tiempo, pero es igualmente necesario.

En el primer nivel, en el de las políticas de acogida e integración, la exigencia de hospitalidad debe presidir la asunción por parte de España de un amplio número de refugiados, recurriendo a impuestos proporcionales, amén de defender en el Parlamento Europeo que todos los miembros de la Unión asuman sus responsabilidades, y de emprender estrategias contra el tráfico de inmigrantes. Es indignante que las organizaciones ciudadanas que intentan acoger personas desplazadas encuentren trabas por parte de la Administración. Pero a la vez, la UE ha de implicarse en la tarea de construir la paz en los lugares de origen por todos los medios necesarios, en países como Siria, donde más de la mitad de sus habitantes se han visto obligados a desplazarse y más de 250.000 han muerto.

Y a la vez es preciso ir construyendo la sociedad cosmopolita, impulsando la Agenda 2030 del PNUD, sea desde una gobernanza global, desde un Estado mundial democrático o desde una federación de Estados. Pero teniendo como clave esa hospitalidad universal, que haría del mundo un hogar para todos los seres humanos como una obligación de justicia.


Peter Sutceliffe, el ‘destripador de Yorshire’: el asesino de prostitutas con cuchillo, destornillador y martillo, sembró el pánico al norte de Inglaterra.

El 'destripador de Yorkshire', Peter Sutcliffe, sale de un tribunal en Londres, el 14 de abril de 1983.


Peter Sutcliffe sembró el pánico en una región al norte de Inglaterra durante más de cinco años y mató a 13 mujeres

El 'destripador de Yorkshire', Peter Sutcliffe, sale de un tribunal en Londres, el 14 de abril de 1983.


En menos de una semana, probablemente el 22 de mayo de 1981, se esperaba que concluyera el proceso que se sigue en el Tribunal Criminal Central de Londres, Old Bailey, contra Peter Sutcliffe, el destripador de Yorkshire. Para ese día los doce miembros del jurado tendrían que decidir si Sutcliffe era responsable de trece asesinatos y de otros siete intentos fracasados. Hasta entonces se había pensado que el destripador podría ser un esquizofrénico paranoico, pero, según el psiquiatra Hugo Milne, varias declaraciones de Peter Sutcliffe atestiguaron que el odio que el acusado pretendía manifestar con respecto a las prostitutas fue, de hecho, un sentimiento contra todo el género femenino.
"¿Piensa usted que está loco?", le preguntó a Peter Sutcliffe, el destripador de Yorkshire, su abogado. "No", contestó. "¿Piensa usted que pasará menos tiempo encerrado si la gente considera que tiene problemas mentales?" "No, si yo pensara esto, tendría una enfermedad mental", respondió Sutcliffe con calma.
Está engañando a sus acusadores o psiquiatras. En la segunda semana del proceso, Peter Stitcliffe compareció por vez primera como testigo en el juicio que contra él se celebra en el Old Bailey, el Tribunal Criminal Central en Londres. El destripador se confesó no culpable del asesinato de trece mujeres, pero sí de homicidio con atenuante, por deficiencia mental, y culpable de siete intentos de asesinato, fechorías cometidas todas en el norte de Inglaterra, entre julio de 1975 y noviembre de 1980.
La cuestión de su locura, que si fuera verdad significaría diez años de reclusión y no treinta, es algo que tiene que decidir el jurado compuesto por seis mujeres y seis hombres, que a diario se sientan en la sala número 1 del Old Bailey. Allí, a la vista de todo el mundo, están los instrumentos (martillos, cuchillos, sierras) que Sutcliffe utilizó para cometer sus atrocidades pero, sobre todo, resalta ese horrible destornillador afilado que tantas veces empleó. Quizá por estas pruebas tan evidentes nadie siente compasión. Sutcliffe no da pena. En la galería de prensa, 83 periodistas se afanan en recoger todo lo que allí se dice y, mientras, en la pequeña galería para visitantes, se encuentran el padre de Jacqueline Hill, la última víctima del destripador, o la esposa de Sutcliffe, Sonia. Ella y su marido nunca se miran a la cara.
Fotografías de carnet de algunas de las víctimas de Sutcliffe.
Fotografías de carnet de algunas de las víctimas de Sutcliffe. GETTY IMAGES

Poco expresivo

Salvo cuando habla, Sutcliffe permanece impasible, sin expresión y con la mirada fija. Aunque pálido, no se suele poner nervioso. La excepción fue el "no" que se le escapó de la garganta cuando se sugirió que podría haber tenido relaciones sexuales con sus víctimas. Este hombre, aparentemente frío y con control de sí mismo, camionero y de 34 años de edad, podría ser un esquizofrénico paranoico. A los diecinueve o veinte años de edad, cuenta que, cuando estaba trabajando como sepulturero en el cementerio de Bingley, oyó unas voces, "la voz de Dios", y lo que los psiquiatras llaman una experiencia primaria, que "al principio no entendió", pero que con el tiempo fue aclarándose. "Dios me dijo que las prostitutas eran la escoria de la tierra y que había que acabar con ellas", confesó Sutcliffe, no a la policía, sino a los psiquiatras. El destripador ha señalado que no mataba por placer ni odiaba a las prostitutas, aunque sus dos primeros crímenes fueron cometidos antes de saber de esa "misión divina". También ha hablado de sus relaciones con Sonia (su mujer), de sus celos y de cómo, tras una disputa, se fue en busca de una prostituta, que le engañó.
El fiscal general, Michael Havers, intentó deshacer el argumento de la defensa, pues seis de las trece víctimas no eran prostitutas. "No", replicó el destripador, "sabía cuando lo hice que cada una de ellas era una prostituta". También levantó sospechas en el fiscal general el hecho de que Sonia padeciera de esquizofrenia desde 1972, creyendo ser el segundo Cristo.Según Hugo Milne, uno de los psiquiatras que han estado prestando declaración como testigos, Sutcliffe tiene un coeficiente de inteligencia superior al normal, es astuto, inteligente y articulado, y, aunque parece que ha sufrido de esquizofrenia paranoica durante más de catorce años, mostrando diecinueve de los síntomas de esta enfermedad, podría estar mintiendo. Algo similar declaró el doctor Malcom MacCulloch, que afirmó que Sutcliffe creía poder leer el pensamiento de sus víctimas.
¿No habría podido Sutcliffe inspirarse en los síntomas de su mujer? Los psiquiatras no están de acuerdo sobre este tema.
Las prostitutas organizadas en el Colectivo Inglés fueron las protagonistas de una pequeña manifestación la semana anterior, quejándose de que tanto la policía, la prensa y el fiscal, Michael Havers, parecían marcar una diferencia entre las mujeres que hacen de su cuerpo un comercio y las otras. Parece como si las muertes de prostitutas conmovieran menos que las de inocentes.

SUTCLIFFE TERMINARÁ SU VIDA ENTRE REJAS

"Peter William Sutcliffe, culpable de asesinatos. Trece veces, trece muertes", dijo el portavoz del jurado al emitir el veredicto el 22 de mayo de 1981. "Sus asesinatos fueron de un tipo, sumamente cobarde", explicó el juez, "pues en cada uno de ellos atacó por detrás a una mujer con un martillo. Es difícil, en mi opinión, encontrar las palabras para describir la naturaleza brutal del caso", prosiguió el juez Boreham, y añadió que "el destripador había inducido al terror a toda una población". Sutcliffe se marchó entonces de su banquillo de acusado y, aún aturdido, comenzó a bajar pesadamente las escaleras que llevaban a su celda, escoltado por seis policías.
Sutcliffe pasó tres décadas recluido en una unidad psiquiátrica británica por los 13 asesinatos a los que fue condenado y "terminará su vidas tras las rejas", según dictaminó la Alta Corte de Londres en julio de 2010.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 22 de mayo de 1981
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 19 de mayo de 1981
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